¡Buenos días! Como ya habéis visto, esta Rosalie no es odiosa, y Emmet tiene el don de borrar la memoria (como los vampiros de True Blood, ya sabéis que los de esta historia son una mezcla). Nota:un poco más abajo cuando Jared habla de la escala de Glasgow se refiere a la escala que se usa para definir el nivel de consciencia, va del 3 (coma profundo) al 15 (consciencia normal). Muchísimas gracias por el apoyo que me dáis leyéndome y dejando vuestros comentarios. Gracias, Maria José y P.


Capítulo 22

BPOV

-¡Abre los ojos, Bella!

En la oscuridad de mi mente escuché una voz que reconocía, pero no podía ponerle nombre. Le hice caso por un par de segundos durante los cuales una luz me deslumbró, e inmediatamente se me volvieron a cerrar los párpados.

- ¡Bella! ¡Ábrelos! ¡Vamos! –Sentí un fuerte pellizco en el brazo y los abrí de nuevo. La luz me deslumbró de nuevo y parpadeé varias veces.

-¡Ay!- me quejé, indignada.

Sentía movimiento bajo de mi cuerpo y me di cuenta de que iba en una camilla flanqueada por dos personas. Parpadeé de nuevo y por fin pude fijar la vista. Eran Paul y Jared. Me di cuenta de que me habían puesto un collarín cervical y no podía movilizar el cuello.

-Joder, Paul, mira que eres bruto- dijo Jared. –Si los ha abierto una vez no hace falta que la pellizques fuerte. ¡A ver si nos aprendemos bien la escala de Glasgow, que ya toca!

-Es que me estaba poniendo de los nervios, quería que reaccionara de una vez. Bella -me volvió a mirar- ¿sabes dónde estás?

-En el hospital, ¿dónde voy a estar si vais vestidos de blanco? -Las expresiones de ambos se relajaron.- ¿Y se puede saber por qué coño me has dado ese pedazo de pellizco? ¿Y qué hago aquí con esto puesto?– gruñí.

-Joder, estabas más guapa inconsciente.

Esta vez se les veía a punto de echarse a reír de alivio, pero me detuvieron cuando intenté quitarme la inmovilización. Yo misma me tranquilicé al caer en la cuenta de que movía todas las extremidades.

-Bella, habéis tenido un accidente- sí, comenzaba a recordar algunas imágenes- El paramédico dice que en la ambulancia tenías un Glasgow de 10, un poco menos y te intuban. Discúlpame por el pellizco. Veo que estás mejor-dijo Paul.

De pronto recordé a mis amigas.

-¿Y las demás? ¿Dónde están?- mi voz brotó con un agudo tono.

De pronto la camilla paró en el área de radiología.

-Están en observación, pero las tres están mucho mejor que tú. Algunos hematomas y rasguños superficiales, el susto, y nada más. Con el nivel de alcoholemia que llevaban no ha hecho falta desinfectarles las heridas- sonrió.- Menos mal que tú no bebiste, habría ido todo peor. Y ahora te vamos a hacer un TAC para descartar hematoma intracraneal. Órdenes del jefe.

Una vez en la camilla del TAC aferré la mano de Paul para detenerlo antes de que se retirara tras el cristal.

-¿Y Edward?- pregunté, ansiosa.

Mi mente iba encendiendo las luces progresivamente. Me toqué la cabeza en la zona donde había sangrado y la noté cubierta de gasas. Aún no estaba suturada, claro, no lo harían hasta que no me hicieran el TAC. ¿Qué habría pasado con Edward? ¿Cómo habría reaccionado? Me sentí angustiada, el olor de mi sangre era lo único que podía hacerle perder el control.

Paul miró a Jared antes de contestarme.

-Edward está mejor que tú, Bella, y te han de hacer un TAC urgente, no lo demoremos más.

Escuché por el altavoz la voz del radiólogo que me pedía que estuviera completamente quieta y cerré los ojos al para evitar sentir claustrofobia cuando el scanner se desplazó sobre mi cabeza.

Una vez finalizado el TAC me llevaron a urgencias, al box de trauma. Tuve la misma escolta que a la ida. Me alegraba de ver dos rostros amigos, pero echaba de menos no ver el de Edward, aunque entendía la razón. Vaya si la entendía.

-Bien, ya sabemos que no tienes lesiones internas ni fracturas, Bella. Ahora te voy a suturar esa herida. Te saldrá un buen chichón, pero parece que todo ha sido una fuerte conmoción, sin más. Te voy a poner unas cuantas grapas y te voy a dejar una herida preciosa- dijo Jared, sonriendo mientras me retiraba el collarín.

-¿Grapas? Brrrr - me estremecí sólo de pensar en la grapadora sobre mi cabeza, pero Jared ya estaba inyectándome la anestesia. Carol, una enfermera de urgencias, entró en el box para ayudar a Jared en su trabajo.

- ¿Dónde están las demás?- pregunté a ambos, al tiempo que llevaba las manos a mi cuello para frotarme la piel. Qué alivio al no llevar el molesto collarín.

-Ingresadas en observación- contestó Carol.- No veas lo que han protestado, han amenazado con pedir el alta voluntaria y ha tenido que venir el jefe de la guardia a poner orden. "Señoritas – imitó la voz del jefe de traumatología, que estaba de jefe de la guardia- hagan el favor de comportarse de manera responsable y dar ejemplo. Se quedarán esta noche en observación les guste o no"- sonrió, moviendo la cabeza.

-Ah, veo que te encuentras mejor- exclamó Paul al entrar en el box.- Acabo de visitar a las otras. Las han puesto en habitaciones contiguas, y ya están protestando. Anne encabeza la rebelión, dice que si no les traen un pijama decente dormirán vestidas. Se niega a ponerse, y cito, "la horrible bata azul esa que se ata por detrás y que no deja nada a la imaginación". También han pedido venir a verte pero se lo ha prohibido la supervisora de guardia.

Sonreí a mi pesar. Por un momento imaginé a mis revolucionadas amigas protestando por todo y liderando una rebelión de todos los pacientes contra las rígidas normas del hospital.

Jared fue rápido en terminar su trabajo, y me dejaron sola un instante. Un breve instante. De inmediato apareció una bellísima y desconocida cara femenina, asomada al por la cortina del box.

-¿Se puede?- contuve el aliento. Esa cara, esos ojos, esa voz. La había escuchado cuando estaba dentro de mi coche, y recordaba sus palabras: "huelo a sangre". Ligué cabos a pesar de que aún sentía mi mente pesada. La otra voz la había llamado Rose.

-¿Rosalie Cullen?- inquirí. Ella sonrió mientras asentía, acentuando esto aún más su aspecto de ángel, y me tendió la mano.

-Sí. Me alegro de ver que estás mejor. Así que tú eres la famosa Bella- se sentó a mi lado y me estudió detenidamente.

Me sentí un tanto incómoda; seguro que estaba preguntándose, como Alice, qué había visto su hermano en mí. Y con el aspecto que tenía ahora, yo también me lo preguntaría.

-Gracias por ayudarnos, Rosalie- dije, porque lo sentía y porque quería romper ese silencio molesto.

-De nada, Bella. ¿Cómo te encuentras?

-Me duelen todos los huesos, sobre todo la cabeza, y me siento aún un poco atontada, pero estoy bien…- dudé un instante- ¿Crees que podría ver a Edward? ¿Está bien?

-Sí, lo está- bajó la voz.- Ha sido capaz de resistir, y nosotros hemos llegado a tiempo para ayudarle. Pero se siente muy mal, fatal, por no haber podido asistirte.- Se levantó y sonrió con empatía- Voy a ver, pero creo que sí podrá entrar.

-Sí, por favor.

Cerré los ojos en cuanto Rosalie salió y sin darme cuenta me quedé adormilada. Me despertó un aroma conocido. El tacto suave de unos dedos sobre mi rostro… y no hizo falta nada más. Abrí los ojos y lo tenía ante mí. Observándome, angustiado, con unas leves ojeras y expresión ansiosa.

-Hola…- el terciopelo de su voz me envolvió y me sentí mejor. Tomé su mano, entrelazando mis dedos con los suyos.

-Edward. ¿Estás bien? No tienes buena cara…

-¿Tú me preguntas a mí si yo estoy bien? – Sonrió con tristeza- Sí… estoy bien. Acabo de firmar tu orden de ingreso en la planta de cirugía. Tus amigas están en traumatología, espero que no te importe que te separe de ellas, si estás en mi sala es más fácil que pueda cuidar de ti a pesar del trabajo.

-No necesito que…- frené al observar su mirada de dolor. Comprendí que Edward necesitaba sentir que cuidaba de mí, lo necesitaba más que yo. - De acuerdo. Pero no voy a ser una compañía muy amena - sonreí, apretándole la mano.- Me muero de sueño.

En aquel momento entró el celador con la camilla para llevarme a mi habitación. Edward se despidió de mí y me dijo que subiría en cuanto le diera el alta a un par de pacientes que tenía en observación. Las enfermeras de la planta me atendieron con gran amabilidad y ya no recuerdo mucho más de esa noche, porque me quedé profundamente dormida. Ya eran las siete de la mañana cuando la luz que entraba por la ventana me despertó. Sentía dolor en todo el cuerpo y mi herida emitía quejidos en forma de punzadas, pero ya no notaba la mente confusa. Miré alrededor y allí estaba él. Sentado a mi lado, con esa mirada que me derretía, que estremecía hasta la última célula de mi cuerpo, que me hacía sentir lo importante que era para él. Pero había algo más en esos ojos. Era tristeza. Y yo tenía que conseguir borrarla, sacarla de ahí.

-¿Llevas mucho tiempo aquí?

-Toda la noche. Mi adjunto ha dado orden de que lo llamaran a él para todo, y no ha necesitado ayuda. ¿Cómo te encuentras?

-Todo un detalle lo de tu adjunto. Estoy hecha polvo, pero he dormido bien. - Respiré profundamente.- Escucha Edward…

-Entonces deja que te revise el vendaje- me interrumpió y acto seguido se levantó para hacerlo. Le detuve colocando una mano sobre la suya.

-Tenemos que hablar, Edward. Sé que te sientes mal por lo de anoche. No le des más vueltas.

-¿Qué no le dé más vueltas? -elevó el tono de voz- Dios… tendría que haber estado contigo desde el principio, y no fui capaz, fui un inútil. Bella, me moría por verte, por ayudarte, por atenderte, y en cambio tuve que alejarme de ti… Sí, fui un inútil completo y absoluto -se frotó la cara con las manos durante unos instantes, y luego continuó hablando.- Percibí tu olor antes de que entraras en la sala de urgencias. Sentí al mismo tiempo terror por si te había pasado algo grave y un intensísimo deseo de tu sangre. Era como estar desgarrándome por dentro, partiéndome en dos: el Edward que te ama y el monstruo que desea beber de ti. Luego entraron los paramédicos contigo en la camilla y fue peor, tu olor me impactó brutalmente, anulando mi voluntad casi por completo. Jamás había tenido que usar tanto autocontrol para no abalanzarme sobre un ser humano, y mientras tanto tú estabas allá, inconsciente, indefensa… - dijo, con la cara rota de dolor.

-Eh… lo que importa es que lo conseguiste. Te controlaste, no pasó nada.

-No lo sé… el mérito no es todo mío, por suerte llegó Emmet y me arrastró fuera de Urgencias en el momento en que me había quedado paralizado. La fuerza de voluntad me alcanzaba para no saltar sobre ti, pero no para moverme en dirección contraria a donde tú estabas.

-No me habrías hecho daño, lo sé- acaricié su rostro, sus pómulos, sus labios.

-Yo también lo creo, pero tampoco te habría ayudado. No necesitabas a nadie que bebiera de tu sangre en ese momento, necesitabas hasta la última gota, y ayuda médica. Aparte, la escena habría sido llamativa, por decirlo de alguna manera.

-Sí, lo sé- no pude evitar sonreír imaginando esa escena. Edward me miró sorprendido.

-¿Sonríes, Bella Swan? En serio que tienes un sentido del humor muy peculiar- dijo, alzando una ceja.

-Edward, no te atormentes, no ha pasado nada, has podido contenerte, y han venido tus hermanos a echarte una mano.

-¿Por qué cuando te escucho parece que las cosas sean menos importantes?

-Porque son menos importantes, amor. He tenido un accidente y estoy bien, tú también estás bien, no ha pasado nada, no te amargues pensando en lo que podía haber sido, es absurdo e inútil.

Parecía que mis palabras no lograban aligerar el peso de la culpa que sentía, lo veía en su expresión. Iba a contestarme cuando de pronto llamaron a la puerta de la habitación.

-Pasa- dijo Edward. La puerta se abrió lentamente.

-¿Se puede? Rose está de charla con el jefe de traumatología y quería aprovechar para haceros una corta visita.- Lo recordaba, era Emmet, la pareja de Rosalie.

-Claro- contestó Edward.- Bella, este es mi hermano Emmet.

El aludido entró en el box y pude comprobar su corpulencia. Era tan alto como Edward pero su cuerpo era casi el doble de grande, como el de un gran oso. Se acercó a mí y me tendió la mano. Tuvo la gentileza de oprimir la mía con suavidad. Su sonrisa y su mirada eran francas, e inmediatamente hicieron que me cayera bien.

-Tenía ganas de conocerte, aunque Edward nos aburre tanto hablándonos de ti que ya casi es como si fueras una más de la familia. Respecto a lo que pasó ayer… - su semblante se tornó serio- siento no haber podido detener a ese ciervo. Al que se cruzó delante de tu coche y provocó el accidente- aclaró al ver mi cara de confusión.- No iba a cazarlo a él, de hecho Rose y yo ya habíamos cenado, pero creo que nos olió y se asustó.

-Ah. ¡Era un ciervo! Por un momento creí que me había imaginado algo. No te preocupes, ha sido un accidente. Por fortuna no les ha pasado nada importante a las chicas, o no me lo habría perdonado. Quizá conducía a demasiada velocidad.

-¡No! Si llegas a ir más lenta habrías ido marcha atrás, Bella- rió Emmet.- Ha sido un accidente aparatoso pero leve.

Miré a Edward un momento. Su cara era la viva imagen de la angustia. En esos momentos debía estar pensando qué podría haber pasado de haber ido con más velocidad. Yo prefería no pensarlo. Los mortales teníamos que aprender a vivir sin pensar en esas cosas.

-Ahora que recuerdo… ¿no arrancaste las puertas del coche antes de sacarnos de él? Eso y los comentarios del olor a sangre - abrí los ojos como platos- ¡Las demás lo recordarán, lo explicarán!

-Lo sé, lo sé- dijo tranquilamente – Entre el accidente y lo "alegres" que iban no creo que nadie les hiciera mucho caso, pero por si acaso mientras esperábamos a las ambulancias les borré de la memoria aquello.

-¿Que hiciste qué?- Emmet miró a Edward con expresión de "se lo explicas tú o yo", y este tomó la palabra.

-Emmet tiene el don de borrar de la memoria de las personas lo que él quiera, y, si lo desea, para llenar ese vacío puede introducir otros recuerdos. Es un práctico don cuando se pasa media existencia escondiéndose, como nosotros.

-En algunas novelas de vampiros es uno de los dones clásicos – recordé.

-Edward, tu novia lee novelas de vampiros, deberías decirle que no sea tan fantasiosa- sonrió el grandullón.

-¿Y qué se supone que ha pasado? Lo digo para no contradecir la versión de mis compañeras.

-Da igual lo que tú digas, te has dado un buen golpe en la cabeza, así que si dices que han venido unos vampiros vegetarianos y te han ayudado a salir del coche no creo que nadie te haga mucho caso. Quizá si lo dices te ganes alguna prueba médica más y prolongues tu ingreso. Así que tú misma.

-No, gracias, lo que tengo es ganas de salir de aquí hoy mismo.

-Bella. Te quedarás el tiempo que haga falta. Como una paciente más -siseó Edward.

-Si no me dan el alta firmaré un alta voluntaria. No pueden obligarme a permanecer aquí contra mi voluntad – repuse mirando ceñuda a Edward.

-¡No harás eso y te comportarás como la adulta responsable que eres! – clamó él, exasperado.

-Vaya, hermanito, creo que realmente has encontrado la horma de tu zapato. Es más cabezota que tú- rió Emmet. Lo cual sirvió para que ambos dirigiéramos hacia él nuestras airadas miradas y cesara la discusión. El hermano de Edward sonrió y miró la hora- Rose está tardando un poco, creo que iré a buscarla, antes de sufrir daños colaterales en esta batalla.

Edward aprovechó que estaba mirando a su hermano para acercarse. Me tomó la cara entre sus manos y me besó de una forma apasionada, robándome el aliento. Me dejó jadeando y fue hacia la puerta. Antes de salir giró la cabeza y me clavó una intensa mirada.

-Nada de altas voluntarias.

-Sí jefe. A sus órdenes- mascullé en voz baja cuando pude recuperar el aliento.

Emmet rió al escucharme. Me observaba atentamente, y yo me dediqué a contemplar la lluvia caer al otro lado del cristal. Esa era la tónica general de la familia Cullen al conocerme. Comprendía que tuvieran curiosidad, pero francamente eso de sentirme estudiada como un extraño especimen me incomodaba un poco. Al cabo de un instante Rosalie apareció.

-Emmet, tenemos que irnos. Bella debe descansar y Edward está trabajando.

Rosalie me hizo prometer que nos veríamos pronto, explicándome que se quedarían en la casa Cullen hasta el fin de semana, pues ambos disfrutaban de unas cortas vacaciones y habían venido a darle una sorpresa a Edward y a conocerme. Cuando se hubieron marchado pensé que la primera toma de contacto con mi "familia política" estaba siendo un poco accidentada.

Al final no hizo falta discutir con nadie. Pasaron visita el traumatólogo y el cirujano. Me examinaron la herida de la cabeza y le dieron el visto bueno, y añadieron que al ser el TAC normal y mi evolución muy favorable podía irme a casa a media tarde, ordenándome reposo durante una semana. Médicos... me encontraba bien pero tenía que obedecer, pues trabajaba aquí. O lo intentaba, porque entre la gripe y esto mi jefa iba a pensar que menuda adquisición había hecho conmigo.

Mis amigas pasaron a despedirse antes de marcharse a casa. Les habían dado el alta a todas a primera hora de la mañana, también con la recomendación de reposo, pero sólo durante un par de días. Me sentía culpable por no haber podido evitar el accidente pero las tres reaccionaron indignadas cuando me disculpé por ello. Aún así quedamos en que ya no me tocaría conducir en las salidas conjuntas, no me veía capaz. Aparte, mi coche había quedado bastante tocado por el accidente. La compañía que me lo alquilaba se puso en contacto conmigo y me comunicaron que el seguro del coche se haría responsable de los daños pero que me tendrían que rescindir el contrato. Ahora tendría que alquilar otro coche o quizá comprar uno barato. Los coches de segunda mano estaban a muy buen precio, y yo no necesitaba grandes lujos. Estaba absorta en estos pensamientos cuando entró Edward en la habitación.

-Te traigo ropa limpia. La que llevabas ayer está… llena de sangre. Creo que no se podrá salvar- dijo, dejando la ropa encima de la butaca que había al lado de mi cama, sin mirarme.

-Edward. Mírame- lentamente él alzó su mirada y la enlazó con la mía -¿Cuánto tiempo vas a estar así?

Él no contestó y me dolió leer en su rostro y en su mirada lo mal que se sentía. Se sentó en la cama, en silencio, y tomé su mano.

-Estoy segura que de haber estado los dos solos en la carretera me habrías auxiliado. Creo que tu instinto de cuidarme habría vencido al más primario- aseguré.

-Tienes demasiado buen concepto de mi- respondió con una triste sonrisa.-Me idealizas.

-¡Maldita sea, Edward, reacciona!-exploté.- Quizá deberías probar mi sangre de nuevo. Quizá si la probaras te acostumbrarías y no reaccionarías así. ¿No fuiste tú quien me dijo que te estabas acostumbrando a mi olor? Puede que con lo otro pasara lo mismo, y no estarías tan… tan… ansioso.

Dije lo que dije sin pensarlo un instante. Pero una vez lo había soltado me di cuenta de que yo misma lo estaba deseando. Quería hacerle ese regalo, quería sentirlo beber de mí. Durante un segundo pude comprobar el deseo brillando en su mirada, deseo que casi inmediatamente fue sustituido por una mirada de horror.

-Eso sería enfermizo- murmuró. Sentí un dolor punzante en mi interior al que no supe poner nombre. Estuve a punto de echarme a llorar y no quería que él estuviera delante.

-De acuerdo. Márchate. Voy a cambiarme- dije sin mirarle siquiera. Me senté en la cama en el lado contrario a donde él estaba, mirando hacia la ventana. El día parecía aún más gris.

-Pasaré a buscarte cuando acabe el trabajo para llevarte a casa-murmuró a mi espalda.

Cuando escuché el sonido de la puerta al cerrarse dejé que las lágrimas vagaran libremente por mi cara. Mientras me vestía pude dar nombre al sentimiento que me oprimía. Despecho. Rechazo. Cogí el teléfono de la habitación y tras identificarme pedí a la centralita que me pusieran con un número externo.

-¿Angela?

-Sí, cielo, ¿estás bien?- su voz sonaba preocupada.

-¿Podrías venir a por mi?

-Claro, no te he dicho nada porque pensaba que te traería Edward.

-No. Cuando quieras venir... ya tengo el alta, te espero.

-Ok, salgo ya. Apenas llevo unas horas de reposo y estoy completamente aburrida, me vendrá bien salir de casa un rato.

-Te espero.- Colgué el teléfono y me enjuagué una traicionera lágrima que se deslizaba por mi mejilla.


¿Edward exagera? ¿Bella está un poco loca? ;-)

Besos y hasta el viernes