Buenos días, lectoras, y lectores si es que hay alguno. Hoy no paso lista, quiero decir que os agradezco muchísimo vuestras opiniones respecto al previo pero no las comentaré ahora, hace mucho de eso...eso sí, quiero dar la bienvenida a MJOSE, gracias por tus palabras ;-). Y gracias a Pe y Maria José por su incansable ayuda.
No fue mi intención dejaros con la miel en los labios con el último capítulo, más bien era un "Eh, aquí está Edward, todo está bien", pero veo que algunas de vosotras os mosqueasteis. Pues... lo dejé ahí porque no había nada más escrito y necesitaba escribir relajada aprovechando mis vacaciones. Yo, como dice Anaidam, lo que quiero son dos meses de vacaciones pagadas en la Toscana con todo hecho y poder dedicar más tiempo a escribir (y leer) pero... es lo que hay ;-). Y sintiéndolo mucho si vuelvo a quedarme sin capítulos me tomaré una semana más, prefiero eso a escribir rápido y mal...
Por cierto, soy una adicta a las historias de Anaidam y me da la gana de hacerle publicidad. En su perfil encontraréis sus dos estupendos fics, y el acceso directo a su blog con la nueva y original historia -no fic- que está escribiendo y que me tiene comiéndome las uñas.
Siguiendo con lo de hoy, este capítulo va dedicado a YoliCullen, porque es su cumpleaños. Felicidades, guapa, me encantó conocerte. Gracias por ser mi musa, y espero que este año que empiezas en tu vida te traiga lo que deseas.
Para que no os quejéis esta actu es casi el doble de extensa de las que suelo colgar, pero no os acostumbréis.
Quería deciros que a partir de ahora las frases con los pensamientos de Bella están escritas en cursiva, y cuando además están entrecomilladas las está leyendo Edward.
Y ya, ya va, que me lío sola...
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Capítulo 55
BPOV
Cuando estuvimos cerca de Daniel este salió corriendo y me saltó a los brazos. Lo tomé al vuelo, y tras corresponder a su abrazo me lo cargué a la cadera. Se me aferró con fuerza, apoyando la carita sobre mi hombro, escondiéndola.
Angela se nos acercó con una sonrisa tímida.
-Hola, Edward- este correspondió al saludo, se acercó y la besó en la mejilla. La cara de mi amiga estaba sonrojada.
-Te sienta muy bien el embarazo, Angela -sonrió de forma deslumbrante y ella se sofocó todavía más y se mordió el labio inferior. Nerviosa, empezó a tocarse el cabello con una mano y la panza con la otra.
-Gracias... no sé qué decir... bueno, sí, que ahora que sé que tienes la antena parabólica incorporada me da mucho corte hablar contigo-se frotó la nuca mientras Edward sonreía al escucharla.
Ahora entendía esa actitud vergonzosa que nunca le había visto, ni con Edward ni con nadie. Jamás la había visto tan roja. Casi había empezado a preocuparme.
-Lo siento...no puedo evitarlo. Creo que mi familia podrá darte lecciones de cómo ocultarme tus pensamientos. Pero no tienes que avergonzarte de ninguno de ellos, te lo aseguro.- De pronto la expresión le cambió y se volvió más sombría. -Siento la discusión con Jacob. -Ella se encogió de hombros en silencio, con los ojos brillantes.-Y este pequeño es Daniel, me imagino- dijo centrando su atención en el niño que seguía aferrado a mí con brazos y piernas como un monito araña.
Parecía que los encantos de Edward no funcionaban con los hombres de mi vida, ni con Charlie ni ahora con Daniel. Su voz era irresistiblemente dulce cuando se dirigió al niño, pero no pareció hacer mella en él.
-¿Quién es este?-dijo el niño sin mirar.
-Es un amigo mío, Daniel.
-¿Un amigo?-su voz era tan suspicaz como sus ojos cuando alzó la carita para mirar y evaluar de arriba abajo a Edward, quien no me había soltado la mano en ningún momento.
¿Pero qué le decía? ¿Es mi novio? ¿Era mi novio? ¿En qué punto estábamos? Este abrazo había sellado algo, aún sin pronunciar las palabras adecuadas, yo lo sabía, pero ¿qué era ese algo? Sentía la mirada de Edward como una caricia. Su mano enlazaba la mía, serenándome y alterándome a partes iguales como sólo él sabía hacer sin proponérselo.
-Edward es hermano de Alice, Daniel-expliqué. Era lo menos comprometido.
El pequeño entonces lo miró con los ojos muy abiertos y cierto interés. El vampiro asintió y sonrió de una forma cálida, con seguridad y confianza.
El niño lo estudió atentamente durante unos segundos con la cara muy seria y concentrada, hasta que pareció decidir que era un tío legal, y sonrió a medias, aceptándolo pero también advirtiendo con su expresión "te estoy vigilando". Si me fijaba bien, hasta tenía una retirada a la manera como mi padre miraba a Edward.
Angela nos contemplaba a ambos con expresión de felicidad.
-Estaba intentando convencer a Daniel para marcharnos a casa él y yo. Podemos jugar o ver una película, ¿verdad?-acarició su pelo.
-No-el niño la miró y negó con firmeza, sacando el labio inferior hacia afuera.-No, no, no-repitió, como si eso fuera su mejor argumento. Seguía agarrado a mí, la expresión un poco ansiosa, como si fuera un náufrago y yo su tabla de salvación.
-Vamos a casa- Edward miró a Daniel y después a mí -Tenemos mucho tiempo para hablar.
Asentí. Era lo mejor. Daniel estaba evidentemente celoso de Edward, y yo no quería estimular ese sentimiento dejándolo y marchándome con aquél.
Nos pusimos rumbo a casa. Las palabras ardían en mi boca, luchando por salir, pero no quería empezar a hablar... ni siquiera preguntarle cómo se le había ocurrido venir a buscarme al parque, porque sabía que cuando empezara no podría parar. Y no era el momento. Daniel se negó a montar en su bicicleta pero accedió a bajar de mis brazos al suelo y caminar a mi lado sin soltarme la mano. Mi otra mano seguía reclamada como posesión por la de Edward, quien se encargó de llevar la bicicleta del pequeño. El calor parecía irradiar desde esa zona donde nuestra piel estaba unida.
-Si le doy la mano a Daniel quizá aparezca un camino de baldosas amarillas -bromeó Angela.- Me pido ser Dorothy.
-¿Qué?-preguntó Danny sin comprender.
-Nada, cariño, Ang bromea sobre una película que se llama el Mago de Oz-sacudí la cabeza, riendo entre dientes.-Es un cuento.
-¿Me lo leerás?
-¡Claro! Aunque es bastante largo. No lo podemos leer en una noche, ¿eh?
En aquel momento sonó el móvil de Angela.
-Jake... sí, sí, estoy bien. No, no hace falta que me lo preguntes cada vez-dijo, suspirando.
Nos miró con cara de disculparse y se separó unos metros de nosotros, aunque bien sabía que era una precaución inútil, y más con Edward al lado -los vampiros y la intimidad - pero seguramente así se sentía de alguna forma más resguardada.
Nosotros seguimos andando en dirección a casa de Edward, a un ritmo muy lento para que Ang pudiera alcanzarnos sin problemas cuando hubiera terminado su conversación.
-Jake debe estar como loco. No me lo puedo ni imaginar-dijo Edward.
Bien. Mejor hablar de ellos que de nosotros. Iba a contestarle cuando de pronto recordé que él no sabía nada del chantaje de Jacob para separarnos a Ang y a mí... ¡No! No, Angela, no pienses en eso, no...
Demasiado tarde. No sólo estaba pensando en ello sino que estaba hablando de ello. Jacob estaba presionándola para que volviera con él y amenazaba con no moverse de enfrente de casa de los "chupasangres" los días que hiciera falta para asegurarse de que ella estaba bien, y Angela le recordó su enfado por el secreto que él había mantenido sobre la curiosa genética quileute y su intervención en nuestro forzoso alejamiento.
Me atreví a mirar a Edward, que caminaba a mi lado sin pronunciar palabra. Su expresión era atemorizadora, la mandíbula contraída, los párpados entrecerrados, la boca una fina línea... pero no pronunció una sola palabra. Quizá, como yo, pensaba que no era el momento.
Ang cerró el móvil tras pactar con Jake una llamada nocturna. No sabía cuánto iba a durar su enfado, pero mi amiga estaba muy, muy indignada con su novio. Me pregunté si Carlisle había podido hablar con los patriarcas quileute y si estos a su vez hablarían con Jake.
Cuando nos alcanzó se dio cuenta de la tensión en la atmósfera, y se dedicó a charlar con Daniel de temas inofensivos hasta que llegamos al portal del edificio.
-Vivimos allá arriba-señaló el niño orgulloso, dirigiéndose a Edward de forma espontánea. El sonrió ampliamente.
-Lo sé.
-Vivimos en casa de Edward, cariño- sentí necesidad de dar la explicación mientras el portero nos saludaba a la entrada.
-Es nuestra casa, no sólo mía- Edward me miró con intensidad.
Aparté los ojos de los suyos y los enfoqué en el pequeño. No podía pensar con claridad si me miraba de esa forma. Y por eso dije lo que dije.
-El piano es suyo.
Entrábamos en el ascensor y Daniel casi dio un salto cuando me escuchó, y su carita contempló a su "tío" con nuevo respeto.
-¿Lo tocarás? Bella no quere estar, pero Alice y yo tocamos.
Vale, si lo intento quizá pueda abrir un boquete en el suelo del ascensor y hundirme para desaparecer.
-¿Ah, sí? ¿Tocáis?-dijo el vampiro con ternura.
Edward siempre había sabido hablar con los niños. Y yo notaba la curiosa sensación de tener sus ojos clavados en mí aunque no me estaba mirando a mí sino al pequeño.
-Un poco-el niño se encogió de hombros con modestia.
Antes de que abriera la puerta, Alice salió de la casa con un grito de alegría y se lanzó a abrazar a su hermano, quien esta vez sí me soltó para corresponder a su hermana. Sentí frío en la mano.
-¡Cuánto habéis tardado! –se quejó con desparpajo, colgada literalmente del cuello del alto vampiro.
-Lo habías visto, ¿no? -acusé.
Ella hizo una de sus muecas de duendecillo travieso.
-No te iba a estropear la sorpresa-repuso sin soltar a su hermano.
Absurdamente enojada –me sentía más feliz que en mucho tiempo, pero al mismo tiempo me molestaba que mi amiga vampira me hubiera ocultado esa visión- me dirigí con Daniel y Angela al interior del ático, dejando a los hermanos poniéndose al día en el recibidor.
Ang había intentado disimular durante todo el camino, pero era fácil percibir que su conversación con Jacob la había dejado un tanto alterada. Enseguida se excusó conmigo y se dirigió a su habitación. Suspiré apenada mirándola subir las escaleras. Era una situación triste, y aunque Jacob se lo había ganado a pulso me dolía que ella también sufriera.
La manita de Daniel tirando de la mía me sacó de mis reflexiones.
-Bella, ¿puedo ver dibujos?-sus grandes ojos marrones me miraban con dulzura. Mi ánimo se aligeró de inmediato.
-No, cariño. Ya has visto demasiados dibujos esta tarde. Además, tienes que bañarte.
Olí su aroma antes de escuchar su voz de terciopelo vibrar detrás de mí.
-¿Quieres que toque el piano, Daniel?
Vampiro tramposo.
-Tiene que bañarse -apreté los labios, sin girarme. Daniel miró por encima de mi hombro.
-¡Sí! ¡Sí! Bella. Por favor, por favor, por favor -imploró con un puchero de los suyos.
Exhalé, dándome por vencida. Me agaché y miré a Daniel a los ojos.
-Está bien. Pero diez minutos, no más.
Me metí en la cocina sin mirar atrás. Escuché que Alice se había unido al pequeño grupo. Me estaba matando no poder hablar con él, pero aún no podía ser, había que esperar. Hasta que Danny no estuviera durmiendo, y aún así... Alice estaría escuchando, y Jasper llegaría en algún momento de la noche. Quizá lo mejor sería salir del piso, pensé mientras preparaba la cena para el niño y para mi amiga.
Decidí preparar una tortilla española, sabía que a Ang le gustaba como la cocinaba, y era uno de los platos favoritos de Daniel. Escuché risas y música arriba, pues habían dejado la puerta abierta. Reconocí alguna de las melodías que Edward tocaba, eran canciones infantiles. Les escuché cantar, a los dos vampiros con su voz de ángel y al pequeño desafinando un poco. Desde luego, arriba se lo estaban pasando estupendamente.
Mientras pelaba las patatas fui consciente de algo que, de tan natural que era, ni siquiera me había dado cuenta de ello: que volvía a gustarme el sonido del piano. Hasta entonces cada vez que Alice y Danny se ponían a tocarlo (ella tenía unos conocimientos básicos, pero suficientes como para impresionar a un crío) y él se negaba a cerrar la puerta de la sala, como sucedía a veces, me colocaba unos cascos con música de rock a todo volumen. Cada una de las notas se hundía en mi pecho como una flecha. Pero ahora no.
Terminé el plato y me quedé parada, apoyada en la encimera, escuchando. Al final tomé una decisión.
Cuando entré en la sala me encontré con la mirada de Edward. Tocaba una pieza ligera, pero la intensidad de sus ojos habría hecho pensar que lo que sus largos dedos extraían del piano era una melodía apasionada. Me sumergí en aquellos iris y extravié la línea de mis pensamientos; no fui capaz de otra cosa que de quedarme allá parada, en el umbral, con la mano en el marco de la puerta.
-¡Bella!
El gritito de Daniel me despertó de mi hipnosis y lo miré. Estaba al lado de Edward, en la banqueta del piano, y Alice estaba sentada en un sofá situado frente a la puerta. Su cara traviesa lucía una sonrisa de oreja a oreja. El niño me miraba con expresión de sorpresa y alegría al mismo tiempo.
-Vaya... cuánto tiempo -fue el único comentario de Alice.
El pianista no dijo nada en absoluto. Aunque me había liberado del hechizo de sus ojos continuaba sintiendo el calor que desprendían.
Me senté al lado de Alice.
-¿Ya no tenes miedo del piano?- desde mi posición sólo veía media carita de Daniel asomando por encima del piano. Me miraba como preguntándose qué había obrado ese cambio en mí.
-Nunca he tenido miedo del piano, Danny- sonreí, encogiéndome de hombros, y me pareció que la temperatura a mi alrededor subía un poco más- Sencillamente no me gustaba mucho escucharlo, y ahora creo que me apetece.
El pequeño sonrió, satisfecho con aquella respuesta tan simple. Pude notar el cambio en el ambiente cuando Edward dejó de mirarme para concentrarse en Daniel. Tomó sus manitas y le fue mostrando dónde tenía que poner los dedos para conseguir la melodía. Me gustaba verlos juntos. ¿Qué pensaría él del niño? A Daniel empezaba a gustarle Edward. Había sabido ganarse –a medias, pero tenía mérito- a mi padre, y ahora lo hacía con Danny. Sabía como conquistar a la gente cuando quería. ¿Sería por ser vampiro o ya era un don natural en él antes de su transformación? Estaba segura de que era lo segundo. Era algo tan normal en él como respirar para un humano.
El tiempo pasaba. El teléfono de Alice sonó y esta se disculpó, saliendo de la sala y cerrando la puerta. Los ojitos de Daniel estaban perdidos en el movimiento de los dedos del pianista, y mi mirada estaba perdida en su cara, su hermoso rostro, y esas familiares expresiones que tanto había echado de menos. De pronto la mirada de Edward se alzó para volver a centrarse en mí, liberando toda la avasalladora intensidad de sus sentimientos, y me atrapó, absorbiéndome por completo, haciendo desaparecer mis temores, mi inseguridad, y volatilizando los últimos rescoldos de ira y rencor que quedaban en mi corazón.
Ni siquiera me había dado cuenta de que Alice estaba en el umbral de la puerta con el móvil, mirándonos a ambos con expresión falsamente escandalizada.
-Por favor, que hay niños-murmuró con una divertida mueca.
Daniel no hizo caso de la interrupción y tras alzar la vista un instante siguió interesado en las manos de Edward, que en ningún momento interrumpió su pequeño concierto. Yo dudé entre reírme, fulminarla con la mirada, o preguntarle si había hablado con Carlisle. Acababa de recordar, al verla con el teléfono en la mano, que teníamos pendiente una reunión con la tribu india. Y opté por esto último.
-¿Has hablado con tu padre? ¿O era Jasper?-susurré. Ella se me acercó caminando con su gracilidad habitual.
-Era Carlisle. Dice que han acordado convocar la reunión para el viernes por la noche, en la línea fronteriza de la reserva. Por su parte estarán, como siempre, Billy Black y Sue Clearwater. Dada la gravedad de las acusaciones, han convocado también a Jake para que tenga una oportunidad de defenderse, y por supuesto tú tienes que acudir.
-Ang también querrá acudir-hablábamos tan flojo que era imposible que Daniel nos escuchara, pero no Edward.
-Creo que Angela debería mantenerse al margen -dijo éste con suavidad.
-Eso mismo pienso yo-intervino la vampira.
-Eso debería decidirlo ella. Está muy implicada, y harta de que se tomen decisiones que la afectan de una forma vital sin contar con ella -miré a ambos, torciendo el gesto al pensar en el doble sentido de mi frase.
Alice se encogió de hombros y Edward suspiró, asintiendo.
-Lo comprendo, Bella-aseguró, y tuve claro por su expresión que no hablaba sólo de Angela y Jake. Miró a Alice.- Hablaré con Carlisle e intentaré convencerle. Luego se lo podemos comunicar a Angela.
Asentí. Entonces me fijé en Daniel. Sus párpados estaban cada vez más caídos y un bostezo enorme salía de su boca.
-Creo que este chico necesita cenar y dormir- Edward paró de tocar el piano y lo miró alzando ambas cejas componiendo una expresión desenfadada.
Sorprendida por el paso del tiempo miré la hora y solté una exclamación.
-¡Es tardísimo! Ya te bañarás mañana, Danny. Ahora a cenar.
La cena transcurrió con calma. Me senté a la mesa con Daniel y Angela mientras Edward y Alice hablaban en el balcón. Más que hablar, susurraban, pero no como un humano, sino como un vampiro, y aunque oía palabras sueltas no podía seguir el hilo de la conversación.
No está bien escuchar conversaciones ajenas... pero al fin y al cabo él lo hacía continuamente. ¿Por qué no podía intentarlo yo?
La situación me parecía de lo más natural, como si lleváramos mucho tiempo haciéndolo. Como si Edward y yo jamás nos hubiéramos separado. Saber que él estaba tan cerca de mí, aunque teníamos que mucho de qué hablar, me hacía sentir en paz. Por fin.
El pequeño Daniel estaba acostumbrado a que me sentara con él a la mesa aunque nunca comiera. Al principio había preguntado varias veces por qué no me unía a él, a lo que yo cada vez había respondido lo mismo. Porque no podíamos comer igual él y yo, ya que yo sólo podía tomar una bebida especial. Y con la naturalidad de todos los niños había terminado aceptando esa explicación, porque además notaba que era sincera. Lo peor sería cuando me preguntara por qué no envejecía. ¿Qué le diría entonces?
Danny no paraba de hablar de la tarde musical que habíamos tenido, mientras mi amiga estaba bastante silenciosa. Por encima de su nariz se formaba una leve arruguita.
-¿Tan mala me ha salido la tortilla?-inquirí por sacarla de su taciturnidad.
-No, está muy buena... sólo es que no tengo mucho apetito -sonrió con desgana.- He hablado con Jake esta tarde.
-No me he enterado. Bueno, no es que te esté espiando-me disculpé un poco azorada,-pero ya sabes lo del oído agudo-me señalé una oreja.
-Tranquila... Ha sido cuando estabais en la sala de música. He aprovechado que cerrabas la puerta-sonrió a medias.
-Ah... claro-Me quedé mirándola atentamente, intentando leer su expresión.
Continuó silenciosa y le echó un vistazo a Daniel, por lo que supuse que ella no quería que él la escuchara. Esperé pacientemente a que el niño terminara su cena y lo mandé al sofá a mirar dibujos un rato . Desde donde estaba no nos podría escuchar, y él estuvo encantado con la novedad. Esperaba que no se acostumbrara.
Iba a interrogar a Ang pero ella me ahorró el trabajo.
-Me está resultando muy difícil esto-suspiró mientras con el tenedor removía un trozo de tortilla.- Pero no quiero rendirme, aún no.
-¿Sigue insistiendo en tu seguridad o ha cambiado un poco el discurso?
-Oh... ahora está cambiando un poco eso. Ha suplicado que vuelva con él, dice que me echa de menos... que no puede estar sin mí. Que le perdone por haberme ocultado todo.
-Es un buen camino-asentí, pero ella negó, su ceño aún más fruncido.
-Pero sigue insistiendo en que sois peligrosos y que no soporta que esté con vosotros, Bella. Y eso que no sabe que Edward está aquí. Esta mañana ha visto a Alice y Daniel juntos, me ha confesado que estaba en el portal espiando.-Dejó el tenedor en el plato y lo aparto de sí.-Si como más vomitaré.
-Ang... ¿qué más?-insistí. Algo más debería haber discutido con Jake para estar así.
-Bueno, se ha puesto como loco, dice que estoy con dos vampiras, no una, que estoy loca, que me estoy poniendo en peligro y también a nuestra hija... que me ama pero que estoy ciega...- se interrumpió de repente.
-¿Y?
-Y que eso de que un niño humano viva con nosotras le parece una aberración. Que quién era ese niño... le he dicho que a él no le interesa, y que lo tienes de forma legal y en acogida. Ha vuelto a insistir en que eso del niño le parece un desvarío, una anomalía, y que lo hablará con su tribu el viernes, en una reunión que tienen convocada.
Dejé caer la mano, donde apoyaba mi mentón, sobre la mesa de golpe, asustando al niño, que se giró y me miró.
-No pasa nada, Danny-dije en voz alta sonriéndole. Afortunadamente Buzz Lightyear volvió a atraer rápidamente su interés.- No lo puedo creer -murmuré cuando constaté que ya no teníamos su atención.- ¿Quiere usar la acogida de Danny en mi contra?
-No son buenas noticias.
Bufé con indignación.
-¿Te ha dicho algo más de la reunión del viernes?
-No ¿Por qué? ¿Hay algo que deba saber?- su expresión se volvió suspicaz.
Le expliqué a Angela el motivo principal de la asamblea y los que estábamos convocados. Sabía que Edward aún no había hablado con Carlisle pero no iba a esconderle esto a mi amiga, eso lo tenía claro. Otra cosa es que los que organizaban el encuentro dieran su consentimiento para que ella acudiera.
-Otra cosa que Jake no me había explicado, ni ahora que tenía una clara oportunidad de hacerlo-sus labios se curvaron hacia abajo con disgusto.
-Dale tiempo-la animé.-Sus prejuicios son tan antiguos como generaciones y generaciones. Sigue empeñado en protegerte, ignorando lo que le quieres transmitir. Pero no olvides que te ama. Es muy pronto, cariño-le apreté la mano.-Aún debe estar en shock. Bastante es que no ha venido aquí a aporrear la puerta ni nada de eso.
Ella asintió, la mirada perdida en un punto inexistente de la mesa. De pronto se levantó.
-Necesito descansar. Mañana iré a hablar con él. Estas cosas es mejor discutirlas cara a cara.
Lo dijo con tan firmeza que no me atreví a discutir. Me levanté con ella y tras dar las buenas noches a Daniel, Edward y Alice, la acompañé hasta su habitación.
-¿Te traigo una infusión?
-No, gracias... estoy reventada. Creo que podré dormir.
-De acuerdo, si te oigo dar vueltas te traeré algo.
-Olvídate de mí. Y habla con él.
Cuando bajé me encontré a Daniel cabeceando frente a la pantalla de TV y a Edward inclinándose para tomarlo en brazos. Alice miraba la escena desde el balcón.
-Eh, pequeño, te voy a llevar a tu camita.
-Ya lo haré yo – me acerqué.
-Bella-farfulló Daniel estirando sus bracitos hacia mí. Edward depositó su liviano peso sobre mí, con esa sonrisa que hacía que se me acelerara la respiración.
Oh, dios... quiero besar esos labios. No. ¡No! ¿He pensado eso? ¿O lo he dicho en voz alta?
Los iris color miel del alto vampiro se clavaron en los míos, como si me hubiera leído el pensamiento. Parpadeé al encontrarme con su mirada ardiente, que inmediatamente se suavizó.
-¿Vamos arriba?
-¿Qué?-parpadeé.
-¿Vamos a llevar a Daniel a su habitación?-repitió con suavidad.
¿Vamos?
Volví a parpadear, el hilo de mi pensamiento completamente bloqueado. ¿Desde cuando necesitaba ayuda para acostar a Daniel?
-Vamos-las palabras salieron solas de mi boca.
La situación se me antojaba de lo más extraño: Edward y yo acostando a Daniel era algo que jamás había pasado por mi mente. Pero ahí estábamos. Él se adelantó y retiró la colcha de la cama, sentándose en la cama y contemplándome mientras le ponía el pijama a un somnoliento niño. Me centré en lo que estaba haciendo, poniendo todo mi esfuerzo de atención en eso y en ignorar la perturbación que él me hacía sentir.
Por lo menos ahora no podía escuchar los latidos de mi corazón ni verme sonrojar.
-Buenas noches, Daniel-le besé en la mejilla mientras lo arropaba, inhalando de cerca su inocente olor infantil.
-...nochs-murmuró el niño, quien quedó dormido por completo al cabo de unos segundos.
Arrodillada al lado de la cama, observé su pausada respiración durante unos instantes. Al otro lado, Edward permanecía sobre la cama, inmóvil como una estatua. Me atreví a alzar los ojos y me encontré con los suyos, que me observaban con ternura y con algo más que no pude identificar. Se mordió el labio y su gesto cambió, ahora sí delatando lo que sentía: dolor, y vacilación.
Esperé unos segundos. Parecía que quería decirme algo pero le dolía hacerlo. Me asusté. ¿Había venido a despedirse? Ese abrazo en el parque, esas palabras dulces... las había malinterpretado. Lo miré con pánico y, sintiéndome de pronto quebradiza como el cristal, como si sólo una de sus palabras pudiera romperme, me abrí a él.
Su semblante cambió al ver que le abría mi angustiada mente y leer en ella. En un segundo lo tenía frente a mí, en la misma posición que yo.
-Siempre he sentido dónde estabas, desde que nos separamos, a pesar de la distancia.-Su voz era suave como el rumor de la brisa en las hojas de los árboles. Estiró una mano, vacilante, y las yemas de sus dedos rozaron mi cara con lentitud y delicadeza.- Esta tarde he ido a buscarte al parque porque ya no soportaba más el no verte. Aunque me hubieras mirado con odio habría valido la pena. Y no puedo expresarte con palabras lo que he sentido al escuchar que me llamabas.
Ladeé mi cabeza y cerré los párpados, ansiosa por sentir mayor contacto con sus dedos.
-No cierres el escudo ahora. Dime lo que quieres que haga... no quiero malinterpretarte, no quiero hacer algo que te moleste...
Yo me sentía como paralizada, aplastada por la intensidad de lo que él me hacía sentir con tan sólo ese roce.
"Abrázame."
Sus brazos me envolvieron por la cintura y el cuello, al principio con suavidad, luego con fuerza creciente, adhiriéndome a su cuerpo.
Su aliento rozaba la piel de mi oreja y nuestra respiración se fue acelerando. Su aroma me llenaba y despertaba el deseo en mi interior, que comenzaba a invadirme, desperezándose, llenándome. Sentí su excitación presionando mi vientre. En aquel momento Daniel murmuró algo en sueños y se movió.
Nos quedamos quietos como estatuas.
"Salgamos de aquí."
Su mano asió la mía con fuerza y salimos de la habitación. Dejé la puerta de la habitación entreabierta como al niño le gustaba y me apoyé en la pared de al lado, jadeante. Él estaba frente a mí, a una distancia prudencial y también respirando con dificultad. Frunció el ceño y negó para sí mismo.
-Tenemos que hablar... Aunque me muero de ganas no quiero hacer el amor contigo, ni tan sólo besarte, antes de hablar de todo lo que tenemos pendiente.
-Tienes razón-asentí, mi escudo funcionando de nuevo.-Pero...-miré hacia la escalera, dando a entender que Alice estaba abajo, y que quería que la conversación fuera íntima.
-La sala de música está insonorizada, ¿recordáis?-la tintineante voz de la vampira sonó tranquila desde el comedor.
Me sentí como una adolescente pillada en falta mientras ambos reíamos en voz baja.
Besos y hasta el jueves. Espero que no se os haya hecho largo.
