Buenos días. Me alegro de por lo menos unas cuantas no encontrarais demasiado empalagoso el capi previo. El de hoy no es empalagoso... bueno, un poco sí, porque hay postre...
Como siempre, gracias por leer, por dejar vuestros comentarios, por vuestro apoyo, y a Maria José por repasar el capítulo. Como siempre, recordad que el fic es para mayores de 17 por las escenas eróticas. Mi obligación es avisar. Luego cada una que haga lo que quiera, que tampoco hay para tanto con el tema, creo.
Respecto a vuestros comentarios del 29:
v. cullen, eres muy intuitiva... creo que acertaste en los motivos de Edward. ¡Ya lo conoces bien! Gracias por tus siempre amables palabras.
Ginegine, gracias por tu comentario, que vale por 29 ;-)), y cuidate los ojos, ¡leer en el móvil es cansado!
PRIGSPE, la escena sería divertida, sí. Pero no iré por ahí, pobre Bella, qué trauma, jaja.
SalyLuna, más bien Edward no quiere tener ninguna sorpresa para Bella... por eso se va. Gracias por animarme a seguir, estoy en ello.
I love Edward: gracias a ti, me alegro de que te haya gustado que sea tierno. Y el de hoy... ¿habrá hot?... ya me dirás tú misma.
MarilizzieCullen13, no creas que no he pensado lo de la propuesta, pero... aún no toca. Me alegra que te guste esta Bella que le da a todo tantas vueltas.
Isa-21, tú lo has dicho, menos mal que no fueron al zoo.
P., el tiempo pasa rápido, cielo. Y los salvajes ocupan el 125% de él. Eres una de las dos madrinas de la historia, una de las personas que me animó a sacarla adelante, y me alegro mucho de volver a verte por aquí, pero no te agobies por leer, ya sabes.
Lady Alizee, me gusta que te guste ;-).
Paola Cullen, me alegro de leer que te sigue interesando la historia.
Capítulo 30
BPOV
-¿Bella? ¿Bella Swan?- me giré hacia donde provenía la voz y reconocí a James Watson. Iba acompañado de un hombre joven alto y moreno. Y bastante atractivo, por cierto. Ambos vestían smoking.
-Hola... James– él y yo estrechamos las manos. ¿Qué hacían en el hotel?
-Estamos en uno de los salones privados del hotel- dijo, contestando a mi silenciosa pregunta.- Nos hemos reunido algunos miembros del staff del Infantil con varias fundaciones privadas para conseguir apoyo a proyectos de investigación que se van a realizar en nuestro centro en un futuro próximo- señaló con la mano al hombre que había a su lado.- Te presento a Garret Randall, es uno de nuestros cirujanos pediátricos. Garret, esta es Bella Swan, la residente de pediatría que perdimos por error.
Tendí la mano al tal Garret y él me correspondió, manteniendo el contacto durante unos segundos más de lo esperado.
-Espero que no sea un error imposible de solucionar, Bella - sonrió de forma encantadora. En aquel momento percibí movimiento a mi lado y un posesivo brazo ciñéndose fuertemente a mi cintura.
-Bunas noches, James, Garret- Edward había aparecido de la nada y tendía la mano para saludar formalmente a ambos hombres.
Recordé que él había rotado durante unos meses por cirugía pediátrica del Hospital Infantil de Seattle, así que estaba claro de qué los conocía. Lo que no entendía era la frialdad con que chocaron las manos Garret y él. No me hubiera sorprendido si alguno de los dos luego se hubiera restregado la mano por la chaqueta.
-Bella, tenemos que irnos ya o perderemos la reserva. Garret, James – Edward saludó con la cabeza a uno y otro y sin esperar respuesta comenzó a tirar de mí hacia la puerta. Apenas pude despedirme con un gesto y una sonrisa de disculpa.
-Perdona- dije una vez cruzamos las puertas del hotel- ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? Primero desapareces de la habitación, luego apareces y te comportas como...
-Un borde- me interrumpió y yo asentí, suspirando. Seguíamos caminando en dirección a la Aguja, y Edward en ningún momento había aflojado su agarre.
-He preferido esperarte abajo porque de veras quiero que cenes allí, conmigo. Cosa que habría sido imposible si hubiera estado en la habitación en el momento en que salías del baño vestida de esa forma- me acarició de pies a cabeza con la mirada y sentí calor - En cuanto a lo de la recepción, es una pequeña larga historia.
-Esas son las mejores-le pinché.
-De acuerdo- tomó aire con fuerza.- Ya sabes que roté durante unos meses por cirugía pediátrica del Infantil- asentí.- Mi relación con Garret era cordial, hasta que una de las residentes se fijó en mí. Se llamaba Kate, y él estaba colado por ella. Yo lo sabía por haberle leído los pensamientos, él no lo quería hacer evidente en aquel momento. Ya sabes que está muy mal visto que un adjunto y una residente tengan una relación- volví a asentir, eso no era diferente de mi país.
-¿Y qué pasó?- sentí una punzada de celos al pensar que la atracción de Kate por Edward pudiera haber sido correspondida.
-Que le gusté a Kate y ella sí se encargó de que fuera algo evidente, ante la impotencia de Garret, quien no podía competir conmigo sin quedar mal ante sus compañeros. Él estaba esperando a que ella, que era residente de último año, acabara la especialidad para cortejarla.
-Que sepas que eres el único hombre que conozco que aún usa la palabra cortejar, deberías decir ligársela o algo así- bromeé.- Pero tú no tienes la culpa de estar tan bueno- continué, y él sonrió ampliamente.
-Como si hubiera algo racional en los sentimientos, Bella- replicó, negando con la cabeza.
Ya habíamos llegado a nuestro destino, el ascensor para subir al restaurante. Sólo estaba permitido el acceso a quien iba con reserva confirmada. Subimos en silencio, acompañados por un pequeño grupo de personas. Una vez en el local nos acompañaron a nuestra mesa, situada al lado del ventanal, como Edward me había prometido. El lugar estaba atestado, y aún así nuestra mesa estaba lo suficientemente separada del resto para darnos un ambiente muy íntimo.
-Ahora sé por qué le caes mal a Garret... los celos son una buena razón ¿Pero por qué te cae mal él? - inquirí, abriendo la carta que nos acababa de entregar el maitre.
-No me caía mal... hasta ahora- contestó él mirando la carta fijamente. Alargué la mano y se la retiré, alzando una ceja.- Está bien... es que no me ha gustado lo que pensaba cuando te saludaba. No se ha cortado un pelo y te aseguro que tiene una imaginación muy gráfica- me miró frunciendo el ceño, al tiempo que yo me sonrojaba.
-Entonces lo suyo con Kate no prosperó.
-Pues por lo que he leído en su cabeza al final prosperó. Llevan un tiempo saliendo, pero al parecer la relación ya no es tan fantástica. Pero eso no le da permiso a ese Donjuán para pensar ciertas cosas sobre mi chica.
-Él no sabía que soy tu chica.
-Ha seguido pensándolo hasta que hemos desaparecido por la puerta, Bella. Y ya estaba claro que estamos juntos- replicó secamente.
-Está bien, cambiemos de tema- contesté dulcemente, no quería discutir con él por una tontería.- En esta carta hay platos con un aspecto delicioso. No sé qué pedir.
-Yo sí sé qué pedir, y no está en la carta- murmuró él. Alcé la mirada y me quedé sin respiración ante la intensidad del deseo que se reflejaba en sus ojos. En aquel momento se aproximó la maitre.
-¿Han decidido ya los señores?
-Me parece que pediré una ensalada Skycity y un pastel de verduras de temporada. Ah, también agua y una copa de Merlot Leonetti del 2004- dije en un hilo de voz, sin poder dejar de mirar a Edward.
-¿Y el señor?
-Yo no tomaré nada, gracias- Edward le devolvió la carta sonriendo pero sin apartar sus ojos de los míos.
-¿Está seguro? Servimos medias raciones si lo que sucede es que tiene poco apetito- la camarera era insistente. Y no me gustaba cómo miraba a Edward.
-No se preocupe. Ahora no tengo apetito- la miró durante un par de segundos, sonriendo, ante lo cual ella parpadeó varias veces- Comeré más tarde- añadió lentamente, mirándome con fuego en los ojos. La sangre se agolpó en mis mejillas mientras la camarera emitía un leve carraspeo y se marchaba un tanto precipitadamente.
-Has asustado a la camarera.
-Mejor. Se estaba poniendo demasiado insistente- repuso, sin variar la intensidad de su expresión.
-Si no dejas de atormentarme con esa mirada, creo que no podré comer. La verdad es que me están entrando unas ganas tremendas de salir de aquí- susurré. Él suavizó la fuerza de sus ojos y me tomó de las manos.
-No. Quiero que disfrutes del lugar, de la comida y de la vista... incluso con la lluvia es hermosa- entonces miré hacia fuera y comprobé que una fina lluvia había hecho su aparición.
-Ya tardaba. Por lo menos hemos disfrutado de un buen clima hasta el momento- suspiré, entrelazando mis dedos con los suyos.
El resto de la cena, mi cena, transcurrió en una amena charla. A petición suya, le conté a Edward historias de cuando era niña. Le gustaba mucho escuchar todo lo relativo a mi vida antes de conocerle.
-Siempre quise tener un hermanito, pero Renée tuvo una infección uterina poco después de tenerme, y le tuvieron que hacer una histerectomía. Ya sabes, seguramente fue el "síndrome del recomendado".
-Lo sé, todas las complicaciones más raras aparecen en el personal sanitario. Ese síndrome no es una leyenda. Lo siento por Renéé.
Bebí un trago del estupendo vino tinto que nos habían servido. Tenía que controlarme o Edward tendría que llevarme en brazos al hotel. Aunque no era mala idea... dios, contrólate, lujuriosa.
-Sí, lo pasó mal, y yo no ayudé con mi insistencia durante años en pedirle un hermanito- me encogí de hombros.- Así que me apuntaron a diversas actividades, para que me relacionara con niños de mi edad. ¡Hasta me apuntaron a ballet! Llorarías si me vieras bailar, si la tierra pudiera abrirse y tragarme lo haría- sonreí negando con la cabeza, mientras me metía un trozo de pastel de verduras en la boca. Estaba realmente delicioso.
-No lloraría. Si no pudiera conseguir que bailaras bien sería mi falta, no la tuya- repuso. Sonreí y pensé para mis adentros que ni siquiera él conseguiría el milagro de que mis pies se coordinaran al bailar.- ¿Cuál era tu hobby favorito, entonces?
-La actividad que más me gustaba de las que me apuntaron fue un curso de astronomía de verano. Disfruté aprendiendo a manejar un telescopio, y a mirar el cielo, las constelaciones... ahora ya se me ha olvidado cómo son las estrellas. No recuerdo una noche completamente despejada desde que vine aquí hace meses- sonreí un poco triste.
-Sí, yo también las echo de menos... Bella, podemos ir a buscarlas- dijo con súbita pasión.- Podemos irnos de viaje a otros sitios, quiero redescubrir el mundo contigo, Seattle jamás me ha parecido una ciudad tan atractiva como estas horas en que la he visitado a tu lado.
-Pero no podemos... tienes que huir del sol- repuse, confundida.
-El sol no va a hacer que me transforme en una antorcha, amor. Sólo tengo que evitar permanecer demasiado tiempo bajo sus rayos porque me va debilitando, pero a mi edad puedo aguantar casi una hora. No quiero que te sientas limitada por estar conmigo.
-¡No! No me siento limitada... bueno, en algunas cosas sí, pero me compensa todo lo que me das- le tomé las manos y me las apretó.
-Desearía poder dártelo todo. Desearía que no echaras nada de menos por estar conmigo.
-Ya me lo das todo, Edward. Y tú tienes mi cuerpo, y mi alma- susurré perdiéndome en su mirada.
-¿Desean algo de postre? -la camarera cortarrollos me sobresaltó con su pregunta. Me tendió la pequeña carta y le eché un vistazo rápido mientras ella recogía los platos.
-La tarta "Tentación de chocolate", por favor- le tendí la carta algo bruscamente por haber explotado nuestra burbuja. Ella la tomó y miró a mi novio por unos breves instantes, como esperando que aún fuera a pedirle algo de comer, pero suspiró y se retiró.
-Ha parado de llover- dijo él, mirando por el ventanal pensativamente. Admiré su perfil mientras intentaba interpretar su expresión. Parecía preocupado, pero él era mucho mejor que yo ocultando sus emociones.
-Un dólar por tus pensamientos- dije, repitiendo la frase que él me dijera horas antes. Volvió su atención a mí y sonrió misteriosamente.
Iba a protestar por su silencio cuando en aquel momento la camarera dejó el plato del postre delante de mí. El nombre era muy apropiado, porque sólo mirar esa obra de arte de la repostería era pecado. Cogí una cucharada y me la puse en la boca. Al sentir el dulce sabor llenando mi boca cerré los ojos y se me escapó un gemido involuntario. Cuando los abrí Edward estaba mirándome febrilmente. Percibí el calor en la piel de mi rostro y me mordí el labio. Él se removió en la silla e inspiró profundamente. Tomé una segunda cucharada y la metí con mucha lentitud en mi boca, volviendo a cerrar los párpados durante unos segundos. Cuando los volví a abrir una de sus manos aferraba con fuerza el borde de la mesa, que casi podía oír crujir, y la otra estaba tensa como una garra sobre la servilleta. Su mirada se movía entre mi boca y mis ojos, brillante y oscura. En aquel momento pensé que lo más prudente era parar. Pero no podía. Tomé una nueva cucharada y observé cómo él seguía hipnotizado el pedazo de tarta desde el plato hasta mi boca. Mi mano tembló y antes de que el dulce llegase a mis labios cayó sobre el mantel. Tomé el pedazo entre dos dedos, lo deposité en el borde del plato y me llevé la mano a la boca, lamiendo el chocolate con un nuevo gemido de placer. Edward me tomó la mano y la apartó de mi boca, llamando a la camarera con la mano libre.
-Todavía no he terminado -protesté débilmente. Su mano sujetaba la mía con firmeza y mi respiración se hizo superficial.
-La cuenta, por favor- dijo cuando se acercó la joven. Habló educadamente pero sin apartar sus abrasadores ojos de los míos.
Subimos al ascensor sin que Edward me soltara de la mano. Había en él media docena de personas además de nosotros, todos volviendo de la velada en el restaurante. Busqué su mirada pero él se dedicó a mirar hacia el techo del ascensor. En cuanto llegamos a la planta baja y se abrieron las puertas se lanzó hacia la calle, casi arrastrándome en dirección a nuestro hotel.
-Edward, se puede saber q... –no pude continuar. Me había tomado en brazos y sin darme cuenta me encontré contra la pared de un callejón cercano al hotel. Miré hacia los lados para situarme. Unos contenedores tapaban la vista desde la calle. Pensé que debían ser del propio hotel. Edward estaba de pie frente a mí respirando dificultosamente, y a pesar de la escasa luz del callejón pude ver el deseo encendiendo sus ojos. Apoyó una mano a cada lado de mi cabeza; estaba presa entre sus brazos y su cuerpo. Mi corazón latía con fuerza, esperando su siguiente movimiento.
-Bella, ¿qué pretendes? Ha faltado poco para que te tumbara encima de la mesa del restaurante y te follara delante de toda esa gente- susurró apretando su frente contra la mía.
-Lo siento – musité.
No se me ocurrió nada más original. Lo cierto es que sentirme tan deseada por él me hacía comportarme de forma que a veces ni yo misma me reconocía. En cierta forma su deseo me hacía sentír poderosa, y como una pequeña tirana quería probar hasta dónde llegaba mi poder. Y a veces me pasaba... como ahora.
De repente me tomó ambas muñecas con una sola de sus manos y las sujetó sobre mi cabeza.
-¿Lo siento? Eso no es suficiente – siseó, rozándome el cuello con sus labios. Me estremecí.
Tomó el bordillo de mi falda y lo subió, introduciendo la mano libre por debajo, acariciando mi piel. Yo llevaba puestas unas medias hasta medio muslo. Acarició la blonda de la prenda, y siguió subiendo. Jadeé cuando sus dedos fríos se introdujeron entre la seda de la ropa interior y mi piel.
-¿Qué haces?-susurré mirando a ambos lados y por encima nuestro para asegurarme de que nadie estuviera mirándonos.
-Sólo quiero que te sientas como yo- murmuró con el más intenso anhelo reflejado en su rostro.
Sentí uno de sus dedos invadiendo mi interior y me mordí el labio para no gritar. Intenté zafarme de su agarre pero fue completamente imposible. Él curvó el dedo y lo movió despacio por mi interior, torturándome. Sentí fluir mi humedad entre las piernas y él dibujó una sonrisa indecente. Mi vientre se contraía casi dolorosamente por el deseo, mientras reprimía un gemido. Él acercó su boca a la mía y me besó con sensualidad, su lengua me acariciaba y me torturaba tanto como su mano en mi interior.
-Para- supliqué, separando mi boca de la suya, jadeando.- Ya he comprendido el mensaje.
-No puedo parar. Estás tan mojada que me muero por probarte- diciendo esto se agachó, me quitó las braguitas y de un solo movimiento colocó mis piernas sobre sus hombros, apoyándome contra la pared. Hundió su boca en mí sin piedad. Yo apenas era consciente de la dureza y humedad de la pared que tenía detrás de mí. Sólo existía la boca de Edward, su lengua, sus dientes. Me llevé una mano a la boca y me la mordí, porque lo que él me hacía me estaba volviendo loca y necesitaba gritar, pero no debía.
-Joder, Edward, ¿quieres matarme?- gemí, cerrando los párpados con fuerza, enredando una mano en sus cabellos, y mordiéndome el puño. Sentí su aliento contra mi hipersensible piel cuando rió por lo bajo.
-Quiero devorar hasta la última gota de tu excitación, amor, pero te dejaré viva.
Abrí los ojos y miré hacia abajo. La negrura de su lujuria se clavó en mi interior y me hizo arder, consumiéndome. ¿Cuándo iba a parar esta tortura? ¿Se podía morir de placer? Mordí más fuertemente mi puño y sentí el sabor de mi sangre en la boca. Mis entrañas se contraían, un placer tan intenso y doloroso que apenas podía respirar.
No esperaba lo que sucedió al siguiente instante. Edward separó un momento su cara de entre mis piernas e inspiró profundamente clavando sus pupilas en mis ojos. Oh, dios, la reconocía, era "esa" expresión. Mi corazón se desbocó y escuché un gruñido que me llegó desde lo más profundo de su pecho. Cerré los ojos cuando noté su lengua lamerme la ingle y lo siguiente que sentí fue un latigazo de placer que me convulsionó todo el cuerpo, una, y otra vez, en oleadas que no cesaban, mientras sentía que caía, caía en un pozo sin fondo, pero no me importaba, porque estaba en sus brazos.
En sus brazos... cuando abrí los ojos Edward me observaba con una extraña expresión en la cara, mezcla de varias emociones. Deseo. Amor. Culpabilidad. Levanté una mano y le acaricié el rostro.
-Lo siento- susurró. Miré atentamente sus ojos y lo comprendí.
-Me has mordido- él asintió lentamente.
-Te he tomado sin pedirte permiso. Me juré a mí mismo que si lo volvía a hacer sería si ambos lo deseábamos, como la primera vez, y ni siquiera te lo he pedido. He olido la sangre de tu mano y he perdido el control. Lo siento- repitió.
No sabía qué decirle. Lo que experimentaba cuando él bebía de mi sangre era tan intenso que no se podía comparar a otras sensaciones, pero pensándolo con la cabeza fría no era muy sano estar sufriendo sangrías repetitivas. Además, Edward confiaba mucho en su autocontrol y perderlo le hacía sentirse débil, y lo que era peor, cuestionarse mi seguridad a su lado. Una parte de mí, quizá la más pervertida, veía claro que él, mi amor, estaba sufriendo por lo que acababa de hacer, y no estaba de acuerdo porque justamente eso me había llevado a tocar el cielo. Y esa parte fue la que ganó finalmente cuando acuné su cara entre mis manos.
-Te quiero. Y me haces muy feliz, me hace feliz entregarme a ti en todos los sentidos. No sabes lo que siento cuando bebes de mí, es algo... es tan placentero que parece insoportable.
-Entonces sentimos lo mismo. Pero yo no debería perder el control, tu seguridad depende de eso.
-Edward, no...- me besó en los labios interrumpiendo lo que iba a decirle y me ayudó a levantarme, colocándome bien la ropa.
-Bella, seguiremos hablando en el hotel- dijo.- Será mucho más cómodo y seguro.
-De acuerdo- repuse a regañadientes.
Intenté no pensar en la pinta que debía llevar yo con la ropa bastante arrugada, y en que no llevábamos unas buenas gafas de sol para tapar los rojizos iris de mi novio vampiro. ¿Pero quién iba a pensar que nos harían falta unas gafas de sol en Seattle?
Gracias por vuestro tiempo para leer y vuestros comentarios... os dejo que de repente me han entrado ganas de comer chocolate. Hasta el jueves. Besos a todas.
