Buenas noches. Ya casi es sábado y estoy aquí con el penúltimo. Os comento que es un capítulo un poco atípico, con menos diálogo y más recuerdos de Bella que los otros, pero ha tenido que ser así para no dejar temas importantes abiertos ni alargar el fic todavía más... y sí, huele a despedida. Ya sabéis que es la primera historia que escribo, me da mucha pena terminarla, pero debe haber un final. Y no, no creo que escriba un epílogo. Mi idea a dia de hoy es esa, igual cambio.

El siguiente será el sábado de la semana que viene. Sí, sé que es una semana pero es el último, así que tampoco hay prisa, ¿no? Aunque si lo termino antes, como este, lo postearé el viernes.

Gracias a Pegn y Maria José, y en especial con este capítulo a YoliCullen.

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Bienvenidas Carlota, yolabertay, Fran Ktrin Black ,MixelintheDark !

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Sobre vuestros comentarios del 65:

v. cullen, a mí también me da penita que se acabe. Me alegro de que te gustara y te pareciera tierno. Besos.

Gegargas, yo también me pido un viejito así, jeje. Besos para ti también.

YoliCullen, muchísimas gracias a ti por tu ayuda y por dejarme a mí entrar en tu vida, y mucha suerte con tu frío.

Cris Cullen Black, me alegro de que pienses en el padre de Danny, es una marranada lo que le hizo su ex.

Kisara Mansen, veremos qué podemos hacer con lo del padre de Danny y Bella ;).

ludgardita, "Vaya ducha, si a estos dos el agua les va mucho " jajaja, y otras cosas les van más XDD.

I love Edward, gracias por seguir ahí a pesar de tus tareas, preciosa. "todas queremos un Edward hahahahaa" Sí, diría que sí ;).

Nurymisu, te voy a conseguir bragas a buen precio, una clienta mía vende XDD. ¡Desde mi casa te he oído gritar! jajajaja. Por supuesto que tenemos una cita pendiente, y esta vez pago yo ;)

litzy, muchas gracias por tus palabras, no sufras por nuestros chicos, veremos qué pasa hoy.

PRIGSPE, pues hoy leeremos qué ha pasado.

Deysi María, gracias por tu comentario. Espero que tengas suerte en tus exámenes!

Naya, sí, la situación es difícil. Me alegro de que te haya gustado el encuentro.

bellaliz, sí que es un hombre bueno... veremos qué pasa con eso. Y no, dije que postearía el sábado, no el jueves ;)

CindyLis, sí, lo de viejito Bella lo ha pagado, pero yo también lo pagaría así ;)

Pegn, muchas gracias por tus mayúsculas. Gracias a ti por tu ayuda :*

audreybaldacci, nena, gracias por tus palabras. Me gustan tus sugerencias para que Danny no salga de la vida de Bella.

Anaidam, loquita, lo que me reí con los patos y el buen doctor enamorado de Edward. Me alegro de que hayas orbitado un rato, y gracias por esas bonitas palabras!

Carlota, te pusiste al día pronto!, y gracias por tus palabras. Yo buscaba ese punto adulto para la historia ;)

mimi. rp9, gracias por tu comentario. Yo me siento como tú, tengo ganas de terminar pero me da pena. En fin...

yolabertay, 5 días leyéndome! Wow. Gracias, guapa.

Fran Ktrin Black, y tú 4 días leyéndome! Wow también. Gracias y miles de besos para ti.

lizi rodriguez, muchas gracias a ti por tus palabras, :-*. Muchos besos.

liduvina, gracias.

yamira hrdz, pronto sabrás de Angela.

MixelintheDark, tienes razón, personas así no deberían tener hijos. Besos y gracias.


Capítulo 66

BPOV

—¿Qué harás cuando termines la especialidad, Bella?—preguntó la voz de mi curiosa compañera.

Victoria Reed, la pelirroja residente de pediatría, era agradable y me había ayudado mucho en mi adaptación al Hospital General de Massachusetts. Aunque seguía sin encontrar en ninguno de esos grandes hospitales amigas como las que había hallado en Forks, por lo menos tenía buena relación con unos cuantos residentes de uno de los hospitales más prestigiosos de USA, y el ambiente no era tan hostil como en Seattle.

—Casarme—respondí de forma casual, como si hablara del tiempo.

Vi cómo se desencajaba su mandíbula durante unos segundos, pero duró poco. En seguida recuperó la compostura, y me miró mosqueada.

—Me tomas el pelo, ¿no?—frunció el ceño.

Apoyé el montón de historiales que llevaba sobre la mesa del control de enfermería y tomé el primero de ellos.

—Puede ser— le sonreí misteriosamente y me centré en las gráficas de constantes vitales, ignorando su gesto de frustración.

Mi llamativo anillo de compromiso no había pasado desapercibido en el Hospital General, pero en mi nueva vida me había vuelto muy reservada y nadie sabía nada con certeza sobre mi futura boda con el residente de cirugía más deseado del prestigioso hospital.

Deseado... era decir poco. Desde que había puesto el pie en el hospital, Edward había pasado en décimas de segundo de ser el "cuñado de Rosalie Cullen", la guapa traumatóloga, a ser el "sexydoctor Cullen", alias "cirujano-rompecorazones", alias "Tíobueno Cullen" y otros alias más explícitos. Las peores eran un grupo de internas que querían hacerle un templo al cirujano que estaba como un dios. Prefería no recordar las palabras que salían de sus bocas cuando creían que ni Edward ni yo las escuchábamos.

No podía leer la mente como él, pero mi oído agudo en muchas ocasiones no era precisamente una bendición.

Yo también tenía mi particular club de fans, pero lo de mi prometido era superlativo. Aprendí a controlar mis celos, un fenómeno que estaba experimentando extrañamente con más fuerza ahora que era vampira y, al parecer, más atractiva que antes cuando era humana. Edward me había explicado que era normal, que los instintos y las emociones eran más poderosos y profundos en los vampiros. Así que ahora tenía que lidiar con las ganas de arrancarle la cabeza a alguna de las doctoras y enfermeras que se nos cruzaban a diario más o menos a propósito. Y el cielo sabe el esfuerzo que estaba haciendo.

El General era un gran hospital con mucho flujo de residentes de USA y otros países, y no llamó la atención que Rosalie, quien por otra parte era una profesional muy respetada en el centro, nos "ayudara" con el traslado de centro docente de Seattle a recuperar todos los meses que teníamos pendientes para que nos dieran el título, Edward y yo terminaríamos la especialidad este mismo mes.

Acababa de empezar la primavera, mi época favorita del año, y mi boda con Edward estaba cercana, lo que me despertaba sentimientos encontrados. Por una parte me emocionaba la proximidad de celebrar nuestra unión delante de nuestros seres queridos. Pero, además de tener miedo escénico, a ratos mis ánimos estaban bastante decaídos. Y tenía motivo para ver empañada mi felicidad. Mi padre no vendría a mi boda. Además, estábamos cerca de la Semana Santa y eso me recordaba con intensidad las felices vacaciones de mis padres en Forks. Hacía un año que les había presentado a Edward. Hacía seis meses que sabían que ya no era humana. Pero mi padre todavía continuaba negando la realidad, insistiendo en que debía verme algún especialista porque estaba claro que sufría alguna enfermedad, y culpaba a Edward de todo.

No nos habíamos visto desde aquel triste día en que salió por la puerta sin mirar atrás. Yo había hablado muchas veces del tema con Renée. Ella también llevaba muy mal la reacción de Charlie, pero en cuanto a lo mío... lo estaba superando poco a poco. Y me había prometido venir a mi boda.

Me esforcé por centrarme en mi trabajo y dejar de pensar en mi padre y abrí el siguiente historial, repasando los datos y constantes vitales del niño trasplantado del hígado. Estaba a punto de recibir el alta, y yo me alegraba de poder estar presente. Había habido algunas complicaciones, pero al final todo había resultado bien. Era uno de los pacientes que había compartido con Edward.

Y entonces fue cuando lo sentí... como siempre, cada célula de mi cuerpo parecía vibrar cuando él estaba cerca. Y ni siquiera había salido del ascensor. Terminé de escribir en el momento justo en que las puertas del elevador se abrían y le vi salir, acercándose por el pasillo con aquel paso felino que me extasiaba. Su atención parecía concentrada en el historial que tenía entre manos, pero yo sabía que estaba disimulando. Fue como si quisiera recordar el primer día que nos conocimos.

Sonreí a mi pesar, rememorando demasiado bien aquel primer encuentro.

Victoria se giró para ver qué era lo que estaba captando mi atención y su boca volvió a abrirse un palmo.

—Dios, es...es... está buenísimo –murmuró y se giró hacia mí, que no perdía de vista el avance de mi futuro marido.— Perdona que sea tan sincera, Bella—me dijo sonrojada, y no pude evitar sonreír.

—No te preocupes... estoy harta de oírlo—me encogí de hombros.

Cuando Edward estuvo a pocos metros de nosotras levantó sus ojos ámbar y vi que brillaban con humor.

—Doctoras...—sacudió la cabeza levemente.—Buenos días —sonrió y escuché el ritmo cardiaco de mi compañera acelerarse peligrosamente.

—Buenos días, Edward—siempre mantenía una distancia profesional con mi futuro marido dentro del trabajo.— Ahora mismo íbamos a ver a Thomas. Me gustaría poder darle el alta pronto—tomé la historia del niño y señalé los datos.—Parece que todo está en orden. Diuresis, tensiones, temperatura... no hay signos de rechazo del órgano.

Edward no miraba la historia sino a mí, acariciándome con sus hipnóticos ojos.

—No los hay, es cierto. Está evolucionando muy bien. Espero que podamos darle el alta antes de terminar la residencia—su voz suave y musical evocó en mí involuntarios pero bienvenidos recuerdos de la noche previa...mmmm, era una gran ventaja lo de no tener que dormir.—¿Vamos?—me miró arqueando una ceja, conteniendo una sonrisa a duras penas.

Eeh... ¿me he olvidado de mi escudo otra vez? Espero que no me haya leído los pensamientos.

—Lo he hecho—dijo camino de la habitación del pequeño Brian, y se me escapó un pequeño jadeo.

Victoria nos miró sin comprender, pero no preguntó nada. Mientras caminaba al lado de él sentí una intensa sensación de sonrojo, aunque sabía que sólo era eso, la sensación que mis nervios recordaban al sonrojarse, pero que no estaba pasando.

Edward y yo habíamos seguido bebiendo el uno del otro, y el único efecto secundario –si es que lo era— que habíamos apreciado era que mi escudo se iba volviendo cada vez más débil, pero únicamente con él. Tanto que últimamente caía por sí solo, muchas veces sin que me diera cuenta. Podía subirlo a voluntad pero ocultarle mis pensamientos tenía que ser cada vez más un acto voluntario que algo automático. A veces también pensábamos que esto era algo natural en la cada vez mayor intimidad que teníamos, así que hasta qué punto era consecuencia de beber la sangre el uno del otro... no lo sabíamos. Y tampoco perdíamos mucho el tiempo pensándolo. Simplemente disfrutábamos del placer de la mutua, confiada y absoluta entrega.

Hice un enorme esfuerzo para olvidarme del recuerdo de Edward bebiendo de mí y abrí la puerta de la habitación de nuestro paciente.

—Buenos días, Thomas—sonreí al niño y a su madre, y me sumergí de nuevo en mi trabajo cotidiano.

Lo sería ya por poco tiempo.


Está bien, Bells... inspira, espira, adentro, afuera...

Estaba histérica y era la mejor forma de calmarme. Me esforcé por acompasar mi respiración y me coloqué sobre la cama en la postura del loto, recordando las clases de yoga a las que había ido con mi madre. El profesor siempre había insistido en lo mismo: Si obligas a tu cuerpo a mantener una postura relajada, tu mente le seguirá.

¿Y por qué coño no lo consigo? Calma, calma. Inspira, espi...

El sonido de pasos que se acercaban me sobresaltó más aún dado mi estado. Eran los pasos de cinco vampiros. Me pasé las manos por la cara, presa del pánico.

Entonces Edward abrió la puerta de nuestro dormitorio.

—Vaya, casi esperaba no encontrarte aquí—pronunció en tono socarrón y se apartó, cediendo el paso a los cuatro restantes vampiros.

—Mira que eres exagerada, Bella Swan... — Rosalie se plantó al lado de la cama con los brazos en jarras, mirándome con una mezcla de reprobación y humor en su expresión.

Alice se lanzó sobre mí y me abrazó efusivamente, y no pude hacer menos que corresponder a su gesto, feliz a pesar del miedo que mi cuñada me inspiraba en estos momentos. Jamás me había resultado tan temible como ahora.

Se sentó en la cama y me tomó la cara entre sus manos.

—Todo saldrá bien. No querrás hacer caso de la propuesta de tu prometido y casaros en Las Vegas, ¿verdad?—me suplicó después de dirigirle una mirada asesina a su hermano.

Mierda. Debió verlo en una de esas contadas veces en que, de forma voluntaria, anulaba mi escudo con Edward... y con el resto del mundo. Cada vez me resultaba más fácil hacerlo sólo con él, pero aún así alguna vez me despistaba.

—Tío, ¿lo dices en serio?—Emmet, al lado de Edward, lo miraba con gesto alucinado mientras le daba un amable codazo.—Tú no aprecias tu vida, ¿verdad?

—Em, es que no sabes cómo está Bella estos últimos días. No pude evitar insistirle—explicó mi novio, sin un ápice de arrepentimiento a pesar de la mirada envenenada de Alice.—Está tan asustada por la boda que pensé que así facilitaría las cosas—la dulce mirada de Edward se posó sobre mí y sonrió.— Hasta que Alice llamó y nos amenazó de varias formas. No es por nada, Jasper, pero menudo lenguaje tiene tu mujer.

—Puedes jurarlo. Y sí, Emmet, se lo habían planteado en serio —afirmó Jasper, saliendo de detrás de ambos vampiros y acercándose a mí.— Tuve que emplearme a fondo para calmar a mi mujercita del ataque que le entró cuando os "vio" casándoos en una capilla en esa ciudad perdida en medio del desierto—lució su arrebatadora sonrisa.—Por cierto, Em, paga—tendió la mano con la palma hacia arriba.

—Eh, eh, no te pagaré hasta que los vea casados conforme Alice manda.

—¿Habíais apostado que me fugaría con Edward?—pregunté incrédula. Miré a Edward, quien se encogió de hombros.

—Venga, venga,—Rose se separó de mi lado y se encaró a los chicos—vamos a empezar el ensayo del peinado y maquillaje, y Bella se va a probar el vestido, así que largo—movió los brazos como si ahuyentara moscas, ante lo cual los tres altos vampiros retrocedieron fingiendo estar asustados.

—En serio, Emmet, cuando se pone así da miedo... es como una bruja —Jasper se agachó a tiempo para que el cepillo que Rose acababa de lanzar contra su cabeza chocara contra la pared.

—¡FUERA!

Las risas de los chicos duraron un buen rato hasta que se hizo el silencio.

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—Vamos, mírate en el espejo, Bella.

—No. Ojalá... ojalá no me reflejara en el espejo, como los vampiros de las películas. ¡Ojalá fuera invisible!—exclamé con un átomo de esperanza en que se me concedía ese don si lo pedía en voz alta.

Rose y Alice rodaron los ojos al mismo tiempo y, tomándome una por cada brazo, me llevaron casi en volandas y sin ningún esfuerzo ante el espejo de cuerpo entero del vestidor.

—Vamos, mírate—ordenó Rosalie.—Deja de comportarte como una cría. Dentro de poco vas a ser una mujer casada—regañó.

La miré ofendida, pero consiguió su propósito, y por fin me atreví a mirarme en el espejo. Si no me gustaba el resultado siempre me quedaba Las Vegas.

Me froté los ojos. La Bella del espejo me miraba incrédula y boquiabierta, y a pesar de eso...

—Parezco una novia de verdad—fue mi tonto comentario, y Alice y Rosalie rieron.

—¿Y qué querías parecer? ¿La novia de Frankenstein? Y no es porque no nos haya costado nuestro esfuerzo, pero el resultado merece la pena, ¿no?— se burló Alice.

—Quiero decir...—parpadeé ante el espejo, casi maravillada al ver cómo mi imagen hacía lo mismo— quiero decir que nunca me había imaginado de novia, jamás. Nunca me han gustado las bodas...

—No hace falta que lo jures—rezongó Alice, interrumpiéndome. La miré ceñuda y levantó las manos en señal de rendición—Lo siento.

—Déjame explicarme. No me gustaban en parte porque lo veía todo artificial: el vestido, la ceremonia... pero ahora que me veo así, me veo como novia. No es un disfraz, me siento como una novia... no sé si me explico— suspiré, dejando caer mis hombros con frustración.

—Sí—repuso Alice mirando a Rosalie y ambas sonrieron de oreja a oreja.—Bueno, no es que te expliques muy bien, pero se te entiende perfectamente. Gracias.

—Gracias a vosotras—las abracé por la cintura, una a cada lado, y miré la bonita imagen que nos devolvía el espejo.

Había otro motivo por el que me asustaba la idea de casarme. No soportaba ser el centro de atención, ni que fuera de un pequeño grupo de personas. Pero tenía mal arreglo, porque eso era lo que se suponía que tenía que ser la novia. Afortunadamente la boda se celebraría en la casa Cullen de Forks, y con pocos invitados. Carlisle había prometido al viejo Quil y a Billy Black que no vendría ninguno de los escasos vampiros no vegetarianos con los que se relacionaban los Cullen (cosa que yo también agradecí). Sólo vendrían los más allegados pero yo no podía, aunque me doliera, invitar a mis amigas del Comunitario de Forks, ni las que había dejado atrás en Barcelona... Así que sólo vendrían Eleazar y Carmen, Tanya y su novio Alec, los Cullen al completo, Siobhan y Maggie –dos vampiras irlandesas—, Amun y Kebi –egipcios— y como humanos Daniel, mi madre y Angela... o eso esperaba. Me hubiera gustado invitar al padre de Danny, pero era evidente que habría notado algo extraño en nuestro grupo.

Mi mejor amiga me había avisado de que no iría con Sarah, quien se quedaría en Forks con su padre durante la ceremonia, pero por lo menos ella sí haría acto de presencia. La leal, valiente y testaruda Angela había seguido visitándonos mientras habíamos permanecido en Seattle, y a pesar de lo que yo me temía había conseguido contra viento y marea convencer a Jake para vernos a Edward y a mí a los pocos días del parto. Jake se salió con la suya con su insistencia de que quedáramos en un sitio público, al fin y al cabo estaba haciendo un increíble esfuerzo de tolerancia. Así que alquilamos un reservado en un bonito restaurante de la ciudad donde ni siquiera entró: se quedó esperando en la parte de fuera mientras la radiante Ang nos mostraba a su primera hija. Sarah era preciosa, una muñequita de pelo oscuro y ojos grandes y negros. Se parecía mucho a su madre, pero era evidente que había heredado el fino olfato de su padre porque estuvo muy llorona e incómoda durante la visita.

No os preocupéis, Sarah es bastante lloroncita...

Angela, no te preocupes, la comprendemos muy bien.

Tienes razón, Edward. Como si pudiera engañarte. La verdad es que aunque me pese yo también la comprendo bien. Afortunadamente para mí ahora volvéis a olerme de maravilla los dos, pero sé lo que ella siente. Pues ya te puedes ir acostumbrando como hice yo, pequeña, porque ellos son los mejores amigos de tu madre... y tus padrinos.

Desde aquel día las volvimos a ver a las dos en las fiestas navideñas, y la pequeña seguía mostrándose incómoda con nuestra presencia, pero había llorado menos. Esperaba que se fuera acostumbrando.

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—¿Ya tenéis las licencias de matrimonio, y los análisis corroborando que no tenéis ninguna enfermedad venérea?—preguntó Emmet con seriedad teatral.

Estábamos todos en el comedor de la casa Cullen, y fuera caía una fina cortina de agua. Sonreí mirando el cielo gris a través de la ventana. Parecía imposible pero había añorado Forks. Me sentía en esta casa como si fuera mi propio hogar.

—Sí... –repuso mi prometido.—Gracias por echarnos una mano falsificando el análisis de sangre, Jasper.

El rubio asintió con una sonrisa encantadora. Y es que en el estado de Washington era obligatorio hacerse un análisis de sífilis y demás enfermedades de transmisión sexual antes de la boda. Afortunadamente nuestro hábil cuñado nos ayudó a soslayar el paso.

—¿Quién será el maestro de ceremonias?—pregunté, pensando en el único humano que vendría a la boda sin estar al corriente de nuestras especiales características.

—Un juez de paz de la región. No nos ha visto nunca, y probablemente no nos vea nunca más. Y hasta probablemente olvide todo lo que vea—sonrió Rose mirando a su marido.—Es una lástima que no venga el padre de Daniel. Me habéis hablado de él tan bien que me entran ganas de conocerle.

Daniel y su padre pasarían juntos la Semana Santa, en Londres. Habíamos hecho coincidir nuestra luna de miel con esa semana después de que Charles nos hablara de la posibilidad de estar con su hijo durante esos días y de que Danny reaccionara con gran alegría cuando yo se lo propuse.

Desde nuestra primera cita en octubre nos habíamos visto en cuatro ocasiones, la más larga de ellas en las fiestas navideñas, pero no habían tenido ocasión para estar ellos solos más de unas pocas horas. Para mí era emocionante ver cómo Daniel y su padre cada vez se despedían con mayor tristeza, y eso me provocaba la habitual sensación agridulce, aunque cada vez era mayor la parte dulce que la otra. Además, Edward y yo teníamos muy claro que nuestro siguiente destino tras el viaje sería Londres. Tanto que acabábamos de alquilar una bonita casa en las afueras de la ciudad, y en cuanto estuviéramos instalados empezaríamos a buscar trabajo, porque del colegio de Danny ya se había encargado su padre. De momento podíamos tener una especie de custodia compartida con Charles, con vistas a que, poco a poco, Daniel viviera siempre con su padre.

Pero no era algo que fuera a suceder en poco tiempo, y me consolaba saber que podría seguir disfrutando del pequeño durante unos pocos años más.


Bien, chicas. Como información extra os diré que en el Hospital General de Massachusetts no hay pediatría, y que lo de los análisis de sífilis y demás es cierto.

Sé que los vampiros egipcios y los irlandeses no eran vegetarianos (por lo que recuerdo) pero bueno... lo he cambiado porque me ha dado la gana, no tiene mayor importancia.

Espero no decepcionaros con el siguiente. Muchos besos y gracias por seguir ahí. Hasta el sábado que viene.