Buenos días! Muchas gracias a todas por vuestros comentarios... estoy un poco acojonada, digo acongojada por si no cumplo expectativas, pero intentarlo lo intentaré.
Como hace capítulos que no lo digo lo diré: no tengo derechos sobre Twilight ni sus personajes, pero sí sobre esta historia.
Gracias a Maria José, por darme caña cuando conviene. A la próxima quedada vienes o voy a tu casa y te secuestro, lo siento por tus hijos y marido.
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Sobre vuestros comentarios del 36:
Mentxu Masen Cullen, siempre la primera en comentar, jajjaa. Pues sí, a priori la idea de ir a ver a Edward cazando no es muy buena, pero Bella no es muy prudente, lo sabemos...
Pegn, pregúntate, pregúntate ;-). Bella pensamientos impuros? Que vaaaaa, XD.
v. cullen, sí, lo de conocer a gente con la que compartes gustos es genial, además después de tanto hablar online es como si ya te conocieras de toda la vida. Y no, a Ed no lo comparto, no hay negocio, :-P. ¿Edward se confudirá de presa? No sé... veremos.
bellaliz, los indios son pesados como una vaca en brazos, y más Jake, pero cada uno tiene sus motivos. Espero que te acostumbres a la idea del vínculo, ya sabes que estos vampiros no son muy Meyer ;-).
yamira hrdz, buena idea lo de que Edward fuera a la reserva... pero no, no va por ahí la historia.
yeraldin23, como ya te dije me encantó que dijeras eso, Bella no es bipolar, pero hay fuerzas que tiran de ella en distintas direcciones, aunque la más fuerte es Edward. Esta es una historia romántica.
LadyArwen... en algún punto hay que cortar, y te lo repito... tuve buenas maestras, jajaja, te lo echaré en cara forever.
Nohemi, eso es lo que intento, variar la historia, gracias.
audreybaldacci, también eres un encanto. "Con semejante especimen los que estan molestos que se larguen pero follar se folla", no comment, jajajajaja.
Paola Cullen, gracias guapa.
I love Edward, esta vez sí firmaste, pero aunque no lo hubieras hecho te conozco, ya sabes ;-). Bueno, me alegro de que te guste lo del vínculo. Y sí, esta es una historia romántica, al que no le guste que no lea, no?
Misses Cullen, ¿amas más mi historia que True Blood? Wow, gracias!
Lia, era para ti el saludo. Espero seguir manteniendo tu intriga, y que tú también pases una buena semana (lo que queda).
Sarah-Crish Cullen, ya te mandé un mp, y de nuevo gracias por tus palabras. Espero seguir interesándote con la historia.
PRISGPE, no sé qué decirte, yo sólo vi la primera temporada de True Blood y me gustan más los libros, he leído todos excepto el último... eso sí, no esperes algo genial, son entretenidos, lo que no es poco.
daniielacullen, y yo ;-)
Lady Bonbons17, no habrá POV Edward de esto, porque él irá explicando cómo siente todo en los próximos capítulos ;-). Aunque yo adoro los EPOV, he de decirlo.
SalyLuna, esta vez no adelanté actu, voy un poco liada... terrenos inhóspitos? Exacto!
Ginegine, tendrás que seguir usando tu segunda lengua, te lo aseguro ;-).
Anaidam... para variar, me haces carcajearme con ganas! Toca hot? Mmmmm, parece mentira que no me conozcas... o sí? ;-*
Danika20, rebienvenida, me alegro de seguir viéndote por aquí, y espero que el trabajo no te agobie demasiado.
JAS, muchas gracias por tus palabras! La serie que dices debe ser Grey´s Anatomy... sale un cirujano muy guapo ;-). Tengo facebook personal, pero quizá me anime a abrirme un twitter o un facebook con seudónimo, gracias de nuevo.
Bienbenida, Tere, espero que tu hija siga bien con su problema de neutropenia, y muchos ánimos y paciencia para tratar con el sistema sanitario, un abrazo y un beso.
Bienvenida, Sunshinelemon.
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Y ya basta de rollo, que ya es verano... ¿hace calor?
Capítulo 37
BPOV
Paré el coche y miré al cielo. Estaba nublado, pero de momento no amenazaba lluvia. Durante el trayecto escuché la radio del coche de Jasper (quien amablemente me lo había ofrecido) anunciando intensas lluvias. Quizá el hombre del tiempo se había equivocado.
O eso esperaba.
Tomé el mapa que tenía desplegado sobre el asiento del conductor y volví a mirar el punto que me había marcado Alice. Sin duda, aquí era. Mi sentido de la orientación natural era bastante malo, pero gracias a mi padre y su afán excursionista me manejaba perfectamente con cualquier mapa y una brújula.
Bajé del coche y avancé por un camino entre los árboles, hasta llegar a un pequeño claro del bosque. Allá estaba el coche de Edward. Sonreí, satisfecha conmigo misma, mientras avanzaba hacia el Volvo. Ahora me esperaba la segunda parte del plan. Encontrar a Edward... o que este me encontrara a mí. Metí la mano en mi bolsillo y tomé el móvil. Alice me había explicado que mi sobreprotector novio llevaba el teléfono consigo siempre desde que salíamos juntos. Incluso yendo de caza. Pero lo pensé mejor y volví a dejarlo en su sitio. No quería molestarle en plena caza.
Distinguí una estrecha senda que salía del claro y se perdía en el bosque y decidí seguirla, sin pensarlo un solo instante. Algo me arrastraba hacia allá. Ni siquiera me planteé la posibilidad de que hubiera algún animal salvaje cerca. Estaba segura de que si había alguno mi vampiro ya habría dado buena cuenta de él.
Avancé con lentitud por el sendero, disfrutando de la belleza y del aroma del bosque primaveral, hasta que de pronto los árboles se abrieron para mostrarme un amplio prado. Ahogué una exclamación. Tenía una belleza irreal. Sus múltiples y brillantes tonos verdes estaban tachonados de pinceladas de colores vivos gracias a las flores que crecían dispersas aquí y allá. Extasiada, avancé lentamente por entre la vegetación, que me llegaba por debajo de las rodillas.
De pronto lo sentí. Un tenue hormigueo en la cabeza, una sensación de calor recorriendo mi columna hacia abajo.
Él estaba cerca. Todo mi cuerpo me lo decía.
Sentí cierta inquietud. Edward siempre había dicho que la caza sacaba lo más primario y animal de él, y por ese motivo prefería que yo estuviera lejos cuando se alimentaba. Yo siempre le había hecho caso en eso... hasta ahora. Quería compartir también esa experiencia con él.
Seguí avanzando lentamente, sintiéndome como una oveja vigilada por los ojos de un león. Mi vello se erizó de repente, había algo extraño y al principio no reparé en qué era.
Hasta que me di cuenta. El bosque estaba demasiado silencioso. ¿Y si había algún animal salvaje? Recordaba los osos de los que me había hablado Angela en nuestra primera excursión. Sólo podía escuchar el zumbido de los insectos y mi martilleante corazón.
-¿Edward? Estás empezando a asustarme... -apenas había acabado la frase algo se abalanzó sobre mí y me vi tumbada sobre la hierba del prado. Unos brazos protectores impidieron que me golpeara al caer.
-¿Asustada? Eso es nuevo – siseó Edward.
El bello rostro de mi novio se cernía sobre mí. Estaba colocado a horcajadas sobre mi cuerpo clavándome en el suelo e inmovilizándome los brazos con sus manos en mis muñecas.
-Sólo por si no eras tú... temí que fuera un oso -repuse, intentando mantener la calma. Me sentía más presa que nunca, y eso era decir mucho. Jamás había visto una expresión tan fiera en su perfecta cara.
Estaba mortalmente hermoso, y ahora más que nunca era evidente que no era humano.
-No tienes ninguna preocupación por tu propia seguridad, Bella –negó con la cabeza, sin variar su inquietante expresión.
A pesar de eso era una gloriosa visión: el cobrizo cabello más despeinado de lo habitual, la camiseta negra por fuera de los vaqueros oscuros que cubrían aquellas largas y fibrosas piernas, el cuerpo felino tenso como un arco. Entonces me fijé que llevaba la camiseta algo desgarrada y con salpicaduras de lo que parecía sangre. Miré más abajo y observé otro desgarro en su pantalón.
-¿Estás herido?-pregunte ansiosa. Él rió y se inclinó más sobre mí, hasta que percibí su aliento embriagador. Intenté moverme pero fue imposible.
-No. A veces les doy a mis presas la oportunidad de defenderse -su mirada y su aterciopelada voz me tenían tan atrapada como su cuerpo sobre el mío.
-¿De defenderse? ¿Qué defensa tienen ante el mayor depredador de la naturaleza?-ironicé sin apenas voz.
Entonces algo cambió en su expresión, en la tensión de su cuerpo.
-Supongo que tienes razón. Pero ésa es mi esencia, Bella. La puedo controlar, pero no anular -se apartó de mí y se tumbó en la hierba a mi lado, cerrando los ojos y respirando pausadamente.-Ve al coche, estarás más segura. En unos minutos te sigo.
¿Qué había pasado? No estaba segura, pero conocía a Edward y sabía que estos cambios de humor se debían a la ambivalencia de sus emociones respecto a mí. Tumbada a su lado pensé en que teníamos algo en común, una lucha interna. Mi lucha personal era la decisión entre dejar mi mundo y entrar en el suyo, para siempre. La suya era luchar entre el amor que sentía por mí y su instinto de beber mi sangre... y transformarme en alguien como él.
Pero yo siempre confiaba en que su amor era más fuerte. Que podría controlar todos los demás instintos.
De pronto escuché un suspiro.
- No lo harás, ¿verdad?
-¿El qué?
-Marcharte.
-No.
-Isabella... a veces me desesperas. Ojalá te preocuparas más por preservarte de mí -se lamentó.
Me senté a su lado y lo contemplé. Tumbado sobre la hierba como un animal herido, rodeado de vegetación y flores, los párpados cerrados, la ropa desgarrada y esa belleza sobrehumana. Tuve que contener un gemido. Era el ejemplar de hombre más hermoso sobre la tierra. Y era mío. No pude sofocar la oleada de deseo que me acometió.
-Jamás tendré ninguna ansiedad en lo que a ti respecta, lo sabes- mi voz sonó ronca y entonces él abrió los ojos, mirándome atentamente.
Me coloqué sobre sus caderas en un solo movimiento, imitando su posición de unos minutos antes, y me quedé completamente quieta, estudiando su reacción, que no se hizo esperar. Sentí su dureza entre mis piernas y contemplé cómo su pecho subía y bajaba con dificultad. Su expresión era una mezcla de deseo, enojo, e incertidumbre. Sin dejar de mirarle me desplacé lentamente en dirección a sus muslos, le desabotoné el pantalón y le bajé la cremallera, liberando su erección. Sonreí.
-¿Sin ropa interior, Edward?-acaricié la suave piel de su pene, que aunque parecía imposible creció aún más entre mis manos.
-Me he vestido rápido –dijo sin apenas voz.
De pronto habíamos intercambiado papeles.
-Ya... pues no me gusta – me incliné, lamí la punta y jadeó- que otras puedan -le acaricié los testículos con una mano y se mordió el labio - advertir con tanta facilidad -lamí de nuevo y se aferró con ambas manos al suelo -lo que es mío.- Metí la punta en mi boca y retorcí la lengua a su alrededor.
El sabor único de su piel, su olor embriagador, incluso el sabor de su excitación... convertían la experiencia de tenerle en mi boca en algo tan sensual y electrizante que me dejaba al borde del orgasmo.
Estimulada por sus gemidos lo introduje completamente en mi boca, succionando con fuerza al tiempo que lamía el glande en círculos. Relajé la musculatura de mi garganta, intentando introducirlo más profundamente cada vez, y entonces un gruñido vibró por todo su cuerpo.
-Bella, ¿quieres matarme? ¡Joder!-jadeó y cerró los párpados con fuerza.
Sus dedos se clavaron como garras en la tierra. Continué succionando profundamente y lamiendo, increíblemente excitada por el placer que le estaba dando, deleitándome en su sabor y su textura, y como pude me desabotoné mi propio pantalón y deslicé una mano entre mi piel y las braguitas. Estaba completamente empapada y apenas puse los dedos entre mis pliegues y rocé mi clítoris sentí que no iba a aguantar mucho más. Edward abrió los ojos y me miró... la imagen que tenía frente a él fue suficiente para que se liberara su orgasmo.
-¡Bella!-rugió con fuerza, y yo no necesité más. Mientras el descargaba en mi boca la intensa y placentera presión en mi vientre estalló expandiéndose por todo mi cuerpo.
Me acosté a su lado, jadeando, mi cuerpo aún convulsionado por las últimas oleadas de mi orgasmo, los ojos cerrados. De pronto sentí el roce de sus fríos labios sobre mi oreja, rozándola apenas.
-Quítate los pantalones y las bragas -siseó.
Su voz llena de deseo mandó ecos que asolaron mi cuerpo acelerando mi corazón y mi respiración. Mi cuerpo estaba completamente laxo y dudé durante un segundo; había sido tan poco previsiva que no traje ninguna muda de ropa. Cuando me di cuenta él mismo me había desnudado de cintura para abajo, por fortuna sin romper nada. Escuché mi propio latido retumbando en mis oídos, y sabía que si no intentaba calmar mi hiperventilación pronto me marearía. Edward me alzó los muslos colocándose entre ellos. Yo estaba en trance, absolutamente a merced de aquella magnética mirada.
Me sujetaba con fuerza y mi laxo cuerpo se negaba a obedecerme.
-Isabella Swan, vas a acabar conmigo. Pero no me voy a ir solo. -Diciendo esto se hundió sin dificultad en mi cuerpo y grité. – Cariño, estás completamente empapada...-gimió y cerró los párpados con fuerza; su cara lucía la expresión más erótica que podía imaginar. Entonces levantó mis piernas y las colocó sobre sus hombros, penetrándome más profundamente.
Un quejido profundo y animal salió de mi garganta. El placer de recibirle dentro de mí, con un deseo tan primario e instintivo, me hizo perder la razón.
-Fóllame duro, Edward. Por favor.
Embistió una vez, fuerte, y me arqueé sobre mi espalda, gritando de nuevo. Su sola mirada hacía arder cada célula de mi sangre, vibrar cada nervio de mi cuerpo.
-Grita, Bella -se hundió en mí implacable, y una violenta corriente de placer me sacudió el cuerpo, provocándome algo parecido a un rugido- No es suficiente, cariño... déjate llevar, aquí nadie puede escucharte.
En aquel momento el cielo se iluminó con un súbito relámpago y al cabo de pocos segundos se escuchó un fuerte trueno. La lluvia empezó a caer, fina pero abundante. Edward estaba quieto en la misma postura, mirándome con la boca apenas entreabierta, el pecho agitado. Me sujetaba los muslos con fuerza, clavando sus largos dedos en mi carne. El tiempo parecía haberse detenido mientras cada uno se perdía en la mirada del otro. En unos instantes ambos estábamos empapados. No sé cuál sería mi aspecto tumbada sobre el prado, desnuda de cintura para abajo y con la cara, los cabellos y mi sudadera empapada, pero él se veía jodidamente sexy. La mojada camiseta, a través de cuyos desgarros veía su pálida piel, se le pegó al pecho marcando cada uno de los tensos músculos, y el cabello y la cara húmedos le daban una expresión aún más salvaje. Mi cuerpo palpitaba de anticipación y deseo.
-Bebe de mí, Edward-gemí.
-¡No!- gritó entre aterrorizado y enojado.
-Hazlo. Por última vez -supliqué.
-Es una locura, Bella- negó con la cabeza pero detecté una chispa de debilidad en sus ojos.
-Por favor... lo necesito-rogué.-Y tú también. Por última vez, amor -repetí, contemplando la lucha interior en su cara.
De pronto pareció reaccionar y se inclinó un poco sobre mí, sin soltarme.
-Te deseo tanto que me duele, Bella. Estoy loco por ti. En cuerpo y alma -habló con voz rota por la pasión. Entonces lamió y repartió besos por la piel del interior de mi muslo.
-¡AH!-grité con toda la fuerza de mis pulmones y mi cuerpo se convulsionó por la brutal invasión del placer agudo e intenso que me provocó al morderme.
Salió de mí y volvió a penetrarme con fuerza, sin dejar de beber mi sangre. Fue rápido, duro y profundo, cada grito mío más fuerte, hasta que mi cuerpo estalló en un violento gozo, mientras sentía su liberación y le escuchaba gritar mi nombre, de nuevo.
Se dejó caer con suavidad sobre mi pecho y le acaricié la cabeza mientras esperábamos que nuestra respiración se calmara y mis fuerzas volvieran. Y así nos quedamos durante varios minutos, abrazados mientras la lluvia caía sobre nosotros y los lejanos relámpagos iluminaban el cielo.
-Lo s...-empezó a decir Edward. Al captar el tono de voz le tapé la boca con la mano para evitar que pronunciara las palabras.
-Si se te ocurre decir "lo siento" me voy de tu piso y me busco un hotel -dije enfadada.
Levantó la cabeza y me miró entre divertido y preocupado. Entonces se me ocurrió pensar que debíamos formar una imagen memorable, yo tumbada sobre la hierba con él entre mis piernas, y la lluvia cayendo sobre nosotros.
-Está bien – sonrió con desgana pero su mirada era intensa.- Ha sido... devastadoramente placentero. Pero escúchame bien, Bella. Jamás vuelvas a pedírmelo. Lo del vínculo es cierto. He sentido que estabas cerca, y dónde estabas.
-Yo también te he sentido -repuse.
Él se movió sobre mí y acercó su rostro al mío, evitando que la lluvia cayera sobre él. Alcé las manos y las entrelacé en su nuca.
-Entonces sabes lo que puede pasar. Amor, deseo que seas como yo, pero sólo cuando estés completamente preparada- frunció el ceño, mirándome angustiado.
Tenía razón. Me regañé a mi misma por mi impulsividad y mi nulo autocontrol. Él era mi droga. Y quería estar con él toda la eternidad. Pero aún no estaba lista para eso y él también lo sabía. Asentí firmemente, sin pronunciar palabra.
Se separó de mí y me ayudó a incorporarme. Se colocó bien los pantalones y cogió del suelo mis empapados zapatos, vaqueros y braguitas, se dirigió hacia mí y me tomó en sus brazos. Me aferré a su cuello y pegué mi nariz a su piel. Me dolía estar separada de él. Su aroma llenó mis pulmones, intensificado por la humedad de la lluvia.
En cuanto llegamos al claro donde estaba su coche se dirigió al maletero del Volvo y sacó una bolsa de deporte.
-Métete en el coche, Bella. Vas a resfriarte.-Se metió conmigo en el coche y sacó unos pantalones y una camisa a cuadros del interior de la bolsa.-Siempre llevo ropa seca cuando voy a cazar lejos de casa... es una buena precaución.
-Me vendrán enormes, pero te lo agradezco- sonreí. Los tomé de su mano y empecé a ponérmelos.
-¿Se puede saber a qué ha venido esto? Ha sido una imprudencia superior a las que me tienes acostumbrado -inquirió observando cada uno de mis movimientos.
-Quería verte, y no estabas en casa -hice un mohín.- Alice me dio la idea de venir a buscarte y me pareció bien. Hace tiempo que quiero verte cazar, lo sabes.
-Bella- suspiró, tocando delicadamente mi mejilla con el dorso de su mano.- Durante la caza me libero de prácticamente todas mis represiones. Tengo miedo de no poderme controlar y volver a morderte si estás a mi lado en ese momento. Prométeme que no vendrás a buscarme nunca más cuando esté de caza. No mientras seas humana.
-Lo prometo -pronuncié, contrita.
-Lo celebro. Luego tendré una charla con mi hermanita por meterte ciertas malas ideas en la cabeza, como si tú no tuvieras las suficientes.
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-¡De nada!- Alice sonrió ampliamente cuando ambos entramos por la puerta.
Jasper sofocó una risa y yo me sonrojé de forma violenta. No era para menos. Edward iba mojado de la cabeza a los pies; yo iba vestida con su ropa, con el cabello húmedo y despeinado, y probablemente mi expresión aún era resplandeciente por los orgasmos que mi novio me había regalado. Por no hablar del olor a sexo, que cualquier vampiro habría captado a unos cientos de metros.
-Enana. Tú y yo tenemos que hablar, pero en otro momento- advirtió Edward a su hermana frunciendo el ceño forzadamente.
Nos dirigimos por la escalera hacia nuestra habitación, ignorando las carcajadas que arreciaban como la lluvia detrás de nosotros.
*º*º*º*º*º*
-Gracias por dejarme tu coche, Jasper- miré a mi guapo cuñado, que estaba jugando a la Play contra mi chico.
Dejé las sobras de la manzana que me había comido en un plato sobre la mesita y doblé las rodillas sobre el sofá, observando la partida. Alice estaba concentrada dibujando, sentada a la mesa del comedor.
-No me las des, el coche es tuyo -sonrió el rubio sin apartar la mirada de la pantalla.
-¿Qué?-la palabra se escapó de mi garganta como un chillido agudo. Alice dejó de dibujar, y la partida quedó en "pause".
-¿Edward no te lo ha dicho? ¿Tío, has estado todo el día con ella y no has tenido ni un momento para explicárselo? Te diré un secreto porque eres nuevo en esto: para tener éxito con tu pareja no basta con el buen sexo, debe haber comunicación- se burló Jasper.
-Vale, ya, piedad- Edward levantó ambas manos en señal de rendición y me miró.- Alice quiere regalarle un coche nuevo a Jasper y no sabían qué hacer con el viejo. He pensado que ya que no tienes coche te lo podían prestar...-negué con la cabeza.
-¿Viejo? ¿Qué problema tenéis en vuestra familia con los coches? Ese debe tener un par de años a lo sumo... dios, si está en perfecto estado. Y yo no puedo aceptar la responsabilidad de usar el coche de otro. Jasper, te agradezco la amabilidad, pero tu coche corre peligro conmigo, soy propensa a los accidentes, aunque por fortuna no suelen ser graves -añadí precipitadamente al captar la expresión de alarma de mi novio.
-Precisamente -gruñó Edward-Es uno de los más seguros en su categoría. Bella, necesitas un coche, y con el sueldo de residente no puedes conseguir uno ni la mitad de seguro que este. Y si no me dejas regalarte uno, lo cual sigo sin comprender, esta es la única opción que nos queda- su expresión ardía de indignación.
-¡La única opción que te queda a ti!-espeté.- No... No puedo ir con el coche de Jasper por ahí... ¿y si lo abollo, o me lo roban?
-Bella -intervino mi cuñado sonriendo de forma deslumbrante.- Hazte a la idea de que si no aceptas el préstamo bajaré a la calle y le regalaré el coche a la primera persona que encuentre por la calle... y que no crea que estoy loco de atar o que hay una cámara oculta, claro.
No pude evitar sonreír al imaginarlo. Lo pensé durante un minuto. Edward tenía razón, podía adquirir un coche con mi sueldo pero ni por asomo como el que Jasper me prestaba. No sabía si era cierta la historia del cambio de automóvil o era un montaje destinado a que mi chico se saliera con la suya en lo referente a mi seguridad, pero decidí que iba a ceder... Suspiré. No deseaba que él se preocupara por mí aún más de lo que ya lo hacía. Comprendía sus sentimientos, pero intentaba frenar su sobreprotección siempre que podía, o me haría sentir asfixiada. Pero era hora de decir sí.
-De acuerdo, lo tomo prestado -apenas acababa de pronunciar la "o" y Edward estaba sobre mí, robándome el aliento con un intenso beso.
-Gracias -susurró contra mi boca.
-No te acostumbres- sonreí, respondiendo a su beso con otro de igual intensidad.
*º*º*º*º*º*
Edward se acababa de marchar y ya lo echaba de menos. El resto de los Cullen excepto Alice y Jasper, que se quedaban un día más, fue despidiéndose de mí a lo largo de la mañana. Todos se habían ausentado de sus trabajos de forma imprevista y compromisos previos impedían prolongar más su estancia en Seattle.
Pasé la mañana haciendo compañía a Angela, que estaba de mejor humor seguramente debido a su próxima alta: el cardiólogo le había confirmado que sería el viernes. Jake y yo habíamos establecido una rutina tácita: él pasaba la noche con Angela, yo la mañana hasta después de la comida, a media tarde él volvía y yo me iba a casa.
El resto del día estuve ante la pantalla del ordenador con Jasper, mirando fotos de mujeres de entre 20 y 40 años de edad investigadas por muertes sospechosas de familiares. Eran casi las diez de la noche, llevábamos cinco horas seguidas ante la pantalla y estaba a punto de levantarme para irme a la cama cuando la vi.
Mi corazón dio un vuelco.
-Esa -señalé. Estaba segura de que era ella. En la foto llevaba el cabello de color rubio, pero estaba segura de que era Jane Smith- Esa es- repetí, presa de la excitación- pero ahora lleva el pelo castaño oscuro.
Jasper amplió la imagen y en unos segundos cambió el tono de cabello de la madre de Daniel.
-Sí-cerré los puños con fuerza, -esa es. ¿Por qué la investigaron? ¿Cuándo fue? ¿Cómo se llama?- exigí. Alice se había acercado y miraba la pantalla con curiosidad por encima del hombro de Jasper.
-Veamos... Jane Taylor, nacida en 1978 en Cardiff. Se trasladó a Londres para estudiar enfermería y posteriormente trabajó en el hospital Queen Elizabeth. Se la investigó por la muerte de su hermano, parece que el joven era diabético y en el 2002 sufrió una sobredosis de insulina que le provocó la muerte tras un coma hipoglucémico. Vivían juntos y ella era quien le acompañaba a todas las visitas médicas, pero nada pudo relacionarla con la muerte, que se declaró accidental.
-Una hipoglucemia... ¿Sospechaban que ella le había inyectado una sobredosis de insulina?
-No al principio-siguió leyendo Jasper.- Parece ser que fue la novia de su hermano quien promovió que se iniciara la investigación. En un principio la muerte se atribuyó a un accidente en la administración de la dosis.
-¿Y qué sabemos de la novia? -pregunté, temiendo la respuesta. Jasper tecleó rápido y abrió una nueva ventana en la pantalla.
-Murió en 2005-respondió antes de que yo tuviera tiempo de leer, como buen vampiro- en un accidente de automóvil. Se salió de la carretera en una curva. No hubo testigos -concluyó, sombrío.
-¡Y una mierda, accidente! -negué incrédula, sintiendo la angustia atenazar mi garganta. Cada vez estaba más segura de que la madre de Daniel era muy peligrosa. -Jasper, tenemos que encontrarla. Le hará daño, lo sé -intenté inútilmente calmar mi desesperación y ansié tener a Edward a mi lado.
Alice me apretó el brazo con suavidad.
-Estamos en ello, Bella-dijo con suavidad.
-Lo sé -puse mi mano sobre la suya.-Jasper, ¿sabemos algo de Jane... Taylor después de lo de la investigación?
-Ahora que ya tenemos un nombre voy a investigar hasta en sus notas de preescolar, Bella. Ahora vete a descansar- añadió señalando el reloj del portátil.-En cuanto sepa algo interesante te despierto.
Me había acostumbrado a que alguno de los Cullen me mandara a la cama a dormir, así que no discutí. Estaba muy cansada y probablemente Jasper trabajaría más rápido él solo. Intentaría dormir, lo necesitaba para estar en plenas facultades. En aquel momento envidié profundamente su permanente vigilia. Pero me sentí agradecida, y mucho. Tenía suerte de contar con ellos. Confiaba en que más pronto que tarde descubriríamos el paradero de Jane Taylor, también conocida como Jane Smith, probable autora de un doble asesinato y madre de uno de los niños más dulces que había llegado a conocer.
Esto se complica un poquito más? O menos? ya me diréis...
Ah, estuve a punto de escribir que Bella veía cazar a Edward, pero... no me parecía consecuente, realmente debe ser peligroso. Quizá en otra ocasión... veremos. Haste le lunes! Besos a todas.
