Notas mías... antes de empezar con la lectura... leen ese pequeño párrafo, estoy contenta por sus comentarios, sin duda se nota que les encanto esta historia. Yupi... yupi … yupi.

La caperucita Roja tuvo tres versiones, la primera es una leyenda real de los Alpes que cuenta que el lobo es un mundo sexual y eso la pueden encontrar y leer la leyenda, llamada la verdadera historia de la caperucita roja y la pueden encontrar en YouTube Caperucita Roja ¿a quién tiene miedo? Pero también hay otra que se llama Caperucita Roja. Para adultos.

La segunda fue escrita por Charles Perrault solo que aquí no es tan infantil como el que nosotros conocemos tiene un final triste el lobo se come a la caperucita y a la abuela, dando enseñanza que no debemos confiar en extraños.

La Tercera versión fue adaptada por los hermanos Grim, el cuento infantil para niños que nosotros conocemos, sin duda para mi esta es la versión más bonita, ya que soy maestra de niños, jijiji, pero como la mayoría de lectoras Territanas somos adultas y nos gusta ver a Terry posesivo y sexual, prefiero contar como fue la verdadera historia de la caperucita y el hombre sexual a quien le decían lobo, espero que me sigan acompañándome en esta historia jejejeje…

Esta historia es más apegada a la primera versión, espero que no haya malos entendidos, yo estoy adaptando la leyenda real… ojo… solo para adultos… lleva contenido lemón fuerte y un poco de violencia género.

Adaptación a la leyenda real de la caperucita roja.

Últimos capítulos…

Penúltimo capítulo. …. El próximo capitulo es el gran final.

Capítulo 9

Luna

Parte 1

Todo comenzó en una noche de luna llena cuando la manada salió a declarar su agradecimiento y devoción a la diosa de la luna. La madre de la naturaleza y misterio al interior del bosque.

Su manto negro rebosante de estrellas eran las luces de la celebración del espíritu de la diosa que iluminaba al cielo en su totalidad.

Los individuos transformaban sus cuerpos en formas más místicas y poderosas, corriendo en cuatro extremidades. Sin temor se adentraban aventureros en el camino al borde de la montaña y aullar hacia el cielo.

Sus gritos eufóricos anunciaban toda una celebración. Los zagales jugueteaban ante los ojos de la diosa, orgullosos de probar su juventud y potencialidad hacia la a esperaba. Algunos de los lobos más jóvenes se unían a ellos, al igual que los cachorros, evidenciando el gran lazo de unión en la manada.

Mientras que los demás y licántropos ancianos, apreciaban el resplandor de la lluvia de estrellas en el cielo. Esas estrellas eran el espíritu de aquellos que ya no estaban en vida a su lado. Su danzaban en el paraíso junto a la diosa.

Una imagen imposible de olvidar. No existía nada más hermoso que esa vista. Nada jamás podría opacar la belleza de una deidad y nada jamás llenaría a su corazón, amor más que sus hermanos y hermanas lobos frente a sus ojos.

Richard amaba a la manada, sería suya después de todo.

Al ser el macho alfa e hijo mayor del líder, la manada pasaría a ser su responsabilidad, solo cuando su padre ya no pudiera estar al frente. Era una labor por la cual lealtad en alma hasta el fin de los tiempos.

En una época de guerra con los humanos que no parecía tener fin, su fidelidad debía estar centrada en perseverar la vida de su manada. Como futuro líder y soldad jurado con sangre ante la diosa en el día que se convirtió en adulto y reflejó su madurez.

Su primer y cada deseo en luna llena era por fin encontrar a su pareja destinada. Una hembra con la cual pudiera proteger y formar la familia que tanto deseaba.

Su diosa le negaba en cada ocasión lo único que anhelaba cada año. Las temporadas pasaban y él no se hacía más joven.

Richard se preguntaba qué pasaría si no había alguien para él. Tal vez la diosa no apetecía sus intereses o tal vez no era el momento indicado.

De cualquier forma, él esperó. Perseveró por su turno de la felicidad. Pero el destino le tenía una sorpresa esa noche de luna llena.

Fue su canto o quizá fue su aroma. Probablemente fueron ambos.

El viento soplaba fuerte durante las sombras del otoño en el bosque. Una humana no debería vagar sola. Pero entonces se aceró para observarla de cerca, para podía ser su aroma tan dulce y peculiar.

Sus instintos más fuertes fueron lo que le obligó a separarse de la manada de regreso al campamento. Algo dentro de él le insistió a romper la formación y salirse en busca de ese ser que lo llamaba dentro de su cabeza. Lo sentía también en sus venas.

Su sorpresa fue colosal al contemplar que se trataba de una humana. Una mujer preciosa, con rasgos finos y delicados, como si se tratara de la nobleza. Sus risos cintura, curvos en un color oro que rebosaban con la luz de la luna. Era como si la diosa le indicará el camino hacia esa mujer y le dijera ''Mírala, hijo mío. Ella es a esperando''.

Aunque eso no podía ser verdad.

Los licántropos no se mezclaban con los humanos. La guerra entre ambas especies solo generaba más odio y miedo uno hacia los otros, creando un ambiente de en profundo.

La diosa debía estar confundida. Más, sin embargo, ¿Cómo podría dudar de las decisiones de una deidad del cielo? Ella quien a lo alto observaba a sus hijos y los guas sabiduría hacia una vida mejor

Richard hesitó su decisión. ¿Debería acercarse o ignorar los latidos de su lobo desesperado por tocar al fin a su amada? ¿Ella se asustaría?

Se sintió como un cobarde. Dar un paso o retroceder dos y admirar su belleza desde lo lejos, oculto entre los árboles y la oscuridad de la noche.

Y fue ahí cuando escuchó un melodioso sonido salir de sus labios rosas. La mujer le cantaba a su diosa y él hipnotizado siguió la exquisita melodía de su voz.

Ella lo miró acercarse en su forma bestial. Él se detuvo a pocos metros, manteniendo la distancia. Así que ella caminó hacia donde él estaba y admiró la elegancia y deslumbrantica postura del lobo. Su apariencia era robusta, impecable de una criatura tan poderosa como los licántropos. El pelaje era gris como los días de lluvia e nublada de otoño, brillante como sus ojos negros, los cuales la observaban con curiosidad.

— No te tengo miedo —. Murmuró ella. También sonrió levemente al ver como el lobo alzaba sus orejas al escuchar el sonido de su voz. — Vengó aquí cada plenilun por una respuesta de la luna, anhelo que su tutela nos guie hacia el final de esta guerra. — admitió ella —. Tu diosa te trajo hacia mí.

Richard se encontraba maravillado. Ella no le temía, y, además, creía que la diosa de la noche los había unido. Entrelazó sus destinos solo para este momento. Él se hizo sus nubes. Sus pulmones respiraban el dulce aroma a canela, y combinado con el olor de la naturaleza, despertó el hambre en su vientre y él deseo carnal por cortejar tiempo, acompañado del sonido de las luciérnagas y el agua del arroyo correr a lo lejos, solo quería tomarla en sus brazos y no dejarla ir nunca.

Ojalá todo hubiera sido tan fácil como sus pensamientos.

— ¿Por qué no cambias tu forma, lobo? — sugirió ella —. Deseo admirar tu forma humana.

Y sus deseos eran órdenes para Richard. Así que dio un paso atrás y modificó su apariencia. Su cuerpo desnudo se mostraba frente a la mujer: joven y riguroso. E iniciativa y acarició los músculos de su vientre, tocando cada una de las cicatrices, subiendo el tacto de sus dedos hasta el rostro del licántropo. Lo observó con del cada una de sus facciones.

Él cerró los ojos e inhaló delicadamente.

— Poni— repitió él, saboreando el sonido de su nombre escapar de sus labios.

Ella sonrió dulcemente, asintiendo y cerrando los ojos, perdiéndose en el momento. Fue ahí cuando Richard la besó, y ante los ojos de su madre, le juró a Rosemary a amarla por siempre, Pero el destino nunca contribuye a la felicidad.

Sus encuentros secretos y escapadas sigilosas en el bosque crearon una nueva vida. El fruto de una pasión crecía dentro del vientre de la abuela de Candy. Los humanos no podía ser licántropo a menos que estuvieran vinculados, pero la diosa hizo una excepción con ellos dos. Complicando así aún más las cosas.

Las guerrillas entre los humanos y licántropos no parecían tener fin, y todo empeoró cuando el secreto salió a la luz.

Así que se llegó a un acuerdo para perseverar la paz. Se prohibió para los humanos tener contacto con cualquier criatura del bosque y viceversa.

El líder de los lobos se mostró decepcionado de su hijo ante tal traición. Por lo tanto, se le obligo a tomar el mando de la manada y unirse forzosamente con otra he demostrar la lealtad a su pueblo. Mientras tanto la abuela de Candy fue desterrada de la aldea, siendo abandonada en el bosque a punto de dar a luz.

La abuela de Candy lloró durante varias noches, anhelando el calor de un hogar y los brazos de su amado que no veía desde su destierro. Y entonces Neal nació.

Tan bello y delicado, pequeño entre sus brazos. Juró protegerlo con su vida. Darle lo mejor y llenarlo de amor solo como una madre podría hacerlo. Richard la encontró días después, llevándola hacia una humilde vivienda construida por su propia mano. En donde su hijo crecería fuerte y estaría protegido. O al pensaba.

Él decidió no comentar sobre el tema de su manada y el plan de su padre para su futuro. Y así pasaron los años hasta que Neal tuvo su primera transformación.

El primer hibrido en el bosque amenazaba a las demás especies y manadas. Lo cual lo convertía en un peligro.

Los rumores corrían rápido y si las noticias llegaban a las familias de licántropos sangre pura, La abuela de Candy también estaría en peligro.

Así que tomó el frente de su manada y se llevó a Neal con él.

Mantuvo el secreto oculto, rompiendo el corazón de la abuela de Candy. Ella lo entendería algún día y tal vez lo perdonaría.

Neal creció y visitó a su madre a escondidas de su padre. Su mitad lobo lo había guiado hacia ella. Su parte humana también creció, descubriendo la verdad de su hibrida y llenándose de rencor con el paso de los años. Llevándolos hasta a la actualidad.

Tal vez había actuado mal. Sus errores del pasado podrían haber afectado de una manera imperdonable el futuro. ¿Este fue el plan de la diosa durante todo este tiempo

Y entonces Richard recordó.

La guerra al fin había terminado. Después de tantos años los humanos abandonaron la idea de enemistad, con largas charlas y acuerdos. No era mucho, pero era un no se acababa.

Sus recuerdos lo llevaron nuevamente al día en que conoció a la abuela de Candy por primera vez. Las memorias de un tiempo feliz lo hicieron sonreír. Las lágrimas se juntaron por fin sonrió con ternura, observando a la pequeña bebé en sus brazos.

Richard lloró por el tiempo perdido, por los errores cometidos, por su propio hijo y por el amor de su vida.

— Luna — dijo entre lágrimas. Terry y Candy lo miraban atentos y conmovidos por la escena de su hija en brazos del líder. — Su nombre será Luna.

Continuara…

Muchas gracias por seguir leyendo y comentando todas y cada una de mis historias, deseando sigan esta y las que aún faltan, esta historia ya llega a su fin, solo falta el final ;) Continuamos en más Historias de Terry y Candy, Después de esta pienso compartir mas historias eróticas, cuídense.

Un Abrazo a la Distancia Maggie Grand.