Buenos días, chicas. Como siempre que puedo, estoy aquí antes del lunes. Os quería decir que este es el antepenúltimo capítulo, y que el próximo (penúltimo...*sniff*) no lo subiré hasta el sábado. Para compensaros, este es un poquito -no mucho-más largo de lo habitual.

Hoy no voy a contestar todas las reviews, sólo agradeceros que, además de leer, me recompenséis con vuestra opinión, comentarios, preguntas... haciéndome saber que estáis ahí. Algunas sois tan fijas que, si no os leo en dos capítulos seguidos, me preocupo por si no estáis bien ;)... otras aparecéis de vez en cuando para hacerme saber que seguís ahí y que no os habéis cansado de esta larga historia. Gracias a todas. Es culpa vuestra que haya llegado hasta aquí.

Bienvenida lizi rodrigues, ¡gracias por tus palabras!

Mil gracias a YoliCullen, por su supervelocidad vampírica en darme su opinión sobre este capítulo; te deseo mucha suerte en lo tuyo, Yoli. Pensaré en ti. Y como siempre gracias a Pegn y Maria José por su paciente ayuda capítulo tras capítulo, contra viento y marea ;)

Y, sin más, os dejo este... empezando la cuenta atrás.


Capítulo 65

BPOV

—Hola, doctor Stefan— me adelanté unos pasos hasta situarme frente a él y le tendí la mano.— Soy Bella.

El buen doctor, como le llamaba Jasper, me miró un tanto boquiabierto, pero antes de que me entraran ganas de carraspear sus ojos se fijaron en el bulto que tenía aferrado a mi cuello.

—Bella... Edward, por favor, llámenme Charles-dijo.

—Y...—acerqué mi boca a la oreja de Danny—¿Puedo presentarte?—susurré. Él asintió una sola vez, sin levantar la cara.— Este es Daniel.

—Hola, Daniel—la voz del médico era profunda y serena.

El niño no contestó. Se estaba mostrando tímido, pero por lo menos estaba aceptando la situación.

—Adelante, pase—me di la vuelta y me dirigí al sofá, con mi liviana carga en brazos.—Siéntese—indiqué un sillón enfrente del sofá, sentándome yo en éste.—¿Quiere tomar algo?

—No, no gracias—sonrió levemente, y entonces su parecido con Daniel fue más que evidente. Inesperadamente eso me emocionó.

Su atención estaba ahora completamente centrada en el pequeño, quien seguía negándose a dejar ver su carita. Edward se sentó a mi lado en silencio. ¿Qué pensamientos estaría leyendo? Como yo no tenía su don, decidí que conversar con Charles y abordar el tema con naturalidad sería lo mejor hasta que el niño se decidiera a enseñarle su rostro a su padre.

—Quiero agradecerle que haya confiado en nosotros. Sé que al principio la historia le sonó muy extraña, pero usted mismo podrá comprobar que es cierto con las pruebas que quiera solicitar.

Charles no podía evitar mostrar una leve expresión de desconcierto. Y era lógico. Apenas hacía una semana que le había llamado por primera vez para informarle de la situación y ahora nos tenía a los tres frente a él. Nos miraba con una extraña mezcla de prudencia y curiosidad.

—Sí... No negaré que fue toda una sorpresa—explicó, sin perder de vista la morena cabecita de Daniel.— Lamento haber sido tan grosero, Bella. Pero la historia al principio me sonó tan... peliculera, por decirlo de alguna forma... que no pude evitar reaccionar así.

Ni te imaginas lo peliculera que es esta historia. El pensamiento casi me hizo sonreír, a mi pesar... si el buen doctor supiera lo que éramos Edward y yo, o que JT había intentado asesinarme atropellándome y que mi novio me había transformado en vampira para salvarme la vida... eso era peliculero.

—Le comprendo perfectamente, no se disculpe—le sonreí con gesto comprensivo. — Pero agradezca lo que sea a Danny. Si él no hubiera accedido a conocerle, no estaríamos aquí.

—Gracias entonces, Danny—la voz sonó dulce y se hizo el silencio.

Entonces el niño levantó la cara de su escondite durante dos segundos para echar un vistazo rápido en dirección a Charles, contestó "de nada" y de inmediato volvió a taparse. El médico no pudo esconder su sorpresa y alegría al vislumbrar aunque sólo fuera por poco tiempo la cara de su hijo. Era evidente hasta para él que el niño se le parecía.

—La verdad —Charles retomó la palabra con un ánimo más ligero— es que con los días he estado pensando, y he ido llegando a la conclusión que me estaban diciendo la verdad. Todo lo que me han explicado sonaba muy razonable, y no he logrado ver qué iban a salir ganando con todo esto. Lo que no me cuadraba mucho era que ustedes me hubieran encontrado antes que la propia policía. Y, lo reconozco, he estado a punto de llamar a la policía varias veces... pero no lo he hecho.

—Se agradece la confianza, Charles—Edward curvó apenas los labios.

—Sí... confianza, y que he pensado que meter a las autoridades en este asunto sólo iba a complicar las cosas—se sinceró.—Quizá lo único que habría logrado sería empezar algún interminable procedimiento burocrático de investigación que alejaría al niño de mí y de ustedes, y he pensado que eso sería malo para él.

Un punto para el buen doctor. Ya estaba anteponiendo los intereses del niño a sus propias inseguridades.

Entonces Edward recurrió a su sonrisa más seductora, y hasta el propio doctor Stefan pareció deslumbrado.

—Entiendo su desconfianza, por eso le diré que contamos con información confidencial proporcionada por la madre de Daniel cuando estaba ingresada en el psiquiátrico, información que la policía aún desconoce. Y además tenemos un excelente servicio de detectives privados contratado—dijo con suavidad, la voz tan seductora como la sonrisa.

Casi me hizo olvidar la versión "No apta" de lo que había sucedido en realidad. Y es que lo que acababa de decir Edward era un eufemismo de "amenacé de muerte a tu ex y por eso no tuve ninguna dificultad en que confesara, además de que tengo un cuñado hacker y sabemos hasta la marca de calzoncillos que usabas cuando tenías veinte años".

Sí, definitivamente sonaba mejor lo que acababa de decir Edward.

En aquel momento Daniel giró la cabeza, los grandes ojos marrones observando a su padre. Aunque continuaba aferrado a mí como un pequeño pulpo, estaba tan muerto de curiosidad que ya no podía aguantar más. Charles le sonrió con simpatía y él parpadeó, imitando el gesto. Fue muy gracioso verlos a los dos, y algo se derritió dentro de mí. Empecé a tener esperanza.

—Me tienen que poner al día con respecto a Danny... ya que él no me quiere contar sus cosas. A mí me gustaría mucho saber cómo lo pasa bien, qué le gusta de comer y qué no... tengo mucha curiosidad por cualquier cosa que me quieran explicar, la verdad. Y yo también podría explicarle algo de mí. No siempre hago cosas tan aburridas como trabajar de médico.

Entonces Daniel se removió y lo solté, permitiendo que se recolocara en mi falda mirando de cara hacia su padre.

—¿Eres médico?—su padre asintió con una sonrisa.—Bella y Edward también.

Charles nos miró, sorprendido, y me encogí de hombros.

—Sí, conocí a Daniel en el hospital donde me estaba especializando en pediatría.

Le dirigí al médico una mirada significativa... no era un tema en el que quisiera ahondar mientras Danny estuviera escuchando. No quería despertarle recuerdos traumáticos y tensar más la situación. Aunque tenía que reconocer que yo cada vez estaba menos tensa y más cómoda.

Charles fue rápido en captar mi mensaje y cambió de tema. Él conocía cómo su hijo había ido a parar a un orfanato. Lo que no conocía eran todos los detalles de mi acogida del pequeño.

Daniel se iba animando por momentos y se atrevió a contestar algunas preguntas de su padre, quien a la vez respondió a algunas de su hijo. Me gustó verles hablar. Al principio se les veía un poco torpes, y Danny estaba muy tímido, irreconocible casi, contestando con monosílabos. Pero conforme pasaban los minutos se abría cada vez más. Su padre lo miraba con dulzura y le hablaba con sinceridad, y eso era algo que el niño captó al instante.

No quería forzar al pequeño, pero pensaba que era hora de estimularle un poco.

—Danny, ¿no quieres ver un poquito más de cerca a... tu padre? —le susurré en la oreja. Me costó un poco decir las últimas palabras.

El pequeño no respondió, pero se quedó muy quieto durante unos instantes. Entonces se levantó de un salto y, perdidos los miedos iniciales, se lanzó sobre Charles y le rodeó con sus bracitos.

La cara de Charles fue un poema. Frunció el gesto conteniendo la emoción mientras correspondía suavemente al abrazo. Daniel le dio un beso en la mejilla y volvió a saltar a mi falda a velocidad casi vampírica.

—Gracias—murmuró Charles, los ojos un poco brillantes.

Sonreí feliz, abrazando a Daniel contra mi pecho. Parecía que ambos se estaban aceptando. Continuamos charlando, el ambiente cada vez más relajado, y al final el relax y la naturaleza hicieron su trabajo y, sin necesidad de valeriana, Daniel se quedó dormido en mis brazos.

Me disculpé un momento para llevarlo a la gran cama de matrimonio. El doctor pidió acompañarme y no perdió de vista al pequeño mientras rápidamente le ponía su pijama y lo acostaba sin que siquiera se hubiera despertado. Entonces volvimos al salón y nos volvimos a acomodar en nuestros sitios.

—Es un niño muy dulce y es evidente que les quiere mucho... Sobre todo a usted, Bella.

—Por favor, tutéeme— pedí, y él asintió. — Nosotros —miré a Edward y le tomé la mano— también le queremos, pero cuando descubrimos que tenía un padre y era usted... no nos pareció justo que siguieran sin conocerse—suspiré.

—Eso te honra. Porque estoy seguro de que estás haciendo un esfuerzo con esto—el doctor me miró con calidez y empatía.

Me encogí de hombros y apreté los labios, esforzándome por ahuyentar la sensación de tristeza y pérdida que latía dentro de mí entremezclada con la alegría de ver que las cosas entre Daniel y su padre parecían encarrilarse.

—Todos hemos sido víctimas de aquella mujer. Pero ya que podía intentar poner remedio a algo del daño que hizo, quería intentarlo— murmuré.

El doctor asintió en silencio, y el momento pareció ser el pistoletazo de salida para nuevas confidencias.

— Jane y yo estuvimos viviendo juntos una temporada—comenzó Charles.— Nos conocimos en el hospital donde trabajaba antes, ¿sabéis?—nos miró y tanto Edward como yo pusimos cara de acabarnos de enterar.— Ella era enfermera y trabajaba en el turno de noche de la planta de Medicina interna. Era guapa, encantadora e inteligente, y yo admiraba cómo se preocupaba por su hermano, sus cuidados. Yo era el endocrinólogo de su hermano y ella le acompañaba a todas las visitas.—Levantó la mano y se mesó el pelo con un gesto de dolor.—Nunca pude comprender cómo pudo suceder aquello... la sobredosis de insulina que sufrió su hermano. ¿Podéis creer que me sentí culpable durante meses? Ella estaba tan entera, tan valiente después de haber perdido a un ser querido... consolándome a mí —agitó la cabeza y abrió los ojos con incredulidad, viendo la situación desde un nuevo prisma.—Jane era una mujer atractiva, y eso junto a esa actitud tan amable y dulce...consiguió que me enamorara de ella. Salimos juntos durante varios meses.

El padre de Daniel quedó en silencio durante unos minutos, la mirada perdida en sus pensamientos, hasta que pareció despertar de un ensueño.

—Lo siento— dijo de pronto.—Os estoy molestando explicándoos cosas íntimas. Y, la verdad, no sé por qué. No suelo hacer esto pero... supongo que es porque la situación es tan extraña... ¿Exactamente qué le habéis explicado a Daniel de todo esto? No quisiera meter la pata.

—No te preocupes—repuso Edward, quien mejor conocía lo que sabía Danny.—Él sabe lo más importante, que su madre estaba "enferma" y que no podía cuidar de él. Y sabe que no recibió el cariño que merecía. Lo demás se lo pensábamos explicar con el tiempo.

—De acuerdo...—Charles aún parecía dubitativo.—Vosotros le conocéis mejor que yo.—Una leve tristeza teñía estas últimas palabras, y de pronto su cara mudó a una de ira.—No me puedo hacer a la idea...¿Cómo fue capaz de hacernos eso? ¿De hacerle eso a su propio hijo? Primero nos separa y luego...—su rostro expresó horror— todo eso de fingir que el niño estaba enfermo. Es... repugnante. Hacer sufrir a su propio hijo... a mi hijo. Depués de robarme los primeros años de su vida—sus ojos brillaron de nuevo y bajó la mirada, sin poder decir nada más.

—¿Estás seguro de que no quieres tomar nada?—insistí con suavidad.

—No... no gracias—levantó la mirada y sus amables ojos marrones se encontraron con los míos.—Bueno, la verdad es que me iría bien un té.

De inmediato Edward se levantó y tomó el teléfono, haciendo un pedido al servicio de habitaciones. En unos minutos teníamos al camarero a nuestra puerta.

—Espero que no te importe que nosotros no tomemos, hacemos una dieta especial —le dirigí mi mejor sonrisa y entonces su boca se abrió y parpadeó rápidamente.

Por las pruebas, parecía que yo le iba cogiendo el truco a esto de la seducción vampírica. De pronto Charles sacudió la cabeza, reaccionando.

—¿Una dieta que incluye vivir sin té? Mmmm, yo no podría—sonrió y se sirvió una taza de la aromática bebida.

Entonces le resumí a Charles mi parte de la historia, empezando desde el ingreso de Daniel en el Hospital de Forks, pasando por la huída de la madre con el niño cuando sospeché de ella y terminando por nuestro encuentro fortuito en urgencias del Hospital Infantil de Seattle. Omití las partes más truculentas como el intento de asesinato que había sufrido por parte de su ex novia. Eso era algo que ni siquiera sabía la policía. Terminé contándole el resultado de la investigación policial y, evidentemente, le oculté la participación de Jasper en todo el asunto.

Durante todo mi relato su cara no daba de sí para expresar sorpresa y consternación. Cuando terminé estuvo unos minutos en silencio, procesando toda la información.

—Demostraste mucha intuición al sospechar de Jane ya en el hospital de Forks... mucha más que yo—suspiró, con tristeza.— Aún me parece increíble que hiciera lo que hizo...Pero es cierto que, pasados los primeros meses de enamoramiento, comencé a notar que ella tenía problemas. Su autoestima era muy baja, y su necesidad de reafirmarse, de atención y de cariño no tenían límites. Comencé a agobiarme un poco. Cuanto más le daba más quería, era como un pozo sin fondo. Me di cuenta de que el cariño que ofrecía no era más que una forma de buscar que se lo devolvieran con múltiples intereses. Pero aún así seguía enamorado...—se inclinó hacia delante y apoyó la barbilla en una mano, pensativo. A pesar de lo que me explicaba contuve una sonrisa porque estaba haciendo un gesto muy propio de Daniel— Entonces fue cuando murió aquella chica. La novia de su hermano. Fue en el 2005. Jane la odiaba porque la había acusado de matar a su hermano, pues decía que era imposible que su novio hubiera cometido un error así. Y un día, cuando la chica estaba ya muerta... en una conversación con Jane mencioné la mala suerte que rodeaba a su familia. Y de pronto vi algo... extraño en su mirada. En su actitud. Ella me miró de otra forma. No sé qué fue. Pero al día siguiente cuando volví del trabajo se había llevado todas sus pertenencias, y no supe más de ella. Hasta que hablé contigo, Bella —nos miró primero a mí y luego a Edward, con una especie de melancolía. —Gracias. A los dos.

—No tienes que darlas—me aclaré la garganta, un poco afectada por todo, y más aún por lo que estaba a punto de decirle.—Quería hacerte una pregunta importante. ¿Crees que Daniel puede encajar en tu vida en estos momentos? Quizá habrá alguna mujer, o tu trabajo sea muy absorbente. ¿En qué medida crees que puedes hacerte cargo de él, si es que quieres hacerlo?

—En la medida en que él y vosotros queráis. Y sí, quiero hacerlo —respondió sin dudar un instante. A pesar de que debería alegrarme, me dolió su respuesta.— Pero no quiero traumatizarle, es evidente el apego que os tiene, y creo que lo que más necesita es seguridad.

—De acuerdo. Creo que lo hablaré con él mañana, y ya te comentaré cómo ha reaccionado. Lo más importante es cómo se sienta él con todo esto.

—Estoy de acuerdo—repuso.—Bien... si me disculpáis, mi vuelo sale mañana por la tarde y aún tengo que preparar algunas cosas. ¿Creéis que nos podríamos ver mañana y comer juntos?

Entonces se levantó, y Edward y yo le imitamos. Miré a mi novio por unos instantes, y él asintió.

—Claro—sonrió.—Mañana por la mañana te llamamos al móvil y quedamos. Nosotros aún tenemos algunos días más para estar por aquí.

—Siento no poder haceros de guía— sonrió él, tendiendo su mano.—En otra ocasión. Espero que sea pronto.

—Sí, en otra ocasión—le acompañé a la puerta.

Cerré la puerta y cuando me giré casi choqué con Edward, pues estaba parado a escasos centímetros detrás de mí. Alcé la cara buscando la suya. Sus ojos dorados me pedían permiso para conocer mis pensamientos, pero me negué a abrirle mi mente.

—¿Estás bien?—inclinándose un poco clavó sus iris en los míos, sondeándome.

—Sí... bueno, es una sensación agridulce, ¿sabes? Es como sentirse mal y bien al mismo tiempo. Es... extraño. —Era la verdad. Tenía una sensación mezcla de euforia y tristeza que me desconcertaba.

En el dormitorio se oía la tranquila respiración de Daniel. Sintiendo que me pesaban los pies, me acerqué a la cama y me acosté en el otro lado de la enorme cama, contemplando el rítmico ascenso de su pecho. Edward se quedó en la sala, intuyendo mi necesidad de estar sola con el pequeño.

Alargando una mano, toqué su cabeza y acaricié sus cabellos con suavidad. Se removió un poco y cambió de postura, acostándose boca arriba. Dormía sereno, y de vez en cuando una tenue sonrisa aparecía en su rostro.

Lo que importa es que él sea feliz.

No supe cuánto tiempo había pasado así, contemplando el tranquilo sueño del niño, pero cerca de la madrugada Edward entró en la habitación y se acostó detrás de mí. Pasando un brazo por mi cintura, me abrazó acercándome a su cuerpo, como cuando yo dormía y él se quedaba conmigo toda la noche. Puse mi brazo encima del suyo, y me relajé, acompasando mi respiración al movimiento de su pecho en mi espalda. Cerré los párpados, disfrutando del contacto con él, de la forma en que mi cuerpo y el suyo se amoldaban... de su aroma envolviéndome.

—Todo saldrá bien, amor—murmuró contra mi cabello, perfilándome la cara con la yema de sus dedos.—Es un buen hombre. Y a Daniel le gusta.

—Lo sé—susurré.—Lo sé— repetí, sonriendo con los ojos aún cerrados, dejándome llevar por la lenta sensualidad que emanaba de nuestra íntima proximidad.

Él rozó la piel de mi cara y de mi cuello, pausadamente, sin dejar un solo centímetro cuadrado sin acariciar, despertando el anhelo de su tacto en cada poro que rozaba, estimulando cada terminación nerviosa... Mis sentidos entumecidos iban despertando bajo su toque, y mi cuerpo tomó vida propia, apretándose más contra el suyo.

Se incorporó levemente y su boca rozó apenas la piel de mi oreja. Un dulce escalofrío recorrió mi espalda.

—Quiero hacer que te sientas bien, amor. Pero tienes que pedírmelo— su voz aterciopelada era una sensual caricia.

Entonces enroscó sus brazos alrededor de mi cuerpo con fuerza, como si un aro de acero me hubiera rodeado de repente. Un gemido involuntario se escapó de mi garganta. En estos momentos comprendía cuánto se había controlado cuando yo era humana, y la delicadeza con la que me había tratado. No podía respirar. Mi cuerpo, inicialmente tenso, iba respondiendo por fin, abandonándose en sus manos. Manteniéndome sujeta, se movió de nuevo hasta alcanzar mi cuello. Sus labios y su dulce aliento rozaron apenas la sensible piel, avivando la recién encendida llama de mi deseo.

—Oh... sí...Edward. Pero aquí no-susurré.

—No. Aquí no. Pero antes pídemelo, cariño. Dilo —murmuró, y su lengua lamió con delicadeza el lóbulo de mi oreja, descendiendo por mi cuello, bajo mi mandíbula...espoleando mi deseo.

—Hazme el amor, Edward... ¡ah!—apenas había terminado la frase y él me levantó de la cama, cargándome sobre un hombro como si fuera un saco de patatas.

—Bájame—protesté sofocando la risa para no despertar a Danny.

—Ni hablar, este viejito te da a dar una lección ¿o creías que se me había olvidado?—su susurro sonó excitante y amenazador mientras salía del dormitorio.

De esa guisa me llevó hasta el cuarto de baño, y tras quitarnos los zapatos a ambos se metió, conmigo aún cargada, en la enorme bañera. Abrió el grifo de la ducha sin siquiera quitarnos la ropa y tras depositarme en el suelo silenció mis protestas aplastándome contra la pared con un beso ardiente. Nuestras ropas se empaparon en un instante, y gemí contra su boca, sintiendo el sabor de su lengua en la mía, su olor exquisito intensificado por la humedad, sus manos por dentro de mi ropa, acariciando con destreza mis pezones, apretando mis pechos, dibujando mi cintura y mis caderas. Las mías se perdieron por su espalda y sus nalgas, tocando con rudeza, casi arañando, cada uno de sus tensos músculos.

Mi necesidad de él era aguda, dolorosa, intensa. Tenía razón. Me sentía bien con él entre mis brazos, con mis manos sobre su cuerpo, llena de su olor, de su piel, del sonido de su placer.

—Mírame, amor. Dime cómo te sientes —ronroneó contra mi boca, sus dedos perdiéndose entre mis piernas.

El agua caía sobre ambos, y su cara y cabellos mojados, los magnéticos ojos negros y su expresión de salvaje lujuria me recordaban el día que hicimos el amor bajo la lluvia.

—Bien—balbuceé entre jadeos pues sus diestros dedos estaban tocando los puntos justos para hacerme temblar la voz tanto como el resto del cuerpo.

—¿Sólo bien?—su voz sonó burlonamente incrédula.—Dioses, Bella, estás más mojada por dentro que por fuera. Quizá este viejito podría hacer que te sintieras mejor... O no.

Retiró sus dedos y en mi pecho vibró un gruñido de ira. Entonces le arranqué la húmeda ropa de una sola vez y me miró con un brillo divertido y pícaro en sus ojos oscuros.

—Vaya... ya has aprendido—murmuró mientras él hacía lo mismo con la mía.

Le tomé por la nuca y acerqué nuestras bocas; le besé con brusquedad, mordiéndole el labio y lamiendo con fruición las gotas de sangre que brotaron de él. Eso le descontroló por completo y, gimiendo con fuerza, me tomó por las nalgas, me alzó y se hundió en mí de una sola embestida. Grité en su boca y enrosqué mis piernas en sus caderas.

—¡Por dios, Edward, sí!—me adherí a su duro cuerpo, sintiendo la húmeda y fría pared del baño detrás de mí.

—Grita, Bella—su cuerpo se hundió profundamente en el mío.

—No... me... pueden oír—farfullé entre gemidos —Y está Daniel.

Entonces él fundió sus labios con los míos y volvió a embestir, duro. Grité y el sonido se perdió en su boca. Una, y otra vez. Una embestida tras otra. Bebía con avidez cada uno de mis gritos como si su pasión se alimentara de ellos.

—Edward...—gemí, al borde del abismo— Edward.

—Bella... vente conmigo—susurró, volviendo a embestir.

Y entonces mi clímax estalló arrastrándonos, uniéndonos y liberándonos. Le abracé con fuerza hundiéndome por completo en el mar de placer que él me hacía sentir.

Tras unos minutos se sentó en el suelo de la bañera, sin salir de mí ni soltarme, y yo quedé sentada encima de él, las piernas aún enroscadas a su cuerpo. El agua de la duchaba seguía cayendo y, alargando una mano, cerré el grifo. Luego acuné su cara entre mis manos y le besé con suavidad, sonriendo.

—No ha estado mal para un viejito.

Edward alzó una ceja y en un movimiento rápido me tumbó en el suelo de la bañera, con su cuerpo aplastando el mío, su cara a escasos centímetros, y sin mediar una palabra su boca devoró la mía, demostrándome que para su edad se recuperaba muy rápido.


Gracias por dejar vuestros comentarios. Besos a todas.

.