Buenos días, chicas. De nuevo quiero agradeceros todos vuestros comentarios, y más aún ahora. He pasado unos días con un problema de salud y algo de bajón de moral, pero el ver que continuáis por aquí conmigo me ha dado mucha energía. Gracias de nuevo. Gracias igualmente a Maria José, mi beta. Si hay algún error en el capítulo es enteramente culpa suya (es broma, es broma... ay, que me quedo sin beta :-P).
Capítulo 28
Angela estaba sentada sobre la tapa del inodoro, cabizbaja, vestida con su pijama. Apoyaba sus antebrazos sobre los muslos, y su mano sostenía un pequeño rectángulo de plástico blanco. No alzó la cabeza cuando entré en el aseo. Sentí alivio al ver que aparentemente estaba bien, pero su postura derrotada y su quietud de estatua me impresionaron.
-Niña, ¿qué te pasa?- me arrodillé en el suelo para poder ver su rostro y le quité con cuidado lo que sujetaba su mano.
Le di la vuelta al rectángulo y lo comprendí todo. Era un test de embarazo. Dos líneas paralelas bien definidas marcaban el test como indudablemente positivo. Lo deposité en el suelo y le puse las manos sobre las rodillas.
-Angela. Mírame, por favor- ella desplazó lentamente su mirada desde su regazo hacia mis ojos y continué hablándole suavemente, como si me dirigiera a una niña asustada.- Muy bien, ahora vas a venir conmigo, ¿de acuerdo? Vamos a la cocina, nos sentamos y te preparo un chocolate caliente. Y cuando quieras hablar, hablamos- diciendo esto me incorporé y le tendí la mano.
Pasaron varias respiraciones hasta que ella alargó su mano tomando la mía y se puso en pie.
Aparté la silla de la mesa de la cocina para que Angela se sentara y me dispuse a preparar chocolate caliente y café. Durante el proceso miré hacia atrás unas cuantas veces para controlar el estado de mi amiga, que parecía haberse congelado en la misma postura. Permanecía mirando fijamente un punto indefinido de la pared, con los codos apoyados en la mesa y la cabeza sobre las manos. Ni siquiera podía jurar que la había visto parpadear. Esperaba que comenzara a reaccionar porque estaba empezando a inquietarme. Ahora comprendía su comportamiento durante los últimos días. Cuando la encontré en el baño debía llevar ya un rato llorando. La mortecina luz matinal que entraba por la ventana mostraba sus párpados hinchados y su cara, que normalmente estaba llena de alegría vital, estaba demacrada.
La observé mientras tomaba la cálida bebida cerrando los párpados, disfrutando de su dulzura. Me serví café y fui sorbiéndolo poco a poco, a ratos mirando a mi silenciosa compañera de mesa, a ratos mirando por la ventana. El día me parecía más gris ahora, quizá contagiada por el desánimo de Angela.
-A lo mejor debería hacerme la prueba de nuevo- dijo ella de repente, rompiendo el denso silencio.- Estos test no son fiables al cien por cien- murmuró, mirándome con un punto de esperanza en su pálido rostro.
-Angela, ¿desde cuándo no tienes la regla?- pregunté suavemente.
-Una semana- repuso cerrando lo ojos. Tomó un sorbo de chocolate y respiró hondamente.- Vale... lo sé, es fiable.- Abrió los ojos y se quedó mirando el techo, perdida de nuevo en reflexiones internas.
-¿Por eso estabas tan rara estos días?- tanteé. Ahora que había roto el silencio no iba a dejarla que se sumiera de nuevo en su auto-flagelación o lo que fuera que estuviera pasado por su cabeza.- Podías haberme dicho algo, en vez de habértelo tragado tú solita.- De inmediato me arrepentí de mis palabras, sonaban como un reproche y eso era lo último que quería.- Lo siento. No quería decir eso.
-No te preocupes- dirigió de nuevo su atención hacia mí, me tomó la mano y la apretó.- A veces hasta que no dices algo en voz alta parece que no sea real, ¿verdad? Yo me decía a mí misma que era un retraso producto del estrés, del exceso de trabajo, o yo qué sé, y no quería verbalizar mi miedo, o que lo hicieras tú. Pero creo que ha sido peor, sólo he conseguido pasar una semana horrible, y preocuparos a Jake, a ti y al resto de gente que se preocupa por mí. ¡Dios!-exclamó de repente- ¡Me siento atrapada!
-Angela, estoy aquí- le devolví el apretón y ella por primera vez intentó una tenue sonrisa.
-Lo sé- sus oscuros ojos se debatían entre la sorpresa aún no asimilada y la angustia de aceptar la realidad. -No sé qué voy a hacer. De ninguna manera me esperaba esto. Hemos tomado precauciones cada vez que hemos tenido relaciones, excepto una sola, una jodida y única vez. Él entró en mí sin protección, y después se puso el preservativo. Ya sabía que había cierto riesgo aunque él no se corriera dentro, pero pensaba que a nosotros no nos iba a pasar... ¡qué burra he sido!- movió la cabeza de un lado a otro, como si no terminara de creer lo que le estaba pasando- Deberían quitarme el título de enfermera.
-Y a Jake el de médico, si te parece. Y a Anne, por fumar como una carretera a pesar de que conoce bien lo malo que es. Y ya puestos a Jessica, por tener una voz de pito que supera los decibelios admisibles en el interior de un hospital.- Angela rió entre dientes, a desgana, y eso me animó a seguir- En serio, yo creo que a los que trabajamos a su alrededor nos tendrían que dar unas orejeras como las que llevan los que trabajan en los aeropuertos- hice el gesto de cubrirme las orejas.- Creo que mi oído interno está ya un poco dañado, iré a ver al otorrino un día de estos- a Angela le había dado un ataque de risa tonta que se me contagió, a sabiendas de que era más una reacción nerviosa que otra cosa.
De pronto ella paró de reír y se puso a llorar.
-Mierda, ¿no es un poco pronto para los jodidos cambios de humor? -exclamó enfadada consigo misma mientras se restregaba los ojos con las manos.
-Has aguantado mucha tensión tú sola esta semana, mujer. Por algún sitio tiene que salir. Oye. Todos cometemos errores y hacemos cosas pensando que no nos va a pasar nada. Eres... los dos, sois humanos. Angela, habla con Jake antes de pensar o decidir nada. Sois dos personas maduras, no es como si tuvieseis quince años, ¿no? - le tomé la mano, de nuevo.
Ella no contestó. Permaneció perdida en sus pensamientos durante unos minutos y luego prosiguió, como reflexionando en voz alta.
-Un hijo debe ser deseado. A mí nadie me esperaba. Fui un accidente, mis padres no querían tenerme. Jamás me demostraron cariño, más bien que era una molestia no deseada en sus cómodas vidas.
Jamás me hablaba de su familia. Sabía que estaba totalmente distanciada de sus padres, pero no conocía las circunstancias.
-Tampoco creo que Jake esté feliz con... con todo esto- prosiguió, señalando con ambas manos hacia su abdomen.- ¡Nuestra relación apenas acaba de empezar! Además él es ambicioso con su carrera, y un hijo ata mucho. ¿Cómo vamos a criarlo? Tendría que dejar mi trabajo o él el suyo para vivir juntos. ¿Y si se pone enfermo? ¡No tenemos a nadie con quién dejarlo mientras trabajamos!
Me mordí una uña mientras escuchaba el monólogo de mi amiga. Me daba cuenta de que había pasado del shock a la aceptación de la realidad, y de negarse la posibilidad de ser madre a estar angustiándose por el futuro del bebé. Me limité a atender en silencio, y no pude evitar pensar que no sabía lo que daría por cambiarme por ella, por poder concebir un hijo con Edward... estaba casi segura de que él también sería feliz. Pero eso era imposible, y yo era una mala amiga y una egoísta por pensar en eso en vez de empatizar con mi compañera. Me esforcé por apartar esas emociones negativas y centrarme en ella.
-Angela. Sabes que lo primero que tienes que hacer es hablar con Jake. Un hijo no esperado no tiene por qué no ser amado... Tus padres son tus padres y tú eres tú, no tiene por qué ser la misma historia. Y seguro que lo de organizaros la vida con el bebé se puede solucionar de una forma u otra. - Ella asintió apretando los labios y le echó una nerviosa mirada al reloj de la cocina.
Jake había planeado pasar en nuestra casa el fin de semana. Era su primer fin de semana en nuestro hogar, pues Angela le había reprochado que siempre tuviera que desplazarse ella a Seattle. Ante esto a él no le había quedado más opción que transigir. Edward estaba seguro de que Jake no venía a nuestra casa para evitar su olor. Estaba impregnada de su aroma, y se sentía feliz como un crío travieso de que aquél tuviera que soportar ese olor durante todo un fin de semana. Yo me alegraba de que Jacob quisiera tanto a Angela como para aceptar "sufrir" el olor a vampiro. Aunque él y yo no nos lleváramos bien me daba perfecta cuenta del bien que su relación le hacía a mi compañera.
Mientras Angela acababa su reconfortante bebida le mandé un sms a Edward explicándole que nuestros planes para la jornada tendrían que esperar mejor ocasión, que ya le aclararía todo más tarde. Al medio segundo de haberle dado a "enviar" recibí su llamada. Rodando los ojos me dirigí al comedor apartándome de mi amiga.
-Edward, estoy bien, ahora no te puedo contar, es Ángela. Hablamos más tarde – insistí. No quería hablar delante de ella y menos aún dejarla sola más de unos minutos.
-Entonces ya lo sabe – afirmó, y yo abrí los ojos como platos.
-¿Qué?- exclamé.
-Bella, ya sabes "qué". Lleva toda la semana pensando en ello, o más bien gritándolo. Me era imposible no pasar por su lado y oírlo. Estaba muy trastornada. ¿Cómo se lo ha tomado?
-¿Quieres decir que mi amiga estaba pasándolo mal, tú sabías la causa y no me explicaste nada? -le reproché.
-¿Te dijo ella algo cuando le preguntaste? – Hizo una pausa y yo, tercamente, no pude responderle más que silencio; tenía razón - Bella, no puedo evitar tener este don, pero dentro de lo posible huyo de meterme en las vidas de los demás. Además hace días que su olor ha cambiado, así que estaba seguro de que sus sospechas eran ciertas. ¿Está bien?- sonaba preocupado.
-Sí, Edward, está bien... bueno, más o menos. Hablamos luego, ¿vale?- suspiré y colgué cuando él se despidió.
Estaba claro que yo vivía en las nubes. Como solía pasar con las mujeres que convivían, a Angela y a mí nos venía la regla aproximadamente los mismos días. Esos días Edward se ponía más lujurioso de lo ya habitual, lo cual me dejaba particularmente agotada (y satisfecha) y ni me había dado cuenta de que ella no la tenía. Vivía absorbida por mi mundo feliz.
Me sentí bastante egoísta.
Entré de nuevo en el comedor mirando pensativa el móvil. Cuando alcé la vista mi amiga me observaba con muda interrogación. Parecía un poco más serena.
-Edward. Le he dicho que nos veremos más tarde.
-¿Se lo has dicho?- preguntó con cierta ansiedad en la voz.
-No... –mentí a medias... lo sabía, pero no se lo había dicho yo- aunque está preocupado por ti, también te ha notado extraña toda la semana- me senté a la mesa y dejé el móvil a un lado.
-No me importa que lo sepa, pero no se lo digáis a nadie más, ¿vale?
-Por supuesto, Ang- la tranquilicé.- ¿A qué hora llega Jacob?- Ángela miró de nuevo el reloj de la cocina.
-Dentro de una hora- repuso casi temblorosa.
-Bien, tienes tiempo de ducharte y ponerte más guapa- ella alzó los hombros, inspiró y exhaló con fuerza.
-Bells... ¿qué le voy a decir? ¿Cómo lo voy a hacer? -preguntó, moviendo la cabeza de un lado a otro y retorciéndose las manos.
-No lo sé, supongo que primero lo preparas un poco y luego se lo sueltas de golpe. No te andes por las ramas, lo pondrías aún más nervioso...- hice una pausa y bufé.- Mira, no creo que haya una manera mejor que otra, aunque eso sí, asegúrate de que esté sentado
-Tengo miedo. De que me deje, de que me eche la culpa de lo que ha pasado.
-Angela. ¿Jake te ama? ¿Lo amas? Porque si es sí, y lo es, no sé qué haces diciendo esas enormes tonterías - la regañé con dulzura y ella asintió. -Venga- me puse en pie tirando de ella para que se levantara de la silla – mueve el culo y lárgate a asearte y arreglarte, yo me encargo de recoger la cocina.
Angela se levantó y se alejó hacia las escaleras como si cargara demasiado peso sobre sus hombros. Aproveché para llamar a Edward.
-¿Todo bien?- preguntó, ansioso.
-Más o menos como antes, sólo espero que Jake llegue pronto, será el único que pueda calmarla un poco. ¿Puedes pasar a buscarme dentro de poco más de una hora?- dudé un poco antes de continuar.- Creo que será mejor si me esperaras fuera. Ya sabes, para que no os encontréis los dos...
- Claro, no hay que añadirle más estrés al chico - ironizó Edward.- De acuerdo, pero por su bien espero que haga lo que un hombre debe hacer o lo cogeré del cuello y le estrujaré las pelotas de tal forma que tendrán que sacárselas de dentro del abdomen.
-¡Eh, eh, tranquilo! Seguro que Jacob se comporta. Me escandalizas – reí, no esperaba que reaccionara así. Edward no solía ser protector con otros seres humanos y me agradaba su actitud hacia mi amiga.
-Nunca he tenido amigos entre los humanos, hasta que llegaste tú, pero Angela es de las pocas personas que es algo parecido. No soportaría verla sufrir por un mal nacido.
-Yo confío en Jake, Edward. Estará con ella porque la ama, y tú lo sabes mejor que yo, le has leído la mente. Esperaré aquí para tantear su reacción, pero sólo si es como creo que será me marcharé contigo. No la voy a dejar aquí sola y deprimida.
-Me darías un motivo más para cogerlo por el cuello. Espero que tengas razón, por Angela. Te pasaré a buscar en una hora. Escucha... he de hacerte una proposición - su tono de voz cambió de enojado a otro más suave.
-Te escucho- repuse, intrigada.
-Se ha hecho un poco tarde para excursiones por aquí... y si Jake y Angela se quedan juntos el fin de semana no puedes quedarte en tu casa ¿qué te parece si vamos a Seattle?
-¿A Seattle?
-Sí. Pasamos la noche allá y volvemos mañana por la tarde para el cumpleaños de Anne. ¿Te apetece?
Con la noticia de Angela casi lo había olvidado. Al día siguiente celebrábamos el cumpleaños de Anne en su casa, una construcción grande rodeada de jardín en las afueras de Forks. Había mucha gente del hospital invitada. La familia de Anne tenía buena posición económica, y esa propiedad la habían adquirido hacía tiempo como una de sus segundas residencias. El único problema era que Jake también vendría. Iba a ser una prueba de auto-control para el quileute y el vampiro, pero yo prefería no pensar en eso de momento. Me centré en la sugerencia de mi novio.
-¿Turismo en Seattle? ¿Tú y yo refugiados bajo un paraguas, mojados hasta el culo? ¡Qué novedad! - bromeé. Lo cierto es que hasta ahora no habíamos ido a Seattle. Era algo que apetecía mucho, y Edward lo sabía.
-No hace falta que hagamos turismo por Seattle. También podemos quedarnos en nuestra bonita habitación del hotel, estaríamos haciendo el amor hasta que perdieras el sentido - repuso en un tono de voz que me hizo estremecer por dentro.
-Eso tampoco sería una novedad, Cullen- reí, un poco sonrojada.- De acuerdo, Seattle está bien. Turismo, vale. Perder el sentido... ya hablaremos de eso – me mordí el labio.
-Perfecto, porque contaba que me dirías que sí y ya he reservado la habitación.
-Qué previsible soy.
-Sabía que no podrías resistirte a pasar un inolvidable fin de semana con el tío más sexy de Forks- bromeó en tono petulante y yo reí por su tono de voz, aunque tenía claro que acababa de pronunciar una gran verdad.
-No tientes tu suerte, doctor... Hasta luego.
Colgué y me dispuse a limpiar y ordenar la cocina. Estaba acabando de fregar los platos cuando sonó el timbre de la puerta. Cerré el grifo y me sequé las manos para ir a abrir, pero Angela bajó corriendo por las escaleras, adelantándome.
-¡Ya abro yo!-vociferó.
-¡Vale, pero deberías tener cuidado al bajar las escaleras, pedazo loca!- le grité desde la puerta de la cocina.
No pude dejar de notar que estaba preciosa. No solía arreglarse demasiado, era de estilo informal como yo, pero cuando salía con Jake era otro tema... y quizá fueran imaginaciones mías porque ya sabía su estado, pero su piel tenía un brillo especial.
Me quedé donde estaba para saludar a Jake. Como siempre, intenté disimular y que no se notara la antipatía que sentía. Él también fingía bastante bien en presencia de su novia. Angela se había dado cuenta hacía semanas de que la relación entre ambos había cambiado. Intentó averiguar los motivos pero ninguno de los dos estaba dispuesto a dar explicaciones al respecto. Pasados unos días y para mi tranquilidad dejó de indagar sobre el tema. Probablemente lo atribuía a la rivalidad entre Jacob y Edward, y tampoco eran muchas las ocasiones en que Jake y yo coincidíamos. Afortunadamente.
-Buenos días, amor- dijo Angela al abrir la puerta.
Sin decir ni una palabra Jake entró en casa, la abrazó por la cintura y el cuello y la envolvió en un apasionado beso estilo "Lo que el viento se llevó". Entonces decidí retirarme hacia la cocina, porque de repente me había atacado la invisibilidad y no sabía qué hacer con ella.
-¿Qué te pasa, cariño? Estás ojerosa. ¿No has dormido bien?- la voz de Jake sonaba ansiosa desde el recibidor. Hubo un breve silencio y por fin mi amiga contestó.
-Estoy bien, pero tengo algo que decirte- contestó con voz un poco temblorosa.
Esperé para saber a dónde se dirigían y oí que se metían en el comedor. Salí rauda de la cocina, pasé por delante de la puerta abierta, saludé a Jacob con un rápido buenos días y me dirigí a mi habitación escaleras arriba. Jacob apenas me contestó pero observé que su rostro expresaba ansiedad. Era un hecho bien conocido que frases como "tenemos que hablar" o similares casi nunca eran un buen augurio para una relación.
Me duché y me vestí de manera informal, no tenía ganas ni tiempo de arreglarme demasiado. Un fino jersey gris escotado y unos vaqueros desgastados irían bien. Mientras me ponía las botas agucé el oído pero no pude escuchar ningún sonido proveniente del comedor. Deseé con todas mis fuerzas que las cosas fueran bien entre ambos.
Preparé una maleta de fin de semana con otro jersey, un vestido, unos zapatos, y un par de mudas de ropa interior (una de ellas era muy sexy, esperaba de veras que sobreviviera a la lujuria de Edward). Recogí las revueltas y aún húmedas ondas de mi cabello en una coleta y justo cuando acababa de anudármela recibí la llamada de mi novio avisándome de que estaba en la entrada. Bajé las escaleras a toda prisa cargada con mi pequeña maleta y me asomé por la puerta del comedor para despedirme. Estaban sentados en el sofá de forma que ambos estaban tomados de la mano, mirándose a los ojos. Percibí el ambiente que había entre ellos dos. Era cálido.
-Angela, me marcho- dije desde la puerta, entonces mi amiga rompió el contacto visual con Jake para dirigirme la mirada. Una dulce mirada - Pasaré la noche fuera... ¿Nos vemos mañana en casa de Anne?
-Sí, sí, hasta mañana, Bells – me sonrió radiante y volvió a dirigir sus ojos hacia el hombre que había a su lado.
En su cara pude ver que había vuelto a llorar, pero la sonrisa que me había dirigido era sincera. A su lado, Jake la miraba como si ella fuera lo más maravilloso que pudiera haber en el mundo. Como siempre la miraba, pero esta vez con más intensidad. Respiré profundamente, aliviada. No sabía a ciencia cierta si habían decidido algo y qué, pero fuera lo que fuera estaban juntos en eso.
Edward me esperaba apoyado contra una de las puertas laterales del Volvo. Llevaba un fino jersey azul oscuro y unos vaqueros gastados. Tomé aire al verlo... jamás me acostumbraría. Se pasó la mano por el cabello al tiempo que una leve sonrisa se dibujaba en sus labios.
-Parece que no tendré que entrar a partirle la cara a Jacob. Lástima. Hubiera sido una buena excusa para hacerlo- comentó, apuntando con la barbilla hacia la casa y con una mirada de chico malo que me hizo flojear las piernas.
-Sí, parecía que estaban de luna de miel cuando he salido por la puerta- comenté, dándole un beso en los labios. Edward me abrió la puerta del copiloto y me metí en el coche.
Metió mi pequeño equipaje en el maletero y entró de nuevo el coche. Puso en marcha el motor y dirigió el vehículo hacia la carretera principal.
-¿Qué habrán decidido?- dije, pensando en voz alta.
-Lo sabrás cuando hables con ella- repuso.
-No serás capaz...- lo miré airada.
-Ya sabes,- se tocó la frente con el índice y compuso una expresión solemne- intento dar privacidad a la gente.
-Claro, ahora voy y me lo creo. ¿No eres tú el que escaneaba los pensamientos de Angela para saber qué pensaba yo de ti? ¿Eso es dar "privacidad"?- hice las comillas en al aire.
-Sólo lo hice al principio de conocerte- rió él entre dientes.- Y no es culpa mía, Angela es una excelente transmisora.
Bufé y me crucé de brazos, mirando hacia la ventanilla lateral. Sentí los dedos de Edward tomarme de la barbilla e intentando que lo mirara, y me dejé hacer.
-Jacob le ha dicho que la ama y que estará con ella siempre, que la idea de ser padre no le parece descabellada- explicó.
-Genial. Jacob no me ha decepcionado ¿Y Angela qué piensa?
-Angela ya había decidido seguir adelante antes de que él llegara- repuso. Asentí.
-Eso lo he notado en su monólogo- sonreí- Sólo quería estar segura.- Suspiré. – Me alegro de que ambos estén de acuerdo y se apoyen. Esto va a ser un giro de 180 grados para sus vidas.
-Lo será, sin duda- respondió él, escrutándome la expresión. De pronto deseé cambiar de tema.
-Bueno, ahora explícame. ¿Qué iremos a visitar? ¿A qué hotel vamos?- pregunté entre tímida y emocionada, como si fuera nuestra primera cita. Al fin y al cabo aunque hubiéramos pasado algunos fines de semana juntos (cuando las guardias nos dejaban) era el primer viaje de fin de semana que hacíamos.
-Al Vintage Park- respondió, con los ojos pegados a la carretera. Mi mandíbula se descolgó y solté un jadeo.
-¿El Vintage?- mi voz casi chirrió, haciendo un esfuerzo para no gritar... era el hotel donde mis padres habían celebrado su boda, y además uno de los mejores de la ciudad. Había bromeado con Edward explicándole que seguramente fui concebida entre esas paredes, pues pasaron allá su noche de bodas y yo nací a los nueve meses de ésta.
-¿Te parece bien? – me observó con atención, un poco preocupado por mi reacción. Yo estaba abrumada y sólo acerté a cerrar la boca y asentir.- Pensé que te haría ilusión.
-Edward- acerté a contestar al cabo de unos minutos- claro que me hace ilusión. ¡Muchísima! Pero es... demasiado. Yo... no puedo pagar eso.
Él siguió conduciendo sin tan siquiera mirar a la carretera. No podía evitar estar inquieta cuando hacía eso, aunque sabía que su visión periférica era perfecta y su capacidad de atención era múltiple. Entrecerró los párpados, frunciendo los labios en silencio durante unos instantes. Por fin habló.
-Bella. Eres mi invitada este fin de semana. No seas absurda y déjame cuidar de ti- declaró, mirándome con intensidad.
Yo no fui capaz de responderle negativamente sin parecer grosera. Suspiré dándome por vencida y le sonreí, volviendo la cara hacia la carretera para desconectar del hechizo de sus ojos. Los árboles pasaban veloces por nuestro lado, mientras el Volvo de Edward se deslizaba por la casi desierta carretera.
Empecé a pensar en la situación de mi amiga. En alguna conversación anterior me había dicho que los niños no le gustaban demasiado, que no tenía paciencia con ellos. Opinaba de sí misma que sería una madre horrible.
-En cambio, tú serás una madre estupenda. Y encima, pediatra.
-No lo creo. A la que el niño tuviera cualquier cosa pensaría en lo más grave. Sería como el "síndrome del estudiante de medicina" pero en peor. Una histérica total. De todas formas, no es lo mismo tratar con los hijos de los demás que con los propios. A lo mejor con los tuyos tendrías una paciencia de santa.
-¿"Los tuyos"? ¡Ja! Si tengo uno ya será mucho. No tengo muy claro que quiera formar una familia, en serio.
No lo tenía muy claro, pero ahí estaba. Inconscientemente me toqué el vientre con ambas manos y suspiré. Siempre había pensado que sería madre. Era hija única, y mi deseo habría sido tener por lo menos tres hijos. No es que estuviera obsesionada con ello ni mucho menos, aún era joven y mi carrera había ocupado todos mis esfuerzos... hasta el momento. Pero el hecho de saber que si seguía con el amor de mi vida jamás podría tenerlos me había despertado un intenso instinto maternal, como si algo dentro de mí se rebelara contra ese hecho. Una idea llevó a la otra y vino a mi cabeza la carita de Daniel. Notaba ese peso en mi pecho cada vez que pensaba en ese pobre niño indefenso. Las pesquisas de nuestro "hacker" particular no habían dado ningún resultado positivo hasta el momento. La mujer podía estar trastornada, pero no era idiota. Si no volvía a actuar no sabríamos nada de ella, pero si volvía a actuar y lo hacía de forma diferente que la última vez... ¿cómo nos enteraríamos? Los casos de Munchausen por poderes podían disfrazarse de muchas enfermedades. Si es que era eso de lo que se trataba y no me estaba volviendo paranoica, cosa que empezaba a plantearme.
-Un centavo por tus pensamientos.- A mi lado, la suave voz de Edward me despertó de mis cavilaciones. Giré la cabeza y lo miré.
-Pensaba en Ángela.- Obvié ante Edward mi malestar por Daniel.
-Todo un cambio en su vida, ¿verdad?- me observó atentamente, sondeándome.
Aquello más que una pregunta me pareció una invitación a explayarme. Pero yo ya no quería tocar ese tema, ni ninguno que pudiera entristecerme. Inspiré y exhalé con fuerza, alejándome de toda esa vía de pensamientos. Me esforcé en concentrarme en nuestro aquí y ahora.
-Sí, cierto ¿Te importa si pongo música?- dije para cambiar de tema.
-Sabes que no- contestó, captando el mensaje.
Sintonicé una emisora que a Edward le gustaba porque ponía música actual y de otras décadas. En aquel momento sonaba la canción de James Brown, "I feel good". Me reí cuando Edward comenzó a cantarla. En aquel momento parecía exactamente lo que aparentaba: un chico de ventitantos años. Tenía una preciosa voz y no desentonó en ningún momento, pero era divertido verle así, tan diferente de la imagen de competente (y muy sexy) cirujano a la que estaba acostumbrada. Entonaba "cuando te tengo en mis brazos, mi amor, no te haría daño", y aunque no dejó de mirar la carretera me pareció que lo estaba cantando para mí.
-Canta muy bien, doctor Cullen- aseguré cuando hubo terminado.
-Pues a mí me encantaría escucharte. Jamás te he oído cantar, ni siquiera en la ducha.
-No lo hago muy bien. Además, me da un corte terrible cantar delante de ti, así que no esperes que lo haga.
-Nunca digas nunca- repuso con suavidad, curvando levemente sus labios.
No contesté. Sabía que podía ser muy persuasivo si se lo proponía.
Pues nada, un punto para las que dijisteis embarazo. Dije que no había Nessie, pero no dije nada de "otros" embarazos. Esto es muy de fanfic, pero una amiga mía se quedó embarazada de la misma forma que Angela...
Gracias por vuestros comentarios, preguntas, dudas, reflexiones o lo que sea ;-). ¡Hasta el jueves!
