¡Buenos días! Como siempre, gracias por leerme, por decirme lo que pensáis, y a MJ por sus consejos.
Seguimos en Seattle... Os quería aclarar que Angela no sabía que tenía ese problema cardiaco, jamás le había dado ningún síntoma. Hasta ahora.
Sobre vuestros comentarios del capítulo 32:
ISACOBO, me haces sonrojar, chica... una hace lo que puede. Gracias por seguirme.
silviafarro, me alegro de que te siga gustando la historia.
I love Edward, gracias por tus palabras, y es bueno que puedas entender la reacción de Jacob, aunque no la disculpes (no tiene disculpa, para mí). Mi especialidad?... adivina... sí, pediatra, XD.
daniielacullen, no quiero torturar a nadie, pero gracias por tu entusiasmo ;-)
Audrey, le vamos a dar un valium a Jake de tu parte, jajaja.
SalyLuna, hoy se despierta Angela, a ver qué nos cuenta. Hoy no seré cruel... creo.
Isa-21, sí, problemillas...
Gine, me encantó lo de disculpa mi francés, jajaja.
Pegn, preguntas, preguntas, profe ;-)
Anaidam, *blushes*, gracias, chica... y lo que me he reído con tu comentario, pero eso ya lo sabes.
bellaliz, ya te respondí por mp, pero lo digo aquí: Bella no va a embarazarse de otra pareja, eso va contra mi "religión" ;-)
nohemi, tienes razón. A ver qué dice Angela.
linda-swan y jhazy-malfoy-patts, gracias.
Capítulo 33
BPOV
-Pueden pasar, pero sólo uno de ustedes. Y cinco minutos -remarcó la enfermera de la UCI.
Miré a Edward y él asintió. Me encaminé hacia la puerta de entrada, siguiendo a la adusta enfermera.
La sala de la UCI tenía un control de enfermería en el centro y alrededor de este se situaban las habitaciones, sin puerta y acristaladas, de manera que desde el centro de la sala se podía controlar visualmente a todos los pacientes. Mi amiga ocupaba una cama en uno de aquellos cubículos. Le habían alzado el cabezal de la cama y estaba con la cabeza vuelta hacia la ventana, esperándome.
Estaba pálida y lucía unas ojeras oscuras, pero sus ojos brillaban con la luz de siempre cuando se encontraron con los míos. Me emocioné al verla y la mirada se me volvió borrosa. Parpadeé varias veces.
-Estoy bien, Bella- sonrió, tranquilizadora. Su voz estaba ligeramente ronca, por efecto de la intubación. Le besé la frente y me senté a su lado.- Perdona que no te dé un abrazo, pero es que me tienen atada- levantó un poco los brazos de la cama, mostrándome las vías y monitores que llevaba colocados.-Un poco exagerados, ¿no?-alzó las cejas y abrió mucho los ojos.
-No sé cómo tienes ganas de bromear, eres increíble-meneé la cabeza, secándome con el índice la gota que corría por mi mejilla.
-Supongo que porque no recuerdo nada. Me he despertado aquí y me he llevado un susto de aúpa. Imagina- suspiró.
-¿Qué te ha dicho el médico?- pregunté cautelosa.
-Me ha dicho que no parece que tenga secuelas del... –pareció que se le atragantaba la palabra- paro, y que tengo un problema del corazón que es solucionable colocándome un aparatito. Y que sigo embarazada- sonrió ampliamente, contagiándome. Qué cambio había pegado su punto de vista en dos días.- Oye...-hizo una pausa y se mordió el labio- he visto a Jake esta mañana, y no me ha querido explicar de qué iba lo que pasó entre él y Edward. No sé qué le ha llevado a comportarse de esa forma tan horrible, y lo siento mucho, Bella. Le he dicho que no toleraré que os insulte, y le he exigido una explicación, pero no ha habido manera, se ha cerrado en banda. Aunque estoy completamente segura de que tú sí sabes algo- me clavó sus ojos oscuros y desvié la vista hacia el monitor de constantes.
-Eso es algo entre ellos. No te puedo explicar nada- fruncí los labios con determinación. Me preocupé cuando observé que el ritmo cardiaco y la tensión arterial de mi amiga aumentaban ligeramente.
-NO es algo entre ellos, Bella, ¿cómo puedes decir eso?-miró un momento por el cristal y bajó el tono de voz. Me giré. Una enfermera la miraba a ella y al monitor en una silenciosa advertencia -¿Te parece normal que se lleven tan mal que hasta se insulten y casi lleguen a las manos? Ninguno de los dos es ese tipo de chico y lo sabes.
-Ang, olvídalo, no servirá de nada que lo sepas- suspiré cansadamente y le tomé una mano, apretándola suavemente.
-Eso lo decidiré yo. Estoy segura de que tiene algo que ver contigo, siempre han mantenido distancia entre ellos pero desde que sales con Edward la cosa ha empeorado. Pero no se me ocurre lo que pueda ser.
Ni en un millón de años se te ocurriría, amiga.
-Angela, ahora preocúpate de estar bien, cariño. Ya hablaremos de eso en otro momento-dije, para abandonar el tema.- ¿Sabes cuánto tiempo vas a estar aquí en la UCI?
-Me han dicho que seguramente mañana por la mañana me pasarán a la planta. El cardiólogo me quería colocar un desfibrilador interno pero hace falta anestesia y no quieren hacerlo hasta que no esté embarazada de más de tres meses. Ya ves, cuando lo hagan tendré un pequeño alien en mi pecho- compuso una mueca.- Al menos en los aeropuertos me ahorraré la cola para pasar por el detector de metales.- No pude evitar que se me escapara una sonrisa, a pesar de todo.
-Señoritas, fin de la visita- la enfermera de aspecto adusto se había acercado a nosotras.
-Está bien. Monica y Anne te mandan saludos, tienen guardia pero mañana por la tarde vendrán a visitarte - me levanté y le di un beso a mi amiga.-Yo volveré mañana por la mañana.
-No hace falta, no quiero que vengas a propósito desde Forks. Dentro de nada estaré en casa- se le iluminó la cara ante la idea.
-No te preocupes, Edward y yo hemos tomado unos pocos días de vacaciones.
-¿Está fuera?
-Sí, pero sólo han dejado entrar a uno- encogí los hombros.
-Dale las gracias. Sé que él también me ayudó. Le arranqué la confesión a Jacob esta mañana... al menos eso sí aceptó contármelo -frunció el ceño.
- Lo haré. Mañana nos veremos en la planta- la besé de nuevo en la frente y me despedí.
Edward estaba en la sala de espera. Se levantó en cuanto me vio aparecer.
-Veo que está muy bien para todo lo que ha pasado. Es increíble- negó con la cabeza.
Sonreí; Edward no solía ser admirativo con muchos humanos. Se me ocurrió en aquel momento que tenía que ser buena señal que él volviera a estar conectado con la mente de Angela.
Nos dirigimos caminando al apartamento de Edward. Él estaba callado, y mi mente divagaba. Se había hecho un poco tarde. Quizá podíamos ver un poco más de Seattle, y luego cenar en el precioso apartamento. Una pizza a domicilio, o...
-Tengo algo que decirte - Edward interrumpió mis pensamientos, y había algo en su tono de voz que no me gustó. Era un matiz cauteloso.
-¿De qué se trata?
-Mis padres están viniendo hacia aquí.
-¿Qué? ¿Cómo?- chirrié. Él suspiró.
-Les llamé esta noche mientras dormías. Se lo he explicado todo.
Enrojecí furiosamente, sabiendo que un detalle tan íntimo de mi relación con Edward era conocido por cada vez más gente. Maldita sea. Me solté de su agarre y caminé rápido para separarme de él.
-Supongo que de paso les habrás hecho un croquis sobre las distintas posturas sexuales que practicamos. A lo mejor ellos nos podrían dar ideas- gruñí en voz baja, sabedora de que me escuchaba perfectamente.
Apreté los dientes por la explosiva mezcla de ira y humillación que sentía estallar en mi pecho. En un instante lo tenía de nuevo a mi lado.
-Bella, no saques las cosas de quicio. Si Carlisle y Esme no hablan con Billy y Sue, los patriarcas de los quileute, y los convencen de que lo que hemos hecho no rompe el tratado, tendré que abandonar Forks.
-Por dios, Edward, cuando hablas de lo que hemos hecho... lo haces sonar como algo terrible- estaba reprimiendo las lágrimas.
-¡No! –me detuvo y me sujetó entre sus brazos, pegándome a su pecho sin darme opción a moverme- No es algo terrible. Es lo más cerca que puedo estar de ti. Sólo me importa no poder quedarme en Forks por estar cerca de ti, por no alterar tu vida más de lo que ya lo estoy haciendo. Y porque no quiero que lo que hago perjudique a mi familia.
Su cercanía siempre me alteraba, y aunque lo que decía me llegaba al corazón necesitaba separarme de él para poder pensar con claridad. Había tenido demasiadas emociones las últimas horas y necesitaba poner en orden mis ideas con urgencia.
-Déjame, por favor- apenas terminé de pronunciar las palabras y me había soltado. No me atrevía a mirarle a la cara o no podría pronunciar las siguientes palabras.- Quiero estar sola. No me sigas.
Terminando de decir esto giré y me dirigí a tomar el primer taxi que pude parar.
EPOV
Me quedé mirando por donde se alejaba el taxi. ¿La seguía? Me había pedido que no lo hiciera. ¿Y si no volvía? ¿Estaría segura ella sola andando por las calles de Seattle? Pronto oscurecería, y sentí inquietud ¿Y si encontraba que su vida era demasiado complicada por mi culpa y no la volvía a ver? Sentí una punzada de dolor. Calma, Edward, calma. Me quedé allá clavado como una estaca durante no sé cuánto tiempo hasta que sonó mi móvil. Miré la pantalla. Jasper a veces tenía el don de la oportunidad.
-Dime, Jasper- murmuré.
-¿Sucede algo?- inquirió. Él era muy empático pero no hacía falta ser muy perceptivo para saberlo.
-Nada que deba preocuparte. ¿Por qué llamabas?-soné impaciente. Quería centrarme en el problema que tenía con Bella.
-Veo que no quieres hablar de ello. Entonces seré breve. Quería decirte que Carlisle nos ha llamado a toda la familia. Me ha encargado que te dijera que hemos quedado en reunirnos todos mañana en Seattle. Al fin y al cabo teníamos una reunión familiar dentro de un par de semanas, sólo se trata de adelantarla.
-¿Sólo? Por dios, Jasper, ¿sabes cómo se pondrá Bella cuando se entere? No, no lo sabes.
-Sí sé. Carlisle nos ha contado de qué va el problema- repuso Jasper tranquilamente.
Me pasé la mano por el pelo, a punto de un ataque de nervios. Hasta ahora estaba acostumbrado a la falta de intimidad cuando convivía con mi familia, y ellos soportaban estoicamente mi don, pero ahora veía la situación con la perspectiva de los ojos de Bella, y sofoqué un quejido. ¿Cómo le podía explicar eso a Bella, habiendo reaccionado tan mal cuando creía que sólo lo sabían mis padres? Bastante duro había sido para ella sentirse juzgada por Jacob y sentirse absurdamente culpable de lo que le había pasado a Angela. Ahora nuestras relaciones íntimas eran objeto de conversación en mi familia y pronto serían motivo de discusión con los indios. Me dieron ganas de mandarlo todo a la mierda. Sólo quería estar con ella. ¿Por qué tenía que ser tan complicado?
-Jasper, Bella acaba de irse y no sé dónde. No le ha sentado muy bien todo este asunto.
-Puedo entenderlo. ¿Y tú, cómo lo llevas?
-A mí todo me da igual, sólo me importa ella. No sé qué hacer, se ha ido, me ha dejado plantado en mitad de la calle y me ha dicho que no la siga.
-Creo que deberías ir a buscarla ¿Quieres que te ayude a encontrarla? Si me das su número rastrearé su móvil. Es fácil. También me sirve el número de su tarjeta visa, en cuanto la use, claro- sonreí. El tranquilo y sincero Jasper, el complemento ideal para el manojo de nervios que era Alice.
-No, sólo me faltaba eso para que se sintiera agredida en su intimidad. Pero gracias. Espero encontrarla yo solo.
-Tus habilidades como rastreador dejan mucho que desear, tío, pero tú mismo. Si me necesitas házmelo saber.
-Gracias.
Me despedí de él y colgué. Marqué el número de Bella y me saltó el contestador automático. Apagado. El mensaje estaba claro. Quería que la dejara tranquila. Suspiré y por fin tomé una decisión.
BPOV
-¿Nos haces una foto, por favor?-me sobresalté y me viré.
Una pareja joven se había acercado a mi lado mientras observaba por el ventanal. El chico me tendía una cámara.
-Claro que sí- sonreí como pude y tomé la cámara. Mientras enfocaba a la feliz pareja pensé por qué no podía yo tener una relación normal, como mucha gente, sin tantas... complicaciones.
Con Edward me sentía más viva que en toda mi vida, y estaba segura de que jamás iba a conocer a un hombre que me hiciera sentir como él, vibrante, completa, seductora, amante y amada. Pero aún tenía que averiguar si podía pagar el precio de todo eso. Me sentía deprimida y sin energías, cansada de todo. Miré el paisaje de Seattle desde lo alto de la Aguja espacial y de pronto me sentí muy sola y muy lejos de casa. Tomé el móvil y lo encendí.
-¿Cariño?
-Hola, mamá.
-¿Estás bien?
-¿Es que necesito estar mal para llamar a mi madre? Sólo quería saber de vosotros. Os... Os echo de menos- sofoqué las lágrimas que querían escapar de mis ojos.
-¿Estás bien con Edward?-sonó preocupada.
-Sí- hice una pausa.- No. Bueno, estamos bien, pero hemos tenido una discusión.
-Cariño, tómalo por el lado positivo; sin discusiones no se avanza en una pareja. Si no hay discusiones significa que alguien está cediendo siempre. Lo importante es no dejarse llevar por la ira, no hacer o decir cosas de las que te arrepientas más tarde.
-Supongo- me mordí la punta del dedo pulgar.
-Cuando os serenéis podéis hablar las cosas con más calma.
Como si esto se fuera a solucionar hablando con calma. Mi madre intentaba ayudarme, pero sin saber la verdad poco podía hacer. Y si le explicara el verdadero motivo de la disputa pensaría que me había dado un brote psicótico. Inspiré y exhalé profundamente.
-Bella- continuó mi madre.- Os queréis. Todo lo demás es secundario.
¿Todo, mamá?
-¿Va todo bien por allá?
-Oh, sí, hace muy buen tiempo. Tu padre y yo estamos planificando las vacaciones. Como siempre, las negociaciones son más duras que las de un convenio sindical, pero estamos empezando a ponernos de acuerdo en algunos puntos. ¿Vendrás a visitarnos este verano? En un par de días te quitarías esa palidez y en unos pocos más hasta estarías morenita.
-Mamá, ya sabes que soy resistente a los rayos solares. Mi piel refleja la luz pero no la absorbe -sonreí al teléfono.- Sí, supongo que iré. Tengo ganas de veros.
-Si no puedes házmelo saber e iremos Charlie y yo- de fondo se escuchó una voz.-Es Bella, Charlie- ahora un gruñido de fondo- Dice que si no vienes a vernos irá a buscarte y te traerá para acá.-Más gruñidos.- Y que te puedes traer al paliducho de tu novio pero que dormiréis en habitaciones separadas.
-¡Mamá! Dile a papá que ya no soy una niña - protesté.
-Hija, estaba bromeando- tomó mi padre el teléfono.- ¿Es que ya no tienes sentido del humor? Aunque no me niegues que a tu chico le hace falta una sesión de rayos UVA.
¿Charlie bromeando? Si no me hubiera pillado desprevenida habría pillado la broma. Quizá estaba un poco a la defensiva en lo que a mi intimidad se refería.
-Oye- continuó- el otro día me encontré con María y su marido. Me dio recuerdos para ti, y dice que espera verte en verano.
-Ya. Si la vuelves a ver le das recuerdos también, no he hablado con ella hace tiempo.
Charlé un poco más con mis padres y colgué. Ahora me sentía peor que antes. María había sido mi mejor amiga hasta que se había casado. Desde que estaba en USA no había recibido ni una sola llamada suya. De hecho desde que estaba en USA las únicas llamadas regulares habían sido de mis padres, con la excepción de alguna llamada ocasional de una amiga del hospital o de la facultad. Estaba perdiendo el contacto con mi pasado. ¿Quería eso?
Me sentía como siempre, como si dos mundos tiraran de mí en direcciones opuestas. Apoyé la frente contra el frío cristal y los antebrazos en la barandilla del ventanal, sintiendo mi pecho pesado. Afuera ya había oscurecido y a mi alrededor había cada vez menos turistas. Miré hacia abajo, observando las luces del tráfico callejero. Pensé en Angela, en Edward... Edward. Tenía que llamarle, estaría preocupado.
De pronto sentí mi vello erizarse y supe con seguridad que él estaba aquí. Miré hacia arriba y vi su reflejo en el cristal, detrás de mí.
-¿Cómo me has encontrado?- le pregunté a su reflejo.
-No lo sé. He pensado que estarías aquí. ¿Quieres que me vaya? - pronunció su aterciopelada voz.
Se acercó tanto que percibí su aroma. Inspirarlo alivió inmediatamente el peso en mi corazón.
-No...
Me giré y levanté la cabeza para encontrar sus iris color miel. Entonces me fijé en que tenía un paquete en la mano. Él siguió la dirección de mis ojos.
-Es una tontería... se me ha ocurrido que a lo mejor te apetecía- dijo tímidamente, y me lo tendió.
-¿Qué es?- tomé el paquete y leí las palabras del envoltorio; durante un breve instante no comprendí pero al final reí entre dientes.- ¿Es lo que me imagino? –El asintió con cara de niño inocente.
-El otro día te quedaste sin postre por mi culpa. No podía hacer otra cosa que solucionarlo- siguió mirándome con aquella cara de no haber roto un plato.
-Teóricamente la culpa fue mía, o eso dijiste- me sonrojé por el recuerdo.
-Dejémoslo en culpa compartida.- Dudó un instante- Bella, antes de nada he de darte otra noticia no muy agradable-se detuvo, esperando.
-Adelante.
-Va a venir toda mi familia, se ha adelantado la reunión que estaba prevista para dentro de dos semanas. Y...-frunció el ceño y me miró con culpabilidad- parece que todos saben lo del problema con los indios.
Me eché para atrás, chocando contra el cristal. Abrí la boca y la cerré, porque no sabía ni que decir. Enrojecí por enésima vez.
-¿Qué pensarán de mí? ¿Era necesario que lo supieran?
-Lo siento- negó- digamos que en mi familia no hay mucho espacio para la intimidad. Tendré que hablar con ellos, Bella. Escucha... vámonos de aquí, a otro lugar, nosotros dos solos. No tienes por qué aguantar que ni Jacob ni nadie te insulte.
-¿Y tu familia?
-Tú eres lo primero. No tienes por qué verles si eso te incomoda. Lo siento -repitió.- Dime qué puedo hacer para que te sientas mejor- sus ojos brillaban con un anhelo irresistible.
Lo pensé durante un momento. Mirando al hombre, al ser que tenía ante mí, de pronto lo tuve todo claro. No tenía absolutamente nada de que avergonzarme. Lo amaba profundamente y le había entregado mi cuerpo por completo. Y casi toda mi alma. No había nada malo en ello, ni nada por lo que avergonzarse.
-Llévame a tu casa.
-¿Vienes conmigo?- el ámbar de sus ojos brilló y sentí la casi irrefrenable necesidad de echarme en sus brazos.
-Sí, vamos a casa.
Hasta el lunes... aunque a una hora un poco más tarde de lo normal, me voy de viaje este fin de semana.
Gracias por seguir la historia y por vuestros comentarios. Besos a todas.
