Epílogo

—No lo entiendo —dijo Minato mirando a los muchachos. Meneó la cabeza—. Nunca había sucedido.

—Yo tampoco, papá. Pero parece que en mí hay algo que me distingue de los varones Namikaze anteriores. O es eso, o bien es Temari quien tiene algo diferente. Quizás ambas cosas.

—¿Cómo podéis seguir su ritmo?

Gavrael estalló en risas, un sonido cálido e intenso.

—Entre Temari y yo nos las arreglamos.

—Pero claro, siendo tan pequeños, ¿no están todo el rato haciendo travesuras?

—Por no hablar de los lugares demasiado altos. Siempre están intentando llevar a cabo proezas increíbles, y por si quieres saberlo, son condenadamente listos y un peligro para cualquiera. Es casi más de lo que un berserker podría aguantar. Por eso creo que sería conveniente que también tuvieran cerca a su abuelo —señaló Gavrael intencionadamente.

El rubor de placer en las mejillas de Minato fue inequívoco.

—Si lo entiendo bien, ¿quieres que me quede aquí contigo y con Temari?

—Maldebann es nuestro hogar, papá. Pensabas que Temari y yo necesitábamos la intimidad de los recién casados, lo sé, pero deseamos que te quedes en casa para siempre. Los dos, tú y Balder; a los niños también les hace falta su tío abuelo. Recuerda, los Namikaze somos carne de leyendas, ¿y cómo llegarán ellos a conocer estas leyendas si no se las explica el más admirable de los berserkers? Deja de andar visitando a toda esa gente que pasas a ver y vuelve a casa. —Gavrael lo observó por el rabillo del ojo y supo que Minato no volvería a abandonar Maldebann. La idea le causó enorme satisfacción. Sus hijos tenían que conocer al abuelo. No como una visita esporádica sino como una influencia constante.

En un silencio satisfecho que rayaba en el sobrecogimiento, Gavrael y Minato contemplaban a los tres niños jugando en la hierba. Cuando Temari salió al sol, sus hijos levantaron la vista al mismo tiempo, como si hubieran percibido su presencia. Dejaron de jugar y se le acercaron, rivalizando por su atención.

—Qué imagen tan maravillosa —dijo Minato con tono reverente.

—Sí —asintió Gavrael mostrando su acuerdo.

Temari reía mientras revolvía el pelo de sus tres hijos y dirigía sus sonrisas a tres pares de ojos azul claro.

Una leyenda escandinava

(El crepúsculo de los dioses)

Según la leyenda, Ragmarok —la última batalla de los dioses— anunciará el fin del mundo.

La destrucción hará estragos en el reino de los dioses. En la última batalla, Odín será devorado por un lobo. La tierra quedará devastada por el fuego, y el universo se hundirá en el mar.

Según la leyenda, esta última destrucción irá seguida de un renacimiento. La tierra resurgirá del agua, exuberante y rebosante de nueva vida. Se profetiza que los hijos del muerto Aesir regresarán a Asgard, el hogar de los dioses, y reinarán de nuevo.

En las montañas de Escocia, el Consejo de Ancianos dice que Odín no cree en la necesidad de correr riesgos, que hace planes para desafiar al destino engendrando su raza guerrera de berserkers en los linajes escoceses, ocultos en lo más recóndito. Allí aguardan el crepúsculo de los dioses, momento en el que los convocará para que luchen por él una vez más.

Según la leyenda, hay berserkers que se pasean entre nosotros, e incluso algunos inmóviles…

FIN