Buenos días. Este es un capítulo de transición, pero creo que es necesario. La mitad del capítulo es un punto de vista de Angela.

Bienvenida, ludgardita ;).

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Comentarios sobre el 57

BereCullen-Swan, me he dado cuenta de que no te puse en los agradecimientos del capi previo, sorry ;).

Mary de cullen, me alegro de que tengas tan claro que la opinión de Daniel también hay que escucharla.

Gine... el arroz con mango es feo? Pues una amiga prepara uno buenísimo, :)

Mentxu masen Cullen, sí, el piano era algo que a la hora de escribir esto tenía claro que se iba a salvar. El resto... no importa.

Esme Mary Cullen, " Bella, hija ,¡Te ha tocado la lotería con este chico!" Pues creo que pienso lo mismo, jejeje.

EmilioLT, sí, de eso se trataba el capi ;)

Mlopez, gracias de nuevo por tus palabras. Me gusta tu refleción bipolar sobre el tema de Daniel XD.

nohemi, esperemos a ver cómo es el señor ese.

YoliCullen, lo del altar te quedó, eh? Lo que me reí con los mails jajajaja. Gracias a ti, bichejo.

Pegn, tú sí que sabes lógica, profe, jejeje. Tres capis más? Tú sabes lo que me cuesta parir un hot? Me quieres matar? Son tres preguntas y es la misma, cómete eso, XD.

Kisara Mansen, lo del padre de Daniel... pues ya veremos, no? pero está ahí y no se le puede ignorar al pobre humano.

Dra Laly, gracias por tus sentimientos ambivalentes, jaja. Si puedo respondo review, pero no siempre tengo tiempo.

Luisamarie22, tú no tienes remedio en leer estos capis, ni yo en escribirlos ;). Team bellward? Nunca lo había leído. Pues no suena mal! Gracias por tus siempre sonrojantes palabras.

I Love Edward, sí, menos mal que está nuestro vampiro favorito. Cuídate y estudia.

bellaliz, sí, la idea de investigar al papi de daniel no sobra. Gracias por tus palabras.

v. cullen, sí, casi nos habíamos olvidado del tema del papá, pero...no. Ahí está.

nath89, me parece bien que seas egoísta con lo de Danny, pero veremos qué pasa. Hoy sabemos más de Jake y Angela.

Nurymisu, qué tal el principio de colegio? ;). " Tengo una duda, ¿Es posible q Jasper y Alice estén follando en el piso y ellos no los oigan?". Sí, Bella ya ha explicado que son discretos pero que sabe que han "usado" todas las habitaciones de la casa menos tres. Con esto daba a entender que los había oído, pero parece que lo tiene asumido, no? Tiene peor asumido que la oigan "a ella", jajaja. Besote grande.

Roxx Marie, imagina estrenar una casa por cada polvo, jajaja. Menudo dineral!

kary rodriguez, "aunque seria tambien algo raro que creciera con ella y edward porq ellos jamas envejeceran". Pues sí, es que no es cualquier cosa todo ese asunto. Gracias a ti.

Rocha, ansiedad? Ahora? Si esto está muuuuy tranquilo, jeje. Échale la culpa de tu ansiedad a Anaidam.

lizco2, "no me imagino lo q le dira alice a bella". Pues veremos ;)

Jade Cullen Masen, lo de Daniel lo iremos viendo. Gracias por tus palabras.

Paola Cullen, sí, ya era hora de dejar el drama... ;).

Anaidam, no, nunca me habías dicho que amabas a este Edward ;) y sí, a los vampiros no les huelen los pies, jajaja. Yo pensé lo mismo cuando escribía esto. La de olor de pies que debes aguantar tú. Gracias por tu comentario, siempre me haces sonreír.

Ely Cullen M, me alegro de que te gustara. Un beso.

lexa0619, isa-21, alexpattinson, gracias.


Capítulo 58

BPOV

-Buenos días-la voz de Angela saludó tímidamente a todos los que estábamos en el enorme comedor.

Pensé que si Jake viera la escena le daría un ataque cardíaco fulminante. Ya no éramos dos sino cuatro vampiros quienes convivíamos con su novia.

Jasper seguía trabajando en su portátil pero se levantó caballerosamente en cuanto mi amiga hizo acto de presencia en la sala.

-Angela, este es Jasper, el marido de Alice.

-Encantado, Angela - este sonrió tendiéndole la mano y ella le correspondió, sonrojándose con timidez. Al mismo tiempo le echaba un rápido vistazo a Edward que no me pasó desapercibido, por lo que imaginé que habría pensado algo que habría deseado que fuera privado.

Sonreí para mí misma; no tenía que hacer mucho esfuerzo de imaginación para pensar qué habría pasado por la mente de Ang al ver al rubio vampiro.

-Ven, he preparado el desayuno... tortitas con jarabe de arce. Daniel aún no se ha levantado-tiré de su mano y me la llevé a la cocina. Me resultaba extraño verla tan cohibida, pero reconocía que no era para menos.

Abrí el ventanal para airear el olor a vampiro mientras mi embarazadísima amiga se sentaba a la enorme mesa de la enorme cocina del enorme ático de Edward Cullen... mi novio. El sol que había lucido a primeras horas del amanecer se estaba ocultando rápidamente tras unos espesos nubarrones. No podía ser de otra forma, Alice había planeado salir hoy de viaje y ella jamás se equivocaba en el pronóstico del tiempo.

Durante la noche habíamos estado haciendo planes de nuevo. Alice y Jasper preferían quedarse en Seattle hasta que tuviera lugar la reunión con los indios, pero enviarían buena parte de las maletas a Nueva York, y habían reservado una habitación en un hotel para unos pocos días. Por una parte querían darnos intimidad a Edward y a mí, y por otra querían que Angela se sintiera cómoda. Por más que ella pusiera voluntad era imposible que con cuatro vampiros en casa de la noche a la mañana estuviera tan tranquila. Por no hablar del tema de Jake.

-Esto tiene una pinta buenísima- Ang se lamió los labios con expresión golosa. –Siempre se te ha dado bien preparar las tortitas.

-Gracias, Ang- me senté delante de ella sonriente, con los brazos cruzados sobre la mesa.

Ella estaba alargando el brazo para coger el bote de jarabe de arce y al escucharme se detuvo a mirarme detenidamente. Entonces la mandíbula se le desencajó.

-¿Qué?-me toqué, por si tenía algo raro en la cara y no me había dado cuenta. Ella presionó los labios conteniendo una sonrisa mientras se servía un par de tortitas.

-Siempre he tenido curiosidad por si la Gran Muralla se ve desde el espacio, o no.

Pensé que me había perdido algo.

-¿De qué hablas?

-Nada, que tú tienes cara de haber estado en órbita, y varias veces... deberías saber la respuesta.

Entrecerré los ojos, y me mordí el labio para no responderle mientras las carcajadas de Alice resonaban en el comedor. Ang pareció un poco arrepentida, no había contado con que la broma dejara de ser privada entre ella y yo.

-Pues sí, he estado en órbita. Varias veces ¡Y por qué será que no te he visto por ahí arriba, Alice Cullen!

-¡Eh, eh, ahora no vayáis a hacer que dude de mis capacidades!... -la indignada voz de Jasper se escuchó deformada por las risas que estaba intentando aguantar.-No, no lo conseguiríais ni aunque lo intentarais en serio.

Me reí, al tiempo que la pobre Ang se sonrojaba más aún.

-No te preocupes, Angela, estos no saben lo que es la vergüenza, y doy gracias a que no está Emmet. Sería capaz de conseguir que me sonrojara, aunque eso sea teóricamente imposible -apreté con suavidad la mano de mi amiga.-Come, venga.

Ella cortó un pedazo de su desayuno y se lo metió en la boca, mirándome feliz. Pero de pronto su gesto se torció y supe en qué pensaba.

-Sí... necesito energías a tope. Tengo que pelearme por segunda vez en menos de tres días con mi superprotector novio- torció el gesto ante la idea.

Tres días... no habían pasado ni tres días desde que Angela había aparecido a la puerta de mi casa, y desde entonces mi vida había dado un vuelco enorme.

-No tienes por qué hacerlo sola. Puedes esperar a la reunión del sábado, donde estaremos todos para apoyarte. Carlisle y Esme están de acuerdo con que vengas -le informé.

Ella negó con la cabeza, sirviéndose un vaso de zumo de naranja.

-No... Deseo hacerlo, antes de la reunión del sábado -bebió un sorbo.-Además... tengo ganas de ver a ese cabezota. A pesar del mosqueo que llevo le echo de menos. Nos hemos mandado sms y hemos quedado para la comida-sonrió con tristeza.

Deseaba con todas mis fuerzas que Jacob entrara en razón. No soportaba ver a mi amiga así. Ella quedó pensativa, y se metió una porción de tortita en la boca mientras distraídamente se acariciaba el vientre con suavidad.

-Daniel se ha despertado. Voy a buscarle-salí de la cocina tras darle un cariñoso apretón en el hombro.

-Que se dé prisa o no quedarán tortitas, en este barrigón cabe mucha cosa- la escuché comentar mientras subía las escaleras.

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-Bella, te he metido en este pendrive toda la información sobre el padre de Daniel-Jasper habló en tono inaudible para los oídos del niño, quien, como yo, estaba sentado en el suelo al lado de Edward montando un castillo con piezas de madera, y me tendió el cachivache diligentemente.

-Podemos llamarle el doctor Stefan, y así no meteremos la pata- contesté en el mismo tono, apartándome discretamente.- ¿Me haces un breve resumen?

-Bien, pues el doctor Stefan... ese tipo está más limpio que la Madre Teresa: ni tan siquiera tiene una sola multa de aparcamiento. Buen currículum académico y profesional, bien valorado por sus colegas y pacientes... – se encogió de hombros.-No sé cómo alguien así puedo liarse con la perturbada de JT. Y aún hay más... aparte de colaborar económicamente con varias ONG ha estado dos veces en África, de voluntario, con la organización Save The Children -abrió los ojos con expresión de admiración.- Una joya.

-Me alegro de que sea tan fantástico – mi tono no engañó a Jasper ni a Edward, cuya mirada sentí clavada en mí por un instante.

Jasper salió de la habitación y nos dejó solos.

Mentí, diciendo más lo que creía que era correcto sentir que lo que de veras sentía. De forma egoísta había deseado que el tal doctor fuera un perturbado como la madre. Me recriminé a mí misma esas emociones, pero no podía evitarlas, y más ahora viendo el hogareño cuadro que tenía ante mí, con dos de los tres hombres de mi vida sentados en el suelo jugando juntos.

No te engañes a ti misma, Bella. Esto sólo es una ilusión. No es real.

Sí, ya sabía que Daniel era humano, que crecería, que cambiaría con los años, como hace un ser vivo. Que Edward y yo nos quedaríamos con la misma forma hasta nuestra desaparición. Lo sabía bien, pero mi traidor corazón no perdía oportunidad para engañarme.

Lo había sacado del orfanato y había cuidado de él durante unas pocas semanas, un pequeño oasis en su vida desierta de cariño. Yo le había dado eso, con la ayuda de Alice y Jasper, y él me había correspondido con creces. Mi anhelo por protegerle había hecho que pusiera toda mi fuerza de voluntad en salir del estado de catatonia en que me había quedado tras dejar a Edward, en adaptarme al entorno humano, en retomar el hilo de la existencia. Después sus bracitos habían sido la cuerda que me había sacado del pozo, y sus ojos habían dado luz a mi ceguera, a mi incapacidad de ponerme en el lugar de Edward. Sí, yo le había dado pero, sin saberlo ni pretenderlo, él me había devuelto mucho más.

Pero mi única excusa moral para hacer lo que había hecho ya no estaba. Daniel ya no era un niño abandonado, sin familia conocida, cuya madre asesina estaba en la cárcel. Daniel era un niño apartado de su padre sin que ninguno de los dos lo supiera.

Suspiré, perdida en mis pensamientos. Ahora que mis barreras habían caído, ahora que reconocía mis sentimientos, y el dolor que estos pueden llevar consigo, pensaba si no era un error amar así, encariñarse tanto con un ser humano. Sentí una punzada de dolor, y la familiar sensación en los ojos.

Quizá sería mejor no relacionarse con humanos. Sólo produce sufrimiento. ¿Cómo voy a soportar una existencia así, despidiéndome constantemente de seres a quien amo?

-Porque esos sentimientos son lo que hace que valga la pena seguir. Y siempre me tendrás a mí-la sedosa voz había sonado apenas audible.

Miré a Edward sobresaltada. Me di cuenta de que había bajado mi escudo sin darme cuenta. Las pocas veces que eso me había sucedido, había sido con él.

Sus ojos dorados me miraban con intensidad, rescatándome del camino amargo por el que rondaban mis pensamientos. Se lo agradecí con una sonrisa.

-¿Por qué no vuelves al suelo con nosotros?-arqueó las cejas componiendo una mueca divertida.

Asentí y me uní a ellos.

-Está bien. Vamos a ver si podemos montar uno que llegue hasta el techo.

-Lo más divertido es tirarlos al suelo cuando ya están construidos, verdad, ¿Daniel?-sonrió Edward.

-¡Sí!-repuso el niño con entusiasmo.

-Eso. Tú ve metiendo ideas destructoras en la cabeza del pobre niño-reí.

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Angela

Acudía a esa cita con la esperanza de que Jake, al igual que yo, estuviera con el ánimo más sereno y pudiéramos hablar con tranquilidad.

Cuando lo divisé desde lejos y mis piernas parecieron flaquear. Desde lejos veía sus ojos negros fijos en mí, sin perder de vista uno solo de mis movimientos. Estaba muy guapo y vestía informal como siempre, con una camiseta negra y aquellos vaqueros que le sentaban tan bien. Aunque el día ya era propio de los frescos otoños de Seattle, pero mi novio no llevaba chaqueta. Siempre bromeaba con que tenía la temperatura corporal más alta.

Cuando me acerqué a él se despegó de la pared del restaurante donde habíamos quedado como si hubiera saltado un resorte, y en un instante lo tuve frente a mí, cuan largo era.

-Angela... estaba preocupado- su voz grave me conmovió.

Me tomó de ambos hombros y me examinó de arriba abajo, con mirada ansiosa. Me mordí la lengua, impaciente. ¿Estaba comprobando si había daños?

-Sólo me he retrasado un par de minutos-lo miré directamente a los ojos. Él asintió.

-¿Entramos? Debes tener hambre.

-Sí... me comería un lobo -inmediatamente me sentí incómoda por haber dicho justo eso. Jake no mudó su expresión ni una pizca.

El interior del local era muy acogedor, y estaba bastante lleno. Era uno de nuestros restaurantes favoritos, así que en cuanto entramos el camarero nos saludó sonriente, me preguntó amablemente por mi estado, y nos acomodó en una discreta mesa al lado de la ventana que tenía encima el cartelito de "reservado". Jake había hecho los deberes a pesar de estar en el trabajo.

-Hacía tiempo que no comíamos aquí-dije, mirando alrededor. –Es un local agradable.

Tomé la carta y comencé a estudiarla, aunque me la sabía de memoria. Me sentía penetrada por los ojos de Jacob, y no encontraba ningún modo de iniciar una conversación sobre lo que había venido a hablar con él.

-Vuelve conmigo-no era una orden, era una súplica. Sin preliminares, sin disimulos. Directo, así era Jake. Como yo.

Sé fuerte.

Levanté los ojos de la carta y me encontré con los suyos. La dulzura y tristeza de su corazón, la ansiedad... todo eso era evidente a través de la transparente mirada de mi novio. Hacía que se me olvidara por qué me había marchado de su lado.

Y, de hecho, las cosas habían cambiado. Cuando había acudido a casa de Bella ambas estábamos igual y nos podíamos apoyar mutuamente, pero ella ahora tenía de nuevo a Edward. No tenía la sensación de estorbar, con ellos jamás me había sentido así, y tanto Bella como Edward habían insistido en que me quedara con ellos el tiempo que necesitara, pero... no podía alargar mucho la situación.

Aunque tampoco quería volver con mi novio y hacer como si nada hubiera pasado. Mi decisión de dejarle no había sido producto de una rabieta, y aunque la ira que sentía en aquél momento se había diluido bastante, los motivos para hacer lo que hice seguían ahí.

Y eso era algo que no podía olvidar.

-Eso no basta, Jake -aguanté su mirada en silencio durante varios segundos hasta que el camarero nos interrumpió para tomar nota.

No rompimos contacto visual en ningún momento, mientras yo podía contemplar todas las emociones de mi novio a través del cristal de sus iris... Cuando el camarero se retiró Jake respiró profundamente y miró sus manos, entrelazadas sobre la mesa.

-Está bien, Angela. ¿Qué quieres?-su voz sonó fría, y eso me dolió. Y me enfureció.

Y mi contención se fue a la mierda.

-¿Qué quiero? Quiero paz. Quiero poder estar con mi mejor amiga y con su novio cuando me dé la gana sin temer un complot para arruinarles la vida. Quiero que hables con Bella y le des una explicación por haber hecho lo que hiciste. Quiero que admitas que no tienes ninguna prueba de que los Cullen son lo que tú temes, y que sólo es eso lo que te gobierna: el miedo, sin otra evidencia.

La mirada de Jake se oscurecía a medida que yo iba hablando, y sin necesidad de palabras me lo estaba contestando todo. Sabía que no estaba enfocando bien el problema. Sabía que no estaba siendo diplomática y que no era una buena manera de resolver nuestro conflicto.

Pero él me había preguntado lo que quería. Y era eso.

-Y supongo que querrás ir a visitarla cuando nuestra hija nazca, y que se haga amiga de ese pobre niño humano cuidado por vampiros.

Di un respingo. No supe qué quemó más, si las palabras o el tono de burla con que las había pronunciado. Contemplé su fiera expresión. Ya no era el Jacob dulce que me había suplicado hacía un instante. Sentí mis ánimos caer más abajo del suelo.

-Creo que se me ha quitado el hambre-miré hacia atrás para coger mi bolso, que colgaba de la silla, y sentí su cálida mano sobre la mía, tomándola con ternura. Deteniéndome, pero no como la vez previa. No me había asustado.

Dejé mi bolso donde estaba y lo miré.

-No te vayas... por favor. Hablemos. Perdona por lo que acabo de decir. Volvamos a empezar. ¿Cómo te encuentras? Imagino que bien, porque estás preciosa- había vuelto el Jake que yo amaba, y mientras el fanático de las estacas estuviera apartado de nuestra mesa... tenía esperanzas.

-Bien...aunque me cuesta un poco dormir-me sinceré.

-A mí también... añoro tu cuerpo contra el mío-el susurro fue mitad ternura mitad pasión y me puso la piel de gallina.

Suspiré y tomé sus dos manos.

-Te echo de menos.

-Y yo a ti, amor. Vuelve conmigo, por favor-la pasión brillaba en sus ojos negros.-Te necesito.

-Y yo a ti.

-¿Entonces?-me miró desconcertado.

-Jake, ¿no has escuchado nada de lo que te he dicho hace unos instantes?-lo miré de hito en hito.

-¿El qué? ¿Que prefieres elegir la amistad con una asesina en potencia que el amor del padre de tu hija?-preguntó con gran tristeza. Sus manos seguían reteniendo las mías con suavidad y sus ojos eran suplicantes.

-Yo no lo veo así. Más bien la elección está entre el odio por un prejuicio, o la confianza en alguien que ha demostrado merecerla-dije en voz baja. Cada vez las ganas de deshacerme en lágrimas eran más fuertes, pero aguanté.

Inspiró y exhaló profundamente, reclinándose en el respaldo de la silla aunque sin separar sus manos de las mías. Su expresión ahora era cauta.

-Angela, te repito que no conoces a los chupasangres. No son de fiar. Mi pueblo tiene muchas leyendas sobre ellos... leyendas que tienen mucho de verdad, como puedes has podido ver.

-Sí, lo he podido ver, pero no gracias a ti. Fue Bella la que me dio la pastilla roja, porque si fuera por ti seguiría viviendo en Matrix -repuse mosqueada.

-¿Y qué tal te sienta vivir en la realidad que te he estado ocultando? -bajó el tono de voz, acercándose a mí- ¿Eres más feliz ahora que sabes que hay vampiros, y que nuestra hija tiene posibilidades de transformarse en licántropo si cerca de ella hay vampiros de los que se meriendan a los humanos?

-No soy más feliz, pero no tenías derecho a ocultármelo-gruñí entre dientes, acercándome a él.- ¡Dioses, Jake, somos pareja, llevo una hija tuya en el vientre! ¿Y a qué esperas para decirme que la reunión del viernes, aquella de la que me hablaste, es para tratar de todo-separé los brazos abarcando un gran espacio -este tema?

-¿No han sido capaces de mantener la boca cerrada? Estos Cullen son muy parlanchines, debe ser la dieta que llevan. Los vampiros normales son más discretos por la cuenta que les trae.

Lo miré con ira intentando tranquilizarme antes de contestarle, para no arrepentirme de lo que iba a decir.

-Ang, no te intento mantener al margen de todo esto-repitió mi gesto de antes con los brazos-porque no me importes, sino por todo lo contrario. ¿Y crees que a mí me entusiasma llevar la herencia que llevo? ¿Saber lo que sé? Para mí no es ningún orgullo la posibilidad de transformarme en un licántropo... soy un hombre moderno, no lo veo como los ancianos de la tribu. Para mí todo eso es un mundo de monstruos que no cabe en el mundo real. Y yo quería librarte de todo eso. Esto -se señaló- es una anomalía genética.

-Una anomalía que deberías haberme contado cuando empezamos nuestra relación-le recordé agriamente.

-Lo siento...-dijo genuinamente arrepentido.-Te lo habría contado tarde o temprano, pero te quedaste embarazada y... no sabía cuándo hacerlo.

-Sí, nunca es un buen momento para decirle a tu pareja que eres un licántropo-el sarcasmo salió solo, y enseguida me arrepentí.-Lo siento... yo también. Te amo. Y quiero que sepas que no me importa tu herencia, ni meterme en todo este mundo... paralelo. Está ahí, no sé qué explicación científica habrá para todo eso, pero sabes que ignorándolo no puedes hacer que desaparezca.

-De acuerdo, pero...–la desesperación teñía sus gestos y su voz, y me tomó de las manos- Angela, estás viviendo con dos personas que si siguieran sus impulsos naturales se alimentarían de ti... y de ese pobre niño. Y de... nuestra hija. No comprendo cómo no lo ves.

-Jake, yo lo veo de otra forma, intenta verlo tú así: las personas también tenemos instintos destructivos. Tú no sabes si ese chico que pasa por ahí al lado-señalé la calle- con las manos en los bolsillos lleva un arma y va a entrar aquí dispuesto a liquidar a medio restaurante y salir en las noticias. Pero no por eso sales huyendo de todas las personas que te encuentras.

-Me apartaría de alguien en la calle si ese alguien sacara una pistola. Ellos son armas, Ang. Podrían terminar contigo con su dedo meñique.

Suspiré con tristeza. Esto no estaba yendo a ningún lado. Cada uno tenía su propio razonamiento y no entendía el del otro, porque había algo que era la confianza... que él no tenía y yo sí. Mis ánimos se hundieron de nuevo. ¿Y si nunca llegábamos a entendernos en ese tema? Me quedé mirando al camarero quien, diligentemente, depositaba nuestros pedidos sobre la mesa. Jake pareció leer mi estado de ánimo.

-Comamos, Angela. Hablemos de otra cosa, ¿te parece?

Asentí forzando una sonrisa.

La comida estaba deliciosa, y Jake me hizo recordar por qué estaba enamorada de él. Charlamos de otros temas, bromeamos, reímos, y de vez en cuando sus manos se acercaban a mi cara o mis manos, rozándolas con una ternura que me despertaba la añoranza de contactos más íntimos. Era fácil amarle cuando no quería imitar a Van Helsing.

Hasta que, en los postres, retomamos contacto con la realidad.

-Entonces... ¿vuelves conmigo?- sus ojos brillaban.

-¿Aceptas que pueda ver a Bella, a Edward, o a cualquier Cullen que me dé la gana y cuando me dé la gana?

Lentamente y mirándome con cautela, asintió. Le costaba tanto como si su cuello de repente hubiera perdido la flexibilidad.

-Incluso cuando nazca nuestra hija-murmuré.

Fue como si le hubiera dado un puñetazo.

-No te la llevarás a verlos-la ira brilló en sus ojos.

-Mi mejor amiga podrá ver a mi hija-lo miré, ceñuda.

-Estás mal de la cabeza-gruñó.

Me levanté como si el corazón me pesara tanto como la barriga y, mientras él me miraba fijamente, dejé un billete sobre la mesa.

-Creo que con esto pago mi parte -me marché sin mirar atrás, sintiendo que el pecho me dolía más con cada respiración.


En fin... hasta el domingo noche o lunes por la mañana, no lo sé. Gracias por dejar vuestra opinión, y muchos besos. Feliz fin de semana.