Feliz domingo. Cuelgo la actu un poco antes, esta noche estaré liada -mañana empiezan el cole los niños, jeje.
Hoy no os contestaré uno por uno, GRACIAS por tomaros vuestro tiempo y hacerme sonreír o pensar con vuestros comentarios: isa-21, alexpattinson, la enfermera anónima, I love Edward, lalycullen2010, lizco2, Paola cullen, Mlopez (nena, me sonrojas), Anaidam, Kisara Mansen, Pegn, YoliCullen, LadyBonbons17, PRIGSPE, Ely Cullen M, sophia 76, kate, JadeCullenMasen, nohemi, ISACOBO, amy-vampire, bellaliz, v. cullen y Esme mary Cullen. Espero no dejarme a nadie.
Bienvenidas kary rodríguez, Mary de cullen y JaZmiNC, gracias por vuestras palabras :). Rebienvenido, EmilioLT, veo que estudias mucho ;).
Mando muchos besos a Maria José para que tenga energías estos días, y lo mismo a Pegn.
Capítulo 57
BPOV
Recosté mi cara sobre el pecho de Edward, quien me pasó el brazo por la espalda, acariciándome la nuca, jugando a enredar sus largos dedos con mechones de mi cabello. Con la otra mano acariciaba mi cara, las yemas de sus dedos rozando de una forma deliciosamente lenta mi piel, como si quisiera memorizar cada cima y cada valle de mi rostro.
La luz de la luna entraba por el ventanal iluminando nuestros cuerpos desnudos y enlazados. Contemplé hipnotizada el brillo de la piel de Edward. Nunca había visto lo hermosa que se veía su piel bajo la luz lunar.
Esta vez habíamos hecho el amor en el suelo, con más calma que las previas, pero aún con el anhelo de no estar saciados el uno del otro.
Sentí el pecho de Edward vibrar y supe que estaba conteniendo la risa.
-¿Qué pasa?
-Que no sé qué pensarán Angela y Daniel cuando vean los destrozos que hemos hecho en esta sala-dijo, jovial.
Oh, vaya. No me había parado a hacer recuento de daños, estaba centrada en... otras cosas. Entonces alcé la cabeza y comprendí a qué se refería. La pared de mis fantasías lucía reveladores desconchados y grietas superficiales. Edward me había tomado contra ese muro dos veces seguidas, y era el que había sufrido los mayores daños, aunque había otras zonas de la sala que tampoco estaban indemnes. Mi mirada se detuvo en el piano y suspiré con alivio.
Por lo menos el instrumento se mantenía en perfectas condiciones.
Edward siguió la dirección de mis ojos.
-Gracias por retenerte cuando estabas ahí encima. No debe haber sido fácil, supongo.
Me reí avergonzada y miré a Edward.
-¿No has visto que estaba abrazándome a mi misma?-él asintió, curvando sus labios.-Creía que me iba a romper las costillas. No deberías haber hecho eso... ponerme encima de ese instrumento sagrado-le reproché, bromeando a medias.
-Quería ponerte en el altar para adorarte, mi diosa-repuso él con una divertida mueca.
Sonreí y recordé la frase que había pronunciado él esa misma noche: "si pudiera vivir tan sólo haciéndote el amor no saldría jamás de esta habitación". Yo me sentía igual.
Pero la vida no era así. No estábamos solos, ni podíamos alimentarnos del cuerpo del otro. Pensé en nuestros invitados, y sentí que comenzaba el aterrizaje.
-Por dios, a Daniel no sé qué le diremos, pero creo que la risa de Ang se va a oír desde el otro lado del mundo. Creo que en casa de mis padres van a preguntarse de dónde viene esa carcajada.
-Podemos cerrar esta habitación. No hemos tocado ninguna pared maestra-sonrió-pero habrá que arreglar esto. El piano se puede trasladar temporalmente a otra zona del ático, aunque no esté insonorizada.
-Ciérrala ya. Que no la vea nadie-me azoré.
-Alice ya la ha visto. Te lo puedo asegurar. Cada vez que has levantado tu escudo conmigo lo has hecho con ella.
-Dios-me dí con la mano en la frente.-No había pensado en ella. Aunque tampoco estaba como para concentrarme en eso.
-¿Puedes anular el escudo sólo para personas seleccionadas?-preguntó con curiosidad.
-Sí... pero aún me cuesta bastante esfuerzo. Y ni siquiera se me había ocurrido -dije pensativa, sin quitarme de la cabeza la idea de Alice teniendo visiones de lo que iba a pasar en la habitación del piano.
-Eh-Edward tomó mi cara entre sus manos con delicadeza y me clavó sus ojos miel-No hay nada de que avergonzarse.
Exhalé de forma prolongada y por fin asentí, sonriendo. Era imposible no sonreír, cuando la felicidad de estar de nuevo con él salía por todos mis poros.
-Bueno, no había nada de que avergonzarse hasta hace poco-continuó él- porque Jasper acaba de llegar a casa y Alice le está explicando todo -jadeé por el susto y él se carcajeó.- ¡Era broma! Jazz ha llegado a casa, pero apenas ha dicho "hola" Alice se lo ha llevado a su habitación para... relajarse. Creo que la hemos estresado un poco -rió, negando con la cabeza.
Me mordí el labio, aguantando la risa ante el descaro de Edward. Tendría que empezar a tomarme las cosas como él...
.
Nos dirigimos a la habitación que ocupaba yo, que no era la misma que había compartido con él mientras vivíamos juntos.
-Habrá que esperar a que esos dos salgan de su habitación para pedirle a Jasper algo de ropa- Edward se sentó en la cama, desnudo al igual que yo.
Aparté mis ojos de él con dificultad, como si luchara contra la fuerza de la gravedad, y. me centré en buscar ropa para ponerme después de la ducha, sintiendo el calor de su mirada en mi espalda mientras lo hacía. Cogí lo primero que encontré. Unos vaqueros y una camiseta de manga larga y cuello en pico irían bien. Seguía gustándome la ropa informal, muy a pesar de Alice.
Los dejé sobre la cama y me senté a su lado.
-Por lo menos se puede decir que son bastante discretos. Aunque sé que cada habitación de la casa ha sido testigo de su apetito sexual -sonreí para mí.-Excepto tres: la del piano, la que compartíamos tú y yo antes, y ésta.
-¿Cómo se te ocurrió venir a casa? Quiero decir que estabas tan furiosa que no puedo comprender que hayas venido aquí, con todos los recuerdos, con mi olor... aunque me encanta que lo hicieras-sonrió con tristeza.
Lo pensé por unos instantes. Yo también me había hecho esa misma pregunta y me había engañado a mí misma respondiéndome que por qué no iba a estar en esa casa que ya conocía, demostrándome lo fuerte que era por poder vivir en el mismo lugar que había sido testigo de nuestro amor.
-Me engañaba a mí misma -suspiré, mirando sus magnéticos ojos.-En realidad estaba aquí por ti-sus cejas se arquearon con sorpresa.-El primer momento de algo similar a la paz que tuve fue cuando llegué a esta casa. Me sentí en mi hogar, y esa sensación fue creciendo a medida que pasaban los días. Ahora sé que sentía aquello porque estar aquí era un poco como estar cerca de ti. Tu presencia estaba en cada rincón de la casa, y eso no sólo era soportable sino necesario para mí. Si exceptuamos la sala que acabamos de destrozar, claro -ambos reímos suavemente.-No soportaba entrar en ella... y no lo había hecho hasta hoy.
Edward me miraba con intensidad y mis sentimientos anteriormente bloqueados se transformaban en palabras con una fluidez que me sorprendía a mí misma.
-Me acordaba demasiado bien de aquella vez que hicimos el amor, cuando me leíste el pensamiento, y de las promesas que te hice... -suspiré mordiéndome el labio y una mano de Edward se alzó hasta rozar mi frente.
Sus ojos estaban llenos de dulzura, sus largos dedos pasaron suavemente sobre mi ceño como queriendo alisarlo, y yo retuve el aire y cerré los párpados, maravillándome de la forma en que mi cuerpo respondía al contacto con el suyo. Aquella mano recogió el cabello que me caía sobre el pecho y lo apartó hacia mi espalda.
-Así... cierra los ojos, Bella... sólo siente -su aliento me acarició y su voz provocó ondas en mi cuerpo, como una piedra cayendo en un estanque.- No los abras.
Noté sus manos moviendo mi cuerpo hasta acostarme sobre la cama.
-Todavía no he tenido suficiente de ti ¿lo sabes? Creo que nunca tendré bastante... cuando se trata de ti soy un adicto sin remedio.
Su mano alcanzó la mía y sus labios se posaron en la palma, besándola con dulzura. Sentí su boca tomar uno a uno mis dedos, su lengua los acariciaba y sus dientes los mordisqueaban. Gemí con fuerza.
-Shhh... Vamos a ser discretos-susurró en mi oído.
Besó el interior de mi muñeca y viajó hacia arriba dejando una estela de besos húmedos, hasta llegar al hombro. Entonces hizo el mismo ritual con el otro brazo. Me removí en la cama y el sonido que hizo el colchón me pareció brutalmente amplificado.
-Discreción- sus labios esta vez estaban a milímetros de mi oreja. Supe que estaba sonriendo, y sabía de qué forma. Sentí que me humedecía.
-Adoro besar tu piel... lamerte y sentir tu sabor. Podía hacerlo durante días y no me cansaría-apenas le oía, pero estaba tan cerca de mí que era como tener su voz en mi cabeza. Contuve un suspiro.
Se movió sobre la cama y tomó uno de mis pies, besándolo y mordisqueándolo como había hecho con la mano. Sabía lo que venía ahora y volví a abrazarme a mí misma, no encontrando ningún otro punto irrompible cerca de mí. Los besos húmedos recorrieron el interior de mi pierna, pero cuando creía que subiría por el muslo sentí que la movía y cambiaba su posición lamiendo con fuerza la piel detrás de la rodilla.
Solté mi abrazo y me puse las manos sobre la boca sujetándolas al mismo tiempo. El placentero suplicio que me imponían sus labios, su lengua y sus dientes castigó mi otra pierna con la misma falta de compasión. Entonces percibí que se colocaba entre mis piernas y, cuando pensé que ya había terminado la tortura sus labios se posaron sobre la piel alrededor de mi ombligo, y su experta lengua comenzó a dibujar círculos concéntricos alrededor de éste.
"Dios. No puedo más. Te quiero dentro de mí, Edward"
Entonces se detuvo y escuché un leve gemido. Durante la noche había tenido tiempo para notar que escucharme así, dentro de su mente en momentos tan íntimos, le excitaba aún más que cuando pronunciaba las palabras.
Se movió, sigiloso como un felino, y de pronto sentí su cara sobre la mía.
-Abre los ojos, cariño.
El aliento dulce de su susurro me acarició e hice lo que me pedía, encontrándome con aquella mirada negra, mezcla de lujuria, necesidad, ternura... Se sumergió profundamente en mis ojos y yo en los suyos. Y entonces entró dentro de mí, con suavidad, lentamente, sin dejar de mirarme. Sus caderas se movieron sobre las mías mientras tomaba mis manos y las colocaba a cada lado de mi cabeza, entrelazando nuestros dedos.
Sentí el fuego recorriéndome, llamas que me hacían arder y desear que no parara nunca esa sensación. Estar conectada de esa forma con su cuerpo era algo tan íntimo... me parecía estar por fin completa, llena... plenamente viva. Mis piernas se alzaron rodeando sus caderas y mi pelvis se elevó para encontrar la suya. Entonces moví mi cuerpo junto al suyo y girando sobre la cama me situé sobre él. Moviendo suavemente mis caderas dibujé círculos sobre él, gozando de la deliciosa sensación de tenerle dentro de mí mientras, inclinada, continuaba aferrada a sus manos. Me mordía los labios ahogando mis propios gemidos, pero ver el placer reflejado en su hermosa cara catapultaba el mío cada vez más alto. Entonces él se sentó en la cama, abrazándome con fuerza, como queriendo fundirse conmigo. Nos mecimos a un ritmo lento, sin perder contacto ocular, sincronizando nuestra respiración.
Edward tiró con suavidad de mi cuello y acercó sus labios a los míos. Los cubrió fundiéndose con ellos, su lengua con la mía, y entonces fuimos como un solo ser. Fue en ese momento cuando las oleadas de placer nos trasportaron fuera de esa habitación, a un lugar donde no había nada ni nadie más que él y yo.
.
Una vez fuera de la ducha me quité el albornoz y me vestí ante la atenta mirada de un silencioso Edward, intentando evitar cruzarme con sus ojos... era lo mejor si quería terminar vestida y no al revés. Él se puso la única ropa que conservaba indemne: sus boxer y sus vaqueros.
Entonces recordé una escena de horas antes, y tuve curiosidad.
-¿Puedo saber en qué pensabas antes?-pregunté mientras me abrochaba el pantalón.- Quiero decir cuando estaba acostando a Daniel y me has mirado de aquella forma... me ha parecido que dudabas en decirme algo, y que... sentías tristeza.
Su mirada se volvió cautelosa.
-No es nada...-negó frunciendo el ceño, y supe que no me decía la verdad.
-¿Qué sucede?- inquirí con inquietud, sentándome a su lado.
Él relajó un poco el gesto pero siguió ahí, inmovilizado en su cara. Se mordió el labio.
- Nada que tenga que ver con nuestra relación, quiero decir -y de nuevo pareció indeciso.
-¿Por qué me miras así? ¿Hay algo que no me hayas dicho?-tuve miedo.
Sus dos manos se extendieron, abarcando mi cara y parte del cuello, y su mirada se dulcificó.
-Nos es sobre nosotros... es sobre Daniel. No sabía si decírtelo, pero... creo que debes saberlo.
Lo miré atentamente... ¿Daniel? ¿Qué sabía él sobre Daniel? Entonces recordé que era Edward quien había hecho la visita a JT, la que hizo que ella cambiara de idea sobre su declaración.
-¿Qué? ¿Qué? Dímelo ya.
-Su padre biológico... JT sabe quién es. Sé su nombre.
Me llevé la mano a la boca y ahogué una exclamación. Él me alzó y me sentó sobre sus muslos, abrazándome fuerte.
-Bella, tenía que decírtelo... pero no sabía cómo lo tomarías. ¿Lo comprendes?- su voz sonaba angustiada... lejana. Edward temía por mí y por ser el portador de aquella noticia. Pero no estaba disgustada con él.
Asentí, incapaz de responder. aquello era algo para lo que, estúpida de mí, no estaba preparada. ¿Y por qué no? ¿En qué mundo de ilusión vivía? ¿Qué castillos en el aire había construido con unas piezas tan delicadas, tan frágiles como la vida de otras personas? Me sentí estúpida, incapaz... como el aprendiz de brujo, jugando con fuerzas de las cuales desconocía el daño que podían hacer.
-Bella. NO. No consentiré que hagas eso -la firme voz de Edward y sus manos acunando mi cara me sacaron de mi pozo de culpabilidad.
Parpadeé varias veces y enfoqué mis ojos con dificultad, hasta que encontré los suyos. Serenos, estables... el puerto seguro donde anclar.
-¿El qué?
-Hundirte. Sentirte culpable. Es absurdo - pronunció con lentitud, sus ojos reteniendo los míos.
Me conocía mejor que nadie; no era necesario que me leyera la mente, porque mis emociones no eran un secreto para él. Asentí levemente, y me centré en su presencia confortante.
-Sólo es que... dios, ¿qué voy a hacer ahora? No pensé que lo encontraríamos... y ahora no comprendo por qué no lo pensé, y preparé al niño para eso. Él jamás... jamás ha preguntado por su padre.
-Y tú no querías ponerle esa idea en la cabeza. Hiciste bien, le habría hecho sufrir más. Y ese niño ya ha sufrido bastante.
Medité lo que Edward me decía y me di cuenta de que tenía razón. El golpe de la noticia me había alterado y había reaccionado de forma confusa. Pero él estaba consiguiendo que me centrara.
-De todas formas-tomé sus manos y enlacé sus dedos con los míos, sin perder de vista su mirada- ni siquiera se me había ocurrido buscarle. Creo que he sido egoísta.
-No... Sólo estabas centrada en otras cosas y habías pospuesto lo menos urgente. Bella ¿tienes idea de lo rara que ha sido tu transformación? ¿De que lo que tú has conseguido en tan sólo dos meses hay vampiros que tardan años en conseguirlo?
-Eso no es mérito mío-protesté.-Jasper cree que fue porque mi transformación fue... distinta.
-Eso es una teoría-negó él.-Y estoy de acuerdo con que pueda explicar una parte de tus logros, pero no desprecies toda la voluntad que has puesto en adaptarte a tu nueva existencia, en perseguir tu objetivo de forma constante, en no rendirte... Querías cuidar de Daniel y lo estás haciendo. Y muy bien, por cierto... Te he visto con él, y he visto cómo te mira. No consiento que te niegues todo eso, Isabella Swan. Eres algo bueno en la vida de ese niño.
Sopesaba sus palabras, que se vertían en mi alma como agua cálida sobre hielo, confortándola. Le abracé con fuerza y él me correspondió.
-Edward... cómo he podido estar sin ti-musité, pegada a su pecho.
.
.
-El tipo aún trabaja en Londres-la serena voz de Jasper resonó con suavidad en el denso silencio del comedor.
Alice estaba sentada a su lado sin perder de vista la pantalla. Yo estaba en el sofá, sobre las piernas de Edward. El contacto con él me hacía sentirme más fuerte y me parecía estar a muy poca distancia de convertirme en una especie de prolongación de su cuerpo. Cosa que, por otra parte, no parecía molestarle mucho, vista la forma en que me sujetaba la cintura, como temiendo que me escapara.
-En efecto, el doctor Charles Stefan trabajó entre junio de 1998 y diciembre de 2009 como endocrinólogo del hospital Queen Elizabeth, de Londres, donde debió conocer a JT. Ella acompañaba a su hermano a las visitas en consultas externas, ¿recordáis? Y fue el mismo hospital donde éste falleció... donde ella lo asesinó -puntualizó Jasper, mirando un instante hacia Edward y hacia mí para volver a perderse en la pantalla.
-Ella me dijo que tuvieron una relación de unos meses, y que lo dejó cuando estaba embarazada. Y él no lo sabía, así que desconoce la existencia de Daniel-me apretó contra su pecho y me abracé a su cuello. Alice nos miró y, sonriendo, puso los ojos en blanco. Me dieron ganas de sacarle la lengua- Bella ¿Estás segura de que quieres hacer esto? Si ni él ni Daniel lo saben las cosas pueden quedarse tal como están. Por el momento.
No tuve ninguna duda al contestar.
-Sólo quiero saber cómo es, y si podría ser un buen padre. Y si la respuesta es sí... no puedo quitarle un hijo a su padre. Él nunca supo del niño. No sería justo, ni con él ni con Daniel.
Jasper asintió, serio.
-Me ocuparé de ello. Tendrás toda la información posible de ese hombre hoy mismo. Y aunque no me lo has pedido voy a conseguir un estudio genético que confirme si es o no el padre de Danny - asentí, admirada por la profesionalidad de mi cuñado.
Edward me abrazó aún más fuerte y cerré los ojos centrándome en la deliciosa sensación de estar de nuevo en sus brazos. Me negué a pensar en nada más, como en la posibilidad de volver a apartar de mi vida a un ser querido.
La próxima casi seguro será el jueves por la mañana y no el miércoles. Feliz semana! Gracias por comentar y muchos besos a tods.
