DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a knicnort3. Yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)
Link del grupo en facebook: www facebook groups / itzel . lightwood . traducciones
Link de la historia original: www fanfiction net /s/ 13355195 /1/ Loving-Them
Capítulo 7: Alterado
Como cualquier otro día, me senté en mi estación de trabajo sin nada que hacer, excepto que este día en particular, también estaba plagado de preocupación obsesiva.
Cinco mensajes sin responder.
Sabía que era una mala idea cruzar esa línea con Bella. Jodí todo, y ahora había cinco mensajes sin responder que estaba revisando compulsivamente cada dos minutos con la esperanza de algún tipo de respuesta.
Debí haberle mandado mensajes un centenar de veces más, pero cada uno me hacía sentir estúpido, así que los eliminaba sin enviarlos. En serio, ¿qué carajos estaba mal conmigo? Ya era lo suficientemente malo que la intimidad con Bella probablemente la enviara al punto de liberar sus álter egos, pero ahora ni siquiera podía dejar a la chica en paz. Era patético y lo sabía, pero no podía dejar de revisar mi teléfono, esperando por algún tipo de indicación de que ella estaba bien.
Los minutos se convirtieron en horas, pero cuando mi descanso para el almuerzo llegó, me preocupé más. ¿Debería ir con ella como normalmente lo hacía? ¿Y si ella en verdad no quería verme o, peor, el álter ego que era una perra estaba en control? Ir con Rosalie fuera podría crear problemas por el resto de mi vida. Sus amenazas eran reales y absolutamente aterradoras. Tenía que tomarla en serio, pero también, si no iba para el almuerzo, eso quizá también se vería terrible. ¿Y si todo estaba bien y la molestaba al no ir?
Mi cabeza estaba girando por todas las posibilidades, pero después de comprar un par de sándwiches, me tragué mis preocupaciones y atravesé las puertas de la librería.
—Por favor dime que no traes otra hamburguesa grasienta —se quejó en broma cuando me vio.
Me congelé a medio paso y traté de descifrar su comentario. Sonaba casual y completamente normal, ¿pero qué quería decir? ¿Era un álter ego pretendiendo ser Bella, o quizá era Bella ahora y la otra noche la confundí con una de sus álter egos? No pude decidir cuál sería peor.
—Una hamburguesa está bien, solo me refería a que estoy un poco harta de la grasa por ahora —dijo, sonando un poco avergonzada.
—Traje sándwiches —murmuré como si las palabras fueran robóticas.
—¿En serio? —preguntó, sorprendida—. ¿Te he dicho lo asombroso que eres? ¡Gracias!
Llevé la comida al mostrador y, después de dejarla, me senté y solo la miré por un momento.
Le quitó el papel a su comida, pero antes de morderlo, me miró y suspiró.
—No te pongas raro conmigo.
—No lo estoy. Espera, ¿qué? —pregunté, tratando de entender las palabras que estaba diciendo.
—Estaba preocupada de que las cosas se pusieran raras después de anoche, pero realmente pensé que hacías ese tipo de cosas todo el tiempo. Cuando hablamos de cómo Alice era promiscua, lo hiciste sonar como si no fuera la gran cosa.
—No es la gran cosa para mí, pero también me dijiste lo mucho que odias la promiscuidad de Alice.
—Lo hago, pero eso no es lo que esto es. No es como si fueras un extraño cualquiera, y ciertamente no estoy saliendo con múltiples personas cada semana. Me gustas, y después de conocerte por poco tiempo, no lo sé, supongo que me siento segura contigo. Pero lo último que quería hacer era que las coas se pusieran raras entre nosotros.
—Las cosas no son raras, al menos, no estoy tratando se hacerlo raro. Yo solo… ¿aún eres tú? Es decir, dejaste mi casa sin decir nada…
—Tenía que venir para abrir la tienda, y estabas bastante dormido así que llamé un Uber para que me llevara a casa. Casi no tuve tiempo de darme una ducha antes de que tuviera que apresurarme para acá —explicó.
—Te he estado enviando mensajes —señalé.
—Oh, ¡mierda! Sí… —dijo mientras alzaba su teléfono destrozado para que viera lo incomunicada que estaba.
—¿Qué demonios hiciste? —pregunté, sintiéndome aliviado y preocupado al mismo tiempo.
—Aparentemente, dejar tu teléfono en el techo de tu auto mientras vas en reversa no es una buena idea. Cuando pisé el freno para avanzar, se cayó en el parabrisas y directo al suelo. ¡Muy estúpido! Juro que perdería la cabeza si no estuviera pegada a mi cuerpo.
Inmediatamente dejé ir toda la tensión que había estado sintiendo desde que desperté esa mañana.
—Sí, eso apesta.
—Demasiado —coincidió—. Ahora tendré que conseguir uno de esos teléfonos baratos porque no compré el seguro y los nuevos teléfonos son demasiado caros.
—Sabes, de hecho tengo un teléfono de sobra. Te lo traeré después del trabajo y puedes configurarlo con tu cuenta —ofrecí.
—¿Tienes un teléfono de sobra? ¿Por qué?
—Cuando compré el último, tenían una de esas promociones del tipo "compra uno y llévate el segundo gratis". Nunca rechazo las cosas gratis, así que me lo dieron sin que lo necesitara en realidad. Está en mi habitación, aún en su caja.
—Bueno, eso es asombroso, pero deberías guardarlo en caso de que tu teléfono sufra un catastrófico accidente como lo hizo el mío.
—En ese caso, solo iré a comprar otro —dije, sin entender su problema.
—Edward —bufó—. Sé que te pedí ayuda con mi evento, pero no quiero que me salves todo el tiempo.
—Es un teléfono —señalé—. No es como si me estuviera ofreciendo a pagar tu hipoteca.
—Incluso así. No acepto limosnas —dijo tercamente.
—No es una limosna —le dije, frustrándome un poco—. No te estoy comprando un teléfono. Tengo uno extra. Uno que fue completamente gratis para mí. Eso no es una limosna, solo es darle a una amiga algo que no necesito.
—Pero quizá lo necesites en el futuro —discutió.
—Nunca se me ha roto o he perdido un teléfono —dije—. Además, ya casi es hora de que lo cambie, de todas formas. Este modelo es obsoleto. Además, a diferencia de ti, yo compré el seguro, por lo tanto no necesitaré o tendré que preocuparme por ese teléfono extra. Eventualmente lo tiraré, sin ser usado y aún en la caja. Si no quieres tomarlo, solo es un completo desperdicio.
Se estaba quedando sin razones para no aceptarlo, y ambos lo sabíamos.
—Edward, solo no quiero empezar con cosas como esta.
—¿Cosas como qué? —cuestioné, aún sin entender su problema.
—Somos amigos, ¿cierto? —preguntó, tratando de explicarse.
—Sí, y como dije, los amigos se ayudan en cosas así —señalé.
—Sí, pero también me traes el almuerzo todos los días, y pasamos todo nuestro tiempo libre juntos, luego tuvimos sexo y ahora quieres darme un teléfono. Es solo qué… no se siente exactamente como si fuéramos solo amigos.
—Tú fuiste quien dijo que quería tener sexo —dije lentamente, enloqueciéndome mientras me preguntaba si realmente pasó de la forma que recordaba.
—Lo hice —confirmó—. Y no me arrepiento. Se sintió demasiado bien, eso solo que… no quiero lastimarte.
—No le temo a Rosalie —le recordé. El tema de las amenazas de Rosalie había salido a relucir un par de veces antes, pero era como una nube oscura a la distancia. En algún punto, llovería, y cuando lo hiciera, sería feroz. No era un tema de si la mega perra atacaría, era de cuando, y cómo trataría con ella cuando tratara de terminar conmigo.
—No estoy hablando solo de Rosalie —aclaró Bella—. En realidad es Alice quien ha causado más problemas cuando se trata de relaciones románticas. Ella no quiere ser atada. Se aburre fácilmente. No cree en la monogamia.
—Sí, ya explicaste eso y lo entiendo. Somos amigos. Honestamente no veo cuál es el problema. Además, ninguna de tus álter egos ha salido en un rato, ¿cierto? Quizá se mantendrán así por el resto del verano.
—Quizá —dijo, sin esforzarse por sonar convencida—. Solo prométeme que no te enamorarás de mí —añadió, no hablando más fuerte que en un susurro.
Me reí una vez. Quizá fue por la sorpresa de sus palabras, o quizá fue por una razón completamente diferente que no estaba ni remotamente preparado para comprender.
—Créeme, no estoy buscando enamorarme de alguien pronto —traté de asegurarle, demonios, quizá estaba tratando de asegurármelo también—. La escuela de medicina es lo suficientemente estresante sin tener que preocuparme por los sentimientos de alguien más todo el tiempo.
—¡Solo promételo, Edward! —demandó.
—Sí, está bien. Lo prometo—dije, tratando de mantener mi tono casual.
Suspiró.
—Bien, aceptaré tu oferta del teléfono… pero te pagaré por él.
—No dejaré que me pagues por algo que obtuve gratis —señalé.
—Al menos déjame darte lo que iba a gastar en un teléfono barato. Solamente de esa forma lo aceptaré —insistió.
—Eres tan terca —murmuré, pero estaba demasiado divertido por el encantador y molesto rasgo.
—Lo siento, no puedo aceptar limosnas, ni siquiera de un amigo.
Quería discutir, nuevamente, que no era una limosna, pero decidí dejarlo pasar. Ya habíamos gastado demasiado tiempo de nuestro almuerzo.
No tomó demasiado tiempo para que cayéramos en nuestra rutina normal de bromear mientras comíamos, y para cuando nos encontramos para cenar después del trabajo, casi olvidé que nada había cambiado entre nosotros… casi.
Después de una mediocre cena en la cafetería local, nuestra amistosa-no-romántica tarde de repente se convirtió en algo más cuando comenzamos a besarnos en el auto. No podía recordar quién lo inició, pero no pasó demasiado tiempo para que estuviera estacionándome frente a la casa de mis padres y apresurándonos a llegar a mi apartamento-habitación.
Solo era sexo casual. Sexo casual entre amigos que se rehusaban a dejar que se convirtiera en algo más profundo. Al menos, si nos seguíamos diciendo eso podíamos pretender que lo creíamos.
La siguiente semana continuó de esa forma. Solo amigos durante el día, y sexo amistoso en la noche. Por supuesto, mientras más duraba, menos manteníamos nuestro amistoso romance limitado a nuestras aventuras nocturnas. Comenzó con un dulce beso después del almuerzo, eso se transformó en una sesión de besos que casi hizo que volviera tarde al trabajo. Tomarnos de las manos en la cena, e incluso un par de besos en el cuello en el auto.
Tratamos de mantener nuestros mucho más que amigables cariños entre nosotros, pero por supuesto que la gente lo notó, y mientras más personas lo hacían, más se preocupaba Bella.
Algo estaba pasando entre nosotros; cambiando. Era sutil al principio, pero sin siquiera darnos cuenta, emociones profundas habían invadido nuestra amistad y habían alterado por completo mi forma de pensar. Quizá podría viajar a diario a la escuela cuando empezara en unas cuantas semanas. Quizá podría transferirme más cerca. Quizá la escuela de medicina podía esperar y podía quedarme y ayudar a Bella con su tienda. Quizá…
Quería discutir mis pensamientos y sentimientos con ella —incluso aunque fuera solo para aclararlos en mi propia mente— pero cada vez que lo intentaba, algo parecía meterse en nuestro camino. Un cliente entrando a la tienda, una llamada urgente que tenía que hacer, algún lugar importante al que tenía que ir. No estaba seguro si era pura coincidencia, o si estaba evitando la conversación que ambos sabíamos necesitábamos tener.
Evitaba la charla, y la dejaba porque era un cobarde.
Incluso así, continuamos del mismo modo de siempre, hasta que una mañana desperté solo. Despertar solo no era la parte extraña, me había acostumbrado a eso durante el curso de nuestra no-relación, pero cuando vi su auto en la entrada, comencé a preocuparme.
No estaba en mi apartamento, entonces ¿dónde demonios estaba?
Su auto no parecía haberse movido desde la tarde de ayer cuando llegó, así que me quedé con la cabeza dando vueltas. Era como si solo hubiera desaparecido.
Corrí de nuevo a mi apartamento para revisar que no estuviera en el baño o el clóset, ¿por qué pensé que se escondería? No tenía idea. Ciertamente, el lugar estaba vacío, y mi preocupación creció. Revisé mi teléfono pero no había mensajes o indicio de que hubiera llamado a alguien para recogerla o que hubiera pedido un Uber.
Tenía que haber una explicación lógica para su paradero, pero mientras más consideraba las posibilidades, más me preocupaba.
Algo me hizo mirar hacia la casa principal, y en los escalones del porche vi un pequeño objeto brillante que reflejaba el sol.
—¿Qué demonios? —murmuré para mí. Caminé para mirarlo de cerca y me sorprendí de ver las llaves de Bella tiradas ahí, casi como si hubieran sido puestas ahí para ser descubiertas.
Era sábado, así que sabía que mi mamá estaría en casa, pero quién demonios sabía los horarios de mi padre, así que no me molesté en preocuparme por él.
—¿Mamá? —llamé mientras atravesaba dudoso la puerta.
Por un corto momento, temí lo peor. ¿Y si, después de todo este tiempo, Rosalie había emergido y había cumplido su siniestra revancha con mi madre?
—¿Mamá? —llamé de nuevo.
La casa siempre había sido fría y con corrientes de aire, pero extrañamente era cálida esa mañana, lo que solo me confundió más.
Y luego escuché las voces.
En lugar de seguir el sonido hacia la cocina, como probablemente debí haber hecho, me detuve y escuché. Eran más que voces, eran… risitas.
Cuando finalmente me las arreglé para que mis piernas se movieran de nuevo, caminé hacia la cocina y quedé desconcertado.
—Oh, buenos días, hijo —me saludó mi madre cubierta de harina.
A su lado estaba una incluso más sucia Bella, pero como rápidamente me di cuenta, Bella ya no estaba ahí.
Sonrió y me saludó, y había una mirada distintiva en sus ojos. Era tímida y asustada, pero también llena de asombro y de carácter juguetón. No tenía duda alguna: Bree había venido de visita.
¿Bree con la madre de Edward? No puede ser bueno, ¿o sí? ;)
¡Mil gracias a las chicas que dejaron su review!, gracias a:
Paola Lightwood, Mar91, Leah de Call, karina, fabi, Camila, EmmaBe, miop, sandy56, jupy, freedom2604, catalina a carreno, kaja0507, Lady Grigori, bbluelilas, Tecupi, calvialexa, tulgarita, Liz Vidal, Gabriela Cullen, somas, injoa, Tata XOXO, Kriss21.
Espero se animen a dejar su review, me encantaría conocer sus opiniones acerca de la historia y en realidad no les toma nada de tiempo, así que por favor, dejen el suyo ;)
¡Nos leemos pronto!
