Buenas tardes. Aquí os traigo el de hoy. Gracias por darme vuestras opiniones, y espero seguir manteniendo vuestro interés. Probablemente recibáis dos mensajes de capítulo nuevo, pero he preferido editar y reenviar porque hay gente que no ha recibido ningún aviso, no sé por qué.

El capítulo de hoy va dedicado a Sira, por haberme inspirado la primera parte de él... sigue inspirándome cosas así, amiga XD.

Gracias como siempre a Maria José por leer esto antes y criticar con cariño (porque es con cariño, ¿no? :-P).

Comentarios sobre el capítulo 33:

Gracias Mentxu Masen cullen, Bellaliz, Isa-21, SalyLuna, I love Edward, daniielacullen, yeraldin 23, v. cullen por vuestro tiempo y vuestros comentarios.

nohemi: buena pregunta. Jacob aún no es un lobo, así que no podemos hablar de imprimación. Pero sí, él debería decirle algo a Angela, totalmente de acuerdo contigo.

silvers draco: bienvenida, te agradezco mucho tu exhaustivo comentario. Estoy intentando que dentro de la fantasía los personajes sean creíbles, si te parece que de momento lo estoy consiguiendo eso es un gran piropo para mí. Lo de Alice sí fue una libertad que me di (como otras más ;-)) pero me venía bien para la historia (razón principal) y lo encontraba coherente con el resto del relato (el escudo de Bella... ¿por qué no puede bloquear también los dones de Alice? Digo yo...).

Pegn: no te me estreses, profe, jajjaa. En serio, cada una de las discusiones que tienen no son para haceros sufrir, creo que al revés, los acercan más.

Anaidam, siempre me haces reir... aguda y divertida, eres demasiado, nena.

Gine, de acuerdo contigo y no sabes cuánto: si se guía con el corazón tomará las decisiones correctas. Pero no todo el mundo piensa igual.

Paola Cullen, cuida de tus uñas, mujer ;-).

LadyArwen: ¿quién ha dicho que seas una negada escribiendo comentarios? ;-) Bienvenida y gracias, amiga.

Bueno, ya sabéis, no tengo derechos sobre Twilight pero sí sobre esta historia, y todo eso.


Capítulo 34

-Oh, por dios, esto está tan bueno que debe ser pecado -exclamé entusiasta mientras me metía la cuchara en la boca.

Estaba sentada frente a la mesa de la enorme cocina. ¿Para qué querían una cocina tan grande unos vampiros? Es lo mismo que pensé cuando vi la de la casa Cullen. Edward estaba a mi lado y su expresión era tranquila, sus ojos permanecían claros, aunque viajaban del pastel a mi boca con cada una de las cucharadas que daba.

-¿Cuál era tu comida favorita cuando eras humano?

-No recuerdo bien. Pero seguro que no era el pastel de chocolate- sonrió torcido y mi corazón respondió con unos cuantos latidos de más.

-Es uno de mis dos sabores favoritos- me sonrojé y seguí mirando el pastel.

Sentí el peso de su mirada y alcé los ojos. Me miraba con intensidad, acariciándose el labio inferior con el índice, pero no había cambios en sus iris. Tomé otra cucharada del postre y la dirigí hacia mi boca. Su mano me detuvo sin que ni siquiera la hubiera visto venir.

-Déjame probar- pidió suavemente. Demasiado suavemente. Mi vello se erizó de anticipación.

Tomó la cuchara de mi mano con delicadeza y se la acercó a la boca. Probó el dulce con la punta de la lengua, y lo observé hipnotizada. Me clavó la mirada dorada y, sin dejar de observarme, me acercó con cuidado la cuchara a la boca, que abrí de forma automática. El sabor dulce se fundió con mi lengua, en mi garganta. Entonces Edward partió un pedazo del pastel con ayuda de la cucharilla y lo tomó entre dos dedos, acercándolo a mis labios con cuidado. Tragué en seco al ver ese gesto. Edward y chocolate. Mis dos sabores favoritos para tomar al mismo tiempo. Metí sus dedos en mi boca y, cerrando los párpados, lamí y chupé a conciencia, pasando mi lengua por todo el contorno de su piel hasta que sólo noté su sabor en mi lengua. Abrí los ojos y esta vez su expresión provocó una contracción casi dolorosa en mis entrañas. Su rostro de ángel lucía ahora una máscara de pura lujuria y sus ojos eran azabache ardiente. De pronto sentí que el aire se movía a mi alrededor y me vi sentada en la fría encimera de la cocina, con las piernas pegadas a las caderas de Edward. Apoyaba sus brazos a cada lado de mi cuerpo, rodeándome, encerrándome, sonriendo como un cazador que acaba de atrapar a su presa.

-Odio que hagas eso -puse las manos contra su pecho pero no hice esfuerzos por apartarle. Lo miré de hito en hito, intentando controlar mi respiración.

-¿El qué? -preguntó, su sedosa voz teñida de infinita y falsa inocencia.

-Manejarme de esa forma, como... como si fuera una muñeca de trapo.

-¿En serio lo odias?-sonrió malicioso y una de sus manos ascendió entre mis muslos, rozándome apenas la piel. Mi traidor cuerpo respondió al instante.

-Ajá- no pude articular más.

-¿Y por qué te noto así si lo odias? -murmuró al tiempo que rozaba mis literalmente empapadas braguitas. Ahogué un jadeo.

-Es una reacción fisiológica involuntaria, deberías saberlo, doctor -contesté con dificultad.

-¿Y esto?-sentí su labios sobre mi cuello. Mi pulso golpeaba furiosamente contra la pared de mis arterias y percibí sobre mi piel su sonrisa.

-In...voluntario-contesté en un hilo de voz, manteniendo las palmas de mis manos contra su duro pecho.

-¿Y esa respiración?-susurró a pocos milímetros de mi boca mientras uno de sus largos dedos se abría paso entre mis pliegues.

-Lo...mismo-musité ya sin aliento.

-Ya... pues adoro esas reacciones involuntarias... como ésta- susurró rozándome apenas un pezón, duro hasta lo imposible. Todo su cuerpo transpiraba deseo y sentí arder la sangre en mis venas- Voy a ver si descubro unas cuantas más. Tenemos algo pendiente en una encimera, ¿recuerdas? -su voz era ronca, sensual. Su dedo se retorcía en mi interior, provocándome deliciosos espasmos.

-Eso... es en... mi casa -no iba a rendirme sin luchar.

Lo deseaba, oh, sí, y tanto que lo deseaba, cada poro de mi piel le llamaba, cada célula de mi cuerpo le necesitaba, pero una parte de mí quería ponerle las cosas un poco difíciles. Luchar. Sólo un poquito.

-No me gusta dejar cosas pendientes. Dios, estás tan mojada, amor... no puedo esperar a estar dentro de ti - se inclinó y en un instante me había despojado de mis braguitas. Escuché el sonido de la cremallera de su pantalón y con un solo movimiento se hundió en mi interior.

Un quejido escapó de lo más profundo de mi pecho. Bandera blanca. Si no puedes con tu enemigo únete a él. Rodeé su cuello con mis brazos, y mis tobillos se cruzaron tras su cuerpo pegándose a sus nalgas, acercándolo más todavía a mí. Profundamente.

-Más.

-¿Eso ha sido una palabra involuntaria?-susurró burlón retirándose un poco. Maldito vampiro.

-Más. Fuerte. Ahora. Son tres. - entrelazada con su cuerpo, me adherí a él. La sensación de estar completamente llena era embriagadora. Volvió a retirarse casi completamente y me quejé por el vacío.

-¿Lo quieres duro?- no esperó mi respuesta y me agarró ambas nalgas, invadiéndome con fuerza de nuevo.-Quiero oírte gritar de placer, cariño.

Asaltó mi boca con un beso hambriento, necesitado, voraz. Embistió enérgicamente una, otra vez, devorando mis gemidos, que eran cada vez más fuertes. Una de sus manos se deslizó entre los dos, acariciando mi hinchado clítoris. Mi vientre se contraía, todas mis percepciones concentradas en aquella zona, hasta que sin previo aviso el nudo estalló. El placer se expandió tensando todo mi cuerpo, mis terminaciones nerviosas vibrando al mismo tiempo.

Grité aferrándome a él mientras sentía mi liberación. Un rugido profundo hizo vibrar mi pecho cuando los ecos de su orgasmo me alcanzaron.

Nos quedamos abrazados durante unos minutos, recuperando la respiración. Por lo menos yo.

-¿Esto último también ha sido involuntario?-rozó mis labios con los suyos.

-Totalmente -reí, y su boca me envolvió en un tierno beso.


El sol ya debía estar alto y la luz del día entraba con fuerza por la ventana del dormitorio cuando me desperté al día siguiente. Me desperecé y vi que Edward no estaba a mi lado en la gran cama de matrimonio donde habíamos pasado la noche desnudos el uno en brazos del otro. Me puse la bata y fui a meterme en el cuarto de baño cuando un ruido en el piso de abajo me detuvo. Me quedé congelada. Ya no estábamos solos. La familia Cullen al completo estaba fuera de las protectoras puertas de la habitación. Y no había escaleras de incendio ni nada parecido por donde huir.

Tonta Bella, sólo son unos cuantos vampiros. Que saben que no te importa compartir tu valiosa sangre con uno de ellos.

Me había quedado congelada con la mano aferrando el pomo de la puerta del baño. No estaba preparada. No. Tuve un ataque de pánico como el que me dio cuando de pequeña tenía que salir en una obra de teatro y eché un vistazo a través de la cortina a todo el público que había en la sala. Tragué saliva. Casi salté sobre mis pies cuando llamaron a la puerta.

-Bella- Edward entró y cerró tras de sí. Ya estaba vestido, una camiseta negra de cuello en pico suelta sobre los vaqueros desgastados que, sin ser ajustados, marcaban sus caderas y piernas de una forma ilícita. Si no hubiera estado al borde de la catatonia me habría alterado mucho al verle así, pero no podía alterarme mucho más.

-Bella- repitió plantado ante mí, su expresión una mezcla a partes iguales de preocupación y diversión- mi familia está aquí... han llegado esta noche y he ido a recibirlos. Quería dejarte un rato a solas para que te vistieras sin prisas pero abajo están preocupados por tu ritmo cardiaco.

Yo seguía allá plantada, con la mano en el pomo de la puerta, mirándolo estúpidamente.

-Isabella Swan, reacciona. Estoy empezando a preocuparme -me tomó la cara entre ambas manos. Ahora la ansiedad ganaba a la diversión en su expresión. En aquel momento llamaron a la puerta, y Alice y Rosalie entraron sin esperar respuesta.

-Vamos, hermanito. Lárgate, esto es cosa nuestra -afirmó Alice, al tiempo que señalaba con el pulgar por encima de su hombro.

Ella y Rose me flanquearon y se metieron conmigo en el baño, cerrando la puerta en la cara de mi novio, cuyos reflejos vampíricos no le habían preparado para el ataque de sus hermanas. Pude escuchar un bufido al otro lado de la puerta.

-Bella, si me necesitas sólo llámame-escuché la voz de Edward al otro lado de la puerta y luego el sonido de un portazo.

-Vamos, chica, ¿qué te pasa? Ya nos conoces a casi todos. Y te aseguro que Jasper no se come a nadie. - Rose colocó sus manos sobre mis hombros y me miró con ojos afectuosos.

-No, ya hace mucho tiempo que no hace eso - declaró Alice con solemnidad. Rosalie le dirigió una mirada asesina.-Perdona, cariño, sólo era una pequeña broma- me abrazó efusivamente.- Entiendo que no es el momento. Eh, sólo es una pequeña reunión familiar. Mira, te dejo aquí con Rosalie y voy a buscar algo para vestirte. -Sus ojos chispeantes me pidieron permiso y asentí. No sería capaz ni de elegir por mí misma algo que ponerme.

Rosalie me tomó del brazo y me sentó en un taburete que había en el baño, sentándose ella misma en el borde de la bañera.

-Bella, no estarás así por nosotros -me miró con tanto afecto y preocupación que me forcé a reaccionar. Medí bien mis palabras, sabiendo que lo más seguro es que fueran escuchadas también en el piso inferior.

-Supongo que es un poco de todo. Hasta ahora no había estado con todos vosotros juntos, y si ya impone la familia política imagina en vuestro caso. Además... –me sonrojé- todos sabéis que es lo que ha forzado esta reunión.

-Lo único que ha forzado esta reunión es la cabezonería de Jacob y la desconfianza que nos tiene. Lo que tú y Edward hagáis en privado a él no le va ni le viene.

-¿Y tú qué piensas?- pregunté tímidamente.

-No es importante lo que yo piense. Métetelo en la cabeza, cuñada- sonrió al decir la palabra. – Pero si de veras quieres saberlo, te diré que me parece muy, muy... sexy.

-¿Sexy?

-Ajá- bajó muchísimo el tono de voz, convirtiéndose en apenas un suspiro, tanto que tuve que acercarme más para escucharla.- Ya tengo a Emmet y es el amor de mi vida, pero si amara a un humano y este me ofreciera su sangre... –puso los ojos en blanco- Piensa que los vampiros disfrutamos como locos sólo con dos cosas: la sangre y el sexo. Por eso después de irnos de caza estamos tan salidos- rió.- Tú se lo das todo a Edward. Guau.-me miró con intensidad.

Me sonrojé hasta la raíz del cabello. Estaba bien que Rose fuera sincera, pero por un momento sus ojos se habían oscurecido y eso no contribuía a mi calma, precisamente.

-¿Pensarán todos lo mismo?

-No sabría decirte, pero diría que sí. Pregúntaselo a Edward, a estas alturas ya se habrá hecho una idea de lo que pasa por las cabezas de todos los presentes- sonrió con expresión de fastidio.- La suerte que tienes de ser opaca para él. Eres su mujer ideal...

Alice irrumpió en el baño interrumpiendo la conversación. Llevaba en una mano una percha con un vestido, y en la otra un conjunto de ropa interior. Fruncí el ceño.

-Alice, eso no es mío -miré confusa aquella preciosa prenda.

El día anterior había comprado algo de ropa informal y algunas mudas de ropa interior en un centro comercial cercano al hospital, ya que lógicamente había venido sin nada de equipaje desde Forks.

-Es un regalo para ti. Me gustaría que lo llevaras -sonrió espectacularmente. Antes de que pudiera decir nada levantó la mano para detenerme.- Bella, Edward me dijo que tienes un problema con los regalos. Esto lo he hecho yo misma en mi taller, no me ha costado nada más que un poco de tiempo. Y ya sabes que no duermo, así que tiempo tengo de sobras.

-Pero... –me detuve y suspiré. No podía rechazar un regalo tan gentil.- No tenías que haberte molestado, Alice. Muchas gracias –parpadeé repetidas veces, emocionada.

-La verdad es que siempre siento la necesidad de disculparme contigo por lo borde que fui la primera vez que nos vimos.

-Ya lo has hecho. Diez veces o veinte, Alice-repuse tomando el vestido de sus manos y mirándolo apreciativamente.-Y quiero puntualizar que no tengo problema con los regalos, sino con no poder corresponder adecuadamente a ellos. La gente normal no va regalando coches de lujo por ahí, y si a alguien le pasa eso debería ir al psiquiatra a que le trataran ese desorden compulsivo - pronuncié en un tono de voz más alto, para que ese "alguien" captara correctamente el mensaje.

Alice y Rosalie rieron. Moví la cabeza, recordando la discusión con Edward cuando se empeñó en comprarme un coche, y no uno cualquiera sino un Volvo s80 que costaba cerca de 70.000 dólares. Le juré que si lo compraba sin mi permiso no iba a subirme a él ni de acompañante y al final se rindió, no sin antes renegar de forma repetida contra mi testarudez.

-Es diseño original mío, compuesto cien por cien de tejido de cultivo biológico, y todos los tratos comerciales para obtener la prenda siguen el sistema de comercio justo- sonrió orgullosa.

-Es demasiado bonito para llevarlo ahora, Alice. Más tarde voy al hospital a visitar a Angela.- Entonces ella hizo "aquello". Compuso un puchero en su hermosa carita de duendecillo que me hizo reír.-Vale, vale, pero recuérdame que no te vuelva a mirar cuando pongas esa cara, con ella podrías conseguir cualquier cosa de mí.

-Bueno es saberlo-arqueó ambas cejas.-Ah, viene con zapatos a juego.

Ahora ya qué le iba a decir... se retiraron del baño y me dejaron intimidad para asearme y vestirme. Cuando estuve preparada salí a la habitación y para mi sorpresa mis cuñadas habían desaparecido, siendo sustituidas por mi novio, quien en este momento me estaba devorando con los ojos.

-Conque tengo un desorden compulsivo.

-Sí, obsesivo compulsivo - le desafié con la mirada, alzando el mentón, aunque mi corazón estaba volviendo a sufrir taquicardia... pero esta vez por otro motivo.

-El único desorden obsesivo que padezco se llama Isabella Swan... Estás radiante. Me parece que voy a mandar a mi familia a la calle y voy a asegurar la puerta del piso para que no vuelvan a entrar- dio un paso hacia mí.

-¡Si haces eso la tiraré al suelo!-escuché gritar a Emmet desde el piso inferior.

Vale, cero intimidad a partir de ya. Métetelo en la cabeza, Swan.

-Bienvenida a la falta de intimidad, Bella -resopló Edward, haciéndose eco de mis pensamientos.- Bajemos antes de que Emmet suba y te cargue sobre su hombro en plan troglodita. Si no lo ha hecho ya es porque Rosalie lo tiene amenazado, ya sabes lo efectiva que es- sonrió mientras me tendía el brazo.

Enrosqué su codo con el mío y salí por la puerta. Las piernas me temblaban un poco pero las ignoré. Más o menos.

Cuando llegué al salón me encontré con la familia Cullen al completo como si posaran para una postal de navidad. Carlisle y Esme estaban sentados en el sofá cogidos de la mano, Rosalie y Emmet de pie junto a la chimenea, y Alice sentada en el reposabrazos del sofá. De pie a su lado un rubio impresionante me miraba y sonreía ampliamente. Edward me condujo hasta él.

-Bella, este es Jasper- nos presentó y nos dimos un apretón de manos mientras cada uno estudiaba al otro. Era francamente guapo, como todos los Cullen, alto, rubio, mirada color miel... Y una sonrisa que desarmaba a cualquiera.

-Me alegro de conocerte por fin, Bella-dijo, y me sorprendió plantándome un beso en cada mejilla.

-Es un placer. Hace tiempo que quería darte las gracias en persona por ayudarme con lo de Daniel.

-Lamento no ser más útil con eso. Tengo mis teorías, pero luego te las explicaré- su voz perfectamente modulada y su expresión calma tenían un efecto profundamente relajante. ¿Podría ser el único Cullen a cuyo don no fuera inmune?

Parecía que hoy era transparente, porque como si hubiera leído mi pensamiento Alice contestó.

-Está claro que también eres inmune al don de Jasper, porque cuando hemos escuchado el galope de tu corazón ha intentado calmarte, pero no ha habido manera.

¿No? Entonces simplemente se podía decir una cosa. Jasper era de esas personas que podían caerme bien a simple vista. Muy bien.

Me acerqué a saludar a los demás y todos me dieron dos besos, cosa que agradecí porque sabía que ellos normalmente no eran nada efusivos con los humanos, pero con ese gesto me estaban mostrando que podía confiar en ellos. Me senté en el otro sofá enfrente de Esme y Carlisle al lado de Edward, quien tomó mi mano tranquilizándome. No los había visto desde la noche en que me rescataron en la carretera.

-¿Cómo está tu amiga, Bella? Edward nos ha explicado que ha podido hablar contigo -inquirió Carlisle.

-Oh, se encuentra muy bien- sonreí y les puse en antecedentes sobre el estado de Ángela.- Probablemente esta tarde la pasen ya a la planta- terminé.

-Está en buenas manos, Bella, conozco al jefe de cardiología del hospital y son gente muy competente -me tranquilizó Carlisle.- El único problema es que está embarazada y no querrán colocarle el desfibrilador interno hasta que no esté de tres meses. Pero una vez lo hagan y siguiendo los adecuados controles podrá estar tranquila.

-Sí, eso mismo me dijo ella, que de momento no se lo iban a poder colocar- de repente se me ocurrió algo que no había pensado. Si había riesgo, aunque fuera ínfimo, de que lo sucedido se repitiera hasta que no se hiciera la intervención definitiva... ¿qué iba a pasar?

-Bella- Esme me sacó de mis divagaciones,- queremos que sepas que lamentamos mucho estar aquí por el motivo que estamos. Creo que hablo por todos cuando te digo que no te sientas mal por lo que ha pasado. Es triste que un acto de amor se manipule para convertirlo en motivo de ofensa y escándalo.- Esme habló con serenidad y autoridad y todos asintieron. En aquel momento me pregunté a qué narices había esperado tanto para reunirme con ellos.

-Gracias, Esme. No te imaginas lo que significan esas palabras para mí, después de lo del domingo.

-La reunión con Billy y Sue es esta tarde. Ellos actúan como representantes de los indios y Esme y yo hablaremos por nuestra familia. Pero hemos querido reunirnos todos para mostraros a Edward y a ti nuestro apoyo -explicó Carlisle.- Aunque tengo que decir que cuando me enteré de que Edward había bebido de tu sangre lo primero que hice fue montar en cólera, así que lo admito: no espero grandes cosas de esta reunión. Pensé que mi hijo se había trastornado. Por teléfono le llamé egoísta, imprudente y cosas peores. Fue Esme quien me hizo entrar en razón. En mis más de tres siglos no he sabido de ninguna relación como la vuestra. No podía saber qué pasaría y pensaba que Edward tampoco y eso fue lo que me enfureció. Pero parece que vosotros dos os habéis dejado llevar por un instinto que supera mis conocimientos, y habéis confiado plenamente el uno en el otro.

Miré a Esme. Su aspecto era el de una mujer en la treintena pero me sonreía con un cariño tan maternal que Renée se habría puesto un poco celosa. Me sentí agradecida por su forma de proteger la relación de Edward conmigo. Y tenían razón. Mi confianza en Edward iba más allá de lo racional, era algo completamente instintivo, y por lo tanto su fuerza era inexplicable en palabras.

Y, de nuevo, me pareció que todos mis pensamientos y sentimientos eran captados.

-Ya sé que te lo habrán dicho antes, Bella, pero no te imaginas lo feliz que soy, que somos todos, viendo a Edward tan radiante -miró a su hijo adoptivo con calidez infinita.- Eres lo mejor que le ha podido pasar.- Pensé en las dudas que tenía sobre mi transformación en vampira y Esme continuó, dejándome literalmente alucinada.- Y aunque no estés decidida aún a dar el paso para ser una de nosotros no te sientas agobiada, cuando sea el momento tomarás la decisión correcta.- Pensé que Esme tenía muy claro cuál sería esa decisión o no apoyaría con tanto ahínco nuestra relación.

Edward carraspeó.

-Mamá, tema tabú, ya te lo dije- la reprendió Edward con suavidad.- Lo siento Bella - dijo ansiosamente, observando mi expresión.

-No... Tranquilo. De hecho lo que me pasa es que parece que todo el mundo aquí lee mis pensamientos- contesté con los ojos muy abiertos. Todos sonrieron abiertamente excepto Emmet, que soltó una risotada.

-Edward no está tan acostumbrado como nosotros a leer el lenguaje corporal por su don, que le ha atrofiado la percepción de las expresiones del cuerpo humano, Bella. Pero el resto de vampiros que no compartimos el don de leer la mente podemos estudiar una cara y un cuerpo humanos con bastante acierto-explicó el grandullón de los Cullen.-Y tú además eres transparente como el cristal, cuñadita. No juegues nunca al póker.

-Vaya-repuse, sin más palabras.

El resto de la reunión transcurrió de forma mucho más agradable de lo que había imaginado en mis fantasías más optimistas. De forma natural fui hablando con cada uno de los Cullen, mientras los demás se ponían al día entre ellos. No era como comer juntos. Era mejor, porque en ese caso me habría encontrado comiendo sola con todos observándome. Parecía un baile, donde todos íbamos cambiando de pareja cada x tiempo, disfrutando de la compañía de todos.

En un momento dado me encontré sentada en uno de los sofás con Jasper a mi lado y Alice a su lado en el reposabrazos.

-Como te habrá explicado Edward, sabemos que Jane Smith es un nombre falso, puesto que los datos personales de esa persona y de su hijo "nacen" en Forks. La gente no va por ahí cambiando de identidad porque sí. Mi teoría es que esa mujer trastornada debió haber cometido algún delito y escapó hasta aquí, quizá cambió de país. Cuando volvió a delinquir y se sintió sorprendida por ti huyó. Por lo que he leído de ese tipo de problema psiquiátrico es bastante probable que el delito que cometió estuviera relacionado con lo mismo. Pero además esa mujer es inteligente y sabe esconderse. Puede que también padezca algún tipo de trastorno de la personalidad.

Me estremecí al escuchar a Jasper, quizá la madre de Daniel era ya culpable de un delito grave, quizá incluso de asesinato. Jasper me miraba atentamente con ojos cálidos, e intenté centrarme en la información que me estaba proporcionando.

-Puede que tengas razón. Su acento no era de la zona, aunque no sabría decir si era inglés no americano. Podría ser...-repuse, pensativa.- Imagino que es tarea imposible, pero ¿has investigado en muertes extrañas aquí o en algún país de habla inglesa? Me refiero a muertes por alguna enfermedad extraña en la que se haya investigado a la familia de la víctima. Y tampoco ha de ser tan fácil conseguir una identidad nueva. ¿Habría alguna manera de investigar a la gente que se dedica a eso, para encontrar el hilo de Jane Smith?- Jasper rió y me sonrojé, seguramente había dicho una burrada muy grande.

-Oh, no te sientas avergonzada. Lo que has dicho tiene mucho sentido. Río simplemente porque tienes una gran confianza en mis habilidades, veo que Edward te ha hablado muy bien de mí -me guiñó el ojo.- Lo cierto es que ha sido mucho trabajo, pero lo más pesado lo hace el ordenador por sí solo, así que... sí respecto a la primera pregunta. Podemos empezar por unas cuantas fotografías que tengo que mostrarte, aunque ten en cuenta que la mujer puede haberse teñido el cabello, o llevar lentillas de color, por no hablar de la cirugía plástica. Tienes que fijarte bien. Respecto a lo segundo, eso es muchísimo más difícil. No creas que es tan difícil crearse una identidad falsa, y los registros de eso no se guardan en Internet así como así. Empecé a investigar a todos los tipos con antecedentes penales por falsificación de documentos pero hay tantos que hacerles una amable visita a todos con una foto de Jane Smith es muy, muy complicado.

Por primera vez en mucho tiempo tuve la sensación de que había alguna esperanza en encontrar a Daniel. Fue como si me quitaran un peso de encima. Estuve a punto de lanzarme a abrazar a Jasper, pero no sabía cómo se lo tomaría y me abracé a mí misma para retenerme.

-Eh, antes de iluminar más tu expresión espera a ver las fotografías, son sólo unos cuantos miles, y las has de mirar con mucho cuidado, no va a ser fácil.

-Jasper, no sabes cuánto te lo agradezco, en serio. No... no sé qué decir -terminé emocionada.

-No digas nada más. Me alegra ayudar a una buena causa, y más si esto supone un reto.

-¿Cuándo podré ver las fotos?

-Lo podemos dejar para cuando vuelvas del hospital esta tarde, si quieres. De todas formas tengo un lápiz de memoria con todos los archivos, pero me gustaría verlos contigo, podría cambiarles el color de pelo o de ojos según sugirieras.

-Eso también puedo hacerlo yo- la voz de Edward sonó a mi lado.

Se había sentado y ni siquiera había sentido hundirse el sofá a mi lado, como si fuera una presencia incorpórea. Lo miré y tuve que contener una sonrisa. Mi novio estaba un poco celoso de la atención que le prestaba a su hermano.

-Bueno, si son miles de archivos seguro que podrás ayudarme en otro momento-le sonreí.

-Te dije que Jasper era el mejor-me acarició la mejilla con el dorso de la mano.-No tardaremos en dar con Daniel, estoy convencido.

Asentí. Por fin veía un final a la angustia, a la espera... algo de esperanza, aunque remota.


Gracias por seguir aquí y decirme lo que pensáis.

Nos leemos el jueves.