Buenas noches. Os traigo el siguiente. El próximo ya sabéis, miércoles o jueves. Os recuerdo que una semana de este mes sólo colgaré un capítulo, probablemente la última de agosto o la primera de septiembre, necesito un poco de descanso.
Gracias por ser incansables y seguir leyendo y comentando lo que pensáis. Gracias a Maria José y Pegn por darme confianza y por hacerme pensar, y a YoliCullen por sugerirme el EPOV.
Bienvenida, Rocha!
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Sobre el 50
Luna Cullen Masen, gracias por tu confianza.
PRIGSPE, Bella está en modo sobreprotector...
nohemi, gracias por tus palabras :-*
I love Edward... te expresas muy bien, bueno, llevaremos a Bells al psiquiatra de vampiros XD
Nurymisu, gracias, quería que pareciera que la iba a matar... él lo creía, pero yo ya sabía que no podría ;-)
dAnii. Cullen -Tsukino, sí, creo que confesará...ya nos podemos olvidar de ella.
bellaliz, gracias por el voto de confianza.
nath89, la clave la dices tú, ella aún no está preparada, pero no queda mucho.
yamira hrdz, Edward te da las gracias por defenderle. Gracias por tu comentario.
Cris Cullen Black, tus pocas palabras bastan, jajaja.
Sophia76, gracias guapa.
SalyLuna... tú crees? Veremos ;-)
lizco2, Edward hizo cosas más fuertes en su pasado... pero eso es sólo pasado. Ya sabes.
Paola Cullen, Bella está un poco cerrada, pero poco a poco...
CindyLis, gracias por tus palabras.
isa-21, tranquila, no recae.
LadyArwen, qué tal tus vacaciones? Sé que estás contenta con lo de Jasper, jajaja. Tarde pero en fin.. salió. Respecto a Ed... no, no lo veía yo matando otra vez.
Capítulo 51
BPOV
-Hoy se ha dormido pronto-murmuré mientras bajábamos las escaleras.
-Sí, estaba hecho polvo después de la visita al zoo -repuso Alice.- Hay que ver la energía que tienen los niños humanos, ¡yo no sé cómo los padres les pueden seguir el ritmo! –compuso una cara divertida.
-Como pueden, Alice, como pueden-sonreí, sacudiendo la cabeza.
Jasper estaba mirando las noticias en la TV con un volumen de voz inaudible para cualquier humano. Cuando entramos en el comedor giró la cabeza y me miró.
-Creo que esto te interesará, Bella- señaló con la cabeza.
Entonces me situé ante la pantalla y una corriente de ira me atravesó el cuerpo. Eran las noticias locales. Salía la imagen de JT, esposada mientras la sacaban del coche policía y la conducían a la prisión del estado.
"... ha confesado también el asesinato de su hermano y de la novia de este, así como que alteró toda su declaración con vistas a una sentencia más suave y no tener que ingresar en prisión. La señora Taylor decidió cambiar su declaración aduciendo remordimientos de conciencia"
-¿Conciencia? -bufó Alice- ¿Habéis visto el terror en su mirada?- Jasper asintió entrecerrando los párpados.
-¿Qué queréis decir?-repuse sin perder de vista la pantalla.
-Bella, alguien le ha hecho una visita que le ha hecho cambiar de idea. Cualquier vampiro que haya vivido unos cuantos años conoce bien esa expresión de pánico cristalizado.
-¿Quieres decir que uno de los nuestros...?-no pude seguir.
Ellos sabían quién lo había hecho, y yo también. Me mordí el labio sin apartar la vista de la pantalla, notando el peso de la mirada de Alice y Jasper sobre mí.
Había montado en cólera cuando me enteré de las declaraciones de JT, de que no se estaba haciendo justicia y de que, como siempre, esa mujer iba a salirse con la suya. Pero yo ya tenía demasiados frentes abiertos, aunque pensaba ocuparme de ella tarde o temprano.
Edward se me había adelantado. Por unos instantes me pregunté qué habría hecho yo si la hubiera tenido delante de mí, y si a él si le habría resultado difícil dejarla con vida. De pronto sentí la familiar sensación de que las paredes se me echaban encima y tuve que salir a la terraza, respirando la fresca y lluviosa noche de Seattle. Alice me siguió.
-¿Hasta cuándo, Bella? ¿Cuándo dejarás de castigarle y hacerte daño a ti misma? ¿Alguna vez podrás hacerlo? ¿No podrías por lo menos verle y hablar con él?
-No...-negué con la cabeza y la miré, intentando apuntalar el muro que soportaba mi vacío - Todavía no le he perdonado, Alice. No dejo de sentir la misma oleada de rabia cada vez que recuerdo lo que hizo.
-Bella... la eternidad es muy larga para pasarla sola... créeme. Deberías darle una oportunidad. Aunque te refugies en el cariño que sientes por Daniel y que él te devuelve, no tendrás suficiente. Y no creo que eso sea bueno para nadie, ni tan siquiera para el niño.
-Déjalo, Alice. No puedo pensar en eso ahora-fijé mi atención en las luces nocturnas de Seattle.
-Tendrás mucho tiempo para pensarlo. Créeme- repuso muy seria.
Se retiró al interior del piso y tomó a Jasper de la mano.
-Buenas noches-me dijo este mientras se retiraban. Alice, mosqueada, ni tan siquiera me miró.
Me quedé allá durante horas. La mitad de ellas permanecí en ese letargo semi-consciente que era lo más parecido al estado en que me sumí tras mi transformación. No pensaba en nada. Lo malo era que no podía mantenerlo mucho tiempo seguido. Sin poderlo evitar los pensamientos invadían mi mente, y me costaba mucho volverlos a alejar. No, no eran los pensamientos. Era el pensamiento. Sólo había uno.
Una y otra vez el mismo nombre. Los recuerdos no se podían bloquear mucho tiempo seguido. Lo había conseguido al principio, pero cada vez era más difícil. Recuerdos de momentos vividos con Edward, momentos agridulces. Habían parecido tan dulces cuando los viví... pero vistos desde el ahora eran dulces en su aparición y con un regusto amargo al marcharse... el regusto amargo de la pérdida. Ese Edward no era el que me transformó con la excusa de amarme. Aquél había desaparecido bajo las ruedas del coche de JT. Suspiré. ¿Debería hacerle caso a Alice y hablar con él? ¿Y si al verle me dejaba llevar por mi cuerpo traidor y después me sentía peor aún?
Entonces escuché a Daniel llorando y salí corriendo en dirección a su habitación. Lo encontré sentado en la cama, llamándome.
-Bella. Tengo miedo-balbuceó.
-¿Otra pesadilla?- pregunté con suavidad, inclinándome sobre él.
Algunas noches el pequeño se despertaba gritando o llorando, y casi siempre era el mismo sueño. Lo saqué de la cama, colocándolo en mi regazo y abrazándolo. Estaba ardiendo.
-Sí... estaba solo. Y estaba oscuro. Mi mamá se iba, yo la llamo, pero no viene -sollozó, mientras secaba sus lágrimas y lo mecía.
-No estás solo. Tú no estarás solo, nunca-le prometí por enésima vez.-Estás ardiendo. ¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo?
-No... la cabeza, un poco.
-Voy a buscar un termómetro, y algo para darte-me incorporé.
-¡No! No te vayas-dijo aterrorizado, aferrándome.
Me dirigí a la cocina con él en brazos, alcanzando el botiquín. Le puse el termómetro y me senté a esperar que pitara con él en brazos y con la botellita de paracetamol enfrente de mí sobre la mesa del comedor.
Miré el aparatito: marcaba 40 grados. Me inquieté mucho y entonces recordé las palabras de Emily, cuando me explicó que con su primer hijo se ponía histérica por nada. Lo primero que hice fue darle el jarabe. Luego, siempre con él en brazos porque no había manera de dejarlo solo, fui a buscar mi instrumental médico. Lo tumbé en el sofá y lo exploré por completo. No veía de dónde venía esa fiebre. Me fijé antes que nada en que no tuviera manchas en la piel, o rigidez en el cuello, en cuyo caso lo habría llevado a Urgencias. Pero todo estaba bien.
-Te voy a llevar a la cama. No te preocupes, me quedaré contigo toda la noche.
-Sí-musitó, sin abrir los ojos.
Lo deposité en la cama, me senté a su lado y le di la mano. El reloj de la habitación marcaba las tres de la mañana. No le quitaba la vista de encima, vigilando cualquier cambio de coloración, en su respiración o en sus latidos. Tenía miedo de que tuviera algo grave, una angustia que apretaba mi pecho cada vez más, conforme pasaban los lentos minutos. ¿Cómo podía ser que el tiempo de pronto pareciera alargarse de forma imposible? Tuve que racionalizar antes de que me diera un ataque de ansiedad... no era normal que estuviera tan ansiosa por algo que ya conocía.
La fiebre no bajaba, y aunque yo misma sabía que eso no era mala señal, me impulsaba a llevarme al niño al Servicio de Urgencias más cercano. Pero aquella noche no sólo Daniel tuvo pesadillas. Mi imaginación me jugaba malas pasadas, y me imaginaba perdiendo al pequeño por una infección grave. Alejé como pude esos negros pensamientos que me atacaban una y otra vez, mordiéndome. Dios, ojalá pudiera tomar un ansiolítico, hacer unas respiraciones de yoga, algo... me sentía impotente para cuidar del pequeño, y para calmarme.
Y de pronto tuve una especie de revelación. ¿Sería eso lo que Edward sentía por mí cuando yo enfermaba? Cuando tuve la gripe, el accidente de coche... ¿cómo pudo soportar mi debilidad, mi... mortalidad? Y... ¿qué hacía yo cuidando de un niño, un niño que se haría mayor, envejecería, moriría? ¿Sería capaz de transformarlo contra su voluntad con tal de no perderlo si él se negaba? Oh, dios, dios, dios... no, no. El dolor que todos estos pensamientos me produjeron me hizo doblarme sobre mí misma, pero no solté la mano de Daniel.
Pero el dolor no calmó. Tenía una tempestad dentro y era imposible de sujetar. Las ideas que violentaban mi interior en estos momentos no eran nada que yo supiera ya, pero era como si de pronto mi corazón las comprendiera. Obsesionada por cuidar del pequeño, por el cariño y la responsabilidad que sentía por él, había creado en mí y en él unas expectativas que quizá no era lo mejor para Daniel.
-Beth... Bella -el pobre aún se liaba con mi nombre.
-Dime-te puse el termómetro aprovechando que estaba despierto.
-¿Duermes?
-No, cuido de ti.
-¿Queres dormir aquí?-tocó un lado de su cama con la palma de la mano.
-¿Te encuentras mejor?
-Sí.
Me acosté a su lado y le quité el termómetro. Ahora tenía 38 grados.
-Duerme, cielo. Estoy aquí.
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Al dia siguiente, con la luz del día, las cosas no parecían tan negras. Volví a explorar al pequeño y vi que estaba empezando una otitis. Tranquilizada por esto, lo dejé durmiendo vigilado por Alice y Jasper,y me fui a comprarle un antibiótico. Intenté no pensar en mi tormento nocturno. Me sentía literalmente agotada, como si una violenta tempestad me hubiera zarandeado de un lado a otro.
Cuando volví con el medicamento, Daniel estaba sentado en su cama y Alice le estaba ofreciendo el desayuno. Mi amiga levantó la mirada y me observó de forma extraña, pero diría que sus ojos tenían un brillo especial.
-¿Qué sucede?
-Nada- sonrió apartando la vista rápidamente.
Como si me lo creyera...
EPOV
Colgué el teléfono, cansado de mí, de ellos, de todo. Acababa de recibir el enésimo sermón por parte de mi familia, esta vez de Carlisle. Todos los Cullen habían adivinado mi participación en el supuesto arrepentimiento de JT, y estaban muy preocupados.
Incluso Rosalie me había llamado. Era lo único bueno de los últimos días. Eso y que por fin se estaba haciendo justicia con la madre de Daniel.
Tras hablar durante horas, Rose seguía diciendo que había sido un egoísta con lo que hice, cosa que yo no había negado jamás, pero también me dijo que hasta cierto punto entendía que hubiera tenido esa reacción.
No dejaba de darle vueltas una y otra vez a lo mismo. Y lo triste es que cada vez llegaba a la misma conclusión: en las mismas circunstancias, habría vuelto a cometer el mismo error. No me imaginaba dejando demasiadas posibilidades a la muerte, simplemente no podía. Pero visto lo que había pasado después, era capaz de reconocer que había cometido un error. Lo último que hubiera querido era que Bella se sintiera tan mal... no estar con ella a su lado, apoyándola en los primeros meses de su transformación, viviendo su primer día de caza... no me lo perdonaría jamás.
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Abrí la puerta en cuanto escuché sus pasos acercarse. Esperaba su visita. Alice me había dicho por teléfono que quería hablar conmigo con urgencia. Pero no sonaba preocupada, al contrario, así que no pensaba que fuera para hablarme de mis renovadas ansias asesinas.
-Buenos días, hermanito- Alice saltó a mi cuello, colgándose de mí mientras me daba un fuerte abrazo.
Jasper fue más comedido y me dio una palmada en el hombro.
-¿Cómo te va, Ed?-Su expresión era feliz.
Abrí los ojos y mis cejas se arquearon al máximo.
-¿Que cómo me va?-los miré a ambos como si acabaran de bajar de una nave espacial o algo así.
Algo escondían, estaban muy raros, Jasper no paraba de recitar decimales del número pi y Alice estaba rememorando la Ilíada desde el primer canto, en griego clásico.
Odiaba que hicieran eso.
-Edward-mi hermana me tomó de la mano y me llevó hasta el sofá de la suite, donde tiró de mí para que me sentara a su lado.-Tengo que explicarte algo.
-Lo sé. Otra vez Homero-rezongué.
-De vez en cuando me gusta contarte las cosas sin que tú te enteres antes, Gran Hermano. O abrirte la mente sin que hurgues en ella. Y la Ilíada es una obra muy emotiva -estaba feliz.-Escucha... –entonces sí, me abrió su mente.
En sus recuerdos vi las visiones que había tenido las últimas horas. No comprendía. Entonces puso aquella mirada perdida, y vi que estaba escaneando el futuro.
Debía estar embotado por el dolor, porque me costó unos segundos comprender el mensaje que Alice me intentaba transmitir..
Yo no aparecía en ninguna de las visiones que Alice había tenido las últimas horas. Ni una sola vez. Había visto a toda la familia, pero no a Bella... ni a mí.
Mi respiración se hizo irregular.
-Crees que... que significa...-no me atrevía a pronunciar las palabras... a esperanzarme.
Alice me tomó de las manos.
-Edward... no sé qué ha sido. Algo ha pasado esta noche. Primero ella se enteró de lo de JT, y discutimos- sonreí a mi hermana con cariño, estaba seguro de que discutieron porque había intercedido por mí.- Luego estuvo muy inquieta. Daniel se puso con mucha fiebre, aunque parece que sólo es una otitis,-explicó- pero... algo ha cambiado en ella.
Continué leyendo las visiones de Alice durante un buen rato, incapaz de creer que era verdad lo que me estaba explicando. Pero al final desistí.
Me levanté y comencé a caminar arriba y abajo por la suite, la misma donde Bella y yo compartimos nuestro fin de semana romántico hace lo que ahora me parecía una eternidad.
-¿Qué creéis que debo hacer?-me pasé la mano por el cabello, presa de la inquietud.
-Esperar, sin duda-repuso Jasper con serenidad antes casi de que yo hubiera terminado de hablar.
-Jasper tiene razón-Alice se levantó.-Déjala que siga el camino que ha empezado. Pero creo que tú estás al final de él.
-Espero que estéis en lo cierto- sintiéndome mejor que en muchas semanas, me apoyé en el ventanal y miré a la ciudad. Mis ojos se dirigieron de forma automática a la misma dirección que siempre. Sabía perfectamente dónde estaba nuestro ático.
BPOV
Cerré la puerta del piso con una sonrisa. El entusiasmo de Daniel era contagioso, y tras haber pasado unos pocos días decaído por la infección volvía a ser él. Se marchó cogido de la mano de Alice, pegando botes en el ascensor. Jasper estaba de viaje, en una especie de convención o congreso de informáticos, no me quedó claro, donde solía hacer contactos para sus negocios. Alice y Daniel iban a continuar su particular ruta turística por Seattle y hoy tocaba la Aguja Espacial y el Centro de Ciencias, así que me abstuve de acompañarlos. No quería echar vinagre en mis heridas, y aquellos lugares me recordaban demasiado a momentos felices ya pasados.
Encendí el ordenador, intentando dejar de cavilar. Iría mirando la oferta inmobiliaria en mi futura ciudad de residencia, Nueva York. Afortunadamente el dinero no era un problema para los Cullen, sin embargo a mí me dolía estar viviendo a costa de los ahorros de la familia, pero tanto Esme como Carlisle se habían mostrado muy disgustados cuando insinué que eran demasiado generosos conmigo. Para ellos era parte de la familia y punto. Sin embargo les prometí que en cuanto pudiera me ganaría la vida y les devolvería el dinero. Carlisle sonrió amablemente y me dijo que tenía todo el tiempo del mundo.
También quería echarle un vistazo al nuevo colegio que Esme me había aconsejado para Daniel. Según ella era el mejor, y aunque aún faltaba un año para que empezara la escolarización obligatoria había que empezar a mirar ya, pues los colegios de más prestigio tenían listas de espera. Sacudí la cabeza, de nuevo entre maravillada y asqueada del poder del dinero. Parecía que esa lista de espera se podía acortar con donativos a la Fundación que presidía el centro.
En aquel momento sonó mi móvil y me inquieté, temiendo lo que vendría a continuación. Miré la pantalla y, en efecto, era Renée.
-Hija, ¿cómo te encuentras?
-Bien, mamá. ¿Y vosotros?
-También, aunque a ti sigo notándote la voz un tanto extraña. ¿Seguro que estás bien? ¿Va todo bien con Edward?
Lo que me faltaba, Renée Swan y su sexto sentido.
-Va bien, mamá. Ya te dije que debe ser la línea, yo también te noto la voz distinta- repuse, rogando que por lo menos como vampiro mintiera bastante mejor que como humano. A Alice no la podía engañar, pero a mi madre...
-Sí, ya me lo dijiste, pero... lo que pasa es que te noto triste -definitivamente, mi madre seguía teniendo su detector de mentiras a máxima potencia, o yo era la vampira más inútil del mundo en cuanto a engañar humanos se refería.
-Estoy cansada... mucho trabajo, las guardias...
Simulé un bostezo. Las llamadas de mis padres siempre me ponían en tensión. ¿Cómo iba a salir de esta? ¿Se lo podría confesar alguna vez? La otra opción era fingir un accidente y hacerles creer que estaba muerta...no, no, imposible, jamás les haría eso. Les destrozaría la vida. Tenía que explicarles la verdad, pero... ¿cómo, en qué momento? ¿Cuál era el mejor momento para decirles a tus padres que... eras una vampira? Tuve que sofocar una risa histérica ante la idea.
-Ya... oye, te paso a tu padre-la voz de mi madre no sonó muy convencida.
-Hola, hija. Tenía muchas ganas de escucharte-me enternecí... Charlie se estaba volviendo cada vez más sentimental, o quizá la distancia le hacía expresarse de esa forma- ¿Ya te has pedido las vacaciones?-sentí pánico.
-Pues... no, aún no.
-Bella, tenemos ganas de verte. Hace casi cinco meses que no nos vemos. ¿Qué te parece si guardas unos pocos de esos días para estar con tus viejos? Nosotros tenemos pensado hacer un viaje a Seattle en octubre.
-Papá... no sé... yo...-farfullé, tomada por sorpresa. Debería haberlo previsto. ¿Dónde estaba la agilidad mental vampírica? Definitivo, yo era un desastre.
-¿No tienes ganas de vernos? Porque nosotros a ti sí, y muchas-la voz de Charlie sonó tomada. Se daba cuenta de que los estaba rehuyendo, pero no sabía por qué. Me sentí profundamente deprimida.
De pronto escuché el timbre de la puerta. Seguramente Alice se había dejado algo. Me dirigí hacia la puerta con el móvil pegado a la oreja.
-Papá, claro que sí... es sólo que... ¡Angela!
Mi amiga estaba plantada ante mí con los ojos como platos, la mandíbula colgando y la respiración bastante perjudicada.
-Papá, a-acaba de llegar Ángela, te-te dejo y te llamo después, ¿de acuerdo?-balbuceé.
-De acuerdo, hija... ¿seguro que todo va bien? Se te nota nerviosa-colgué sin responder y guardé el móvil en el bolsillo sin perder de vista la expresión de mi amiga.
Ángela no tenía muy buen aspecto y por un momento me aterroricé, hasta que recordé que llevaba puesto el desfibrilador.
Nos quedamos mirando mutuamente durante unos instantes en los cuales el tiempo parecía haberse detenido a nuestro alrededor. Ella lucía una prominente barriga, y estaba muy guapa a pesar de la lividez que estaba cubriendo su tez por momentos y su expresión de intenso estupor. Estupor, no miedo. Su corazón latía fuerte y sereno. El suyo, y el de la criatura que llevaba dentro.
Si hubiera visto terror en su mirada, o rechazo, quizá mi reacción habría sido distinta. Pero así no pude hacer otra cosa. No tuve que decidir qué hacer o decir. Mi cuerpo actuó por sí solo y me lanzó hacia delante. Ni siquiera se me ocurrió que podía asustarse.
Afortunadamente yo era una vampira extraña, pero Angela era una humana fuera de lo común. Abrió sus brazos y me recibió en ellos. Recordé continuamente que Ang era como Daniel, pero mi cuerpo no parecía necesitarlo, conocía sus límites. La abracé con suavidad, como si fuera del más frágil cristal.
Después de unos minutos nos separamos la una de la otra, lentamente, sin dejar de mirarnos. Apreté los labios mientras mi amiga me estudiaba de arriba abajo, parpadeando, sin haber abandonado su expresión de confusión.
Ayyyyyyyyyyy, no sabéis qué ganas tenía de escribir esto... ¡casi tantas como de que se reconcilien Bella y Edward!
Hasta el miércoles o jueves, chicas.
