Buenas tardes, casi noches... os traigo el que toca, y ya sabéis que hasta el lunes 5 de septiembre no hay más. Este capítulo es un poco más largo de lo habitual, como ya os comenté, pues repartí el capítulo de la semana que viene en esta.
Gracias a todas, y a Pegn y Maria José, que han dado el visto bueno a este ¡sin ninguna corrección! (aún no me lo creo :-P).
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Comentarios del 53:
v. cullen... espero que no necesites un alien, a ver si la cosa se va relajando ;-)
Kisara Mansen, sí, Jake estaba guardando demasiado tiempo el secreto. Hay que aclarar cosas.
nohemi, lo estábamos esperando, no? Jake recibió por fin.
yamira hrdz, sí, ya se ve la luz.
namy23, gracias por tu comentario. Las cosas se van aclarando, que ya toca.
YoliCullen, a ti no te hablo que te veo pronto, jajaja. No, que gracias :-*
Mentxu Masen Cullen, Angela sí es extraordinaria, repito que es mi personaje favorito.
LuisaMarie22, me sonrojas con tus palabras *blush*. Mi autógrafo? Mi letra es horrible, como buen médico, jajaja, pero gracias por tus palabras. Si tuviera tiempo siempre contestaría a todos los comentarios. "esos dos malditos, son sobreprotectores pero no pido que vuelvan con ellos( mentiras te lo ruego =) )". Me gustó esto.
Nurymisu, lo dicho, si me pasas un día a buscar no pongas la sirena, por dios. Y no me metas en la ambulancia, me dan claustrofobia, jajaja. Ya quedaremos. Por otra parte, gracias por tu comentario, de principio a fin. Y sé lo bien que sienta que te responda la autora, sabes bien que también soy lectora ;-).
I love Edward, gracias por tomarte tu tiempo... sí, Bella está un poco pensativa respecto a lo que le dijo a Edward. Qué pasará? ;-)
Paola Cullen, gracias guapa.
Gine, qué risa lo de Batman, estás loquita, pero esta vez no hablaste francés, habló Ang por ti, jajaja.
isa-21, es que Ang tiene carácter...
salyluna " "bella y Edward se encuentran de frente"... y taran... esperar 1 semana por que ahi si me daran ganas de destriparte y liego me arrepentiria por que si te mato, quien fregados termina tu fic?" qué miedo me diste XDDD.
bellaliz, yo también quiero a Edward... suspiro.
mlopez "Digamos que estamos un poco hartas de esas actitudes machistoides" ¡amén!. Yo también soy team Angela ;-).
Roxx marie, "Veremos que pasa cuando aparezca el bombón de Edward y vea a Bella en el papel de madre." XD, él ya sabe lo de Daniel, piensa que está comunicado con Alice.
lizco2, no eres la única que cree que la reacción de Ang es exagerada... me lo dijo una de mis betas. Ya se le pasará...
PRIGSPE, me alegro de que te guste el humor de Ang.
alexpattinson, Edward... quién no lo echa de menos?
Anaidam, gracias, gracias por tus palabras sonrojantes. Besoide enorme.
Esme Mry Cullen, de nuevo gracias por tu review tan completa, colega. Como te dije, espero no defraudarte.
Ely Cullen M, Edward... el añorado ;-)
Capítulo 54
BPOV
Me alegraba de tener a mi amiga conmigo de nuevo, y Jake me caía peor que mal después de lo que había hecho, pero no podía evitar tener remordimientos de conciencia. Ella estaba embarazada, no era el mejor momento para pelearse con el padre de tu futuro hijo.
-Estoy bien-agitó la cabeza y respiró con fuerza.-Todo se arreglará.
-De momento te quedarás aquí, aunque he de advertirte que puede que tu novio acampe en el rellano para asegurarse de que estás bien.
-Ahora le llamaré, para que lo sepa, y le voy a decir cómo están las cosas. Si no lo acepta... no lo querré a mi lado.
-Angela, no...
-¿No?-levantó un dedo acusador y frunció el ceño -No me des lecciones de pareja, Bella Swan. Ni siquiera has tenido el valor de hablar con Edward sobre lo que pasó.
Sellé los labios con silenciosa determinación. No estaba dispuesta a hablar del tema con mi amiga. Como si no tuviera suficiente con Alice.
-Escucha, me quedaré aquí unos días, de acuerdo... Pero si me pides que arregle las cosas con él debes ser justa y por lo menos darle una oportunidad a Edward para explicarse.
-Ang... mírame... –me señalé de arriba abajo con un movimiento de las manos- yo no le pedí ser esto. Peor aún, se lo negué. Y lo hizo.
-Bells, estabas muy grave por lo que me explicas. Siempre he trabajado en Urgencias, y lo sé. Edward siempre ha sido muy protector contigo. No quiero imaginar lo horrible que tiene que ser ver al ser que más amas en el suelo, desangrándose... ¿Qué crees que habría sentido si hubiera decidido lo contrario y hubieras muerto? – Engoló la voz haciéndola más grave - "Venga, vamos a esperar a la ambulancia y luego estoy seguro de que los competentes chicos de la UCI sacarán a Bella de este apuro." ¡Por dios! ¡Cometió un error, un error porque te amaba!
-¿Un error porque me amaba, porque estaba preocupado por mí? ¿O un error egoísta, porque no quería estar solo?
-¿Hay tanta diferencia? No quería estar solo porque te amaba. Quería estar contigo -negó ella, mirándome fijamente.- Puedes decir muchas cosas de Edward, pero no que sea egoísta. Y lo sabes.
Miré al suelo, notando intentando controlar el escozor en mis ojos, mi respiración agitada y difícil, el puño de acero que comprimía sin piedad mi corazón. De nuevo necesitaba el aire fresco. Aunque no lo respirara, me hacía sentir mejor.
-Prométeme que hablarás con él – escuché la voz de mi amiga mientras me dirigía hacia el balcón del comedor.
Lo sopesé durante unos minutos. Ang se situó a mi lado, mirando las hermosas vistas de la ciudad. Esperando.
¿Podría hablar con él? Por una parte tenía pánico a que mi cuerpo traidor cayera bajo su influjo, y de que la conversación terminara en sus brazos antes de haber empezado. Pero no, eso no pasaría... la ira que irrumpía que en mi interior cada vez que recordaba sus palabras me lo impediría. Seguía sin comprender que hubiera hecho aquello. Era algo irreversible, ¡por dios! ¿Cómo se había atrevido? Por otro lado, le había dicho cosas horribles, como que le había venido muy bien ese momento para hacer lo que hizo. Seguía desengañada por lo que hizo, pero no se merecía aquellas crueles palabras.
-Te lo prometo-repuse.
-Antes de que yo dé a luz.
-No lo sé-miré el perfil de mi amiga. Estaba seria. Entonces se giró y me encaró.
-Bueno, algo es algo. Lo has prometido-sonrió con tristeza.- Venga, dime dónde puedo acampar, estoy reventada.
-De acuerdo... te acompañaré a tu habitación. Luego te subo una tila, ¿de acuerdo? Pero antes...Ang... ¿no le vas a llamar? Querrá saber si estás bien.
Ella abrió los ojos como platos.
-No me puedo creer que después de lo que te hizo seas tan comprensiva con él.
-Supongo que ahora relativizo las cosas... no sé, lo he pasado mal por esto y ahora todo ha pasado. Entiendo que para ti es diferente, te acabas de enterar, pero...-miré a su barriga.
-Está bien, le llamaré y le diré que estoy viva, y que voy a estar aquí contigo, hasta que no tenga claro que quiero volver con él -la miré con consternación, sintiéndome culpable.-¡No me mires así! Todo esto se lo ha buscado él solito, ¡yo ya soy mayor para tomar mis decisiones con la máxima información posible y quiero que le quede bien claro!
-Eh, eh-levanté las manos en señal de paz.- No te voy a dar lecciones de relaciones humanas... bueno, de eso menos que nada-me dio la risa tonta, y a ella también. Se quedó pensativa y abrió la boca como para decir algo pero la cerró de inmediato.- Ang, dispara. Venga.
-Bella... es... ¿es... cierto que Edward te mordió?-me miró con tanta timidez como curiosidad.
Sabía que era imposible, que sólo era un recuerdo de mi cuerpo, pero tuve la clara sensación de estar enrojeciendo. Me mordí el labio dudando, y al final decidí sincerarme. No había nada que esconder, ya no.
-Sí... ¿te acuerdas del apósito del cuello? ¿Aquél que llevé durante unos días, mientras Edward estaba en el congreso?
Su mandíbula se abrió de una forma que pensé que se le saldría de sitio la articulación, los ojos parecían a punto de salírsele de las órbitas y por un momento pareció a punto de atragantarse con el propio aire. Me preocupé pero reaccionó enseguida.
-¡Joder, joder y joder, estuve a punto de quitarte el apósito para gastarte una broma!
Me dio un ataque de risa tan fuerte que me tuve que tapar la boca, y ella me siguió.
-Imagínate que lo llegas a hacer -dije entre carcajadas-¡qué cara habrías puesto!
Tras calmarnos un poco y enjuagarse ella las lágrimas adoptó una expresión traviesa y curiosa que yo ya conocía, así que no me sorprendió lo que preguntó a continuación.
-¿Y cómo te sentías... cuando lo hacía?
¿Cómo me sentía? Cerré los párpados y rememoré lo que me provocaba estar con Edward, tan cerca, tan unidos... Suspiré, perdida en mis recuerdos.
-Está claro, te llevaba hasta el infinito y más allá.
Nuestras risas no despertaron a Daniel, pero creo que faltó poco.
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Acompañé a Ang a su habitación y le mostré dónde estaba todo. Antes de darle las buenas noches me había advertido que quería estar sola y la respeté, pero fue muy duro escucharla sollozar hasta que se durmió. Por lo menos no había vuelto a despertarse desde que había cogido el sueño, un sueño profundo, porque apenas se movió el resto de la noche. El sueño podía ser un buen refugio cuando podías permitírtelo.
Alice y yo hablamos con Esme y luego con Carlisle, quien estaba de guardia, informándole de los últimos acontecimientos. Decidieron organizar una reunión urgente con los indios para el siguiente fin de semana.
Más tarde Alice y yo tuvimos una conversación durante la noche sobre la situación actual y nuestros planes, y habíamos decidido cambiarlos. Ella se llevó a Daniel a comprarle ropa, como si no tuviera ya bastante, con la excusa de que así mi amiga y yo hablaríamos con más calma. Me llamó por teléfono poco después de salir de casa.
-Bella, Jake está parado enfrente de nuestra casa. Tiene cara de estar desquiciado. Ni siquiera se ha escondido cuando he pasado cerca de él. Abre el escudo...maldita sea, debería haberlo hecho antes: voy a ver qué pasa.
Accedí y escuché una exclamación de alegría.
-¿Qué sucede, Alice? ¿Qué ves? ¿Se va a solucionar lo suyo pronto?
-No lo tengo nada claro, Bells. Ella está muy firme en sus opiniones, y él no cede. Pero no hay lucha próxima. Puedo irme tranquila.
-¿Entonces por qué das esos grititos de alegría? Me habías dado esperanzas-refunfuñé.
-Bueno, es que me esperaba algo peor-dijo.-Dile que le llame y hable con él. ¿Lo harás?
-Por supuesto, pensaba hacerlo-comenté, extrañada por su respuesta.
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La dejé dormir todo lo que quiso, contenta de que por fin estuviera descansando, y se despertó a media mañana.
-Buenos días, Bella- entró en la cocina, donde yo ya le estaba preparando el desayuno.
Tenía los ojos hinchados por el llanto nocturno y el sueño prolongado, pero a pesar de eso lucía un aspecto relajado. Apareció vestida con un divertido pijama de premamá donde ponía "¿Niño o niña?"
-Buenos días... dios, qué burra soy, ni siquiera te he preguntado qué llevas-dije señalando su abultada panza.
-Es niña-sonrió dulce, bajando la vista y frotándose con cariño la barriga.
Ahora habría venido la típica pregunta del nombre, pero eso le habría traído a Jake a la mente y quería evitarlo.
-Niña...-sonreí, imaginando una pequeña Ángela. Le tendí un bol de cereales con leche y cacao.-Espero que no te haya cambiado el gusto el embarazo.
-No... sólo me ha afinado el olfato-tomó el bol y lo dejó sobre la mesa.
-Oh, lo siento-me dirigí a abrir la ventana para ventilar la enorme cocina. Ella rió.
-Sólo me estaba metiendo contigo... creo que me voy acostumbrando. Pero vale, para comer prefiero que abras la ventana-sonrió un poco avergonzada.
Me encogí de hombros, restándole importancia.
-Supongo que al ser dos se nota más el olor. Sobre eso... he estado hablando con Ali. Ahora ha salido un rato con Daniel para que podamos hablar con calma. Hemos decidido hacer un cambio de planes, lo hemos hablado con Jasper y está de acuerdo dadas las circunstancias. Ellos se irán ya a Nueva York. Nosotras nos quedamos aquí, con Daniel. Todo esto si te parece bien, pero es que pensamos que es lo mejor... De ninguna manera Jacob aguantará que vivas con tres vampiros.
Ella pareció dar un leve respingo al escuchar la palabra. Tendría que ir acostumbrándose.
-Jacob aguantará lo que tenga que aguantar-frunció el ceño con fiereza.
-Ang, no me puedo creer que esté intercediendo por él, pero... creo que tampoco hay que darle más de lo que pueda soportar-la miré mientras le acercaba una cuchara.
Ella exhaló con fuerza, y cerró los párpados en mudo asentimiento, dando a entender que daba su brazo a torcer. Mi amiga podía ser tan cabezota como yo.
Mientras estaba desayunando sonó su móvil, pero ella colgó y siguió desayunando tan tranquila. Esto mismo pasó tres veces seguidas.
-¿No piensas contestarle ninguna llamada?-alcé una ceja.
-No, más tarde ¿Y tú, no piensas llamar a Edward?
Tocada.
-Llámale o echará la puerta abajo-le oculté que estaba frente a nuestro portal.- Y no me hago responsable de lo que pase si hace eso -la miré ceñuda, intentando poner esa mirada amedrentadora que se supone que debían tener los vampiros.
-Después de ti, Bella Swan-me sostuvo la mirada tan tranquila, cruzándose de brazos.
Lo dicho, yo era una vampira desastrosa. Si todos hubieran sido como yo, en vez de cuentos de miedo se habrían creado tiernas nanas para acunar a los bebés.
¿Llamarle? Lo deseaba furiosamente, pero estaba aterrorizada. ¿Por qué? ¿Y si estaba dolido conmigo? ¿Y si era él quien no quería saber nada más de mí? No me había vuelto a llamar desde que le saqué de mi vida. Estúpida, ¿le habrías cogido el teléfono? Te habrías enfurecido más y él lo sabe. Te prometió que saldría de tu vida si se lo pedías y ha cumplido su palabra. Él es así. ¿Volverá a entrar en mi vida si se lo pido? ¿Quiero pedírselo? Agité la cabeza para sacudirme estos pensamientos. No había otra manera. Yo le había alejado de mí, era yo quien tenía que mover ficha.
Angela esperaba, contemplando serena el flujo de mis pensamientos a través de mi expresión.
-Está bien-susurré sin apenas voz.
Su cara se iluminó como no la había visto desde antes de separarnos. En aquel momento escuché que llegaban Alice y Daniel. El pequeño entró en la cocina como una exhalación.
-¡Bella!-saltó en mis brazos y lo cogí al vuelo.
-Hola, cariño. Te presento a mi amiga Angela.
La miró atentamente y se detuvo en su abultado abdomen.
-¿Tienes un bebé?-señaló.
-Sí-sonrió ella, y le dio un beso-Hola, Alice, y... Daniel, ya tenía ganas de conocerte.
Le dio un beso pero él no hizo mucho caso, hipnotizado por esa zona del cuerpo de mi amiga. Me pidió que lo bajara y se acercó, tocándola con suavidad con ambas manitas.
-¿Cómo ha entrado? ¿Y cómo sale?
-Daniel, te lo explicaré más tarde-repuse mientras Alice y Angela reían.
-Siempre me dicen eso -hizo un puchero.
-Que no, en serio, que te lo explico más tarde- reí yo también.
Salimos de la cocina junto con Alice para dejar a mi amiga que terminara de desayunar en paz. Además, tenía una llamada que hacer.
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Angela habló con Jake. No es que yo estuviera espiándoles, pero no pude evitar escuchar la conversación. Estaba como loco. Llegó a darme pena. Sí, de veras. Pero Angela se mostró inflexible. Decía que la única forma de que él dejara de tener prejuicios era mostrarle que estaba equivocado. Accedió a llamarle varias veces al día para informarle de que se encontraba bien.
Por la tarde, tras la comida, les dejé un rato mirando dibujos animados. "Buscando a Nemo" era una película que le gustaba mucho a Daniel, y mi amiga humana reconoció que desde que estaba embarazada su afición a la animación había aumentado. Se les veía encantadores a ambos sentados en el sofá, riéndose de esa forma tan inocente.
Fui arriba para ayudar a Alice con las maletas. En cuanto Jasper llegara de su viaje por la noche, se marcharían a Nueva York.
No había por qué esperar. La decisión estaba tomada. Alice y Jasper no estaban conmigo porque no se fiaran de mí. Había demostrado capacidad de contención de sobras. Yo hacía tiempo que deseaba que ellos pudieran volver a su vida normal, pero aún no me atrevía a enfrentar a la soledad que tenía dentro de mí a pesar del cariño de Daniel. Era curioso, pero ahora que había recuperado mi amistad con Angela me sentía más fuerte para enfrentarme a mi nueva vida, sin ellos. Ya sabía que no podía ser como antes, que mi amiga humana se marcharía en pocos días, y eso esperaba, porque significaría que sus problemas con Jacob se habían arreglado.
Pero aún así su reaparición en mi vida había sido una inyección de optimismo para mí. Una voz dentro de mí me dijo que no era sólo eso, que había algo más que me daba fuerzas, y yo sabía lo que era. Ahora sólo tenía que dejar de ser la cobarde que era, coger el teléfono y llamarle.
Tenía miedo. Miedo de su rechazo. Miedo de hablar con él y terminar discutiendo de nuevo, de volverle a decir algo horrible, de escuchar que no estaba arrepentido de nada... Miedo de volver a caer ahora que comenzaba a levantarme. Miedo de arrastrarle a él en mi caída.
-Estás muy pensativa-Alice cerró la cuarta maleta y la depositó en el suelo al lado de las otras.
Me encogí de hombros. Era pronto para compartir mis pensamientos con ella.
-Supongo que la llegada de Angela me ha hecho pensar-repuse sin mirarla, mientras continuaba doblando ropa y poniéndola en la maleta que tenía delante de mí.-Sentí el peso de su mirada sobre mí mientras la rehuía y supe sin verlo que estaba sonriendo.-Si seguimos llenando maletas no vais a caber vosotros dentro del coche-intenté desviar su atención.
-Bella, la mayoría las mandaré en avión, como la última vez. ¿No lo recuerdas?-me habló como si se dirigiera a un niño pequeño.
-No-fruncí el ceño.
No lo recordaba por más que lo intentaba. ¿Y mi súper memoria de vampira?
-Quizá en esa época estabas más centrada en ti misma-dijo con suavidad, rebuscando en el armario.
-Sí. Debe ser eso- acordé.
Me sentía como si estuviera despertando de un largo sueño donde mi cuerpo había ido moviéndose sin alma, y ahora esta comenzara a desperezarse.
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Cuando bajé para ver cómo estaban mi invitada y el pequeño Daniel los encontré aún enfrascados en la película, que por lo que veía estaba a punto de acabar.
-Los peces son amigos, no comida –Daniel, divertido, repetía la frase de los tiburones.
-Tengo ganas de salir-dijo Ang en cuanto salieron los títulos de crédito.- ¿Te apetece ir al parque cuando se termine esto? Podemos merendar allá, o tomar un helado -se dirigió a Daniel.
-¡Síiiii! Heladoooo -el pequeño tomó un cojín y se lo tiró.
Yo estaba contenta. Daniel era muy cariñoso, y Ang no era una excepción.
-Ya, sólo le faltaba a Daniel que tú también lo malcriaras-bromeé.- Iré con vosotros, también tengo ganas de que me dé el aire fresco.
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Afortunadamente, Jake no había acampado en el rellano, ni en la acera.
Aún.
-Me tienes alucinada-murmuré mientras Daniel se adelantaba con su bicicleta.
El parque estaba bastante lleno de gente, pues se habían anunciado intensas lluvias en los siguientes días, y las personas querían a provechar el relativo buen tiempo que hacía ahora. El otoño estaba siendo benigno con Seattle.
-¿Por qué?
-Porque... bueno, primero, por lo bien que te has tomado todo esto –señalé mi cuerpo.-Luego, por lo tranquila que pareces tras discutir con Jacob.
Ella me puso la mano sobre el hombro, caminando serenamente a mi lado.
-No sé decirte... me ha dolido lo de Jake, pero hasta cierto punto lo comprendo. Él intentaba protegerme. Sólo quiero darle una lección, que comprenda que no debe volver a hacer algo así, y lo más importante, que aprenda que eres, que sois, de fiar. Y, si le quieres poner el toque dramático a mi respuesta, te diré que desde lo que me pasó, lo comprendí un poco tarde pero lo hice, sé que podía estar muerta. Y las cosas se toman de otra forma desde esa perspectiva. Además, tengo confianza en la respuesta de Jake. Es un tío genial... pero no es perfecto, lo sé -terminó.
-Eso es estupendo-la miré con admiración.
Entonces lo sentí. El cosquilleo en mi piel, el calor recorriendo mi espina dorsal.
-Edward-susurré.
-¿Qué?
-Edward. Está aquí.
-¿Qué?-ella me miró primero a mí, y luego giró la cabeza en ambas direcciones, buscando- No lo veo.
-Lo sé. Sé que está- repuse nerviosa, con un tono de voz demasiado agudo.
¿Por qué de pronto tenía sensación de tener taquicardia? ¿Por qué parecía que iba a hiperventilar? Era imposible.
Ella asintió, recordando lo que le había explicado.
-¡Daniel!-llamó. El pequeño, que iba unos metros por delante de nosotras, detuvo su bicicleta y se viró, con expresión interrogativa.- Espérame. Vámonos tú y yo a aquel puesto de helados y compremos uno para la merienda. Su carita se iluminó para inmediatamente mirarnos con extrañeza.
-¿Y Bella?
Fui a abrir la boca para protestar con indignación pero mi amiga, que no estaba casi en shock como yo, reaccionó más rápida.
-Bella tiene que hablar con un amigo-dijo con tremendo desparpajo. -Venga -se separó de mí tras guiñarme el ojo, acercándose al pequeño -seguro que yo con mi barrigón voy más rápido que tú con tu bicicleta- dijo, tras lo cual comenzó a caminar veloz hasta el lejano puesto de helados.
-¡No, no, yo primero!-Daniel se puso a pedalear como si estuviera en el tour de Francia de los preescolares.
-Traidora -murmuré con los párpados entrecerrados, intentando con todas mis fuerzas controlar el vendaval de sensaciones que me atravesaban.
Por un momento pensé en huir. No me veía capaz de enfrentarme a él.
Eres una cobarde.
Pero fui incapaz de moverme. Mi cuerpo me desobedecía, como siempre había hecho en su presencia.
Cuerpo traidor.
Pasaban los segundos, quizá minutos o podían haber sido horas, porque yo no era consciente del paso del tiempo. Sólo de su cercanía. Era capaz de sentir cada molécula de mi cuerpo vibrar, como las teclas del piano acariciadas por sus dedos. Cada una de ellas alineándose, como una brújula señalando su norte, gritándome su presencia.
Oh, dios. No puedo más.
Abrí mi escudo y más que un pensamiento fue casi un rugido interno, desesperado.
¿A qué estás esperando? Me estás volviendo loca. Ven.
Un segundo. Dos. Tres. Qué eterno se hace el tiempo cuando esperas.
De pronto sus brazos rodeándome por detrás, dándome la vuelta, sosteniéndome contra su pecho. Los míos con vida propia, enlazando su cuello, fuertemente... y la sensación de que el suelo desaparecía bajo mis pies.
No me sueltes. No me dejes ir.
Cerré los párpados, perdiéndome en su olor... oh, ese aroma... ahora me sentía más llena de vida que en mucho tiempo.
-Nunca-el murmullo fue suave como la brisa., su voz...ondas viajando por mi piel, por mi pecho, por mi vientre, despertando a mi cuerpo de su entumecimiento. Nuestros cuerpos adheridos, anulando el espacio, mientras el tiempo de separación se desvanecía.
Quería llamarte.
-Quería verte -sentía su respiración en mi piel, acariciando mi oreja, y su abrazo era tan fuerte que estaba segura que de ser humana no lo habría soportado.
Separó su cara unos centímetros de la mía. ¿Estaba preparada para mirarle a los ojos? ¿Qué vería en ellos? Miré su pecho, su cuello, la mandíbula, la boca... sonreía...dios, esa sonrisa. Me animé a seguir hasta que encontré sus ojos... y me perdí por completo en ellos, prendida en la intensidad del oro líquido, de la pasión, la necesidad, y la dulzura...
Segundos que parecían volar, minutos que parecían segundos... de pronto el tiempo se había acelerado, y no había nada más que nosotros dos.
-Creo que hay alguien que quiere conocerme -su aliento me acarició, su dulce voz me despertó, y entonces reaccioné.
Daniel. Me sentí mal... egoísta, por haberme olvidado de él y de Angela. Parpadeando para liberarme del hechizo, separé mi mirada de la suya y miré alrededor. Angela estaba agachada hablando con Daniel, quien parecía haber terminado su helado -¿cuánto tiempo hemos estado así?-. Estaban a más de cien metros, pero prestando atención pude escuchar que discutían porque Daniel quería volver y ver quién era el amigo de Bella y Angela le insistía en que no era buen momento, que se lo presentaría más tarde, pero él no daba su brazo a torcer.
De pronto me puse nerviosa. Ni siquiera me había planteado la situación, porque no esperaba encontrarme con Edward tan pronto. No estaba preparada. ¿Qué pensaría este de Daniel? ¿Y Daniel? ¿Cómo se tomaría si... si Edward volvía a mi vida? ¿Qué haría yo si Edward no volvía a mi vida? ¿Le había perdonado ya, sin darme cuenta? ¿Me guardaría él rencor por todo lo que había pasado? Había muchas cosas de qué hablar, mucho que aclarar, y ahora no podíamos hacerlo. Había que esperar a más tarde. No podía dejar de lado a Angela y a Daniel en este momento.
-Tranquila -la suave voz de Edward atrajo de nuevo mi atención. Me miraba con una expresión contenidamente divertida.
Oh, mierda.
¡Se me había olvidado bajar mi escudo! Normalmente no lo necesitaba, más bien tenía que mantener un esfuerzo de atención para mantenerlo alzado, así que no había pensado en bajarlo. Y él lo había escuchado todo. Me sentí avergonzada y bajé el escudo de inmediato. Sus labios se curvaron y su mirada brilló traviesa.
-No sabes lo maravilloso que es poder estar ahí dentro -murmuró posando su largo dedo índice sobre mi frente.
Una especie de terremoto cuyo epicentro era la pequeña zona de piel que rozaba su dedo se desplazó por todo mi cuerpo. ¿Habían sido sus palabras? ¿La forma de pronunciarlas? ¿El tacto? ¿O todo junto? Tragué en seco. No esperaba que me afectara tanto su presencia, su contacto; había llegado a engañarme a mí misma, pero mi cuerpo jamás había caído en esa mentira. Le había echado tremendamente de menos, y estaba famélico, ávido por sentirle.
Lo miré, perdida en la miel de sus ojos, atontada todavía por el devastador efecto que causaba en mí. ¿De veras era una reacción a su ausencia, una consecuencia de ser vampira, o que se me había olvidado el poder que tenía sobre mí?
Perdida en mi confusión mental, escuché la voz de Daniel, que fue lo que me hizo reaccionar. Me separé un poco de Edward, y respiré con profundidad. Error. Mis pulmones se llenaron de su aroma, y mi respiración se aceleró, en busca de más.
Por fin y tras un enorme esfuerzo me centré en el pequeño Daniel.
-Será mejor que vayamos. Se está poniendo nervioso, y no conoce mucho a Ángela... ¿Quieres que te lo presente?-añadí insegura.
-Por supuesto, Bella –pronunció mi nombre como si lo besara, sonrió y, con renuencia, despegó sus ojos de los míos y dirigió su atención a mi amiga y al pequeño.-Vamos hacia allá-me tomó de la mano y esa parte de mi cuerpo pareció arder.
Yo también le echaba de menos... Hasta el lunes 5, hermosas. Gracias por vuestras opiniones.
