Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Gracias Yani por betear esta historia.
Capítulo 14: La segunda carta
Canción del capítulo: The Bully de Sia
BPOV
Enero
1…
2…
3…
4 años después
—Bella, ¡deja de mirarme así! —Jazz se ríe con la boca llena.
Sacudo la cabeza, el asco es evidente en mi expresión, y lo miro llenarse la boca con lo que sea que es eso que le da Olivia. Definitivamente lo encuentro gracioso, y Nate y Olivia no pueden dejar de reírse. Con un año de edad, Madison grita más de lo que se ríe.
—¡Mira, mami! —se carcajea Nathan, sus ojos verdes llenos de diversión.
—Estoy mirando, cielo. —Me tapo la risa con la mano cuando Olivia mete un tenedor de puré de banaba en la boca de Jasper, lo cual no habría sido tan malo si su boca no hubiera estado llena de papas y uvas—. Dios, qué asco, Jazz.
Pero es Jasper de quien hablamos. Es un payaso, y vive por las risas de los niños. Sin importar de quién sean hijos. Él quiere ver sonrisas en la cara de la gente y hace hasta lo imposible por conseguir su deseo. En esta ocasión se trata de sus hijas y mi hijo.
—Papi, esto también —dice Olivia con seriedad, alzando un montón de ositos de goma.
La pequeña Olivia cumple tres años hoy, así que la enorme mesita de café aquí en la sala común de Casa Whitlock está llena de dulces, helado, papas, refrescos y galletas. Con un poco de furtividad, la esposa de Jasper y yo nos las arreglamos para poner también un poco de fruta en la mesa.
—¡Bella! —escucho a una vocecita llamarme, y luego siento un tirón en la pierna. Al bajar la vista veo a Thea, una niña que vive aquí con su madre.
—Hola, cariño —digo, cargándola. También tiene tres años, pero es muy pequeña para su edad. Cuando Jasper abrió la tercera Casa Whitlock hace seis meses, esta vez en Alaska, donde vivimos ahora, Thea y su madre fueron las primeras dos en mudarse. Thea estaba malnutrida y pocas veces decía palabras, y Heidi, su madre, estaba gravemente golpeada. Ambas estaban huyendo del esposo violento de Heidi—. ¿Qué tienes ahí? —pregunto, haciéndole cosquillas en la pancita. Se ríe y se retuerce en mis brazos mientras toco las manchas de helado que tiene en la camiseta—. ¿Vas a guardar un poco para más tarde? ¿Eh? —Le doy un ruidoso beso en la mejilla—. ¿Dónde está mami?
Heidi y Thea se irán la próxima semana. Ya pueden mantenerse solas, y Heidi está emocionada por mudarse a su propio apartamento en Juneau. Antes de casarse con el bastardo que la golpeó, vivía con sus padres. Así que en realidad este es su primer apartamento propio. Estoy feliz por ella.
—En nuestra habitación, está empacando muchas bolsas —dice, y luego quiere bajarse otra vez—. Jazz, ¡también quiero darte comida!
Suspiro con felicidad y tomo asiento en el sofá, contenta con ver a los niños obligar a Jasper a comer comida dulce.
Mudarme aquí fue la mejor decisión de todas. Cuando Jasper me dijo que quería abrir otra Casa Whitlock, yo sugerí Alaska, y me preguntó si quería dirigirla. Basta decir que sí quería, y eso es lo que hago yo. Lo que no esperábamos era que Jasper se enamorara de este lugar, pero sucedió, así que él también vive aquí. Con su esposa y dos hijas. Jada es enfermera en Anchorage, y le encanta Alaska tanto como a Jazz. Es el mismo caso con sus hijas, Olivia y Madison.
Por supuesto, Jasper viaja mucho. Entre las Casas Whitlock en Memphis, San Diego, y Anchorage, es un hombre muy ocupado. También va a seminarios de medicina y seguido organiza eventos benéficos, y también da conferencias en distintas universidades por todo el país. Sin embargo, aun así logra hacer felices a todos.
Ese día, cuando Charlotte fue tras de mí en Forks, Jasper no vaciló en llevarme a Memphis. Me abrí con él y con Jada, su novia en aquel entonces, y ambos me dieron un hogar. Me dieron una familia. También terapia, obviamente, la cual no he dejado hasta este día, pero ya no voy tan seguido. Ahora una visita al mes me ayuda a mantener la cabeza fría, pero en aquel entonces… Dios, era un desastre. No distinguía la izquierda de la derecha, sufrí ansiedad y pesadillas durante meses antes de empezar a mejorar. De hecho, fue Nathan quien puso las cosas en marcha. Su nacimiento fue mi punto decisivo.
Empecé a pelear por su bien, y llegados a ese punto, también empecé a pelear por mi propio bien. Seguí adelante. No fui a la universidad ni nada así, pero quizá algún día lo haga. Sin importar qué decida hacer, no buscaré otro trabajo. Jasper me entrenó para hacer lo que hago hoy, así que si tomo el siguiente paso algún día, probablemente estudiaré psicología. Demonios, la única cosa que he hecho —referente a la escuela— desde que dejé Forks fue sacar mi certificado de preparatoria. Jazz y Jada insistieron en ello.
—¡Mami! —La voz de Nate me trae de regreso al presente, y suelto una risa sorprendida cuando corre a mi lado. Si no hubiera estado sentada, me habría caído. Mi pequeñito tiene una gran fuerza en él.
—¿Qué sucede, cielo? —pregunto, despeinándole un poco el cabello—. Oh, por amor a… —me río entre dientes y veo lo sucio que está. Estoy dispuesta a apostar que se echó más helado y jarabe de chocolate en sí mismo que en su estómago—. Te vas a bañar en cuanto lleguemos a casa.
Nate y yo vivimos a unas calles en un apartamento de dos habitaciones. Jasper y Jada viven a unas cuantas calles más, pero en una casa. Sin embargo, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo aquí en Casa Whitlock. Justo ahora, nueve mujeres y siete niños llaman a este su hogar y, aparte de mí, tenemos a cinco empleadas trabajando aquí. Siempre hay alguien aquí y la seguridad es rigurosa. La mayoría de las mujeres que buscan ayuda no son locales; vienen aquí porque está lejos de quien están escapando. La distancia las hace sentir más seguras.
—Me bañé ayer. —Nate ladea la cabeza y hace un puchero, se ve tan jodidamente lindo que podría comérmelo. Es una cara que he visto en infinidad de ocasiones, y no solo en mi hijo. Es una copia exacta de su papá y, después de todo, pasé mucho tiempo con Edward cuando era pequeña.
Ignoro la punzada que siempre siento en el pecho al pensar en Edward y vuelvo a concentrar mi atención en Nate.
—Entonces, ¿quieres ir mañana al prescolar con chocolate en la cara?
Me sonríe enseñándome los dientes.
—¡Sí! ¿Puedo? ¿Por favor, mami? —Junta sus manos como si estuviera rezando.
—De ninguna forma, cielo —me río y sacudo la cabeza—. Qué diría la señorita Chelsea, ¿eh?
Mi niño tiene un enamoramiento con su maestra.
Como si fuera una señal, agacha la cabeza y se sonroja, muy parecido a mí cuando era niña.
Qué adorable.
—¿Bella? —escucho a Lisa llamarme. Es una de nuestras terapeutas de guardia aquí en Whitlock, y supongo que acaba de tener una sesión con Monica, una mujer que se mudó aquí la semana pasada. Lisa también es la mujer con la que platico una vez al mes.
Volteando sobre mi hombro, la miro parada en la entrada de la sala común.
—¿Sí?
—Mary te está buscando, está en la recepción.
Asiento y bajo a Nathan.
—Ve a atacar al tío Jazz; ahora vuelvo, ¿de acuerdo? —Beso su frente, y asiente antes de irse saltando. Es mi día libre, pero le dije a Mary, nuestra asistente, que me hablara si sabía algo de Charlotte. Ella lleva días intentando llamarme, pero no he podido contestarle ni una vez, y las veces que yo la he llamado, ella ha estado fuera.
De hecho, ha pasado un tiempo desde la última vez que supe de ella. Quizás unos cuantos meses. Seguimos siendo cercanas, pero ella vive en Texas con su familia y su novio nuevo —no Peter— así que no es como que nos veamos seguido.
—Gracias —le digo a Lisa al pasar junto a ella.
No queremos que nadie sienta que esto es menos que un hogar de verdad, así que nos hemos esforzado en hacer que esta casa se vea y se sienta… normal… hay una cocina enorme que todos compartimos. Lo mismo va para la sala común, el cuarto de lavado, una pequeña habitación donde tenemos computadoras… pero aun así tenemos una recepción. Se atiende 24/7, y es donde está sentada Mary. O Maggie, que tiene el turno de la noche. Es donde registramos a la gente, donde cualquier mujer que vive aquí puede venir —a cualquier hora del día— y pedir ayuda o platicar. Es importante tener compañía.
—¿Ella llamó? —le pregunto a Mary, apoyando los codos en el mostrador.
Sonríe y se aparta el flequillo café hacia un lado.
—No, pero tu laptop sonó con la alerta de un correo electrónico.
—Oh. —Eso no es tan interesante, pero ya que estoy aquí, de una vez podría revisarlo. Así que me estiro sobre el escritorio y agarro mi laptop que ya está abierta. Efectivamente, hay un correo electrónico esperándome.
Y mis cejas se disparan hacia arriba.
Remitente: Edward A. Cullen
—Santa mierda —exhalo, siento que se me cierra la garganta.
Sin pensarlo dos veces, me llevo la laptop a la oficina que está detrás de la recepción y me siento en uno de los sofás que hay ahí.
¿Por qué ahora? ¿Qué podría querer?
Dejando la laptop en el sofá a mi lado, subo mi pierna para poder ver bien la pantalla de frente. Pero todavía no abro el correo. No puedo.
Asunto: Léelo, por favor
Sacudo la cabeza, enojada, incrédula, pasmada, confundida… curiosa.
La última vez que lo vi se negó a mirarme a los ojos. Fue durante el juicio, y todo —cada pequeña parte de su vida— estaba siendo ventilada. Estaba humillado y avergonzado, y sabía que cualquier tipo de acercamiento por mi parte sería rechazado, pero… aun así. Supongo que esperaba algo. Siendo honesta, no estoy segura de qué le habría dicho en respuesta si él me hubiera hablado; estaba tan destrozada. Él me tiró; me destrozó. Lo odiaba. Todavía lo odio.
Pensando en eso, supongo que lo que más dolió fue que no preguntó por Nathan. En ese entonces ya sabía que era papá…
Me recuerdo una y otra vez que fue una época horrible de su vida; su madre estaba muerta —de su propia mano, sin importar qué tan accidental haya sido— y la gente estaba descubriendo que había sido violentado durante trece años. Los medios fueron muy indulgentes —estoy segura de que el dinero se vio involucrado en eso— pero de todas formas había testigos. Gente que llamaron para testificar, y obviamente todos supieron la verdad.
No tengo todos los detalles, pero sé lo suficiente. Sé que Edward finalmente tuvo las pelotas para enfrentar a Carlisle y Esme —aunque me pregunto de dónde salió ese jodido valor, viendo que no estaba en ninguna parte cuando yo le rogué hacer lo mismo— y sé que todo terminó en un maldito desastre. Volaron puños, se lanzaron acusaciones, y Esme terminó muerta. Los dos Cullen terminaron en el hospital, amoratados y golpeados.
Emmett salvó el día cuando fue a la casa de los Cullen esa mañana para entregar el equipaje de Edward, que había olvidado en el carro de Em.
Y Emmett fue testigo de cómo Carlisle golpeaba y pateaba a un Edward inconsciente.
Cristo, luego todo lo que siguió: todo el desastre con un hombre llamado Liam O'Shea, que Carlisle estaba loco, el drama del hospital, reportes policiacos, se presentaron cargos, el juicio, recibir la llamada del abogado de Edward después de localizarme, volar a Seattle, era un manojo de nervios y estaba rota, lidiar con el odio y la lástima que sentía por Edward, dar mi testimonio, escuchar más sobre las muertes…
Ni siquiera quiero pensar en eso.
Mordiéndome el pulgar, miro otra vez la pantalla.
Respiro profundamente.
Lo odio. Siento lástima por él. Estoy agradecida por Nathan. También hay una pizca de comprensión; Edward no conocía nada mejor, así que llegó demasiado lejos para asegurarse de que yo no soltara la sopa sobre su horrible familia. Hay dolor. Hay pérdida. Hay culpa. Me siento traicionada; me abrí a él y le conté todo sobre mi pasado… solo para que me lo echara en cara… donde todos podían ver y escuchar, algo que ciertamente hicieron. Quiero verlo sufrir, quiero golpearlo, quiero abrazarlo, quiero escupirle en la cara. Son muchas emociones contradictorias, y ninguna cantidad de dinero ni terapeutas pueden arreglar eso.
Sin embargo, ya he empezado a soltar. Estoy feliz de verdad con mi vida justo ahora. Bien, hay una sensación de… no sé, algo… que me irrita… pero no puedo identificarlo. En fin. Sigo sintiéndome feliz. Soy joven. Estoy sana. Y soy la madre de un increíble niñito. Tengo esperanza.
Entonces, ¿por qué tiene él que joderme la vida?
—Sabes que lo vas a leer —suspiro para mí.
Mis dedos permanecen sobre el touchpad.
Ugh. Sacudo la cabeza y hago clic en el correo.
Bella,
Probablemente soy la última persona de la que quieres saber, y ni siquiera sé si todavía utilizas esta dirección de correo, pero tengo que intentarlo.
Bien. Mierda. Respira profundo, Bella.
He querido contactarte varias veces a través de los años, pero nunca era el momento perfecto. O, si soy honesto, era un cobarde. Eso no es de sorprenderse. En fin, mi terapeuta me preguntó hace semanas cuáles son mis planes después de que terminé mi libertad condicional, si quería empezar de nuevo en alguna otra parte, así que hablé con Emmett y él me sugirió Alaska.
Frunzo el ceño con una mano sobre mi corazón, dicho corazón está atorado en mi garganta.
Jesucristo. ¿Alaska?
Oh, Dios, no. No, no, no, no.
Tú siempre quisiste ir ahí, ¿o mi memoria está jodida?
Así que ahí es a donde iré. Compré una cabaña allá, en medio de la jodida nada, cerca de Sterling, y no puedo esperar para subirme a ese avión mañana. Todo lo que quiero es paz y tranquilidad. Después de diecisiete meses en prisión y siete en libertad condicional, necesito alejarme.
Vaya… ¿prisión? ¿Edward fue a prisión? ¿Por qué?
Respiro profundamente otra vez y me encuentro conteniendo el aliento al seguir leyendo.
Te juro que tengo un objetivo con este correo, todavía no lo borres.
No te pido tu perdón, porque sé que no lo merezco. Pero quiero que sepas que lo lamento. Lamento haberte alejado y lamento las cosas que te hice. Nada podrá borrarlo jamás, y también lamento eso.
No culparé a mi crianza o diré que era solo un niño; lo que hice estuvo mal y lo sabía en su momento. Entré en pánico y destruí a la única persona a la que alguna vez le interesó alguna mierda de mí.
Grito y maldigo internamente por tantas razones. Esto es demasiado.
Exhalando temblorosamente, intento no pensar en cómo se veía Edward en ese juzgado hace casi cuatro años. Estaba más que destrozado.
Creí haber tocado fondo cuando mamá me dijo que te habías ido para siempre. No sé por qué esperaba que siguieras ahí, en serio, pero… no soy la persona más inteligente del mundo. En fin, luego creí tocar fondo cuando mamá murió. Resulta que volví a equivocarme. No fue hasta un año después de estar en terapia que toqué fondo definitivamente. Verás, aunque sabía que había actuado mal, nunca me paré a pensar en realidad, no me detuve a usar mi jodido cerebro. Al menos, no lo suficiente para ver cómo había afectado realmente a la gente que me rodeaba. No me importaba.
—Sí, no me digas —murmuro.
Me veía como un dios en la escuela cuando era en realidad un maldito verdugo. Era temido, no respetado. Y no pudiste haber tenido más razón cuando me dijiste que me había convertido en Carlisle. El único problema fue que no me di cuenta de cuánta razón tenías hasta que fue casi demasiado tarde.
Abandoné la terapia después de ese primer año. Hui, porque no me ayudaba. Solo me hacía sentir peor. Cada sesión me traía claridad y nada jamás dolerá más que eso. Saber y entender lo bastardo que fui…
Eso duele, ¿no, Edward?
Bueno, no estuve en prisión por nada.
No entraré en detalles sobre eso, porque no tiene caso. Solo debes saber que estoy más arrepentido de lo que alguna vez podrás imaginarte, Bella. Te traté horriblemente y desearía poder volver atrás. Desearía haber tomado la decisión correcta en aquel entonces. Sé que habría tenido una mejor vida de haberlo hecho. Tal vez estaría contigo ahora. Y con Nathan.
Las fotos que me mandaste de él… ni siquiera sé qué decir. Dios sabe que estoy pagando por mis errores. El tipo con el que compartía celda en prisión siempre hablaba de sus cuatro hijos, y dolía como ninguna otra cosa en el mundo cuando yo no podía compartir mis propios recuerdos.
—Cristo —exhalo, siento mis ojos llenarse de lágrimas. Aparto la vista de la pantalla, preparándome, endureciendo mi corazón. Esto no está pasando. Esto no está pasando. Todos estos años simplemente había asumido que él no quería a Nathan. Quiero decir, ¿cómo podría no pensar eso? Me aventó dinero al piso para el aborto, y nunca intentó contactarme. Y… en el juicio… ugh. Al carajo con esto. Inhalo profundamente y sigo adelante.
Quiero hacerte preguntas, como por ejemplo dónde vives, cómo estás, fuiste a la universidad… pero en realidad no estoy esperando respuestas, así que me contendré con las preguntas. Aunque, ¿supongo que vives en Tennessee? No sé. Solo recuerdo que de ahí me enviaste la carta hace cuatro años.
Cuatro años… Dios. Nathan ya tiene cuatro. Es incomprensible.
No sé qué más decir, pero estoy aquí sentado intentando pensar en más cosas, siento que quiero seguir escribiendo, quiero seguir con la carta. ¿Qué tan jodido es eso? Olvídalo. Espero que leas esto y espero que seas feliz, Bella. Como dije, no espero una respuesta, pero si quieres responderme, puedes encontrar mi nueva dirección en la parte de abajo. Me mudaré a Alaska mañana, como mencioné, así que… también añadí mi nuevo número de teléfono. Por si acaso. O puedes usar este email.
Tengo la esperanza de tener algún tipo de contacto, por supuesto; duele no conocer a Nathan. Pero después de todo lo que he hecho, respetaré lo que desees. Si no me quieres en sus vidas…
Carajo. Espero que, con el tiempo, me puedas dejar verlo. Por favor. Me subiría al primer vuelo y, si quieres que me mude más cerca, solo dímelo.
Me estoy precipitando.
Lo siento.
—Edward.
Miro la pantalla.
Mis ojos se llenan de lágrimas.
Y grito.
—¡JASPER!
~CLO~
Camino de un lado a otro en la oficina de Jasper mientras él lee el correo una segunda vez. O tal vez es su tercera o cuarta vez leyéndolo, no lo sé.
Mi corazón late erráticamente, las lágrimas amenazan con derramarse, y me doy cuenta que estoy endemoniadamente nerviosa.
—¿Qué debería hacer, Jazz? —digo con voz rota, sin detener mi andar—. ¡Él piensa que estoy en Tennessee! Pero no es así. —Sacudo la cabeza—. Estoy justo aquí, en Alaska. A un corto vuelo de Sterling. —No se maneja en Alaska. He aprendido eso. Vuelas. A todas partes. Todos aquí son malditos pilotos. Oh, Dios—. Y él quiere… él quiere… —Agito una mano hacia la laptop que Jasper está sosteniendo—. Quiere conocer a Nathan. —Ahogo un sollozo y me tapo la boca con la mano.
Cuando Nathan tenía tres años me preguntó por Edward; preguntó por su papi.
Jamás quiero que mi hijo sienta odio hacia nadie, es un sentimiento que te deja oscuro por dentro. No lo permitiré. Me niego. Mi niño es feliz y despreocupado; no quiero que sienta enojo o tristeza. O, que Dios no lo permita, que sienta abandono. Así que hice lo que creí mejor y le dije que su padre no se sentía bien. Intenta explicarle eso a un niño de tres años sin hacerlo sonar como si Edward se hubiera contagiado de un virus o algo. Te reto. No estoy segura de si funcionó la primera vez, pero Nathan me ha preguntado unas cuantas veces después de eso y, con cada vez que lo pregunta, creo que lo va entendiendo más y más.
La última vez fue hace cerca de cuatro meses.
—¿Mami?
Alejo la vista de la estufa y me enfoco en Nate, mi sonrisa flaquea cuando noto el pequeño ceño en su rostro. Así que me agacho a su nivel y aprieto sus manos.
—¿Qué sucede, cielo?
Vacila, no se debe al tema que ocupa su mente, sino porque está pensando en sus palabras.
—Um… ¿mi papi está enfermo?
Inflo las mejillas, había estado esperando que esta pregunta saliera de nuevo. Exhalando lentamente, intento pensar en un nuevo enfoque, uno que lo ayude a entender.
—Katie de mi escuela dice que su papi tiene gripe —murmura, arrugando su naricita—. Estornuda mucho.
Sonrío tristemente.
—En realidad, no es algo así, cariño. —Hago una pausa, elijo mis palabras con mucho cuidado—. Cuando-cuando… —Carajo—. Cuando tu papi era pequeño, cuando tenía apenas unos cuantos años más de los que tienes tú ahora, no era muy feliz. —Dios, esto no está funcionando. Respira hondo—. Lo que quiero decir es… se sentía muy solo y triste. —Por mucho que quiera decirle que los padres de Edward tenían la culpa, todavía no quiero que Nathan odie a Carlisle y Esme. Con el tiempo, alguna parte de la verdad saldrá, no podría ser de otra forma, pero hay límites. Sin importar a quién odie, el odio es malo. Estoy harta de tanto odio. Crece dentro de ti hasta que te desmoronas en pedazos o destruyes a alguien más. Aunque siempre aborreceré a Carlisle y Esme, no tengo nada que temer. No es como que Nate vaya a conocerlos alguna vez. Ambos están muertos. Que ardan en el infierno.
Sigo hablando.
»Y cuando tu papi se hizo mayor, seguía estando triste. También estaba enojado. —Nate frunce el ceño con confusión—. ¿Recuerdas cuando murió Cheeky antes de mudarnos aquí? —Cheeky era el hámster de Nate, una maldita cosita a la que le encantaba morderme. Era dócil y jodidamente cariñoso con Nate, pero en cuanto yo me acercaba… En fin, el pequeño monstruo se enfermó y murió unos meses después, Nate se puso muy mal—. ¿Recuerdas que estabas tan triste que te enojaste?
Asiente lentamente, sonrojándose.
—Pateé mis juguetes —susurra.
Asiento también, recordándolo. Fue un gran berrinche; casi terminó destrozando toda su habitación.
—Tu papi era así, pero peor. Su mami y su papi no eran muy amables, así que papi muchas veces estaba triste y enojado. No era fácil para él.
Continúo, desesperada por llegar al punto clave.
»Cuando lo conocí nos hicimos amigos —miento—, pero él seguía sin estar feliz, y… —respiro profundamente, agarrando valor—. Luego, cuando me enteré de que te tenía en mi pancita —le toco la panza, haciéndolo sonreír—, me sentí muy emocionada. —Bien, en realidad no era verdad; estaba aterrada por mi vida. Aun así, Nate terminó siendo mi bendición. Fue amor a primera vista—. Pero papi había estado triste y enojado por tanto, tanto tiempo… que —me humedezco el labio inferior— fue casi como si estuviera enfermo. No podía evitarlo.
—¿También está enfermo ahora? —pregunta, confundido.
Asiento lentamente, eligiendo una vez más mis palabras con mucho cuidado. Carajo, ¡esto es difícil!
—No estoy segura… no lo he visto desde que tú eras un bebito; pero si él estuviera mejor, querría verte. —Asiento firmemente y sonrío—. Porque eres maravilloso, ¿sabes?
Se ríe cuando le hago cosquillas y aunque todavía puedo notar que sigue confundido —demonios, ni siquiera estoy segura de que mis palabras tuvieran sentido para mí— tendrá que esperar hasta ser mayor para entenderlo mejor. Tal vez entonces entenderá cuando le diga que el dolor y el enojo constante te hacen enfermar.
Regreso a la realidad cuando Jasper habla.
—¿Quieres que llame a tu abogado?
Alzo la cabeza al techo, ya conozco la respuesta. No puedo evitar que Edward vea a Nathan, sin embargo, sí puedo hacer mi mejor esfuerzo por proteger a Nate. Edward no sé acercará a mi hijo hasta que sepa que está mejor. No solo eso, sino que me niego a dejar que Edward entre en la vida de Nate si solo será algo temporal.
—No —suspiro, girándome hacia él. Me llevo la palma a la frente, siento un dolor de cabeza empezando a crecer. Hay demasiadas cosas para procesar, demasiadas preguntas, demasiadas emociones. La verdad, nunca esperé tener que lidiar con Edward, jamás. Y ahora esto…—. ¡Ugh! —suelto una exclamación de frustración—. ¿Por qué Emmett le sugirió Alaska? —Es una pregunta retórica al principio, pero entre más lo pienso, descubro que de verdad quiero la puta respuesta. Quiero decir… él no puede saberlo, ¿cierto? De ninguna forma. Solo Charlotte lo sabe, y ella vive en Texas, toda su familia vive ahí. Lo que significa que Charlotte ya no tiene más lazos en Forks. Emmett no tiene ni idea de que vivo aquí, e incluso si lo supiera, ¿por qué querría que Edward se mudara más cerca de mí? Además, creía que Edward había regresado a Baltimore después del juicio, pero ¿qué carajos sé? Solo puedo hablar por mí misma, y yo no querría vivir cerca de Forks después de todo lo que pasó.
—Si quieres, puedo investigar sobre él —se ofrece Jazz—. Es tu decisión, por supuesto, pero si fuera tú… —Hace una mueca—. Es que ya no lo conoces. —Señala la pantalla—. Por lo que leí, no ha sido una persona muy ejemplar. ¿Libertad condicional? ¿Diecisiete meses en prisión? Solo… anda con cuidado.
Bufo y me siento a su lado, cruzo una pierna sobre la otra y doblo los brazos sobre mi pecho.
—Oh, definitivamente me andaré con cuidado. ¿Y sabes qué? —De repente me siento furiosa—. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo carajos se atreve a enviarme una carta así? No hay respuestas; solo mierdas que generan más preguntas, sin mencionar sospecha. —Bufo y sacudo la cabeza—. ¿Y toda esa farsa del Señor Hombre Simpático? Por favor. —Pongo los ojos en blanco—. Edward Cullen no es un tipo que diga "lo siento" por nada.
Jazz suspira y hace un mohín antes de mirarme con reticencia.
—En base a lo que me has dicho, diría que no. Pero pudo haber cambiado. —Lo miró incrédula, y alza las manos—. Estoy intentando ver esto desde ambas perspectivas, cariño.
—Sí, bueno, se supone que debes estar de mi lado —espeto, me siento mal al instante—. Carajo. Lo siento. —Me froto la cara con las manos.
—Ni lo digas —se ríe en voz baja y me frota la espalda—. Ni siquiera puedo imaginar qué está pasando por tu cabeza justo ahora.
Suelto una risa sin humor.
—Apenas yo lo sé.
He llegado muy lejos desde que dejé Forks atrás, y el infierno se congelará antes de que permita que Edward me vuelva a arruinar todo. Gracias a una extensa terapia y a rodearme de una verdadera familia he logrado liberarme de las mierdas de mi pasado. He lidiado con la muerte de mis padres, la culpa que cargaba por haber dejado a Edward —a pesar de lo que hizo—, estar embarazada a los diecisiete, tener un bebé a los dieciocho, y luego todo lo que siguió durante el juicio. Solo estuve en Seattle durante dos días, pero fue suficiente. Y supe todo lo demás por Charlotte y Jasper después de eso.
—¿Quieres que le llame a Lisa por ti?
Sacudo la cabeza y bajo la vista a mis manos, que están en mi regazo.
—No. Solo necesito procesar esto. Necesito… —exhalo un suspiro—. Necesito pensar antes de ir con ella.
El mes pasado hablé con ella sobre Riley, y eso resulta risible justo ahora. De repente, después de la carta de Edward, la última de mis preocupaciones es el hombre que quiere más de mí. Riley, es él. Lo conocí hace dos meses cuando volé a Juneau con Heidi para ver apartamentos ahí, es piloto. Él me causa esas tontas mariposas en el estómago, pero no estoy lista para lo que quiere. Ya habló conmigo sobre que quiere conocer a Nathan, y eso justo ahí es una enorme bandera roja para mí. De ninguna manera. No pasará. No cuando Nathan se siente tan confundido sobre su origen, y no cuando no estoy cien por ciento segura sobre lo que siento. Quiero decir, hemos tenido unas cuantas citas, y él es muy encantador, guapo y agradable, pero… hay un pero. Hay algo que me detiene, lo cual solo refuerza mi decisión de avanzar a un ritmo dolorosamente lento. Nathan es mi prioridad, y yo estoy en segundo lugar. Después de eso, está la familia y el trabajo. No estoy en posición ni en un punto en mi vida para volverme loca y enamorarme. Ni siquiera es lo que quiero.
—Creo que solo me llevaré a Nate a casa —digo cansada—. Le daré un baño y veré una película con él. No sé. Es que… —Hago una mueca.
Jasper sonríe con ironía y está a punto de decir algo, pero Mary habla desde la puerta.
—Lamento molestarlos, chicos, pero Charlotte te busca al teléfono, Bella.
Asiento y me guardo esa parte de mí que quiere gritar: ¡Estoy cansada y quiero esconderme debajo de la cama durante una semana!
En lugar de eso, le sonrío como despedida a Jasper y luego sigo a Mary hacia la recepción.
—Habla Bella Swan —digo automáticamente en el teléfono.
—Hola, cariño, soy Charlotte.
Sonrío.
—Al fin. Creí que nunca te localizaría —bromeo.
Se ríe entre dientes, aunque suena un poco forzado.
—Sí, ambas somos mujeres ocupadas. ¿Cómo está todo?
—Bien. —La respuesta sale antes de que siquiera pueda pensarla. Pero no tengo la energía para retractarme porque entonces tendría que contarle sobre cierto correo que acabo de recibir—. ¿Y cómo estás tú?
—Um… estoy bien. Oye, escucha… yo, uh, de hecho… fui a Forks hace poco.
