Buenas noches, lectoras. Aquí vengo, un poco antes de lo previsto. Gracias a todas por vuestro apoyo, y por vuestros comentarios, siempre bienvenidos. De momento seguiré con dos capis por semana.
Os aviso de que este capítulo es tranquilito y de transición. Ya, ya, es una marranada después de tantos días, pero no todos los capítulos van a ser intensos, ¿no?
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Hoy sólo os comento a unas pocas... que si no no publico.
Anaidam, "te lo juro , este tipo me pone en órbita y luego tardo tanto como el cometa Halley en volver a casa..." XDDD. Si me dices esas cosas me meo de la risa, en serio.
Bellaliz, me gustó esto que dijiste " ya veremos q pasa con q estos dos sean yan aficionados a chuparse la sangre yo creo q lo unico q puede pasar es q esten mas unidos de lo ya estan q se marquen como una pareja eterna." Es que la historia va por ahí, no hay que darle más vueltas.
kary rodríguez, "bella y edward estan locos per de amor con eso de beber sangre de el otro pero me encanto eso" te digo lo mismo que a Bellaliz. Ése es el tema.
Nurymisu, ¿conseguí pararte o acelerarte el corazón? jajajaja. ¿Y qué es eso de que las mato callando? ¡Si yo no callo ni bajo la ducha!
Luisamarie22, ya te agradecí tus palabras.
ludgardita "Bueno viaje de retorno a Seattle con parada técnica y no para repostar señores," no, no, no repostaron, me hizo mucha gracia este comentario.
Bienvenidas Carlie Belikov, Pattineza: gracias por vuestras palabras. Liduvina, bienvenida también, ya te pusiste al dia ;).
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Capítulo 63
BPOV
—Debió ser horrible—Angela me pasó el brazo por la espalda y me acercó más a ella.
Asentí, sin tener otra palabra para definir la escena de la confesión a mis padres. Le había explicado toda la escena a Angela porque había sido inevitable ocultárselo. En cuanto me había visto abrirle la puerta de mi casa se había dado cuenta de que algo no andaba bien y me había hecho contarle toda la historia mientras la llevaba en coche a su casa, con las pertenencias que se había dejado en la mía metidas en el maletero. Daniel nos acompañaba sentado en el asiento de atrás, así que había tenido que explicar la historia adaptada a oídos indiscretos.
Más tarde Ang había subido la bolsa de viaje sola, pues no queríamos que yo dejara el ascensor y el rellano oliendo a vampiro, y a continuación nos habíamos ido a dar un paseo por su barrio, una zona de Seattle muy tranquila. A aquella hora de la tarde la calle estaba prácticamente desierta.
—Por lo menos Renée se quedó conmigo. ¿Sabes? Al principio me miraba como si me hubieran salido antenas y un ojo en la frente, pero al cabo de un buen rato de hablar y contestar a sus preguntas me abrazó y lloró, diciéndome que seguía siendo su hija, y que el resto no importaba. Estaba tan afectada que ni siquiera me nombró lo de la boda.
—Por lo menos no lloraste tú—bromeó mi amiga, apretándome el hombro con cariño.
—¡Sí! Si llega a pasarme como contigo...—exhalé, negando con la cabeza.— Aunque no sé qué esperaba. Supongo que tú te lo tomaste tan bien que... pensé que a lo mejor mis temores respecto a mis padres eran exagerados. Quizá lo debería haber enfocado de otra forma— me mordí el labio, recordando la angustiosa escena.
—¿Qué otra forma? Tus padres se presentaron en Seattle por sorpresa. Y además... no creo que haya ninguna forma mejor que otra de decirles lo que eres ahora, simplemente usaste la forma directa. No creo que hubieran reaccionado mejor de ninguna otra manera.
—Renée me ha pedido que le dé tiempo a Charlie... y a ella. Dice que es un cambio muy fuerte en la realidad que ellos percibían y lo entiendo. Y tanto que lo entiendo, y seguro que tú también. Supongo que ese trago no todo el mundo lo tolera igual. Yo recuerdo cuando Edward me contó su... secreto. Ya sospechaba algo extraño, pero jamás habría imaginado la verdad. Aunque me sentía tan atraída hacia él que en poco tiempo no tuve ninguna duda de lo que quería.
Me quedé pensativa. Mi madre se había mostrado esperanzada, pero ¿Y si Charlie no se hacía nunca a la idea? ¿Le había decepcionado? ¿Le daba asco, o miedo? ¿Volvería a ver alguna vez a mi padre o lo había perdido? Y si volvíamos a encontrarnos... ¿cuál sería la expresión de sus ojos? Me retorcí las manos con angustia.
En estos momentos ellos se encontraban en Olympic, en una cabaña que habían alquilado cerca del parque Nacional, y aunque Renée tenía muchas ganas de volver a verme, o eso había dicho y yo la creía, me dijo por teléfono que Charlie necesitaba en ese momento todo su apoyo. No pude evitar sentir amargura al recordar esas palabras, pero era consciente de que Renée no estaba eligiendo, sino sólo siendo realista. Ella sabía que yo ya tenía un buen punto de apoyo.
—Pero ellos son tus padres, Bella— mi amiga interrumpió el rumbo de mis cavilaciones con voz dulce.— Para ellos es más duro que para mí, o para ti, y es normal. Ya sabes... los padres tienen expectativas sobre los hijos. Pero te aman, y tarde o temprano se acostumbrarán a la idea.
—No viste la cara de Charlie, Ang—me encogí de hombros con tristeza. – ¡Danny! ¡No te alejes!—El pequeño circulaba con su bicicleta un poco por delante de nosotras por la casi desierta calle , y cuando me escuchó se detuvo unos instantes.
—Vaya cuadro, la verdad... –continuó mi amiga.— Mira, una ventaja de tener unos padres descastados es que me ahorro ese trago... aunque bien pensado ellos no tendrían por qué ahorrárselo. Creo que les diré que van a tener un nieto licántropo—pronunció la última palabra en voz más baja y con una cómica sonrisa de malvada, y no pude evitar sonreír.
—Y hablando de cambiar de idea... ¿Cómo van las cosas con Jake?
—Bueno... Hemos tenido mucho tiempo para hablar. Es algo que tendríamos que haber hecho antes—sonrió con resignación, — pero más vale tarde que nunca. Me ha contado muchas de las viejas historias de su tribu. Yo creo que las más antiguas mezclan realidad con leyenda. Son fascinantes. Y me contó también lo del vínculo de sangre -me miró con intensidad.-Me encanta, es tan romántico... aunque el muy tonto no lo ve así-se encogió de hombros.
—¿Te ha hablado de...—hice una pausa larga, pensando cómo decirlo sin que el pequeño Daniel, me entendiera si me escuchaba— que a veces beban el uno del otro?
Ang jadeó y se tapó la boca, mirándome con las cejas arqueadas y los ojos abiertos de par en par.
—¿Tú..? ¿Él...?— dejó la frase en suspenso y asentí.—Uao... Y... —me miró, expectante.
—No he estado en órbita. Más bien he visto las lunas de Júpiter —apreté los labios para no reír a mi pesar, al ver su cara de alucinada.
—Vale...—sonrió y agitó la cabeza— vale. No, no me ha hablado de nada de eso—me contempló aún con expresión de fascinación.— Vosotros dos no os andáis con medias tintas, ¿eh?
—No lo pude evitar. Fue algo instintivo. Aunque el no tener ninguna referencia me preocupa un poco, la verdad. Por lo que sé, normalmente a un... frío no le sale esto-me señalé la boca discretamente- cuando está con su pareja, pero a nosotros sí. Y la verdad es que es... increíble lo que se siente.
— Creo que no deberías darle muchas vueltas. Siempre que te has dejado llevar por tu instinto con Edward te ha ido bien.
—Supongo que sí... —Me pregunté a mí misma si había tenido alguna vez opción a negarme a esos instintos, que me arrastraban hacia él como una polilla a una llama.
—Hay algo que te quería decir— de pronto ella me miró un poco avergonzada.—Verás, Jake y yo hemos hablado durante muchas, muchas horas. De todo lo que él siente, de lo que yo siento... He escuchado las leyendas, y sigo pensando que lo suyo es un prejuicio. Que vosotros no sois como los otros.
—¿Y?—la insté a continuar, sorprendida por su repentina inseguridad.
—Hemos llegado a un acuerdo en lo que a mí y a vosotros se refiere. Se lo ha tomado muy en serio, sabe que es importante para mí y lo respeta. No más secretos, ni conspiraciones. Sé que, por ejemplo ahora, lo está pasando mal sabiendo que tú y yo estamos juntas, pero creo que, a pesar de todo, se va acostumbrando poco a poco a la idea. Ya no es el Jake agresivamente protector de antes.
—Me alegro mucho. Él te ama, es normal que se preocupe por ti. Y es un hombre inteligente... quizá algún día deje de lado esos prejuicios —le sonreí para animarla, sabiendo que lo que aún le quedaba por decir lo que le estaba costando más.
—Eso espero—frunció el ceño y apretó los labios— porque todavía no hemos llegado a un acuerdo respecto a Sarah.
—No te preocupes por eso, Angela— le apreté una mano con cariño.
—¡Claro que me preocupo!—dijo con indignación.—Le dije que quería que tú fueras la madrina, y ya te puedes imaginar que no le gustó mucho la idea. Aunque no discutimos ni nada de eso, nos planteamos nuestra razones con serenidad y civilizadamente. Con respeto mutuo, ¿sabes? Por lo menos se puede razonar con él, no es como antes que se cerraba en banda.—Exhaló y negó con la cabeza.—Conseguir que se haga a la idea de nuestra bebé en tus brazos va a costar mucho. Pero...mierda, Bella, yo quiero que veas a mi pequeña, quiero poder ir a visitarte con ella, pero eso ahora le partiría el corazón, y no puedo hacerlo, todavía no—me miró con tristeza.— Así que sobre eso no llegamos a ningún acuerdo. Espero que se vaya acostumbrando a la idea. Creo que los dos estamos cediendo en algo, pero...—bufó, como enfadada consigo misma.— Lo que quiero decirte con todo esto es que espero no decepcionarte.
—Yo quero ver a tu bebé, Angela— antes de que yo hubiera reaccionado Danny soltó su opinión.
Vaya. Parecía que no estaba atento a nuestra conversación, pero era evidente que no era así. La cara de mi amiga se contrajo en una mueca amarga, y yo no quería que se sintiera de esa forma.
—Y yo también, Danny. Y no te preocupes, que lo haremos. Ang, ¿eres tonta? ¡No me decepcionas! Entiendo los miedos de Jake, y créeme, después de todo lo que ha pasado puedo asegurarte que ha cambiado muchísimo.
—Tengo esperanzas de que ese miedo que tiene vaya a menos. Yo... creo que también he de ceder un poco. Darle tiempo.
Yo no sabía lo que era tener un hijo, pero había podido ver cómo se transformaba la gente por la paternidad. Por eso pensé por un instante que si Jake continuaba tan sobreprotector ahora, cuando viera la carita de su hija la flexibilidad que estaba demostrando con su mujer se haría añicos. Quizá volvería a las andadas y se negaría en redondo no sólo a que yo me acercara a su hija sino a que mi amiga y yo nos viéramos.
Agité la cabeza e intenté quitarme estas ideas tristes de la cabeza. Lo importante era que ellos estaban juntos.
—Venga, Ang. Cuéntame algo más del fin de semana... algo alegre pero que sea apto para oídos inocentes, ya sabes, ahórrate los detalles del polvo de reconciliación y esas cosas.
—Como Daniel vaya por tu casa repitiendo esas últimas palabras, alguien se va a reír mucho— sonrió ella.
—¿Qué últimas palabras?—Danny detuvo la bicicleta y se giró para demostrarme que continuaba escuchando atento.
Miré a mi amiga con el ceño fruncido. Ni siquiera habría prestado mayor atención si no hubiera sido por ella.
—No es importante, Daniel.
—Sí, habéis dicho algo de polvo. Polvo de...—su carita se puso pensativa— relación.
—Vale, vale... ¿Este fin de semana iremos al cine? Estrenan una peli de dibujos que te encantará —insinué de forma persuasiva... la estrategia de despiste era la mejor.
—¿Qué peli es?—preguntó Daniel.
—Es... ¡mierda! No me lo puedo creer —exclamé.
Daniel comenzó a reírse al escuchar mi palabra y Ang me miró extrañada.
—¿Qué...?—comenzó.
—E-el inspector Jenks—mi voz salió aguda.
Una ciudad de más de medio millón de habitantes y justamente girando una esquina tenía que encontrármelo. Iba mirando su móvil y por suerte aún no me había visto.
Mi reacción fue completamente instintiva. Tomé a Daniel en brazos y crucé la calle, pasando al otro lado a velocidad vampírica y metiéndome en un portal. Angela se quedó congelada en la acera, con la pequeña bicicleta vacía a su lado. El inspector Jenks pasó y alzó la vista un momento para mirar a mi amiga y a la bicicleta. Seguidamente guardó su móvil en el bolsillo y continuó su camino.
—¡Dios, Bella! – Dijo mi amiga en cuanto volví a acercarme a ella, esta vez a velocidad normal. Su cara lucía asombro y preocupación a la vez –También es mala suerte.
—Joder—siseé. — Dímelo a mí.
—¡Joder!—exclamó Danny, quien seguía en mis brazos.—¡Joder! ¡Bella, hazlo ota vez! ¡Ota, ota!—chilló entusiasmado.
¿Y ahora qué le explicaba a Daniel?
—No, no se puede hacer más veces—respondí, ignorando su imitación de mi lenguaje.
—¿Po qué?
—Porque... porque no.
—¿Po qué?
—Porque... estoy muy cansada. Me he cansado mucho de tanto correr.
Angela rodó los ojos al escucharme. Vale, la respuesta era poco imaginativa, pero seguro que ella no tenía una más buena.
—¡Venga, venga, venga!
Daniel podía ser muy persistente, pero ni de broma iba a repetir eso, ahora. Si alguien había visto lo que había pasado, podía llegar a autoengañarse y pensar que lo había imaginado. En mi corta vida de vampira ya había aprendido que ante un fenómeno inexplicable los humanos acaban creyendo lo que es mas fácil para ellos. Pero estaba segura de que si ese alguien veía el fenómeno dos veces, ya sería un problema para mí.
—¿Y cómo terminó la cosa?— se carcajeó Jasper.
—Le prometí que lo repetiríamos en otro momento.
—No lo va a olvidar, lo sabes ¿no?—me sonrió el rubio.—Tendrás que ir con cuidado, o empezará a explicar cosas raras de ti a la gente.
Le saqué la lengua, mosqueada. Como si hubiera tenido otra opción.
El pequeño ya estaba durmiendo como un ángel en su camita. Jasper, Alice y Edward me habían visto volver del paseo con Ang un tanto alterada pero habían esperado pacientemente a que acostara al niño después de la cena para conocer el motivo de mi estado.
—Bien, pero eso nos demuestra una cosa— habló Edward.— Que tenemos que hacer caso a Rose y comenzar a hacer planes de futuro. Y no hablo de la boda... hay prioridades, como lo del padre de Daniel. Y decidir si vamos a vivir en Vancouver o en Boston, — asentí y me acarició el dorso de la mano. Fue como si me hubiera dado un sedante. —A mí me da igual donde vayamos, mientras esté contigo.
Por el rabillo del ojo vi a Alice poner los ojos en blanco. La miré un instante con expresión de exagerado fastidio y ella me sonrió.
—No sé, aún no estoy segura —miré a los cálidos iris de Edward,—creo que hasta que no hablemos con el padre de Daniel no me podré centrar en eso. Depende de si él acepta hacerse cargo de él, si Daniel le acepta a él... antes de decidirme por una ciudad me gustaría saber si vamos a ir dos, o dos con un niño —dije con tristeza.
—Entonces nuestra prioridad es Londres. ¿Nos llevaremos a Daniel?— preguntó Edward. Yo asentí.
—¿Le explicarás algo antes del viaje?—inquirió Jasper.
—No... Creo que no. ¿Y si se pone tan alterado que no puede esperar a verle? Prefiero que si decide conocer a su padre sea algo más inmediato.
—No me termina de convencer eso—dijo Jasper, pensativo.—De todas formas, antes deberíais hablar por teléfono con el buen doctor. Para aseguraros de encontrarlo allá cuando vayáis, y para aseguraros de que quiera ver a su hijo.
Jasper hablaba con lógica aplastante, pero se me encogió el corazón ante esa última posibilidad.
—Sí... Primero hemos de hablar con él y ver cómo se toma la novedad. Si yo le diera la noticia a Danny de que tiene un padre y luego éste no le aceptara, le rompería el corazón.
—¿Y si su padre está dispuesto a ejercer de tal pero Danny no quiere ir con él?—preguntó Alice.
—Entonces necesitaremos los servicios de Emmet —dije con dureza.—No voy a obligar a Danny a nada. Y si su padre no lo acepta también seremos una sombra en su memoria.
—¿No le darás una oportunidad para que cambie de idea? Puede que necesite tiempo—dijo un comprensivo Jasper.
—No—agité la cabeza con energía.—Si se lo tiene que pensar por segunda vez no lo merece.
Sabía que me estaba mostrando intransigente, pero bastante duro era para mí plantearme la posibilidad de renunciar a Daniel como para tener que hacerlo por dos veces. Era egoísta, sí, pero era la verdad.
Sentí la mano de Edward apretar la mía, transmitiéndome un calor que iba más allá de lo físico.
Daniel estaba excitadísimo tras las nueve horas en avión. Daba botes sin parar como si le hubieran puesto un extra de combustible.
—¿Volveremos a hacerlo? ¿Volveremos?— salimos de la terminal del aeropuerto de Heathrow, donde nos habíamos entretenido yendo al lavabo.
—¿El qué?
—¡El vión! ¿Volveremos?
—Claro que sí, cariño. Volver en barco sería muy largo— bromeé, desordenándole el pelo.
Busqué con la mirada a Edward a través del parking del aeropuerto. Mi novio se estaba encargando de recoger las llaves de nuestro coche, un bonito y lujoso Mercedes.
"Es un coche muy seguro, piensa en Daniel", fue lo que usó mi manipulador prometido para convencerme de gastar la cantidad de libras diarias que costaba el alquiler. Eso, y su sonrisa torcida marca de fábrica.
Lo localicé sin problemas. Estaba firmando sobre el capó del coche los papeles del alquiler del vehículo, mientras la empleada, una rubia despampanante, se lo comía con los ojos.
—¿Conoce la ciudad? Puedo hacerle de guía, si lo necesita—escuché desde la distancia.
¿Qué manera descarada de insinuarse era ésa? Con el "necesita" parecía que estaba diciendo alguna obscenidad. Entorné los párpados y sentí una furia dentro de mí que hasta el momento desconocía.
—Ven aúpa, Danny. Vamos a por Edward— Me cargué el niño a la cadera y me acerqué hacia ellos silenciosamente.
Me situé al lado de Edward y, tomando su mandíbula con una mano, le besé los labios con lentitud, tras lo cual dirigí una mirada asesina a la humana que estaba intentando cazar a mi hombre. Escuché su latido acelerarse y observé su piel palidecer intensamente.
—Buenos días—pronuncié con voz helada.
—¡Hola!—saludó un inocente Daniel, ajeno a la batalla no verbal que estaba teniendo lugar.
—Bu-buenos días—tartamudeó la rubia, mirándonos a mí y al niño.
—Bien, creo que con este ya está todo—Edward firmó el último papel y se lo tendió. Observé que estaba intentando disimular una sonrisa.
La chica tomó los papeles con una mano ligeramente temblorosa.
—Gracias—musitó.—Espero que tengan una buena estancia.
Y, sin esperar respuesta, giró sobre sus altos tacones y se perdió de vista entre los coches. Entonces sí, Edward rió.
—A veces das mucho miedo—pronunció con dificultad por la risa.
Lo miré, desafiante, y se inclinó levemente hacia mí, susurrando en el oído contrario al que estaba cerca de Daniel.
—Me pone muy caliente que marques territorio—su aliento hizo vibrar mi piel, trasmitiendo la onda sísmica hasta mi vientre. Tragué en seco.
—¡Venga, vamos, vamos!—el inocente Danny se removía en mis brazos como una culebrilla y, tras una última mirada cargada de promesas a mi novio, lo deposité en el suelo y le abrí la puerta posterior del coche.
—Sí, vamos. Londres nos espera—le sonreí.—Sube a la silla, que te pongo el cinturón.
Ya estamos en Londres ¡Hasta el miércoles noche o jueves, chicas!
