Buenos días! Voy con poco tiempo, apenas he vuelto de mi viaje, así que no he podido contestar a todos vuestros comentarios, pero os los agradezco a todas. Como siempre os digo, me animáis mucho. Gracias a mi beta, Maria José, que también me anima ;-), aunque a veces me ponga el famoso "me gusta, pero...", jajaja, gracias hermosa, tú dame caña.
Y nada, el viaje fue bien aunque agotador, y ahora estoy más cansada que antes de irme y con ganas de descansar de las vacaciones... pero mañana ya a trabajar!
Bueno, no me enrollo más, aquí está el 40. (40 ya... madre mía).
Capítulo 40
BPOV
-No puede ser, no he dicho nada –repetí, confusa.
-Bella, he oído tus pensamientos, no sé cómo, pero los he oído. Aunque sólo por un instante.
Su cara era una pura expresión de júbilo. Cuando fui verdaderamente consciente de lo que acababa de pasar me sentí dividida. Por una parte era feliz al ver la felicidad del hombre al que estaba unida, por otra me sentía angustiada por la pérdida total de intimidad que eso significaba. Con el añadido de que Edward seguía siendo opaco para mí, lo que consideraba de alguna manera injusto.
Él pareció leer mi gesto.
-¿Te disgusta?-acarició mi mejilla con las yemas de sus dedos.
-Pues... No sé qué pensar -me sinceré. Él tomo aire con calma.
-Lo siento... soy egoísta al alegrarme pero ha sido... muy íntimo.
-Íntimo -apoyé mi mano en la que me acariciaba, presionándola contra mí.-Como el momento que hemos compartido.- Su mirada era profunda como un océano de oro líquido.
-Sí-susurró.- ¿Crees que puede estar relacionado con eso o...? -se interrumpió, inquieto.
-¿O qué?
-O que haya sido una consecuencia de haber vuelto a beber de ti. ¿Significa esto que hemos pasado algún límite?
-No lo sé... –me mordí el labio, pensativa.-De todas formas no vamos a repetirlo. Por culpa de mi imprudencia estamos jugando con fuego.
-No te atormentes ahora, no sirve de nada- me observaba fijamente.- Nada -dijo un poco decepcionado, y supe que estaba intentando leerme de nuevo.
-Espera... prueba ahora -intenté relajar mi mente, y para ello rememoré las emociones, sensaciones e imágenes que me habían recorrido minutos antes, mientras hacíamos el amor como jamás habíamos hecho.
-No...-frunció los labios con frustración.-Oh, Bella, siento estar frustrado por no conseguir algo que a ti te incomoda... pero piensa que llevo décadas leyendo mentes, y la pared que hay entre la tuya y la mía hace de punto ciego cuando estás conmigo.
-Lo sé—sonreí.- ¿Estás bien?-inquirí. Él sabía que me refería a su melancolía previa.
-Sí-me besó en los labios.-Ha sido algo indescriptible.
Asentí. Estaba muy de acuerdo. No sabía qué había desmontado la pared que mi mente levantaba frente a mi amante, pero estaba segura de que mi sensación de completa entrega y abandono había tenido algo que ver.
Prefería no pensar en la otra posibilidad.
º*º*º*º*º
El busca volvió a sonar ante mi desesperación.
-Tengo que llamar al paritorio -me disculpé.
Heidi, la enfermera de la UCI neonatal, me miró con cara de pocos amigos. Todavía me faltaba calcular la composición para la alimentación intravenosa de dos de los prematuros ingresados y ella las tenía que mandar a la farmacia del hospital antes de mediodía o no estarían preparadas a tiempo y las tendría que preparar ella. Y era bastante trabajo, y delicado además. Pero ¿qué quería que hiciera? La compañera que llevaba el busca del paritorio estaba de baja y me tocaba estar en la UCI y supervisar a las dos residentes de primer año que estaban en la maternidad. Si Urgencias era estresante esto era aún peor.
Inspiré profundamente y marqué el número del paritorio.
-Bella, van a hacer la cesárea del bebé de la hernia diafragmática-dijo la nerviosa voz de Charlotte, la residente.
-¿Qué? ¿Hoy? ¡Sólo nos queda una incubadora libre! ¿Han hablado con el adjunto de la UCI neonatal? –chirrié.
-No lo sé, pero ya van a ponerle la epidural a la señora. Date prisa, por favor.
-Vale, vale – comprendía la ansiedad de la resi, una hernia diafragmática no era cualquier cosa para un residente novato.- Oye, encárgate de llamar a cirugía pediátrica si no lo han hecho los ginecólogos, que imagino que no, estos hacen lo que les rota - rezongué.
-Eso ya lo ha hecho Maggie, Kate ya está viniendo. Oye, tengo que ir al quirófano- se despidió.
Colgué el teléfono y me despedí de la ceñuda Heidi, caminando a grandes zancadas en dirección al paritorio. Kate. ¿Había yo pasado bajo una escalera? ¿Era martes o viernes 13? ¿Un gato negro había cruzado delante de mí sin yo darme cuenta? ¿Qué coño pasaba hoy? Aunque me hacía sentir incómoda habría preferido mil veces a Garret que a Kate. La cirujana pediátrica estaba de un humor de perros desde que su novio y ella lo habían dejado "de mutuo acuerdo". Comprendía bien la política de muchas empresas de evitar las relaciones entre sus empleados, puesto que el problema no eran las relaciones en sí, sino cuando estas se rompían. Kate estaba de un no disimulado humor de perros desde entonces, y todo el personal se armaba de paciencia cuando tenía que trabajar con ella. Para colmo sabía que yo era la pareja de Edward, y eso me había granjeado la posición de enemigo público número uno sin apenas conocernos.
Me puse una bata estéril, gorro, guantes y mascarilla y me dirigí al quirófano del paritorio para ayudar a mis compañeras, mientras pronunciaba unas cuantas maldiciones en español. Un par de camilleros que pasaban a mi lado me miraron con curiosidad.
Todo salió dentro de lo previsto: intubé al recién nacido y lo conecté al respirador de la incubadora. Las residentes se ocuparon mientras tanto de colocarle un catéter en la vena umbilical para que recibiera suero intravenoso. Afortunadamente Kate echó un rápido (y ceñudo) vistazo a la situación y tras comprobar que estaba todo controlado se marchó a su propio quirófano a prepararse para la intervención.
Me alegré sobremanera de su desaparición. Cada vez que posaba su mirada sobre mí sentía como si estuviera mandándome descargas eléctricas. Era una sensación muy desagradable.
-Hoy van a caer rayos y truenos en el quirófano- comentó Maggie, quitándose la bata estéril mientras yo rellenaba la petición de radiografía urgente para comprobar que el catéter estuviera bien insertado. La miré sin comprender.- La intervención la harán Garret y Kate-explicó.
Genial, otro punto a favor en el día de hoy.
-Vamos, Bella, es para hoy, faltan tus dos parenterales -gruñó Heidi en cuanto pisé la UCI.
Respira, Bella, respira. Tranquila. No puede ser peor.
-Tienes un ingreso, Bella-una voz varonil sonó a mi espalda en la sala de residentes de la UCI neonatal, provocando que mis ya estirados nervios amenazaran con desgarrarse.
Miré por encima de mi hombro al moreno hombre que me miraba de aquella forma y agradecí no poder leer sus pensamientos.
-Gracias, doctor Randall, voy en medio minuto-volví mi cabeza al historial que estaba redactando.
-Te he dicho varias veces que me tutees.
-Prefiero no hacerlo.
-Con tu jefe lo haces.
-Sólo me tuteo con los pediatras- bufé. Él sofocó una risa ante semejante tontería.
-De acuerdo, sólo con los pediatras.
Maldita sea, Edward me había explicado que Garret no había querido demostrar a Kate que estaba interesado en ella porque era una residente y eso no estaba bien visto. ¿Es que ahora ya no le gustaba su trabajo?
Me levanté y me encaminé a la UCI seguida de cerca (demasiado cerca) por el apuesto cirujano. Kate estaba escribiendo las órdenes de tratamiento del postoperatorio.
Genial.
Cuando levantó los ojos de la mesa nos observó y sentí esas descargas eléctricas queriendo paralizar mi corazón.
-Doctora Swan, ¿se encargará usted de este paciente? -su voz era puro hielo.
-De la parte pediátrica -puntualicé.
En mi experiencia, muchos cirujanos intentaban quitarse el trabajo que no les gustaba de encima. Les gustaba la mesa de quirófano pero lo que venía después era más aburrido.
-Por supuesto, el residente de cirugía pediátrica es el más competente para manejar un postoperatorio como este, no me fiaría yo de un pediatra- mordió.- Sin embargo tendré que confiar en usted para la parte pediátrica- apuñaló.
-Espero cumplir sus expectativas, doctora- repuse no sin cierta discreta ironía.
Ya estaba a seis meses de acabar mi especialización y no me iba a dejar amilanar por una cirujana que, aunque era adjunto, no dejaba de ser novata.
-Yo estoy de guardia -intervino Garret.- Si el trabajo me lo permite vendré de vez en cuando a controlar la evolución del niño -sonrió.
Los ojos de Kate brillaron con ira y abrió la boca como para responder pero inmediatamente la cerró y frunció los labios. Firmó las órdenes médicas, se levantó y girando sobre sus talones se marchó sin despedirse de nosotros. Exhalé con fuerza y fui a auscultar al reciente ingreso, comprobando antes los números que aparecían en el respirador artificial. Ajusté los valores que aparecían en la pantalla de la máquina y sentí la presencia del cirujano a mi lado.
-No le hagas caso, Bella. Ya se le pasará-pronunció en voz baja.
-Ciertas actitudes no ayudan, doctor Randall – susurré; no pude evitarlo, estaba harta de morderme la lengua.
-¿Te molestan esas actitudes?-cuestionó en el mismo tono con dulzura.
Me puse el fonendoscopio y exploré al niño mientras pensaba la respuesta. En otra situación me habrían gustado las atenciones de Garret. Era guapo, buen profesional, educado y amable. Pero su interés me estaba granjeando la enemistad absoluta de Kate, probablemente generando habladurías de las que yo aún no era consciente porque no tenía tanta confianza con nadie del Hospital como para que viniera a contármelas, por no hablar de lo inseguro que se sentía Edward ante la situación.
-Sí. Me molesta -repuse sin dejar de observar al niño.
-Te desagrado.
-No-repuse exasperada.- No se trata de eso. Pero yo ya tengo pareja.
-Lo único que me pararía sería un anillo. Pero no eres una mujer casada ¿No me darás una mínima oportunidad?- su insistencia podía haberme provocado un ataque de ira, pero su tono de voz era triste.
En aquel momento se acercó Heidi para inyectar medicación intravenosa a nuestro pequeño paciente y Randall se apartó de nosotras. Sólo por esa oportunidad le perdoné a ella todo su comportamiento borde de la mañana, porque en aquel momento sonó el busca del cirujano y tuvo que marcharse corriendo.
Me escapé un momento a la cafetería de personal para comer un sándwich en los escasos quince minutos de que disponía. Miré a mi alrededor por si veía alguna cara amiga pero a aquella hora el local estaba casi vacío. Odiaba en parte aquellos necesarios momentos de descanso porque era cuando más recordaba a mis antiguas compañeras, y más aún a Angela. En el Infantil estaba trabajando y aprendiendo mucho, pero no me resultaba gratificante. En el Comunitario de Forks había descubierto compañerismo y amistad, y en este gran Hospital había mucha competencia y también competitividad y en el escaso mes que llevaba trabajando en él por desgracia había podido ser testigo de alguna que otra zancadilla entre los residentes, lo que me resultaba muy desagradable.
De pronto una voz me distrajo de mis pensamientos.
-Una doctora tan guapa jamás debería estar sola- Liam, uno de los residentes que se estaba especializando en pediatría de urgencias, se sentó enfrente de mí con una bandeja tan frugal como la mía: un sándwich y una coca-cola.
-No había nadie que me quisiera acompañar-sonreí.
Liam era encantador, y se llevaba bien con Edward, a quien recordaba muy, muy bien desde su rotatorio en el hospital. Quizá porque Liam era gay.
-Pues para eso estoy yo. ¿Qué tal va la guardia? Ya sé que si te va bien no me vas a decir nada, contesta sólo si te va mal.
-Ja, cómo me conoces... está siendo pesadita. Si no, ¿qué haría yo cenando a estas horas?-eché un vistazo al reloj de la cafetería.- ¡Incluso para horario español sería tarde!
-Sí, en Urgencias también estamos teniendo mucho trabajo -mordisqueó con reticencia su momificado bocadillo. Jamás pensé que la cafetería del Infantil me hiciera añorar la de Forks.- Espero no tener ningún paciente más de cirugía, Kate se está comportando como una auténtica zorra.
-Lo sé-reí.-Yo también he sufrido en mis carnes su mala leche.
-Tu Edward demostró tener buen gusto y aún mejor cerebro al no hacerle caso cuando le acosó. Porque aquello fue un acoso en toda regla. Pobrecito- miró hacia el techo.
Tuvimos un rato de charla agradable sin pitidos molestos, hasta que fue hora de marcharnos. La conversación con Liam me ayudó a levantar un poco la moral.
-Te acompaño a Urgencias, me vendrá bien estirar un rato las piernas antes de volverme a hundir en el infierno de alarmas que es la UCI aquélla.
Fuimos caminando mientras Liam me preguntaba cosas sobre Barcelona, a donde pensaba viajar en verano con su pareja, Benjamin, un enfermero de quirófano.
De pronto un ruido nos alertó, la puerta doble de Urgencias se abrió de golpe y una enfermera entró con un niño convulsionando en sus brazos.
-La madre lo ha encontrado en su habitación así y lo ha traído en su propio coche. Está afuera, rellenando papeles, viene en seguida-informó pasando rápidamente por nuestro lado.
-Qué imprudente- gruñó mi compañero mientras rápidamente seguía a la enfermera al box de cuidados vitales.
Aunque apenas lo había visto, había algo en aquel niño que me había llamado la atención y mis propios pies le siguieron sin preguntarme.
En el box de vitales el niño, de unos cuatro años, estaba estirado sobre la camilla, inconsciente, su pequeño cuerpo sacudido por espasmos mientras le colocaban una vía y le desgarraban la ropa para colocarle unos electrodos en el pecho.
Mis ojos se abrieron como platos y mi boca quiso decir algo, pero en ese momento no podía respirar, y no podía hablar.
-Quiero analítica completa urgente, una glucemia capilar, preparad cinco miligramos de diazepam para administración de bolo intravenoso -escuché la voz de Liam en la lejanía.- Bella. ¡Bella! ¿Qué sucede, estás pálida, te has mareado? ¡Traed una silla de ruedas!
-Daniel...
Bueno, no sufráis ni os enfadéis conmigo, ¿eh? Que Daniel prontísimo estará bien, os lo garantizo...
Si no os queda claro algún término médico preguntadme. Es que aquí no he tenido tiempo de hacer un glosario, pero ya sabéis que siempre respondo, ¿eh?
Os copio un link (quitad los paréntesis), es una imagen que encontré de una incubadora y una cuna térmica de una UCI neonatal, imaginaos esto multiplicado por 5 (o más, depende del tamaño de la UCI), mas decenas y decenas de recien nacidos enfermitos pero no tanto como para estar en la UCI, de los cuales se encarga el mismo residente... uffff.
http(:)/(/)www(.)sahajhospitals(.)com/img-new/nicu(.)jpg
Besos a todas!
