Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!

Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

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Gracias Yani por betear esta historia.


Capítulo 12: La primera carta

Canción del capítulo: Getting Over You de The Used

EPOV

21 de diciembre

Después de entrar a mi apartamento, dejo caer el correo sobre la mesa del pasillo y me quito la chaqueta.

Estoy enfermo y cansado, literal y figurativamente, después de haber sufrido de un jodido resfriado o alguna mierda así por dos semanas. Aunque aceptaría un resfriado cualquier día si no tuviera otras mierdas haciéndome sentir enfermo. Como el viaje que tengo que hacer a Forks mañana, un viaje que he estado temiendo desde hace un mes.

Porque de verdad tengo ganas de pasar las vacaciones con mamá y papá.

No he regresado a Forks desde el 22 de junio, un día después de mi cumpleaños número dieciocho.

Mis padres me han visitado dos veces, pero afortunadamente fueron visitas rápidas.

Pensé que para este momento ya me sentiría mejor.

Resulta que no es así. En lugar de eso, me siento peor.

Apenas puedo funcionar.

Como, duermo, estudio. Eso es todo, y… todo es un fastidio. Incluso comer y respirar, carajo.

Me duele el cuerpo. Siento que algo me está devorando por dentro, pudriéndome más y enfermándome con cada día que pasa. Y es todo por ella… Tinks. No hubo despedida, no hubo nada. No es que lo mereciera, pero… carajo, duele. La extraño. Dios, la extraño con locura. Justo la semana pasada vi una castaña en el campus y pude haber jurado que era Bella. Había perseguido a la tipa solo para descubrir que no era Tinks.

Con un suspiro pesado, camino hacia la cocina y agarro una Coca del refrigerador antes de revisar mi correo.

Recibos, recibos, basura, una invitación a un seminario de medicina, recibos, basura, y…

Una carta. Parece personal.

Frunzo el ceño y le doy un trago a mi Coca mientras giro el sobre, pero no hay dirección del remitente. Solo veo que viene de Tennessee.

Dejando el refresco en la mesa del pasillo, abro la carta… y respiro temblorosamente cuando veo que es de Bella.

Mi corazón empieza a latir con furia.

Edward,

Escribo esta carta por razones egoístas ya que no quiero una conciencia culpable pesándome en la mente. ¿Conoces esas películas malas donde un hombre se reúne con su amor de hace mucho tiempo después de años solo para descubrir que la chica ha estado escondiendo a su hijo? ¿Todo porque tuvieron sexo en la graduación o algo así de patético? O quizás no conoces esas películas.

Como sea.

Tienes un hijo.

Un sonido ahogado se escapa de mí, y mi mano empieza a temblar, haciendo que me sea difícil seguir leyendo.

—Oh, Dios

Nathan nació el 10 de diciembre, fue prematuro por un par de semanas. Es un guerrero, una cosita salvaje. Está sano. Encontrarás fotos de él en el sobre.

Lo que no encontrarás es mi dirección, tampoco estoy segura de que quieras tenerla, sin embargo, sí podrás encontrar un correo electrónico. Así que, si quieres conocer a tu hijo o hacerme preguntas, puedes contactarme. Luego partiremos de ahí. Después de todo, tienes derechos.

Me llevo el puño a la boca para detener más sonidos.

Sollozo y parpadeo para alejar las lágrimas.

Un hijo, un bebito.

Me has puesto en una posición difícil, Cullen, porque todavía quiero arrancarte las malditas pelotas —no mentiré, te odio profundamente— pero también me has dado a Nathan. Así que… le puse Nathan Anthony, Anthony por ti y mi papá. ¿La verdad?

Tus padrinos eran mejores que los míos. Solo desearía que los tuyos siguieran con vida. Pero eso no viene al caso.

Un traicionero gimoteo se escapa entre mis labios a pesar del puño que sigue firmemente presionado sobre mi boca.

Y yo desearía lo mismo. Los padres de Bella —mis padrinos— deberían estar vivos.

Pero la vida no es justa, ¿cierto?

Espero que tengas lo que querías, Edward. De otra forma, todo el esfuerzo que pusiste en romperme fue por nada. Todo ese esfuerzo… sí, por tu bien, espero que seas feliz.

~Bella.

P.D.: En serio, no sientas ninguna obligación hacia Nate. Eso viene del fondo de mi corazón.

Con lágrimas cayéndome por la cara, suelto un grito y arrugo la carta en mi mano antes de aventarla a la puerta. Pero en cuanto cae en el piso con un golpe sordo, me lanzo otra vez sobre ella. Las fotos, las fotos, dijo que había fotos. Oh, Dios. Fotos, fotos, fotos.

Me arrodillo en el piso y aliso frenéticamente la carta, pero la encuentro vacía. No hay nada, y luego lo entiendo. El sobre, no la jodida carta. Así que me muevo hacia donde dejé caer el sobre y, con dedos temblorosos, saco dos pequeñas fotos.

—Carajo —gimoteo patéticamente. La primera foto es de un bebé recién nacido sobre el pecho de Tinks. Asumo que se la tomaron justo después del parto, y ese pensamiento, todo esto, me hace llorar con más fuerza. Ella es tan hermosa, ambos lo son. Su cabello está hecho un desastre, tiene puesta una bata de hospital, se ve exhausta, incluso tiene los ojos cerrados, pero… la dulce sonrisa en sus labios…

»Cristo —exhalo pesadamente.

Y el bebé es tan pequeñito. Puedo ver la mano de Tinks en su espaldita, y demonios, la misma Tinks es pequeña. Aun así, su mano cubre la espalda de su… de Nathan.

La desolación mezclada con angustia hace que mis rodillas cedan y termino otra vez sentado en el piso.

Ella no se hizo el aborto.

Se quedó con el bebé.

Empiezo a sollozar por todo lo que desprecié.

Después de componerme un poco, agarro la segunda foto.

En esta foto solo aparece Nathan, y queda claro que es una foto tomada más recientemente. Es una toma cercana, asumo que la tomaron sobre una mesa cambiadora, y está usando un pañal y una pequeña playera azul. Hay un gorrito de bebé color azul claro a su lado, pero no lo está usando, es así como puedo ver el cabello café rojizo sobre su cabeza.

Eso dispara otra ronda de llanto incontrolable.

Tengo un hijo.

—Lo siento —lloro en mis manos.

Sollozo y me limpio la cara con la manga de mi camisa, y recargo la cabeza en la pared detrás de mí, pegando los ojos al techo. No puedo pedir fuerza, porque eso nunca me llega. Papá tiene razón; soy débil. Siempre lo he sido. Así que en lugar de… no sé… hacer algo bueno, tal vez, me encuentro llenándome de rabia y un odio ciego. Todo va dirigido a mis padres. Ellos me jodieron. Es su culpa.

Siempre es más fácil culpar a alguien más.

Y exploto, antes de entrar a internet para cambiar el horario de mi vuelo. No puedo esperar hasta mañana en la noche. Tengo que ir ya.

Tengo que… tengo que… tengo que sacarme esta mierda del pecho. Debí hacerlo hace mucho tiempo.

Aproximadamente tres horas después, subo al vuelo que me llevará de regreso a Washington.