N/A: Hola, de antemano te aviso que esta es una historia sin beteo, así que quizás puedas encontrar montones de faltas de ortografía y/o gramática una DISCULPA.

Te hago una cordial invitación a mi grupo: Historias por Lau, allí encontrarás adelantos, imágenes de los personajes y muchas cosas más.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

TODO TUYO

.

Prólogo

Inhalo lento sintiendo que tengo aire suficiente en mi caja torácica.

Tal vez no es aire lo que necesito, sino valor para enfrentar lo que estoy a punto de hacer.

Entonces me lleno de coraje necesario.

Giro el pestillo y el sonido que produce la puerta provoca un temblor involuntario en mi cuerpo; mis ojos se intentan adaptar a la penumbra de la habitación recorriendo con rapidez el lujoso lugar que es imposible no mirar la imponente cama que me recibe, está ubicada a mi izquierda y frente a mí hay un ventanal cubierto con unas delgadas cortinas por donde se filtra la escasa luz.

Trago saliva.

Doy tres pasos: mis grandes tacones se tropiezan entre sí haciendo que la correa de mi bolso caiga de mi hombro, con algo de torpeza me sostengo de la puerta alizando mi corta falda de cuadros. En estos momentos mi corazón retumba con fuerza en mi pecho.

Con manos temblorosas me despojo de mi gabardina dejándola en el perchero de la entrada. Estoy temblando, no puedo controlarme.

Aclaro mi garganta.

― Bu-buenas noches... ―tartamudeo pareciendo estúpida.

Un sonido de hielos golpeándose entre si llama mi atención en la esquina de la habitación: ahí está un hombre sentado en el sillón con un vaso de vidrio en su mano derecha. El tipo es tan grande que tengo miedo, también tengo una profunda necesidad de dar media vuelta y marcharme.

«Tranquila, Isabella, recuerda porque estás aquí», pienso.

Hago memoria que el hombre me dio instrucciones aparte de vestir de colegiala a pesar del inmenso frío de Chicago; quiero rodar los ojos al recordar semejante idiotez.

Sacudo mi cabeza.

Ah, sí..., también recuerdo que me pidió un oral antes de...

Inspiro, llevando una pastilla de menta a mi boca.

Dejo mi bolso sobre la cama y camino hacia el tipo que ahora sé; viste una camiseta oscura y vaqueros.

Puedo sentir su mirada en mí.

Me estremezco.

Sus ojos oscurecidos por la poca visibilidad de la habitación no me permiten admirar sus rasgos, debe ser alguien asqueroso, quizá tenga acné o tenga aliento a cebolla.

¡Santo Dios! Tal vez ni siquiera a tomado una ducha y con el frío que está haciendo en la ciudad es mayor esa probabilidad.

No quiero pensar. No quiero sentir.

Me pongo de rodillas llevando mi cabello detrás de mis orejas; con dedos temblorosos abro su bragueta tocando su falo por primera vez ―lo rodeo― el tipo se tensa y su respiración se vuelve ruidosa.

― ¿Qué diablos estás haciendo? ―pregunta en un gruñido algo débil cuando mi boca lo envuelve en calor y humedad.

Montones de recuerdos me invaden como destellos en mi cabeza:

Soy yo y mi perfecta vida en Forks pasando tiempo con mis mejores amigos y con mi novio Tyler. Mi único novio de toda mi vida, a quien una vez juré regalar mi primera vez…

Una lágrima se escapa de mi ojo izquierdo al recordar a Tyler al sentirme tan desleal a nuestro amor.

Hoy estoy aquí seis meses después de no verle. Estoy con un desconocido a quien me vendí por cien mil dólares.

Una arcada me aborda cuando su miembro golpea mi garganta. Él es grande y grueso, no puedo abarcarlo por completo.

Al momento que siento su mano en mi cabeza marcando el ritmo quiero llorar, de verdad quiero hacerlo, ¿en qué me convertí?

Él gime de forma trabajosa, está empujando sus caderas contra mi boca y mi lengua saborea un líquido extraño, espeso, es… es… su semen, quiero vomitar.

Tira de mi cabello haciéndome soltar su pene por el dolor que estoy sintiendo.

Caigo de nalgas cuando me avienta lejos de él.

Asustada; envuelvo mis piernas abrazándoles con fuerza.

El tipo se pone de pie y el vaso cae al piso partiéndose en mil pedazos, tiemblo.

Se tambalea de un lado a otro maldiciendo entre susurros: está ebrio.

― ¿Desde cuándo? ―inquiere, arrastrando sus palabras― ¿desde cuándo te vendes?

¡¿Qué?! Ahora resulta que ya lo olvidó.

― No estamos aquí para hablar de mi vida, señor ―inclino mi cabeza, escondiendo mi rostro entre mis rodillas―. Nosotros llegamos a un acuerdo, usted me tendrá por una noche y yo recibo mi dinero.

― Eres solo una mocosa ―gruñe― ¿cómo puedes humillarte de esta manera?

― Mis motivos no le incumben, señor Carlisle.

Suelto un chillido al ser arrastrada por él, me obliga a estar de pie y me siento tan pequeña a su lado.

Sus dedos alrededor de mis brazos me están lastimando. Sacude mi cuerpo con fuerza, luego una de sus grandes manos abarca mi rostro y me obliga a mirarlo.

Su aliento marea, huele demasiado a alcohol y estoy aspirando su asqueroso olor.

Con su rostro a escasos centímetros de mí, me doy cuenta que tiene una prominente barba cubriendo sus mejillas, sus labios son delgados y también tiene el ceño fruncido haciendo resaltar la vena de su frente.

― ¡Lárgate! ―tira de mí a su antojo, cual muñeco de trapo me lanza fuera de la puerta y caigo al piso― ¡No quiero volver a verte!

― ¡Quiero mi dinero! ―grito, no importa si sigo en el suelo―. Usted, prometió que tendría el dinero hoy en la noche, ¡deme mi dinero!

Lanza mi gabardina sobre mí y cierra la puerta literalmente en mi rostro.

Enojada, humillada y dolida, me pongo de pie y empiezo a aporrear la puerta:

― ¡Maldito viejo rabo verde! No sabe con quién se ha topado, buscaré todo de usted y le juro que se va a arrepentir.

Sonidos de vidrios estrellándose al interior se escuchan.

― ¡Perro desgraciado! ―sigo gritando sin dejar de aporrear la pobre puerta― acabaré con usted viejo asqueroso.

Silencio.

― ¿Me escucha...? ―chillo― acabaré con usted y con su maldita reputación.

Cansada y casi sin voz de tanto gritar, desisto.

Mis lágrimas resbalan por mis mejillas al recordar que el plazo se vence.

― Tiene que acompañarme, señorita ―dice un hombre que se acerca a mí― le mostraré la salida.

Está a punto de tomar mi brazo; reculo, evitando que me toque.

― No se preocupe, conozco la salida.

Levanto mi cabeza y camino al ascensor. Pongo mi gabardina y recuerdo que no traigo mi bolso, doy media vuelta, el hombre me prohíbe el paso.

― Hágase a un lado ―digo― iré a buscar mi bolso.

― Tengo órdenes de no dejarla pasar ―dice el moreno, asemeja una especie de guardaespaldas, alto y fornido. Por su parte parece que me quiere amedrentar―. Si no se va ahora mismo llamaré a la policía.

― ¡Vete al infierno pedazo de zoquete! ―le enseño mi dedo medio y él ríe―. Dile a tu jefe que le voy a hundir porque soy menor de edad y él me compró ―miento.

Y me siento mejor cuando su sonrisa blanca y brillante se desvanece.

Soy Isabella Marie Swan, tengo dieciocho años y estoy cayendo en cuenta que me acabo de meter en un gran problema con uno de los empresarios más importantes del país.

Carlisle Cullen.


¡Hola! Sé qué dirán que tengo dos historias inconclusas, sí, yo también lo sé. Solo no puedo evitar compartir con ustedes esta historia que lleva cuatro años guardada y en espera de una oportunidad.

¿Qué dicen, me acompañan en esta nueva aventura? Espero que me digan que sí porque estoy muy entusiasmada en continuar. Espero leer sus opiniones, dudas o demás.

Me disculpo por los errores ortográficos y/o gramática que puedan encontrar.

¡Gracias totales por leer!

Lau