La palabra embarazo palpitaba una y otra vez en mi mente. Pero eso era imposible, yo no podía estar embarazada, había tomado la pastilla y utilizábamos…
No, no utilizábamos nada.
El mundo se me vino encima cuando comprendí lo que un embarazo significaba. Este no era el mejor momento, lo sabía, aunque en realidad nunca hay un buen momento para ser madre, sencillamente la situación en la que estaba no me dejaba disfrutar lo que debía de ser la mejor noticia para mí, para nosotros.
Suspiré y traté de captar la atención de la doctora, por más que trataba de descifrar lo que decía, no podía, a mi mente llegaban todas las conversaciones que sabía tendría con mi madre y por más que suavizara las cosas, jamás tendría de ella las palabras que yo deseaba oír.
Me limpié el gel del estómago y vi como la doctora acomodaba los aparatos.
-¿Quieres interrumpir el embarazo, Candy?-
-¿Qué? ¡No! Yo… yo quiero tenerlo-
-Me parece estupendo, sé que el momento no es el ideal, pero piensa que este tipo de noticias siempre son bienvenidas en la familia.
Traté de sonreír sabiendo que en la mía no todos estarían contentos, es más, estaba segura de que mi mamá haría todo lo posible por que el embarazo no culminara, pensar en eso me provocó náuseas y de manera protectora me llevé las manos a mi abdomen.
-Candy, debes saber qué, aunque eres una madre joven, siempre tendrás el respaldo de tu familia. ¿Cuentas con el apoyo de tu pareja? Es decir …-
-Sí, sí, nosotros estamos bien, este bebé será una bendición-
-No sabes cuánto me calma estucharte, en estos tiempos la juventud no es muy responsable, qué bueno que ustedes son la excepción ¿Te gustaría que fuera yo quien supervisara tu embarazo?
-Yo… sí, supongo que sí-
-Perfecto, enviaré una enfermera más tarde para tomar datos. Nos vemos, preciosa y felicidades-
Me quedé sola en aquella habitación fría, el blanco del lugar me hacía sentir en paz. Mi mente viajó a un futuro que se antojaba aún más lejano de lo que ya era, pensar en un pequeño ser; mitad de Terry y mitad mío, con sus ojos y su sonrisa, aunque no lo conocía ya lo quería con toda el alma, y estaba segura de que Terry lo amaría todavía más.
Suspiré y sonreí como si alguien me hubiera dicho algo gracioso, Terry tendría que despertar, ya no por mí, sino por nosotros, ahora había alguien más esperando conocerlo y disfrutar de su compañía tanto o más como lo disfrutaba yo.
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La puerta se abrió de golpe, mi madre estaba en el marco mirándome con tanto dolor y rabia que me hizo temblar, su mirada era la de una fiera a punto de atacar a su presa. Estaba por hablar cuando su fría mano se estampó en mi mejilla, y lo que ella dijo me envió directo al infierno.
-Solo quiero que me digas si el hijo que esperas es de Terry-
De todas las cosas que me esperaba dijera, ésta no era una de ellas. Sentí el frío invadir mi cuerpo, mi garganta se cerró tanto que tratar de pasar saliva era un martirio, sus ojos eran dos témpanos, en ellos no había nada más que odio.
-Mamá-
-¡No lo puedo creer, Candy! ¿Cómo pudieron ustedes dos? ¿Pero qué estaban pensando? ¡No! Ustedes no estaban pensando, son un par de sinvergüenzas.
-Mamá, este niño…-
-¿No es de él? Porque si lo que sale de tu boca es eso, entonces tendremos otra conversación más agradable, pero si lo que tú me dirás solo es para confirmar lo que ya sé… entonces lo pagarás-
-¿Qué? ¿Me estás amenazando? ¿Pero qué te pasa?
-¡Qué es lo que te pasa a ti! ¡tú eres la que está metida en este embrollo por andar de cusca!
-Mamá, yo lo…-
-¡CALLATE! ¡CALLATE! ¡ERES UNA PERDIDA!
-Déjame explicarte, las cosas…-
-¿Las cosas no son como creo que son? A otro perro con ese hueso, ¡Te acostaste con tu hermano!
-Tú sabes que él no es mi hermano, mamá- me encontraba al borde de las lágrimas, trataba de controlarme y poder hablar, pero el sentimiento de culpa, ver el odio de mi madre hacia nosotros me estaba matando.
-¿Y eso qué importa? Todo el mundo sabe que son hermanos, han vivido juntos por casi veinte años-
-Pero no somos hermanos de sangre-
-¿Acaso no lo ves? ¿Te imaginas lo que la gente va a decir de ustedes?- veía sin poder creer que esa señora frente a mí fuera mi madre, ella se encontraba en un estado lamentable; me señalaba con el dedo, gritaba y se movía de un lado hacia otro como queriendo salir de una jaula. Lo que más me daba miedo eran sus ojos.
-Mamá, la gente siempre hablará, así haga lo que haga, ellos siempre tendrán de qué hablar- me serené un poco, alguien de las dos debía de hacerlo, porque si me ponía contra ella jamás ganaría.
-Candy, es que no estás viendo las cosas como son, Terry es tu hermano, tú eres su hermana-
-Me estoy cansando de que estés siendo una completa lunática, mamá. Ni somos hermanos, ni somos parientes, estamos unidos porque estás casada con su papá. O lo estabas-
La siguiente cachetada me dolió aún más que la primera. Sentía arder mi piel y sabía que su mano se había quedado marcado en mí. Pasé saliva, sabía que había hecho mal, pero ella simplemente me sacaba de mis casillas.
-¡CÓMO TE ATREVES A DECIR ESO! ¡TU PADRE DEBE ESTARSE REVOLCANDO EN LA TUMBA!
-Mamá, sé que estás enojada y te entiendo, pero debes de comprender…-
-¿Qué ese hijo que llevas es fruto del amor? ¿Qué ese hijo nos mantendrá unidos como la feliz familia que debíamos ser? No Candy, ese niño es el resultado de sus mentiras y lo único que traerá es dolor, ¿acaso no ves por qué estamos aquí?
-No tuvimos la culpa de…-
-¿De qué tu padre se estrellara frente a ustedes?
-Mamá-
-Conmigo no cuentes, y desde ahora te digo que ese niño para mí está muerto- y se fue cerrando la puerta detrás de ella.
Algo subió de mi estómago a mi boca y tuve que actuar rápido antes de vomitar en la cama, corrí al sanitario y vacié mi estómago. Me dejé caer en el suelo incapaz de controlar mi llanto, me aferré a la taza del baño como si mi vida dependiera de ello.
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-¿Pauna?- me giré bruscamente al escuchar a mi madre hablarme. Cerré los ojos y resoplé. En estos momentos no estaba para tratar con ella.
-¿Cómo sigue Terry?- seguí caminando mientras escuchaba sus pasos detrás de mí.
-Igual, ¿qué ha ocurrido? ¿dónde está Candy?
-Esa… no sé-
-¿Cómo no vas a saber si te fuiste corriendo detrás de los camilleros?
-Mamá, me duele la cabeza-
- Espera, hija, ¿a dónde vas?
-Necesito hablar con el director del hospital-
-Pero... ¿Qué ocurre, Paunna?
-Mira madre, no quiero ser grosera, acabo de perder a mi esposo, mi hijo está en coma, mi hija es una perdida y tú me estás colmando la paciencia. Si quieres saber cómo se encuentra Candy, entonces te aconsejo que vayas y preguntes en recepción- y sin esperar su respuesta, me alejé.
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Veía mis pies caminar entre nubes y por más que yo trataba de bajar para sentir el suelo, no se podía. Miraba para todos lados y solo podía ver nubes y más nubes blancas.
¿Dónde estoy?
Seguía caminando, no, flotaba entre nubes tratando de llegar a algún lugar del cual no sabía nada. Había cuadros colgados en las nubes, y por más que trata de descifrar qué eran, no se podía, todo se volvía muy confuso cada vez que trataba de enfocar mi mirada en aquellos cuadros.
En un punto del camino de nubes, comencé a sentirme muy cansado, necesitaba descansar un poco para poder seguir. De pronto ya no flotaba, podía ver cómo mi cuerpo se sentaba en una nube y de pronto algo me arrastraba hacia abajo, nada salía de mi boca por más que trataba de gritar.
En aquellos momentos las nubes se convirtieron en un túnel de millones de colores, por inercia estiré el brazo para tocarlos y en mis manos caían serpentinas de fiestas, moví los dos brazos para que las serpentinas siguieran cayendo y sonreí. Qué raro lugar.
-¿Terry?
En mi viaje por aquel túnel escuché la voz más dulce del mundo. Cuando reaccioné ya no había ningún túnel, y mucho menos estaban las serpentinas. Me encontraba en medio de la carretera, veía al cielo y observaba la lunas y las estrellas. Volteaba para todos lados y no sabía a donde ir; hacia el frente o hacia atrás, pero ¿Cuál es el frente y cuál es atrás?
Llevé las manos a mi cabeza y la sujeté, era un dolor espantoso, sentía cómo mi cabeza se quería partir en miles de pedazos, la sujetaba porque tenía miedo de que se desprendiera de mí.
-¿Terry?
Aquella voz que había escuchado en el túnel, hizo que mi dolor de cabeza parara. La busqué con la mirada y me topé con una figura negra que caminaba hacia mí. Quise responder, pero nada salió de mi boca.
-¿Eres tú, Terry?
Me quedé congelado cuando una mujer se paró frente a mí, era hermosa; su cabello de un dorado cuál sol brillaba a pesar de encontrarnos en la oscuridad, sus ojos, de un verde intenso me miraban como tratando de decirme algo. De pronto yo era un espectador más, podía verme a mí mismo frente a esa mujer, veía cómo levantaba mi mano derecha para tocar la mejilla de ella. Sentí mi corazón latir cuando ella puso su mano en la mía y me sonrió.
-Ven conmigo, Terry-
Sonreí al escucharla decir mi nombre y me atreví a abrazarla. Me encontraba tan contento y no sabía por qué, era extraño porque no la conocía y a pesar de eso sabía que tenerla entre mis brazos se sentía bien, se sentía correcto.
Escuché un grito y luego una luz blanca lo borró todo.
-Doctor, los signos vitales están cayendo-
-¡Vamos, muchacho, vive!
-Doctor-
-¡¡Una vez más!
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Hola a todas, he vuelto.
Les pido una sincera disculpa por tenerlas abandonadas, pero como comprenderán son tiempos dificiles para todos.
No quería que el tiempo pasara y ustedes no tuvieran un capítulo, así que puse todo de mi para traer este pero corto avance; que no es mucho, pero es mejor que no tener nada.
ANIMO A TODAS Y TODOS, UN ABRAZO MUY FUERTE A LA DISTANCIA.
