Buenos días, chicas. Antes que nada os quiero dar una pequeña mala noticia. La semana que viene me tomo un descanso. Sí, hace un mes del otro, pero mi tiempo no da para más, y no quiero que la historia se resienta en su recta final. La otra opción sería publicar sólo una vez a la semana, con capítulos un poco más largos, pero creo que eso sería un poco cansino, aunque si os parece bien me lo decís. Yo por mi parte me tomo el descanso de publicar (que no de escribir) una semanita y vuelvo el 10 de octubre, con dos actus semanales como hasta ahora. Creo que así es más dinámico.

Después de la mala noticia, quiero deciros que este capi es algo más largo, a ver si os compensa un poco. No me da tiempo de nombraros a todas, pero os repito que me encanta leeros, me arrancáis una sonrisa. Alexpattinson, no te enfades conmigo :P, a la hora de nombrar miro las últimas reviews pero sé que me lees... lo tengo presente, vosotras tenéis vuestros problemas de tiempo, al igual que yo. Lo mismo va para ti, Luisamarie 22, no pidas perdón por no comentar. Yo no lo pido por no actualizar durante una semana, sólo comprensión ;). Se os quiere, lectoras.

Bienvenidas Blapagu, y Caneliita-AP-M.C.P, gracias por vuestras palabras. Y también bienvenida, Gegargas, es un enorme placer tenerte entre mis lectoras, y también te agradezco mucho tus piropos. ¿Sabes que el primer fic que me leí fue uno tuyo? Me enganchaste a esto, jajaja.

Si hay errores, disculpadme. Está repasado por mis betas, pero hay un fragmento que acabo de escribir... Gracias, Pegn, Maria José y YoliCullen por vuestra valiosa opinión.

Lo último que os quiero comentar antes de pasar al capi es que hay un nuevo fic en FF que yo ya conozco y puedo recomendar al cien por cien porque lo he leído. Se llama "La elección de Bella", de MyladyArwen, y os puedo decir que, aparte de disfrutar mucho con su lectura, derribó unos cuantos prejuicios que tenía, que no es poco. Lo tenéis en mis favoritos.

Y, sin más...

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Capítulo 62

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BPOV

-Estará bien... ten calma, Bella- Rose habló con suavidad.

-Sí, supongo que sí-respondí, removiéndome en el asiento, inquieta-pero hasta que no reciba una llamada suya no estaré tranquila.

Edward estaba encerrado en el despacho de Carlisle, imaginé que debatiendo el tema de nuestras intimidades, y no sé cómo lo hacían pero no podía distinguir una sola palabra inteligible de ninguno de los dos.

Emmet, sentado al lado de Esme enfrente de Rosalie y de mí, me miraba con una mezcla de afecto y diversión. Rose no paraba de repetirme cuánto se alegraba de verme. La última vez que lo había hecho había sido en circunstancias más tristes, y ahora todo había vuelto a dar un giro de 180 grados. Por lo menos para mí y para Edward. Esperaba que mi amiga estuviera bien. Jake se la había llevado a casa de su padre, y ella había prometido llamar en una o dos horas para decir cómo se encontraba. Y ya pasaba de ese plazo.

Hasta ahora no había tenido contracciones, y, aunque seguramente serían las de Braxton y no estaba de parto, necesitaba que ella me lo confirmara. Porque un parto ahora era inviable...no, no debía pensar en eso.

-¿Ya tenéis pensado dónde se ejecutará la sentencia de matrimonio?-comentó Emmet.

-No... ¡Y deja de hablar así de nuestra futura boda! - fingí indignación, aunque en el fondo le agradecí que intentara distraerme de mis pensamientos cenizos. – Además, es un comentario curioso para alguien que se ha casado más veces que Elizabeth Taylor, aunque sea con la misma persona-añadí, mordaz.

-Lo he hecho por la luna de miel, Bella. Las lunas de miel son lo mejor de las bodas. Son tan...tan... –Emmet puso los ojos en blanco y las manos en las mejillas en un gesto cómico.-No, aún eres demasiado joven para escuchar cómo son mis lunas de miel.

-Y digo yo, ¿no podías irte de luna de miel sin casarte antes?-inquirí.

-Nooooo, la luna de miel pierde su gracia sin boda... toda la preparación de la ceremonia, tantos sacrificios, son los que le dan sentido al viaje de después y hacen que lo disfrutes como nunca –comenzó a contar con los dedos según recitaba- Alice con el vestido y el traje, Alice con el lugar de celebración, Alice con los invitados, Alice con... bueno, del peinado y el maquillaje me libro...

Conforme escuchaba a Emmet me estaba estresando por momentos, aunque sabía que me tomaba el pelo.

-Por dios, calla, ¡estás asustando a Bella!-rió Esme.

-¿Ah, sí?-fingió sorpresa.-Pero si es estupendo, en serio-sonrió de oreja a oreja.

Edward entró de improviso. Aún no sabía cómo podía ser tan sigiloso.

-Tranquila, amor. A mí me están entrando unas ganas terribles de raptarte, llevarte a Las Vegas y casarnos allá con dos dobles de Elvis como testigos-me miró con picardía.

-Eh, esas miradas, que hay público- esta vez fue Rose la que fingió escandalizarse.- Me apuesto lo que quieras a que no eres capaz de darle ese disgusto a Alice.

-No apuestes, Rose, no apuestes...

-Tranquila, Bella-me sonrió Rose.- Alice es una organizadora de fiestas genial. Lo podrás dejar todo en sus manos.

-Si lo que a mí me da miedo es eso...-musité.

En aquel momento sonó mi teléfono.

-Dime, Angela, ¿cómo estás? Estaba preocupada - contesté ansiosa mientras salía de la casa, y me alejaba hacia el jardín en busca de un poco de intimidad.

-Bien... perdona que haya tardado. Ya no se me ha vuelto a poner la tripa dura, pero Jake estaba medio histérico-casi podía verla poner los ojos en blanco- y me ha llevado directa al Hospital Comunitario, sin pasar por su casa. Me acaban de dar de alta, dice la comadrona que lo que tengo son contracciones de Braxton. Que no me preocupe, que si duran poco, son poco frecuentes y no duelen, que puedo estar tranquila.

-Me alegro, cielo.

-Ahora vamos camino de La Push en el coche de Jake- añadió, sofocando un bostezo. Genial, por lo menos estaban juntos.- Pasaremos el sábado en casa de su padre... se ha hecho muy tarde para volver a Seattle. Y el domingo...-hizo una pausa- volveré a casa con él. Ya quedaremos para ir a recoger mis cosas, ¿eh?

-¡Claro! Es una gran noticia, Ang. En serio-no quise preguntarle en qué términos había quedado con Jake respecto a nosotros los "fríos". Lo que me importaba es que estaban juntos y a ella se la oía feliz.

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-Me alegro tanto por Angela... -comentó Edward mientras el coche salía del camino que llevaba a la casa Cullen y se incorporaba a la carretera principal.

-Sí... ¿crees que Jake cambiará de idea? ¿Has leído algo en sus pensamientos, allá en la asamblea?

-Bella, no deberías preguntarme eso, ya lo sabes-sonrió burlón.

-Ya, lo de siempre-bufé.- ¿Algo de lo que preocuparme, entonces? ¿Puedes contestar a eso sin violar el derecho a la intimidad?-pinché.

-No, no me preguntes nada-negó con la cabeza, con una media sonrisa-Ya hablarás con ella.

Suspiré con fuerza, irritada por su tozudez. Miré hacia el paisaje nocturno a través de la ventanilla de mi lado. De pronto sentí sus dedos acariciando mi mejilla y me giré para mirarle.

-¿Qué has hablado con tu padre? Si puede saberse, claro.

Edward curvó los labios sin apartar los ojos de mí.

-De nuestras intimidades. ¿No es eso lo que querías?-explicó en tono bromista. Entorné los párpados mirándolo mosqueada.- Sólo le he contado que bebí de ti.

-Habrá flipado.

-Más o menos. Al menos no se ha enfadado. Pero estamos igual como antes de explicárselo, porque él tampoco sabe de vampiros que hayan bebido el uno del otro. Dice que va a estudiarlo. Quizá si hubiera congresos sobre vampiros Carlisle presentaría nuestro caso como rareza-rió.

-No le veo yo tanta gracia-refunfuñé.- ¿Y si es algo que te perjudique?-la caricia de sus dedos se amplió y abarcó la mitad derecha de mi cara, fijándola, haciendo que le mirara.

-No me perjudicará. Lo sé. No me preguntes cómo. Pero si te incomoda, puedo dejar de hacerlo.

-No, no me incomoda. Me... me encanta -aparté mis ojos un momento de los suyos, que ardían de una forma que estaba despertando algo en mi interior.-Ya sabes lo que siento, porque estoy segura que es lo mismo que sientes tú-le miré con ternura.-Pero... no quisiera tener ninguna sorpresa desagradable con esto.

-Lo sé. Tranquila... esperaremos a que Carlisle encuentre algo de información. No quiero preocuparte-me sonrió dulce, y volvió los ojos hacia la carretera.

-Me he alegrado mucho de ver a Rose y a Emmet... y a tus padres.

-Te quieren mucho, Bella. Y eso me hace feliz.

-Toda la familia ha cuidado mucho de mí mientras... mientras no estabas- susurré mientras estudiaba su perfecto perfil.

¿Cómo pude pensar que podía estar sin él?

-Lo sé. Eso calmaba mi estado de desesperación. Saber que ellos velaban por ti-murmuró con tristeza, el ceño levemente fruncido.

-Y mientras, tú estabas solo en la ciudad -la culpabilidad tiñó mi voz.- ¿Dónde te alojabas? No tendrás otro piso en Seattle del que aún no me has hablado-bromeé.

-No-sonrió.-Estaba en el hotel donde pasamos nuestro fin de semana... en la misma suite.

Me quedé sin palabras. No me esperaba esa respuesta.

-Tú me dijiste que habías vuelto al ático porque, aunque te lo negaras a ti misma, allá me recordabas -prosiguió.-Yo volví al Vintage por lo mismo. Aquel fin de semana, antes de que todo se complicara tanto, lo he tenido que recordar una y otra vez para no caer en la desesperación. Cada momento contigo. El sabor y el tacto de tu cuerpo. Cada palabra tuya... cada suspiro- pronunció como si hablara para sí.

¿Pero cómo se le ocurría decirme esas cosas y en este momento? Sin darme cuenta mi respiración se había agitado mientras le escuchaba. Y de pronto la necesidad de él se me hizo casi insoportable.

-Entra por allá-señalé un camino que conocía, que se introducía profundamente en el bosque.

-¿Allá? ¿Tienes sed?-inquirió, mirándome extrañado pero desviando el coche de la carretera principal.

-No. Tengo hambre, de ti. Y no quisiera provocar un accidente-susurré, mordiéndome el labio.

Inspiró bruscamente como si le faltara el aire y paró el coche. Se me quedó mirando, con las manos en el volante, completamente inmóvil. Vaya, había conseguido sorprender al depredador.

En un instante me coloqué sobre él a horcajadas y eché el respaldo del asiento hacia atrás, empujándole suavemente para que se recostara. Pude ver cómo su expresión pasaba de sorprendida a sensual en décimas de segundo.

-No sé si esto estaba en tu lista de cosas pendientes-comencé a desabotonarle el vaquero con lentitud deliberada.- Pero en la mía... sí-murmuré con voz ronca.

-Lo estaba. Desde la primera noche que salimos juntos. Cuando saliste huyendo de mí porque Angela nos había visto -habló con voz entrecortada.

Intentó tocarme pero le detuve.

-No... Déjame hacer-susurré.-No huí porque Angela nos hubiera visto. Huí porque tenía miedo de lo que me hacías sentir. Jamás en mi vida había tenido tanto miedo - le retiré los pantalones y los bóxer de una sola vez mientras él se quitaba la camiseta y, pasándome la punta de la lengua por los labios, admiré su hermoso cuerpo. Al fin me detuve en sus ojos ardientes y oscuros.- Miedo de necesitar tanto a alguien. De saber que, si seguía adelante, mi vida jamás volvería a ser la misma. -Paseé mis dedos por su cuerpo, rozándolo apenas.

-Pero seguiste adelante-pronunció sin apenas voz, estremeciéndose levemente bajo mi caricia.

-Sí-seguí acariciando su cuerpo y eché su asiento más hacia atrás, poniéndome de rodillas enfrente de él. –Y no me arrepiento.

Acaricié con suavidad su erección y ya no me puede contener más. Quería sentirle temblar de placer. Acerqué mi boca a la punta y lamí con suavidad. Escuché el siseo y sentí sus manos enredándose con mi pelo. El sabor de su piel y de su excitación encendieron mi lujuria, y cerrando los ojos me entregué por completo a darle placer, lamiéndole y succionando cada vez más profundo.

-Bella... ah... me estás volviendo loco, amor - gimió. Abrí los ojos y le eché un vistazo. Su expresión de placentero abandono era excitante.

"Me encanta tenerte así... en mi poder. Rendido al placer que te doy. Adoro tenerte en mi boca."

El efecto de mis palabras no se hizo esperar. Como si hubiera recibido una inyección de lascivia sus jadeos aumentaron y su pelvis se arqueó para profundizar más en mi garganta. Yo estaba tan encendida que quería más. Aumenté el ritmo y la fuerza de mi boca.

"Cariño, creo que voy a explotar sólo sintiendo el placer que te doy. Déjate llevar. Córrete en mi boca."

-¡BELLA!-gritó, mientras cumplía con lo que le había pedido. Sentí mi sangre arder mientras bebía de él y algo en mí me pedía más. Ante mi sorpresa mis colmillos asomaron un poco y me aparté de él, mirándole un poco asustada. Él lo había notado y me clavó una mirada encendida que en absoluto reflejaba temor.

-Por dios, Bella... eres increíble-me levantó y me colocó encima de él. Sus ojos eran negros y febriles. Inconscientemente me llevé la mano a la boca, avergonzada de que él me viera así. Tomó mi mano y la apartó, devorándome con los ojos.- No te tapes. Estás preciosa. –Me movió un poco y, subyugada por su mirada, sentí cómo me penetraba lentamente.

Inspiré con fuerza, echando mi cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, absorbiendo todo el placer que me daba sentirme llena de él. Mis colmillos seguían fuera de las encías, pero ya no me importaba. Sus manos movieron mis caderas, estableciendo un ritmo suave, un baile sensual con su cuerpo. Me dejé llevar por completo.

-Edward...-gemí con voz rota.

El placer ascendía desde la unión de nuestros cuerpos y se irradiaba suavemente al resto de mí, y a pesar de eso sentía mi vientre cada vez más pesado, tenso. Una presión que se fraguaba y necesitaba liberarse. Lo deseaba. No podía evitarlo más. Pero una parte de mía aún se resistía.

No es prudente.

Me incliné sobre él y besé su boca entreabierta con voracidad, mezclando nuestras salivas, enredando nuestras lenguas. La presión en mi vientre dolía a pesar del placer que emanaba de ella. Él sintió mi lucha y se separó unos milímetros de mi boca, jadeante. Entonces se mordió la lengua y volvió a fusionar nuestros labios y mezclar nuestros sabores. Creí que enloquecía al sentir el gusto de su sangre en mi paladar.

Y mi voluntad de ser prudente se rompió. Me acerqué a su cuello y lo lamí de arriba abajo, estremecida por sus gemidos. Y le mordí, bebiendo de él. Su sangre, el sabor más delicioso que jamás había probado resbalaba hacia mi garganta al tiempo que intensificaba mis movimientos sobre su cuerpo. De repente y sin esperarlo la tensión en mi vientre estalló y grité cuando el clímax asoló mi cuerpo como varias ondas expansivas, arrastrándole a él conmigo.

Por un momento perdí de vista la realidad mientras mi cuerpo se sacudía sobre el suyo.

De pronto me vi recostada contra el pecho de Edward. Sus brazos se levantaron para enlazarse en mi espalda.

Estuvimos unos minutos en silencio, esperando que nuestra respiración volviera a la normalidad.

-Esto... esto no se lo vamos a contar a Carlisle-musité, con la voz aún temblorosa tras los violentos orgamos.

-No necesita saberlo-murmuró, y había algo de diversión en su tono de voz.

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-¿Ya tenéis pensado lo que haréis? –Rosalie salió al espacioso balcón, donde Edward y yo estábamos sentados, leyendo. No hacía ni cinco días que él y yo volvíamos a estar juntos, y ya me sentía como si esas semanas sin él no hubieran existido.

-Rosalie, no agobies... no hay prisa-rezongó Edward sin levantar los ojos de su libro. Yo aún no sabía a qué se refería, pero por supuesto él sí.

-No agobio- gruñó ella, un poco ofendida.- Pero tú perderás los cuatro años y medio que llevas de especialidad y ella también la suya si no os reincorporáis al trabajo. ¿No te dará pereza volver a empezar desde cero en cirugía, cuando sabes más que la media de adjuntos de la mayoría de hospitales? ¿Y a ti, Bella?-me miró, buscando apoyo.

Lo cierto es que tenía razón. Ahora que volvía a tener una realidad más o menos estable, tendría que pensar en qué haría con mi profesión. Antes de que Edward y Angela volvieran a mi vida mis intenciones habían sido trasladarme a Nueva York con Daniel, cerca de Alice y Jasper. Pensaba volver a empezar desde cero la misma especialidad, pues mi vocación no había cambiado con mi transformación. No me importaba demasiado, pues tenía otras preocupaciones. Pero ahora...

-¿Pero cómo lo haría? –miré a Rosalie, que se apoyó en el antepecho del balcón, de cara a nosotros.- No puedo volver a ninguno de los sitios donde estaba antes.

-Seguro que Carlisle o yo podemos arreglar algo-sonrió.- Son solo unos pocos meses los que os quedan. Creo que no habrá problemas de que os acepten tanto en Boston como en Vancouver. Siempre que vosotros queráis, claro.

Edward suspiró y me miró, cediéndome la palabra.

-Es algo que aún tenemos que hablar, Rose. Hemos de pensar en todo... y está Daniel. Aún hemos de hablar con él, y plantearle lo de su padre. No quisiera hacerlo en contra de su voluntad.

-Es normal, Bella. Sólo os lo comento para...daros ideas. Que sepáis que Emmet y yo estaríamos encantados de teneros cerca.

-Lo sé... gracias, Rose-le sonreí y me viré para observar a Daniel, Jasper y Emmet en el comedor, sentados en el sofá y riendo mientras jugaban como tres niños con la Playstation.

En aquél momento sonó mi teléfono. En la pantalla podía leerse la palabra "Charlie". Inmediatamente me tensé.

-¿Papá?-contesté.

-Hola, Bella. ¡Sorpresa!

Odiaba las sorpresas. Y papá lo sabía.

-¿Qué?-mi voz sonó estridente.

-Que estamos aquí ya, en Seattle.

-Pero... pe-pero... si no veníais hasta dentro de dos semanas...-contesté en un hilo de voz.

-Sí, pero teníamos muchas ganas de verte, y lo hemos adelantado.

-Ah...-mi voz no daba más de sí.

-¿No te alegras?-Charlie sonó dolido.-Quizá tenías otros planes. Ya le dije a mamá que era un error venir sin avisarte.

Entonces fue mi madre quien tomó el teléfono.

-Hija, no queríamos molestarte pero... es que nos tenías preocupados, y la verdad es que tenemos muchas ganas de verte.

Me di cuenta de que apretaba con fuerza el móvil y me concentré para intentar no romperlo. Escuchaba la voz de mi madre mezclada con un zumbido, y sentí frío.

Había llegado el momento. Edward y Rose me observaban, ansiosos al ver mi reacción, y Edward parecía más pálido de lo habitual. Inspiré con profundidad y lo solté.

-No, no molestáis, mamá. Me alegro mucho de escucharos. Y también quiero veros. ¿Cuándo quedamos?

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La cara de mis padres fue un poema cuando me vieron. La expresión de su cara era una mezcla de incomprensión y sorpresa.

-¿Bella?-mi madre usó mi nombre casi con temor de haberse equivocado de persona.

-Sí, mamá, soy yo.

-Hija, por qué... –de pronto Charlie hizo un gesto de comprensión-¿Por qué te has hecho eso? –me señaló de arriba abajo con la mano tendida.-¿Y por qué no nos habías dicho nada? Cuando por teléfono nos advertiste que estabas bastante cambiada esperábamos un cambio de peinado, o algo así, pero...-seguía confuso, y de pronto se puso serio.- ¿No lo habrás hecho por Edward?

Sabía que mi padre estaba hablando de algún tipo de intervención estética, pero pensé que no iba muy alejado del tema. Mejor que no supiera aún cómo habían sucedido las cosas.

-No, papá. Simplemente las cosas han sucedido así- ellos me seguían mirando confusos.-Venid, sentaos, por favor -les indiqué el sofá y yo me senté en el sillón que había enfrente.

-Verás, hija, no nos entiendas mal-comenzó Renée.-Estás muy, muy guapa, pero no entendemos qué tenía de malo tu anterior aspecto para cambiarlo tanto.

Esto iba a ser más difícil que con Angela.

-Mamá, papá. No estoy así porque me haya hecho ninguna intervención de estética, ni llevo lentillas. Ahora soy así.

-No te comprendo, hija-la voz de Charlie comenzaba a sonar un tanto tensa.-Explícate.

Y así lo hice. Me expliqué, lo mismo que con Angela. Y, lo mismo que mi amiga, la expresión principal de su cara fue de confusión al principio, y más adelante de preocupación y tristeza. También creían que se me había ido la cabeza. Así que hice como con ella, y les demostré con pruebas lo que estaba diciendo. Cuando Renée tocó mi pecho, y luego mi cuello, y no encontró pulso, retiró la mano como si mi piel quemara, mirándome con ojos a punto de salirse de las órbitas. Entonces fue el turno de Charlie, y para mi sorpresa y consternación se negó a tocarme.

-No.-Se levantó, negando con la cabeza, sin apartar sus angustiados ojos de los míos.-No.

Me quedé congelada, hasta que me di cuenta de que Renée estaba hiperventilando, y fui a buscar una bolsa de plástico a la cocina para evitar que se mareara. Cuando volví y se la tendí, Charlie seguía en la misma postura. Derrotado. Los hombros y la cabeza caídos. La mirada triste. Me entraron ganas de llorar, pero hice un esfuerzo máximo para calmarme, porque no sabía si mi estado se quedaría en la habitual sensación de escozor de ojos o terminaría por derramar lágrimas de sangre, y entonces sí estaba segura de que alguno de los dos se desmayaría.

No había esperado que fuera algo fácil. Pero no había imaginado esto. El pecho me pesaba como si tuviera una losa. Nos miramos los tres en silencio. Renée estaba respirando dentro de la bolsa, su actitud una mezcla de incredulidad y tristeza. Charlie, petrificado, parecía que había mirado a los ojos de la Medusa mitológica en vez de a los de su propia hija.

Y aún no les había explicado que ya no estaba en el Hospital, ni... lo de la boda. Entonces mi padre pareció reaccionar, y comenzó a caminar por la habitación.

-Tiene que haber alguna solución-gruñó, y se detuvo para examinarme de arriba abajo, de nuevo.- ¿Es una rara enfermedad? Sí, tiene que ser eso- volvió a caminar de arriba abajo, murmurando para sí.-Sí, eso es. Tienes algún tipo de enfermedad que te ha contagiado tu novio. No hay otra explicación racional. Tengo que investigar, seguro que algún especialista podrá tratarlo -su voz sonaba tensa, la mirada perdida. Renée no lo perdía de vista, quizá ahora más preocupada por él que por mí.

-Papá... mírame bien. Tócame...-la angustia se estaba apoderando de mí.-No tengo un corazón que lata. No es una enfermedad, ni nada que me haya contagiado Edward.

No les había contado cómo había sucedido mi transformación, intuía que en este momento sería más contraproducente que otra cosa. Di un paso hacia él, interponiéndome en su camino. Entonces se detuvo de golpe y se me quedó mirando, con sorpresa, como si se hubiera olvidado de que yo estaba allá, con él.

-Busca mi pulso, papá-supliqué.-Ya no está-le tomé la mano y él se deshizo de mi agarre con brusquedad.

-¡No!-gritó, asustándonos a Renée y a mí. Retrocedió otra vez.-Seguro que tu corazón late, debe ser algún tipo de arritmia que hace que lata más suavevemente.-Su voz y sus ojos eran ansiosos.-Hija, vamos a buscar al mejor especialista para que te cure.

-¿Curarme de qué, papá?- las palabras sonaron desesperadas.-¿Tengo aspecto de enferma? ¿Tengo aspecto de infeliz? ¡Estoy genial!

-No eres tú, Bella. ¡No eres mi Bella! –gritó fuera de sí.-¿Qué te ha hecho ese hombre?

-¡Basta! –ya no pude controlar más mis emociones, que se desbordaron.-Me salvó la vida. Y tarde o temprano habría pasado. Le amo, y... ¡voy a casarme con él!

Escuché un jadeo y Renée se quitó la bolsa de la boca. Me pareció que se movía a cámara lenta. Charlie me contemplaba con los ojos como platos y la mandíbula a punto de desencajarse, mientras mi madre lucía una expresión similar, pero más parecida a la sorpresa que al terror.

Entonces, sin decir nada más, mi padre giró sobre sus talones y, dando un portazo, desapareció del piso de Edward.


Pues eso... hasta el dentro de dos lunes, lindas :-*