Buenas noches, chicas. Sé que es domingo, que en teoría actualizo lunes y jueves, y que me salto eso a la torera hace semanas, pero bueno... digamos que actualizo domingo o lunes, y miércoles o jueves, ¿ok? Mañana ya empiezo a trabajar tras dos semanas de vacaciones y dudo que tenga tiempo de entrar a colgar el capi.

Hoy no me da tiempo de contestar los comentarios, pero os los agradezco todos y cada uno de ellos: vuestras ideas, opiniones, elucubraciones y demás. Me gusta saber qué opináis. Sé que muchas echáis de menos a Edward... NO lo voy a hacer largo, pero es la historia, y no se va a arreglar enseguida. Además hay un EPOV en este capi y otro en el siguiente. E insisto en que Bella no encontrará a otro. Eso para mí no sería final feliz...¿no?

Bienvenida Berta. Ely Cullen M, ya te pusiste al día ;-)

Este capítulo viene con música, le podéis dar al play cuando empiece el EPOV. El título es "Who wants to live forever" (quién quiere vivir para siempre). Si habéis visto la película "Los inmortales", forma parte de su BSO, y es de Queen. Cuando lo leáis pensad que he puesto recuerdos de Edward (en cursiva) intercalados con fragmentos de la canción (la he traducido yo, disculpad si hay errores). Espero que se entienda.

www(.)youtube(.)com/watch?v=e9tKR65mlE8&feature=player_embedded

Gracias Anaidam y Maria José por vuestras opiniones. Y especialmente gracias a YoliCullen: eres la musa del EPOV, me diste la música e inspiraste esa parte del capítulo, ¡un beso bien grande!


Capítulo 49

BPOV

-Debes estar de broma-dije mirando fijamente al lejano monorraíl, uno de los medios de transporte más populares de Seattle.

-¿Tengo cara de eso?-Jasper se cruzó de brazos enfrente de mí, mirándome serio.

-Vamos, Bella, estamos contigo. No va a pasar nada -la musical voz de Alice sonó a mi lado, usando un tono más sereno del que me tenía acostumbrada.

-Sería más fácil si levantaras tu escudo. Podría calmarte en un instante.

-Ja, bastante tengo con concentrarme en mantener mi fuerza de voluntad como para esforzarme en levantar el jodido escudo- gruñí, clavando los ojos en el rubio vampiro, quien contuvo una sonrisa.

-Bella, ya hemos hecho varias pruebas y has demostrado que puedes estar cerca de humanos sin hacer ninguna masacre-repuso.

-Lo sé, lo sé- respondí con exasperación.-¡Pero hasta ahora no me había metido en medio de una concentración de humanos en hora punta y sin ventilación!

-No es más difícil que lo que has hecho hasta ahora-Alice se colocó al lado de su pareja y me tomó firmemente las manos.-Vamos. Levanta el escudo un momento.

Eleazar tenía razón. En pocos días aprendí a usar mi don, descubriendo que podía activarlo a voluntad y de forma individual, protegiéndome así sólo de quien yo lo deseara. Aunque de momento eso aún me suponía un esfuerzo considerable. Quizá con el tiempo lo dominara más pero ahora lo más cómodo para mí era tenerlo activado de forma continua.

Hice caso a la petición de Alice e inmediatamente vi en sus ojos aquella mirada vacía que yo ya conocía. Sólo duró unos cuantos segundos.

-Sólo he visto un agradable viaje y... espera -miró hacia arriba, como intentando recordar, abrió los ojos como platos- ¿Qué es eso? ¿Titulares en la prensa? Ah, no, es el pronóstico del tiempo. Esta tarde habrá tormenta.

-A veces te odio-estreché los ojos y fruncí los labios.-No sé cómo puedes bromear con esas cosas.

-Lo siento... pero lo primero sí iba en serio -hizo un divertido mohín que a pesar de todo consiguió arrancarme una sonrisa.

-¿Y lo de mañana?-quise saber.

-También... aunque ya sabes que siempre hay un margen de error.

-¿Y me lo dices ahora? ¿Y si hay un margen de error en esto también?- abrí los ojos con espanto.

-Joder, Bella, pesadita te pones. Te he dicho que aquí todo depende de tu voluntad. En lo de mañana intervienen otras cosas, otras decisiones -suspiró.

-Está bien-asentí.-Vamos a comprar los billetes.

.

Las visiones de Alice fueron acertadas y nada pasó en aquel trayecto. Afortunadamente los cientos de humanos que viajaban en aquel tren jamás sabrían el peligro al que habían estado expuestos. Había pasado sólo cinco semanas desde mi transformación y era capaz de algo que ninguno de los Cullen había creído posible tan pronto. Y mi confianza en mí misma había subido varios puntos.

Sin embargo no pude evitar que mi cuerpo se estremeciera y esa confianza se debilitara mientras Jasper aparcaba su flamante coche en el parking que yo conocía bien.

Dadas las circunstancias no parecía muy buena idea lo de irnos a vivir al ático de Edward en Seattle, pero el hecho es que había sido idea mía. ¿Masoquismo? ¿Prueba de fuerza? Me decía a mí misma que lo que quería era demostrarme que era fuerte, que él ya no estaba en mi vida, y que no me afectaría demasiado el estar en un entorno donde había compartido tantas emociones con él.

Me podía mentir y creerme a mí misma, pero todas esas mentiras se desvanecieron como una burbuja de jabón desde el momento en que entré por la puerta y su olor me golpeó. Sentí el familiar cosquilleo, ni siquiera escozor, en la zona de los ojos, como un recuerdo de lo que se sentía antes de romper a llorar. Me encogí sobre mi misma, ante la asustada mirada de Jasper y Alice, quienes inmediatamente me pidieron marcharnos de aquí.

-No... no. Estoy bien-dije, incorporándome poco a poco, e inhalando su aroma con suavidad, en pequeñas dosis.

-Ya, y a mí me gusta vestir chándal con tacones-bufó Alice, aferrándome del brazo como si temiera que fuera a caerme.

Me solté de ella delicadamente y me adelanté unos pasos.

-Puedo hacerlo-dije en voz alta, más para mí que para ellos.

Estudié mis sensaciones con cuidado, intentando no recordar... intentando que el muro que había construido alrededor del vacío que Edward había dejado no se resquebrajara en mil pedazos. Sentí un peso sobre las costillas que no me dejaba tomar aire, pero lo ignoré. Fui por toda la casa abriendo las ventanas, aunque sabía que su aroma perduraría más que todo eso, pero así sería más soportable.

Cuando llegué a la habitación del piano puse la mano en el pomo de la puerta pero lo solté como si me hubiera atravesado una corriente. Me sentía físicamente incapaz de entrar allí. Di media vuelta y volví sobre mis pasos, encontrándome a Alice de frente, mirándome con una ceja alzada y los brazos cruzados. Observé que ese gesto lo solía hacer también Jasper.

-No. Es. Buena. Idea.

-Venga, vamos a deshacer las maletas. Me probaré la ropa nueva que encargaste para mí en tu taller, no sé si será de mi talla.

-¿Disculpa?-se indignó y no pude evitar sonreír sin ganas.

-¿Vamos, o no? Es tu última oportunidad.-Si no la distraía con esto no la distraería con nada.

Y lo conseguí. Nos pasamos parte de la tarde mirando interiores de armarios, deshaciendo maletas y probándonos ropa. Hacía meses hubiera significado una sesión de tortura para mí pero ahora me iba bien pensar en frivolidades. Además, para Alice no era tal sino algo importante, y como mínimo quería agradecerle de alguna forma su apoyo, a ella y a Jasper.

Comprobé que Edward se había llevado toda su ropa y pertenencias. No había preguntado por su paradero ni quería hacerlo. Todo había terminado entre nosotros, y eso era algo que tenía claro. Por eso estaba ahí, para demostrármelo.

-¿Todo bien?-la dorada mirada de Jasper me observó atentamente desde la puerta.

-Sí -miré a través del cristal la intensa lluvia que caía.

Me levanté y abrí el ventanal del balcón inspirando el aire fresco y húmedo del exterior. Mi amiga también había acertado en ese pronóstico. Claro que era fácil adivinar que iba a llover en Seattle, y más aún cerca del mes de septiembre.

-¿Estás segura de que no te importa estar aquí? – me miró con preocupación mientras me apoyaba en la barandilla.

-No... Estoy bien. Aquí tengo mis cosas, no tengo ganas de ir a otro sitio –lo miré, sonreí para tranquilizarle y volví mi cara a las gotas que caían del cielo.

Mi ánimo estaba más melancólico que nunca, pero había algo en la casa que me daba una extraña paz. Me sentía triste pero al mismo tiempo sentía fuerzas renovadas para hacer todo lo que tenía previsto.

Y el de mañana iba a ser el siguiente paso.

*º*º*º*º*º*

-Cielo. La visita que te prometí está fuera, ¿quieres que la haga pasar?- las palabras de la funcionaria me llegaban nítidas a través de la puerta de madera.

-Vale -su voz sonaba más apagada y mi corazón se encogió. La puerta del cuarto de visitas del Centro de Menores se abrió.

-Adelante, señora Whitlock-dijo la amable educadora, y me franqueó el paso.

-¿Sería posible que nos dejara solos?-susurré.

-Si el niño no tiene inconveniente...-la mujer miró hacia el pequeño, quien aún no me había visto la cara. Supuse que este debió asentir, porque ella sonrió y nos dejó, cerrando la puerta tras de sí.

Entonces me viré y contemplé al niño que tenía frente a mí.

Daniel estaba sentado frente a una gran mesa, con su querido Spiderman aferrado entre ambas manos. Al día siguiente de ingresar en el Infantil había conseguido que una amable policía me lo cediera después de registrarlo bien y comprobar que no tenía nada sospechoso. Recordé la inmensa alegría que iluminó su carita cuando se lo entregué.

Estaba más pálido y un poco más delgado, y no me dejaba ver su expresión porque tenía los ojos fijos en su juguete.

-Hola, Daniel. Te he traído un regalo-me senté en frente de él y puse el paquete sobre la mesa.

El aludido levantó la cara de inmediato al escuchar mi voz. Sus ojos se abrieron como platos e inhaló con fuerza.

-Do-dotora...¿Bella?-asentí, contenta por su reacción inicial. Me había reconocido.

-Sí, Daniel, soy yo- repuse, y ante mi consternación el pequeño rompió a llorar. Me levanté precipitadamente de la mesa y me senté a su lado, abrazándole.

-Me dijeron que estabas enfema-correspondió al abrazo.-Pero seguías enfema, y enfema, y pensé que igual estabas con mi mamá, y que no te veo más.

-¿Tu mamá?

-Mi mamá. Me han dicho que está enfema. Que no está conmigo poque está enfema-hipaba.-Y tú tampoco estabas.

Si hubiera tenido corazón se me habría partido en dos. Sentí el familiar cosquilleo en los ojos. Cogí al pequeño y lo puse en mi regazo, meciéndolo.

-Ya estoy aquí, Daniel. He venido a por ti. No estás solo, ya no estás solo -susurré.

El pequeño hipaba y sollozaba, pero cada vez con menos intensidad, hasta que pasados unos minutos levantó su carita y me miró.

-¿De verdá? ¿No volverás a ite?-negué con la cabeza, sonriendo, y él me correspondió.

-Te he traído un regalo. ¿Lo quieres ver?-susurré mientras secaba sus lágrimas con mis dedos. Asintió y le pasé la caja que había traído.

Mientras la abría estudié las reacciones de mi cuerpo a su proximidad. No tenía cosquilleo en las encías, ni la más mínima sensación de sed, cosas que sí sentía, aunque de forma soportable, con todos los humanos con quien me había cruzado hasta ahora. Era sorprendente, no era necesario el autocontrol, pues no había nada que controlar.

-¡Un Spideman! ¡Yupi!-agitó el juguete y comenzó a darle vueltas.

-No sabía si te gustaría, como no es un peluche...

-¡Spideman!¡Es un Spideman!- repitió, y me miraba con los ojos muy abiertos como si con eso ya fuera suficiente respuesta.

Jugó un rato con él en una mano y su viejo muñeco en la otra, haciendo ruidos y onomatopeyas varias con la boca. No se movió de mi regazo ni un solo momento, parecía que se había olvidado de mí, hasta que de pronto se giró y, encarándome me miró con curiosidad.

-¿Poqué estás así?

-¿Así?

-Sí -de pronto alzó las cejas, como recordando algo.- ¿Es un disfrás? ¿Como Halloween? Me gusta -me tocó la mejilla con sus deditos.

-Un disfraz-repetí sonriendo ante la idea.-Sí, estoy disfrazada. Y también me he disfrazado el nombre, ya no soy la doctora Bella. Soy Elizabeth. De momento me puedes llamar Beth, no cambia mucho.- Asintió, orgulloso de que su deducción fuera acertada.- ¿Crees que he cambiado mucho?-él me estudió atentamente y se encogió de hombros.

-Un poco. Pero eres tú. Beth -de pronto me abrazó.-No te vayas, Bella-Beth.

-Sólo Beth, cariño. Eh, eh, ¿nadie te lo ha explicado? ¿No sabes por qué estás aquí, en este cuarto?-el negó con la cabeza.-Vas a venir conmigo, dentro de unos días.

Quedó boquiabierto, mirándome de hito en hito, como buscando dónde estaba la broma. De pronto pareció mayor de su edad. La necesidad le había hecho crecer. Y se quedó sin palabras.

-Ya quería llevarte conmigo hace semanas, ¿sabes? Pero me puse... enferma, y no podía venir a por ti hasta que no estuviera bien del todo-entonces su sonrisa iluminó la habitación.

-Quero irme contigo ya.

-No... no me dejan, cariño. Han de pasar unos pocos días, son las normas de este sitio. Y no le tienes que decir a nadie que soy Bella y que me conoces, ¿de acuerdo? Si no perderé el concurso de disfraces -dije muy seria, y tuve la certeza de que él entendía perfectamente lo que era guardar un secreto y que era importante.

-¿Serás mi mamá?

-Bueno, algo parecido- asentí y rió, pero de pronto su alegría volvió a empañarse; parecía que su estado de ánimo oscilaba con facilidad, quizá por la inseguridad que sentía.

-¿Te pondrás enfema otra ves?-la infinita tristeza de sus ojos marrones me llegó al corazón, atravesándolo.

-No temas, que ya no estaré enferma. Nunca más.

Entonces se aferró a mí con toda la fuerza de sus bracitos y murmuró algo que si no hubiera sido por mi especial sentido del oído no habría podido escuchar.

-No quero estar solo.

.

No me costó poco despedirme de Daniel, pero tras asegurarle cien veces que iba a volver, al final accedió a separar su manita de la mía.

Jasper aguardaba en una especie de amplia y bastante triste sala de espera. Estaba claro que al centro de acogida de menores le iba a ir muy bien la generosa donación que supuestamente había hecho un adinerado empresario anónimo. En la esquina de la sala una funcionaria escribía en su ordenador, echándole miradas mal disimuladas a mi fingido hermano.

-Ha ido bien, por lo que veo-se levantó al acercarme.

-Sí... muy bien-asentí aliviada.- Hasta mañana-saludé a la funcionaria mientras pasábamos enfrente de ella, pero ella sólo tuvo ojos para Jasper.

Una vez fuera le expliqué los pormenores de la reunión.

-Gracias, Jasper, muchísimas gracias por ayudarme... no me lo puedo creer, lo bien que ha ido todo-sacudí la cabeza con incredulidad.- ¿Sabes que ni siquiera he sentido la más mínima sed?

-Puede que porque a Daniel ya lo conocías y lo querías de antes-dijo pensativo.-De todas formas, eres una vampira muy... humana, y creo que tiene que ver con tu transformación, distinta a cualquiera que haya conocido... oh, lo siento-añadió rápidamente al darse cuenta de cómo cambiaba mi cara.

-No importa-sacudí la cabeza, obligándome a no pensar en mi transformación.-Lo que importa es que dentro de unos días podré tener a Daniel en acogida.-Sonreí al pensar en la idea, sintiendo mi pecho más ligero.- Espero de veras que todo esto no sea un problema para vosotros, Jasper.

Él negó con la cabeza.

-Será una nueva experiencia. Y eso, a mi edad, es decir mucho, Bella- sonrió él.

De camino a casa no pude evitar pensar en Angela y en mis padres... con ellos no sería tan fácil.

*º*º*º*º*º*

EPOV

La vieja canción de Queen resonaba en mis oídos mientras contemplaba la bahía de Vancouver. Jamás dejaba de maravillarme cómo siempre había una melodía, o la letra de alguna canción, apropiadas para acompañar cada momento de la vida. Parecía que el autor hubiera escrito aquello para mí.

No hay tiempo para nosotros
No hay lugar para nosotros
¿Qué es eso que construye nuestros sueños y aún así se nos escapa?

Ayer… deseé que no te controlaras tanto...

¿Quién quiere vivir para siempre?
¿Quién quiere vivir para siempre?

Tú también me gustas, más de lo que debería... ¡Edward, por más que aguantes bien el frío vas a enfermar si seguimos aquí fuera! Vamos adentro, anda, que estás helado.

No hay oportunidad para nosotros
Está todo decidido para nosotros
Este mundo sólo nos tiene un dulce momento reservado

No tengas miedo, amor. No te dejaré.

¿Quién se atreve a amar para siempre?
Cuando el amor debe morir

¿Recuerdas que me dijiste que sólo desaparecerías de mi vida si yo te lo pedía? Quiero que lo hagas, Edward. No quiero verte más.

¿Había muerto el amor? No el mío. ¿Y el de Bella? ¿Podía lo que hice conseguir que se esfumara sin más todo lo que ella sentía por mí? No, no lo creía, no podía creerlo. Porque si de algo estaba seguro era de la profundidad de sus sentimientos. Aunque sólo fuera porque únicamente desde unos sentimientos intensos podía hablarse con tanto dolor, con el corazón herido tan a fondo como ella me había hablado.

Pero toca mis lágrimas con tus labios
Toca mi mundo con las yemas de tus dedos
Y podemos tener para siempre
Y podemos amar para siempre

Nadie puede darme más humanidad que tú, amor. No necesito nada, nada más que tú. Tú lo eres todo. Por favor...Por favor...No tengas miedo...eres mi vida.

Siempre es nuestro ahora
¿Quién quiere vivir para siempre?
¿Quién quiere vivir para siempre?
Siempre es nuestro ahora

¿Quién espera para siempre,de todos modos?

Yo. Yo la había esperado, la había tenido, y la había dejado marchar. Y podría ser capaz de esperar de nuevo. ¿Pero cuánto? Llevaba semanas sin verla, y si fuera posible que los vampiros enfermáramos, yo lo habría hecho. El vacío que notaba dentro de mí no lo podía llenar nada, ni la caza, ni la música, ni siquiera mi trabajo, que había abandonado por completo.

Carlisle, siempre práctico, había mediado para que el hospital me diera un permiso sin sueldo de unos meses, aduciendo motivos de salud. De lo contrario, por sólo cinco meses que me faltaban perdería los cuatro años de especialización y tendría que volver a empezar.

No era algo que me preocupara. "Siempre es nuestro ahora". Tenía años por delante para preocuparme por eso.

Volví sobre mis pasos, mientras una idea se abría paso en mi mente como los rayos de sol entre unas nubes de tormenta. No podía esperar más. Necesitaba estar cerca de ella, sin que Bella lo supiera. No soportaba más esa sensación de vacío, y estaba seguro de que tan sólo estando en la misma ciudad que ella me sentiría mejor. Allí podría esperar el tiempo que hiciera falta.

.

-Edward, hijo, ¿otra vez esa canción?-murmuró Carlisle en cuanto abrí la puerta.

Estaba sentado en el sillón del comedor, leyendo una revista médica. Esme ojeaba la prensa diaria en su portátil, recostada en el sofá.

Me quité los auriculares y enrollé el cable del Ipod. Tuve ganas de ser grosero y decirle que ya era centenario para que se metiera en mis cosas, pero me aguanté porque sabía que lo decía desde la preocupación.

-Sí. Me calma mucho-repuse al final.

-No estoy muy seguro de eso... ¿has aprovechado el paseo para pensar en la oferta que te hice?

-¿Acabar la especialidad en tu hospital? No, no he pensado en ello. No lo veo claro, Carlisle. No tengo la cabeza para eso, ahora.

Ni el corazón...

-Hijo, ¿has leído hoy la prensa de Seattle?-Esme me observó con intención. Negué con la cabeza.-Pues échale un vistazo a esto.

Me senté a su lado y tomé el portátil, leyendo la noticia que me había señalado.

Ahora ya tenía más motivos para volver a Seattle.


Hasta el jueves, chicas. Besos.