Feliz fin de semana, chicas. He adelantado el capítulo, para variar... pero es que no paro de repasarlo y la única forma de dejar de hacerlo es publicarlo, así que... disculpad si hay fallos. Aquí tenéis el capi esperado, pero antes o después leed esto, porque son un par de puntualizaciones importantes.

Primera: sé que hace mucho de ese capítulo, pero os recuerdo que cuando Edward le explica a Bella sobre la transformación le dice que están tres días inconscientes... en esta transformación no "arden". Me gusta más así, recordad que hago una mezcla de vampiros, y lo de arder sólo lo hacen los de Meyer, en este sentido (y en otros) me he salido de Crepúsculo. Sinceramente, no le veía sentido a ese sufrimiento.

Segunda: el capítulo previo fue un poco en plan "Ocean´s eleven" (gracias, Gisselle, buena comparación ;-)), pero tenía un sentido. Porque podía haber puesto que los Cullen se llevaban a Bella a la fuerza y luego iba Emmet y borraba memorias y demás. No me gustaba la idea: en los hospitales hay cámaras de vigilancia (Jasper ya tenía bastante trabajo, el pobre), y yo quería que la cosa fuera pacífica y discreta, me parece más el estilo de los Cullen. En los informes de Bella consta (gracias a Jasper) y todo el mundo piensa (gracias a Emmet) que ha sufrido un atropello pero las heridas son leves y se ha ido a casa por propio pie, recordadlo. Todo muy, muy discreto... es importante.

Hoy como es capi extra y estoy vaga no os comento los comentarios. Ahí tenéis. Va con música, y esta vez os aconsejo ponerla... gana mucho. Es una canción de la BSO de Eclipse, "Heavy in your arms", me encanta y creo que es ideal para la escena. Dadle al play cuando Bella y Edward se quedan solos.

www(.)youtube(.)com/watch?v=4DV1xBrLppk

Gracias a Pegn y a Maria José, y en este también a Anaidam por sus valiosas opiniones. Gracias a todas vosotras por vuestros comentarios, sois estupendas.

Bienvenidas yyamile, mimi. rp9, litzy, y Yoli Cullen. Yoli, espero de veras que me disculpes no haberte pasado el link antes... o me das una colleja el día que nos veamos ;-), y muchas gracias por tus aportaciones en privado, las tendré muy en cuenta.


Capítulo 46

EPOV

-¿Edward sigue allá dentro?-escuché la voz de Alice desde el comedor.

-Sí... no se ha despegado de ella desde que llegamos-suspiró Esme.

-Pronto se cumplirán los tres días... –anunció Jasper, pronunciando en voz alta lo que todos teníamos en mente.

Y no es que yo estuviera leyendo la mente de nadie, era pura deducción.

Un tenso silencio siguió a sus palabras. Sí, silencio. Porque desde que Bella fuera transportada a nuestra ambulancia privada hacía dos días nadie que estuviera cerca de ella podía conservar su don. Su escudo, como así lo había llamado Eleazar cuando Carlisle lo puso en antecedentes, era tan potente como eso.

Eleazar era un vampiro más viejo aún que Carlisle, pero ni siquiera él había oído hablar del vínculo de sangre y quedó impresionado con la historia que mi padre le contó. Su don era descubrir los dones de los demás vampiros, pero al lado de Bella todos, incluso ella, aparecíamos ante él como sin ningún don, por el bloqueo que esta ejercía sobre él. Nos explicó que era normal que el don de mi novia se intensificara tanto durante su transformación, al fin y al cabo ya era fuerte siendo humana. Lo más probable era que en cuanto fuera consciente de él lo controlara rápidamente, como habíamos hecho todos.

Me senté en la cama y contemplé el rostro de mi amada. Estaba tan pálida e inmóvil que una rápida mirada de un humano la habría tomado por muerta. Pero ese humano habría tenido que volver a mirar una segunda vez. Porque toda ella irradiaba más belleza que nunca. Su piel lucía como perfecta porcelana, sus largas pestañas acariciaban la piel de los párpados inferiores, los labios muy ligeramente entreabiertos eran llenos y de apariencia sedosa, el cabello, extendido sobre la almohada, formaba largas y brillantes ondas de color castaño... Tomé una de sus inertes manos. El tacto era imposiblemente delicado, y su temperatura ya no era cálida.

Siempre había sido hermosa, pero ahora lo era tanto que dolía mirarla.

Su cuerpo estaba cubierto por un largo camisón negro con tirantes que Alice había traído para ella, y, aún no sé bien por qué, yo la había cubierto con la sábana hasta el pecho y había colocado sus brazos por fuera, como si estuviera durmiendo. Quizá me parecía que aquel camisón a ella se le habría antojado demasiado atrevido y conociendo su timidez no habría consentido mostrarse con él ante mi familia.

O puede que quisiera recordar qué aspecto tenía Bella mientras dormía, y despedirme de ese recuerdo. Yo tampoco había podido despedirme de la Bella humana como habría deseado. En cierto modo, no estaba preparado para decirle adiós. Habría querido que fuera de otra forma, pero el destino me había puesto ante una decisión, y yo había decidido. Y, pese a mi vergüenza, sabía que lo habría repetido una y otra vez, habría hecho lo mismo bajo las mismas circunstancias.

Esperaba que ella me comprendiera.

Rosalie entró, se sentó a la cama en el lado opuesto al mío y miró a Bella durante un buen rato. Me ignoró como lo había estado haciendo los últimos días. Ahora, por fortuna, no podía escuchar sus furiosos pensamientos... una buena razón para quedarme en la habitación, me dije a mi mismo no exento de humor negro. Salió igual como había entrado, sin dirigirme ni la palabra ni una mirada.

-Edward... quizá deberías salir a cazar- la suave voz de Esme sonó a mis espaldas, despertándome de mis cavilaciones. -Con el verano los animales están por todas partes y en un par de horas estarías de vuelta, como Alice y Jasper. Todavía no da signos de despertarse y es mejor que estés alimentado cuando lo haga. Te encontrarás más fuerte.

-Lo sé, Esme. Pero no me voy a ir de aquí. No puedo separarme de ella.

-Bebe entonces algo de la sangre que hay en la nevera. Carlisle conseguirá más pronto.

-No. Esa sangre es para ella-negué con terquedad.

-Está bien, hijo-suspiró.-Entonces nos marchamos Carlisle y yo. Volveremos pronto.

-Claro, mamá-murmuré, pero ya se había ido.

Me quedé allá sentado sin parar de contemplarla. Los cambios en su organismo eran lentos, pero iban apareciendo. Pronto su temperatura sería como la mía, nunca más la iba a notar cálida, pero ella tampoco me sentiría frío. Seguía oliendo deliciosamente bien, aunque de distinta forma que cuando era humana: su sangre ya no me llamaba, y había algo de paz en eso.

Escuché el sereno ritmo de su corazón. Este era fuerte y luchaba, pero el ritmo y la fuerza de su latido iban cediendo, de hora en hora, a la fuerza del veneno.

*º*º*º*º*º*

-¿Igual?-la voz de Carlisle llegó a sobresaltarme, tan atento estaba a cualquier mínimo cambio en Bella.

No lograba acostumbrarme al hecho de no escuchar mentes a mi alrededor, y Carlisle se movía muy silenciosamente.

-El corazón resiste y ya han pasado los tres días... ¿y si...? -no terminé, no podía. No quería verbalizar mi temor a que algo hubiera salido mal.

Observé cómo mi padre se sentaba en la cama y la miraba. Le alzó los párpados para observar las pupilas.

-Bella no estaba enferma cuando empezó la transformación. Ni muy debilitada. Lo normal en estos casos es que el humano esté casi muerto, sea como en vuestro caso cuando yo os transformé o sea porque el vampiro que lo transforma se ha bebido casi toda su sangre. En el caso de ella no ha sido así. Su cuerpo aún conservaba vitalidad. Está luchando, aunque no tiene nada que hacer. Es normal que a final del tercer día todavía no haya dejado de latir. No deberías preocuparte... por eso.

Obvié la inflexión de la voz de mi padre al decir la última palabra. No quería preocuparme por otras cosas, no ahora. La ansiedad de haber hecho algo mal era lo que no me dejaba tranquilo. Me atormentaba desde el momento en que la mordí, y a cada minuto que ella pasaba sin despertar más todavía. Y aunque todo estaba transcurriendo según lo que ya conocía, la lentitud del proceso era exasperante.

De pronto noté algo extraño en la habitación. Y sentí una tremenda confusión hasta que supe lo que era.

Su corazón. No se oía.

-Bella -murmuré.

En aquel momento toda la familia Cullen se situó dentro del gran dormitorio rodeando la cama donde ella reposaba, a la expectativa.

Hubo unos eternos minutos de silencio; ninguno de nosotros respiraba, aguardando.

-Bella-pronuncié por fin, sabiendo que ahora podía escucharme. Entrelacé una mano con la suya y con la otra acaricié suavemente su mejilla.-Cariño. ¿Me oyes? Abre los ojos. Estoy aquí, contigo. Estamos todos.

Bella entreabrió los párpados tentativamente y los volvió a cerrar rápidamente.

-Edward-susurró. Su mano se dirigió hacia su cuello y sus dedos abrazaron su pálida garganta -Tengo mucha, mucha sed.- su voz era quejumbrosa.

Qué estúpidos somos, pensé, deberíamos haberlo previsto. Miré a mi alrededor y Esme ya había desaparecido en dirección a la cocina.

-No te preocupes, amor. Es normal. Ahora Esme te traerá algo para beber- repuse, sin poder evitar un toque de desencanto al darme cuenta de que continuaba sin escuchar sus pensamientos. Aunque la verdad era que no podía esperar otra cosa.

-No... no es normal. Algo me pasa. Algo les pasa a mis ojos -articuló con dificultad.- Y te oigo extraño.

-Todo está bien, amor. ¿Qué es lo último que recuerdas?-pregunté con suavidad, acercándome a su rostro. Seguía empeñada en no abrir los ojos. Pasaron unos segundos hasta que respondió.

-Salí del Infantil. Iba a buscarte, para cenar juntos...Por favor, tengo mucha sed -sus dos manos se tocaron la garganta, comenzaba a estar ansiosa. Alcé los ojos y miré a Jasper, quien estaba inquieto.

Imaginaba que eso pasaría, con frecuencia los vampiros neonatos no recordaban los momentos previos a su transformación en el momento de despertar. Además Bella había sufrido un traumatismo craneal, lo que hacía más factible esta posibilidad. Pero tarde o temprano acabaría recordando.

Inspiré con profundidad, rogando porque las palabras pudieran salir de mi boca con el máximo cuidado posible.

-Verás, amor. Pasó algo... tu vida corría peligro-pude escuchar el levísimo bufido de Rosalie, a quien habría matado en ese mismo instante. Por un instante le dirigí una mirada asesina y tuvo la decencia de parecer arrepentida.- Tuve que transformarte -mi voz apenas fue un murmullo.

El pecho de Bella empezó a agitarse de forma preocupante. Percibí la tensión en todos los que estaban en la habitación, principalmente de Jasper, quien en el pasado había tratado con muchos vampiros neófitos. Todos conocíamos el poder físico de un vampiro recién convertido, además todos éramos vegetarianos y con la sangre humana que aún corría por sus venas Bella podía ponernos en un apuro muy grande si se descontrolaba.

Me acerqué más a ella, mi rostro a pocos centímetros del suyo, respirando su perfumado aliento, dejando que me percibiera cerca de ella.

Esperaba que eso la calmara.

Pero no sucedió así.

No imaginaba lo que pasó. En un rápido movimiento mi novia me colocó tumbado de espaldas sobre la cama mientras se sentaba sobre mí a horcajadas. Me miró confusa, como si su cuerpo hubiera reaccionado solo. Escuché un jadeo ahogado proveniente de los vampiros que nos rodeaban, percibí la tirantez de sus cuerpos, y mirando a Jasper, negué con la cabeza de forma casi imperceptible.

A pesar de conocer la fuerza que podía ejercer Bella en esas circunstancias, sentir la evidencia física de esa fuerza me impactó.

Para colmo y a pesar de lo complicado de la situación mi cuerpo tenía ideas propias: sentía el peso de Bella sobre mí, olía su aroma, su belleza me llenaba los ojos, y todo eso hizo que sintiera el inicio de una erección. Ella me observaba todavía aturdida, como si acabara de despertar de un sueño, y miró a su alrededor por primera vez, uno por uno, a todos los vampiros de mi familia. Su familia. Luego volvió sus ojos hacia mí y parpadeó varias veces, como si quisiera borrar unas lágrimas que jamás volverán a llenar sus ojos.

-¿Tan pronto?-fue lo único que acertó a musitar.

Su expresión de infinita tristeza casi me rompió el corazón, y mandó negros presentimientos a mi alma. Pero parecía que su mente aún se negaba a creer la evidencia, protegiéndola de alguna forma. Volvió a sujetarse el cuello con ambas manos. La sed debía ser abrasadora.

Carlisle aprovechó aquel momento de calma para acercarse más a ella y tenderle las manos con lentitud.

-Vamos... luego podemos hablar. Antes que nada tienes que beber. Ven -susurró.

Bella abrió mucho los ojos, captando por fin el significado, el espíritu, el sentido de su sed, de la situación.

-No... no puedo-negó con la cabeza y siguió apretando su garganta, como si así encontrara algún alivio.

Esme le pasó el vaso lleno de sangre a Carlisle, y este lo puso ante ella, ofreciéndoselo. Bella lo contempló fascinada, como si se tratara de una rara joya.

-Bella... te encontrarás mucho mejor. Créeme. Es de animal -puntualizó al reparar en su recelosa expresión.

Ella inspiró con fuerza, cerró los párpados y su cara se contrajo en un rictus de dolor. Su cuerpo se tensó; le pedía la sangre como le pedía el aire cuando aún respiraba. No podría resistirse durante mucho más tiempo.

Pasados unos segundos se relajó por completo y dejó caer los hombros. Se había dado por vencida.

-Está bien -su voz dejó de susurrar y su tonalidad hizo que mi vello se erizara como si escuchara una composición especialmente emotiva.

Sin moverse de encima de mí tendió la mano y tomó el vaso de manos de Carlisle. Contemplé hipnotizado la elegancia de sus movimientos. Se lo acercó a los labios con lentitud pero sin vacilación y dio un tentativo sorbo, cerrando los párpados. Su cara se contrajo en un gesto de placer tan agudo que en absoluto ayudó a que mi entrepierna se relajara. Apuró el contenido en un instante y devolvió el vaso a mi padre, relamiéndose los labios de una forma increíblemente sensual, su mirada clavada en la mía, sin abandonarla un solo instante.

Tragué en seco y apreté los puños, utilizando todo mi autocontrol para contener mis ansias por desgarrarle aquel camisón y hundirme dentro de ella, sin importarme que mi familia estuviera alrededor. En la posición en que estaba para ella debía ser más que evidente mi excitación, que amenazaba cada vez más con romper la tela de mis pantalones.

-¿Puedo...otro? -preguntó vacilante sin dejar de atravesarme con sus rojizos iris. Yo asentí y al instante Esme le tendió un segundo vaso lleno de sangre.

Esta vez lo apuró por completo sin ninguna vacilación, su mirada y la mía entrecruzadas, enlazadas, sin que nada ni nadie pudiera separarlas.

Excepto quizás la verdad sobre sus últimos momentos de vida.

Devolvió el vaso a Esme sin separar sus ojos de los míos y de repente su mirada se hizo menos penetrante, menos alerta, y desprendió calor, necesidad, ternura.

-Vámonos de aquí- perdido en aquellos ojos, escuché a mi padre como en la lejanía. -Es evidente que sobramos.

-Carlisle, no es buena idea- escuché la nerviosa voz de Jasper.

-Hazle caso a mi intuición, Jasper-susurró Alice.-No es violencia lo que se respira en el aire de esta habitación.

-Si no salimos nosotros nos sacarán ellos-fue el comentario de Emmet antes de desaparecer por la puerta.

Estábamos solos.

Sin variar su postura a horcajadas las manos de Bella se movieron de forma rápida y sujetaron mis brazos sobre mi cabeza sin que yo pudiera hacer nada para impedirlo. Se inclinó sobre mí, acercando su rostro al mío. Me hipnotizó el color rubí de sus iris y percibí cada ínfimo cambio en su fulgor, cada leve variación en su expresión. Y en aquel momento Bella me estaba transmitiendo una intensa necesidad de mí.

Pero no era el momento y yo me había prometido algo: no quería hacer el amor con ella hasta que no supiera en qué circunstancias había sucedido su transformación. Y si ella no lo recordaba, se lo tendría que explicar yo.

-Bella... no. Antes quiero explicarte algo -dije con suavidad, perdiéndome en la intensidad de su mirada.

-Edward... te necesito. Quiero sentirte, quiero unirme a ti...

-Bella, yo...- ella puso dos de sus dedos sobre mis labios, silenciándome. Su necesidad iba en aumento, y yo podía sentir el urgente deseo irradiado desde cada poro de su piel.

-Tengo miedo. Por favor... sólo tú puedes ayudarme -su cara estaba a escasos centímetros de la mía, su aliento me acariciaba y su perfume me intoxicaba.

Esa cercanía, su voz suplicante, la tristeza que dejaban entrever sus palabras y el febril deseo que transpiraba todo su cuerpo... hicieron que mi determinación comenzara a flaquear. Entonces sus labios se acercaron a los míos y mordió suavemente mi labio inferior. Gemí, sintiendo el fuego desatarse por completo, arrasando a su paso mi débil autocontrol, y con él cualquier rastro de pensamiento, idea, o conciencia. Abrí la boca, invitándola a besarme, cosa que ella no tardó en hacer. Introdujo su lengua dulce y acariciante entre mis labios y entabló una batalla por el control con la mía. Su sabor era tan adictivo como siempre había sido. Nos escuché gemir y jadear e intenté soltarme de su agarre... mis manos ardían en deseos de acariciarla, pero ella tenía otras intenciones. Era más fuerte que yo, y no me permitió liberarme.

-No, cariño... no ahora-sonrió contra mi boca.

Me sentí frustrado por la inmovilidad a la que me veía forzado y aún más excitado, si eso era posible. Mientras me besaba, su mano libre se dirigió a mi camiseta y escuché un ruido de ropa desgarrada. Sentí el tacto de sus dedos directamente sobre mi piel. Me acariciaba con voracidad, y su roce era excitante, activando cada célula de mi piel mientras su lengua poseía mi boca por completo. Sus caricias fueron descendiendo, encendiendo cada parte de mi cuerpo a su paso, hasta llegar a mi pantalón. Jadeé cuando sentí su mano acariciarme justo donde mi cuerpo más lo exigía. En un instante había liberado mi erección de su cárcel y comenzó a masajearme con un ritmo rápido. Si seguía así me correría en su mano, me estaba enloqueciendo de placer, pero yo moría por poder tocarla.

-Bella... suéltame -dije en sus labios. Ella dibujó una lenta sonrisa.

-No... no imaginas cuánto estoy disfrutando esto -alzó su mirada para encontrarse con la mía y jadeé al ver la intensa lujuria que centelleaba en sus ojos.- Déjate ir. Córrete para mí, amor -ronroneó.

Lamió mis labios y después recorrió mi mandíbula con su lengua, besándome, encendiendo la piel a su paso. Siguió por mi cuello y el lóbulo de la oreja, que comenzó a mordisquear, torturándome.

-Quiero acariciarte-balbuceé casi sin voz.

Sentía la tensión en mi vientre, preparándome para la liberación. Su única respuesta fue morder mi cuello y aumentar su presión en mi pene. No pude más.

-¡Bella!-grité con fuerza mientras la explosión de placer me sacudía violentamente.

-Me encanta que grites mi nombre mientras te corres, amor- susurró en mi oído con voz sensual.-Veremos cuánto tardas en estar listo para el siguiente. Por lo que recuerdo, poco tiempo.

Sabía que Bella estaba experimentando uno de los efectos inmediatos de la transformación... el deseo de sangre se había calmado, dejando paso al deseo sexual. Mi amante parecía disfrutar mucho de su nueva posición dominante y seguía sin soltarme.

Pero no. No estaba dispuesto a eso. Ella tenía más fuerza, pero aún no controlaba los movimientos de su cuerpo como yo.

-Suéltame-siseé.

-No-ronroneó.

Entreabrió los labios y pasó por ellos la punta de su sonrosada lengua, humedeciéndolos. La lujuria volvió a encenderse dentro de mí, y las llamaradas de deseo me envolvieron por completo en un instante.

-Tú lo has querido-dije en el mismo tono que ella, sonriendo malicioso.

Aproveché que ella concentraba su fuerza sobre mis muñecas y arqueé todo mi cuerpo con un movimiento rápido; en un acto reflejo me soltó por un segundo para recuperar el equilibrio, entonces la sujeté antes de que reaccionara y me moví, saltando encima de ella. Pero no pude sujetar sus dos manos con una mía como ella había hecho conmigo antes. Mantuve sus brazos inmovilizados por las muñecas a ambos lados de su cara y apoyé todo mi peso sobre ella para ayudarme. Sabía que ya no le haría daño, y por lo menos eso era un alivio.

-He dicho que quería tocarte-gruñí con voz ronca, apretándome contra ella.

Gimió con fuerza al sentir de nuevo mi erección y por un breve momento me pregunté cuánto duraría esa fase, si es que lo era, o si mi sonrojada Bella iba a transformarse en una criatura sexualmente insaciable para toda la eternidad.

-No podrás mientras me sujetes las manos-se retorció para soltarse sin conseguirlo y entonces se mordió el labio inferior, mirándome con provocación.

-Oh... pero yo puedo hacer muchas cosas sin usar las manos, cariño -murmuré sin dejar de mirarla, pasándome la punta de la lengua por los dientes. Sentí el leve estremecimiento de su cuerpo al escucharme.

Me incliné y comencé a mordisquearle el cuello, las clavículas, y me recoloqué sobre su cuerpo para alcanzar sus pechos. Mordí la tela del camisón, desgarrándola y liberando sus pechos llenos. Anhelaba saborear uno de sus pezones y lo introduje en mi boca, succionando y lamiendo, disfrutando de la música de sus suspiros. Mi lengua se movió sobre su hipersensible y deliciosa piel a una velocidad que sólo un vampiro podía conseguir. Sabía que así la enloquecía y ahora que era vampira eso no había cambiado. A la inversa, su sensibilidad era mucho más pronunciada y podía disfrutar aún más de cada una de mis caricias. Se arqueó contra mí y gimió con fuerza, y con más intensidad aún cuando me dirigí al otro pecho. No tardó mucho en retorcerse de placer hasta que rugió por la fuerza de su orgasmo. Su energía se debilitó durante unos segundos y pude inmovilizarla con una de mis manos, sin dejar de acariciar la rosada piel de su pezón.

Por fin. Mi mano libre terminó de liberarla de la tela de su camisón, desgarré sus braguitas y me senté de nuevo sobre ella para contemplarla. Su belleza me dejó sin habla y mi cuerpo ardía anhelando unirse a ella. Ahora que era vampira podría hacerle el amor durante horas. No necesitaba controlarme más. Me arranqué la ropa con una sola mano mientras ella me miraba expectante, jadeando, el deseo de nuevo dibujado en cada uno de sus gestos.

-Bella... Bella. Te necesito tanto que se me hace insoportable... podría pasar la eternidad dentro de ti -murmuré en su oído al tiempo que me hundía en ella profundamente de una sola vez, sin temor a herirla, liberando toda mi fuerza.

Se arqueó gritando mi nombre y la embestí una y otra vez, más fuerte, más profundo, mientras repartía besos húmedos por toda su cara y devoraba su boca, bebiéndome cada uno de sus lamentos.

-Suéltame. Quiero tocarte y abrazarte-gimió entrecortadamente.

-Tú no has accedido a mis súplicas. ¿Por qué tendría yo que hacerlo?-murmuré mientras besaba y mordía su cuello, sin ceder un ápice en el fuerte ritmo con que la penetraba. Sus gritos y jadeos no hacían sino estimularme más aún.

-Porque lo necesito-pronunció casi entre sollozos, y la solté de inmediato.

Se aferró a mi espalda y a mi cuello, me rodeó con sus piernas con fuerza, enroscándose a mí como si se estuviera ahogando y yo fuera su tabla salvadora. La miré a los ojos, que brillaban de pasión y entrega.

-Te amo, Bella-susurré sin dejar de sumergirme en ella.

-Y yo a ti, Edward...-entonces se arqueó contra mí y gritó de nuevo mientras se sacudía violentamente, su expresión de completa entrega.

La besé con pasión mientras sentía su interior estrecharse y me dejé llevar por el placer que me atravesó el cuerpo, envolviéndome, elevándome y arrastrándome como un torbellino, hasta que me depositó con suavidad entre sus brazos.


¿Qué pasará cuando Bella recuerde... si es que lo hace? ¿Me odiáis o todo lo contrario por este capítulo? Bueno, yo os quiero. El lunes, más respuestas. Besos a todas.