Feliz viernes. Ya sabemos que Edward es exagerado, de todas formas es comprensible que se sienta mal, es médico y no ha podido ayudar a quien más le importa en el mundo. Gracias por vuestras opiniones y comentarios. Se os quiere. Quiero disculparme con las fans de Jasper porque de momento lo tengo un poco olvidado, pero más adelante tiene su papel en la historia.
Gracias a mis dos pre-lectoras. Ya hace tiempo que no lo digo: no tengo derechos sobre los personajes de Twilight, pero sí sobre esta historia.
Y sin más...
Capítulo 23
EPOV
Estaba muy contrariado por el plantón que me había dado Bella. Por lo menos había tenido la delicadeza de mandarme un mensaje de móvil con una nota escueta: "No pases a por mí. Ya estoy en mi casa. Adiós".
Realmente, ese "adiós" era lo que más me inquietaba de todo el asunto. Ni un "hasta luego, te llamo", lo que sea. Adiós. No hacía falta ser un gran psicólogo para adivinar que mi novia humana estaba enfadada. Muy, muy enfadada. ¿Por qué tenía que ser tan cabezota y tener ese carácter? Se había puesto así sólo por hacerle ver que su idea era insensata, tan insensata como… como estar saliendo con un vampiro, dijo una voz dentro de mí. No. Se lo había prometido. No iba a dejarla, no iba a volver a decidir por ella. Pero ¿y si ella se volvía imprudente? Lo que me había pedido era una locura, irracional. Sí, y enfermizo. Como salir con un vampiro. Maldita voz interior, cállate ya. ¿Y yo, qué esperaba? Lo que pasó ayer era algo natural. Lo no natural era… ya, salir con un vampiro.
Me seguía sintiendo horrible por lo de anoche, y en el fondo debía reconocer que me había aliviado no llevar a Bella en coche, ella no comprendía cómo me sentía y yo tampoco la entendía. Ambos necesitábamos pensar, serenarnos. Pero, ¿y si ella tenía razón? ¿Si probar su sangre hacía que me controlara mejor? Era cierto que estando en contacto estrecho con ella había aprendido a fortalecer mi autocontrol, pero lo que ella me pedía era equivalente a decirle a alguien que probara una droga para que no tuviera más ganas de drogarse. Una locura. Porque yo ya la había saboreado y estaba seguro de que la sangre de Bella sería como una droga para mí.
La puerta de mi habitación se abrió de golpe.
-¡Huy, perdón! Desde fuera he visto humo y he entrado sin avisar pensando que había un incendio, pero veo que no hay peligro, sale de tu cabeza.
-Emmet, te has tomado tu actual profesión de bombero muy a pecho- dije, fastidiado.- ¿Qué piensan tus colegas de tu sentido del humor? ¿No se rifan las guardias para no coincidir contigo? ¿No ha aumentado el índice de suicidios en el Departamento de Bomberos de Boston desde que tú trabajas en él?
-Qué va, tío- rió mi hermano, ignorando mis pullas - están encantados conmigo, les alegro la vida. Creo que me ganaría un sobresueldo si actuara en un bar de esos que aceptan aficionados para interpretar monólogos. Y a lo que iba. Venga, deja de hacer el ermitaño y ven a cazar con Rose y conmigo. Serás desagradecido… encima que venimos a hacerte una visita y de paso a conocer a tu chica... aunque no pensábamos que fuera en esas circunstancias.
-Tu diplomacia siempre ha dejado mucho que desear, Em- me senté en la cama, suspirando.- Gracias por intentar animarme, pero no quiero hablar del tema.
-Entonces vendrás a cazar con nosotros. Créeme, he subido yo porque soy el más suave, luego vendrá Rose y te presionará hasta límites insospechados, ya sabes cómo es. Más vale que cedas ahora- susurró mi hermano en un tono de voz confidencial.
-¡Te estoy escuchando, Emmet Cullen! Como suba vas a saber tú lo qué es presión -se oyó la voz de Rosalie desde el comedor.
No pude evitarlo y reí al escucharlos. Me di cuenta de cuánto los echaba de menos ahora que estaba con ellos. Llevaba demasiado tiempo viviendo solo.
-Está bien - me puse de pie de un salto.- Vamos allá. Cazaremos, charlaremos si queréis, pero no se hablará de humanos, ¿de acuerdo? Es la condición.
-De acuerdo- contestaron al unísono Rose desde el comedor y Emmet.
Durante la "excursión" nos alejamos mucho de Forks. Era temporada de caza y no queríamos tener ninguna sorpresa, así que fuimos a la zona más intransitable de la península Olympic, sabedores de que allá era prácticamente imposible coincidir con personas. Hasta que no empecé a alimentarme no fui consciente de cómo estaba reprimiendo mi apetito, que se reveló voraz. Bebí casi tanto como Rosalie y Emmet juntos. Pero no hacía tanto que me había alimentado. Deduje que era un efecto secundario de lo sucedido anoche. Aunque quizá estaba haciéndolo de forma inconsciente para enfrentarme mejor preparado a la tentación que Bella me ofrecía. Porque a lo largo de las horas de caza decidí que esa misma noche tenía que verla. Se me había pasado el enfado, y la angustia de horas antes parecía ser sólo una pesadilla. Tenía que verla, sentirla. Era un imán que me atraía a ella una y otra vez, no importaba lo que pasara.
Entré en su habitación por la ventana. Esta cedió fácilmente a una mínima presión. Me arrodillé ante su cama y la contemplé de cerca. La piel de su cara estaba más pálida de lo habitual. Su respiración sosegada mostraba un sueño tranquilo. Vi su boca ligeramente entreabierta y tuve el impulso de besarla, pero no quería asustarla.
-Bella- susurré. Sus ojos se abrieron y parpadeó varias veces, frotándose los ojos.
-Edward… ¿Qué…qué haces aquí?
-No podía esperar para pedirte disculpas por ser un estúpido.
-No eres ningún estúpido. Ven – sonrió y alargó la mano tomando la mía, tirando de ella- acuéstate a mi lado. No te preocupes, me he bañado y me he lavado el pelo, no hay ni un resto de sangre.
-Sobre eso quería… siento haber dicho que tu idea era algo enfermizo -empecé, mientras me recostaba a su lado.- Puede que tengas razón, pero no podemos arriesgarnos, no…- Ella me puso el dedo sobre los labios, silenciándome.
-Sssst. Sé que te preocupas más por mí que yo misma, y que por eso a veces te comportas de esa manera tan protectora. Te lo repito: nadie dijo que lo nuestro iba a ser fácil. Pero no cambiaría el haberte conocido por nada.
La besé con suavidad, disfrutando del tacto de sus carnosos labios. Tuve que recordarme que Bella necesitaba reposo, porque mi cuerpo me traicionaba con el deseo que sentía por ella. De pronto se me ocurrió un pensamiento.
-¿Te das cuenta de que has conocido a cinco vampiros de forma fortuita? Y no cuento a Alice porque ella vino a verte. Creo que tienes muy mala suerte.
-O al contrario, porque tanto tus padres como Rose y Emmet me han ayudado en situaciones complicadas. Tengo muy buena suerte y aún mejor gusto en lo que a vampiros se refiere. Y no te consiento que me discutas eso, Edward Cullen- contestó con voz adormilada, acercándose más a mí. La recibí entre mis brazos.
Comencé a tararearle una tranquila melodía y no tardó en volver a quedarse dormida, ahora con una sonrisa en los labios. Acerqué mi cara a su cabello e inspiré con fuerza. No. Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero valía la pena.
BPOV
La semana pasó bastante aburrida. Angela aprovechó sus dos días de obligado descanso para hacer cambios de fin de semana. Así consiguió juntar cuatro días libres para ir a visitar a Jake a Seattle. No sabía yo si ella iba a descansar mucho estando con su novio, pero a mí mi enfermero particular sí me obligó a hacerlo, cumpliendo su particular juramento hipocrático como si le fuera la existencia en ello.
-¿Qué haces levantada?- su voz en el silencio de la cocina me provocó un sobresalto y el plato que estaba fregando me resbaló de las manos. Por fortuna él reaccionó, y lo cazó al vuelo antes de que tocara el suelo.
-Edward, te agradecería que llamaras antes de entrar o por lo menos no fueras tan silencioso. Un día de estos me da un infarto – gruñí mientras tomaba el plato de sus manos y lo dejaba en la encimera.
-Lo siento. Deja eso, Bella. Ya lo hago yo. Descansa.
-Gracias por ofrecerte, pero si descanso un poco más reviento. Y no te gustaría ver eso.- Suspiré.- En serio, Edward, necesito moverme.
-Otra vez estoy siendo sobreprotector, ¿verdad?- asentí y me senté en la mesa de la cocina, él lo hizo enfrente mío.- Me resulta muy difícil de controlar. Rosalie dice que no sabe cómo me aguantas.
-Creo que Rosalie me va a caer muy bien- reí.
-¿Te gustaría venir a casa el fin de semana? Ella y Emmet se quedan hasta el domingo a mediodía, luego vuelven a Boston. Podrías conocerlos un poco más… si no te incomoda –añadió, inseguro.
-No. Ya es hora que conozca a la familia política. El destino me lo está gritando.
-Genial. Ellos también tienen ganas de conocerte.
El sábado Edward vino a buscarme a mediodía. Cuando me acercaba a la casa Cullen estaba nerviosa, a pesar de todo. Ya había conocido a Rosalie y Emmet Cullen en circunstancias más que desfavorables y ahora era simplemente una reunión informal, pero me preocupaba la impresión que pudiera causarles. Su familia era muy importante para Edward.
-Te he de advertir una cosa. – La voz de Edward me sacó de mis cavilaciones.- No hagas mucho caso de Emmet. Le encanta bromear, lo malo que tiene es que no sabe cuándo frenar. Si te molesta cualquier cosa se lo dices claramente.- Me miró y comprobé con sorpresa que parecía preocupado. Al parecer no era la única que estaba nerviosa por este encuentro.
-Tranquilo, sé defenderme- afirmé.
-Eso no lo dudo- sonrió mientras tomábamos el camino de la casa Cullen.
El día había amanecido horrible, no era la habitual lluvia fina que caía en la zona, sino una auténtica tormenta la que estaba cayendo, con viento huracanado, rayos y truenos. Edward aparcó en el espacioso garaje de la casa. Rosalie y Emmet nos vinieron a recibir y ante mi sorpresa ambos me dieron dos besos.
-A la manera española, ¿no?- me sonrió Rose.
Emmet además me dio un abrazo que me hizo sentirme como si hubiera chocado contra un armario.
-¡Ay!-gemí.
-Emmet, no seas bruto, todavía está magullada- le regañó Rose.- Ha venido aquí para hacer reposo y que la cuidemos, no para que le tenga que recomponer varios huesos.
-Lo siento… ¿Reposo? Entonces ¿no tendremos que irnos para dejaros intimidad? No veas qué descanso, no me apetecía mucho salir ahí fuera con este día. Ahora, te advierto que Rose y yo no tenemos que hacer reposo y…-Edward lo cortó con una mirada asesina, mientras yo me sonrojaba.
-Vamos, Bella, ven conmigo- invitó Rose.- Podemos charlar un rato. ¿En qué hospital de Barcelona haces la especialización?
Fuimos al comedor y charlamos de varias cosas, al principio sólo de trabajo, pero poco a poco la conversación fue haciéndose más personal. Rosalie era traumatóloga en el prestigioso Massachussets General Hospital, de Boston, dependiente de la universidad de Harvard. Emmet hacía poco había estrenado la profesión de bombero, y estaba emocionado con ello. Fue una jornada agradable que transcurrió entre charla y charla. Hicimos un alto mientras me preparaba la comida.
-¿Todo bien? – Edward me escrutaba atentamente, apoyado en la encimera mientras yo cocinaba.
-Sí, muy bien- le sonreí.- Y Emmet no es tan pesado como decías.
-Porque se está controlando mucho, si no ya sabe lo que le espera- se carcajeó Edward.- Y la amenaza no viene de mí, viene de su esposa…
Para evitarme la incomodidad de comer en la mesa siendo observada por tres vampiros Edward puso la cena en una bandeja y nos sentamos ante la TV. Cuando acabé Rosalie y Emmet fueron al garaje a arreglar no sé qué de las motos de ambos. Afuera seguía soplando un viento huracanado y Edward encendió la chimenea. No es que fuera imprescindible porque la calefacción funcionaba muy bien, pero era muy agradable estar sentada cerca del fuego. Me estiré sobre su regazo y me quedé dormida mientras él masajeaba mi cabello.
-Bella, he de marcharme un momento- escuché un susurro en mis oídos.
-Qué… ¿qué?
-Siento despertarte. Me ha llamado Joseph. He de ir a casa de Laurent, el residente de segundo año, y recoger unas cosas. Luego te explico.
Me besó y se marchó. Inmediatamente Rosalie apareció en el gran comedor y me ofreció café, que acepté agradecida.
-A todo esto, ¿te encuentras completamente bien? Tuviste una buena conmoción el otro día.
-Sí, me escuece un poco la herida y tengo ganas de que me quiten las grapas, pero por lo demás estoy bien… Creo que Edward está peor que yo.
-Veo que lo conoces bien- bromeó Rose, para inmediatamente ponerse seria.- Sí, lo ha pasado muy mal. Sabes… cuando nos explicó lo que sentía por ti todos nos llevamos las manos a la cabeza. Jamás había estado enamorado, y la primera vez que lo hacía era de una humana. Y una humana cuya sangre le llama más que nada en este mundo. Una humana mortal y frágil- me miró con sinceridad.- Era para estar preocupado. Hasta que vimos cómo había cambiado. La última vez que nos vimos fue por las fiestas navideñas, desde entonces no puedes imaginarte cuánto le has cambiado. Bella, lo del "rarito Cullen" no venía sólo por ser un vampiro. Era antisocial incluso para un vampiro. Y no ha sido siempre así, pero su carácter se fue… retrayendo poco a poco- hizo una pausa, como esperando algún comentario de mi parte.
-No sabía eso.
-Edward es un romántico, un ser apasionado, pero le faltaba algo en la vida, y eso se notaba. Creo, por lo que le conozco, que la pasión por la música y por su trabajo no podía suplir la sensación de vacío que tenía. Alguna vez nos lo confesó a Alice y a mí, pero en general no le gustaba mucho hablar del tema, era muy reservado para eso- volvió a hacer una pausa.- ¿Más café? ¿Algo de comer? En honor a ti tenemos la despensa llena hasta los topes. No queríamos que te faltara de nada.
-Oh, vaya, no era necesario. Gracias.
Yo esperaba que Rosalie continuara. Me interesaba muchísimo lo que me estaba contando porque me descubría facetas de Edward que yo desconocía completamente. Pero más me interesaba lo que estaba por explicarme, pues intuía que aún no me había dicho lo más interesante.
-¿Te ha contado mi hermano algo sobre cómo nos conocimos Emmet y yo? - negué con la cabeza y ella prosiguió.- Bueno, yo fui una de las mujeres pioneras en estudiar medicina- se me abrieron la boca y los ojos de forma desmesurada y ella rió.
-No sabía nada ¡Cuéntamelo!
-Verás, yo estudié en la Escuela Londinense de Medicina para Mujeres. Se fundó en 1874, y los primeros tiempos fueron muy duros, como ya te imaginas. Cuando logré el título me fue casi imposible encontrar trabajo y alojamiento, pues ser médica estaba muy, muy mal considerado. Había muchos prejuicios contra nosotras. Por casualidad Carlisle, que por aquel entonces trabajaba en un barrio muy pobre de Londres, oyó hablar de mí. Necesitaba ayudantes, y la gente de aquel barrio era tan pobre que no se podía permitir tener manías, así que por fuerza me aceptaron. A veces tenía que ir a las casas de los pacientes, entonces me acompañaba Emmet, que se hacía pasar por hijo de Carlisle, y por entonces era periodista. No podían permitir que fuera sola, y de cuando en cuando Emmet escribía alguna crónica sobre las desventuras de una doctora en aquella época. Los hombres me decían groserías por la calle, pero… a todo se acostumbra una. Bueno, cuando iba con Emmet nadie osaba chistarme- rió.- Oye, creo que te voy a aburrir.
-No, no, sigue, por favor.
-Bien, con el tiempo yo miraba a ese hombretón con mejores ojos, él se daba cuenta y cada vez estaba más distante, ante mi frustración. No comprendía su actitud, aunque la verdad es que estaba acostumbrada a que me rechazaran los hombres por ser médico pues me consideraban una chiflada, pero él… Una noche, saliendo de una casa, me sinceré con él y me contestó que no me podía dar la vida que yo deseaba.
-Pensaba que Carlisle había dicho que no conocía ningún otro caso de una relación como la de Edward y mía…
-No, claro, era yo la que me estaba enamorando de Emmet, y él no lo sentía lo mismo por aquella época. Y mi sangre no le atraía como a Edward la tuya. Lo nuestro no fue un flechazo… fue algo más progresivo. Después de confesarme eso no insistí en el tema. Carlisle me mandó aquí, a EEUU, para complementar mis estudios de cirugía. Estuve un año fuera y cuando volví me di cuenta de que no sólo no habían cambiado mis sentimientos sino que habían aumentado. Creí que con mi ausencia las cosas volverían a su sitio pero no fue así. Un día Emmet, que también empezaba a sentir algo más que amistad por mí, me confesó su auténtica naturaleza. Seguro que puedes imaginar mi reacción.- Asentí mientras ella hacía una pausa. Yo apenas podía apartar la mirada de Rose. Su historia era apasionante.
-Pero seguiste sintiendo lo mismo.
-Sí, estuve unos días luchando contra mí misma, pero… me rendí. Aún así el seguía resistiéndose a dejarse llevar, pensaba que si estaba conmigo no podría evitar hacerme daño. No era un vampiro tan antiguo como Carlisle y dudaba de su capacidad de control. Fue cuando empecé a pensar en transformarme. Es inevitable planteárselo tarde o temprano, ¿no?- observó atentamente mi expresión.
-Supongo que lo es. Pero es una decisión muy importante- repuse. Ella asintió.
-Dudaba continuamente. Tampoco es que lo nuestro fuera una relación… como la vuestra. Podía ser que me transformara y Emmet no terminara tan enamorado de mí como yo de él, además siempre había soñado con tener hijos y verlos crecer, y estaba mi trabajo… ¿Cuánto tiempo podía pasar hasta volver a practicar la cirugía?- Ahora era mi turno de asentir. Lo comprendía bien. ¿Podía el amor por sí solo llegar a conseguir que todo lo demás dejara de ser importante?
-Pero al final te decidiste.
-Decidieron por mí- su sonrisa se volvió amarga y su mirada se perdió en sus recuerdos.- Una noche tuve que ir a visitar a un paciente anciano encamado que tenía unas enormes úlceras de decúbito. Llevaba días curándolas y aquel iba a ser el último, pues estaban evolucionando muy bien. Emmet no me pudo acompañar porque le salió un asunto que no recuerdo, Carlisle estaba en otra ciudad… me empeñé en ir sola a pesar de que Em me pidió que no lo hiciese. Y cuando acabé la cura y le dije al hijo del anciano que le daba el alta… -hizo una pausa y suspiró. Yo aguanté la respiración.- Intentó forzarme. Según él, yo había llegado allá provocando esa situación, y tenía lo que había buscado. Pero me resistí, y caí al suelo. Me golpeé la cabeza con un mueble durante la caída, y aquello me provocó una hemorragia intracraneal.
-Es horrible-susurré con lágrimas en los ojos. Ella pareció despertar y me miró, tomándome de la mano.
-Tranquila, ya no duele. Hace mucho tiempo de eso. Lo que pasó después lo sé por Emmet. Él no estaba tranquilo sabiendo mis intenciones de cumplir con mi deber e ir sola a pesar de todo, y en cuanto pudo se dirigió hacia la casa del anciano. Cuando caí al suelo inconsciente y sangrando mi atacante había huído despavorido, pero Emmet lo atrapó antes de que saliera de la casa. Lo agarró del cuello y lo arrastró ante mi presencia, y cuando me vio no se pudo contener… y apretó demasiado- encogió los hombros con indiferencia y prosiguió.- A pesar del olor de mi sangre pudo controlarse lo suficiente para buscarme el pulso. Al sentirlo cada vez más débil no lo pensó ni un segundo y decidió transformarme en aquel momento. Me mordió, inyectándome el veneno.
-¿Alguna vez se lo…- dudé - has echado en cara?
-No, nunca- sonrió Rose, alzando las cejas - ¿Por qué había de hacerlo? Finalmente él se podía dejar llevar y se enamoró de mí como yo lo estaba de él. Y yo al cabo de unos pocos años pude seguir con mi trabajo. Ahora soy traumatóloga pero además soy especialista en varios tipos de cirugía.
Cuando Rose terminó su historia ambas nos quedamos pensativas. Ella de vez en cuando me echaba miradas de soslayo, intentando saber qué pasaba por mi cabeza en aquellos momentos.
-Rosalie… yo no creo que esté dispuesta a transformarme. Todavía no, desde luego sería muy prematuro, pero ¿y si no lo estoy nunca? No quiero herir a Edward. Dios, esto es muy complicado- me froté la cara con las manos y tomé aire.
-Bella, no te angusties, cielo. Sólo te he contado mi historia para que vieras que sé un poco de lo que estás pasando- Rose me frotó el brazo con cariño.- Por si alguna vez necesitas alguien con quien hablar del tema que no sea el pesado sobreprotector de mi hermano. La decisión ha de ser sólo tuya, es tu vida.
-Gracias, Rosalie.
Al poco se nos unió Emmet y seguimos charlando animadamente. Ambos estaban al tanto de mi capacidad de bloquear los dones de Alice y Edward, y Emmet propuso comprobar si también lo lograba con el suyo. Su cara de niño frustrado cuando comprobó que así era fue digna de haber sido fotografiada y enmarcada.
Para cuando llegó Edward ya parecía que nos conociéramos de toda la vida. En el momento en que entró Emmet y yo nos estábamos riendo con una anécdota que él había explicado, mientras Rosalie alzaba los ojos al cielo de forma teatral como implorando paciencia.
-Veo que no soy el único vampiro con quien congenias- dijo, con un punto celoso.
-Es que tiene buen gusto, colega… lo dudaba, porque eso de estar saliendo contigo… pero sí, tiene buen gusto-se burló Emmet.
Me preparé una cena rápida: un sandwich y una pieza de fruta. Estaba inapetente y no paraba de darle vueltas a lo que me había explicado Rose. Edward ya conocía el contenido de nuestra charla y me iba lanzando miradas escrutadoras. Evité su mirada lo más que pude.
-Bien, con vuestro permiso me voy a retirar para tener a mi chica un rato para mi solo.
-Ok, pero recordad, reposo- dijo Rosalie muy seria. Yo volví a enrojecer. Por desgracia iba a tener más reposo del que me gustaría. Edward me tomó de la cintura y nos dirigimos hacia las escaleras. Antes de empezar a ascender se volteó.
-Reposo si nos dejáis. Comportaos, que tenemos invitada- contestó en el mismo tono que Rose.
-Ni nos oiréis, hermanito.
-¿Qué quería Joseph?- pregunté, entrando en la habitación tras cepillarme los dientes.
Ahogué un gemido. El vampiro más atractivo del mundo me esperaba recostado en la cama vestido tan sólo con una camiseta negra y unos boxer de color azul.
Esto iba a ser difícil. Muy difícil.
-No son buenas noticias. La gripe de Laurent se ha complicado con una neumonía. No es grave, pero era el residente que tenía que ir al congreso nacional de cirugía en Nueva York, junto con el jefe y un par de adjuntos. Presentamos tres comunicaciones y una de ellas la leía él. Joseph me ha pedido que le sustituya.
-Vaya…- me recosté a su lado.- ¿Cuándo te vas?
-El jueves por la mañana sale el avión. Volvemos el domingo.
A mi lo único que se me ocurrió pensar fue que el traumatólogo me había ordenado una semana de reposo y que cuando acabara ese reposo forzado no tendría al objeto de mis ardientes deseos a mi alcance. Él me miró a los ojos y sentí que leía mis pensamientos; me ruboricé intensamente sin poderlo evitar, y el sonrió divertido. Maldito vampiro vanidoso…
De pronto me abrazó y se situó encima de mí, acercando su cara a la mía.
-¿Te crees que no es difícil también para mí? – Su dulce aliento, su proximidad, la cadencia de su voz, me invadieron.- Pero uno de los dos tiene que preocuparse por tu salud.
Siempre que él se acercaba demasiado a mí, mi capacidad de respuesta se reducía a la nada. Él lo sabía, y se aprovechaba de ello. Me acurruqué en sus brazos, dispuesta a dormir.
-Rose te ha explicado su transformación, ¿verdad?- su suave voz rompió el silencio, cargada de interrogantes.
-Sí. Una historia emocionante, con un final que podía haber sido muy triste pero es feliz.
Él se quedó esperando que continuara, pero yo no quería hablar del tema. Me sentía como Rosalie, dividida en dos partes, siendo ambas igual de fuertes. Edward notó mi resistencia a tratar el tema y no lo retomó. Mientras sus dedos trazaban círculos en mi nuca me quedé dormida.
Al día siguiente el tiempo amaneció nublado pero más estable. Rosalie y Emmet se fueron a media tarde, no sin antes prometer que nos volveríamos a ver pronto. Rose pensaba que ya sólo me faltaba conocer a Jasper y que sería buena idea reunirnos todos algún día no lejano. Estuve de acuerdo. Me sentí triste cuando se marcharon, pero no tardaríamos en vernos.
Quería comentar un par de cosas. Sé que la muerte de Rosalie es similar (pero menos cruel, creo) que la de la saga, pero quería mantener algo del personaje, ya que no mantuve su carácter frívolo y orgulloso. Por otra parte, lo que explica es histórico: la Escuela de Medicina de Londres (la fecha de fundación es exacta), el intenso rechazo a las primeras mujeres médicos (algunos las equiparaban a prostitutas), sus dificultades... desde aquí quería hacer este pequeño homenaje a esas valientes mujeres sin las que ni yo ni ninguna mujer podría haber estudiado medicina en la actualidad.
Y ahora algunas estaréis pensando... "¿Historia, homenajes? Ya no recuerdo por qué este fanfic tiene la M de mayores de 17". Pues yo lo tengo muy presente... Hasta el lunes.
Besos a todas.
