**Katniss's POV**

Mi vida es un asco. Cada célula de mi cuerpo echa de menos a Willow. No dejo de pensar en ella a todas horas: ¿habrá dormido? ¿Se habrá acostumbrado al biberón? ¿Me echará de menos? Willow, ojalá te portes bien hija mía. Y luego pienso en Peeta, ¿habrá logrado organizarse? ¿Habrá pedido ayuda a alguien? ¿Habrá conseguido si quiera dormir algo? Aunque cuando pienso en Peeta no es solo para preguntarme cómo le estará yendo en su labor de padre, sino que también pienso en él como compañero de vida y lo echo mucho, muchísimo de menos. Ojalá sus brazos pudieran reconfortarme ahora… pero tengo que conformarme con imaginármelos a salvo en el 13. Me aferro a esa imagen para no venirme abajo.

Como tengo trastornos del sueño no me cuesta mucho adaptarme a las guardias; yo de general ya no suelo dormir demasiadas horas seguidas, así que no me supone un gran problema, pero veo que a Prim sí le cuesta adaptarse al hecho de estar pendiente de los pacientes prácticamente las veinticuatro horas del día. Primero se suponía que yo solo debía vigilarles y no interactuar con los enfermos (principalmente porque no tengo ni idea) pero hay días que se necesita toda la ayuda posible y me he visto obligada a carretear enfermos, cambiar gasas y tomar la temperatura. Es irónico que el universo siga entestado en convertirme en sanadora, al final Peeta tendrá razón.

Todo este trabajo es tedioso pero sobretodo desgasta una barbaridad tanto física como psicológicamente. De nuevo, yo estoy acostumbrada a padecer de esta manera, pero Prim no lo está. No nos hablamos pero puedo ver cómo sufre intentando adaptarse a este trabajo. Por más resistente que sea, esto puede con cualquiera. Hasta que finalmente llega el día que no puedo seguir ignorando sus hombros caídos y sus liliáceas bolsas bajo los ojos.

- Deberías echarte –ella da un respingo, sorprendida de que haya roto nuestro silencio.

- Tengo guardia…

- Yo la haré por ti –Prim acepta y yo me pongo a vigilar a los heridos. Es una tarea desalentadora así que de vez en cuando saco mi dibujo de flores naranjas con manotazo de Willow incluido para poder sentir una pizca de amor en este desolador paraje gris.

Por la mañana, cuando Prim ya está descansada, viene a pedirme perdón. Me confiesa que se alegra de que esté con ella porque así la ayudo a no tener miedo, y luego me vuelve a pedir perdón un millón de veces más, porque si ella echa de menos a Willow, no puede ni llegar a imaginarse lo que yo estaré sintiendo. El abrazo que me da consigue curarme toda la fatiga acumulada. Le digo que somos hermanas y que yo con ella iría hasta el fin del mundo, aunque también le digo que no se acostumbre, que después de esto ya consideraré que se ha hecho mayor y que ya podrá irse solita a los sitios. Se acabó visitar arenas, a la tercera va la vencida.

Pasan las semanas y la información sobre el avance de la guerra nos llega en cuenta gotas y es muy difícil ubicarse. Trato de averiguar si se sabe algo del pelotón de Gale y de Finnick pero no se oye nada por ningún lado (estamos en divisiones demasiado diferentes). En fin, se hace lo que se puede, que mayoritariamente consiste en respirar por la boca para no oler la sangre, el sudor y la pestilencia producida por alguna que otra enfermedad. También trato de no vomitar a diario porque estas escenas son superiores a mis fuerzas, pero en cuanto Prim logra acostumbrarse a la rutina parece un pez en el agua; este es su ambiente, entre heridas supurantes y vendajes ensangrentados. Menudo mundo el de mi hermanita. Yo prefiero el bosque, claramente.

Aprovechamos estos días con Prim para contarnos confidencias (que es algo que desde que nació Willow que ya no hemos vuelto a hacer); me cuenta sus aspiraciones como médico y ella escucha atentamente cuando le cuento mis preocupaciones como madre. Lo único bueno de todo esto es poder pasar tiempo a su lado, aunque sea entre sangre, mugre y lamentos de heridos. Cuando la veo trabajar me convenzo de que ella tenía que estar aquí, que su ayuda es claramente indispensable y que habría sido egoísta retener su talento en el trece. O eso es lo que pensaba hasta que nos envían al corazón del Capitolio. Al parecer las vainas se han activado y han empezado a atacar a diestro y siniestro, sean rebeldes o ciudadanos del mismísimo Capitolio.

- Prim ni se te ocurra entrar a una zona que veas vacía, podría haber una vaina a punto de detonar –le grito mientras corremos entre el gentío.

- De acuerdo.

- ¡Y no te acerques a la mansión por nada del mundo! –me detengo para disparar con mi arco a un agente de la paz que se nos acerca.

- ¡Entendido!

Definitivamente cambio de opinión, que Prim esté en esta arena es la peor idea del mundo.

La gente se está apelotonando cerca de la mansión, al parecer Snow va a ofrecer refugio a los ciudadanos del Capitolio. De hecho estamos tan cerca… se me ocurre que podría colarme con ellos y así matar a nuestro querido presidente… No, tengo que centrarme, Prim, dónde está Prim. La busco y me pego a ella como su guardaespaldas personal. Vigilo todos los flancos mientras Prim asiste a un ciudadano herido.

- ¡Katniss ayúdame! –suelo evitar mirar a los heridos pero me fuerzo a centrar la vista en esa terrible herida sangrante del pecho– Hazle presión aquí, voy a buscar el equipo –hago lo que Prim me pide y ella se va.

- El Si-sin-sajo… –dice el hombre horrorizado al verme.

- No me tenga miedo, voy a ayudarle.

- Me haces… daño… suéltame –no debería hacerlo porque es lo que Prim me ha ordenado pero al parecer le duele mucho y tampoco quiero hacerle sufrir de más. El hombre acaba por morir sin que yo pueda hacer nada.

¡Bum!

Una tremenda explosión hace sacudir toda la manzana. Levanto la cabeza para tratar de averiguar qué pasa pero la gente grita y corre hacia la mansión.

- ¡Los niños! ¡Los niños! –me subo encima de un coche blindado que está de lado y con horror descubro lo que ha pasado; han bombardeado a los niños refugiados.

La gente chilla con desolación pero de nuevo me obligo a concentrarme en Prim, ¿dónde estará? Maldita sea, es muy escurridiza. Trato de buscar su pelo rubio entre el gentío sin resultado cuando de repente recuerdo lo que dijo sobre los niños y lo de querer ayudarlos, así que corro a toda velocidad hacia los niños heridos porque estoy segura que es ahí donde estará. Justo cuando atisbo su trenza y mis labios empiezan a pronunciar su nombre, explota una segunda oleada de bombas y mi hermana se convierte en una antorcha humana.

La morfina hace que no sienta ningún dolor y que mi mente se disipe. Cuánto la había echado de menos… no me extraña que algunos se volvieran adictos después de los juegos, es lo más cerca que podemos estar de sentirnos bien. Pero siempre llega el momento en el que te cortan el subministro y ahora es ese momento. Mi mente trata de volver al reino de los sueños pero hay una fuerza invisible que me empuja hacia la realidad, que tiene unas garras tan afiladas que me destripan el corazón sin piedad. Cuando finalmente abro los ojos hay algo que tengo claro; mi hermana ha muerto y nada ni nadie podrá cambiar ese hecho.

Me pregunto qué sentido tiene nada de lo que he hecho, ¿qué sentido ha tenido haber ido a los juegos por ella? El resultado ha sido el mismo; ella ha muerto, entonces, ¿para qué he sufrido tantísimo? ¿Para qué he pasado por todo esto? No ha servido para nada, ahora mismo la rebelión me da igual, todo maldito Panem me da igual, ahora mismo solo veo que he causado muertes y que podría no haber ido a los Juegos del Hambre porque no habría hecho ninguna diferencia. Miento, sí ha habido algo bueno en todo esto; Peeta. La única persona que he salvado ha sido Peeta. Bueno, esa es una afirmación muy osada, por mi culpa le torturaron en el Capitolio y le mataron a su familia. Quizás lo mejor habría sido que muriera también. Sí, todos muertos. Eso sería más fácil.

Los médicos me hablan y me explican que como resultado de la explosión parte de mi piel se quemó y ahora llevo injertos y no sé qué más, la verdad es que no les escucho; me da igual, ya nada me importa. Creen que no les respondo porque no me interesa lo que me dicen (que también) pero hay otro motivo más complejo para eso; me he quedado muda. Dicen que hay algo en mi cerebro que falla y que hace que no pueda hablar. No se trata de algo físico sino mental, y yo suelo estar desequilibrada en ese sentido así que acepto que no voy a volver a hablar. Sobre todo me queda claro que no me recuperaré cuando llega Peeta con la niña.

- ¡Katniss! –está sudado y tiene el pelo más largo, se le ve agobiado y estresado. Una parte de mí creyó no volver a verle jamás así que verle de nuevo es todo un alivio aunque no puedo sentir felicidad– No sabes cuánto me alegro de verte –se acerca a mi cama de hospital y mis ojos no pueden evitar posarse en Willow–, ¿quieres cogerla? Te ha echado mucho de menos –me asegura. La pequeña ha crecido una barbaridad, tiene el pelo más tupido, los mofletes más hinchados y los ojos más azules y profundos. Mi instinto hace que levante los brazos en su dirección pero mi cerebro hace que me detenga a medio camino y niegue con la cabeza–. Tienes razón, tu piel aún está resentida y Willow seguro que te daría tirones –en lugar de juzgarme (que es lo que pensé que iba a hacer), se sienta en mi cama de modo que pueda tener un buen ángulo de Willow. Ha cambiado muchísimo, ahora ya es capaz de mantener el equilibrio y quedarse sentadita sola. Apuesto a que ya gatea. Me pregunto si habrá intentado hasta andar…– Cuando supimos lo que había pasado quise venir enseguida, mi sorpresa fue que Coin ya lo había planeado. Estamos todos instalados en la mansión, qué irónico eh, pero bueno, supongo que estamos aquí porque es desde donde querrá iniciar Coin su gobierno… –entonces niega con la cabeza– no me creo que te esté hablando de política… ¿cómo te encuentras? –le miro directamente a los ojos, ¿sabrá que no puedo hablar? Mi silencio no le ofende así que supongo que ya se lo habrán contado– Yo… no tengo palabras para expresar cuanto siento lo que ha pasado… quería venir lo antes posible para darte mi apoyo porque sé lo duro que es esto para ti… –sí, lo sabe, porque me conoce y porque él perdió a sus dos hermanos también. Me coge la mano con timidez, como si le preocupara que lo apartara de un manotazo, pero permito que me la coja–. Lo siento mucho Katniss –sé que es sincero con su pésame y se lo agradezco.

Nos quedamos un ratito así, él acariciándome la mano con su pulgar mientras me hace compañía en silencio. Willow no parece darse cuenta de nada de lo que pasa (lo que me da envidia en realidad) y me preocupa no sentir nada al verla. Es decir, la quiero, eso lo tengo claro, pero estoy tan rota y débil que no me siento capaz ni de poder sostenerla. Ni siquiera me preocupa que mi hija no sepa ya ni quién soy, porque ni me mira ni me reconoce. Se ha olvidado de mí. Peeta parece darse cuenta de lo que pienso porque empieza a hablar para distraerme.

- Cuando te digo que te echaba de menos es verdad, no dejaba de llorar. Tú decías que a mí se me da mejor que a ti pero es mentira, ella te quería a ti, ya creo yo que sí. Intenté cantarle como hacías tú pero claro, no había punto de comparación –si aún conservara la capacidad de sonreír, lo haría; nunca he oído a Peeta cantar pero algo me dice que la pobre Willow ha tenido que aguantar una verdadera tortura–. He jugado mucho con ella y veo como cada día aprende algo nuevo, ¿sabes? El otro día casi dijo su primera palabra. Sé que es demasiado pronto para eso pero se la ve que quiere hablar, lo intenta, aprieta los labios y hace todo tipo de sonidos tratando de encontrar la palabra adecuada para expresarse. El día menos pensado te llamará mamá –me asegura con bastante optimismo aunque yo no comparto su punto de vista; no niego que no pueda llegar a hablar pronto, pero no creo que me llame mamá, no al menos después de este distanciamiento. Es curioso, yo pierdo la voz justo cuando ella la encuentra, es como pasarle el testigo para que ahora sea ella quién pueda seguir adelante.

Peeta habla un rato más hasta que se da cuenta que empiezo a estresarme, entonces pasa a acariciarme la mano en silencio mientras yo cierro los ojos.

- ¿Quieres que te deje sola para que puedas descansar? –asiento levemente con la cabeza porque no estoy de humor para nada más– Estaremos cerca, descansa –me da un beso en la frente y luego acerca a Willow para que la vea y, supongo, para que la toque, pero no lo hago, no puedo. Él lo comprende y se va dejándome sola. Vuelvo a cerrar los ojos mientras las lágrimas recorren mis mejillas y rebusco en mi cerebro la manera más factible de quitarme la vida.

Viene mucha gente a visitarme, pero hay una visita que había estado esperando inconscientemente. Mi madre. Me interesa ver qué dice ella, qué opina de todo esto, cómo pretende enfrontar esta desgracia… su reacción me decepciona, aunque no debería sorprenderme en realidad. Mi madre ha tirado la toalla y ha olvidado que aún tiene una hija viva. No le importo en absoluto, es una egoísta que prefiere encerrarse en su mundo a darle un poco de cariño a su otra hija, porque no sé si lo recuerda pero yo soy tan hija suya como lo fue Prim. Aunque Prim fuera su favorita, yo también estuve ahí y soy yo quién está aquí ahora. Mi madre ha decidido volver a apagarse y la odio profundamente por ello, la odio, la odio por abandonarme como hace siempre…

Soy una hipócrita. Eso mismo he hecho yo con Willow.

Nada podría hacerme reaccionar como esta revelación; me he convertido en mi madre, he hecho algo que juré no hacer jamás bajo ningún concepto. Darme cuenta de esto es lo que necesito para dar el paso y hacer que las piezas de mi mente empiecen a encajar y a funcionar de nuevo. Soy Katniss Everdeen del Distrito 12 y tengo una hija. Aún me quedan motivos para vivir.

Tan pronto me dan el alta salgo disparada para encontrar a mi familia hasta que me doy cuenta que no sé dónde están, este lugar es un laberinto y no sé cómo pedirle indicaciones a la gente con mi mudez. Escojo un camino al azar y por suerte no tengo que dar muchos pasos hasta que encuentro a quién ando buscando. Corro detrás de él pero estoy débil y no voy muy deprisa, voy a perderlo, está a punto de girar la esquina. Me concentro y pongo todo mi empeño en superar mis miedos. Duele, duele una barbaridad, pero no puedo no intentarlo.

- P… P… ¡Peeta! –grito su nombre con desesperación. Él se gira al oír me agónico alarido y se sorprende al verme aquí en el pasillo.

- ¿Katniss? –pregunta preocupado pero yo no respondo, sigo corriendo hasta llegar hasta él y saltar a su cuello para abrazarle.

Él inmediatamente me reconforta con sus brazos y siento cómo se le relajan los hombros ahora que me tiene a su lado. Inspiro su aroma para tranquilizarme aunque la adrenalina corre por mis venas, quiero estar con mi familia, tenemos muchas cosas que hacer…

- ¿Estás bien? –me acuna el rostro entre sus manos en busca de algo que le indique cómo me encuentro.

- Si –cada palabra pronunciada hace que sienta un fuerte dolor en el pecho, pero aquí estoy, luchando por la gente que me importa. Peeta me sonríe; sabe lo de mi mudez y que lo he superado.

- Estoy orgulloso de ti –dice justo antes de volver a abrazarme.

- ¿Dónde está Willow? –digo cuando me doy cuenta de que Peeta está solo, lo cual es inaudito.

- Con Finnick y Annie, se la he dejado un momento porque quería ayudarte con tu recuperación… –es verdad, me había olvidado de mis amigos. Finnick y Gale volvieron sanos y salvos de la guerra, lo que es un gran alivio.

- Vamos a buscarla, quiero estar con ella –le cojo de la mano y empiezo a andar hasta que me doy cuenta de que no sé a dónde voy.

- Es por aquí –dice guiándome en dirección contraria.

- ¿Dónde?

- En una de las habitaciones de invitados del ala este. Estamos todos instalados por aquí –me explica y yo trato de fijarme por donde voy pero la verdad es que ya no sé dónde me encuentro, así que me rindo y dejo que me guie mientras ardo en deseos de llegar de una vez a esa habitación.

- No me puedo creer que Willow esté aquí –no me gusta un pelo que mi hija esté en el mismo edificio en el que solía vivir Snow, la razón de todos mis problemas y la amenaza más peligrosa para Willow.

- Lo sé, no quería traerla al Capitolio pero no podía dejarla sola en el trece. Willow tenía que ir donde iba yo y yo iba a buscarte a ti, así que no había vuelta de hoja. Además que Haymitch, Annie, Johanna… todos han venido. No podía dejar a Willow atrás.

- Has hecho bien –digo a pesar de que la idea de que mi hija esté en el Capitolio me provoca unos temblores desagradables. En cuanto la encuentre no voy a dejarla ir nunca más. La paranoia que me invadió en el 13 no tendrá ni punto de comparación con lo protectora obsesiva que pienso ser ahora.

Cuando llegamos a la habitación me abalanzo hacia la puerta para abrirla de un portazo. Eso hace saltar a la gente de dentro; Annie y Finnick me miran con miedo, sin duda los he asustado, pero cuando me reconocen me reciben con una cálida sonrisa.

- Tú siempre entras a lo grande, ¿eh Katniss? –dice Finnick pero no le presto atención, mis ojos ya se han fijado en que está sosteniendo a Willow y ya no puedo apartar la mirada de ella– Me alegro de verte bien –dice pasándome a Willow, porque ve que ya no puedo resistir más tiempo sin ella.

Cuando la tengo entre mis brazos me doy cuenta de que pesa más y que mi recuerdo de ella se ha quedado unos centímetros atrás. La abrazo contra mi pecho y cierro los ojos, inhalando su aroma y llenándome de su esencia. Willow, mi hija. Me tiemblan levemente las manos.

- Le estaba enseñando cómo sostener a un bebé –me dice Annie. Son mis amigos y me gusta estar con ellos, pero ahora no les estoy prestando demasiada atención, estoy demasiado ocupada besando esta cabecita aterciopelada. Además, que aún me cuesta hablar un poco.

- Annie vino a ayudarme muchas veces –me explica Peeta y pone una mano en mi cintura para acercarme a él y abrazarme. Supongo que él ha soñado tanto como yo en estar los tres juntos de nuevo.

- Quería aprender tanto como pudiera –dice ella con una gran sonrisa. Es la primera vez que la veo participar tanto en una conversación–. ¿Ya se lo has dicho? –eso hace que levante la mirada, todos saben algo menos yo.

- Annie y yo vamos a ser padres también –dice Finnick con orgullo y yo abro la boca con exageración.

- ¿Enserio? –me cuesta hablar pero esta palabra se me escapa fácilmente. Finnick sonríe.

- Me dio la noticia nada más llegar –dice él con una risita socarrona mientras abraza a Annie y le da un beso en la mejilla.

- Increíble, ¿verdad? –dice Peeta que es obvio que ya lo sabía– Ya les he dicho que pueden pedirnos ayuda con lo que necesiten.

- Sí, sí claro. Y enhorabuena –digo aún sorprendida. Finnick y Annie padres, cuesta de creer… aunque no tanto como que lo seamos Peeta y yo–. Me alegro mucho por vosotros, de verdad –ellos sonríen y entonces Willow empieza a patalear.

- Supongo que querréis estar solos. Nos vemos pronto –Finnick trata de cogerle la manita a Willow a modo de despedida pero ella se queja y empieza a moverse, está en medio de una rabieta–. Vale, vale, ya lo pillo –dice levantando las manos–. Odia tanto a los hombres como tú –sonrío pensando que no me parece del todo mal.

- Hasta luego Willow –dice Annie con su voz cantarina y se van dejándonos solos.

Por fin puedo centrarme en mi pequeña y averiguar qué le pasa.

- Ha comido hace poco –me informa Peeta y yo compruebo que tiene el pañal seco. En teoría está perfectamente.

- ¿Qué tienes cielo? –la pongo de cara a mí para que me vea el rostro pero a ella parece darle igual. Ya sé lo que tiene; me ha olvidado– No sabe quién soy –digo sintiendo más dolor incluso del que ya siento. Al parecer nunca es tarde para que mi maltrecho corazón reciba nuevos batacazos emocionales.

- No digas tonterías –Willow escucha la voz de Peeta y alarga sus manitas hacia él, es evidente que quiere que él la coja, lo que confirma mi teoría. Se la paso pero Peeta se niega a cogerla–. Willow, compórtate, dijimos que te comportarías como una niña buena –pero eso a ella le da igual y sigue peleando para ir con él.

- Peeta por favor… –Willow patalea de tal modo que a Peeta no le queda otro remedio que cogerla en brazos y calmarla. Me alejo de ellos unos pasos mientras Willow se tranquiliza. Si algo tienen los bebés es que son sinceros y Willow no me quiere ahora mismo.

- Está cansada del viaje, no conoce nada de esto, está desorientada –Peeta empieza a dar un sinfín de excusa. Veo los títeres calcetín en la cama junto a otros muñecos y a un montoncito de ropa que no he visto nunca, pero escojo los calcetines y se los paso a Willow. Ella coge uno e inmediatamente se lo mete en la boca, parece que eso la relaja. Bueno, parece que al menos sigo siendo capaz de entender a mi hija–. Ya verás cómo pronto te recuerda, tampoco ha pasado tanto tiempo… –unos meses pueden representar más de media vida para un bebé. Trato de determinar si ha pasado más tiempo conmigo o sin mí.

- Es normal, la dejé atrás –digo buscando la manera de no sentirme mal por su desprecio. Esto es culpa mía, no de Willow.

- ¿Por qué no le cantas algo? Eso seguro que le refresca la memoria.

Hace poco que he recuperado la voz y cantar me supondrá todo un reto, es como pedirle a alguien que apenas anda que se ponga a correr. Pero haré lo que haga falta por ella. Hago un par de intentos hasta que recupero el control de mis cuerdas vocales.

- En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce, hay un lecho de hierba, una almohada verde suave.

No consigo entonarla bien del todo pero parece que con esto es suficiente. La canción tiene un efecto inmediato en ella porque rápidamente levanta la mirada y me busca. Quizás no me recuerde a mí, pero sí a mi canción, la que le da el nombre. Sigo cantando y cada vez se hace más obvio que le gusta y que la reconoce.

- Este sol te protege y te da calor. Las margaritas te cuidan y te dan amor. Tus sueños son dulces y se harán realidad. Y mi amor por ti aquí perdurará.

Se queda unos momentos quieta, mirándome, no, retándome. Sabe quién soy, ya no hay dudas sobre eso, quizás lo haya sabido todo este tiempo pero ha escogido ignorarme como venganza por lo que le he hecho hasta ahora, pero parece que al final me perdona porque empieza a reclamarme con sus manitas.

- Oh, Willow… –cuando le recojo rápidamente busca tocarme la cara y agradece mis besos primero con sonrisas y luego con agudos chillidos de alegría. Pesa y yo sigo débil, pero la levanto en alto igualmente y nos hago rodar en círculos. Yo sonrío ampliamente y la pequeña chilla de alegría.

Al final tengo que sentarme en la cama porque me he mareado y no puedo seguir sosteniéndola. Willow sigue sonriéndome y aferrándose a mi camiseta con entusiasmo, le gustaría que no dejara de girar pero no puedo, aún sigo débil. Peeta está emocionado, se sienta a mi lado y le da un beso a la cabecita de Willow.

- Así me gusta, que seas una niña buena –le dice.

- Ha sido muy buena niña, ya lo creo yo que sí –me aparto el pelo porque vuelve a darme tirones (no ha perdido esa costumbre al parecer) y me la siento en el regazo sosteniendo sus manitas en alto. Muevo mis piernas haciendo que de pequeños saltitos, Willow sigue riendo y riendo–. Me estaba castigando, eso es todo, y me lo merecía.

- ¿Castigando?

- Yo fui la primera en rechazarla cuando la vi. Me lo estaba haciendo pagar.

- ¿Tú crees? –dice sorprendido.

- No me cabe ninguna duda, es más lista que el hambre. ¿Qué son todos esos juguetes por cierto? ¿Y esta ropa? –ahora que me fijo veo que no lleva la deprimente indumentaria gris de siempre, sino que lleva un body amarillo con rayitas blancas. Peeta me explica que han tenido varias visitas de los rebeldes, se ve que al saber que estaba aquí no han dudado en empezar a traer todo tipo de obsequios– ¿aún tienen ánimo para eso?

- Les diste esperanza. Te adoran a ti y adoran a tu hija –recuerdo ese día en el hospital de campaña y como todos nos desearon lo mejor. Es verdad que los rebeldes la quieren.

Willow sigue muy activa y despierta, tiene mucha energía, así que sigo jugando con ella hasta que mis pocas fuerzas me lo permiten.

- Cógela tú un rato –digo pasándosela pero Willow no quiere separarse de mí, se aferra a mi camiseta con desesperación–. Vale cariño, si quieres quedarte conmigo será para descansar un ratito, ¿vale? –me tumbo en la cama con ella en mi pecho y voy acariciándole la espalda mientras trato de recuperar el aliento–. Ha debido ser todo un reto cuidarla solo… –le digo a Peeta que aparta los juguetes para tumbarse a mi lado. Unos pocos minutos con ella me han dejado completamente agotada.

- No ha sido fácil, la verdad. Ahora que hace algo más que dormir se ha vuelto más interesante pero también más difícil de cuidar –reconoce. Me lo puedo imaginar reinventando su repertorio de cuentos y juegos para entretenerla–. Pero no me quejo en absoluto, gracias a ella no me he sentido solo en ningún momento, en cambio tú… –dice preocupado.

- Yo me mantenía ocupada, pero lo cierto es que no podía sacaros de mi cabeza –miro directamente a sus ojos azules y siento que estoy en casa, aunque realmente esté en casa del enemigo.

- Te he echado mucho de menos –me dice en un susurro.

- Y yo a ti… –le susurro también. Cuando me besa siento que he esperado muchísimo para esto. Cuando se separa se queda cerca, con nuestras narices prácticamente rozándose.

- Por fin volveremos a casa –eso sigue siendo un concepto demasiado abstracto para mí. Hay demasiadas cosas que no he logrado procesar todavía, pero no quiero desanimarlo así que asiento– Esta pequeña conocerá al fin el sol y el bosque.

- Sí…

De repente la tristeza se cierne sobre mí. Hay alguien que no verá nunca más el sol.

- La vi arder. Estaba delante de mí y no pude hacer nada –Peeta entiende de lo que le hablo así que nos rodea a Willow y a mí con su brazo y aprieta su frente contra la mía.

- He pensado que podríamos llamarla Willow Primrose –las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas y una vez empiezo a llorar, ya no puedo parar. El dolor de perder a mi hermana es insoportable y me ahoga hasta el punto de que prácticamente me desmallo ahí mismo. Peeta no se separa de mí en todo ese proceso.

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**Nota autora: ¡Hola! Casi 5mil palabras, es muchísimo. De nuevo no quiero que este fanfic tenga innumerables capítulos así que en lugar de dividirlo en dos (por un lado Katniss en la guerra y por el otro el reencuentro con su familia), lo he dejado todo junto. Capítulo completito eh ;)

Calculo que ya solo quedan dos capítulos más (tres a lo sumo) y aunque da un poco de penita (porque no nos engañemos, llevo con esto nada más y nada menos que medio año) tengo ganas de empezar nuevo proyectos. Mantenerme activa con los fanfics y con los fanarts ha sido como tener un segundo trabajo (por el amor al arte, se entiende, yo no saco nada de todo esto) pero con la dedicación y el esfuerzo de un trabajo al fin y al cabo. Y ahora que puede que vengan cosas nuevas no podría lidiar con 3 trabajos a la vez, aunque lo haré si se me solapan las cosas (especialmente por lo que respecta a mi prácticamente fan account de instagram). Bueno, ya veremos cómo irán las cosas, pero seguiré esforzándome al máximo.

¡Y dejadme algún comentario! ¡Así me animáis un poco! (Por cierto, mil gracias a BlackRose03 y a Mari, hacéis que todo esto valga la pena)

¡Nos vemos pronto, besos y cuidaos!