Capítulo XIX
Candy terminó por llorar, recargándose sobre la portezuela del barandal, después de tantas vicisitudes que habían sucedido, su organismo no pudo soportarlo más, delante de ella estaban los tres hombres, enfrente a George, a la izquierda Terry y a la derecha Albert; Candy cerró los ojos tratando de enfocarlos, pero una vez más le fue imposible, todo era tan lejano. Cuando Candy dio un paso hacia atrás, se apoyó irremediablemente en la baranda que sin seguridad se abrió de pronto y cayó hacia la obscuridad de la noche, con una velocidad de 80 km/h. Seis brazos y tres gritos se oyeron en medio del ruido de la noche…
¡Candy, cuidado! – gritó Albert, confundido por lo que acababa de pasar.
Candy, Candy…aprisa el freno de emergencia, acciónalo George – le pidió a George que lo hiciera.
¡Señorita Candy… señoritaaaa! – George sólo se quedó ahí, inmóvil. ¿Qué había pasado?
Candy había caído en la noche más aterradora para los tres, la habían perdido, mientras Terry jalaba la palanca de emergencia, en medio de gritos, susurros y notas de auxilio una vez que este se había detenido.
Habían pasado seis meses desde el accidente y una semana de haber llegado a la mansión de Lakewood estaba muy tranquila, inesperadamente un George abatido no salía de dos habitaciones, por la mañana una biblioteca y por la noche una habitación; Albert tampoco salía de una alejada habitación en el ala oeste de la misma; la servidumbre no servía ninguna comida en el comedor, subían el desayuno, la comida y la merienda a cada habitación, la que una vez había sido la casa más animosa de los Andley ahora era la más triste. Sorpresivamente un día de aquella desolada semana llegó Annie a la villa de los Britter y se dio cuenta de que la mansión de los Andley estaba siendo visitada.
Después de dejar sus valijas en su recámara y acomodarlo todo, se mudó el lindo vestido que traía puesto por un traje de montar, dirigiéndose a la mansión de los Andley, así es como se hubo enterado de esa noticia, tan preocupada estaba que decidió quedarse. Dos personas, dos enfermeras, un doctor y una mofeta, eran las que medio dormían, medio comían y medio se aseaban con tal de estar al lado del cuerpo de la rubia.
Era la hora del almuerzo, Annie había acabado con el baño de su amiga que era atendida por una enfermera, la veía de reojo de vez en cuando; leía, bordaba, tarareaba, pintaba y la rubia parecía estar mejor con el paso de los días y las semanas. Afuera era todo lo que ella hubiera deseado, las flores, la ventana abierta, los pájaros cantando; pero adentro era todo lo contrario, olía a tristeza, pesadumbre, lágrimas, silencio, situaciones lúgubres. Mientras Annie bordaba una mantita, todo a su alrededor era silencio.
George… - la rubia comenzaba a despertar.
¡Candy…Candy…! - Annie corrió hasta un lado de la cama y tocó una campanilla que daba a la biblioteca, donde a esa hora sabía que se encontraba George.
¡Eh! – el castaño se encontraba ahí, perdido en sus recuerdos, cuando de pronto la campanilla que venía de la habitación de Candy comenzó a sonar. No podía creerlo, se levantó rápido y salió de la biblioteca. ¡Mary, John arriba, deprisa! – ordenó a la servidumbre.
¡Vamos, es la señorita Candy! – apresuró Mary a John.
¿Qué pasa, señorita Brigther? – cuestionó George alterado.
¡Ha despertado, George! ¡Candy por fin despertó! – soltó ella llorando, había pasado una semana.
George – volvió a repetir Candy sin abrir los ojos.
¡Mary ve por el Dr. Russel! – ordenó el castaño sin salir de su asombro.
Candy, regrese, vuelva, despierte… - pidió el castaño al ver que ella luchaba por no caer en la inconsciencia.
¡Terry, basta! – susurró quedamente, apenas y se le entendía.
¡Candy, Candy…! - repitió la morena sollozando.
¡Apártense de la enferma, apártense! ¡Señorita, pídales que salgan de aquí! – apuró el Dr. Russel.
¡Noooo, no me moveré de aquí! ¡Candy, Candy tienes que despertar! – pedía
Annie, a lo lejos, ya que un preocupado novio había llegado hasta ellos.
¡Archie, déjame ir con ella! – le pidió dejándose caer en sus brazos ya que Archie la jaló para que el médico atendiera a Candy.
¡Calma, Annie! ¿Qué pasó?
Continuará…
