DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a knicnort3. Yo solo me adjudico la traducción.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)

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Capítulo 17: Brújula moral

Después de enviarle el correo a mi profesora, planeé ir directo a la cama e intentar al menos dormir unas cuantas horas, pero me sorprendí cuando rápidamente recibí una respuesta.

A esa hora, ciertamente no estaba esperando nada hasta la mañana como pronto, o incluso más tarde en la semana, pero el email de mi profesora era más que un poco reconfortante. Básicamente expresaba su interés por apoyarnos en cualquier forma que pudiera hacerlo y preguntó si estaba interesado en conocerla en persona. Al ser un curso en línea, los estudiantes estaban localizados en todas partes del país, pero coincidentemente, mi profesora estaba en Seattle. Su cercanía, y voluntad para ayudar, me dieron una sensación de alivio que ni siquiera sabía que necesitaba. Le agradecí por su pronta respuesta y le dije que le escribiría de vuelta acerca de nuestro encuentro.

Solo tener ese confort y rayo de esperanza sabiendo que una profesional podría ser capaz de ayudarnos, era increíble, y finalmente fui capaz de ir a la cama y dormir por el resto de la noche.

Cuando desperté a la mañana siguiente, me sorprendió ver que ya eran casi las once. Era algo bueno que tuviera el día libre del trabajo, o si no estaría en serios problemas.

Pero a pesar del nuevo día y sentirme refrescado y listo para empezar a planear con mi profesora, unas cuantas preocupaciones de la noche aún estaban ahí y ocuparon mi mente.

—Más vale que se haya hecho cargo de esa chica para ahora —murmuré para mí mientras me vestía y salía de mi habitación, solo para encontrar el apartamento vacío.

—Genial. Jodidamente genial —dije irritado. Quería que Rosalie se deshiciera de la mujer, no que desapareciera con el cuerpo de mi novia de nuevo.

Y luego, como el idiota que frecuentemente era, me di cuenta de que era sábado. Quizá yo tuviera el día libre, pero Bella siempre abría la tienda los sábados, y Rose era un álter ego que cumplía con las obligaciones en ese sentido.

Terminé de arreglarme por el día, y me dirigí hacia la librería. Afortunadamente, su auto estaba justo donde pertenecía en el estacionamiento.

Realmente no quería conversar con Rosalie por el momento, pero en la muy lejana posibilidad de que finalmente hubiera dejado a alguien más tomar el control, entré con muchas dudas.

Miró hacia arriba cuando crucé la puerta, pero estaba con un cliente, así que me quedé atrás y me ocupé en ver las novelas más cercanas a mí. Ocasionalmente, la veía y atrapaba su mirada. Ella me sonreía, pero rápidamente se volvía a enfocar en la persona frente a ella. Incluso a la distancia, podía ver que estaba absolutamente arreglada. Maquillaje perfecto, sin un cabello fuera de su lugar. Muy diferente de Rosalie, así que no podía ser más feliz en ese momento. Demonios, sus sonrisas coquetas eran suficiente para saber que no era la mega-perra, así que sabía que mi día no sería tan de mierda como mi noche lo fue.

Cuando el cliente finalmente se fue, me acerqué a ella con una sonrisa, y su actitud cambió por completo.

—Hola —murmuró con timidez mientras retorcía su cabello entre sus dedos y movía su cuerpo ansiosamente de atrás para adelante.

Mi sonrisa creció una vez que me di cuenta de quién era. Por supuesto, como siempre, hubiera preferido que Bella estuviera aquí, pero si no podía hacerlo, ya era hora de que dejaran que Tanya tuviera su turno en la luz.

—Hola, es bueno verte de nuevo —le dije gentilmente.

—Es bueno verte en cualquier momento —contestó de forma coqueta—. Quiero decir, eres algo muy lindo que mirar… me refiero a que, eres una linda persona. Espera… —pausó mientras trataba de descifrar en su propia mente lo que quería decir.

—¿Cómo va tu día hasta ahora? —pregunté, tratando de salvarla de esforzarse demasiado. La pobre chica era tan torpe, pero muy dulce, y estaba emocionado de hablar con ella de nuevo después de tanto tiempo.

—Bien. Rosalie dijo que podía salir por un rato dado que los sábados son usualmente lentos —me dijo con emoción contenida—. No estoy segura si eso es algo bueno o no. Oye, ¿realmente me quedaré en tu apartamento esta noche? Usualmente hacen que regrese a la casa de Charlie, pero Rose no dijo que tenía que hacerlo esta vez.

—Uh, sí, puedes venir a casa. Es tu casa tanto como es de las otras —le aseguré.

Momentáneamente pareció perderse en mis palabras mientras sus ojos se desenfocaban y solo me miraban. Pensé que quizá estaba siendo jalada de vuelta a la sala de cine, pero luego murmuró.

—Dios, eres tan hermoso.

—Uh —me reí incómodamente.

—Santa mierda, ¿dije eso en voz alta? —se preguntó, ligeramente mortificada.

—Sí, y bueno… uh, ¿qué quieres hacer esta noche después del trabajo? —pregunté, esperando aliviar su vergüenza.

—¿A qué te refieres? ¿Sexo?

Su pregunta inesperada casi hizo que me ahogara con mi propia saliva.

—No, uh… como, por diversión —aclaré—. Sé que usualmente tú no tienes mucho tiempo afuera, así que supuse que sería una buena oportunidad de salir y hacer algo.

—¿Como qué?

Me encogí de hombros.

—No lo sé. Lo que sea. Podemos ir al cine, a la playa, comer en un restaurante. Lo que sea que te guste hacer.

—No sé exactamente qué me gusta hacer. Nunca he tenido mucha oportunidad de hacer algo. Todas esas cosas suenan divertidas para mí, así que estoy dispuesta a hacer lo que sea que tú quieras.

—Um, de acuerdo. Lo pensaré por un rato y planearé algo para que hagamos. ¿Estás bien sola aquí por un rato? Tengo que hacer unas cosas esta tarde, y luego te encontraré de vuelta en el apartamento. ¿Sabes cómo llegar ahí?

Su sonrisa iluminó todo su rostro, y asintió.

—Sé en dónde es. Estoy tan emocionada —dijo con entusiasmo.

Le sonreí de nuevo.

—También yo. Ahora, no dejes que las otras te lleven de vuelta antes de eso. Te mereces un poco de diversión, también.

—No lo haré. Estaré ahí —me aseguró.

—Bien, te veré en un rato. —Me incliné y la besé en la mejilla y ella casi explotó de aturdimiento.

—¡No puedo esperar! —chilló.

Le di otra sonrisa de despedida, y luego salí. No estaba seguro de qué hacer con ella, así que decidí visitar a Charlie en la estación.

—Guau, te tienen haciendo trabajo de escritorio, ¿eh? —bromeé mientras entraba a su oficina—. ¿Qué hiciste para merecer este tipo de castigo?

—Solo los peligros del oficio, me temo —contestó con una sonrisa—. ¿Cómo va todo? —preguntó, pero luego se puso serio—. Espera, ¿estás aquí para decirme que has tenido suficiente?

—No, nada parecido —dije rápidamente—. En realidad es casi lo opuesto. Las cosas con Bella van bien… tan bien como pueden ir dada la situación. Incluso Rosalie ha accedido a una tregua. Bueno, ya lo había hecho y no duró nada, así que no espero mucho.

—Rosalie es… alguien difícil. Todas tienen que echársele encima para mantenerla bajo un tipo de control.

—Sí, comienzo a entender eso —respondí—. Escucha, saldré con Tanya esta noche. ¿Tienes ideas acerca de lo que le pueda gustar?

Lo consideró por un momento.

—Bueno, cielos, no lo sé. ¿Qué les gusta a las adolescentes? En mis tiempos íbamos al boliche o bebíamos detrás del autocinema.

—Sí, yo tampoco estoy seguro. Supongo que lo pensaré por un rato.

Iba a despedirme e irme, pero luego mi mente viajó hacia el email que le envié a mi profesora y algo se me ocurrió de repente.

—Oye-uh, Charlie, me estaba preguntando acerca de la terapia de Bella.

—¿Su terapia? —preguntó, claramente sorprendido por el tema.

—Sí. Es decir, ella mencionó psicólogos en el pasado, y siempre asumí que estaba bajo la vigilancia de un equipo de doctores, excepto… hasta ahora me doy cuenta de que nunca la he visto ir a ninguna cita.

—¿Le preguntaste al respecto? —cuestionó, pero el tono de su voz de repente se volvió tenso y dudoso.

—No exactamente. No llevamos mucho tiempo viviendo juntos, y en ese tiempo ella ha estado ausente la mayor parte. Cuando Bella está en control y bien, yo solo… no lo sé, supongo que realmente no pienso en eso porque solo estoy agradecido de que esté aquí.

—Supongo que puedo entender eso. Mira, realmente deberías hablar con Bella acerca de eso, pero tienes razón, ella se ha estado dividiendo mucho últimamente y creo que una conversación estresante solo lo empeoraría.

—¿Por qué sería una conversación estresante? —pregunté, ligeramente confundido.

—Bella no ha tenido la mejor de las suertes con los psicólogos en el pasado. Hasta que cumplió dieciocho, la tenía bajo un estricto régimen psicológico, dos veces a la semana. No hay grandes doctores por aquí, así que ella se comunicaba con ellos vía telefónica, y luego dos veces al mes la llevaba a la ciudad para que se viera con ellos en persona.

—Bien —dije lentamente, preguntándome a dónde iba con esto—. Y, ¿qué cambió?

—Cada doctor que veía o la quería ahogar en drogas, o querían que fuera el tema de su siguiente libro. No la veían como una paciente que necesitaba ayuda, la veían como una anomalía que querían usar para empujar sus carreras. Doctor tras doctor, solo querían explotarla. Y aquellos que querían medicarla eran los peores. Intentamos con cada tipo de medicación para ver si podían hacer que las apariciones de sus álter egos fueran menos frecuentes. Nada funcionaba. De hecho, cuando Bella estaba drogada, usualmente se ponía demasiado loca para funcionar con normalidad, o se perdía en las profundidades de su mente y Rosalie terminaba tomando el control todo el tiempo. Ella era la única suficientemente fuerte para luchar a través de la niebla de las drogas.

—Suena como si no hubieran encontrado la medicación correcta —dije, tratando de pensar con mi formación de doctor.

—Eso es porque no hay medicación para el TID. No hay cura. Trataron de usar lo mismo que usan para la gente con esquizofrenia. Eso no funcionó. Trataron con antidepresivos. Nope. Trataron de darle lo que sea que les dan a las personas con bipolaridad. Lo hizo peor. Incluso intentaron con cannabis pensando que ayudaría con su estrés, que se dieron cuenta de que era uno de sus mayores detonantes para que se dividiera. No funcionó. Nada de eso funcionó, y ella pasaba la mayor parte del tiempo sufriendo los efectos secundarios de las drogas, y el resto de su tiempo sufriendo los problemas que trae el deshacerse de las drogas.

—Entonces, se rindió —dije en entendimiento—. Pero ¿por qué al menos no está viendo a un terapeuta?

—¿Qué es lo que hará un terapeuta? ¿Escuchar sus problemas? La verdad es que, cuando Bella está en control está más que nada feliz. Dado que no recuerda lo que pasa cuando sus álter egos salen, realmente no tiene mucho que discutir con un terapeuta.

—Podría discutir lo que sea que causa su estrés, que es, como lo dijiste, uno de sus más grandes detonadores.

—Oh, vamos, todo mundo tiene estrés. Es imposible eliminar todo el estrés en su vida, y ella no quiere hacerlo, de todas formas. Me dijo una vez que los problemas de la vida son lo que la hacen sentir viva.

—¿Qué tan viva puede sentirse mientras está encerrada en una habitación oscura de su mente? —contesté—. ¿Qué hay de la integración? —pregunté entonces. Incluso sin estudiar el TID en mi curso en línea, sabía que la integración era la única cura real para el TID… o al menos, pensé que lo sabía.

—La integración es como un cuento de hadas —dijo con un toque de frustración—. En todos los casos que se han reportado del TID, muy pocos lo han logrado, e incluso los que lo han hecho, dicen que aún escuchan voces en su cabeza. Voces que no eran exactamente las suyas. El TID es un trastorno extremadamente complejo, porque su cerebro es el órgano más complejo en nuestro cuerpo. Doctores y científicos solo no conocen lo suficiente al respecto. Así que, en lugar de luchar contra él sin mucha esperanza de alguna vez ver una diferencia, Bella ha decidido solo vivir con él de la mejor manera que pueda. Esto será una lucha de por vida para ella, y tiene cosas más importantes que hacer que perder su tiempo siendo constantemente drogada y yendo a terapias que no hacen nada.

Suspiré.

—Ya veo.

Mi mente viajó al entusiasmo del email de mi profesora, y no pude evitar pensar que quizá había nuevos tratamientos que Charlie y Bella no conocían dado que había pasado un tiempo desde que ella había buscado ayuda.

—Charlie, ¿cómo crees que Bella se sienta acerca de que vea a alguien? —pregunté con duda.

—Ugh, no sé qué clase de arreglo tengan, pero supongo que si Alice y Rose tienen otras citas, entonces…

—No, no me refiero a citas. ¿Cómo crees que se sienta acerca de que me encuentre con una psicóloga? Solo para que me ayude a comprender mejor su trastorno y la mejor forma de sobrellevarlo.

—Oh, bueno… no estoy seguro. Quizá la estrese dada toda la mierda que ha vivido.

—Eso es lo que me preocupa.

—Pero, hijo, tienes que hacer lo que es mejor para ti. Lo que necesites para ayudarte a sacar lo mejor de esta situación es lo correcto. Si sientes la necesidad de hablar con alguien acerca del TID, entonces debes hacerlo. Solo quizá espera a que Bella esté en un estado realmente calmado y relajado, antes de que se lo menciones, y deberías estar bien.

—¿Realmente le molestará? —pregunté preocupado—. No quiero ir a sus espaldas o hacer algo que tenga un impacto negativo en ella.

—Nah, ella lo entenderá… eso espero.

Su falta de confianza definitivamente me hizo pausar, así que decidí esperar a hablar primero con Bella antes de reunirme con mi profesora en persona.

Por supuesto, la cita de esa tarde con Tanya hizo que dudara de mi decisión de esperar…

—Me alegra tanto que te quedaras lo suficiente para salir esta noche —le dije mientras nos llevaba a nuestro destino.

—¡También yo! Será increíble y un sueño hecho realidad —contestó emocionada.

Estaba notablemente nerviosa, pero también muy entusiasmada. Incluso sin quitar mi vista del camino, podía verla mirarme como un cachorrito enamorado. Cada vez que hablaba, soltaba unas risitas coquetas, y cada vez que realmente me giraba para mirarla, sonreía y parpadeaba de forma casi caricaturesca. Con la mentalidad de una chica de diecisiete años, su nivel de madurez variaba de infantil a la de una adulta joven, pero era tan ignorante y sin experiencia en la mayoría de las cosas que usualmente iba hacia el lado infantil del espectro.

—¿Alguna vez has ido al minigolf antes? —le pregunté, tratando de fomentar la conversación para que no estuviera mirándome incómodamente todo el tiempo.

—No sé lo que es el minigolf, pero si te gusta, ¡estoy segura de que me encantará! —dijo sin dudar—. ¿Quieres tomar mi mano?

—Um… seguro —concedí, antes de estirarme por encima de la consola para entrelazar mis dedos con los de ella. Su sonrisa, de alguna forma, se ensanchó más.

Había decidido llevarla al minigolf y luego a un local de pizza para cenar. Al ser Tanya una adolescente, supuse que era nuestra mejor opción en un sitio con opciones limitadas. Sin embargo, el hecho de que ella no tenía idea de lo que era el minigolf, rápidamente se volvió dolorosamente aparente.

—¡Ups! —gritó mientras la pelota salía volando hacia el cielo a pesar de que el hoyo estaba a unos cuantos metros de ella—. Eso fue malo, ¿cierto?

—Uh… —Traté de ver hacia dónde se había ido su pelota, pero la perdí en las luces. Al menos no escuchamos a nadie gritar—. No, está bien.

—No, no lo está. ¡Soy tan estúpida! —Hizo un puchero—. Nunca hago nada bien. Esto es por lo que no me dejan salir mucho.

—Tanya, está bien —traté de calmarla—. Solo la golpeaste muy fuerte. Ven, déjame ayudarte.

Dejé caer mi pelota frente a ella, luego me puse detrás de ella y guie sus manos en la dirección correcta. Muy gentilmente, moví el palo de golf por los dos, y solo así, la pelota fue directo al hoyo.

—¿Lo ves? —dije mientras retrocedía para poder ver su rostro.

—¡Lo hice! —exclamó, antes de prácticamente saltar hacia mí y aferrarse a mi pecho.

Envolví mis brazos a su alrededor y la sostuve con fuerza mientras besaba su cabello. Dios, extrañaba a Bella. Había pasado demasiado tiempo y sostener su cuerpo sin ella ahí solo me hacía extrañarla más.

Después de eso, la emoción de Tanya regresó al mil. Estaba emocionada por cada pequeña cosa que hacíamos. Los go-karts, la pizza; incluso el camino de vuelta a casa al final de la cita la tenía saltando en sus asiento.

Cuando volvimos a nuestro apartamento, sin embargo, la diversión terminó abruptamente.

—¿Tendremos sexo ahora? —preguntó; su tono era entre nervioso y emocionado.

Antes de siquiera tener oportunidad de comprender la situación, ella estaba sobre mí. Sus labios sobre los míos y sus manos automáticamente fueron a mis pantalones.

—Espera —dije contra sus labios mientras alejaba sus manos, pero ella se rehusaba a ceder. Su boca viajó hacia mi cuello y movió sus manos hacia su propia ropa, que comenzó a desabrochar—. Por favor deja de intentar quitarte la ropa —casi rogué.

Finalmente se separó, pero cuando lo hizo, una mirada de puro dolor plagaba su rostro.

—Cariño, lo siento, yo solo…

—No, está bien. No me quieres. Lo entiendo —murmuró antes de correr hacia la habitación de invitados y encerrarse adentro.

—Mierda —dije entre dientes.

Tenía diecisiete años, por Dios, ¿qué demonios se suponía que hiciera?

Fui a la cama esa noche sintiéndome como una mierda, y por supuesto, comencé a obsesionarme…

¿Hice lo correcto?

Mentalmente era una virgen de diecisiete años, pero su cuerpo no lo era, y ese cuerpo ciertamente no era virgen.

Pero también, muchos adolescentes de diecisiete años tenían sexo.

¿Sería malo de mi parte dormir con ella?

Alice dijo que trató de hacer que se acostara un par de veces; al menos yo no era un extraño que la asustó…

Mi cerebro estaba enloqueciendo con pensamientos y preguntas sin respuestas. Honestamente no sabía qué era lo correcto e incorrecto, y mi brújula moral giraba en todas las direcciones. No sabía qué hacer, y estaba aterrado de hacer lo incorrecto. Así que, decidí volver a mi laptop e intentar investigar un poco más acerca del tema.

Después de buscar en internet por más de dos horas y no encontrar nada, tomé la decisión de enviarle nuevamente un email a mi profesora. Lo último que quería hacer era entristecer a Bella, pero no veía esto como yo contactando a la doctora a sus espaldas de la forma en la que parecía. Necesitaba la ayuda para mí, y solo esperaba que ella lo entendiera.

Eventualmente me las arreglé para dormir, pero no pasó mucho tiempo antes de que fuera despertado por una mujer demasiado caliente que no iba a dejar que le dijera que no.

Estaba semi desnudo antes de siquiera estar lo suficientemente alerta para darme cuenta de lo que estaba pasando. Puede ser que me asustara un poco, pero rápidamente ella calmó todas mis preocupaciones.

—Relájate, Concha, solo soy yo —dijo confiadamente—. Hiciste que la pobrecita Tanya regresara corriendo y llorando a la sala de cine —añadió antes de hacer un ruido de desaprobación con la lengua—. Le dije, a veces los hombres necesitan un poco más de experiencia para satisfacer sus necesidades.

Me tomó entre sus manos e inmediatamente se puso a trabajar. Se rehusó a que mi somnoliento estado y falta de deseo la detuvieran. No hace falta decir, no tomó mucho tiempo para que mi cuerpo alcanzara al suyo. En el momento en el que estuve listo, se subió encima de mí y me folló como si no hubiera mañana y, supongo que para ella, no había.

Después, se quedó dormida en mis brazos, y cuando sus ojos se abrieron de nuevo, estaba plácidamente sorprendido, aliviado y demasiado feliz de ver a Bella mirarme de vuelta.

¡Finalmente!


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