Capítulo XVII
Mentí… - dije eso para que el Dr. Lenard dejara a Albert quedarse en el hospital, pero después, la prensa se enteró de todo y se fueron complicando las cosas – explicó ella tratando de no ser orgullosa por su mal hazaña.
Entonces ¿el joven Grandchester, si es su novio? – cuestionó George risueño ante el notable sonrojo de la rubia.
Sí, pero ahora tengo ese otro problema y luego Albert, que me reclama, otro problema, ¿qué voy hacer? – respondió ella dejándose caer sobre el barandal que estaba a sus espaldas.
A decir verdad… - George estaba por decir algo cuando se interrumpió.
¡No puedo! – exclamó ella.
¿Por qué? ¡Nadie sufrirá! – rebatió el castaño, no debía de tener miedo.
Sólo yo sufriré por mis arrebatos, si el Dr. Lenard me descubre, puedo perder mi trabajo, él no lo entenderá – explicó Candy mortificada.
¿Está segura? – quiso saber el castaño.
¡Sí, mentir en la hoja de ingreso es una cosa, mentir por ayudar a un amigo diciendo que estábamos casados, es otra cosa! Fue lo único que se me ocurrió, George, no pensé que daría tantos problemas – explicó lacónicamente la rubia.
Ya veo, bueno tengo con que entretener a la señora Elroy. Lo difícil será decírselo a Albert, pero veo que eso no le preocupa demasiado – le informó George.
Pienso en Terry… ¿cómo desearía que estuviera aquí? Para poder explicarle – susurró, riendo medio triste.
Bueno, será mejor que vayamos a descansar, buenas noches señorita – el castaño ya no sabe que más decir y decide ir a descansar para dejar a Candy sola con sus pensamientos.
Buenas noches George y gracias, en un momento entro – respondió Candy somnolienta, por lo que cerró los ojos.
¡Aquí estoy Tarzán Pecoso, háblame! – susurró una voz conocida para ella.
¡Terry! ¿Qué haces aquí? – cuestionó la rubia sorprendida.
Subí en la estación, tenía que hablar contigo – respondió
Yo… ¡oh Terry! ¡Es mentira! ¡Es una mentira! ¡Era para salvarlo, tenía que ayudarlo! – respondió Candy levantándose y dando de vueltas, exasperada.
¿A quién? – cuestionó el castaño sin entenderle nada.
Albert, él me ha ayudado desde pequeña, tú sabes… sabes que ¡no puedo decirle que no! – volvió a exclamar fuertemente.
Entonces, ¡todo esto fue actuado! – gritó Terry, riéndose por su torpeza.
No…sí, en parte sí, fue actuado, tenía que hacerlo o lo echarían del hospital – respondió ella temerosa.
¡Oh pecosa entrometida! – la llamó así, abrazándola.
¿Estás enojado? – preguntó Candy
Molesto ahora que lo sé, estaba celoso, entonces ¿me amas? – le preguntó él sin recato alguno.
¡Sí, si te amo Terry! – se lo dijo, al final se lo dijo, echándose a sus brazos.
¡Ven aquí Pecas…! ¡También te amo…! ¡Mañana mismo regresaremos…! – anunció Terry, entusiasmado.
No…no puedo – refirió la rubia.
¿Por qué no? – cuestionó enfadado.
Si me regreso a Chicago y se enteran de que todo fue una farsa, me echarán del hospital – explicó lo mismo que a George.
¡No te quedarás aquí! – Terry elevó el tono de voz.
¡Sí, sí lo haré! – resolvió Candy, ni él ni Albert la harían desistir.
Pero entiéndeme a mí, ¿en qué papel quedo? ¡Albert ya ha intentado besarte una vez! – ahora era él quién se ponía en evidencia.
En ninguno, ¿me estuviste espiando? – exclamó la rubia enojada y mucho.
Pasaba por ahí… - sugirió Terry como si se tratara de cualquier cosa.
¡Ajá y el diablo que te lo crea! Sólo me falta que me digas que quieres casarte conmigo, sólo para asegurarte que no haré nada indebido!
Continuará…
