19

De madrugada, Atsui y Aoi saquearon la cocina. No quedó ni una pieza de fruta, ni un trozo de carne, ni un solo bocado sabroso.

—¡Dios santo, me siento como si no hubiera comido nada sólido desde hace semanas!

—Pues cerca hemos estado, maldita sea. Porque el pan y el caldo no cuentan como comida de verdad. —Aoi arrancó con los dientes un trozo de jamón ahumado—. Hasta ahora no había tenido hambre. ¡Ese condenado veneno me dejó tan malparado que temí no tener nunca más ganas de comer!

Atsui cogió una manzana y la mordió con fruición. Los platos estaban amontonados sin orden ni concierto. Las sirvientas se desmayarían cuando descubrieran que aquellos dos habían arramblado con toda la comida de la semana.

—Cazaremos y repondremos. —Atsui se sintió moderadamente culpable mientras recorría con la mirada la diezmada despensa—. ¿Te apetece cazar un poco, Aoi, amigo?

—Siempre y cuando la pieza lleve blusa —repuso el otro con un impetuoso suspiro— y responda al nombre de Temari.

—Pues siento desilusionarte —replicó Atsui con tono mordaz—. Quizá no te has dado cuenta, pero es evidente que Temari se muestra algo tendre hacia mí. Si yo no hubiera caído enfermo en Durrkesh, le habría propuesto matrimonio y ahora estaríamos comprometidos.

Aoi tomó un largo trago de whisky y dejó la botella en la encimera con un ruido sordo.

—De Moncreiffe, realmente eres duro de mollera.

—¿Acaso crees que eres tú el elegido? —Atsui puso los ojos en blanco.

—Desde luego que no. Es ese cabrón de Uzumaki. Siempre lo ha sido, desde que llegamos aquí. —La sombría expresión de Aoi era inquietante—. Y después de lo que pasó hace dos noches...

Atsui se puso rígido.

—¿Qué pasó hace dos noches?

Aoi tomó otro trago, chasqueó la lengua y rumió en silencio durante unos instantes.

—Atsui, ¿te has dado cuenta de que la mesa larga del Gran Salón no está?

—Pues ahora que lo dices, sí. ¿Qué ha sucedido?

—He visto pedazos de la misma detrás del cobertizo. Se partió por el centro y quedó hecha añicos.

Atsui no dijo nada. Sabía que sólo un hombre podía destrozar con las manos una mesa tan maciza.

—Ayer me encontré a las criadas recogiendo comida del suelo. Uno de los candelabros estaba empotrado en la pared. Hace dos noches, allí hubo una pelea de mil demonios. Pero nadie ha dicho una palabra sobre el asunto, ¿verdad?

—¿Qué insinúas, Rokushō? —preguntó Atsui torciendo el gesto.

—Sólo que las únicas dos personas que hace dos noches se encontraban lo bastante bien para cenar allí eran Naruto y Temari. Evidentemente pelearon, pero hoy a Naruto no se le veía nada resentido. Y en cuanto a Temari, bueno, era toda sonrisas y buen humor. Podríamos hacer una pequeña prueba práctica. ¿Por qué no vamos a despertar a Naruto ahora mismo y hablamos de esto con él? Si no está ocupado en otra cosa, claro.

—Si estás dando a entender que Temari podría estar en los aposentos de Naruto, es que eres un estúpido canalla y te retaré por ello —espetó Atsui—. Tal vez en el salón hubo una pelea entre los dos, pero te aseguro que Naruto es demasiado honorable para seducir a Temari. Además, ni siquiera logra decirle una palabra cortés. Seguro que no puede ser amable con ella el tiempo suficiente para seducirla.

—¿No te parece curioso que, precisamente cuando parecía que estabas haciendo progresos con Temari, tú y yo somos envenenados y quedamos fuera de circulación y él no? —dijo Aoi—. Me parece algo sospechosamente oportuno. Es muy extraño que él no enfermara también.

— Naruto no tomó veneno.

—Quizá porque sabía de antemano dónde estaba —replicó Aoi.

—¡Ya basta, Rokushō! Una cosa es acusarle de desear a Temari. Diablos, todos la deseamos. Y otra completamente distinta es acusarle de intentar matarnos. No sabes nada de Naruto Uzumaki.

—Quizás eres tú quien no le conoce. Tal vez Naruto Uzumaki finge ser algo que no es. Por lo pronto, tengo intención de despertarle ahora mismo y averiguarlo. —Aoi salió de la estancia a grandes pasos, mascullando entre dientes.

Atsui corrió tras él.

—Rokushō, no seas impaciente, espera...

—¡No! Tú estás demasiado convencido de su inocencia, ¡pero yo exigiré que la demuestre! —Subió de tres en tres los escalones que conducían al ala oeste, y para mantener el paso Atsui tuvo que trotar.

Mientras Aoi aceleraba por el largo pasillo, Atsui lo adelantó e intentó contenerle con una mano en el hombro, pero Aoi se la sacudió.

—Si estás tan convencido de que no lo haría, ¿de qué tienes miedo, De Moncreiffe? Despertémosle.

—Estás ofuscado, Aoi... —Se interrumpió bruscamente cuando se abrió la puerta de los aposentos de Naruto.

Al ver salir a Temari al pasillo, los ojos de ambos se abrieron incrédulos de par en par. Desde luego, nada justificaba que Temari saliese de las habitaciones de Naruto a esa temprana hora, sólo lo que apuntaba Aoi: era la amante de Naruto.

Atsui se escondió al instante, tirando de Aoi hacia el hueco en sombras de una puerta.

Temari iba despeinada y vestía sólo una prenda de lana sobre los hombros. Había pocas dudas de que no llevaba nada debajo.

—Por los huevos de Odín —susurró Atsui.

Aoi esbozó una sonrisa burlona mientras ambos permanecían al acecho.

—El honorable Naruto no, ¿eh, Atsui?

—Qué hijo de puta... —La mirada de Atsui se entretuvo en las dulces curvas de Temari mientras ésta desaparecía por el pasillo. Los primeros rayos del amanecer que entraban por las altas ventanas colorearon los ojos de Atsui con un extraño fulgor carmesí.

—El mejor amigo, ¿eh, De Moncreiffe? Él sabía que tú la deseabas. Ni siquiera le propone matrimonio. La toma por las buenas.

—Antes tendrá que pasar por encima de mi cadáver —juró Atsui.

—Su padre mandó llamar a tres hombres para que ella eligiera esposo. ¿Y qué hace él? Tú y yo haríamos lo que es honorable, casarnos con ella, darle un nombre, hijos y una vida respetable. Uzumaki la monta y después se va como si tal cosa, ya me entiendes. No tiene ninguna intención de casarse con ella. Si tuviera intenciones honorables, nos la habría dejado a ti o a mí, hombres que obrarían bien con ella. No le conoces tanto como crees, te lo aseguro.

Atsui frunció el entrecejo y se marchó indignado, hablando entre dientes.

Temari pasó el día montada en una nube de felicidad. El único momento desagradable fue cuando se encontró con Atsui a la hora de desayunar. Él se mostró distante y reservado, muy distinto que de costumbre. La miraba de manera extraña, nervioso, jugueteando con su desayuno, y finalmente se fue, serio y en silencio.

En una o dos ocasiones se rozó con Aoi, que también se comportaba de forma rara. Temari no le dio demasiadas vueltas; seguramente ambos estaban sufriendo aún las secuelas del veneno. Con el tiempo se recuperarían.

Pensaba que el mundo era un lugar maravilloso. Incluso se mostraba magnánima con su padre por haberle devuelto su verdadero amor: en un arranque de generosidad, llegó a la conclusión de que era más juicioso de lo que ella creía. Se casaría con Naruto Uzumaki y su vida sería perfecta.