Buenos días. Pues sí, apareció Daniel, ya era hora. Gracias por leer, comentar y darme ánimos. Como siempre, gracias a Maria José por su tiempo.
Comentarios del capi previo:
Mentxu Masen Cullen "si bella se entera hace cualquier cosa para que no vuelva a ocurrir", pues sí, creo que tienes razón ;-)
v. cullen, ¿a que agobia? jajaja. Bueno, cuando las vacaciones son en un parque de atracciones y con niños no se descansa, aunque fue divertido. Espero que tú no te canses mucho.
Anaidam, loquita querida, no sé si los de Anatomía de Grey me darán trabajo, pero con los recortes de presupuesto un sobresueldo nunca está de más, ;-) gracias por tus palabras. Eso de que me hayas llamado jamón.. no sé, no sé, pero bueno, ¡si es jabugo vale! Ah, entre nosotras, Liam es templario jajaja.
Paola Cullen, Little Meyer, gracias por vuestras palabras.
I love Edward, qué bonito que me echaste de menos ;-), y yo a vosotras, bueno, y eso de que las cosas se pondrán mejor... que nooo, que no te asusto.
Nishali Black Cullen... soy un poco mala, lo sé, pero no tanto: ya os dije que Danny estaría bien. Ah... no te enfades por como dejo este...
Ayame Chan, no te deprimas... no advertí sobre el video, lo siento: lo del dedo es brutal, sí, pero (advierto, viene un spoiler sobre la película "El piano") la chica no se suicida, la película no acaba mal. Y la música pertenece a una escena de amor de la película, por supuesto. Jajaja, tus ansias mafiosas van creciendo... pero te dejaste a la madre de Daniel! XD Muchas gracias por tus palabras. Lo de las comidas de 15 minutos va contra los derechos humanos!
Mlopez, un capón y una colleja, como mínimo, ;-). Gracias por tus palabras, guapa.
Gine, lo de la explotación al residente está a la orden del día, con eso de que estás en formación... y en USA es mucho peor que en España, por lo que sé.
Luna Cullen Masen, cuántas preguntas! ;-) . Es broma, pregunta lo que quieras. Gracias por tus palabras. No, Ed y Bella no trabajan juntos ya, él está en el hospital Northwest y ella en el Infantil de Seattle. Tus presentimientos... qué decirte sin espoilear mucho... no, no te digo, lo leerás dentro de poco, pregunta no contestable, jeje. Siento que no durmieras! En cuanto a los capítulos... buena pregunta. Calculo que el fic tendrá alrededor de 55 capítulos, 60 como mucho, espero, porque a veces me pongo a escribir y es difícil de calcular. Pero por ahí irá la cosa.
Beakis, alexpattinson, martinita, AnithaPattzCullenPacker, nohemi, yamira, isa-21, SalyLuna, gracias a todas por pasaros.
Capítulo 41
BPOV
-¡Daniel!-grité por fin.
-¿Lo conoces? - Liam me miró confuso.
-Sí, lo...-me interrumpí y miré hacia la puerta del box desde donde, plantada con los ojos como platos, me observaba la madre de Daniel-¡Usted!
Aquella mujer giró sobre sus talones y se esfumó de nuestra vista como si sólo hubiera sido una fugaz aparición.
-¡Seguridad!-grité-¡Esa mujer! ¡No dejen que escape!- y sin pensar salí corriendo tras ella.
Varios familiares de pacientes salieron de sus boxes alertados por los gritos. Pero los zuecos no se habían hecho para correr, Jane Smith era muy ágil y, admitámoslo, yo jamás había pasado de un suficiente en educación física. Desapareció por la puerta de Urgencias sin que nadie hubiera reaccionado a tiempo para detenerla.
-Mierda...- salí a la calle y miré por dónde podía haber desaparecido, pero no había ni rastro de ella.
Respiré con dificultad, jadeando más por la ansiedad que por la pequeña carrera que había hecho por el pasillo del hospital. Los dos guardias de seguridad aparecieron detrás de mí.
-¿Algún problema, doctora? -dijo uno de ellos, grandote como un armario. Negué con la cabeza.
-No... Sí, pero ustedes ya no pueden hacer nada. Hay que llamar a la policía –volví dentro del edificio y me dirigí a zancadas al box de vitales.
-¿Cómo está?-mi voz salió trémula y aún jadeante-Hipoglucemia, ¿no? -contemplé la pálida y sudorosa carita de Daniel.
Su cuerpo yacía ahora completamente relajado sobre la camilla, mientras la enfermera terminaba de inyectarle un líquido transparente en la vena.
-Sí... convulsionaba por una hipoglucemia severa... ¿Cómo lo sabes? ¿Y a qué ha venido esto?- inquirió un perplejo Liam, sujetándome por los hombros.- ¿Te encuentras bien? ¿Esa que ha salido corriendo quién era?
-La madre de este niño-tomé su manita fría y húmeda, contemplando su ahora pausada respiración.-La que lo trajo al mundo, porque no merece el nombre de madre-dije con rabia.
-¿Malos tratos? ¿Es un caso de malos tratos?-la voz de Liam subió de volumen más de lo tolerado en Urgencias y sus puños se cerraron con fuerza hasta quedar blancos los nudillos.
Bree me había explicado que una vez Liam había sido expedientado por pegar un puñetazo a un padre que trajo a su hijo con el ojo morado... a causa del puñetazo del propio padre. Los malos tratos era algo que no podía soportar y tentaban su autocontrol.
-Sí...-respondí con voz apagada. Miré al silencioso "busca" para asegurarme de que no tenía ningún mensaje. De pronto me sentí muy cansada.- Hay que llamar a la policía, Liam. Ella ha huido.
.
El inspector de policía me miraba ceñudo cuando terminé de repetir el relato por tercera vez en poco tiempo.
-¿A usted le parece muy normal que un médico salga en persecución de la madre de un paciente?
-¿Qué me está diciendo?-abrí los ojos al máximo, sin poder creer a mis oídos.
-Que si la señora es inocente no es tan raro que salga corriendo si la persiguen, y si es culpable no es nada prudente lo que usted hizo-gruñó.
Sentí la pesada mirada de Edward, sentado a mi lado en la mesa ovalada del despacho de médicos de Neonatología, y supe sin necesidad de leerle el pensamiento que estaba completamente de acuerdo con la última parte del discurso del policía.
Me mordí el labio por unos segundos, luchando contra la necesidad de soltar algún juramento.
-Escuche... yo no soy la criminal aquí, lo es aquella mujer, y estoy segura de que en cuanto tengamos los resultados de las analíticas que le han hecho a Daniel se comprobará que había recibido una inyección de insulina, que fue lo que le provocó la hipoglucemia-repuse con la voz tensa como las cuerdas de un violín.
El inspector relajó un poco su mal humor; al parecer las esperanzas de tener una evidencia palpable de mi acusación me hizo ganar puntos ante él. Se habían recogido dos muestras de sangre de Daniel, una cuando hablé con Liam y le expliqué mis sospechas, que no tendría mucho valor legal, y otra que había cumplido por completo los protocolos de seguridad de recogida de pruebas forenses cuando el juez de guardia dio su permiso.
Tenía que decir que el funcionamiento de los engranajes del sistema había sido perfecto en esta ocasión, y tan sólo una hora y media después de la huída de Jane Smith de Urgencias ya se había dictado orden de busca y captura contra ella y se le habían extraído al pequeño Danny las muestras necesarias para la investigación.
Yo había llamado a Edward para ponerle sobre aviso de lo que había pasado. A su vez, este alertó a Jasper de que intensificara las investigaciones y las centrara en la ciudad de Seattle, y decidió venir al Infantil para estar conmigo en esos momentos, lo que le agradecí profundamente. Mi adjunto se hizo cargo de todas las llamadas mientras yo me reunía con la policía.
-¿Cuándo será eso?
-Imagino que tardará menos de veinticuatro horas-repuse con desgana.
-Estupendo. Pero he de decirle que espero que el análisis le dé la razón, señorita Swan. Sus acusaciones son muy graves y se sustentan sobre una base muy débil. De no tener razón la señora Smith podría tomar graves represalias contra usted, e incluso podría conseguir que le revocaran el permiso para ejercer en este país.
Me dolió el estómago al escuchar esto. Cierto que gracias a Jasper yo tenía mucha información que el inspector desconocía y no podía compartirla con él porque la había obtenido de forma ilegal, pero aún así... ¿y si la convulsión de Danny casualmente era por otro motivo? ¿Uno médico, real y no ocasionado por la madre? Como mínimo me jugaba mi imagen en el Infantil, y por lo que se ve incluso mi carrera en USA.
Edward me apretó de la mano que tenía cogida, captando mi nerviosismo.
-Inspector- pronunció mi novio con serenidad- sabemos que le han sacado de la cama por un asunto que parece la paranoia de una joven doctora con falta de sueño- el inspector palideció y enrojeció de forma alternativa durante unos segundos, mirando a Edward con los ojos desorbitados, y supe que éste estaba vocalizando los pensamientos reales del policía- pero como bien le ha dicho la doctora Swan ella no es aquí la acusada, de momento y mientras no se demuestre lo contrario, así que le agradecería que controlara su mal humor con ella.
-Vaya, ¿además de su novio es usted su abogado?-intentó burlarse el agente.
-Digamos que además de la de medicina tengo la carrera de derecho, inspector Jenks- la voz de Edward sonó helada, diseccionando las palabras, y el policía palideció todavía más.
En aquel momento sentí una imposible mezcla de cansancio, miedo y diversión, e incluso una aguda punzada de deseo por el protector vampiro sentado a mi lado.
Inspiré profundamente y exhalé lentamente por enésima vez en las últimas horas, intentando poner orden en mi caos interno.
-Bien, creo que ya tengo suficiente información por el momento. Señorita Swan, no salga de la ciudad. Doctor Cullen, doctora Swan - el inspector se levantó y sacudió la cabeza en nuestra dirección a modo de despedida.
Le dirigió a Edward una extraña mirada antes de girar sobre sus talones y marcharse.
Suspiré con fuerza cuando Jenks hubo cerrado la puerta tras de él. Estaba emocionalmente agotada, y todavía me quedaba trabajar la mitad de la noche y la mañana siguiente.
-No hagas caso al inspector-la suave voz de Edward me rescató de mi estado depresivo.
-He hecho lo que he pensado que sería mejor. Espero no haberme equivocado-musité.
-Has hecho lo mejor. Excepto en lo de salir corriendo detrás de Jane Smith -su voz intentó sonar ligera pero no pudo ocultar cierto tono de reprobación.
No pude evitar rodar los ojos.
-Supongo que he visto demasiadas películas de policías-ironicé.
-Estás agotada. Habla con Frank, dile que necesitas tumbarte un rato en la cama. Le conozco, sé que lo entenderá.
Frank Avery era mi adjunto de guardia, además del jefe de la UCI neonatal. Era una persona sensata y comprensiva, pero yo quería hacer bien mi trabajo. Y eso significaba intentar no pedir ayuda.
-No, Edward. Puedo seguir. De hecho la sala estaba tranquila, ahora pasaré por si hay algo pendiente y me acostaré hasta que me llamen-de pronto Edward hizo un movimiento y giró la silla donde yo estaba sentada, quedando ambos encarados.
-Testaruda- negó con la cabeza, acariciándome con sus ojos dorados.
-Gracias por venir, amor. Si no llegas a estar aquí ese policía me habría hecho llorar de impotencia -puse mi mano en su mejilla.
La puerta del despacho se abrió de repente y mi adjunto apareció en el umbral. Aparté la mano con rapidez.
-¿Cómo ha ido todo? –preguntó Frank amablemente.
-Bien, supongo- me encogí de hombros.
-Nunca es agradable una visita de la policía. Edward, es un placer verte de nuevo-saludó Avery. Edward sonrió con cortesía.-Bella, puedes acostarte un rato, allá dentro está todo controlado.
-No... Gracias, Frank, pero no podría dormir.
-Es una orden, doctora. Ningún paciente te agradecerá que lo lleves ahora, en el estado en que te encuentras. Descansa un poco, aunque no duermas.
-Frank... ¿crees que sería posible visitar a Daniel?
-Liam me ha dicho que está en una sala de cuidados intermedios, de momento bajo vigilancia policial.
-¿Pero está bien?
-Bella, está durmiendo bajo los efectos de la convulsión y por la medicación que ha recibido. Pero le han hecho un electroencefalograma y es prácticamente normal. Por la mañana lo verás.
-De acuerdo...-musité. Frank me miraba, entre compasivo y dubitativo.
-Espero que tengas razón en tus sospechas contra esa madre, Bella. Por ti y por tu carrera. Aunque por otra parte sería fantástico que te equivocaras y ese niño tuviera una buena madre- razonó.
-Una buena madre habría aparecido ya, ¿no crees?-repliqué en tono cansino. Al final iban a hacerme dudar de mis propias sospechas.
-Cierto-afirmó, aunque con un rastro de duda en la palabra.
Me levanté y Edward me siguió, acompañándome a la minúscula habitación destinada al descanso (si es que te dejaban) del residente de guardia.
-Cuidado y no te encuentres con Kate cuando salgas-bajé el tono de voz hasta convertirlo en apenas un susurro-Tú serás un vampiro pero ésa muerde.
-¿Kate?-sus párpados se entrecerraron y su cuerpo se tensó ligeramente-¿Te está molestando de alguna forma?- sonó sutilmente inquietante.
-No-estaba cansada y mis neuronas no funcionaban con normalidad, de otro modo no habría sacado el tema de Kate y su mal humor.- No -repetí, mientras mis neuronas intentaban desesperadamente encontrar una explicación.- Está de mal humor porque ha roto con Garrett.
-¿Ha roto con Garret? ¿Cuándo?
Esto se iba poniendo cada vez mejor.
Por favor, estoy agotada.
Si hubiera bebido no estaría más desinhibida, estaba soltándole a Edward lo que le había ocultado durante dos semanas, así de sopetón.
-Hace dos semanas-suspiré, mirándolo a los ojos.
-¿Y me lo dices ahora?-alzó una ceja, incrédulo.
-No... no me gusta sacar el tema de esos dos, Edward. No tiene ninguna importancia para nosotros pero a ti te afecta- repuse con sinceridad. Su expresión se dulcificó de inmediato.
-Me afecta si ella está siendo borde contigo por mi culpa- escrutó mi rostro e inspiró profundamente.-Lo siento, estás agotada y yo aquí, haciéndote un interrogatorio. Mañana hablaremos- terminó, inclinándose para depositar un beso en mis labios. -Hasta dentro de unas horas -susurró contra mis labios e inspiré profundamente, guardando su esencia en mi interior.
-Unas horas eternas-sonreí débilmente, pensando en lo que me quedaba hasta que pudiéramos volver a vernos... más declaraciones a la policía, preguntas y más preguntas, las miradas curiosas o dudosas de mis compañeros, la angustia a la espera del resultado de las pruebas forenses, aguantar el tipo y seguir rindiendo a pesar del cansancio acumulado... pero lo mejor era que podría ver a Daniel, o eso esperaba. ¿Cómo reaccionaría?
Me acosté, sabiendo que no podría dormir, a la espera de que el infernal aparatito volviera a sonar.
.
-¿Ya están los goteros calculados?- sonó a mi espaldas la voz de Heidi, mi azote particular en la UCI neonatal.
Inspira, espira, inspira, espira.
-Faltan un par-murmuré, en un intento titánico de retener un grito.
Miré la hora en el reloj de pared. Quería acabar de una vez; desde que me había levantado de la cama no tenía otra idea en la cabeza: ir a visitar a Daniel.
Liam había venido a primera hora de la mañana a visitarme y explicarme las últimas novedades: Daniel había despertado de su sedación a primera hora de la mañana y lo primero que había hecho había sido pedir su muñeco de Spiderman. Le habían explicado que nadie lo tenía, que estaba en el hospital y los motivos, y había preguntado por su madre. De alguna forma alguien le había explicado que su madre no estaba localizable por el momento, y su respuesta desde entonces había sido un mutismo absoluto.
Yo conocía ese muñeco de Spiderman, lo había tenido consigo cada uno de los días que había estado ingresado o había acudido a la consulta externa. Sentía dentro de mí la urgencia de ir a verle, y que por lo menos viera una cara conocida, una cara amiga, entre la gente que lo rodeaba. Por dios, era un niño de cuatro años. ¿Qué sabía él de su situación, qué iba a pensar? Debía sentirse desamparado.
Hice un esfuerzo con mis últimas energías y puse todos mis sentidos en lo que estaba haciendo. Me faltaba poco para acabar el trabajo de planta y entonces podría ir a verle.
-Buenos días, doctora Swan - la varonil voz de Garret Randall me arrancó de mi estado de concentración, justo cuando estaba a medias de calcular la composición del gotero del bebé operado el día anterior.
Tenía sentimientos ambivalentes con respecto a esa voz. Me desesperaba su resistencia al desaliento.
-Buenos días, doctor Randall-murmuré sin levantar la cabeza de mis cálculos. Percibí movimiento y supe que se sentaba a mi lado en la mesa del control de la UCI. Olía bien, a fragancia masculina cara... nada que ver con el olor natural de Edward, pero agradable al fin y al cabo.
-Por lo que sé, tuviste una mala guardia, y no precisamente en lo que respecta a la UCI neonatal-comentó.
-Sí, y si no le importa, tengo que acabar estos cálculos antes de mediodía -repuse, demasiado seca. No tenía ganas de comentar el tema con nadie más y que me mirara con cara de "te has precipitado y la has cagado".
-Los cálculos los puedo terminar yo. Bella, aún recuerdo lo que es calcular una nutrición intravenosa neonatal. Y no lo hace más fácil el tener a Heidi pinchándote todo el rato -terminó en un susurro confidencial. Levanté la vista de mi papel y, asombrada, la dirigí a sus oscuros ojos.-Sí, yo también tuve que aguantarla cuando roté por aquí hace unos años... es buena en su trabajo, pero es una mosca cojonera.-terminó, serio. No pude evitar que se me escapara una sonrisa.
-Me alegro de que no sea nada personal, entonces-repuse en el mismo confidencial tono de voz.- Había empezado a darle vueltas a todas las palabras que he intercambiado con ella desde que entré aquí, a ver si la había ofendido en algo. Y no recordaba nada en particular, estaba ya paranoica. Gracias por la ayuda-sonreí agradecida.- Desde que me he levantado de la cama a las seis no he parado más que para hacer un corto desayuno.
-¿Cama? ¿Has podido tocar la cama? Pues no te quejes, cuando yo era residente nos pesaban antes y después de la guardia, y si no habíamos perdido peso se consideraba que habíamos trabajado poco, entonces nos obligaban a quedarnos más horas -afirmó tan serio que casi dudé de que lo que decía era una broma. Me lo quedé mirando de hito en hito y tras unos segundos sonreí.-Vale, tampoco era un chiste tan malo-esta vez sonrió ampliamente.
-Estoy baja de reflejos, por el sueño-me disculpé y sentí que me ruborizaba un poco por su mirada.- Gracias por la ayuda. Tengo que ir a hacer una visita a Intermedios -me levanté.
-¿Al niño del posible Munchausen? Era paciente tuyo, ¿no?-asentí.-Jamás comprenderé cómo alguien puede hacerle eso a un niño, y menos a su propio hijo-negó con la cabeza.
Interiormente agradecí su apoyo al no dudar de mis sospechas, o al menos no expresarlo en voz alta. Asentí y me despedí de él, encaminándome presurosa hacia la planta de Cuidados Intermedios.
Por el camino fui encontrándome con compañeros que me miraron cuanto menos con curiosidad. Tuve un dejà vu de mi primer día en el Hospital de Forks, y con él me embargó por completo la conocida sensación de tristeza. Echaba de menos a mis compañeros, mi jefa, mis amigas... incluso el verde que lo rodeaba todo. Pero lo que más añoraba era la cálida presencia de Angela en mi vida. Cada vez más...
Luché por ahuyentar esas emociones, quería estar fuerte para cuando viera a Daniel. Pasé por el control de enfermería para informarme del número de la habitación.
-Tienes que firmar aquí, Bella-explicó Sarah, la enfermera de turno, tendiéndome un formulario.-Daniel no tiene las visitas restringidas, pero sí se controla quién lo viene a ver y en la habitación hay personal de Servicios Sociales constantemente. Tienen orden de no dejarlo solo ni un momento. ¿Sabes? Es un niño muy salado- terminó, sonriente.
-Lo sé-devolví el gesto mientras firmaba.
-Pase-una voz amable contestó al otro lado de la puerta cuando llamé.
Me sentí nerviosa. ¿Cómo reaccionaría? Asomé la cabeza por la puerta.
-Buenos días, soy...
-¡Dotora Bella!
Lo sé... soy un poquito mala, pero la próxima la cuelgo el domingo en vez del lunes, no os enfadéis, eh?
