Hola, chicas. Hos traigo el del miércoles-jueves...;-)
Voy a hacer un comentario global sobre vuestros comentarios. Creo que tengo alguna lectora de huelga y a todas deseando la reconciliación. Yo también la deseo. Pero quería deciros algo... no me parece justo con la historia deciros "en tal capítulo habrá reconciliación", y no lo voy a hacer. Sólo os diré que calculo como mucho diez capítulos para el final, y que no, NO la dejaré para el final... No voy a adelantar algo que no me sale hacer antes, y no es por fastidiar. Quiero decir... si ya desde el primer capítulo al segundo hubiera puesto un lemon... ¿os habría resultado creíble? La cosa va como va, y es lo que me sale. Espero que os siga interesando, pero si no, el que tantas hayáis llegado hasta aquí ya es más de lo que esperaba cuando comencé a publicar.
Gracias como siempre a Maria José, a Pegn, y en este también Anaidam por darme su visto bueno. Un beso a todas, chicas. Y gracias a YoliCullen, v. cullen, salyLuna, Berta, AnithaPattzCullenPacker , nohemi, PRIGSPE, Kisara Mansen, ElyCullen M, CindyLis, Luna Cullen Masen, paola Cullen, Lizco2 y Nurymisu por vuestros comentarios.
Capítulo 50
BPOV
Daniel levantó tanto la cabeza que estuvo a punto de perder el equilibrio.
-¡Qué grandeeee!
-Nuestra casa está en el último piso, el de arriba de todo -señalé con una mano, removiéndole el cabello con la otra.
-¿El útimo?-abrió los ojos como platos, mirando alternativamente al edificio y a mí.- ¿Viviremos aquí?
-De momento sí, cariño. Tenemos que quedarnos en Seattle por lo menos un mes más, y cuando los servicios sociales -me miró sin comprender y le expliqué- los que te estaban cuidando hasta ahora, nos den permiso... nos marcharemos.
-¿A dónde, Beth... Bella?
-A Nueva York, pero... ya hablaremos de eso, ¿vale?
Tiré de su manita y nos encaminamos hacia el portal del edificio. Sentía esa extraña sensación en la piel, esa intuición del cuerpo que me indicaba que el sol estaba a punto de abrirse paso entre las nubes, y no quería que me pillara en medio de la calle. Moví la cabeza mientras buscaba las llaves en mi bolso. Tenía que tener más cuidado, ahora estaba a cargo de alguien, no podía permitirme desvanecerme en plena calle. Aún era demasiado joven como para aguantar más de un par de minutos consciente bajo los rayos del sol.
Me estaba resultando más difícil de lo que había supuesto cambiar mi chip y meterme en la cabeza que a partir de ahora alguien dependía de mí. Una mujer embarazada tenía nueve meses para hacerse a la idea de que iba a tener a su hijo, y para preparar las cosas. Una mujer que adoptara tenía también varios meses para disponerlo todo. Yo había pasado por una primera fase de preparación mental cuando me había planteado la acogida de Daniel, que se había roto en mil pedazos tras mi transformación, y poco a poco había vuelto a construirse.
Pero en el estado en que me encontraba mi salud mental no podría haber aguantado una nueva decepción, así que no me permití ilusionarme hasta que no tuve los papeles firmados, y eso había sido hacía dos semanas. Desde entonces había preparado la casa a conciencia hasta el último rincón, o eso creía: un dormitorio infantil completo para Daniel, un cuarto de juegos anexo (tuve que contener a "tía" Alice en su afán de comprarle juguetes al pequeño, casi comparable al de su afición a la moda), algunos cuentos para leerle, películas infantiles, vestuario (de nuevo me gané el adjetivo de "cortarrollos" por parte de la menuda vampira), alimentos... Por supuesto, la seguridad era una de mis principales obsesiones: cierres de seguridad en los lugares donde guardábamos los productos de limpieza, protecciones en los mandos del gas de la cocina, medicamentos (los pocos y básicos que había comprado para Daniel) en la parte alta de un estante de la cocina...
Estaba ansiosa por poder cuidar de Daniel, por darle el cariño y el amor que le habían faltado durante toda su infancia. Su amor inocente era un sedante para el vacío que tenía dentro de mí.
-El tío Jasper y la tía Alice están arriba y tienen ganas de verte-informé al pequeño, quien asintió satisfecho.
Ambos me habían acompañado a alguna de las visitas que había estado haciéndole a Daniel en el centro de menores las últimas dos semanas, y el niño, acostumbrado a una existencia solitaria con su madre, estaba encantado de tener una familia de acogida tan grande. Le había explicado que le faltaba conocer a cuatro familiares más y eso había incrementado su entusiasmo.
Al principio había temido que a ambos les resultara molesta la presencia de un niño humano en la casa, pero tal como Jasper había explicado se lo habían tomado como una nueva experiencia, y sorprendentemente hasta para ellos, estaba resultando una grata experiencia.
Daniel era un niño muy inteligente y había entendido bien lo que era guardar un secreto. No me llamó Bella ni un solo momento de los que fui a visitarle. Y tenía buena memoria. Un día me preguntó por mi novio... había puesto aquella carita de recelo. Intenté no alterar mi expresión y, notando la familiar punzada en el pecho, le había contestado que ya no tenía novio. Pero no pude engañarle con mi forzada tranquilidad, porque luego se quedó muy serio y no dijo nada.
Una vez en el ascensor marqué el código para subir al ático.
-¿Poqué haces eso?- además de estar en la edad del "por qué", que tentaba la paciencia de muchos padres, Daniel era un niño muy curioso y le gustaba saberlo todo.
-Es el número privado de nuestro piso.
-¿El asensor es nuestro?- siguió con los ojos como platos.
-No, cariño-sonreí.
Las puertas se abrieron y tomándole de la mano nos dirigimos hacia nuestro piso, cuyas puertas ya estaban abiertas de par en par.
-¡Eh, mira quién está aquí!- exclamó Jasper dirigiéndose hacia nosotros con una amplia sonrisa. Alice lo seguía con su andar de bailarina y parecía a punto de echarse a dar saltitos, pero se contuvo.
-¡Tío Jasper, tía Alice!-Daniel echó a correr y se lanzó en los brazos del primero, quien lo elevó sobre su cabeza y empezó a correr por el piso de esa guisa, provocando las risas del niño. -¡Vuelo, vuelo!-exclamó extendiendo los brazos.
-Jasper, lo vas a marear... acaba de desayunar... ¡vomitará!
-Eh, venga, no empieces a sobreprotegerlo, Bella-Alice me dirigió una mirada de sorna.
-Puff, como para no preocuparme... ¿qué experiencia tenéis tratando con niños?-repuse con los brazos en jarras.
-La misma que Daniel tratando con vampiros- arqueó las cejas y me sacó la lengua.-Será divertido aprender.
-Pero no olvidéis que los niños son más frágiles que...
-Isabella Swan, si te vas a poner así nos mudaremos de piso-se enfurruñó.
-¡No! No... no quiero estar sola.
-No lo decía en serio, boba. Es demasiado pronto.
-Sí, todavía necesito vuestra ayuda en mi iniciación como vampira.
-Ah, sí, respecto a eso también es demasiado pronto-torció la boca sin mirarme.
-Alice, no empieces-le advertí.
-No sabes el estado en el que está Edward, Bella. Si lo vieras...
-¡No!-la interrumpí.-Para, por favor... ahora no. No me estropees la alegría por Daniel-supliqué.- Alice frunció los labios con fuerza pero dejó de hablar, pensativa, mirándome de hito en hito.
No podía volver a ver a Edward. Él me había hecho latir el corazón como nadie, él mismo me lo había parado con su veneno, y ahora se lo había llevado consigo, dejando en el hueco un dolor que palpitaba, y que apenas había perdido fuerza a pesar del transcurrir de las semanas. Si lo veía ese dolor sería aún más difícil de soportar.
Alice exhaló con fuerza y, tras pronunciar un "no voy a dejarlo estar tan fácilmente" tomó mi mano y me arrastró hacia el comedor, donde Jasper le estaba enseñando al pequeño su "juguete" favorito de toda la casa: la Playstation. Daniel estaba tan excitado como cualquier niño normal habría estado en la mañana de Navidad.
-Jasper, no, Daniel aún es muy pequeño... oh, dios-me puse las manos en la cabeza.- ¡No quiero que se acostumbre a eso todavía!-le quité al niño el mando del juego con suavidad y no le hizo nada de gracia.
-Bella, yo quero, yo quero, yo quero... -hizo un puchero tremendo tendiendo sus manitas para que le devolviera el mando y yo miré al rubio vampiro, fulminándolo.
-En otro momento, cariño- repuse con suavidad e intenté una maniobra de distracción.-¿Alice, por qué no le enseñamos el piso a Daniel? Seguro que le encantará su habitación.
-Claro que sí-Alice cogió al pequeño y lo subió a sus hombros.-Vamos a hacer una ruta turística por tooooda la casa. ¡Recuerda bajar la cabeza cuando pasemos por las puertas!
-No eres tan alta, Alice-comenté entre dientes y esta vez fue ella quien me fulminó con la mirada.
Escuché las carcajadas de Daniel mientras los seguía por el enorme ático y sentí algo parecido a la felicidad por primera vez en semanas. Tenía la acogida de Daniel, Alice y Jasper se llevaban de maravilla con él y, pasado el mes que exigían los de Servicios Sociales para venir a visitarnos y controlar cómo se encontraba el niño en nuestra compañía, podríamos marchar y empezar una nueva vida. Según mi nueva biografía yo era la hermana de Jasper Whitlock, empresario, ambos herederos de una fortuna y con domicilio en Seattle y Nueva York, que había pedido por motivos humanitarios la acogida de un niño.
El dinero y las trampas cibernéticas abrían muchísimas puertas, me dolía reconocerlo pero era verdad. Tan sólo se me había dado la directiva de permanecer localizable en uno de los dos domicilios por si aparecía el padre de Daniel y había un cambio en su situación legal.
Alice y Daniel estaban recorriendo el piso de arriba del dúplex, y este lanzaba exclamaciones de admiración observando la vista que tenía desde el enorme balcón (para mi alivio ella había sido prudente y lo había depositado en el suelo).
De pronto pensé con angustia en que se me había olvidado poner algún tipo de seguridad en esas partes. Tonta de mí, no lo había pensado. Y seguro que el agente de Servicios Sociales lo constataba. Hoy mismo saldría a buscar más dispositivos de seguridad.
-No puedes salir a la terraza ni abrir ninguna ventana sin mi permiso, ¿de acuerdo, Daniel?- el niño asintió con los ojos brillantes.
El pequeño entró de nuevo en la casa y se dirigió a la única habitación con la puerta cerrada.
-¡No!-dije de forma inconsciente.
Alice me miró con reprobación.
-Para él sólo será una habitación con un piano, Bella -regañó, y se dirigió hacia el niño.
-Ven, entra con la tía Alice- el niño me miró, inquieto al ver mi reacción.
-¿Hay monstruos?-murmuró, y a mi pesar sonreí.
-No... – no para ti- sólo un piano. Es una tontería mía. Entra. Ya verás qué bonito es.
Sin tenerlas todas consigo me hizo caso y le escuché dar grititos de alegría al descubrir el instrumento. Alice le dejó tocar algunas teclas.
-Me gusta-le escuché decir.
-Quizá deberíamos apuntarte a clases de música...-oí decir a Alice.
Nadie había tocado ese instrumento desde que Edward se había marchado.
No tengas miedo, amor. No te dejaré.
De pronto me dolió cada una de las notas que salían del instrumento y tuve que alejarme de él.
EPOV
Aquella mujer estaba durmiendo profundamente. Sólo tenía que lanzarme sobre ella, y pronto, demasiado pronto, habría acabado todo. Quizá debería despertarla para que sintiera el terror de lo que se le venía encima. Me escocían las encías sólo de imaginarme bebiendo toda su sangre, dejándola exangüe. Después sería fácil de fingir un suicidio. Algún corte en el cuello, y algunos en las muñecas.
No era la primera vez que lo hacía.
Fantaseé durante horas con esa idea, mientras ella, ajena a mi presencia en la oscuridad de su habitación, dormía tan plácidamente que eso no hacía más que alimentar mi ira.
Había acabado con la vida de su hermano, de la novia de éste, había amargado la vida de su propio hijo, había estado a punto de matar al ser a quien yo más amaba y había destrozado nuestra vida. Y dormía plácidamente sin apenas moverse, en la habitación de una institución psiquiátrica.
Cuando Jasper y Alice atraparon a JT, la dejaron encerrada en su propia casa tras hacer una llamada telefónica anónima y avisar a la policía. Emmet se encargó de borrar su memoria antes de que llegaran los agentes, que aún están intentando localizar a quien la entregó. Al principio había ingresado en prisión provisional, pero sólo unas semanas. La prensa había informado de que Jane Taylor, de quien la policía aún desconocía todo su pasado criminal, presentaba rasgos de esquizofrenia, por lo que se la había trasladado a una cómoda habitación individual de un psiquiátrico.
Yo estaba seguro de que ella estaba engañando a los psiquiatras, era muy inteligente o no habría podido hacer todo el daño que había hecho y salir impune hasta el momento. Pero su impunidad se había acabado. Llevaba días sin alimentarme para que no me costara tanto hacer lo que había planeado. Al fin y al cabo llevaba décadas sin acabar con ninguna vida humana.
Entonces ella despertó. Quizá quería ir al baño. Me acerqué más a ella y le tapé la boca. Pude ver el terror en su mirada mientras ahogaba un grito contra la presión de mi mano.
-Buenas noches, señora Smith... –susurré cerca de su oreja- ¿o debería decir Taylor? Vengo a traerle recuerdos de parte de su hermano-esta vez el horror la dejó sin voz pero sus ojos parecían a punto de salir de sus órbitas.-Y de la que iba a ser su cuñada. También su hijo le manda saludos, pero el más especial viene de la doctora Swan. Creo que la recuerda-siseé.
Contemplé sus ojos llenarse de lágrimas pero, cuando estaba a punto de compadecerme de ella, en el caos de pensamientos que era su mente apareció la imagen de Bella mientras su coche se echaba encima de ella. Tuve que ejercer todo mi control para no destrozarle el cuello en aquel mismo momento.
Quería que supiera lo que iba a pasar, y por qué.
-Has sabido huir hasta ahora. Has conseguido engañar a los médicos para escaparte de la cárcel, y la policía aún no conoce la mayoría de tus crímenes. ¿Qué explicación les diste para el cambio de apellido? Sabes que sospechan que mataste a tu hermano, pero sin tu declaración ahora es imposible probarlo - miré a mi alrededor.-Si por lo menos estuvieras pudriéndote en una celda durante toda tu vida... quizá me habría apiadado de ti. Pero creo que no... Un monstruo como tú no tiene derecho a seguir en este mundo. No sé qué pasado te habrá convertido en lo que eres ahora, pero no puedo dejarte con vida.
Al escuchar mis palabras varios recuerdos se agolparon en su confusa mente, mezclados con silenciosas súplicas de que la dejara vivir. Jadeé. Había leído en los informes psiquiátricos los antecedentes personales y la historia familiar de aquella mujer y, aunque no me había creído nada, sabía que era probable encontrarme con algo así... que era difícil que una persona tan trastornada hubiera tenido un pasado feliz, pero las imágenes que acudieron a su mente me asquearon y me revolvieron por dentro. Una sucesión de imágenes sueltas me mostró una infancia con abusos, soledad, abandono... de repente necesité salir de allá, tomar aire.
Su corazón latiendo acelerado, el amargo olor de su miedo y los sollozos ahogados por la mano con que la amordazaba se me hicieron demasiado insoportables. Vi ante mí la expresión de decepción e intensa tristeza de Carlisle... la que hizo cuando, hace ya una eternidad, se enteró de que había cedido a mi sed de sangre con la excusa de hacer justicia. Su fisonomía fue cambiando hasta que pude reconocer la cara de Bella.
Suspiré. Había pasado el momento, y lo sabía. Ahora ya no era capaz de hacer lo que había venido a hacer.
-Escúchame bien, Jane Taylor, porque sólo lo voy a decir una vez-siseé en el tono de voz que había comprobado que podía helar la sangre de cualquier humano.-Sé que tu vida ha sido una mierda. Pero eso no te daba ningún derecho a hacer lo que hiciste. Eras plenamente consciente de tus actos y de sus consecuencias. No debes estar en una institución psiquiátrica, sino en una cárcel. En cuanto se haga de día llamarás a tu abogado y le dirás que vas a confesar todos tus crímenes. Le dirás también que has estado fingiendo una enfermedad mental, y que eras consciente de lo que estabas haciendo en cada momento. Y cada noche, antes de acostarte, pensarás en las vidas inocentes que has segado o destrozado.
Hice una pausa para que mis palabras penetraran bien en su consciencia. Su mente se revolvió durante unos instantes ante la idea de confesar.
-Harás lo que te he dicho-continué con la misma voz.- Sabes que lo harás. De lo contrario, será mejor que no duermas nunca, porque vendré a buscarte la noche que menos lo esperes y mi cara será lo último que verás antes de que tu corazón se pare. Te lo prometo.
No estaba disfrutando con esto. No me gustaba su sufrimiento, pero también me importaba bien poco. Ahora que mi sed de sangre había cedido, sólo quería justicia.
Vi que tras un corto debate interno ella cedía.
-Ahora te voy a soltar, pero no intentes nada, porque antes siquiera de que lo hubieras pensado estarías muerta. Quiero que digas en voz alta que harás lo que te he pedido- la liberé y esperé.
Su corazón latía enloquecido, temblaba y sudaba miedo en estado puro. Estaba aterrorizada, pero a pesar de eso logró abrir la boca y articular unas palabras.
-Sí, haré lo que me has pedido-repuso con voz rota y temblorosa.
Sabía que lo haría. Me giré, dispuesto a salir de la oscura habitación conforme había entrado, como un fantasma, pero de pronto recordé algo.
-Una última cosa...-escuché su corazón latir con fuerza- ¿dónde está el padre?
El siguiente... lunes (o domingo, no lo sé, de veras). Besos a todas, y gracias por dejar vuestras opiniones, positivas o negativas.
