Furia
Esta historia no es mía; fue escrita por Laurann Dohner. Esta es una adaptación (sin fines de lucro) de su trabajo con personajes del anime/manga Fairy Tail, creados por Hiro Mashima. Hace unos años leí esta historia y la empecé a compartir con ustedes como un crossover entre Inuyasha (mi anime favorito) y Fairy Tail (mi segundo anime favorito), pero perdí el archivo en el que estaba trabajando y al final, decidí que sería mejor compartirla sólo con personajes de Fairy Tail.
Esta es la primera novela de una larga saga de libros (actualmente hay 15 y por lo que veo la autora seguirá escribiendo más), tengo que admitir que me he encariñado con la resiliencia de los personajes en estas historias, imaginarme a mis parejas favoritas de FT fue relativamente fácil.
Espero que disfruten la historia tanto como yo y si es así, los invito a leer la novela (Fury) en su idioma original, inglés, ya que tengo entendido que no se ha traducido de manera oficial al español.
***Advertencia***
El contenido de esta historia es fuerte, tiene escenas de sexo, violencia física, sexual y psicológica. Así que lean bajo su propio riesgo.
Resumen: Libro 1 de la serie Nuevas Especies.
Lucy se horroriza al descubrir que la compañía farmacéutica para la que trabaja está haciendo experimentos ilegales. Científicos de la compañía han mezclado ADN humano y animal, creando Nuevas Especies exóticas. Uno de esos 'experimentos' captura su corazón y ella hará cualquier cosa para salvarlo, incluso si él la odia por ello.
Natsu nunca había conocido compasión o amor. Ha pasado su vida en una celda, encadenado y abusado por humanos. La única mujer en la que se permitió confiar lo traicionó. Ahora es libre y quiere venganza. Promete acabar con su vida, pero cuando finalmente está en sus manos, hacerle daño es lo último que quiere hacerle a la pequeña humana sexy.
Natsu no puede resistirse a Lucy: el toque de sus manos, su boca en su piel, su cuerpo envuelto alrededor del suyo. Está obsesionado con el olor de su mujer. Y Lucy quiere a Natsu-siempre lo ha hecho. Ella anhela su cuerpo grande y poderoso y quiere sanar su corazón desolado.
Pero amar a Natsu es una cosa... domarlo es otra.
Prólogo
"Mierda," murmuró Lucy en voz baja mientras observaba al hombre encadenado a la pared de la habitación de al lado.
Cada vez que entraba en la sala de observación se deprimía, pero no podía evitar entrar en ella. Ella sabía que él no podía verla a través del cristal y sin embargo parecía que la miraba directamente. Su mirada bajo a su pecho desnudo, los músculos de su físico estaban muy bien definidos. Sus grandes bíceps estaban sujetos por cadenas y la rabia era evidente en su rostro, mientras luchaba contra ellas. Ella sentía simpatía y compasión por él. La agresividad que mostraba era normal ya que había sido despojado de su libertad y de su dignidad.
Su mano se levantó para tocar el marco de madera que rodeaba el cristal. Deseaba poder calmarlo y demostrarle que había alguien que se preocupaba por él. Pero lo que más deseaba, era sacarlo de la prisión infernal que lo contenía. Se merecía ser libre. Un movimiento en la esquina de la habitación desvió su atención lejos del hombre al que perseguía durante el día y que llenaba sus pensamientos de noche. El miedo hizo que su corazón se acelerase cuando un técnico entró en la habitación. Jacob Alter era uno de los monstruos más insensibles que trabajaba para Industrias Tártaros. Él realmente disfrutaba del dolor de las pruebas que ejercía sobre los sujetos de prueba.
Estaba segura de que esta vez le haría las pruebas con crueldad. Un mes antes, el hombre encadenado a la pared le había roto la nariz cuando Jacob se había acercado demasiado para realizarle una prueba en el codo.
Sabía que se lo había merecido. La contusión aún ensombrecía el rostro de Jacob mientras dirigía una sonrisa maligna hacia su víctima. Él planeaba ocasionarle mucho dolor con las pruebas.
"Hola 416." Jacob se rio y fue un sonido desagradable. "He oído que has cabreado al doctor Trent. Sabes lo que eso significa ¿verdad?" Jacob colocó una bolsa en la esquina de la mesa de examen. Lo hizo con un golpe fuerte. "Significa que tengo que hacerte algo que he deseado durante mucho tiempo. Hoy vas a sufrir." Miró hacia la cámara de seguridad de la esquina e hizo con su mano un corte en su garganta.
"Mierda, mierda, mierda," dijo Lucy en voz baja mientras el pánico se apoderaba de ella.
Había oído hablar de las torturas a las que sometían a los presos cuando realmente enfurecían a uno de los médicos. Jacob obviamente no quería que se grabara lo que había planeado para 416. Tenía que ser muy malo.
Jacob ladeó la cabeza y siguió mirando hacia la cámara, luego sonrió antes de volver a mirar hacia 416. "La cámara está apagada. No habrá ningún registro de esto. El doctor Trent no sabe qué vas a tener un horrible accidente, monstruo. No debiste meterte conmigo. Debiste pensar en lo que te pasaría. "El cogió la bolsa que había llevado a la habitación. "Nadie me rompe la nariz y sigue con vida. Sabía que sólo era cuestión de tiempo el que fueras castigado. Sólo espere mi momento." Sacó una jeringuilla. "¡Vas a morir hijo de puta!"
Esto no puede estar pasando, pensó Lucy. No había estado luchado continuamente en los dos últimos meses sólo para perderlo ahora. Ella había vivido con el temor constante de ser descubierta, pero 416 le había dado fuerzas para continuar. Por él, ella se había enfrentado a peligrosos riesgos con el fin de reunir las pruebas suficientes para liberarlo a él y a los otros prisioneros.
De hecho, ella medio esperaba que los guardias de seguridad vinieran por ella en cualquier momento. Estaba tan desesperada por recoger una prueba real de lo que ocurría en el centro de investigación que media hora antes había cometido una locura. Había robado la insignia de una médico para colarse en su oficina y descargar los archivos de su ordenador. Si la seguridad revisaba las cintas de vigilancia, estaría acabada. Ellos la detendrían inmediatamente y harían su destino tan sombrío como el de 416. Ambos estarían muertos al final del día.
Ella vaciló entre hacer algo increíblemente estúpido para intentar salvarlo o seguir las órdenes de su verdadero jefe de nunca interferir. Por fin había obtenido suficientes evidencias irrefutables para poder liberar a los sujetos de prueba. Tendría la oportunidad de enviar las pruebas al final de su turno si seguía con la cabeza baja, con la boca cerrada y no llamaba la atención de nadie. Esto significaba no hacer nada mientras Jacob asesinaba al hombre restringido en la pared. Su mirada se fijó en 416. De todos los presos, él era al que más quería liberar.
Desde que había sido trasladada a la zona de investigación de Industrias Tártaros, 416 había llenado sus noches. Se había convertido en la última imagen que veía antes de dormirse cada noche. A veces, era el principal protagonista de sus sueños.
Ya había tomado su decisión. No podía aceptar que eso sucediera porque le rompería el corazón. Ya que no podría vivir con ella misma si no intentaba salvarlo.
"No serás capaz de pelear conmigo esta vez. Estarás indefenso. Quiero que sepas que vas a morir." la voz de Jacob sonó dura. "Pero no antes de que te hiera animal."
Lucy se dio la vuelta desesperada por salvar a 416, aunque no tenía un plan en mente.
Ella huyó de la habitación y se obligó a frenarse cuando salió al pasillo, era consciente de las cámaras de seguridad ubicadas allí y se detuvo en la sala de suministros para agarrar un kit de pruebas. Levantaría sospechas si entraba en la celda sin una razón. Tiró la caja de plástico que envolvía el kit y trató de no parecer tan frenética como se sentía cuando entró en el pasillo otra vez. Sabía que tenía que apresurarse a la celda del 416 antes de que Jacob tuviera tiempo de hacerle algo horrible.
"Lucy."
Se quedó inmóvil con los ojos muy abiertos y luego se volvió lentamente. El Médico Eisenwald salió de una de las habitaciones de gráficos, era un hombre alto y pelirrojo. "¿Sí?"
"¿Conseguiste la muestra bucal de 321?"
"Lo hice." Se mantuvo tranquila a pesar de que quería girar y huir.
"Bien. ¿La dejarás en el laboratorio?"
"Por supuesto."
Alzó su mano libre para frotarse la parte posterior de su cuello. "Un día largo ¿verdad? ¿No estás ya deseando marcharte de fin de semana? Yo lo estoy."
Cierra la boca se ordenó en silencio, así podría irme. Ella se encogió de hombros. "Me gusta mi trabajo. Hablando de eso, tengo que tomar una muestra de sangre. Es una orden de stat."
"Si. Claro." paseó su mirada por su cuerpo. "¿Quieres ir a cenar conmigo mañana por la noche?"
Le sorprendió por un segundo que él le pidiera una cita. "Tengo novio" mintió fácilmente. La idea de salir con alguien que trabajara en Tártaros, le daba náuseas. "Pero gracias por preguntarme."
Su boca se tensó y la luz en sus ojos verdes se enfrió. "Ya veo. Bien. Me voy. Tengo que actualizar unos informes. "Él se encamino en la dirección opuesta y se alejó. "tengo demasiado papeleo" se quejó antes de desaparecer por una esquina.
Las cámaras están mirándome, se recordó Lucy mientras resistía el impulso de recorrer el pasillo a toda velocidad. Ella llego hasta la celda de 416 como si no estuviera preocupada. Al menos esperaba haber dado esa impresión.
Querido Dios, oró en silencio, que haya llegado a tiempo. Sus dedos temblaban mientras pulsaba el código digital en la puerta. Emitió un pitido cuando aceptó su cogido y las barras de acero que la bloqueaban, se deslizaron hacia un lado y la puerta se abrió. Entró en la habitación rápidamente.
Ella forzó una sonrisa que no sentía. "Estoy aquí para tomar una muestra de sangre."
La puerta se cerró automáticamente tras ella, las barras de acero volvieron a su lugar y un zumbido fuerte sonó para subrayar este hecho.
Su mirada se quedó fija en la escena que tenía delante, se quedó sin aliento ante el horror puro de lo que estaba presenciado.
416 no estaba encadenado a la pared. Estaba tirado boca abajo en el suelo duro y frío de concreto. Las cadenas ahora estaban fijas a sus muñecas, y estas habían sido bloqueadas en uno de los pasadores cementados en el suelo, tenía los brazos estirados por encima de su cabeza y las piernas encadenadas y abiertas. Jacob le había quitado los pantalones. Su ropa era solo un montón blanco en el suelo. Jacob estaba de rodillas entre las piernas obligadamente separadas de 416.
Tardó sólo unos segundos en darse cuenta de la horrible situación que había interrumpido. Jacob se sentó sobre los talones congelado, estaba sorprendido por su repentina aparición, pero él se recuperó lo más rápido de lo que ella pudo. Dejó caer lo que parecía ser una de las porras de los guardias en el suelo de hormigón y trató de levantarse. Tenía desabrochado su pantalón y maldiciendo, trató de cerrarlo.
Lucy le grito. "¡Eres un maldito cabrón enfermo!"
Ella actuó antes de pensarlo, agarró el estuche de plástico con tanta fuerza, que se lo clavo dolorosamente en la palma y lo golpeó con toda la fuerza que pudo reunir. Se lo estrelló contra la cara. Él se tambaleó hacia atrás y gritó, pero Lucy no se detuvo hasta que cayó en el suelo. Ella se sentó a horcajadas sobre él y con su cuerpo lo mantuvo abajo, cogió el estuche con ambas manos y lo golpeó en la cara con rabia. Él trató de cubrir su rostro, pero después de unos cuantos golpes las manos cayeron al suelo, inertes.
"Eres un monstruo," jadeó y lo golpeó otra vez. Cuando observo que su rostro estaba ensangrentado se detuvo, todo su cuerpo temblaba mientras miraba con horror al técnico. Su mirada se dirigió al kit y al ver las manchas de sangre lo dejó caer al suelo, en estado de shock se levantó de encima del hombre caído. Su pecho no se movía. "Oh Dios," jadeó. Alargó la mano hacia su garganta con un gemido desgarrado y buscó su pulso. Ella no pudo encontrarlo. "Oh Dios, Oh Dios, Oh Dios," estaba segura de que lo había matado.
Se dio la vuelta y miró fijamente a 416. Él la miró, sus ojos estaban abiertos y parpadeó, su mejilla estaba contra el suelo y había visto lo que había hecho. Le temblaron las manos y bajó la mirada hacia ellas.
Había matado a Jacob. Su mirada se desvió de nuevo al horrible monstruo al que había atacado en un ataque de pura rabia. Se lo merecía. Trató de calmar su pánico. Piensa. Van a venir a buscarlo. Ellos sabrán que lo maté. Me van a llevar a rastras, me torturarán para saber por qué intervine y me matarán. Las pruebas nunca llegarán a la policía.
¡Piensa Lucy, maldita sea! Miró a la cámara. Por lo general una luz roja parpadeaba pero ésta no lo hacía. La cámara no estaba prendida. El guardia había seguido las instrucciones de Jacob. Nadie más que 416 era testigo de lo que había pasado realmente. No tenía ni idea de cuánto tiempo las cámaras permanecerían apagadas, pero suponía que lo estarían hasta que Jacob les ordenase prenderlas de nuevo. Tragó saliva y se puso de rodillas. Toda su atención se centró en el hombre que la miraba con tanta atención y que estaba indefenso en el suelo.
"Vas a estar bien," le susurró.
Los sujetos eran peligrosos. Había sido advertida mil veces de que las cadenas podían romperse. Industrias Tártaros había alterado ilegalmente ADN humano con ADN animal para crear hombres más fuertes. Incluso su apariencia era distinta. Algunos de los asistentes y algunos médicos habían sido asesinados por aquellos que habían creado.
Esa noticia la motivo a investigar, pero luego, acabo odiando a todos los que trabajaron en los experimentos ilegales. Entró en Industrias Tártaros como una simple enfermera y se encontró con que la compañía era capaz de hacer cualquier cosa por conseguir un dólar.
Observó cautelosamente a 416 mientras dejaba vagar su mirada por encima de su cuerpo desnudo. Su espalda subía y bajaba con una respiración intermitente, pero no se movía. Se dio cuenta de que tenía una herida en su costado. Al tener los brazos estirados hacia arriba, pudo verla con claridad.
Lucy dudó. Podría matarla si él rompía una cadena. Pero por él valía la pena arriesgarse. Se lo repitió un par de veces mientras se acercaba. Ya había decidido poner su vida en peligro cuando aceptó trabajar para la policía y sabía que existía la posibilidad de que no consiguiera sobrevivir. Demasiadas barbaries se cometían en esta compañía que sólo se preocupaba por el dinero. Tenía que detenerlos.
"No voy a hacerte daño," le prometió. Su mano rozó su costado herido y se agitó con ira. Jacob le había clavado con fuerza una aguja y le hizo un orificio del tamaño de una moneda de diez centavos. Su mirada se dirigió a su cara. "¿Te ha drogado?"
El hombre no le respondió, pero ella no esperaba que lo hiciera. Ella sabía que podían hablar, había oído a algunos de ellos maldecir y amenazarla cuando les había sacado sangre, pero él nunca le había hablado. Las veces que había entrado en su celda, ni siquiera gruñía. Siempre se mantenía en silencio. De vez en cuando la olía, pero su mirada marrón siempre se quedaba fija en cada uno de sus movimientos. Ella volvió a tragar y cuando noto su piel caliente se dijo que tal vez estaba enfermo.
"Vas a estar bien. Está muerto y ya no podrá hacerte daño nunca más. "
Su mano se arrastró un poco más abajo. Hizo una mueca al ver lo que Jacob le había hecho. Su trasero estaba rojo por los golpes de la porra. Jacob había golpeado sus nalgas, muslos y la parte posterior de las piernas. Ella apretó los dientes. Ella no había llegado a tiempo para evitar este horror. La sangre cerca de su recto le afirmo lo que había supuesto. Lo que Jacob le había hecho.
Había utilizado la porra para violar analmente a 416. Llena de rabia le lanzo una mirada asesina al hombre muerto. Sus pantalones estaban abiertos y su pene flácido estaba cubierto con un condón. No vio sangre en él. Eso la alivió, al menos había llegado antes de que lo hubiera violado con su pene. Un gruñido salió de 416.
"Tranquilo," le susurro ella. "Estás sangrando. Déjame echarte un vistazo. Soy enfermera."
No se molestó en ponerse un par de guantes. No estaba segura de cuánto tiempo tenía. Con sólo una ligera vacilación levantó su pierna para tener una mejor vista y miró su trasero redondo. Sus manos lo tocaron suavemente, extendió las mejillas para poder comprobar los daños. "Estoy muy apenada por lo que te hizo. Parece que él…" Su voz se apagó. Decirle que Jacob no le había penetrado profundamente sonaba horrible. Esto no debería haberle ocurrido. "Vas a estar bien." Por lo menos físicamente, se corrigió. Sus manos soltaron su trasero.
Se movió de entre sus muslos para arrastrarse al lado de su cuerpo y se inclinó para examinarlo. Él la miró y vio la rabia en su mirada. Sus labios se abrieron y revelaron unos colmillos afilados. Él le gruñó un poco más fuerte que antes. Pero su cuerpo no se movió.
Querido Dios, tenía caninos. Podía verle los dientes muy de cerca. Eran iguales que los de un perro o un vampiro. Supuso que probablemente le habían inyectado ADN de una raza canina. Eso podría explicar el gruñido terrorífico que surgió desde el fondo de su garganta y que extrañamente se parecía al de un perro. Ella vaciló, tenía miedo de que la mordiera con esos dientes afilados si se acercaba demasiado.
"Tranquilo," le instó de nuevo. "No voy a hacerte daño." Le dijo mirándole a los ojos. Sus pupilas estaban inusualmente grandes y parecía un poco confundido. Jacob evidentemente lo había drogado, pero no tenía ni idea de lo que había utilizado.
El poderoso hombre tumbado en el suelo, no se podía mover. Pero estaba segura de que habría luchado cuando Jacob lo había asaltado. Ahora estaba dócilmente tumbado junto a ella, pero sus ojos eran vivaces y otro gruñido salió de sus labios ligeramente entreabiertos. Ella trató de no estremecerse ante la vista de sus colmillos afilados.
"¿Te hizo algo más? ¿Mencionó el medicamento que te dio?"
416 dejó de gruñir, pero no dijo nada. Se preguntaba si la droga era lo que estaba impidiéndole hablar. Sabía que tenía que revisarlo rápidamente y buscar la manera de salir de este lío. Las cámaras de seguridad la habrían grabado cuando entró en la habitación.
Abrió el pasador metálico cementado en el suelo para liberar las cadenas de los brazos que lo mantenían en el suelo y gruñó mientras empujaba al gran macho sobre su espalda. Era muy alto y tenía que pesar por lo menos doscientas sesenta libras o más. Ella trato de no mirar boquiabierta su ancho pecho o cualquier otra parte de su cuerpo desnudo.
Lucy notó que su piel estaba muy bronceada. Seguramente era su tono natural, pensó, ya que lo mantenían bajo tierra. El pelo rosado y el profundo color chocolate de sus ojos le decían que tenía que ser un nativo americano. Por supuesto, era más grande que cualquier nativo americano que había visto. Supuso que tendría ascendencia de un fortachón y también alto.
No era guapo en el sentido convencional, sus pómulos tan pronunciados le hacían parecer demasiado áspero. Algunos no le considerarían bien parecido, pero su belleza era exótica. Supuso que su estructura ósea era causada por la alteración genética que habían usado en él. Su mirada no era completamente humana. El odio en sus ojos y su mandíbula tensa, le daba un aspecto gruñón.
Le gruñó de nuevo en el momento en que se acercó más y la hizo detenerse, el corazón le latía con fuerza y el miedo la atravesó. Él la miró ásperamente proyectándole lo peligroso que podía ser.
Le molestaba encontrarlo en este momento extremadamente atractivo. Pero no podía negar que le atraía su cuerpo musculosamente masculino. Si él recuperaba el movimiento ella moriría. Lo sabía y aun así deseaba tener sus manos sobre él.
Ella miró al otro lado de la habitación y observo la pintura blanca en el suelo a lo largo de la habitación. El personal la llamaba la línea de la muerte. Las extremidades de todos los sujetos de pruebas eran encadenadas allí. A veces ellos eran lo suficientemente fuertes como para romper las cadenas. Pero no podían con cuatro a la vez.
Ahora estaba sentada en el interior de una habitación de la muerte, con un hombre enfurecido y cuyos dos enormes brazos estaban encadenados pero no estaban sujetos a nada.
Esa realidad la hizo querer arrastrarse lejos de él, pero resistió el impulso. Tenía que salvarlo. Si. Él necesitaba su ayuda. Haría lo que pudiera por él y oraría porque no entrara nadie. Ella sólo podía esperar que los fármacos no desaparecieran inmediatamente. Probablemente le rompería el cuello antes de que pudiera suplicar por su vida. Él odiaría a todos los que trabajaban en Tártaros y tenía una buena razón para hacerlo. Su mirada se posó en el cadáver de Jacob y con los dientes apretados se obligó a volver la mirada al 416.
Tenía marcas rojas en el estómago. Sus dedos trazaron la prueba de que Jacob le había golpeado allí. Ella palpó su caja torácica y comprobó que no tenía los huesos rotos. Su vientre tenía los músculos firmes, incluso eran duros mientras yacía laxo, pero no sintió nada que le pudiera sugerir que sufría una hemorragia interna. Trató de ser profesional, pero sus dedos se demoraron demasiado en sus músculos. El tocarle le afectaba como mujer y él era peligrosamente sexy.
Su mirada bajó a su área pélvica. Era incapaz de no mirar a este hombre que encontraba tan atractivo y jadeó.
Antes de pensarlo, se movió y agarro su verga que estaba un poco hinchada. Trató de ser cuidadosa. Jacob le había envuelto, unas cuantas veces, una gruesa goma alrededor del pene. Se las arregló para soltarla y la tiro tan pronto como se la quitó.
Masajeo suavemente la piel enrojecida antes de darse cuenta de lo inapropiado de su acción. Su mirada se quedó allí y se dio cuenta de que era impresionante. Al no llegarle la sangre, el eje se le había dilatado dolorosamente.
"Ese hijo de puta," murmuró y maldijo a Jacob por haberle hecho esa cosa tan horrible y cruel. Sus mejillas se calentaron cuando se dio cuenta de lo que había hecho.
Se avergonzó más cuando se dio cuenta de cómo su cuerpo había respondido al tocarlo. Ella había tocado su pene, aunque sólo fuera para eliminarle de la tortura.
416 gruñó. Su mirada se desvió hacia su cara. Él la miraba con ojos oscuros y furiosos y se dio cuenta de que aún le agarraba el pene, lo soltó rápidamente. "¡Lo siento! Tenía que quitarte eso." Ella bajó la mirada hacia su apéndice y vio que la marca de la goma todavía estaba roja y se cabreo. "Estoy segura de que estarás bien."
Eso esperaba. Era evidente que Jacob había querido hacerle mucho daño. Si hubiera estado demasiado tiempo esa goma, la falta de sangre en su pene le habría dañado gravemente. Aunque, ese bastardo había planeado matarlo, también quiso desfigurarlo.
Era un hombre muy sexy y ese pensamiento le dio ganas de gemir y la hizo más consciente de como su cuerpo respondía al varón desnudo tumbado delante de ella. Ella sacudió mentalmente ese pensamiento. No podía permitirse el lujo de ir por ahí, tenía que dejar de mirar su cuerpo desnudo.
Se mordió el labio, tenía que pensar en cómo salir de este lío. También necesitaba terminar su turno para recuperar entregar los datos que había robado para la investigación.
Su mirada se desvió hacia el cadáver una vez más. Seguía donde lo había dejado, lo había matado al golpearlo fuertemente con el kit en la nariz. Y se parecía al golpe de un puño. Su estómago se retorció.
"Mierda. Sólo veo una manera de salir de esto." Conocía la mirada enojada de 416. "Lo siento. No tengo otra opción. "
Ella vaciló, quería decirle quién era en realidad, pero no se atrevió. ¿ Y si le contaba a alguien? Él podía delatarla. No tenía ninguna razón para confiar en alguien que trabajara para Tártaros. Estaba segura de que sólo obtendría lo peor de él, aunque ella no le hiciera ningún daño.
El pánico le sacudió de la cabeza a los pies cuando ella se disculpó por sus intenciones. Trató de moverse pero su cuerpo se negó. Podía mover los ojos, parpadear y tragar. Unos cuantos gruñidos habían salido, pero no podía hablar. ¿Vas a matarme ahora? ¿Entonces por qué mataste al técnico que me atacó?
Solo ella, pensó frenéticamente, podría preocuparse de que muriera indefenso en el suelo de su celda. Inhaló el olor de la mujer que nunca dejó de agitar su cuerpo. Lucy siempre vino a él con dulzura, su tacto era suave y su mirada amable mientras tomaba las muestras de él. Había sido la única ser humano que le había dado una honesta y cálida sonrisa e incluso le había mirado con interés las veces que entró en su celda.
Había confiado en que ella no lo lastimaría. Era la única que podía caminar dentro de su celda sin que él se tensara ante la anticipación del temor, dolor o humillación. Vio con miedo lo que estaba pensando en sus hermosos ojos chocolate y eso le arrancó un poco de su corazón. Él nunca la habría amenazado por acercarse. Hasta hoy.
La idea de aterrorizarla antes le habría hecho sentirse mal. Habría perdido su sonrisa, una que había llegado a apreciar. Ella no llevaba trabajando aquí mucho tiempo. Y aunque él no tenía ningún concepto del tiempo, sabía que ella no había sido parte de su vida hasta hace poco.
Su cuerpo comenzó a responder a su presencia y su pene se movió. Le dolía por lo que ese hombre le había hecho, pero no pudo hacer ningún otro movimiento que le diera la esperanza de que el resto de su cuerpo se estaba recuperando también. Lucy le hacía desear cosas. Deseaba tocar su largo pelo rubio o presionar la nariz contra su cuello para inhalar su maravilloso aroma. A veces soñaba con tenerla desnuda bajo él, sin estar atado por las cadenas. Tenía ganas de tocarla y saborear cada centímetro de su cuerpo.
Escuchar su voz y aprender todo lo relacionado con esa mujer que tanto le fascina.
El sonido de su voz siempre fue música para sus oídos. Quería ver su sonrisa y escuchar su risa. Quería respuestas sobre la mujer que había capturado su alma. Su piel parecía increíblemente suave y olía tan bien, demasiado bien.
Pero ahora ella le había declarado que estaba planeando hacerle daño. Y esa traición tan cruel y dolorosa rugió en su alma.
También sintió vergüenza por lo que ella había presenciado. Ella le había salvado de ser violado por ese hombre muerto y ahora conocía el sufrimiento que le había costado. La indignidad que había padecido por la crueldad de un ser humano. Le dolía saber que cuando lo mirara, tendría esa imagen en sus recuerdos. Le dolía y eso lo enfureció.
Había conseguido sacarla de su fantasía sexual con él. Le gruñó otra vez para asustarla e impedirle que hiciera lo que había planeado. Su cuerpo se negó a cooperar ya que sus miembros no le respondían. No la mataría aunque consiguiera moverse, evitaría la tentación de lo que su instinto le exigía. La forma en la que la quería no era aceptable entre un recluso y su captor.
Vio cómo se puso de pie y se apartó de su línea de visión. Cuando ella lo había girado sobre su espalda le había bloqueado la visión del hombre muerto. Intentó volver la cabeza pero no pudo. Pero la escuchó, la olio y escuchó unos extraños ruidos. ¿Qué estaba haciendo? No tenía ni idea y eso lo asustaba. Todos los seres humanos eran crueles. Ellos no tenían piedad.
Todavía le sorprendía que matara a su atacante, por dos razones. En primer lugar, que consiguiera detener a su asaltante y segundo, porque ella no era grande.
Había derribado a un hombre. Tal vez, la había sobrevalorado. Pensó que ella era delicada y suave, pero había atacado a un macho adulto salvajemente. Su corazón se aceleró. Trató desesperadamente de mover sus miembros pero permanecían insensibles.
"Eres un hijo de puta sin valores. Te odio y quiero que lo sepas" susurró Lucy.
El dolor se apoderó de él cuando su mente registró esas palabras, aunque no se sorprendió por ellas. Conocía a todos los que trabajaban en el interior de estas instalaciones de pruebas. Ellos solo sabían abusar de sus prisioneros. ¿Por qué había pensado que ella sería diferente? había sido un error por su parte.
Un error estúpido e imperdonable. La furia se apoderó de él y movió un dedo. Movió la boca y lanzó un gruñido silencioso que prometía venganza. Se vengaría de la mujer que había conseguido engañarlo haciéndole creer que era diferente.
"Eres un hijo de puta sin valores. Te odio y quiero que lo sepas. " Ella sólo esperaba que Jacob podría escucharla dondequiera que estuviera después de su muerte. Ella quería que él supiera lo que pensaba de él. Ella no sentía el haberlo matado. Y aunque eso perturbara un poco su mente, sabía que lo superaría pronto. No merecía el que se sintiera culpable por su muerte.
Lucy limpio el kit, lo observo detenidamente y no detecto rastros de la sangre de Jacob. Estaba un poco abollado, pero nadie se daría cuenta de inmediato. Escondió la tela que había utilizado para limpiarlo dentro del kit.
Tuvo que tocar su cuerpo para bajarle un poco los pantalones y exponer completamente el condón. Eso no dejaría ninguna duda sobre cuales habían sido sus intenciones.
Lucy trató de calmar el pánico que crecía dentro de ella. Su mirada se desvió a 416 que aún estaba en el suelo. No se había movido, gracias a Dios y aún respiraba. Y sólo pudo rezar para que su plan funcionara y para que creyeran lo que les diría.
Él era demasiado valioso para matarlo. Los médicos y el personal siempre abusaban de él, pero Jacob había planeado matar a 416 contra las órdenes de doctor Trent. Él iba a estar bien. Tenía que creer eso.
Sacó otra gasa del kit y se limpió la sangre aún fresca. Se volvió hacia 416. ¿La odiaría por hacerle esto? Probablemente. Pero no tenía otra opción. Ellos nunca le permitirían salir de la instalación subterránea si sospechaban de ella de la muerte de Jacob.
Ni siquiera se atrevía a decirle a 416 lo que pensaba hacer. Si se lo decía, tal vez nunca conseguiría alcanzar la superficie. Y ella tenía que evitar cualquier sospecha para poder salvarlo a él y a todos los demás.
Ella encontró la aguja que Jacob había utilizado. Por suerte la había cubierto de nuevo después de inyectarle el contenido a 416. Odiaba correr el riesgo de provocarle una infección a 416, pero no tenía más remedio que volver a utilizar la aguja. Esperaba que Jacob no hubiera tocado nada con ella antes de taparla.
Lucy dudó. Una vez que hiciera esto ya no habría vuelta atrás. Así que se movió con rapidez antes de cambiar de opinión. Se agachó junto a 416 y pasó la gasa ensangrentada sobre sus nudillos y la sangre de Jacob mancho sus manos.
Se negó a mirarle a la cara mientras lo inculpaba del asesinato. Ella simplemente no podía. Ellos no lo matarían. A veces algunos técnicos eran asesinados, otros atacados, pero ellos no mataban a los sujetos de prueba. Eran demasiado valiosos. Él estará bien, pensó.
Se levantó, elimino la última gota de sangre en el kit y destapó la jeringa. Se volvió. Odiaba hacerle daño. Las lágrimas llenaron sus ojos. Seguía indefenso. Ella quería abrazarlo, aunque él quisiera verla muerta. Quería mostrarle algo de compasión, pero no podía en este momento.
Él tenía que asumir la culpa de la muerte de Jacob y ella tenía que conseguir entregar las pruebas de la investigación. Una vez entregadas, un juez podría emitir la orden de registro. Los sujetos de pruebas quedarían libres e Industrias Tártaros seria juzgada por los secretos sucios que escondía al mundo.
Ella se inclinó sobre 416. Su hermosa mirada estaba enojada, pero centrada en ella. La rabia ardía en su mirada. Se tragó la bilis que se le subió a la garganta al pensar en lo que iba a hacer con él "Lo siento. En serio. Tengo que hacer esto por ti. "
"Te voy a matar," le dijo con voz áspera. Movió la mano en el suelo junto a ella. "¡Lo juro!" gruño en su garganta. "Te matare con mis propias manos. "
El miedo se apoderó de ella. Obviamente él había comenzado a recuperar el control de su cuerpo. Miró hacia donde Jacob le había inyectado y le clavó la aguja un poco más abajo.
Luego se levantó sobre sus pies sin mirarle y mientras que él gruñía por el dolor infligido, se estrelló contra la pared. El dolor explotó en su mejilla. Sus rodillas amenazaron con doblarse y la sangre llenó su boca.
Esta sala no tenía espejo como la sala de observación. Pero ¿y si la había visto alguien? No, pensó, porque si ese fuera el caso, la seguridad ya habría inundado la habitación para arrestarla.
Esperaba que su cara se viera tan mal como se sentía. Sus dedos temblaron mientras introducía el código de la puerta. Cuando la puerta se abrió tiró desesperadamente de ella. Salió de la habitación y la puerta se cerró automáticamente bloqueándose detrás de ella.
Se dejó caer de rodillas en el pasillo, volvió la cabeza para la cámara de seguridad y gritó. "¡Ayuda! ¡Oh, Dios! ¡Ayuda!"
Pasaron unos segundos y el sonido de unas botas corriendo llego hasta sus oídos. Cuatro guardias de seguridad aparecieron corriendo por el pasillo. Los hombres jadearon cuando pararon y la miraron con confusión.
"Entré en la habitación para tomar una muestra de sangre," sollozó. "Jacob estaba agrediendo sexualmente al sujeto de prueba. Él me atacó. " Subió la mano a la contusión en su cara. "Creo que me desmaye y cuando me recupere vi como 416 rompía la cadena de un brazo. Jacob le inyecto algo, pero los efectos no fueron lo suficientemente rápidos. ¡Creo que está muerto! Creo que 416 lo mató antes de desplomarse en el suelo."
Que Dios me perdone, rezó en silencio. Los guardias de seguridad agarraron sus armas Taser. Uno introdujo el código para abrir la puerta y luego los cuatro se precipitaron al interior de la celda de 416. La puerta se cerró detrás de ellos. Otro equipo de seguridad llegó junto con una parte del personal médico.
El doctor Eisenwald la curo en una de las habitaciones de los empleados. La miró con el ceño fruncido mientras limpiaba su boca. "Vas a estar bien."
Ella asintió con la cabeza. "¿Qué van a hacerle a 416? Lo que Jacob le estaba haciendo está mal. "
La ira se apretó de la boca del médico pelirrojo. "Lo sé. Hacemos esto para encontrar una cura para enfermedades a la que los animales son naturalmente inmunes o resistentes. Y para evitar que las enfermedades de los animales pasen a los seres humanos. ¿Sabes cuánto dinero nos costó crearlos? El personal debería utilizar a las putas para desahogarse."
Lucy tuvo que cerrar su boca y bajar la mirada para no mostrarle cómo le disgustaba, horrorizaba y enfurecía su fría evaluación de la vida. Esos sujetos a los que él se refería respiraban.
"Ahora tenemos que hacer un montón de pruebas a esos monstruos con las drogas que hemos preparado para mejorar las habilidades militares." Se giró para quitarse los guantes. "¿ves que grande es lo que hemos hecho? ¿Qué importante? Los usamos para saber cuánto daño podrá recibir un ser humano y con qué rapidez se curarían. ¿Sabes cuántos miles de millones de dólares en contratos estamos consiguiendo? ¿Cuánto dinero hemos hecho hasta el momento? Ellos son nuestros prototipos. Ellos muestran lo fuertes y letales que pueden ser con nuestros fármacos. Todos quieren comprar lo que hemos conseguido. Ese maldito Jacob podría habernos costado mucho dinero. 416 es demasiado valioso para perderlo."
Cerró los ojos para ocultar sus lágrimas de alivio. No lo matarían. Había tomado la decisión correcta. Podría llegar a odiarla por inculparlo por asesinato, pero viviría. Ahora sólo tenía que terminar su turno y salvarlo de la única manera que podía. Ella llevaría a Industrias Tártaros ante la Justicia.
"Hey," suspiró el doctor Eisenwald. "Lo siento. Estoy hablando de dinero y tu acabas de sobrevivir a una experiencia traumática. ¿Por qué no te vas a casa? Tomate el resto del día libre. Diablos, llama y di que estas enferma mañana."
Ella abrió los ojos y le miró ocultándole lo mucho que lo odiaba. "Gracias." Su voz tembló. "Estaba asustada."
Él la agarró del brazo, se lo frotó y le sonrió. "Puedo ir a visitarte a tu casa más tarde." Su mirada bajó a sus pechos. "No deberías estar sola."
"Tengo novio," mintió de nuevo.
Él la soltó. "Está bien. Márchate. Le diré a seguridad que te envío a casa temprano. " Se dio media vuelta y se dirigió al teléfono mientras Lucy lo observaba. Y ella esperaba enviarlo derechito a la cárcel.
He aquí el prólogo. Bastante fuerte, lo sé.
Y apenas empieza el drama post liberación.
Si es que leyeron la primera adaptación que les compartí de esta misma novela (que por cierto terminé borrando), se darán cuenta de que con hacer la idea del crossover de lado se cambiaron los personajes principales de esta (inicialmente eran Kagome e Inuyasha), pero cuando lleguemos a la novela en la que originalmente planeaba poner a Lucy y a Natsu, se los haré saber (y si, ahora otra parejita de FT será representada en esa).
Sobre las actualizaciones, los primeros 5 capítulos los subiré durante esta semana (uno diario de domingo a jueves) posteriormente al igual que con los otros proyectos que tengo, se actualizará dos veces por semana, pero a diferencia de las adaptaciones/traducciones del mundo de Inuyasha (que son los lunes y jueves), se actualizará los domingos y los miércoles.
***Si hay algún cambio con las fechas y/o cantidad de actualizaciones por semana, se los haré saber***
P.D. Si pienso hacer adaptaciones de más novelas del mundo de Nuevas Especies (NE), pero sólo creo hacerlas de los primeros 10 libros, que por cierto sí leí, aunque como fue hace tanto ya no tengo los detalles tan presentes (por lo que si me adelanté un poco con la lectura antes de empezar a adaptar esta primera novela detalladamente, para que si algún personaje hace su aparición antes de que sea su novela se den cuenta 😉).
