Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Gracias Yani por betear esta historia.
Capítulo 11: Al carajo con Forks
Canción del capítulo: Hate Me de Blue October
BPOV
Al sonar la campana, Rose, Charlotte y yo nos dirigimos de nuevo al interior de la escuela. Saltarnos clases de vez en cuando, no me importa… pero saltarnos clases cuando solo te vas a quedar ahí sentada sin hacer nada… en terrenos de la escuela… sí, eso no tiene mucho sentido. Además, ahora me toca literatura y necesito prestar atención para mantener el siete que tengo.
—Habla con Cullen más tarde, ¿de acuerdo? —dice Rose suavemente, dándome un gentil apretón en el brazo—. Y lo siento mucho por contarle a Emmett…
—Suficiente de disculpas —le contesto con una mueca. En serio, sé que no pretendía causar daños—. Ve. Te toca educación física. —Muevo el mentón en dirección al gimnasio—. Estamos bien, Rose. Anda.
Con un suspiro y una sonrisa triste, se va.
Charlotte la sigue pronto, porque ella tiene química.
—Llámame más tarde, cariño.
Asiento.
—Te veo luego.
En este momento, no tengo ni idea de que no volveré a ver a Rose por un largo tiempo.
Pero veré a Charlotte muy pronto.
Los estudiantes están atiborrando los pasillos después de sus clases, y choco con algunos de camino a mi casillero.
No es hasta que llego al pasillo donde está mi casillero que comprendo que todos se han quedado callados.
Miro varias caras, confundida, y cuando notan que estoy ahí, apartan la vista rápidamente y susurran.
En mi antigua escuela en Phoenix, los chismes morían rápido. ¿Aquí? No tanto. Supongo que siguen chismeando sobre el arrebato de Edward en la cafetería.
—Dios mío, ¿escuchan eso? —jadea alguien.
Automáticamente agudizo los oídos y escucho en busca de algo.
Es entonces cuando escucho los gemidos.
—Mierda, ¿es la señora Williams? —se ríe otra chica, y muchos de nosotros nos giramos hacia la puerta que lleva a la sala de maestros. Porque el asunto es que los gemidos provienen de las bocinas en el techo. Y la señora Williams es la persona que siempre dice los anuncios de la preparatoria de Forks. Así que… no puedo evitar preguntarme si se está follando a algún anciano y olvidó apagar el micrófono. Oye, tal vez está sentada en el botón.
Casi esbozo una sonrisa.
Pero entonces capto algo en la pared junto a mí.
Está escrito en mayúsculas con marcador negro.
¿QUIERES SABER QUIÉN ES ISABELLA SWAN EN REALIDAD?
Frunzo el ceño e ignoro el pavor que sube por mi espalda.
Los gemidos se hacen más altos, y… oh, Dios. Soy yo. En las bocinas, soy yo.
Y Edward.
—Carajo, Bella… chúpame más fuerte; maldición… eres tan buena.
Trago con fuerza, siento las miradas en mí.
—Eso es, Tinks… tan profundo.
Vagamente registro a los maestros que están corriendo hacia la sala de maestros.
Al mismo tiempo veo más letras sobre las paredes.
UNA ZORRA EN PHOENIX, UNA ZORRA EN FORKS
SE ACUESTA CON TODOS
La sangre abandona mi cara y mis rodillas casi ceden.
—¡Fóllame, Edward! —Más gemidos hacen eco en los pasillos, gemidos que sé que provienen de las veces en que Edward nos grabó—. ¡Más duro! ¡Oh, Dios!
Me golpean las náuseas, me tapo la boca con la mano.
No otra vez. No otra vez. No otra vez.
Susurros y risas me rodean cuando logro llegar de alguna forma a mi casillero.
Más frases.
¡NO CONFÍEN EN ELLA!
CUANDO DEJES DE FOLLARLA,
FINGIRÁ UN EMBARAZO
—¡No me importa! —grita un adulto; tal vez un maestro—. ¡Derriben esa puerta!
Más gemidos y jadeos.
Me siento mareada y lenta. Es irreal.
—Oh, ¿no estaban en la cafetería hace rato? —escucho a Jessica Stanley reírse—. Cullen ya no quiere a Bella, así que la perra les dijo a todos que está embarazada de su bebé.
—¿Bella? —Alguien se ríe detrás de mí. Sigo mirando mi casillero. Con incredulidad. O más bien, no quiero creerlo. No quiero que esto me vuelva a pasar—. Oye, si Cullen no te quiere, aquí estoy yo. Demonios, ¡probablemente ya hay una fila formándose! —Más risas.
Mi labio inferior tiembla, y puedo sentir mi cara derrumbándose.
Girándome lentamente, veo a una infinidad de estudiantes mirándome.
Y Edward es uno de ellos.
Está sonriendo y prácticamente puedo leer su mente.
Te dije que te destruiría.
—Lo siento, Bella —se ríe entre dientes, la sonrisa engreída sigue en su rostro—. Supongo que no soy tan ingenuo como el maestro que te follaste en Phoenix. Ya sabes, ¿el maestro que tuvo que renunciar a su trabajo?
Trago, me doy cuenta de que no funciona. Mi garganta sigue cerrándose.
—Dios mío, ¿te follaste a tu maestro? —se carcajea Jessica.
—Señor Cullen y señorita Swan, ¡a mi oficina! —grita el director Banner justo cuando se detienen los gemidos.
Edward habla de nuevo, su mirada de odio sigue intacta.
—No eres nada, Swan.
Sacudo la cabeza lentamente, mis ojos siguen pegados a los de Edward. Hay algo en su mirada, algo salvaje… algo forzado. Lo subestimé. No me tomé en serio sus amenazas. Debí hacerlo. Porque… justo ahora…
Considérame destruida, Cullen.
Una lágrima traicionera se derrama cuando avanzo un paso. Mis manos temblorosas agarran mi mochila, y unos pasos después estoy parada frente a Cullen con la prueba de embarazo en mi mano. Bueno, una de las pruebas. Me hice cuatro.
El director Banner grita nuestros nombres una vez más justo cuando dejo con un golpe la prueba de embarazo en la mano de Edward.
—Vete al carajo —digo, desafortunadamente mi voz se rompe.
Luego corro.
Siento que me apuñalaron en todo el jodido cuerpo.
Siento que me cortaron tan profundo, que he sido destripada.
EPOV
Ignoro muchas cosas al ver a Bella huir.
Ignoro el abrasador dolor en mi pecho, las miradas de mis compañeros, las órdenes del director Banner, el dolor en mis costillas, las náuseas… todo.
Banner no tiene ni mierda contra mí, no me preocupa eso. Primero que nada, las cámaras de seguridad mostrarán a Royce y Laurent, no a mí. Y sé que esos dos ya se llevaron las cintas. Segundo, nadie tendría jamás las pelotas para ponerse en mi contra. Soy un Cullen, con un carajo. Pero tengo otras preocupaciones, una de las cuales está huyendo. No es que haya algo que pueda hacer al respecto.
Misión cumplida. Cuando ella regrese a la escuela mañana, será una burla. Nadie confiará en ni una sola palabra que diga. Pero todavía me preocupo, o… tal vez esa no es la palabra correcta. Porque cuando bajo la vista y veo la prueba de embarazo en mi palma, siento que me estoy muriendo.
No mentía.
—Dios —digo con voz ahogada.
Está embarazada. ¿Está embarazada?
Sin embargo, ¿es mío?
Al carajo con eso. Sé muy bien que solo hemos estado el uno con el otro desde que se mudó aquí.
Dos rayas rosas para un resultado positivo. Positivo… sí, si quieres un maldito hijo. Pero esto no es sobre querer. Esto es sobre lo que podría arruinar mi vida más de lo que ya está arruinada. Los niños no pertenecen en mi familia; los destrozan. Además, estoy demasiado jodido de la cabeza para aceptar la calidez que surge a través de mi cuerpo otra vez, como sucedió cuando Emmett me contó sobre el embarazo de Bella… lo cual al instante interpreté como mentira. En lugar de eso, me recuerdo que si papá se enterara…
No tiene caso pensar en eso. No se necesita ser un genio para saber que se volvería jodidamente loco.
Pero… un bebé…
Alzando la vista otra vez, ni siquiera me doy cuenta de que me estoy moviendo hasta que escucho a Banner gritar detrás de mí.
Sigo corriendo.
—¡Tinks! —grito. Empujo las puertas para abrirlas y la veo apurándose hacia su carro—. Bella, ¡detente!
Por alguna razón lo hace. Se gira justo cuando llego a ella, y hay tanto dolor en sus ojos.
De verdad la rompí.
Trago.
Pienso con fuerza. En serio, mi mente se acelera. Embarazada, está embarazada. Creí que tomaba la píldora como la mayoría de las chicas… pero nunca le pregunté, carajo. Y siempre se quejaba cuando lo hacía sin protección. Así que… correcto, embarazada. No mintió. No mintió. Bajo la vista a la prueba que tengo en la mano, luego la alzo de nuevo hacia Bella. Tinks. Oh, Dios.
—¿Qué quieres, Cullen? —llora con enojo.
Abro la boca para hablar, pero no sé qué decir.
Cierro la boca otra vez.
¿Qué quiero?
No. No se trata de lo que quiero. Nunca se trata de eso. Bueno… lo que quiero es salir de aquí. Quiero y necesito alejarme de mi padre, a pesar de que él siempre estará a un vuelo de distancia. Al menos es mejor que lo que tengo ahora. Así que eso es lo que necesito. Y quiero. Irme.
He sufrido desde que tenía cinco malditos años.
¿No merezco mi descanso?
Miro a Bella… mi Tinks. No, no es mía. Ella también necesita irse. ¿La merezco? Demonios, no. ¿Puedo compensarle todo? No, le he quitado demasiado. Aun así, no se trata de eso. No puedo irme hacia el maldito atardecer y "hacer lo correcto" y criar a un jodido bebé. Terminaré jodiendo eso también. Joder cosas es lo que hago. Y como dije, los niños no pertenecen a mi familia. Jamás tendré hijos. No quiero hijos.
Pero…
No. Nada de peros.
—Jesucristo. —Mis ojos se llenan de lágrimas, pero parpadeo para alejar esas mierdas. Respiro profundamente. La miro. Directo a los ojos. Casi quiero que ella me dé la respuesta, aunque sé que no lo hará—. Aborto —escupo, se me cierra la garganta. Su cara se deshace más—. No puedes… —Sacudo la cabeza y me obligo a decir las palabras—. Tienes que deshacerte de… eso.
Ya la hice pensar que la odio; ya la he destrozado.
Estoy podrido. Por dentro y por fuera.
—¿Esto es lo que quieres? —exhala.
Trago, preparándome para otra gran actuación.
Sus ojos se llenan de lágrimas.
Y cuando repite su pregunta, sé que tengo que responder.
Aprieto la mandíbula.
—Sí.
No. Te. Rompas. Carajo.
Prácticamente puedo ver su corazón romperse. Es desgarrador.
La arruga en su frente, esa única señal de angustia, me convierte en un cobarde y aparto la mirada.
—Quieres que… que… —Ella ni siquiera puede decir la palabra. Se le atora un sollozo en la garganta y esto es todo. El último clavo del ataúd. Después de esto, no quedará nada.
Aplastando el odio que siento hacia mí y mis náuseas, le lanzo una sonrisita.
—Yo lo pagaré, por supuesto —digo, encogiéndome de hombros—. Pero… —me río entre dientes—, ¿de verdad creíste que querría tener un bebé contigo, Bella? —Me río en su cara. Ella no tiene idea de que me estoy muriendo por dentro—. Sé realista, carajo. Soy Edward Cullen y tú eres… bueno, tú. —Me agacho un poco y sonrío de nuevo—. Eres nada, Bella. Jodidamente insignificante. Fue todo un juego para mí…
Incapaz de decir otra palabra —a menos de que quiera vomitar— saco mi cartera y vacío todo el efectivo.
Será suficiente para el… el aborto.
Carajo.
Mis entrañas se retuercen dolorosamente.
—Edward —susurra y aprieto los dientes cuando me obligo a verla de frente.
Hay lágrimas cayéndole por las mejillas. Trago bilis.
—¿Qué? —exhalo bruscamente.
Sus últimas palabras suenan suaves, vacías, pero no podrían haberme cortado más profundamente.
—Te odio.
Con eso dicho, se gira para irse.
Te odio.
Te odio.
Te odio.
De repente, me resulta imposible respirar.
Mis ojos se ponen borrosos.
Miro su figura alejarse hasta que está fuera de mi vista.
No te preocupes, nena. También yo me odio.
De repente, ella se acerca a mí y yo ahogo un jodido sollozo… como si fuera un debilucho.
Lo cual sí soy.
—Una última cosa —dice con voz gruesa, casi sin aliento. Rechino los dientes, estoy muy cerca de desmoronarme—. ¿Sabes quién eres?
Frunzo las cejas.
Una vez más, su voz se vuelve suave. Incluso sus ojos se suavizan, y veo lástima en su mirada.
—Eres tu padre; eres Carlisle, Edward.
El aire escapa de mis pulmones.
Luego se va. Se sube a su carro y sale del estacionamiento.
Mi pecho se agita.
Un sonido ahogado se desliza entre mis labios y ya no puedo evitar que las emociones salgan de mí.
—¡Cullen! —escucho a alguien gritar detrás de mí. Creo que es Emmett, y de repente necesito romper algo.
Girándome lentamente, aprieto los puños en mis costados y veo a Emmett acercarse corriendo.
Con mi interior gritando, con el amargo sabor de la pérdida en mi boca, y con un odio dirigido al mundo que tensa mis músculos, dejo que mi siguiente víctima se acerque más.
—¿Te importa explicar qué está pasando? —pregunta, llegando a mí.
Romper algo…
Así que le rompo la cara. Mi puño vuela y conecta con la mandíbula de Emmett, y no me detengo ahí. Golpeo, empujo, grito, agredo.
—¡Pelea! —grito. Pero él no pelea. Está en el piso, le cae sangre de la nariz y de una cortada en el labio, y lo recibe todo—. ¡Pelea, cobarde!
Eres tu padre.
Eres tu padre.
Eres tu padre.
—Carajo —digo con voz ahogada, cayendo de culo.
Escondo la cara en mis manos y termino meciéndome de adelante hacia atrás, justo ahí, sobre el suelo.
Por primera vez en mi vida, veo por qué Alice… la amiga de Tinks… por qué terminó con su vida. Lo veo. Lo entiendo.
¿Qué he hecho?
BPOV
El entumecimiento se vuelve a apoderar de mí cuando manejo a casa de los Cullen.
Es casi un alivio.
Me siento vacía y agotada.
Sin embargo, mientras manejo por la carretera de tierra que lleva a la casa, comprendo una cosa.
No me voy a quedar. Al carajo con los exámenes finales, al carajo con la graduación, al carajo con todo.
Apago el motor, me bajo del carro y entro a la casa, estoy demasiado muerta por dentro para preguntarme por qué veo a Esme caminando por el pasillo.
Me detengo de golpe, pero no proceso nada. No me importa.
—¡Bella! —jadea, acercándose a mí rápidamente. Y está sosteniendo una prueba de embarazo—. Encontré esto en el baño de aquí abajo.
La miro inexpresiva.
¿Supongo que lo olvidé ahí? No fue tan inteligente hacerlo, lo imagino, pero no importa.
—Estás embarazada —gimotea, su cara se derrumba. Es la primera vez que he visto algo genuino en su rostro—. ¿Es…? —hipa y se limpia las mejillas—. ¿Es de Edward?
Probablemente debería reaccionar.
—Sí —murmuro sencillamente.
Suelta un sollozo.
—Oh, Dios, no.
Casi pongo los ojos en blanco.
La única cosa que quiero hacer justo ahora es subir y empacar mis álbumes de fotos y mis otras cosas de Phoenix. Tengo la tarjeta de débito que Carlisle y Esme me dieron, que es de una cuenta donde sé que hay aproximadamente tres mil dólares. Planeo sacar todo el dinero. Luego en unos meses, cuando cumpla dieciocho, recibiré el dinero que me dejaron mis padres. Me las arreglaré de alguna forma. De algún modo. Y ese pensamiento le trae un poco de alivio a mi sistema. Es pequeño, pero lo siento en la siguiente respiración que tomo. Un poco más ligera, un poco más fácil.
—Tienes que irte de aquí, Bella —llora, haciéndome ladear la cabeza hacia ella con curiosidad. Sus lágrimas manchadas de rímel le caen por su rostro usualmente sereno—. Si Carlisle se entera… —solloza y se ahoga un poco—. Se desquitará con Edward —susurra.
¿Me está jodiendo?
—¿Desde cuándo te importa? —pregunto, todavía con voz inexpresiva.
Es como si algo hubiera muerto en mí.
La única reacción de Esme es apartar la mirada, algo que está acostumbrada a hacer.
Siempre aparta la mirada.
—Pues… —me río secamente—. No te preocupes. Ya me voy. Solo dame veinte minutos. —La dejo ahí y camino hacia las escaleras.
Al llegar a mi habitación, saco mis tres maletas de debajo de la cama.
Empaco en un frenesí.
Mi corazón empieza a martillear.
Tragar se vuelve difícil, y siento que estoy en el borde de un ataque de pánico completo.
—Todavía no —exhalo para mí—. Todavía no, todavía no, todavía no.
Tengo que irme, tengo que irme.
Mis pulmones se sienten más pequeños, mi pecho se siente más pesado.
Me golpea una ola de náuseas, seguida de mareo.
—Todavía no —sigo cantando—. Todavía no.
Me desmoronaré más tarde. Pero todavía no.
Si cierro los ojos, y luego los abro de nuevo, ¿todo esto se habrá ido?
Todas las veces que Edward me dijo que cerrara los ojos… que fingiera no ver, que me relajara, que lo dejara hacerse cargo, que aceptara cualquier viaje en el que me encontraba…
Cerrar los ojos es fácil, pero el descanso que entrega es breve.
No puedes seguir apartando la mirada.
No puedes seguir fingiendo para siempre.
Mientras lucho contra la inminente explosión dentro de mí, vagamente registro una voz conocida abajo.
¿Charlotte?
¿Gritando?
—¡Dije que se aparte al carajo de mi camino, señora Cullen! ¡Sé que ella está arriba! ¡Vi su carro!
Trago, casi quiebro el portarretratos que estoy sosteniendo con una recién adquirida fuerza inhumana.
A través de mi visión borrosa, veo a mamá y papá sonriéndome en la foto.
Me estoy desmoronando.
No, no, no, no, no, no.
Escucho a alguien subir corriendo las escaleras.
Intento respirar.
Mientras lo intento, las palabras hacen eco en mi cabeza. Palabras que vienen de seres queridos, palabras que vienen de seres odiados.
Mamá… básicamente todos los días.
—Siempre te amaré, cariño.
Papá, cuando era pequeña y me estaba enseñando a jugar póquer.
—¡Esa es mi bebita! Renée, cariño, ¡ven aquí a ver lo que sacó Bella!
Alice, unos días antes de encontrar su cadáver.
—Soy afortunada de tenerte como mejor amiga, Bella.
Alec, cuando creí que me amaba.
—Solo tenemos que mantenerlo en secreto un poco más.
Jadeo en busca de aire, me doy cuenta de que estoy en el piso, todavía aferrándome a la foto.
Escucho a los estudiantes de mi antigua preparatoria en Phoenix.
—¡Jodida zorra asquerosa!
—¡Perra manipuladora!
—¡Puta mentirosa!
—¡Jodida zorra!
—¡Destroza hogares!
Y Edward…
El chico al que desafortunadamente había intentado ayudar.
Con jodidas personalidades diferentes.
—Significas mucho para mí, Tinks.
—Te destruiré por lo que has hecho.
—Significas mucho para mí, Tinks.
—Eres nada, Bella. Jodidamente insignificante.
Nada más que una zorra, ¿cierto?
Ingenua. Una zorra ingenua.
—¡Bella! —escucho a alguien gritar. Suena a Charlotte—. Cariño, vamos. Despierta. Oh, Dios. ¡Voy a matar a ese hijo de puta! No puedo creer lo que te hizo Cullen. —Me sacude e intento concentrarme en respirar—. Bella, ¡despierta, por favor!
Unos cuantos intentos fallidos por hablar le indican al menos a Charlotte que estoy consciente de su presencia.
—Carajo —llora—. El doctor Cullen fue a la escuela por Edward, Bella. No está feliz. Vine en cuanto escuché los rumores de lo que había pasado.
Respiro.
Tengo que irme.
—Yo… —trago. Estoy temblando. Siento frío—… necesito irme. Charlotte, necesito…
Abriendo lentamente los ojos, la veo asintiendo.
—Lo que sea. Te ayudaré. Debiste ver la mirada en los ojos del doctor Cullen cuando fue a recoger a ese pedazo de mierda. —Sacude la cabeza—. Hay algo muy mal con esta familia, ¿no?
Eso se queda corto.
—Se podría decir que sí.
Batallo por un momento, pero al final logro ponerme de pie otra vez, con ayuda de Charlotte.
—Mi carro se descompuso de nuevo —admite, poniendo los ojos en blanco—. Así que llamé a mi tío. Está afuera. Espero que te parezca bien.
—No me importa —digo con voz rota, mirando mis maletas—. Solo necesito salir de aquí antes de que Carlisle y Edward regresen.
Asiente rápidamente, tiene una mirada de ligero pánico en los ojos.
—Entonces deberíamos apurarnos. El director Banner estaba hablando con el doctor Cullen cuando mi tío Jasper me recogió, pero puede que lleguen pronto.
Así que nos apuramos.
Arrastramos mis maletas por las escaleras y nos vamos directo al pasillo.
—Bella —escucho que Esme me llama, sollozando, y sale de la cocina—. Ten.
Me detengo mientras Charlotte sale por la puerta.
Me sorprendo un poco cuando Esme me entrega un fajo de efectivo.
—Deben ser cerca de dos mil dólares —dice con voz rota—. Lo siento; esta es la única forma en que puedo ayudarte. —Todavía planeo vaciar la tarjeta de débito que me dieron hace meses. Me deben al menos eso, con un carajo—. Dudo que Carlisle haga un gran esfuerzo por encontrarte. —Le alzo una ceja; dijo lo obvio. Por supuesto que no intentará encontrarme. Solo soy un problema para él—. Yo… —exhala un aliento—. Sé que no me crees, pero amo a mi hijo.
La miro.
—Tienes razón. No te creo para nada.
Una parte de mí quiere pegarle, darle una cachetada, jalarle el cabello, quebrarle los huesos, matarla. Esa parte de mí quiere que ella sepa qué es lo que Edward sufre, qué es lo que ha sufrido… desde que tenía cinco malditos años. Pero no lo hago. Porque si lo hiciera, sería por el bien de Edward. Y él no se merece nada de mí.
Él se puede ir al infierno.
Igual que esta maldita mujer.
—Arde en el infierno, Esme —le digo, luego también salgo por la puerta.
Me alejo.
Si me hubiera quedado, tal vez habría escuchado los llantos de Edward mientras Carlisle le da una paliza por hacer un espectáculo del nombre Cullen en la escuela. Tal vez habría escuchado a Edward gritar en su almohada cuando Esme le dice que me he ido para siempre. Tal vez habría escuchado a Esme encender el carro para llevar a Edward al hospital por la nariz rota, un pulmón perforado, y la mandíbula fracturada. Y habría sido testigo una vez más de cómo Carlisle se sale con la suya al hacer que Edward culpe a sus amigos de Seattle.
Pero no escucho nada de esto, porque hace mucho que ya me fui.
