Hola, chicas. Os traigo el del miércoles/jueves. Gracias por vuestras palabras, yo también os eché de menos. Este capítulo os lo dedico a las lectoras, las que me leeis desde los primeros capítulos y las que os habéis enganchado después y seguís ahí. Sin vosotras no habría capítulo 56, sencillamente porque aunque ya era feliz cuando me leían dos personas (gracias maria José y Pegn) no creo que hubiera aguantado escribiendo si no hubiera tenido vuestros comentarios de apoyo.
Este viene con música... si hay erratas son culpa mía, lo escribí y luego lo reescribí escuchando esta preciosa canción después de que mis pre-lectoras dieran el visto bueno a la primera versión, y me gusta más ahora. Gracias por tu inspiración, Yoli. Os recomiendo que la escuchéis... de verdad. Forma parte de la banda sonora de Romeo y Julieta (versión de Zefirelli). Le dáis al play cuando empiece el capítulo (quitad paréntesis...)
http:/www(.)youtube(.)com/watch?v=B3TqxkyKvuI&feature=BFa&list=FLSJwyD-irZv8RlORJB-bEBg&lf=BFp
Nota aclaratoria: los pensamientos están en cursiva; entre comillas leeréis los pensamientos de Bella que Edward puede leer, y sin comillas los de Edward. Ya lo dije, creo, pero lo repito.
amyvampire, JadeCullenMasen, ¡bienvenidas! Y gracias.
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Sobre el capítulo 55:
Mentxu Masen Cullen, la conversación...¿qué conversación? XDD es broma.
Nurymisu, me reí con esto "seguro q se pegan tal polvazo q temblaran hasta los cimientos, si sobrevive me pido el piano, jajaja.", gracias por tus palabras. Y sí, ese café... está en pendientes.
Anaidam, de nada, gracias a ti, y se querías miel... dos tazas ;)
lalycullen2010, gracias, sí, lo pasé -y lo paso, sigo unos días de vacaciones-bien. Besos.
Rocha, "Reconciliación ya! Y reconciliación con superpolvo! no me ando ya con chiquitas! jajajajaja." Me reí, sí... es que una reconciliación sin superpolvo no sería tal, jejeje.
nohemi, sólo tienes palabras para Jake... si es que es pesado, el tipo. Aquí en mi tierra se dice "hay ojos que se enamoran de legañas"... Ang sería el ojo, claro.
Dra . Laly , sabias palabras. Besos para ti.
Luisamarie22, cuánto apasionamiento, ¡por dios! jajaja, besos y gracias por tus ánimos.
isa-21, la única que comenta lo que pensaría Ed en ese momento... bien observado. Besos, guapa.
Ely Cullen M... ardientes? Pues... juzga y me dices.
kate... este capítulo está reservado para Bella y Edward ;)
SalyLuna, sí, Jake es idiota.
yamira hrdz, tranquila, Ang es firme.
PRIGSPE, gracias a ti.
YoliCullen... para ti no habrá mucha sorpresa :-*. Oye, mi "Edward" sigue empeñado en leer esto... anda que...cabezón.
beakis, salen, salen... besos.
lizco2, gracias, jaja, me hizo gracia eso de que no se pasaran el capítulo hablando. Creo que el lenguaje corporal es un tipo de lenguaje, a veces mejor que el hablado. Sí.
alexpattinson, pues sí, oportuna insonorización. Besos, guapa.
marihel, demos tiempo a Jake.
Kisara Mansen, gracias por tus palabras. Sí, el padre de Daniel... lo tenemos en la carpeta de pendientes ;)
v. cullen, no hay chispa, hay chispazo. Besotes.
Cindylis, sí, aún hay cosas pendientes.
I love Edward, gracias por hacerme un hueco en tu apretada agenda. Espero que este capítulo te parezca suficientemente interesante ;).
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Capítulo 56
EPOV
Abrí la puerta de la sala de música y me hice a un lado para franquearle el paso a Bella. Cuando me dio la espalda la devoré con la vista. Mis ojos estaban ávidos de ella, y el breve contacto que habíamos tenido momentos antes había espoleado el deseo que estaba luchando por controlar desde que la había abrazado en el parque, cuando había sentido su cuerpo de nuevo, su esencia, su tacto. Mi voluntad había tenido aceptable éxito... hasta este momento. Me esforcé en controlarme con todas mis fuerzas... ¿cómo lo hacía antes? Recitar letra por letra el código genético de la mosca de la fruta ya no servía.
Si metes la pata, podrías perderla.
Sí, ese pensamiento servía para enfriarme la sangre. Mientras cerraba la puerta detrás de mí sentía que mis instintos se iban serenando poco a poco.
Bella se dirigió al gran sofá que había en la sala enfrente de la puerta, ocupando el mismo sitio donde había estado minutos antes, mientras yo tocaba el piano. En esos momentos había deseado con toda mi energía que no hubiera nadie más que ella y yo en esa sala, pero ahora que por fin estábamos solos sentía esa fuerza que me arrastraba hacia ella, y también al mismo tiempo inseguridad... miedo.
Decidí colocarme en el suelo a los pies del sofá, un poco separado de ella. Flexioné las piernas y apoyé los antebrazos sobre las rodillas, encarándola.
-¿No te sientas a mi lado?-arqueó las cejas, tan vacilante como yo.
-Pongo un poco de distancia... para que podamos hablar - me encogí levemente de hombros.
No quiero meter la pata. No quiero volver a perderte. Quisiera volver a estar en tu mente, saber lo que piensas, lo que deseas.
Pero Bella había cerrado la barrera por el momento, y no podía pedirle que la abriera.
Ella sonrió con una timidez adorable, como si los dos no conociéramos cada centímetro cuadrado de la piel del otro. Dios, era como estar en nuestros primeros días... la misma mezcla de excitación e inseguridad.
Tomé aire con fuerza y abrí la boca para hablar, pero ella lo hizo al mismo tiempo.
-Tú primero-dijimos al unísono, de nuevo. Reímos.
-¿Empiezo yo?-me miró, dudosa, y asentí, animándola.- Pues no sé por dónde empezar...-Tomó aire con fuerza de nuevo e hizo una pausa. Estaba tan encantadora que tuve que contenerme para no lanzarme a abrazarla.- Edward, antes que nada quería decirte que tenerte de nuevo a mi lado es... volver a sentirme viva -me miró con intensidad.
Suspiré, exhalando el aliento que había retenido hasta oír esa declaración. Me pareció que el aire de la sala se había aligerado.
Tras una breve pausa en que parecía estar ordenando sus ideas, volvió a mirarme, y ahora en sus bellos ojos había dolor.
-Algunas de las palabras que te dije aquel día... –continuó mientras fruncía el ceño, bajando la mirada- las dije porque estaba completamente furiosa, sin sentirlas- volvió a mirarme.- No recuerdo haber estado tan furiosa en toda mi existencia. No deberías haber hecho eso... transformarme sin mi permiso. Tomar mi vida a tu voluntad y darle la vuelta por completo...-negó con la cabeza y me mordí el labio mientras mantenía mis ojos en los suyos, que estaban llenos de reproche. Lo siento, Bella. -Te pedí que no lo hicieras. Sé que posiblemente me salvaste, pero también creo que lo podías haber hecho en otro momento, que te precipitaste. Eras siempre tan controlado, y yo confiaba tanto en ti... siempre, siempre. Ponía mi vida en tus manos cada vez que me abrazabas, me hacías el amor, y bebías de mí. Sabía que estaba segura entre tus brazos con tanta certeza como que ahora estamos hablando.
Volvió a hacer una pausa. La tristeza en su mirada me escocía, aún así decidí esperar mi turno para hablar.
-Pero supongo que también te pedí demasiado... -cerró los párpados un momento, reflexionando- Ahora creo que puedo comprender mejor la angustia de amar a alguien mortal cuando tú no lo eres. Y pensar que algún día perderé a mis seres queridos... –torció el gesto con dolor y me volvió a clavar sus iris con intensidad - era para eso para lo que no estaba preparada, por lo que no quería transformarme, pero... tampoco estaba preparada para perderte a ti- sus bellos ojos dulcificaron su expresión, y de nuevo tuve que contener el impulso de abrazarla y cubrirla de besos.- Debe ser horrible verse en la necesidad de tener que decidir algo como lo que hiciste tú. No me gusta, y sigo pensando que no deberías haberlo hecho, pero... creo que... comprendo que lo hicieras.
Nos quedamos mirando en silencio, y me encontré perdido en la profundidad de sus ojos. La angustia había llenado sus perfectas facciones mientras pronunciaba sus palabras, pero al final, con la última declaración, su gesto se había sosegado. Estaba más hermosa de lo que recordaba, y todo mi cuerpo dolía por el esfuerzo que estaba haciendo de no acercarme más a ella.
Oh, por favor, quiero abrazarte. No soporto esta distancia.
-Lo siento-susurré, rompiendo por fin el silencio. Me acerqué a ella con cuidado, sentándome a su lado. No quería hacer ningún movimiento en falso. Volví a tocar su cara como había hecho antes, esta vez con el dorso de mis dedos, rozando con nostalgia su suave y fragante piel .- Creo que en las mismas circunstancias volvería a cometer el mismo error... -ella se apartó de mi caricia y el reproche brilló en sus pupilas. Abrió la boca para contestar pero le puse dos dedos sobre los labios.-Déjame terminar-pedí con suavidad.-Quiero decirte que si hubiera sabido antes el sufrimiento que te iba a ocasionar... si hubiera comprendido tus sentimientos como lo hago ahora... creo que lo más probable es que hubiera controlado mejor el terror que me invadió cuando temí perderte. Quizá entonces no habría hecho lo que hice.
-No sabes si lo habrías hecho o no- afirmó.
-No, no lo sé-moví la cabeza con pena.- Creo que habría esperado, pero... no lo sé con seguridad, Bella. ¿Quién lo sabe? Quizá lo del vínculo sí tuvo algo que ver. Porque antes de verte así, tan grave, jamás se me habría pasado por la cabeza ignorar tu voluntad. Pero entonces no pude pensar en ninguna otra cosa que no fuera salvarte... a toda costa. A costa tuya. Lo siento- su mirada se iba dulcificando mientras me escuchaba.- Siento el sufrimiento que te he causado. Siento haber robado tu futuro -estiré mi mano y volví a rozarla con delicadeza. Los pómulos, la mandíbula, el cuello, el cabello... su respiración se aceleraba y sus iris se estaban oscureciendo, correspondiendo a los míos. -Siento no haber estado contigo tus primeros meses como vampira. Perdóname, amor.
Mi mano descendió, apenas rozando la suave piel del cuello, hasta su escote... lentamente, vigilando cualquier signo de rechazo. Oh, dios, la necesitaba tanto. Ella cerró los párpados, la respiración irregular.
Su boca entreabierta me llamaba. Me recoloqué sobre el sofá y me aproximé a ella un poco más, acercando mi rostro al suyo.
-Te perdono-susurró, tan suave como si respirara.
-Te he echado tanto de menos-mi voz sonó baja y desgarrada, mis labios a escasos centímetros de los suyos, respirando su aliento embriagador. -Tenía tanto miedo de haberte perdido para siempre -mi mano se deslizó, apenas rozando su pecho, hasta su cintura.
De pronto sus párpados se abrieron y sus ojos oscurecidos brillaron con anhelo. Alargó sus manos hasta entrecruzarlas en mi nuca, enredándolas con mis cabellos. Ah, cuánto había extrañado ese gesto... sentí un escalofrío de placer que se irradiaba al resto de mi cuerpo.
-Yo también te he echado de menos... muchísimo-una sonrisa lánguida cruzó su rostro durante breves instantes.-Hace poco lloré por ti-el susurro apenas era audible, y no supe si había escuchado bien.
-¿Cómo?
Entonces me volvió a abrir las puertas de sus pensamientos. Era algo tan íntimo... completamente distinto a escuchar la mente de otros. Y la vi. Sus manos manchadas de sangre, y las palabras de Angela.
-Amor mío... lo siento tanto.
"Bésame"
Su voz había resonado en mi interior de una forma casi erótica, liberando el freno que me había impuesto. Incapaz ya de contenerme descendí sobre su boca como un ave de presa y la invadí. Me moví sobre Bella colocándome a horcajadas y la tomé del cuello y la cara con ambas manos, flexionándolo hacia atrás con suavidad para tener mejor acceso a sus labios, a su lengua, que acaricié con la mía, reclamando mi hogar perdido.
"Dios... Edward. Sí..."
Separó más sus labios y tiró de mi nuca, invitándome a profundizar el beso. Un suave gruñido vibró en su pecho, avivando el incendio que me estaba consumiendo.
"Tócame...quiero sentir tus manos en mi cuerpo."
¿Qué era eso que sentía? Escuchar sus deseos en mi mente destruía mi coherencia, espoleaba mi pasión de una forma que no había esperado. Mis manos se movieron obedientes por debajo su blusa rozando lentamente la suave piel de su torso, disfrutando del tacto como un hambriento de un pedazo de pan. Respiré sus gemidos, no dándole tregua con mis besos ahora que no necesitaba el aire. Sus manos se movieron sobre mi camiseta y la rasgaron por la espalda, de arriba abajo, echando a un lado la destrozada prenda. Aquel sonido fue tan sensual como el gemido de placer que salió de su garganta cuando acaricié con adoración sus pezones. Me separé un instante de su boca y la miré a los ojos. Jadeé al ver la brillante negrura de sus iris; su mirada me consumía, ahogándome en aquel profundo lago de aguas negras, amenazando con llevarme al límite.
-Te deseo, amor mío. Me haces perder la razón-pronuncié con dificultad.
"Piérdela. Dime lo que deseas."
Su voz sonaba entregada por completo. En un rápido movimiento le arranqué de una vez la blusa y los pantalones.
-Te hace falta práctica-sonreí torcido al observar su gesto de desconcierto. Seguía con mis piernas a cada lado de sus muslos, pero ella ahora sólo conservaba sus braguitas.
Devoré con la mirada su cuerpo, recreándome en su desnudez, mientras ella, expectante, me contemplaba con una atrayente mezcla de excitación y timidez.
-Eres tan hermosa...-recorrí con el dorso de mis dedos el alabastro de su piel, rozando apenas sus clavículas y sus pechos, trazando dibujos alrededor de su ombligo, hasta la curva de su pubis. Tomó una gran bocanada de aire cuando sintió mis dedos en el vértice de sus muslos.
"No soy la misma...ya no soy cálida."
No sabía si estaba hablando conmigo o era un pensamiento espontáneo que se le había escapado, pero sentí una punzada de angustia al escucharla y ver una sombra de pena en su cara.
-No, no lo eres. Yo tampoco lo soy. Dime... –mis dedos acariciaron su acogedora humedad y le besé el cuello mientras sus manos se enlazaban por detrás de mis hombros, atrayéndome más- ¿Crees que eso es importante?- inhalé con fuerza... su aroma me estaba embriagando y nublaba mi mente. Con la punta de la lengua acaricié su oreja, el lóbulo, y exhalé con suavidad, disfrutando del sonoro suspiro que escapó de entre sus labios- ¿Crees que eso hace que te desee menos que antes?-murmuré en su oído.
"Supongo que no".
-¿Supones?-me acerqué a sus labios y mordí el inferior con suavidad.- Entonces tendré que demostrarte lo que me haces sentir. Me has preguntado qué deseo. Deseo-susurré señalando el piano con la cabeza-ponerte ahí encima, abrirte de piernas, arrancarte las bragas con los dientes y hacer que te corras con mi lengua.
"¡Joder!"
Sin perder de vista sus ojos, me aparté un momento de ella y me quité la ropa que aún conservaba. Entonces la tomé en brazos y la coloqué sobre el piano con cuidado, los talones apoyados en el borde del instrumento.
Se apoyó sobre los antebrazos, la respiración inquieta, los labios entreabiertos, sus ojos fiel reflejo de su deseo.
Mis manos ascendieron desde sus pies, hasta sus rodillas y luego por el interior de sus muslos, con lentitud, mis ojos perdidos en los suyos. Podía decir que jamás la había deseado tanto y habría sido verdad, porque eso era algo que sentía cada vez que estaba con ella. Anhelaba hundirme en ella, pero era mayor el deseo de escuchar sus gemidos, verla retorcerse de placer... beber el dulce néctar que fluía de su interior.
Separé sus piernas con dulzura y ascendiendo por ellas besé y lamí la delicada piel del interior de sus muslos. Gimió suavemente, como si se lamentara.
"Oh, sí...por favor"
Sus braguitas estaban completamente empapadas. Acerqué mi nariz a ellas y olí su esencia, deleitándome en ella. Anhelando volver a probar su sabor, lamí la tela y el gemido subió de volumen, ya no era un más lamento sino un sonido de pura lujuria. Alcé los ojos buscando la cara de Bella y observé que su pecho se movía agitado y había echado la cabeza hacia atrás.
-Mírame, cariño -murmuré contra su piel.
Vi que tragaba en seco con dificultad y, apoyada sobre sus antebrazos, alzaba la cabeza. Su cara lucía la más completa y sensual expresión de voluptuosidad. Sin perder de vista sus ojos hundí mi boca en su lencería y la desgarré con mis dientes. La descarga de humedad que siguió a este gesto fue tan reveladora como la cara de Bella. Ávido por probar su sabor hundí mi lengua en su interior, y sin previo aviso se arqueó y gritó su orgasmo con una fuerza que dudé que hubiera sido totalmente amortiguada por las paredes de la sala.
Mi erección dolía, pero verla así, completamente abandonada al placer que le estaba proporcionando, era la imagen más bella del mundo, y sus gemidos la música más dulce.
Se tendió completamente sobre el piano en un instante de languidez, pero no le di tregua. Agarré sus muslos, los coloqué sobre mis hombros y me sumergí de nuevo entre sus pliegues, mordisqueando suavemente, lamiendo en círculos su clítoris, introduciendo mi lengua en su intimidad, ansiando más de ella.
Embragado por los sonidos que salían de su garganta continué hasta que percibí que comenzaba a tensarse de nuevo. Deslicé dos dedos en su suave cavidad, curvándolos hacia delante, rozando aquel centro de placer que ambos conocíamos, hasta que sentí su brutal contracción.
-¡Edward!-gritó con voz rota.
Era intoxicante volver a escucharle gritar mi nombre en su clímax. No paré de lamer aquella delicada seda hasta beber por completo toda su deliciosa humedad.
"Te odio"
No pude evitar sonreír al escucharla.
La alcé del piano y me senté con ella entre mis brazos, en el suelo de la sala. Sus manos me acariciaban mientras la besaba con lentitud, saboreando en mi boca el sabor de la suya mezclado con el de su excitación.
-¿Te he convencido de que te deseo tanto o más que cuando eras humana? ¿De que si pudiera vivir tan sólo haciéndote el amor no saldría jamás de esta habitación?
"Creo que necesitaré más pruebas"
Sonreí por su picardía, y repartí suaves besos por sus párpados, sus mejillas, la curva del cuello, sus hombros, el interior de sus brazos... una eternidad no bastaría para saciar mi hambre de ella.
-No vuelvas a dejarme, amor mío -susurré.
"Perdóname por haberlo hecho"
Se colocó a horcajadas sobre mí, ladeó la cabeza y cerró los párpados, acercando sus labios a los míos, un roce ligero, la punta de su lengua recorriendo mi labio inferior. Tiró de mi cuello para acercarme más a su cara, y rozó mi nariz con la suya, apoyando su frente en la mía. Su respiración tenía su perfume, inimitable, el único capaz de trastornarme.
-Aún no te he dicho lo que yo quiero-sonrió con malicia.
-¿Qué quieres?-mi voz era baja y ronca.
Me estaba enloqueciendo y, sintiendo el roce de nuestros sexos, pensé que si no entraba en ella iba a morir en ese instante. Pero aún no me había respondido. Siguió torturándome, chupando y mordiendo mis labios mientras sus pezones rozaban mi pecho, incitantes. Sentí que, de una forma absurda, me faltaba el aire.
-¿Qué quieres, cariño?-mi voz sonó casi implorante contra su boca.
Entonces su boca se fundió con la mía en un beso profundo, necesitado.
"Dime, ¿pensabas en estos momentos cuando no estábamos juntos?"
¿Que si pensaba? Recordarla y masturbarme pensando en ella eran las únicas cosas que hacían que los días de soledad fueran mínimamente soportables.
-Sí-apenas podía hablar y no estuve seguro de que me hubiera escuchado hasta que continuó.
"Yo a veces sentía el desesperante deseo de acariciarme... pero no podía llegar sin pensar en ti. De ninguna otra forma... Así que me controlaba"
Su dulce lengua jugueteaba con la mía pausadamente mientra sus dedos rozaban mi nuca. Y pensé que podría llegar a tener un orgasmo simplemente así, con ese leve contacto, y esas palabras resonando en mi cabeza.
"Un día no pude controlarme más. Te imaginé penetrándome mientras me acariciaba y me corrí tan fuerte que tuve que ahogar mi grito yo misma mordiéndome la otra mano."
Gemí prolongadamente en su boca al escucharla. Me estaba torturando de una forma deliciosamente refinada.
"¿Y sabes qué quiero?"
Dilo. Por todo lo que más quieras. Dilo.
"Que me folles sin medida contra esa pared de atrás. Como te imaginé aquella vez"
-¡Joder, Bella!-ni siquiera reconocí mi propia voz. Me levanté con ella enredada en mis caderas y prácticamente la empotré contra la pared, hundiéndome en su húmedo interior de una sola vez. Gritamos al unísono, uno en la boca del otro.
Otra embestida fuerte, otro grito. Y otra vez más, y más. La penetraba como si quisiera meterme dentro de su cuerpo, besándola al mismo tiempo, bebiendo sediento cada uno sus gritos y lamentos.
-Dime que eres mía, amor. Necesito escucharlo -balbuceé como pude.
"Tuya. Siempre lo he sido. Te amo, Edward"
-Te amo, Bella-gemí.
Entonces sus paredes se cerraron con fuerza entorno a mí mientras clavaba sus dientes en mi hombro con un grito ahogado, y el nudo de excitación en mi vientre estalló, llenando hasta la última célula de mi cuerpo de un placer agudo y exquisito. Poco a poco el placer fue retirándose como una marea, dejando allá donde había estado una sensación de completa paz.
Abrí los ojos y miré a Bella. Sus párpados continuaban cerrados y en su boca se dibujaba una suave sonrisa.
"Ha sido mejor que en mi fantasía"
La besé con suavidad sosteniéndola contra mi pecho, por fin feliz. Cuando abrió los ojos me sumergí en ellos... en mi hogar.
Hasta el lunes... o domingo noche. ¿Ha sido extra de miel con un toque de picante? ¿NO? Ya me diréis...
