Buenos días, chicas. ¡Feliz agosto! Veo que muchas estáis de vacaciones, espero que os relajéis y lo paséis bien.

Quería deciros que yo también estoy estos días de vacaciones (aunque las haga en casa), pero voy a seguir publicando todo el mes. Sólo haré una excepción, porque también necesito desconectar aunque me encante escribir y leeros... veo que lo necesito. Seguramente a final de mes una semana sólo colgaré un capítulo en vez de dos, pero ya os lo avisaré.

Gracias a Maria José por comentarme el capítulo a pesar de su poco tiempo y a Pegn por comentármelo hasta por sms (por cierto, usé una de tus frases, profe).

Comentarios del 46:

yamira hrdz, no me olvido de Jake, tranquila.

Yoli Cullen, sí, en esto del sexo los vampis dan mucho de sí, jejje.

dAnii. Cullen-Tsukino, gracias por tus palabras. Sí, menudo sufrimiento iba a tener Ed...una Bella lujuriosa.

anabel 94, gracias.

lizco2, bienvenida!

bellaliz, se acordará de Daniel, te lo aseguro.

I love Edward, "porque Bella va a recordar a Daniel y todo eso y va a queres respuestas y la verdad yo tambien XD." Las tendrás en este...

Kisara Mansen, no, no he leído Medianoche, pero ya dije que lo que hice aquí fue usar el concepto de vínculo de sangre de True Blood adaptado... todas las sagas de vampiros se parecen. También quiero leerme "La hermandad de la daga negra", pero no tengo tiempo.

MarilizzieCullen13, ya te contesté al comentario por mp. Me gusta que pienses eso, ya te lo dije.

Anaidam... como siempre me haces reír..."¡y encima a ALice se le ocurre ponerle un camisón negro!, si todavía le hubiera puesto un mono azul de la obra, otro gallo nos habría cantado" "que lastimica me da que Bella tenga que recordar...¡que Ememt le borre la memoria en un descuido de su escudo!" XDDD!

Gine, espero seguir sorprendiéndote.

Luisamarie22, bienvenida y muchísimas gracias por tus palabras. Un beso para ti también.

Gracias también a v. cullen, nohemi, yeraldin23, SalyLuna, PRIGSPE, Nurymisu, CindyLis, alexpattinson, por vuestros comentarios.


Capítulo 47

BPOV

Edward y yo hicimos el amor de forma increíble durante horas, perdiendo por completo la noción del tiempo. No me saciaba de sus caricias, y mi cuerpo, incansable, sólo pedía más y más de él. No quería pensar, volver a sentir la sensación de desolación que había tenido al despertar de ese sueño tan profundo. Sólo anhelaba sentir... sentirle a él.

Había descubierto que la suave voz de Edward tenía una increíble riqueza de matices. Su aroma me hechizaba como jamás lo había hecho, y podría estar días recorriendo la textura de su piel con mis manos, mis labios y mi lengua, deleitándome en ello, infatigable. Su belleza ya no tenía aquel matiz sobrenatural, ahora era tan real y poderosa como el tacto de sus manos sobre mi cuerpo. Era como si lo viera por primera vez, como si una fina gasa que lo cubriese hubiese sido rasgada. El brillo de sus ojos, la gama de dorados en la tonalidad de sus iris, sus labios perfectamente esculpidos... eran aún más hipnóticos que antes. Y mi piel... era más sensible, más receptiva a sus caricias y el más leve de sus roces podía conseguir que mi cuerpo temblara, y hacerme arder de pasión. Todo parecía nuevo y era más excitante, más embriagador de lo que jamás había sido.

La mañana nos encontró con los cuerpos entrelazados sobre el suelo de la habitación. A través de la ventana el cielo tenía una tonalidad gris acerada.

-¿Dónde estamos?-por primera vez en muchas horas comencé a ser consciente de mi entorno.

-En Alaska- susurró contra la piel de mi cuello. Capté un matiz aprensivo y una ligera tensión en sus músculos.

-¿Alaska? ¿Por qué Alaska?-me incorporé a medias, apoyándome en uno de mis antebrazos y observándolo atentamente.

-Tenemos casa aquí-curvó levemente una comisura.-Y es un lugar tranquilo, sin humanos en muchos, muchos kilómetros a la redonda- me acarició la boca suavemente con su dedo índice.

No se me escapó el significado de lo que Edward acababa de pronunciar. Humanos. Era importante que no hubiera humanos.

Porque yo ya no lo era.

De pronto el miedo que me había atenazado al despertar y que él había ahuyentado durante unas horas volvió a poseerme.

-Eh... –tomó mi cara entre sus manos con suavidad y me miró con dulzura- Todo saldrá bien. Es normal el miedo, al principio. Pero pasará, Bella.

Su voz conseguía sedarme por completo. Se incorporó de un salto y me tendió la mano.

-Ven a la ducha... conmigo-me sonrió entornando los ojos.

Tomé su mano y me incorporé de un salto como él, disfrutando de la nueva flexibilidad de mi cuerpo.

-¿No te cansas nunca?-alcé una ceja, divertida.

-Cuando tú lo hagas-sonrió.

-Tocada-repuse, y me lancé a devorar su boca.

Sin separarse de mis labios me subió a su cuerpo, y enredé mis piernas alrededor de sus caderas, sintiendo de nuevo la irrefrenable necesidad de sentir su cuerpo conectado con el mío. De esta forma entramos en el baño.

Y entonces fue cuando la vi.

Una hermosa criatura me miraba, los ojos como brillantes rubíes, el lustroso cabello cayendo en suaves ondas sobre sus brazos, los labios llenos y sensuales, y el cuerpo de formas perfectas... grité fuerte por la sorpresa y el terror, y más fuerte aún cuando me di cuenta de que la aparición también gritaba.

Esa aparición era yo.

Edward me abrazó con fuerza y apartó mi cabeza hacia otro lado, desviando mi mirada del espejo.

-Lo siento... qué torpe he sido -me abrazaba fuerte mientras me mecía, intentando calmarme.

Mis gritos fueron cediendo paso a unos hipidos que convulsionaron mi cuerpo. Me rocé la cara con los dedos esperando encontrar lágrimas, pero mi piel estaba seca. Eso me desesperó. Quería llorar, necesitaba hacerlo.

-Edward... no... no me reconozco. No soy yo -conseguí pronunciar, tocándome la cara.

-Sí, eres tú, cariño. Sigues siendo tú, la Bella de quien me enamoré. Siempre serás tú. Y tu físico no ha variado tanto... lo de los ojos cambiará en unos pocos días, cuando tu sangre humana termine de consumirse. Después no te verás tan extraña, te acostumbrarás en seguida. Te lo prometo.

De nuevo su cercanía, su voz, tuvieron un efecto sedante. Mi cuerpo se fue relajando y amoldándose a su abrazo.

-Edward... ¿cómo fue?-musité sobre su pecho.

Esta vez su respuesta fue un silencio absoluto durante unos segundos. Volví a sentir la tensión de su cuerpo. Me separé de él lo suficiente como para verle la cara. Su expresión era alerta, y en el fondo de sus ojos había una sombra de tristeza.

-No recuerdas...-dudó por un instante- ¿no recuerdas nada?

-No- negué con la cabeza, mirándolo atentamente. Su actitud me decía que no me iba a gustar lo que iba a oír.

-Ibas a buscarme al hospital. Habíamos quedado para cenar -hizo una pausa, estudiando mis reacciones.

-Sí, eso lo recuerdo. Aparqué el coche en el parking cerca del hospital. Pero luego todo está oscuro.

-JT te estaba siguiendo-hizo una breve pausa, parecía que le costaba mucho encontrar las palabras adecuadas.-Te atropelló cuando cruzabas la calle, cerca del hospital.

-¿Qué?-mis ojos y boca se abrieron desmesuradamente.

-Huyó, pero Jasper y Alice la atraparon. Tú quedaste allá tendida, en la calzada, desangrándote.

Era incapaz de pronunciar palabra. Las palabras de Edward iban penetrando en mi conciencia, abriendo caminos que hasta el momento estaban bloqueados.

-Entonces te oí llamarme -hizo una pausa sin dejar de observarme atentamente.- En mi mente -aclaró.

De repente un rayo atravesó mi conciencia y arrojó luz en ella. Las imágenes y sonidos vinieron una tras otra a mi conciencia, como flashes iluminando la oscuridad existente.

-Te pedí que no lo hicieras-susurré en tono apenas audible, mirándolo con incredulidad.

-Lo sé. Pero no pude no hacerlo-repuso en el mismo tono que yo.

-¿No pudiste? – En un instante me situé a varios metros de él.- No pudiste -repetí, negando con la cabeza mientras iba asimilando toda la información que volvía a mi mente.

Lo miraba horrorizada, como si de pronto no le conociera. Como si el Edward que tenía en mi corazón no tuviera nada que ver con este, con el real, y yo hubiera estado viviendo en una fantasía.

-Bella... no puedes imaginar lo que fue verte allá... tenías hemorragias internas. Podías haber entrado en shock irreversible. No podía permitirlo.

-No podías permitirlo-repetí de nuevo como un eco, mirándolo de hito en hito.

Mi respiración comenzó a acelerarse. Instintivamente me llevé la mano al pecho, pero mi mano no detectó ningún latido. Nada. Quizá fue eso lo que desencadenó mi ataque de ira. Miré la habitación donde habíamos compartido tantas horas de amor y de repente la odié. Y le odié a él. Confiaba en él, y me había traicionado.

Deseando descargar mi rabia en algún sitio golpeé el cabecero de la cama y me sorprendió que se partiera en dos.

Edward me miraba con una mezcla de angustia y tristeza en sus ojos, y a pesar de eso conservaba la expresión serena. Como si mi reacción no fuera una sorpresa para él.

-¿Fue por ese puto vínculo de sangre?-inquirí con rabia.- No debí pedirte que bebieras de mí. Jamás - siseé.

-No... no creo que fuera el vínculo, Bella. Supe lo que hacía en todo momento. No hubo pérdida de control.

-Entonces no tenemos nada más de que hablar... ¿no crees? ¿En qué pensabas cuando tomaste esa decisión por mí?-le miré con odio y él me devolvió una mirada cargada de ternura que me hizo enfurecerme más aún, porque dentro de mí sentía que él podía hacer que mi ira se esfumara con un solo gesto.- ¡Fuiste un egoísta!-grité.

-Lo sé. Siempre lo he sido. Debí haberme apartado de ti, pero no pude. No puedo vivir en un mundo donde tú no existas, Bella. Sabía que me arriesgaba a tu ira, a que me odiaras, pero prefería eso a perderte para siempre.

-Pues lo has hecho, Edward-apreté los dientes.-Me has perdido.

Apreté los puños, deseando descargarlos de nuevo contra algo o alguien. Jamás en mi vida había sentido tanta ira concentrada. A mi pesar me estaba afectando la expresión de Edward pero no iba a permitirlo. Aparté los ojos de él y miré hacia abajo, a mi perfecto e irreconocible cuerpo. Me sentí vulnerable, desnuda frente a él, como si no hubiéramos compartido tanta intimidad como era posible entre un hombre y una mujer.

Porque para mí ese ya no era el hombre al que creía amar, sino un extraño. Porque aquel hombre, en quien confiaba, no habría hecho eso. No habría desoído mi súplica, ni habría violado mi voluntad.

Quité la sábana de la cama y cubrí mi desnudez con ella. Estaba furiosa, desesperada, y no sabía qué hacer. Golpeé la pared con el puño cerrado y por los aires saltaron varios pedazos de ladrillo.

De pronto escuché movimiento fuera de la casa.

-Marchaos -gruñí.-No voy a hacerle daño. Yo jamás le haría daño.

-No empeoréis la situación-ordenó Edward a los Cullen. Yo sabía que estaban fuera, todos ellos. Mi arranque de furia les había alertado. Pero también estaba segura de que esa ira no se iba a descontrolar.- Bella... –continuó Edward- yo... no te voy a decir que lo lamento, porque no es así. Lamento que estés sufriendo, sí, pero... volvería a hacerlo si me viera en la misma situación- explicó firmemente, clavándome sus iris.-Estabas conmocionada, sangrando, muy grave, cerca de caer shock. Podías haber muerto. No me hables de probabilidades... simplemente, eran muchas más de las que podía tolerar.

-Y decidiste por mí. ¿Va a ser así toda la eternidad, Edward? ¿Es eso? Confiésalo: ¿No te ha venido muy bien esto? No podías perder la oportunidad que se te brindaba... se acabaron las dudas de la pobre Bella.

Mis palabras destilaban rabia y veneno, y conseguí lo que quería. Yo estaba destrozada y él parecía tan sereno... hasta ese momento.

-¿Cómo puedes decir eso? Bella, me conoces...- me miró con horror, desapareciendo la máscara de serenidad.

-No, eso creía, pero no, no te conozco-negué con la cabeza.

-Bella... me dijiste que lo harías... que algún día te transformarías en lo que eres ahora. Te creí-dijo con dolor.

-¡No! ¡No todavía! ¡Eso lo sabías! ¿Qué va a ser de mis padres? ¡Van a sufrir por mí! ¿Y Angela, Daniel? Me has robado el futuro, Edward... ¡Maldito seas! -rugí porque por fin había llegado al núcleo de mi dolor.

Ni tan sólo había podido despedirme de mis padres, de Angela... y Daniel se quedaría esperando en el orfanato a que alguien lo adoptara, lo acogiera o encontraran a su padre. La pena se apoderó de mí con tanta intensidad que no pude soportar su peso. Abatida, caí al suelo de rodillas, mis manos tapando mi cara y deseando desesperadamente poder desahogarme con llanto.

-¿Recuerdas que me dijiste que sólo desaparecerías de mi vida si yo te lo pedía? Quiero que lo hagas, Edward. No quiero verte más.

No necesité mirar para saber que Edward ya no estaba en la habitación. Sentí como si las paredes se echaran encima de mí.

Un brazo se tendió sobre mis hombros y percibí el olor de Rosalie.

-No te atormentes-su voz musical era un suave murmullo.- Ahora todo parece peor. Es un golpe terrible despertar y encontrar que tu vida ha dado un giro de 180 grados. Pero no ayuda darle tantas vueltas. No ahora...-me ayudó a incorporarme.- Ven.

Envuelta en las sábanas que todavía retenían el aroma de nuestros cuerpos me alejé de aquella habitación, sujeta firmemente por el apoyo de mi amiga. Los demás Cullen, que se encontraban a las puertas del dormitorio, se apartaron para dejarnos paso.

*º*º*º*º*º*

-Tienes que beber, Bella.

La voz de Carlisle me llegaba como desde la lejanía. Sentada en el porche de la gran casa que los Cullen tenían en Denali miraba al bosque, disfrutando de poder apreciar todos los tonos de verde que aquél poseía. La noche ya no era oscuridad y grises, sino tan sólo un cambio en los matices de los colores. Y el lento amanecer iba transformando esos matices en otros distintos, hipnotizándome con la danza de pigmentos.

No contesté. No tenía energía para ello. Sabía que estaba siendo grosera, que Carlisle y toda la familia Cullen estaban preocupados por mí, pero ni siquiera tenía energía para que eso me agobiara.

-Bella, llevas días aquí sentada, sin moverte -la voz del jefe de los Cullen sonó severa, pero no me importaba.- Tienes que reaccionar.

¿Días? ¿En serio? Había contemplado embelesada el bosque desde hacía lo que me parecían horas. ¿Días? ¿Y para qué quería hacerme reaccionar? ¿Por qué? Me encontraba bien así. ¿Para qué iba a cambiar de sitio?

-Está bien, Bella. Basta ya.

Me molestó la seca voz de Jasper. Estaba escuchando el canto de un pájaro en la lejanía y no me dejaba hacerlo. Me concentré en el sonido del ave, en el del agua corriente del río que sabía cercano, e inspiré con profundidad, llenándome del fresco aire.

Pero no iban a dejarme en paz. Jodidos vampiros.

-Bella, ¿es que quieres dejarte morir?-ahora escuchaba la voz de Rosalie. Parecía angustiada.

Intenté centrarme en el sonido del agua. Era muy relajante. No quería nada. Eso era lo que no entendían.

-Marchaos todos y dejadme con ella-escuché la voz del rubio vampiro. Por fin me iban a dejar tranquila, por lo menos unos cuantos.

Algo tapó la vista de la que disfrutaba. Olía de maravilla y los músculos de mi garganta se tensaron. Ya hacía horas, no sabía cuántas, o quizá eran días, que me ardía la garganta hasta el punto de dolerme. Pero me daba igual. Decidí no respirar y cerrar los ojos.

Ojalá pudiera dormir.

-Bella, he estado investigando en el caso de Daniel- abrí los ojos al escuchar ese nombre. - ¿Recuerdas que tramitaste el expediente para su acogida?- no contesté pero prosiguió.- Lo denegaron aludiendo a tu escaso tiempo libre cuando eras residente... y yo me he encargado de tramitar otro a nombre de Elizabeth Witlock, mi nueva hermana. Espero que no te haya importado-comentó, neutral.

Inspiré profundamente y el delicioso olor me llenó los pulmones. Daniel... ¿qué importaba si me daban la acogida, si no podía estar cerca de él sin desear beberme su sangre? No. Jamás lo pondría en peligro.

-Isabella Swan, sinceramente, eres una mujer muy tozuda- sin desviar la mirada del bosque vi que Jasper se sentaba a mi lado en las escaleras del porche y depositaba una copa de sangre entre nosotros dos. – Pero vas a tener que escucharme, o eso o me obligas a callar, y te aseguro que no te va a ser fácil.-Hizo una pausa y continuó al ver que mi mutismo persistía.- Tienes dos opciones, o quedarte aquí en plan catatónico y dejarte morir de sed, o empezar a aceptar lo que eres. ¿Dejaste cosas pendientes de hacer en tu vida humana? Bien, intenta solucionarlas -su voz sonaba serena y firme.

-¿A qué te refieres?-mi voz sonó ronca e irreconocible, y el mínimo movimiento de mi garganta me despertó una dolorosa punzada.

-Ah, ah. Antes de hablar hay que beber- negó con la cabeza y me acercó la copa, empujándola con suavidad hacia mí.

Por primera vez en días ladeé mi cabeza y enfoqué la vista en un punto cercano. La copa era preciosa, parecía de cristal de Murano, y estaba llena a rebosar del apetecible líquido carmesí. Vacilé y alzando un poco los ojos los clavé en los del rubio vampiro, que me dirigió su sonrisa más tranquilizadora, asintiendo.

Alcé la copa y la llevé a mis labios. Probé un sorbo y me supo a manjar exquisito. Apuré el contenido hasta la última gota. En esos escasos segundos Jasper había desaparecido y aparecido de nuevo, trayéndome otra copa llena del líquido vital, que apuré también casi al instante.

Me sentí físicamente bien por primera vez en días, y dispuesta a escuchar lo que Jasper quisiera decirme. Lo miré con intención cuando le entregué la segunda copa completamente vacía.

-Bella... no me andaré con rodeos. Supongo que Edward -su sola mención hizo que sintiera una punzada en mi pecho, pero la ignoré con todas mis fuerzas- te explicó algo sobre mi conversión, y a lo que me dedicaba los primeros años después de esta.-Asentí y prosiguió.-He conocido muchos vampiros neófitos. Yo era el encargado de entrenarlos para las guerras de vampiros en el Sur, y una de las cosas que hacía primero era llevarlos a beber sangre humana. Porque cuando un vampiro la prueba, es como para el humano que prueba una potente droga... cuesta mucho dejarlo, y se hace más insoportable vivir sin ella. Puede conseguirse, pero hacen falta años para eso. Tú no has bebido sangre humana, y eso ya es una ventaja. Y también te puedo decir que la transformación no nos afecta a todos por igual. No todos los nuevos demuestran la misma atracción por la sangre. No sabemos cómo reaccionarás tú... hasta que no te muevas y salgas de aquí.

-¿Quieres decir que quizá pueda convivir con humanos antes de que pasen años?-pregunté con esperanza. Él me miró cauteloso.

-No quiero darte falsas esperanzas. Quiero decir que es posible. Pero hay que verlo, y aquí encerrada eso no podrá ser.

-¿Y podría ver a mis padres? ¿A Angela? -me seguía sonando extraña mi propia voz. Claro que también había cambiado mi capacidad auditiva, y ahora apreciaba toda la riqueza de tonos de las voces de los Cullen.

Jasper suspiró.

- Eso lo tendrás que decidir tú. En el caso de que pudieras verlos sin sufrir excesivamente por la sed... piensa que tu aspecto es ahora diferente y tendrás que darles alguna explicación. En cualquier caso sólo te pediría que no nos pusieras en peligro a los demás.

-¿Cómo lo hicisteis los demás? Quiero decir... Rosalie, tú, Alice... ¿os despedisteis de vuestros seres queridos?- Él rió con amargura.

-A mí no se me permitió... A Alice su familia la despreció por loca, el padre de Carlisle le habría dado caza sin dudarlo, Edward estaba solo en el mundo y Emmet y Rosalie... no pudieron despedirse. Su sed de sangre sí duró años y temían hacer daño a sus seres queridos -eso hizo que me deprimiera de nuevo, pero él no dejó que me hundiera de nuevo en el estado vegetativo previo.

-Bella... ¿no te das cuenta? Todo ha sido distinto en tu caso, ¿no lo ves? Desde incluso antes de tu transformación. Quizá esto también lo sea. Además, no serías la primera vampira neófita que conozco con autocontrol. Si no no te habría dado esperanzas. Pero debes intentarlo.

-Y si... ¿y si no es así?-tuve miedo de esperanzarme para luego caer en un abismo más profundo aún.- ¿Y si tengo las ansias de una sanguinaria asesina?-temblé sólo de imaginar el peligro que podía correr cualquier humano, y más aún un ser querido, a mi lado.

-Si no es así... habrá valido la pena correr el riesgo para sacarte de tu estado comatoso previo. Todo saldrá bien, Bella- me aseguró con un optimismo contagioso.

Suspiré. Era imposible no sentirme animada después de escucharle. Y valía la pena, o eso quería creer.


Lo siento, chicas, ha sido duro, pero... ¿de veras esperabais una reacción distinta o sólo la deseabais? Creo que esta Bella ha demostrado tener bastante genio, y ahora está muy, muy, muy enfadada.

Bien... si sigo teniendo lectoras, nos leemos el jueves. Un beso a todas y no olvidéis que me gustan los finales felices.