Buenos días, hermosas. Lo prometido es deuda y os traigo el capítulo hoy en vez del lunes, para que no me llaméis mala (o no lo hagáis con tanta intensidad). El próximo el jueves.
Gracias a todas por pasaros, leer, comentar... Se os quiere. Cuando empecé esta historia ni siquiera me atrevía a publicarla, jamás había escrito nada y tenía (y tengo) bastante inseguridad. Pero ver que la seguís y os va entreteniendo (no pretendo más, ni menos) me da unos subidones que... qué os voy a decir ;-)
Sobre el capítulo previo:
El primer comentario es anónimo, pero por lo que veo es de una lectora que también va falta de sueño, como la dra Swan... ánimo con tus prácticas, guapa. Un beso.
Mlopez... también por aquí, es que sois un sol las templarias. Cuídate, no te alteres, que no te dé un mal... relaaaax, felices vacaciones. Yo también adoro a Daniel. Brujilla yo? Que vaaaa.
bellaliz... también adoro a Edward protector, aunque a veces se pase.
AnithaPattzCullenPacker, cuando tenga un respiro intentaré pasarme por tus historias. De momento mi tiempo es muy escaso, y robo momentos al dia para escribir. Gracias por tu comentario y un beso.
lalycullen2010, gracias por haberme extrañado, guapa. Ya me encuentro más descansada de mis vacaciones! Y despejada no mucho, pero eso es de siempre, jajaja.
SalyLuna, qué malísima eres, ¿quieres que Kate pille a Edward y Bella en plan meloso?
Anaidam, "luego tienes el morro a lo oso hormiguero de venir a mi casa a decirme que soy mala...¡que fuerte!...EA..." lo que me reí con esto. Bueno, y con todo. Sí, eres mala, mala, pero es cierto, yo tengo morro, jajaja.
martinita... Bella se quedará con Daniel? Veremos ;-)
Gine, yo me imaginé que alguien vocalizara mis pensamientos y sí, creo que me pondría muy nerviosa... bueno, y si ese alguien fuera Ed, nerviosa es decir poco, XD.
maria elena guerra diaz... dios! Me llamas mala y me amenazas! Ups, tendré que buscarme un búnker o algo, ¿ya? ;-)
I love Edward: te veo muy empática con Bella. Me gusta. Un beso y gracias.
v. cullen, ya sabías que iba a ser mala? Tendré que ser más retorcida... no, no, es broma ;-). Sí, yo también me como a Edward.
alexpattinson, otra que me llama mala. Si al final lo de buscar un búnker va a ser buena idea... XD
Luna Cullen Masen, ¿tú también echas de menos a Ed cuando no sale? A mí me pasa... de todas formas te advierto que este capi está dedicado a Daniel.
Paola Cullen, sí, Bella está un poco loca, jajaja. Gracias y un beso.
Nishali Black Cullen, de nada, es que soy mala pero no tanto... besos.
Ayame Chan, yo también espero que estés bien. Tranquila, el pequeño está a salvo.
Pegn, profe querida, no me sufras tanto, no me sufras, que lo que queda aún... es broma. O no. A ver si será verdad que soy un poco bitchy, :-P.
PRISGPE, pues sí, ese estrés y falta de sueño te pone al límite... yo me estreso sólo de recordarlo.
Bienvenida Nurymisu, gracias por todos tus comentarios y a Anaidam (a quien perdono lo de llamarme oso hormiguero, XDD) por recomendarte mi historia.
Capítulo 42
BPOV
Sin pensarlo, me abalancé sobre la cama y con cuidado envolví su pequeño cuerpo en un abrazo. No quería soltarlo. Por fin podía palpar con mis manos, ver con mis ojos que el pequeño estaba bien, que nada le había pasado, que cualquier peligro que había corrido había desaparecido con la huída de su madre... de la mujer que lo había traído a este mundo.
-"Dotora"...-el pobrecito apenas podía hablar, ahogado con mi abrazo. Se debía sentir igual que yo cuando Edward se ponía demasiado efusivo.
-Daniel...-me senté en la cama y tomé su carita entre mis manos-¿estás bien? ¿Te duele algo?
-Sí. Me "dole" aquí, pero poquito -respondió poniéndose ambas manos en la cabeza y haciendo una divertida mueca.- ¿Vas a ser mi "dotora"?-sonrió.
-No... ahora no. Ya tienes otro doctor, ¿aún no lo has visto? - El pequeño asintió con la cabeza.
Me habían informado de que el médico encargado de velar por Daniel era el propio James Watson. Ante mi sorpresa me enteré de que era el pediatra del hospital que se encargaba de los casos donde se sospechaban malos tratos. Eso me provocó admiración, no era un tema que atrajera a demasiados profesionales por los problemas que solía comportar, más bien era una patata caliente.
-Sí. Pero yo "quero" que seas tú mi "dotora"-hizo un pequeño puchero.-Quero ver a mi mamá-dijo de repente.
Mi corazón dio un vuelco. Estúpida de mí, no había esperado esa pregunta. Giré la cabeza y dirigí una mirada interrogadora a la trabajadora social que estaba sentada en la butaca al lado de la cama.
-Ya le he dicho que su mamá está trabajando y que vendrá más tarde, todas las veces que ha preguntado lo mismo -la trabajadora me miró con intención.
Como mentira iba a ser poco duradero, cuando se hiciera de noche y el niño viera que no venía su madre habría que cambiar de explicación. Daniel era pequeño pero no tanto como para no darse cuenta de las cosas, y yo intuía que captaba más de lo que estaba dando a entender, por eso estaba preguntando lo mismo varias veces y a diferentes personas. Mis pensamientos tomaron otro rumbo y me encontré planteándome qué relación tendría Daniel con su madre. Lo que había leído sobre el perfil psicológico de estos progenitores era que fuera del ámbito médico solían mostrar muy poco interés por sus hijos, pero desconocía si sería así en el caso de Daniel, si su madre ejercería algún otro tipo de maltrato sobre él o sencillamente era negligente, o si, cosa que no me cabía de ninguna forma en la cabeza, era cariñosa con él.
Fuera como fuera, Daniel era un niño pequeño, y su madre era la única madre que había conocido en el mundo. Lo lógico era que preguntara por ella y se angustiara si esta no aparecía.
-No te preocupes, cariño, yo estaré por aquí aunque no sea tu doctora, no estarás solo-dije con sinceridad, apoyando la palma de mi mano en su suave mejilla. Por experiencia sabía que los niños detectaban las mentiras más pronto que los adultos.
Esa respuesta pareció calmar al pequeño, y su cara ansiosa se relajó.
-Ya no he vuelto a hacer pipí con sangre, "dotora" Bella.
-Llámame sólo Bella, Danny-sonreí.
-Bella. Be-lla -repitió tentativamente como comprobando qué tal sonaba el nombre sin el dotora delante.- Vale-afirmó, satisfecho con la prueba.
-Entonces, ¿sabes por qué estás aquí?
-Ésa me ha dicho que me puse malito y "pod" eso "toy" aquí-señaló sin disimulo a la cuidadora.
-Esa tiene un nombre, Daniel, me llamo Rita-amonestó la mujer con amabilidad.
-Eso, Rita. Pero no "toy" malito. "Quero" ime a casa. "Quero" mi "Spideman".
-Ah, tu Spiderman... –sonreí, recordando que era una de los muñecos a los que tenía más cariño cuando estuvo ingresado.- ¿Aceptarías que te regalara uno? Aparte, intentaré conseguir que traigan el tuyo- aseveré, quizá demasiado segura de mí misma.
Daniel asintió enérgicamente con los ojos brillantes.
Estuvimos hablando de lo que habíamos hecho ambos durante el tiempo que no nos habíamos visto. Él me explicó que no iba a la guardería (en este país la edad de escolarización eran los 5 años), y que se aburría mucho con su madre. A veces en el parque había coincidido con otros niños y le hablaban de lo que era el "cole". Él quería ir a la guardería, pero su madre le decía que no era necesario.
El pequeño siempre me había parecido un niño especialmente cariñoso, y ahora estaba pensando si no sería eso una reacción psicológica a la falta de cariño de su madre y a la soledad. Por mi parte le expliqué a un celoso Daniel que ya tenía novio, que se llamaba Edward y que también era médico. Sonreí para mis adentros mientras intentaba calmar sus celos asegurándole que podía ser novia de los dos.
De forma brusca se abrió la puerta sin llamada previa y entraron James y el inspector Jenks.
-Buenos días, Bella-saludó un sorprendido James.-Señora Hunter-sacudió la cabeza en dirección a la trabajadora social.
La cara del inspector no era nada amable. Me sentí un poco culpable, al fin y al cabo debería estar en la UCI y estaba aquí, en la habitación de un paciente, charlando tan tranquilamente. Pero no era cualquier paciente, y en la UCI todo estaba controlado, como demostraba mi silencioso "busca". Al pensar esto bajé la mirada hacia los números que marcaba el aparatito, para asegurarme por enésima vez en mi vida de que era funcionante.
-Buenos días-atiné a responder, mirando a James y obviando el incómodo escrutinio del somnoliento inspector.
Que se joda, si quería dormir haber elegido otra carrera.
-Doctora, me temo que tendrá que dejar de visitar a Daniel Smith hasta nueva orden-soltó Jenks sin rodeos.-Señora Hunter, la doctora Swan no tenía permiso para acceder a hablar con Daniel Smith. ¿Nadie le avisó de ello?
Mi primer reflejo fue tensarme a causa de la falta de diplomacia del policía, más por lo que atañía a Daniel que por mí misma.
-Nadie me avisó de ello, pero aunque lo hubiera hecho no creo que yo tenga ninguna autoridad para negarle el paso a una doctora de este hospital-repuso la asistente social con cara avinagrada. –Si usted quiere autoridad, mande aquí a un policía que vigile la puerta.- Doctor Watson, si me permite voy a tomarme un descanso-terminó, y muy digna se dirigió hacia la puerta de la habitación.
-No le comprendo-repuse confusa. El niño miraba al grandote inspector con los ojos como platos.
-Hasta que no haya pruebas de lo que usted dice...podría meter en la cabeza del niño ideas que luego fueran a su favor...-en aquel momento James se adelantó un paso y viró, colocándose entre el inspector y yo, de cara hacia éste.
-Mientras tanto le agradecería, inspector, que tuviera un mínimo respeto por la doctora Swan. Y tengo que advertirle: no toleraré que le haga preguntas al niño si no es con la presencia de un psicólogo infantil. Y si sigue en esos términos, ni tan siquiera que hable delante de él.
El oficial se envaró tanto como yo minutos antes. La voz de James era helada, autoritaria y no admitía réplica.
-De acuerdo-repuso secamente.- Chico, ¿has pasado buena noche?-intentó una torpe sonrisa.
-Bella, ¿quién es "ete"?-Daniel me miró, ignorando las palabras del policía. Hice amago de levantarme de su cama pero él tiró de mi mano para que no lo hiciera.
-Bueno, quizá deberíamos decirle que se presente antes de hablar contigo, ¿no?-miré a Jenks entre burlona y cabreada. No había dormido y mi paciencia para soportar presiones psicológicas iba cayendo en barrena.
-Soy un policía, Daniel. Me llamo Jerry ¿Tú no juegas a policías?-repuso el oficial con una sonrisa que no le llegó a los ojos.
-No. Prefiero a "Spideman"-repuso el niño, tranquilo pero alerta.
-Claro, claro...-balbuceó Jenks y me miró.-Eeeh... iba a hacerle algunas preguntas, pero...-miró a James que lo observaba con helados ojos azules, y luego bajó la mirada hasta su reloj-esperaré que venga el psicólogo de servicios sociales. Creo que no tardará. Mientras tanto, doctora Swan, sería una buena medida que usted se retirara.
-¡No!-Daniel volvió de tirar de mi mano. El corazón me dio un vuelco. Estaba más asustado de lo que pretendía demostrar. Entendí que yo allá era la única persona que conocía y apreciaba, y temía separarse de mí, seguramente estaba captando cosas extrañas.-No "quero".
-Tranquilo, cariño-suspiré, con todo el cansancio del mundo pesando sobre mis hombros. Opté por decirle una verdad a medias.-Sabes, he trabajado toda la noche y estoy muy cansada, tengo que descansar en mi casa y cuando lo haya hecho volveré a verte.
-¿Con tu novio?-la expresión suspicaz que lució su carita hizo que a mi pesar se me escapara una carcajada. Incluso diría que el policía había dado un respingo al oír hablar de mi novio.
-Sí, con mi novio. Pero te prometo que volveré-y eso lo decía muy en serio.
En aquel instante sonó el teléfono del policía, que se retiró a fuera de la habitación para mantener una conversación privada.
-Disculpa, Bella. Ya sabes cómo es la policía... parece que todos seamos sospechosos hasta que no se demuestre lo contrario. Quiero que sepas que creo tu versión desde el primer momento en que Emily me la explicó. Llevo muchos años en este trabajo y por desgracia ya he visto de todo. Por desgracia también, he tenido que tratar con Jenks en el pasado, y digamos que no es uno de mis policías favoritos. Y tú-se dirigió a Daniel, que escuchaba atentamente nuestra conversación- veo que te encuentras mejor que esta mañana a primera hora. ¿Cómo va el dolor de cabeza?-la cara de James se transformó desde una máscara de profesionalidad a una mueca simpática, dejándome alucinada por completo.
-Bien, bien, James- pronunció exageradamente Daniel, como dándose importancia, y tuve que sofocar una carcajada.- ¿Conoces a Bella? Es mi "dotora".
-Sí, lo sé. Tienes dos doctores, Bella y yo. ¡No te quejarás! No te preocupes, entre los dos te pondremos bueno para que puedas salir de aquí lo antes posible- esto provocó una amplia sonrisa en el pequeño.
El inspector entró de nuevo en la habitación, interrumpiendo nuestra distendida conversación.
-Eeeh-comenzó, evidentemente incómodo,-me han llamado del laboratorio de la Central... ¿podemos hablar fuera?-murmuró, mirando sucesivamente a Daniel, a James y a mí.
-Por supuesto, un momento-James tomó el timbre que había al lado de la cama de Daniel y a los pocos segundos apareció una enfermera en la habitación.-Sarah, nuestro paciente ya se encuentra mejor, ¿cree que podría ir a la sala de recreo?
-¿Sala de recreo?-preguntó el pequeño.
-Sí, una sala que tenemos en el hospital, llena de juguetes y cosas igual de aburridas-James le echó teatro al comentario, poniendo una exagerada cara de fastidio.-No sé si querrás ir.
La sala de recreo era una sala llena de juguetes y juegos destinada a que los pacientes que ingresaban por varios días tuvieran un poco de entretenimiento aparte de su familia y la TV de la habitación.
-¡Siiiiiiiiiii!-la cara del pequeño se iluminó como un árbol de Navidad. Sarah lo miró con una sonrisa.
-Está bien, pero no mucho tiempo, apenas te has levantado de la cama y no quiero que te fatigues.
Demostrando a todos que se encontraba mejor que bien, Daniel pegó un bote desde la cama al suelo y salió disparado detrás de Sarah no sin antes girarse al llegar al umbral y pedirme que volviera a verle más tarde.
-Usted dirá-los ojos azules de James eran fríos cuando se clavaron de nuevo en el agente.
-Bien... me acaba de llamar mi compañero. Está en el laboratorio forense-hizo una pausa y me estudió con la mirada.-Se han encontrado niveles altos de insulina en la sangre del niño-me molestó que le llamara el niño pero aguanté la respiración esperando que terminara.-Y no es suya. Insulina exógena creo que le llaman ustedes los médicos. Y...no sólo eso... -parecía que se le atragantaban las palabras al pronunciarlas y yo estaba histérica esperando que lo explicara todo ya de una vez- el juez al recibir el resultado de las pruebas ha autorizado el registro del domicilio de Jane Smith, y en su casa han aparecido varias cajas de insulina, agujas, jeringas...
-Eso demuestra que la doctora Swan estaba en lo cierto -mi jefe hizo énfasis en la última palabra.
-Lo supongo, pero... ¿están seguros de que el niño no es diabético y simplemente su madre se pasó con la dosis?-comentó el policía, frotándose la barbilla pensativamente.
Era antipáticamente exasperante.
-Supongo que eso se sabrá por esos mismos análisis de los que usted me está hablando, inspector. Además le informo de que de momento estamos monitorizando los niveles de glucosa en la sangre de Daniel Smith y desde hace unas horas son completamente normales. Es decir, desde que su madre no tiene acceso a él -terminó, como si hablara con un completo tonto.
Jenks no pudo evitar sonrojarse levemente al sentir la puyita que le dirigía mi jefe.
James Watson era, definitivamente, mi nuevo héroe.
-Está bien-dijo el policía, e intentando recuperar su dignidad se irguió.-La señora Smith ya estaba buscada por haber abandonado a su hijo en el servicio de urgencias del hospital. Ahora voy a emitir una orden de busca y captura por ser sospechosa de maltratar a su hijo y poner en peligro su vida.
Sentí un alivio tremendo. Daniel estaba a salvo, y la asesina Jane Taylor estaba en busca y captura. Las cosas por fin parecía que iban por buen camino. Mi busca sonó de repente provocándome un sobresalto y devolviéndome al mundo real. Miré el mensaje.
-Tengo que ir a la UCI, acaba de llegar un ingreso-miré a James y al policía, sacudí ligeramente la cabeza como despedida y salí rauda de la habitación.
Unos pasos me siguieron y Jenks se puso a mi altura.
-Cuando tenga tiempo quisiera hacerle unas preguntas, doctora Swan-le miré un segundo. Su expresión era difícil de leer.
-¿Más?-repuse cansina.
-Sí, unas cuantas más. Es el procedimiento habitual.-Hizo una pausa y caminó durante unos segundos a mi lado, silencioso.- Tengo una duda...-su tono de voz cambió a otro más suspicaz, el que era capaz de irritarme hasta las meninges- ¿es usted experta en malos tratos, como el doctor Watson?
-No, inspector- me paré enfrente del ascensor, pulsando el botón y evitando mirarle.-Sólo soy una residente de último año de pediatría.
-Pues tengo que felicitarle por su intuición respecto a este caso, lo de la insulina, todo eso... fue su rápida actuación lo que le ha ahorrado males mayores a ese pequeño-sus palabras eran amables pero había un tinte ligeramente acusatorio en sus palabras.
O me estaba volviendo paranoica, ya de forma definitiva.
Le miré un momento mientras entraba en el ascensor. Él aguantó las puertas para que no se cerraran.
-Gracias. ¿Me va a acompañar o deja que me marche? Estoy trabajando.
-No, ya hablaremos en otro momento. Creo que hay muchas cosas que no me ha explicado aún...-con un movimiento de cabeza se despidió.
Maldije mi inhabilidad para mentir y recordé las palabras de Emmet.
"No juegues al póker".
Besos a todas y hasta el jueves.
