El acercamiento, significa el miedo de la fiera y la avidez del herbívoro; no tendrá colmillos pero cuando Louis está presente hasta un oso enmudece.
La presencia de un alfa de ese calibre. Y ahí viene
De repente, se sorprende a sí mismo, siguiendo con una afilada y silente circunspección cada uno de los movimientos del venado, cuál si fuese un péndulo oscilante, arrebata la conciencia y la voluntad a quien tenga la desdicha de quedar atrapado en tal cadencia.
La cadencia de Louis.
Qué fuerte.
Todo su cuerpo, cuando se mueve, el mundo podría caer a sus pies, es magnífico. Parece concebido como una sinfonía, una obra de arte en cada movimiento, en cada manera, en cada paso y cada gesto.
El majestuoso ciervo rojo.
Joder, y como no quedarse prendado; como no quedarse, someterse y no querer salvarse.
Fascinación, sí, podría llamarlo así.
O no.
Legosi se siente traicionado por la idea de su naturaleza, esa llamada primigenia que mora en el interior de su alma, esa malsana lascivia por la sangre que no puede negar, que existe y lo acosa, y lo aterroriza como un monstruo en la oscuridad, como una perniciosa voz dentro de su cabeza, como un espectro, como un demonio, en cada esquina, en cada pensamiento, detrás de cada movimiento, amenaza con revelar que toda la parafernalia del carnívoro pacífico y del instinto controlado son solo eso, hipocresía. El pecado lo acecha, esperando el momento de morder, espera la ocasión...
Espera, ¿acecha?
Sí, acecha. Le tiene pánico a qué solo sea un delirio de su gula, el deshonroso anhelo de carne. Porqué cualquier carnívoro puede sentirse atraído por un herbívoro en cualquier momento, es la eterna cruz de su sociedad; cualquier lobo puede anhelar una gallina, un carnero, un conejo quizá...
Pero, joder, un ciervo macho tan, tan...
Hermoso...
Y es en ese instante dónde Legosi tiembla, dónde el monumental lobo gris se deshace, se asfixia, estrangulado como si todas sus inseguridades, traumas, dudas, terrores se le hubieran echado al cuello convertidas en serpiente y comenzarán a ajustarle la tráquea queriendo matarlo.
-... eh..-no sabe que decir. El espectacular Louis, la presa más sublime de todas, se acerca como si quisiera estar a su merced...
Y están solos...
Oh no, ¿lo terminará sometiendo e imperando el orden, el brío o el tamaño?
¡JA! Como si pudiera siquiera soñar con eso.
Todos saben, él sabe tambien, que en esa relación tormentosa, como en la academia, Louis es quien quién otorga y concede, quién entrega y arrebata
Es él quien decide dónde, cuándo, cómo...
Es quien lo sujeta de la corbata y lo hace obedecer.
Cuando se besan parece que se molesta de que Legosi se contenga, se quede petrificado.
-oye...¿Tengo cara de hembra...?-
Arquea una ceja. En esos insondables ojos castaños puede verse, puede reflejarse, puede verse acorralado y descubiertas, todas y cada una sus absurdas divagaciones.
¿Compasión? ¿Consideración? Sería una grave ofensa, ¿Qué es lo que piensa que tiene al frente? ¿A quién piensa que tiene a menos de dos dedos de distancia? El jodido futuro Beastar, por favor, el príncipe de la academia.
- N-no se trata de eso..-el depredador titubea, rehuye la mirada, se calla y baja la cabeza, las orejas. Se siente poseído por la imperiosa necesidad de ser políticamente correcto. La oposición del "debo y quiero" es un suplicio.
Y más que nadie, ante él...
El ciervo se deleita con tanta sumisión, en secreto, satisface algo sórdido y pusilánime en su centro. Una pequeña gran vergüenza.
Su secreto más temido
Pero dejémoslo a un lado…nadie tiene por que saberlo, y por ende no lo deja ver ni en su caroz más intimo
Sonríe de forma taimada, parece que los papeles se hubiesen invertido en una fracción de segundo. El carnívoro domesticado y el herbívoro fiero.
No obstante el amaestramiento no siempre es por la fuerza.
Louis alza el otro brazo, deja de tensar la corbata de la que se había apoderado y sus otros cinco dedos se crispan para hundirse por el pelaje áspero y denso del lobo, desde la nuca hasta entre las orejas y frota la punta de una de ellas con los dedos.
Desciende con la palma de la mano por su frente, entre sus ojos negros y fieros, pero que ahora se ven expectantes, y recorre la longitud de ese morro lleno de dientes como cuchillos que podrían herirlo y derramar sus entrañas en el mismo suelo...pero no lo reta, no está vez, pasa de largo y rasca con amabilidad bajo la longitud completa del mentón a medida que vuelve acercarse a su hocico...
Ese gesto, se podría considerar casi peyorativo, pero no es esa su intención, ya que en ese extraño mundo no existen las mascotas caninas.
Pero sigue siendo igual de gratificante para un canino como Legosi.
¿Sabes eso que hace que un perro mueva la pata frenéticamente? Lo acaricia de forma muy, muy íntima. Y le rompe la calma.
"Ufff Mierda, mierda, mierda, Sí…digo, NO ...si me haces eso...yo …voy a…"
Sonríe el venado para sí mismo al sentir todos los indicios de que Legosi se rinde, se le está viniendo encima, lo empuja, jadea, su lengua se pone más furiosa, sus besos son más hirientes, rasposos, cuando siente su deseo...o quizás su apetito.
Y ahora se estremece, y es él quién quiere parar. Está provocando a la bestia, y sabe que tan incontrolable se puede poner todo...
-Basta...nos van a ver...-su propia voz suena algo ronca y también demandante; oh sí, él puede ser heraldo de la excelencia encarnado...pero tampoco de piedra. No se pueden negar los placeres mundanos de la juventud, por así decirlo. Y también le gusta un poco rudo...claro que sí, es macho, con un demonio.
Vuelve su conciencia, quiere hacerlo reaccionar y parece que no puede frenarlo, como tampoco podría frenarlo si quizás quisiera dar un paso más
- Legosi, haz lo que te digo...
Sin darse cuenta su espalda ha tocado la pared y acaba de convertir eso en una situación absolutamente comprometedora; No obstante sale del impasse con la pluscuamperfecta pulcritud que lo caracteriza, no parece incomodarse, ni alterarse, sin más perturbación que su respiración algo acelerada, donde el otro tiene la lengua afuera y limpia del contorno de su boca el exceso de saliva
El canino no lo mira, sólo se arregla, se encorva, vuelve a la normalidad, a su pacífico semblante, y anulan cualquier miserable sospecha de que entre el presidente del club de teatro y el tramoyista (escándalo) como si entre ese herviboro y ese carnivoro (sacrilegio) como si entre esos dos muchachos (Qué aberración) pudiera haber algo más que una relación de compañeros...
Una relación...
Ni eso podría llamarse a encontrarse aquí y allá de forma furtiva, y dejarse un poco llevar por esas mutuas ansias el uno del otro, ese sinsentido partido entre el hambre, la indefensión, la lucha de poderes, el desafío de estereotipos, la puesta a prueba de los límites entre la naturaleza de cada uno.
Legosi confía en él más que en sí mismo, de por sí su compañero representa lo más estable, firme y sensato que existe, no hay nada que Louis no tenga ni guste tener en control.
- ¿No tienes algo que hacer?- absorto en sus cavilaciones se percata del feo escrutinio al que sometía al ciervo, quién revisaba su teléfono, poniéndose al corriente de su agenda- Parece que quisieras morderme -sonrie con sorna, de medio lado y suelta un venenoso comentario-¿eso te gustaría verdad?-
Fue el tono, asomaba un atisbo de desprecio, no específicamente por él, si no, por todos, por su propio pasado, sus propios complejos, se reprendía a sí mismo. Sin embargo...
-Yo... prefiero solo esto, nada más… si no te molesta...-su expresión es serena, tan serena que, parece solemne, y sincera. Y lo es, en su vesania interna lo único claro a lo que se aferra es que no quiere que su monstruosa naturaleza lo alcance de ninguna manera, si no que sirva para librarlo de todo mal. Es lo que hace, lo hará siempre.
El ciervo se queda intrigado, la declaración lo desconcierta en lo más profundo, pero le complace.
