¡Buenos días! Respecto al capítulo anterior... por los comentarios imagino que a la mayoría que lo leisteis os ha gustado. Intenté reflejar hasta dónde llega la pasión de una pareja que no es una pareja normal. Bella no sufre dolor cuando Edward la muerde (la mordedura del vampiro no es dolorosa, como ya explica Edward en un capítulo anterior), no es que Bella disfrute del dolor. Para mí en esa escena había confianza, pasión, intimidad y entrega. Será que he leído demasiadas novelas de vampiros ;-)

En el texto hay un término que lleva asterisco porque está explicado en la nota a pie de página, cuando lleguéis a ese asterisco os aconsejo leer lo que significa para poder entender por qué Bella está preocupada.

Como siempre gracias por vuestros comentarios, por leerme, por hacerme saber que estáis ahí, se os quiere. Gracias a Maria José, por leer esto antes que nadie, y sin cuya supervisión no me atrevería a publicar.


Capítulo 25

BPOV

-¿Puedes repetir eso? – mi interlocutor no podía creer lo que escuchaba por el teléfono. De hecho, el residente de guardia de la UCI neonatal del Hospital Infantil parecía un poco paranoico.

-Que os trasladamos un bebé prematuro que ha nacido en el WC. Oye, no sé a ti, pero a mí no me sobra el tiempo - repliqué con voz cansina.

-Vale, entonces no era una broma.

-¿Cómo iba a bromear con esas cosas, hombre? ¡No sería nada profesional!

-Te sorprendería de las veces que me la han colado. Tengo unos compañeros muy cabrones. Ahora mismo te mandamos la UCI móvil. Has tenido suerte, sólo nos queda una incubadora vacía.

Suerte, dice. La guardia del jueves estaba siendo un poco movida. Ahora que la epidemia de gripe estaba en claro retroceso yo esperaba un poco de calma, pero no fue posible. Cerca de medianoche apareció por la puerta de Urgencias una señora con un pequeño bebé de un kilo y medio de peso envuelto en varias mantas. Su hija adolescente, que era bastante obesa, había ocultado su embarazo hasta que por desgracia le entró dolor de barriga y, confundida, fue al aseo en vez de pensar que estaba de parto. El prematuro bebé nació en uno de los peores lugares posibles. Afortunadamente no parecía haberle faltado oxígeno, cuando lo metimos en la incubadora respiraba con dificultad pero respiraba. Al final lo habíamos tenido que intubar, pero se encontraba estable para trasladarlo a un centro con más medios técnicos.

Una vez efectuado el traslado mi adjunto quiso hacer el primer turno de trabajo, así que me acosté esperando que me llamaran de madrugada. Sin embargo mi turno fue bastante tranquilo. Cerca de las 8 me dirigía hacia la cafetería cuando escuché una conocida vocecita que me llamaba.

-¡Dotora Bella!

Antes de girarme ya tenía mis dos piernas rodeadas e inmovilizadas por unos bracitos.

-¡Daniel! ¿Qué haces aquí?-me agaché y le revolví el pelo.

-Vuelvo a hacer pipi de coló dojo.

Miré a la madre que se acercaba sonriente. Me dio los buenos días y me explicó que el pequeño había vuelto a orinar sangre. Llevábamos varios controles normales, así que era algo que no me esperaba. Me lo llevé al box de pediatría, lo exploré y le hice a la madre unas cuantas preguntas.

-Está bien, cielo, vamos a tomar una nueva muestra de ese pipí.

-Traigo esta de casa- la madre me tendió un bote.

-No, no, mejor que sea lo más reciente posible -rechacé el recipiente con una sonrisa, pero detecté un gesto de contrariedad en la expresión de la mujer- ¿Tienes ganas de hacer pipi, Danny? –El pequeño lo pensó durante unos segundos y al final negó con la cabeza.-Bien, pues esperaremos. Vengo en un ratito. Ahora te tomas un súper vaso de zumo y ya verás como pronto tendrás ganas otra vez.

Desayuné dándole vueltas a lo que acababa de pasar, recordando el ingreso de Daniel y los controles seguidos en la Consulta Externa. Intuía algo peculiar en la actitud de la madre. De pronto se me ocurrió una idea. Una idea terrible. Recordaba haber leído un caso parecido en una revista médica. Intenté calmarme, probablemente estaba exagerando. Cuando volví a Urgencias ya habían enviado la orina para su análisis completo. Subí a la planta y en la sesión con mis compañeros expliqué los ingresos y las incidencias de la guardia, terminando con el caso de Daniel.

-Comenté el caso de Daniel en una reunión que tuve con Mary Nelson, la nefróloga pediátrica del Infantil de Seattle, y me dijo que si volvía a sangrar sería aconsejable realizar una biopsia renal-explicó Emily.

-¿Una biopsia? ¿No es una prueba demasiado agresiva para un caso así?-recelé. Jessica bufó y la miré. Probablemente pensaba que quién era yo para discutirle a un especialista de un hospital de tercer nivel.

-Eso mismo le dije yo-contestó mi jefa,- pero me enumeró una serie de enfermedades que provocan sangrado intermitente, que sólo se diagnosticarían con biopsia y que detectadas a tiempo tienen mucho mejor pronóstico.

-De acuerdo pero y si… ¿la sangre no fuera de él?-dije. Todos me miraron con interés.

-Bella ¿Sospechas un síndrome de Münchausen por poderes*?-la expresión de mi jefa era seria.

-No lo sé, es una acusación muy fuerte, pero yo creo que antes de hacer una biopsia deberíamos estar seguros de que no es eso.

-El problema es que aquí no tenemos medios para identificar si los glóbulos rojos de la orina son de la madre o del niño- intervino Peter.

-Podemos ingresarlo y recoger muestras de orina en presencia de testigos, cosa que hasta ahora no hemos hecho. Así no le daríamos oportunidad a la madre de introducir sangre suya en la muestra. Al fin y al cabo es un niño pequeño, no es tan raro que queramos obtener la muestra nosotras mismas- contribuyó Monica.

-No es mala idea- dijo Emily frotándose la frente, pensativa. En aquel momento sonó el busca, que ahora llevaba Jessica, quien se dirigió al teléfono.

-¿Sí? ¿Positiva? De acuerdo, ahora bajo.-Colgó y nos miró- El niño tiene sangre en la orina, ¿lo ingreso?

-De acuerdo. Hablaré con la doctora Nelson, mientras tanto- contestó Emily.

No me encontraba nada cansada y me quedé más tarde de lo que acostumbraba cuando salía de guardia, aprovechando para hacer trabajo administrativo atrasado y repasar unas historias clínicas para presentar un trabajo en el congreso nacional, que sería en verano. A media tarde subí a despedirme de las enfermeras y antes pasé a saludar a Daniel por su habitación. La encontré vacía y me dirigí al control de enfermería, donde se encontraba Jessica.

-¿Por qué Daniel no está en su habitación? –inquirí.

-Su madre pidió el alta voluntaria- contestó sin inmutarse.

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Por qué se lo has permitido?-casi grité.

-¿Y qué podía hacer para detenerla? Ya me ha mirado mal cuando al ingreso le he dicho que era la enfermera quien tenía que recoger la muestra de orina.

-¿Ya puestos, por qué no la has acusado directamente de fingir? ¿No había otra manera de decirlo?

-¿Qué insinúas? Antes de meter la pata juzgándome como si tú fueras doña perfecta escúchame. Al parecer Emily habló con alguien de Seattle y este insistió en la necesidad de una biopsia. Como no se podrá hacer hasta el lunes y el niño está bien la madre ha razonado que para qué iba a quedarse todo el fin de semana ingresado.

-¿Para qué? ¿Te parece poca razón para descartar malos tratos?- mi voz sonó demasiado aguda. Las enfermeras que estaban en el control habían desaparecido discretamente al escuchar cómo empezábamos a discutir.

-¡Estás paranoica! Además ¿cómo se lo habrías dicho tú?- contestó Jessica con el ceño fruncido, encarándome.

-No lo sé, quizá le habría dicho que teníamos que recoger varias muestras y con cualquier excusa habría intentado que algunas de ellas fueran en presencia de una enfermera. ¡Un fin de semana da para mucho!

-¿Y crees que, de ser cierto lo que sospechas, ella habría dejado que nos saliéramos con la nuestra? Además, la de Seattle ha dicho que a veces varias patologías pueden dar síntomas intermitentes. Que las orinas hubieran salido normales no habría cambiado la decisión de la biopsia.

Me intenté serenar y suspiré. Jessica tenía parte de razón, pero yo no podía dejar de pensar que no había manejado bien la situación y por su torpeza había descubierto nuestras sospechas a la madre. O quizá sólo era que yo no la soportaba. Tras unos instantes de silencio retomé la conversación.

-Lo que sí creo es que si lo que sospecho es cierto Daniel el lunes no ingresará en el Infantil- murmuré, mirando la lluvia caer por la ventana del control de enfermería.

-Eso está por ver- espetó Jess, dándome la espalda y marchándose.

Me encontraba deprimida. Ya en casa comenté lo sucedido con Angela y ella me intentó animar, pues no pensaba que mis sospechas fueran ciertas. Yo también comenzaba a pensar que a lo mejor había exagerado, en cuyo caso tendría que disculparme con Jessica, cosa que me apetecía menos que un puñetazo en el abdomen.

Edward llamó después de la hora de cenar, como cada día desde su marcha, que se me antojaba muy lejana.

-Hola, cariño. ¿Cómo ha ido el día?

-¿Qué sucede, Bella?- su voz sonó suave pero ansiosa.

Edward no me leía el pensamiento, pero cada vez era más intuitivo con mis estados de ánimo. Le expliqué lo sucedido, pero a diferencia de Angela no se tomó mis sospechas como una exageración. Siempre decía que había leído demasiadas mentes en su larga vida como para no saber de lo que eran capaces los seres humanos.

-¿Quieres que le diga a Jasper que la investigue? Por lo que sé de ese síndrome normalmente los padres van cambiando de hospitales para que no sospechen de ellos. Mi hermano podría indagar en las bases de datos de los ingresos pediátricos de todos los hospitales del país, o por lo menos intentarlo. Pero no será algo que tengamos rápido, comprenderás que hay mucho donde mirar. Y tampoco es algo legal.

-De acuerdo, pídeselo, por favor - me animé y le di los datos del niño, no era legal pero yo no me habría quedado tranquila de otra forma. Además, sabía que el Cullen a quien aún no conocía era un buen hacker, se ganaba bien la vida con esa habilidad, y yo confiaba en él - ¿Cómo va el congreso?

-¿En una palabra? Interminable. Te echo muchísimo de menos. Joseph ronca por las noches.

-Ah, ¿ese es el único motivo por el cual me echas de menos? ¿Porque yo no ronco y tu jefe sí? Yo pensaba que era por que yo hacía unas cuantas cosas que tu jefe no hace contigo.

-Dios, Bella, no vuelvas a decirme eso, qué mal, sólo de imaginarme a Joseph… brrrr, qué desagradable.

-¿Quieres que te diga todas las cosas que te haría si yo estuviera ahí en vez de Joseph? – tenté. El sexo telefónico era mejor que nada de sexo, pero escuché un sonoro suspiro al otro lado de la linea.

-Me encantaría, pero hemos quedado para ver un poco el ambiente nocturno de la ciudad. Tengo que colgar pronto.

-De acuerdo, sé bueno y... no bebas demasiado.- Él rió sensualmente.

-Se me ocurren muchas respuestas a eso, pero espero a la vuelta para explicártelas en persona- contestó, y tan sólo su tono de voz consiguió que sintiera calor entre mis piernas.

Hablamos unos minutos más y por fin nos despedimos. Añoraba a Edward, y tan sólo llevaba dos días sin verlo. Me dirigí al comedor, donde Angela me esperaba con un gran recipiente de helado de chocolate, medio tumbada en nuestro gran sofá.

-Dicen que es un sustitutivo del sexo- sonrió al ver mi expresión de sorpresa.

-Quien inventó eso tenía que ir mal follado- repuse, a lo que Angela soltó una carcajada.- Aunque más vale esto que nada, eso no te lo discuto- repuse mientras clavaba mi cucharilla en el helado.

-Es cierto, ojalá fuera tan fácil. Por cierto, creo que ya te puedes retirar ese apósito de cuello, si lo que pretendías era que la gente no se fijara en los chupetones que te hace tu novio con eso consigues el efecto contrario.- Enrojecí intensamente y me llevé los dedos al apósito con que cubría las pequeñas marcas que habían dejado en mi piel los colmillos de Edward.

-Lo que tú digas, pero creo que es más discreto el apósito que lo de debajo- la miré avergonzada y mi amiga rió.

-Estás de color granate. Tampoco hay que ponerse así por una marca de amor, todas hemos tenido alguna.

-Creo que será mejor cambiar de tema – sonreí a mi compañera de piso.- ¿Os va muy bien a ti y a Jake, verdad?

-¡Sí! Le echo mucho de menos. Ojalá él encontrara trabajo en Forks, aunque tampoco creo que le interesara. Prefiere trabajar en hospitales grandes, es ambicioso y en esos sitios hay más posibilidades de ser un médico de prestigio.

Asentí, comparando la situación personal de Jake con la mía. La verdad es que a mí en el momento actual me importaba un pimiento lo de la ambición profesional y el prestigio, aunque eso a mi padre le molestara bastante.

-¿Has pensado alguna vez qué harás si lo vuestro sigue adelante? Porque si la montaña no va a Mahoma…- dije. Ella hizo un mohín.

-Sí, supongo que me tendría que mudar yo. Pero no hay prisa, ¿no? ¿Tan mal estás conmigo que ya me quieres echar de tu lado?- dijo con fingida indignación y yo negué con la cabeza, sonriendo- ¿Y tú? Edward tiene un enorme palacio donde los dos podríais estar muy bien, y no tendrías que pagar el alquiler de esta casa.

-No hay ninguna prisa, Ang, como tú misma has dicho. Sería genial vivir con Edward, pero creo que aún es un poco pronto para planteármelo, no sé… lo nuestro va muy rápido, y prefiero tiempo para ir asimilando las cosas.

-Ja, ni que hablaras del metabolismo de las esponjas, qué pasión, hija- le pegué con el cojín y rió.- En serio. A veces me parece que tienes miedo. Como cuando te diste cuenta de que estabas enamorada de él.

-Miedo- repetí y miré cómo mi cuchara se clavaba en el helado, ocultando mi mirada de mi intuitiva amiga.

-Sí. Jamás he visto una pareja más pillada que vosotros dos. En serio. Y eso te asusta. Es normal. Tienes miedo a sufrir.

-Vale, doctora Freud. Siga con el psicoanálisis, por favor - subí las piernas al sofá y me senté cruzando las piernas, mirando a mi amiga de frente.

-Muy bien -me apuntó con la cucharita.-Te podrías entregar más todavía, Bella, pero a más entrega más posibilidades de sufrir.

-¿Cómo me podría entregar más todavía?-fue un pensamiento que hice en voz alta. Le había dado hasta mi sangre. ¿Qué más le podría dar?

-No me refiero a físicamente, sino a entregarte por completo. Darle tu... tu alma.

-¡Frena! Angela, aún hace poco que salimos, y si te hiciera caso iría a pedirle a Edward que se casara conmigo.

-¿Crees que él no lo haría? Te mira como si fueras todo su mundo. Si no lo hace es para que no salgas corriendo, doña acojonada.

-Parece que lo conoces muy bien.

-Sé cómo es contigo, cómo te mira, cómo te habla. Hace cuatro años que lo conozco, y no necesito más.

-Angela… intento repartir un poco mis intereses, no centrarme exclusivamente en él. No me gustan esas parejas que están tan absorbidas la una en la otra… hay muchas más cosas en la vida…

-Bla-bla-bla- me interrumpió mi amiga, elevando los ojos al cielo y haciendo una mueca.- Todo eso no son más que palabras. Créetelas tú. Pones fronteras, barreras a tus sentimientos. Eso es un hecho.

Estuve pensativa un buen rato mientras daba cuenta de mi parte del helado.

-Angela… si Jake te pidiera dejarlo todo, y me refiero a todo: familia, amigos, toda la vida que conoces… ¿lo harías?

-¿Por qué te iba a pedir eso Edward?- me observó con los ojos como platos.

-No, no, sólo es una suposición. Pero estoy pensando en lo que me decías antes. ¿Lo harías? ¿Puede el amor suplir todo eso?

-Esa pregunta debes respondértela a ti misma. En este momento yo te diría que no pero, si sigo con Jake, probablemente en un futuro la respuesta sería sí. Hazte la pregunta contraria ¿podrías vivir en un mundo con todo eso pero sin él?

-Sí,- asentí quedamente- supongo que ésa es la pregunta.

-¿Es por eso que no te entregas completamente? ¿Porque si fuera así no podrías vivir en un mundo sin él?

Volví a bajar la vista hacia lo poco que quedaba en el recipiente y sonreí burlona, aunque por dentro sentía una punzada en el corazón.

-Angela, deja de leer tantas novelas románticas. En serio, la vida no es así.

Ella abrió la boca y tomó aire como para contestar pero de nuevo unió los labios. La observé y con la mirada nos lo dijimos todo. Mi amiga sabía cuándo parar.

Nos dimos las buenas noches y me acosté pensando en nuestra conversación. Me tumbé de lado, mirando la ventana, a la oscuridad de la noche. Llamé hacia mi mente imágenes de Edward recostado a mi lado. Recordé sin esfuerzo su aroma embriagador, su aterciopelada voz susurrándome al oído, el tacto de su piel al abrazarme. La punzada se fue y por fin pude dormirme, pero no recuerdo qué soñé.

La tarde del domingo Edward vino a verme en cuanto llegó del aeropuerto. Angela había ido a pasar la tarde con Anne y Monica en Port Angeles, estrenaban no sé qué película, aunque supe que lo hacían para darnos intimidad. Después de una adecuada y cálida acogida en el mismo recibidor, que repetimos de nuevo en mi habitación, me encontraba paseando por el bosque abrazada a la cintura de Edward. Aún hacía frío, pero el sol calentaba más y los primeros signos de la primavera ya eran evidentes en el paisaje.

-Jasper me llamó esta mañana para comunicarme los resultados de su investigación. No hay ningún ingreso previo de Daniel, aparte del de la hematuria. Lo único que llama la atención es que el niño no nació aquí. Al parecer la madre explicaba que se divorció del padre en Inglaterra y se vino con el niño a EEUU, aunque todo esto son datos que aún están por confirmar, sólo es lo que ella explica. Pero no hay nada más donde agarrarse para apoyar tus sospechas.

-Me alegro. Así que divorciada… y el padre en Inglaterra. Por eso nunca lo he visto.

Me tranquilizaron las noticias y me dejé llevar por la dulzura de estar de nuevo con el hombre a quien amaba.


-Bella, ¿puedes venir a mi despacho?- dijo la voz de mi jefa al teléfono.

Era lunes y me encontraba en el control de enfermería de la planta, con Monica, escribiendo los tratamientos de los niños ingresados.

-Claro.- Colgué- Moni, vengo enseguida, me llama Emily.

-A ver qué habrás hecho esta vez- bromeó mi compañera sin levantar la vista de lo que escribía.

Llamé a la puerta de Emily y pasé. Me hizo invitó a sentarme en una de las sillas.

-He llamado tres veces a lo largo de la mañana al Infantil para saber si había ingresado Daniel. En principio tenía que presentarse en Admisiones con nuestro informe de derivación.

-No se ha presentado.- Emily negó con la cabeza.

-Eso es. La he llamado al número de móvil que dejó y no contesta.

-¿Y en su casa?

-He llamado ahora mismo. Era una casa alquilada, me ha contestado la propietaria, dice que la han abandonado el fin de semana- repuso Emily apesadumbrada. Yo empezaba a sentir un peso en el pecho.

-Mierda. Llamemos a la policía.

-¿Y de qué la vamos a acusar? Bella, no podemos demostrar nada- respondió mi desesperada jefa.

-De acuerdo, pero ¿y la negligencia? Tendría que haber ingresado al niño en el hospital y no lo ha hecho, ¿no se la puede acusar de eso?

-Sí, eso sería lo único… déjame que vuelva a hablar con James, hemos quedado en darle 24 horas de tiempo y hablar con la policía entonces para estudiar qué posibilidades tenemos de intervenir. Pero créeme, creo que muy pocas. Por suerte uno de los mejores amigos de mi ex es comisario en Seattle y nos podrá orientar.

Salí del despacho de mi jefa sintiendo como si tuviera una losa en la cabeza. Aunque me decía a mi misma que estaba exagerando no dejaba de imaginarme la carita de Daniel y de imaginar que estaba a la merced de una mujer trastornada que podía poner su vida en peligro.


*Síndrome de Munchausen por poderes: Es una rara forma de maltrato infantil en la que uno de los padres, normalmente la madre, induce en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad. La madre puede simular síntomas de enfermedad en su hijo añadiendo sangre a su orina o heces, dejando de alimentarlo, falsificando fiebres, administrándole secretamente fármacos que le produzcan vómito o diarrea para que el niño aparente o en realidad resulte enfermo. Estos niños suelen ser hospitalizados por presentar grupos de síntomas que no encajan bien en ninguna enfermedad conocida, y las madres aparentan ser cariñosas y colaboradoras. Con frecuencia, a los niños se les hace sufrir a través de exámenes, cirugías u otros procedimientos molestos e innecesarios.

En la película "El sexto sentido"hay un caso extremo de "Munchausen por poderes".

Siempre os digo que casi todas las anécdotas médicas que pongo tienen una base real, que he vivido yo o alguno de mis compañeros. Por desgracia en este caso también es así.

Nos leemos el domingo en vez del lunes. Besos.