Buenos días. Os dejo el de hoy más temprano de lo habitual. Gracias a todas las que me leéis por decirme lo que pensáis. Es el mejor estímulo para seguir escribiendo.
Respecto a eso, sé que hace unos cuantos capítulos dije que terminaría alrededor del 60, pero como podéis ver... no calculé bien ;) . Para lo que tengo pensado me harán falta unos cuantos capítulos más, menos de diez. Espero que no se os haga cansado, y poder mantener vuestro interés estos últimos capítulos.
Gracias mil a Pegn y Maria José por su inestimable ayuda, y a YoliCullen por estar ahí. Gracias a la señora Meyer por estos personajes que he "tuneado" a mi gusto. Y a todas vosotras por leer, y más aún, por tomaros un tiempo para decirme que estáis ahí y que os interesa esto.
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Bienvenidas , maite. mas, jennyteamedward, y Deysi Maria. Gracias por vuestras palabras. Maite, qué bien tener a una colega por aquí ;).
Capítulo 59
BPOV
-Se ha dormido-afirmó Edward desde el pie de las escaleras.
Asentí en silencio, escuchando la pausada respiración de Angela sobre mi regazo.
Mi amiga había venido completamente trastornada de su reunión con Jake. Se había encerrado en su habitación y no había parado de de llorar en horas. Cuando acosté a Daniel fui a verla y la convencí de que bajara a cenar algo. Apenas había probado la comida, y más tarde me había explicado toda la conversación con Jacob entre sollozos.
Su dolor también era el mío. La comprendía bien y, además, no podía evitar el pensamiento de que si ella no se hubiera reencontrado conmigo ahora estaría feliz con su novio, y dentro de pocos meses sería una mamá despreocupada.
-Ella no está de acuerdo con que te sientas así -dijo Edward sentándose en el reposabrazos del sofá, mirándome.
¿Ya he vuelto a levantar el escudo sin darme cuenta?
-No-sonrió levemente.-Sólo es que te conozco bien. Y ella también.
Inspiré profundamente.
-Ni yo, reconozco que es una estupidez, pero... no soporto verla así, me gustaría poder hacer algo para ayudarla, como ella ha hecho conmigo. –Lo miré un momento.- De momento voy a llevarla a su cama.
Me levanté con ella en brazos y subí las escaleras. Ni siquiera se despertó cuando la deposité sobre la cama y la tapé con el edredón.
-Ven aquí-cuando bajé, Edward se había sentado en el sofá y palmeaba a su lado.
-Prefiero aquí-repuse sentándome en su regazo, estirando las piernas sobre el sofá.
-Me parece perfecto-me abrazó fuerte y recliné la cabeza en su hombro, inhalando su perfume.
Estuvimos un rato en silencio, simplemente disfrutando del mutuo contacto .
-Yo confío en que todo se solucione en la reunión. Jacob ama a Angela profundamente. No creo que sea tan idiota de dejarla ir por algo que, en lo profundo de su persona, sabe que es un prejuicio. No puedo creerlo -rompí el cómodo silencio.
-Espero que sea así, Bella. Conozco a los quileutes, y el miedo al vampiro es algo que llevan dentro de la sangre. Es algo tan natural para ellos como respirar.
-Pero os aceptaron a vosotros.
-No sé si aceptar es la palabra... Fue más bien como un "está bien, no me fío de ti aunque seas diferente pero sé que me puedes dar muchos problemas, aunque yo a ti también... así te dejo estar mientras no te acerques demasiado a mí".
-Sí, supongo que eso lo define mejor que "aceptar", pero es más largo-sonreí con tristeza.-De todas formas, ellos ya se lo han dicho todo. No queda otra que esperar.
Edward asintió.
-Hablando de la reunión, ¿cuánto hace que no te alimentas? De algo que no fuera mi cuerpo, me refiero -su voz sonó burlona y me reí entre dientes.
-Pues... hace casi una semana. Pero he estado más tiempo sin alimentarme.
Entonces él se movió un poco para poder verme la cara y la estudió con atención. Me senté erguida para mirarle de frente.
-Es increíble que aguantes tanto. Ni siquiera tienes ojeras-con su dedo índice me recorrió delicadamente el párpado inferior y algo en mi cuerpo despertó.
¿Qué me pasaba? Estaba hecha polvo por mi amiga y hasta hacía un par de segundos mi apetito sexual estaba en grados negativos, y ahora... ¿es que estaba enferma? Él sofocó una sonrisa rápidamente. Estaba claro que lo que yo sentía era transparente.
-De todas formas, ir bien alimentado te hace estar más sereno y pensar con más claridad. Creo que lo prudente sería ir a cazar antes de la asamblea con los indios -dijo, y su voz sonó tentadora y sensual.
-Cazar... contigo-las palabras se deslizaron casi eróticas entre mis labios.
-Si Angela no se encuentra bien, podemos dejar aquí a Alice y Jasper cuidando de ella y de Daniel-su voz apenas era un tierno susurro. Sus dedos se enredaban en mi nuca y nuestras caras se habían estado acercando mientras hablábamos, hasta que su boca estuvo a escasa distancia de la mía.
-¿Es normal esto que me pasa?-susurré con un punto de culpabilidad en mi voz, cada vez más cerca de sus labios.
-Espero que sí... porque a mí me pasa lo mismo -su dulce aliento acarició mi piel, su lengua mis labios, y ya no pensé más.
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Era un jueves por la noche cualquiera del mes de septiembre. Pero, sentada al lado de Edward, para mí era como si fuera la noche de Navidad y yo tuviera seis años. La sensación de nervios me recorría el abdomen, y más que mariposas sentía elefantes en mi estómago. Intenté concentrarme en el paisaje otoñal que discurría veloz mientras el coche de Edward se deslizaba con suavidad por la carretera. Las últimas luces del día le daban un aspecto nostálgico.
Pero a pesar de mis esfuerzos, mis pensamientos volvían una y otra vez a la misma idea.
Era mi primera vez con Edward. De caza.
-Estás muy callada-su voz suave avivó la sensación en mi vientre.
-Sé que vamos a Olympic, pero ¿exactamente a qué parte del parque vamos?-lo miré con cierta timidez.
-No es una sorpresa. Creo que conoces el sitio. Aquella vez te quedaste con las ganas de verme cazar -sonrió ladeado, mirándome.
-Ah-fue mi respuesta, parpadeando y desviando los ojos de nuevo hacia la carretera, absurdamente turbada.
Tragué en seco. Aquél lugar. Donde tuvimos sexo salvaje bajo la tormenta.
-¿Estás bien?-tomó mi mentón y lo empujó con suavidad para hacer que lo mirara. Sus ojos eran dulces.-Te noto nerviosa.
-No es nada-le sonreí.-Sólo es...-fijé mi vista en un punto del salpicadero.-Oh, dios, he hecho esto otras veces, pero nunca contigo. He oído hablar de esto a los demás, de lo que se siente cuando te abandonas al instinto al lado de tu pareja, pero...-me mordí el labio durante unos segundos y me encogí de hombros-ya sabes, es la primera vez. Me explico fatal, ¿no?
-No... Te entiendo bien. Para mí también es la primera vez.
-¿Qué? ¿Quieres decir que nunca has cazado con ninguna de tus... amantes? ¿Ni siquiera con tu ex?-abrí los ojos como platos.
-No, Bella. Sólo he cazado con gente de mi familia. No ha habido ninguna mujer con quien quisiera compartir esto.
-Así que también eres virgen en lo de cazar con tu pareja -sonreí, un poco más tranquila. Entonces, él tampoco sabía qué esperar de esto.
-Ajá-rió.- Pero lo malo de ir a cazar con tu familia es que al final tienes que volver a casa solo y un tanto... frustrado. Así que al final prefería ir solo, la mayoría de las veces.
-Lo comprendo demasiado bien -me toqué el pelo, en un gesto nervioso.
-¿Cuál es tu animal favorito?
¿Por qué me parecía que me estaba preguntando algo muy íntimo?
Mierda, Bella, reacciona, es Edward.
-El mismo que el tuyo.
-Mejor. Un puma encaja más contigo. No te imagino cazando un oso -pinchó con petulancia.
-¡Oye!-exclamé, indignada- Cacé un oso yo solita hace menos de un mes. Jasper te lo puede confirmar.
-¡Vale! No digo que no puedas, sólo que no te imagino-rió, mientras encaminaba el coche hacia Olympic.
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Penetramos en el bosque profundamente, firmemente cogidos de la mano. La vegetación en aquella zona era espesa, y dentro parecía que ya había anochecido.
Caminábamos sin hacer ruido, en completo silencio. Inspirando el denso aire que nos rodeaba. No sabíamos que encontraríamos, quizá algún gran herbívoro, que era lo que más abundaba en el parque, pero quizá con un poco de suerte... cazar carnívoros era más divertido, su sabor era mucho mejor y saciaban más.
Entonces los olí, y noté que Edward también, y a la vez escuchamos su rugido: eran dos pumas. Al menos uno de ellos estaba herido y el tentador aroma de su sangre penetró en mis venas.
No podía creer nuestra suerte.
Sin mediar palabra, ambos nos separamos y comenzamos a trazar un amplio círculo caminando cada uno en una dirección, rodeando el punto de donde venía el delicioso olor.
La suerte nos seguía sonriendo. Dos pumas machos estaban enzarzados en una feroz pelea, probablemente territorial, y ni siquiera nos habían olfateado a pesar de lo cerca que estábamos.
Fui acercándome lentamente, sabiendo que Edward hacía lo propio por otro lado, hasta que uno de los animales se apartó bruscamente del otro y olisqueó el aire. Nos habían descubierto. Ambos echaron a correr en distintas direcciones pero, antes de que corrieran unos metros, Edward cayó sobre uno de ellos, con tanta elegancia y agilidad como si él mismo fuera un felino. Los pocos milisegundos que duró la visión quedaron clavados en mi retina mientras sin perder tiempo me lanzaba sobre el otro animal, que no tuvo tiempo de ir muy lejos. Clavé mis colmillos penetrando en la vena yugular del felino, abrazando su cuerpo y tumbándolo en el suelo de bruces. Paró de luchar al cabo de unos segundos.
Bebí su sangre deliciosa hasta que, dejándolo exangüe, me sacié por completo, experimentando el mismo placer que sentía siempre... algo carnal, un deseo íntimo, profundo e instintivo completamente satisfecho. En ese momento de éxtasis comprendía bien la atracción que la sangre de un humano ejercía sobre los vampiros "normales", pues todos los que la habían probado decían que era mucho más exquisita que cualquier otra. Y admiraba a los que, habiéndola probado, hacían el esfuerzo de olvidarse de ella.
Y ese placer carnal que experimentaba se agudizó cuando sentí el aroma de Edward cerca de mí. Solté a mi inerte presa y me volteé buscándolo, pero fue demasiado tarde. Cayó sobre mí con tanta agilidad como la que había demostrado sobre su anterior presa. Mi cuerpo reaccionó de forma instintiva y dimos varias vueltas sobre el suelo hasta que por fin nos detuvimos. Mi respiración se volvió superficial mientras sentía el peso de su cuerpo sobre el mío, y sus manos sujetándome las muñecas sobre la cabeza.
-Te veías jodidamente sexy saciándote con ese animal, Bella – la voz era profunda, ronca, oscura, y su cara se cernía sobre la mía, los ojos negros y brillantes como la obsidiana.
En el silencio del bosque sólo se podía escuchar nuestra agitada respiración. Durante unos segundos nos quedamos inmóviles como estatuas, y yo sólo podía oler su embriagador aroma, que, como una droga, se apoderaba de mí, sólo podía ver cómo cada uno de los rasgos de su hermosa cara aparecía impregnado de una lujuria arrolladora, y sentir cómo la humedad entre mis piernas delataba mi excitación. Noté como dilataba las aletas de su nariz e inspiraba con profundidad.
-Me vuelve loco el perfume de tu cuerpo... -susurró y, sin mediar palabra se abalanzó sobre mi boca y la devoró con un beso salvaje.
Gemí y le devolví el beso, ávida por su lengua, su sabor, por escuchar cada sonido entregado que saliera de su garganta. Su duro cuerpo se adhirió al mío completamente, inmovilizándome contra la hierba del bosque, y pude sentir el tamaño de su excitación. Intenté rozarme contra él, pero su peso no me dejaba.
Quería verle. Quería tocarle. Sentirle. Quería muchas cosas de él, y en esa posición no podía tenerlas.
Usé toda mi fuerza y con un rápido movimiento logré intercambiar nuestras posiciones. Esta vez era yo quien sujetaba sus muñecas. Su pecho se agitaba y su cara, al principio sorprendida, se transformó de nuevo en una hermosa máscara de deseo.
Me di cuenta de que tenía una pequeña mancha de sangre en la comisura de su apetecible boca y me incliné sobre él, besando esa parte al mismo tiempo que mi lengua lamía aquella zona. Él ladeó la cara, buscando mis labios con hambre, y se los ofrecí. Nuestras bocas se fundieron en un beso profundo, prolongado... necesitado.
Liberé sus manos, ansiando tocar cada parte de su cuerpo a mi alcance, sin parar de devorar su boca. En cuanto lo hice escuché un gruñido profundo y en un instante nuestras molestas ropas estaban a un lado y él volvía a estar encima de mí. Gemí al sentir su piel desnuda contra la mía, las caricias de sus manos explorando cada parte de mi cuerpo con codicia, sus labios acariciando mi cuello, mis pechos, su boca deleitándose con mis pezones, haciéndome temblar de puro gozo.
-Joder, Edward... sigue...así-jadeé.
Me arqueé contra su boca, encendida por el placer que me estaba dando, y mis manos se perdieron por su espalda y sujetaron sus nalgas, presionando su cuerpo más aún contra el mío. Con otro rápido movimiento se separó de mí y me colocó boca abajo, alzando luego mis caderas y dejándome apoyada sobre mis manos y mis rodillas.
-Te deseo, Bella – sentí su largo cuerpo sobre mi espalda y su voz rota acarició la piel de mi nuca.
Me mordió con delicadeza desde la base del cuello hasta el lóbulo de la oreja, mientras su mano me acariciaba los pechos, el vientre, y sus largos dedos se perdían entre mis pliegues, penetrando en mi interior y nublando mi conciencia. Sentía sus sedosos labios sobre la sensible piel de mi cuello, la firme caricia de sus dientes, y de pronto noté el suave arañazo de sus colmillos.
-Quiero volver a beber de ti. Y quiero hundirme en tu cuerpo hasta hacerte enloquecer.
Me excitó violentamente escuchar ese susurro y ni tan siquiera pensé en si sería bueno o peligroso que él bebiera de mi sangre no siendo ya humana. Sólo quería sentir sus dientes clavándose en mi piel, y sentirle a él dentro de mí.
-Hazlo. Ahora.
-No voy a ser suave, Bella -su aliento en mi oreja, su pecho en mi espalda, sus dedos retorciéndose sin piedad en aquella íntima caricia...boqueé buscando el aire que me faltaba para responderle y no pude encontrarlo.
"Quién te ha pedido que lo seas..."-¡Ah!- sin dejarme terminar el pensamiento había retirado los dedos y me penetró con fuerza, dejándome sin aliento.-¡Joder, sí!
Su boca se hundió en la curva de mi cuello, besando, lamiendo, mordisqueando... sentí una leve punzada en el cuello, y entonces mi cuerpo ardió en un torbellino voluptuoso y placentero que me barría removiendo mi alma desde las entrañas. Escuché un rugido que no estuve segura de si salió de mi garganta, y sentí a Edward hundiéndose una y otra vez en mi interior, embistiendo fuerte, duro, rápido, sus brazos sujetando mi cuerpo contra el suyo, mi espalda contra su pecho. El golpeteo implacable de mi amante no dejaba que mi cuerpo aterrizara, y mi orgasmo se prolongó hasta que él se unió a mí gritando fuerte en la oscuridad del bosque.
Ambos caímos de bruces sobre el suelo, su peso sobre mí, piel con piel, abrazándome.
Al cabo de unos momentos se puso boca arriba, arrastrando mi cuerpo, que jamás había sentido tan pesado desde que era vampira, sobre el suyo. Sus brazos se enroscaron en mi cintura y mi espalda y me besó el pelo con suavidad.
El silencio de la noche nos envolvió, hasta que él inspiró con profundidad y habló.
-Cásate conmigo, Bella.
Y... hasta el miércoles noche o jueves.
