Buenos tardes, chicas, entre miércoles y jueves ha acabado siendo miércoles noche, pero... no os acostumbréis a que cada vez que digo que postearé un día u otro lo haga el primer día ;-).

No tengo tiempo ni de nombraros a todas, perdonadme, así que simplemente os daré las gracias a todas las que me dejáis vuestra opinión... como siempre digo, es mi orientación para saber cómo va la historia. Y me inspiráis. Me alegra ver que capítulo tras capítulo hay un grupo de lectoras que me acompaña. Chicas: podéis pegarme la bronca, si queréis, y maldecirme porque en este aún no sale Edward... os quiero igual. Y os advierto que tampoco en el próximo... Vale, secad las lágrimas de desesperación, teníamos algo pendiente, ¿no? No sé vosotras pero, después de Edward (sí, lo reconozco, Bella no va la primera ni la segunda), Angela es mi personaje favorito (a veces incluso antes que él ;-)). Ella y su amistad con Bella merecen un poco de atención. Y tenemos algo pendiente con Jacob, ¿no tenéis curiosidad?

Bienvenidas, JustGaby y Patrinix (estooooo ¿no vas a clases para leerme?... me llena de orgullo y al mismo tiempo me dan ganas de sacar a la mamá que llevo dentro y decirte "señorita, eso no se hace", jajaja... ;-)). Gracias por vuestras palabras.


Capítulo 52

BPOV

-¿Te encuentras bien?- negó con la cabeza.- Claro que te encuentras bien... estás fantástica...pero estás más pálida... tu voz es...tus ojos ¡tus ojos! Son... distintos- se acercó más a mí y me clavó la mirada- son... Bella... ¿por qué te has disfrazado de Cullen?

Sólo a ella se le podía haber ocurrido eso. Entonces fue mi turno de mirarla con los ojos como platos, y en mi estupor sentí como algo que empujaba dentro de mi pecho para poder salir. Y sin darme cuenta expulsé el aire de golpe, saliendo una carcajada, y luego otra, y otra...

En poco tiempo, se me había olvidado lo que era reír con ganas.

Mi amiga se me quedó mirando entre preocupada y divertida, sin acabar de comprender mi estallido de hilaridad.

-Bella... en serio ¿estás bien?

-Ahora empiezo a estarlo... hacía mucho que no reía así...gracias, Ang-pronuncié con dificultad por la risa.

-No hay de qué-sonrió, aunque sin dejar de mostrar cierta expresión preocupada.

Cuando por fin me calmé y pude tomar aire para hablar decidí coger al toro por los cuernos.

-Angela... ¿quieres pasar? Creo que tenemos muchas cosas de que hablar...-la observé por si aparecía cualquier signo de alerta, o miedo, pero ella asintió varias veces, confiada, aunque seguía observándome con extrañeza.

Le franqueé el paso y cerré la puerta. No lo dudó ni un solo instante y se lanzó al interior del piso de Edward.

-Siéntate, por favor. ¿Quieres que te prepare algo?

-No, gracias...-me miró y se mordió el labio, con semblante indeciso. La miré sonriente, animándola sin palabras a proseguir.- No te molestes pero... es que noto un olor raro...

Mierda.

-Quizá con el embarazo se te ha afinado el olfato-repuse.

-Se me habrá afinado, pero no me invento olores, Bella Swan... huele raro. Y tú lo notas, no lo niegues... sigues mintiendo como una criatura de 2 años- Joder, joder y joder - Y quiero decirte que espero que seas sincera desde este mismo punto de la conversación- remató.

-Está bien... - Suspiré.-¿te molesta mucho el olor?

La pregunta la sorprendió, como si no pudiera creer que a mí no me molestara ese tufillo.

-No es agradable, pero se puede soportar- repuso.

Me levanté y abrí las puertas de la terraza. De inmediato una agradable brisa penetró en el piso.

-¿Mejor?-ella asintió.-Oye... –pregunté con súbita preocupación- funciona bien el desfibrilador, ¿verdad?

-¿El "alien"? Bueno, afortunadamente aún no he podido comprobarlo, pero en todas las revisiones me dicen que sí. Aunque no me dejan trabajar, estoy de baja por embarazo de muy alto riesgo-bufó.-Pero no me desvíes el tema. Antes de saber por qué luces ese extraño aunque favorecedor nuevo look quiero saber por qué coño no has contestado a mis llamadas. He estado a punto de mandarte a la mierda, de hecho hoy era la última oportunidad que te daba. Cuando hablamos por teléfono aquel día –me estremecí pero no se dio cuenta... el día que hablamos fue el día de mi atropello- me juré que era el último, pero luego algo me decía que tú no eras así, que hacías lo que hacías por algo. Así que decidí venir a verte en persona. Y luego... leí en la prensa sobre aquel niño, Daniel Smith, y la loca de su madre, y recordé que tenías todas aquellas sospechas y yo pensaba, o deseaba, que estuvieras exagerando... Lo siento mucho, Bella -me miró con tristeza.

-No te preocupes... hasta yo llegué a pensar que estaba paranoica, hasta que obtuve pruebas de que no.

-Pues ése era el empujoncito definitivo para animarme a buscarte. No veas la de llamadas que he tenido que hacer para que alguien me diera la dirección del piso de Edward. Sabía que tenía uno en Seattle... e imaginaba que estarías aquí.

-¿Y quién te ha facilitado la dirección?

-Pufff... en el Northwest nadie que yo conociera lo sabía, ya sabes que Edward no es el rey de la vida social- me encogí levemente por la punzada pero intenté disimular- así que me dirigí al Infantil. Allá reconocí a un residente de urgencias pediátricas, Liam. Sé que hace traslados también con Emergencias, trabaja con Jake...

-Eso yo no lo sabía... amiga Holmes-sonreí con ternura sin poder evitarlo.

-Serás cabrona, no estoy para bromas-repuso medio en broma medio en serio.-Bueno, pues Liam fue quien me facilitó esta dirección.

-Me alegro de que lo haya hecho. Pero... no sé si tú sentirás lo mismo.

-¿Por qué no me voy a alegrar de encontrar a mi amiga? Porque aún lo eres, ¿no?- en sus ojos negros veía incomprensión, duda, y... dolor.

-Por supuesto, Ang... es sólo que me vi obligada a hacer lo que hice.

-No, no empecemos con frases crípticas, Bella-negó moviendo la cabeza con firmeza.-Habla claro.

La contemplé durante unos instantes, dudando de lo que debía hacer. Estaba claro que ella merecía una explicación, pero... ¿no le haría más daño dándosela que no haciéndolo? ¿Podía permitirme asustarla explicándole lo que era? ¿Podía ser sincera y quizá estropear su relación con el que era el padre de la criatura que llevaba dentro? La cual, por cierto, era evidente que llevaba los genes quileute, porque cualquier humano normal habría estado encantado con el olor a vampiro. Pero no Angela, no en este momento. De alguna forma el bebé la hacía sentirse molesta con el olor a vampiro.

Por otra parte, estaba claro que Jacob no le había explicado nada de los genes que llevaba el bebé, y ella merecía saberlo. Y, sobre todo, ya estaba bien de tomar decisiones por ella, de intentar protegerla... ¿no era eso lo que me había alejado de Edward? Pensé, dolida. Algo así, sí. Y entonces tomé la decisión. Ella pedía la verdad. Yo sabía que podía confiar en su silencio. Así que se la diría, y que fuera ella quien tomara la decisión.

-Bien...-contesté por fin.-Primero, tengo que advertirte que lo que te voy a explicar es lo más raro que has oído en tu vida. Que vas a pensar que estoy para que me metan en una institución mental, pero antes de eso...por favor, mantén tu mente abierta como la de un niño, ¿de acuerdo? Y si luego lo piensas bien, verás que atas muchos cabos. Aunque la explicación sea increíble, es la única que hay.

Ella asintió, la notaba un tanto alerta por mis advertencias pero en el fondo feliz de que por fin confiara en ella, así que tomé una buena cantidad de aire y me animé a continuar.

Y comencé a explicarle la historia desde el momento en que empecé a notar cosas extrañas en Edward, la historia que había decidido ocultarle desde el primer instante, para protegerla y proteger a los Cullen. Su expresión cambió muchas veces durante la explicación, pero la más predominante fue la de tristeza. Y supe que estaba dudando de mi salud mental. Entonces le tomé una mano con suavidad y se la dirigí a mi cuello.

-¿Lo notas?-sus ojos se abrieron como platos y desplazó sus dedos por todo mi cuello, buscando el pulso, y luego a mi muñeca. Puso su mano sobre mi pecho. Nada.

Se me quedó mirando fijamente con la boca abierta y la respiración superficial, como si fuera una aparición, pero no una de la que tuviera miedo. Casi percibía los movimientos de los engranajes de su mente, en un esfuerzo por cambiar su visión de la realidad por una parte, y al mismo tiempo negar que lo que era evidente ante sus ojos era cierto... estuvo así muchos minutos, quizá cinco, quizá diez, hasta que por fin reaccionó. Y vi cuál era la parte que había ganado. Su expresión se volvió serena, admirada, y por fin dulce, y las lágrimas afloraron a sus ojos.

-¿Por eso te negabas a verme?

-Más o menos-asentí.

-¿Era porque tenías ya pensado-paró un instante, como si le costara pronunciar la palabra- transformarte en alguien como Edward y temías hacerme daño? ¿Me estabas protegiendo?

-No... sí... bueno, es más complicado que todo eso. Es una larga historia, pero... creo que de momento ya te he explicado lo suficiente, no quiero cansarte. Habrá tiempo de continuar.

Ella se levantó y se dirigió hacia el balcón.

-Necesito tomar aire, pero en seguida estaré bien. ¿Tienes tila o algo? Me tomaría un vaso lleno de whisky, pero el médico me lo ha prohibido.

-Claro. Te la preparo en seguida-dije desde el interior de la casa.

Le llevé la humeante taza al balcón, y ambas nos sentamos en las sillas que había dispuestas. Me estudió con la mirada mientras tomaba sorbos del cálido líquido.

-¿Cómo puede ser que tengas tila? No me vas a decir que también la tomas.

-Bueno... tengo visitas humanas, y viene una señora a limpiar la casa de vez en cuando. No sería normal que no hubiera alimentos.

Ella asintió, comprendiendo. ¿Le diría lo de Daniel? ¿Cuándo sería un buen momento?

-¿Ahora te van las películas de dibujos animados?-preguntó extrañada al observar el montón de DVDs de animación que había al lado de la TV. Angela seguía tan observadora como siempre.

-Bueno... no vivo sola. Conmigo están Alice Cullen y su marido... y un niño.-Mi amiga se atragantó con la tila y estuvo tosiendo un buen rato hasta que pudo hablar.

-¿Qué has dicho?- su cara ya no daba de sí para expresar tanta sorpresa. Suspiré.

-Ya te he dicho que es una larga historia...

-Veamos... –tomó aire y espiró lentamente varias veces- mi mejor amiga me acaba de confesar que su novio, su familia y ahora ella misma son vampiros... sí, me va a costar de digerirlo, pero ahora ya estoy puesta... además, estoy de veintidós semanas, y tú me has dicho que no trabajas, así que tengo aproximadamente dieciocho semanas más para escuchar tu historia-sentenció.

Entonces se levantó.

-¿Dónde vas?-pregunté confusa.

-¿Me podrías decir dónde está el baño? Es que así durante un par de horas no tendré que interrumpir tu historia. Ya sabes... el embarazo -se encogió de hombros con una mueca graciosa.

Sonreí asintiendo, y le indiqué la situación del aseo más próximo. Me levanté y fui a la cocina, donde coloqué en un plato pastas de té, leche, varios sobres con distintas infusiones y una tetera llena de agua caliente. Quería tratar a mi huésped como se merecía. Mientras colocaba las cosas sobre la mesa del balcón pensé en lo curioso de mi situación respecto a la maternidad. Siendo humana habría sentido alguna punzada de celos, imaginando que yo no sabría nunca lo que era un embarazo. Pero de pronto me di cuenta que me habían desaparecido esas ansias. Simplemente, mi cavilaciones y vueltas y más vueltas a la idea de renunciar a un embarazo, a ser madre, por estar con Edward... ya no estaban. No sabía si era por el hecho de ser vampira y carecer de instinto, que no de sentimiento, maternal, o porque la compañía de Daniel paliaba esos sentimientos. Pero ya no sentía esa necesidad apremiante.

-Bien-mi amiga se sentó enfrente de mí en la mesa y sus ojos se animaron ante la vista de los dulces.- Ya puedes empezar. Soy toda oídos.

.

.

Las horas pasaban y Angela no daba señales de cansancio. Su mirada brillante seguía atenta toda mi explicación, y no paraba de hacerme preguntas, una y otra vez, sin dejarme continuar hasta que algo no le quedaba claro. Tan sólo le oculté la parte de Jake. No estaba muy segura de cómo afrontar esa explicación. Paramos un momento para que ella volviera al baño y mientras tanto le calenté una porción de lasaña, pues ya se nos había hecho la hora de la comida. Ella se acercó a la cocina.

-Huele de maravilla. ¿Sigues cocinando? ¿Pruebas lo que preparas?-sonreí para mí misma mientras sacaba cubiertos, vaso y un pequeño mantel individual. Su curiosidad y sus preguntas no tenían límite, y me recordaba a mí los primeros días de salir con Edward. Mi cara debió cambiar al acordarme de él, porque ella tomó los cubiertos que le ofrecía para llevarlos a la mesa y me observó con preocupación.

Lo dicho, era una vampira de lo más inútil.

-¿Qué sucede?

-Nada... –repuse. Ahora no, todavía no estaba preparada para explicárselo y ella no lo había preguntado- Y no, no pruebo la comida, sería absurdo porque me sabría a tierra. Pero tengo las recetas tan memorizadas por los años de práctica que en general Daniel no protesta mucho.

-Daniel. ¿Se llama así el niño?-asentí- Como... como... un momento...- me clavó la mirada y leyó mi expresión – ¡Daniel!

Asentí. Entonces se quedó definitivamente sin palabras. Abrió y cerró la boca de forma alternativa varias veces como si fuera a decir algo. Hasta que por fin las palabras salieron de su boca.

-Bella... si hasta ahora me estabas protegiendo de ti, y por eso te alejaste de mí... cómo -pensó varias veces lo que quería decir- ¿cómo es que aceptaste la responsabilidad de cuidar de un niño?

-Porque vi que no representaba un peligro para él, al igual que ahora estoy hablando contigo porque sé que no te voy a hacer daño. De lo contrario no te habría permitido que pasaras por esa puerta-aseguré.

-Entonces... ¿me habrías venido a buscar tarde o temprano si yo no lo hubiera hecho?-la alegría en su tono de voz me enterneció.

-Sí, ¡por supuesto! Ya pensaba hacerlo el día que hablamos, había tomado la decisión, pero entonces...- mi voz se apagó y parpadeé varias veces, alejando la molesta sensación de mis ojos. Inspiré con fuerza intentando alejar la sensación de intensa angustia cada vez que recordaba aquel momento. – Entonces todo se torció. Aquél fue el día que el coche de la madre de Daniel me dejó desangrándome sobre el asfalto-me froté la cara con ambas manos.

La cara de mi amiga se contrajo en un gesto de horror absoluto y se tapó la boca con ambas manos, ahogando un grito.

-Creía que... creía que lo tuyo había sido algo planeado-balbuceó cuando recuperó la palabra.

Negué con la cabeza y miré el cielo gris de Seattle, perdiéndome en mis recuerdos.

-No estás con él, ¿verdad?-susurró mi amiga, comprendiéndome a la perfección, como había sido entre nosotras desde el primer momento.

Cerré los párpados con fuerza, sintiendo la ruptura de la presa, por fin, después de tantas semanas. Las acometidas del dolor que había estado conteniendo invadían cada célula de mi cuerpo, dejando la devastación a su paso. Me abracé a mi misma doblada por el dolor físico que llegué a sentir hasta que percibí los brazos de mi amiga alrededor de mí. Mi cuerpo se sacudía con espasmos y de mi garganta salieron sollozos a borbotones.

-Dios... Bella, lo siento... –me abrazaba con fuerza, soportando mi pena mientras me acariciaba el cabello como si fuera una niña pequeña.

-Angela, me sentí tan espantosamente mal por lo que hizo... tan sola, engañada, asustada... y le dije cosas horribles-murmuré entrecortadamente.

Me di cuenta de cuánto la había echado de menos, de cuánto echaba de menos a mis padres. Y del enorme vacío que Edward había dejado en mi pecho. Se había terminado la negación, la barrera a la realidad. Mi mente había sostenido a mi cuerpo de esa forma, hasta que la realidad me había golpeado al reconocerla por fin.

Me llevé las manos a la cara notando humedad en esta, y ahogué un grito al mirar mis dedos. Había sangre en ellos, mi sangre. Estaba llorando sangre. Recordé que Edward me había explicado en una ocasión que los vampiros no lloraban, pero que algunos vampiros, como rara excepción y en ciertas situaciones emocionales, podían llegar a derramar lágrimas de sangre.

Definitivamente yo era una de esas rarezas.

Me aparté un poco y me tapé la cara, pues en aquel momento pensé que Angela se asustaría al verme así, o que le resultaría desagradable.

-Bella, por dios, ¿te has hecho daño?-gritó asustada al ver mis manos. Seguí tapándome la cara.

-No, no. Estoy llorando.

-¿Sangre?-jadeó.

-Sí-me levanté avergonzada, todavía con la cara tapada, y me dirigí al baño.

-¡Detente ya, Bella Swan! ¿Se puede saber qué coño te pasa? ¡Estás llorando! ¡Qué importa que sea sangre o café con leche? ¿De qué te avergüenzas?-sonó su voz enfadada a mi espalda. Muy enfadada.

-Me da apuro... no quiero impresionarte-repuse sin virarme.

-Si he sobrevivido a todo lo que me has dicho hasta ahora, creo que no me impresionará esto-se acercó y se puso enfrente de mí.

Bajé mis manos y me la quedé mirando. De pie, con los brazos en jarras, me devolvió una expresión dolida.

-Oh... mírate, estás fatal-cabeceó con preocupación y me tendió un pañuelo de papel. Lo tomé y entonces, sin esperarlo, me abrazó.

-Voy a mancharte la ropa-protesté.

-Vete a la mierda-espetó.

-Gracias-suspiré, y me dejé llevar.

Estuvimos así durante unos minutos, las lágrimas continuaban derramándose por mi cara pero, a pesar de haber abierto las compuertas de la presa, me sentí mejor que en mucho tiempo.

.

.

-Pronto vendrán Alice y Daniel-miré el reloj del comedor.

Angela y yo estábamos medio tumbadas en el enorme sofá, una a cada lado con las piernas flexionadas. Como en los mejores y viejos tiempos. Ella sostenía un enorme recipiente de helado de chocolate en su regazo, y lo atacaba con voracidad. La diferencia, aparte de la obvia de mi aspecto y del suyo, era que esta vez yo me limitaba a observarla sin compartir el helado, sonriendo al ver la lujuria que demostraba con ese dulce.

-Cualquiera diría que no tienes sexo... la voracidad con la que atacas al pobre helado no dice mucho de tus niveles de endorfina-bromeé y pensé que me seguiría la corriente, pero para mi sorpresa ella hizo una mueca.

-Puff... no sé qué decirte. Jake está mucho fuera de casa por sus guardias, y cuando está...-bufó.-Yo me muero de ganas y él me trata como si fuera de cristal. A veces se deja llevar por la pasión y después parece arrepentido, como si me hubiera podido matar, o algo-me miró con la tristeza reflejada en sus oscuros ojos.-Bella, supongo que es normal, pero... sólo espero que pase pronto. Quizá cuando tenga el bebé...-su voz se apagó y se hundió en sus propios pensamientos.

Me dolía verla así, e imaginaba cómo se sentía. Conocía el grado de sobreprotección que podía ejercer Jake, vaya si lo conocía. Demasiado bien. Esperaba que sólo fuera una fase, que él superara su miedo a perderla y que volvieran a disfrutar juntos de forma despreocupada. Era triste ver dónde una pareja donde había amor incondicional podía correr el riesgo de romperse. Entonces pensé con amargura que eso me había pasado a mí misma. Angela había escuchado conmovida todo el relato de mi ruptura con Edward. Cuando terminé no dijo nada, ni yo le pregunté. Pero me hizo mucho bien verbalizar por fin mis sentimientos.

Era la primera vez que meditaba sobre el tema y por un instante sentí deseos de hablar con él. De pedirle disculpas por las palabras horribles que salieron de mi boca, pero decirle también que no podía olvidar lo que me había hecho. ¿Valía la pena hablar con él para decirle eso? ¿No sufriríamos ambos más?

Ang emitió un sonoro suspiro, clavando la cuchara por última vez en el helado de chocolate de tres sabores.

-Tendré que irme, Bells, pero me gustaría volver mañana, o cuando a ti te fuera bien. Creo que aún hay mucho de que hablar- dijo, estudiando mi reacción a su propuesta.

-Claro, cielo. Esta casa tiene las puertas abiertas para ti, siempre y a cualquier hora-sonreí a medias y de pronto pensé en algo que debería haber pensado antes.-Pero no se lo digas a Jake.-Ella puso cara de haber visto un marciano.

-¿Qué? ¿Qué no le diga a mi novio que vuelvo a ver a mi mejor amiga?-frunció el ceño y yo exhalé.

-Es lo mejor.

-¿Mentir es lo mejor?-me contempló con incredulidad durante unos segundos y de pronto pareció encajar las piezas del puzzle y su mente se iluminó.-Jacob sabe algo, ¿no es cierto? ¡Mierda!-se golpeó la frente con la palma de la mano-¡Por eso no soporta a Edward! –gritó.

Se levantó de forma brusca y comenzó a caminar por el comedor, retorciéndose las manos, recordando, atando por fin todos los cabos sueltos. Se paró al otro extremo de la habitación y me miró con tristeza.

-Dime que Jacob no tuvo nada que ver con que te alejaras de mí-pidió con voz quebrada.

Le devolví la misma mirada, sosteniéndosela, y apreté los labios durante unos segundos. Ella esperaba mi respuesta. Pero yo no le quería dar mi versión, ahora; quizá si hablaba antes con él no montaría en cólera. Quería que él, el padre de la criatura que llevaba en el vientre, tuviera una oportunidad de explicarse.

-Habla con Jacob, Ang. Él te explicará. Y si quieres volver a verme, yo estaré aquí. Pero por favor, sólo te pido una cosa: no creas que ni yo ni ninguno de los Cullen sería capaz de hacer daño a nadie... por favor.

Me contempló durante unos instantes, su expresión insondable, y entonces fue a tomar su bolso. Se acercó a mí y me besó en la mejilla.

-Hasta luego. Te prometo que volveré.

Asentí en silencio. Si no había cambiado, si seguía siendo la amiga que recordaba, y eso parecía, sabía que lo haría.


Lo de llorar sangre lo tomé de True Blood. Bill Compton llora en el primer libro, una vez. No he leído que ni él ni ningún otro vampiro de esos libros volviera a llorar más adelante.

Un beso a todas, y hasta el domingo o lunes ;-)