¡YAHOI! Bueno, pues na, aquí vengo a participar en un pequeño reto/evento (aún no nos ponemos de acuerdo en la terminología específica xD) del grupo de Whatsapp de Imaginación Fanfiction. Espero sinceramente que os guste.

Y no, no me he olvidado de lo que tengo pendiente. Que sepáis que el próximo capítulo de Perfect Differences está a puntito de caramelo: voy por la mitad, espero poder tenerlo en breve xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

¡Espero que os guste!

Hora de publicación: 16:57. Hora peninsular española.


Clases de matemáticas


El timbre sonó en todo el instituto, haciendo a los revoltosos alumnos saltar en el sitio y empezar a recoger apresuradamente sus cosas para huir de aquella cárcel a la que ellos consideraban el infierno en vida.

―¡Recordad que el martes hay examen! ¡Y cuenta para nota!―La mayoría de los alumnos gimieron ante las palabras de Asuma Sarutobi, el profesor de matemáticas; otros muchos suspiraron con resignación y unos pocos sonrieron con suficiencia, como si ya tuviesen el sobresaliente garantizado.

Pero hubo un alumno, un chico rubio de ojos azules y tres curiosas en cada mejilla, que dio un chillido que se oyó hasta en la mismísima luna:

―¡¿QUÉ?! ¡Sarutobi-sensei, eso no se vale! ¡Lo ha dicho a última hora'dattebayo!―Los estudiantes que aún abarrotaban la clase giraron hacia la voz. Los rostros iban desde divertidos a molestos pasando por los impasibles a los que no les importaba nada lo que estaba pasando.

El profesor suspiró, apoyando una mano sobre su escritorio.

―Uzumaki―pronunció el apellido del alumno muy lentamente, como asegurándose de que tenía toda su atención―, lo avisé hace una semana, por lo menos. ―Los ojos azules del chico se abrieron con el más absoluto pasmo.

―¡Pero… pero…

―Ni peros ni peras―soltó el maestro, irritado porque ya llevaba cinco minutos de retraso de su salida y ese día había quedado con su novia y ya iba tarde―. El examen es el martes. Asegúrese de sacar una buena nota. La necesitará. ―Y dicho esto, se dio la vuelta y salió del aula, dejando a un estupefacto estudiante de 17 años que entrando en pánico.

¡No se había enterado del examen! ¡Nadie le había dicho nada! ¡Él no había escuchado nada! Bueno, cierto era que pocas veces prestaba la suficiente atención en las clases, salvo en la de ciencias, porque le gustaba, pero más allá de eso…

Rápido como un rayo, recogió sus cosas y salió a toda prisa del aula, presto para encontrar a sus amigos. Necesitaba ayuda. Urgente.

Ya.

Y en su apresurada huida, no se percató de un par de ojos perlas que lo observaron irse con preocupación y algo de tristeza.

―Naruto-kun… ―suspiró la joven dueña de aquellos orbes blancos, apretando contra su pecho la mochila donde llevaba los libros y demás material escolar.

Seguramente el rubio había ido a buscar a Sakura Haruno y a Sasuke Uchiha, sus dos mejores amigos―y amor de su vida la primera, como bien había pregonado desde siempre él―sin percatarse siquiera de que ella estaría más que dispuesta a ayudarlo en lo que fuera.

Sacudió la cabeza y decidió echar a un lado tales pensamientos. Él nunca la había visto o se había fijado en ella, no más allá de decirle que era una buena amiga y una gran persona y, aunque esas palabras la habían hecho feliz en su momento―de la amistad al amor hay un paso muy breve, decían―ahora ya no le servían de consolación.

Intentando que no le afectara el hecho de que el chico del que estaba enamorada la ignorara más a menudo de lo que le gustaría, se dirigió hacia los casilleros, para ponerse los zapatos, recoger sus cosas e irse a casa, a ahogar sus penas en un gran bote de helado de chocolate con galleta y alguna de sus series pendientes.

Al menos, las heroínas de la ficción podían siempre salir del paso. Y si ellas podían, ella también.


―¡Sakura-chan, teme!―Los dos aludidos, una chica de cabello rosa por los hombros y ojos verde jade, y un chico moreno de ojos negros como el carbón, se dieron la vuelta con sendas muecas de fastidio al escuchar aquella voz tan familiar chillar sus nombres en los pasillos del instituto.

―¡Naruto, no grites!―lo increpó Sakura, frunciendo el ceño mientras lo observaba derrapar para detenerse frente a ellos.

―Hmp. ―Fue el saludo del moreno.

―Lo siento, Sakura-chan. Perdón―se disculpó Naruto enderezándose y guiñando un ojo con una sonrisa que hizo a algunas chicas mirarlo y soltar risitas tontas.

Y es que Naruto Uzumaki no pasaba desapercibido entre la población femenina de la escuela, por mucho que él se empeñara en tener ojos para solo una chica en específico.

―¿Qué quieres? Sasuke-kun y yo tenemos prisa, por si no te habías dado cuenta. ―Naruto pestañeó regresando a la realidad.

―Ah, sí, sí, claro… quiero algo… por eso os buscaba… sí. ―Sakura entrecerró los ojos en su dirección, perdiendo la paciencia. Sasuke suspiró y, cruzando los brazos su pecho, dijo:

―No. ―Naruto giró la cabeza hacia él, sorprendido.

―¡Pero si aún no he dicho nada, teme!

―No.

―¡Aún-no-he-dicho-nada! ¡¿Cómo puedes rechazarme sin haber oído-

―No. ―Naruto cerró la boca y resopló. Se volvió hacia Sakura, mientras señalaba con un dedo para el Uchiha.

―¿Cómo lo aguantas, Sakura-chan? ¡Es un amargado!―La pelirrosa suspiró, agarrando su mochila con una mano para acomodársela mejor sobre el hombro.

―Quieres que Sasuke-kun y yo te ayudemos con el examen de matemáticas, ¿no es así?―Naruto asintió varias veces rápidamente con la cabeza―. A falta de cuatro días. ―Naruto asintió otra vez. La Haruno y el otro chico se miraron, emitieron un suspiro al unísono y luego se volvieron a mirar a su rubio amigo, ambos contestando exactamente lo mismo al mismo tiempo.

―No. ―Naruto se echó hacia atrás, como si lo hubiesen golpeado.

―¡¿Qué?! ¡¿Pero por qué?! ¡Solo sería explicarme un par de cosas, nada más!

―Naruto―pronunció Sakura, con impaciencia―. Nunca es «un par de cosas». Seguramente sean todos los temas y, con lo lento que eres, te llevará toda un tarde comprender al menos uno. Y eso nos retrasará a Sasuke-kun y a mí. Vamos, lo de siempre. ―Naruto se mordió los labios. Si Sasuke y Sakura no lo ayudaban, estaba en muy graves y serios problemas. Lo más seguro es que suspendiera el examen. Sus notas nunca habían sido buenas, pero aquel años estaba esforzándose, intentando mejorar. Todos se habían dado cuenta y le daban algún respiro.

¡Solo se había despistado aquella vez! Había estado tan ocupado con un evento que el club de jardinería llevaría a cabo dentro de poco que ni cuenta se había dado de lo demás.

―Vamos, venga-

―No―reiteraron ellos su negativa. Naruto apretó los dientes, ahora molesto.

―¡Bien, vale! ¡Ya me buscaré a alguien que quiera ayudarme! ¡No os necesito'dattebayo!―Sakura lo vio irse con preocupación. Había querido ser dura porque Naruto debía aprender de una vez a ser responsable. Pero en el fondo sabía que no lo hacía a propósito. Era despistado por naturaleza y era posible que su mente hubiese estado tan dispersa con lo del club de jardinería que no había prestado la debida atención a lo demás.

―¿Crees que nos hemos pasado, Sasuke-kun?―El moreno suspiró.

―Tiene que aprender, Sakura. No podemos estar siempre sacándole las castañas del fuego.

―Lo sé, pero… ―Sasuke suspiró nuevamente.

―Si, y solo si, el dobe se ve realmente en apuros, lo ayudaremos. ―Sakura sonrió, conformándose con eso.

―En el fondo te preocupas por él. ―Sasuke adoptó una expresión ilegible.

―Hmp―fue su respuesta. Sakura rio y se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla.

Por mucho que Sasuke dijese, Naruto era su mejor amigo, y no lo dejaría en la estacada.


Naruto se pasó las manos por sus alborotados cabellos rubios, desordenándolos aún más. Estaba nervioso, desesperado, con el pulso latiendo a mil por hora. Había probado a preguntarle a todo el que se le había ocurrido, incluido Sai, ¡Sai! ¡El antisocial incapaz de entender las emociones! Se había burlado de él un buen rato para luego decirle que si realmente quería, podría―y solo podría―echarle una mano.

Conociendo a Sai, seguramente lo marearía para finalmente mandarlo a tomar viento, así que decidió darle las gracias por su entusiasmo―viva la ironía―y buscarse la vida en otro sitio.

Pero nadie quería ayudarlo: Shikamaru por vago, Ino porque dijo que era un pesado y un incordio estarle explicando las cosas cada dos segundos, Chōji y Kiba eran tan malos como él en matemáticas…

―¿Naruto?―Se sobresaltó y se llevó una mano al corazón, girándose para ver quién le había dado semejante susto.

―¡Joder, Shino! ¡Casi me matas, tío!―El aludido, un chico alto que siempre llevaba gafas negras de sol incluso en interiores, arqueó una de sus oscuras cejas.

―¿Qué haces aquí parado en medio del pasillo?―Naruto resopló, recordando la causa de su malestar.

―Hay examen de matemáticas el martes y nadie quiere ayudarme. Absolutamente nadie'ttebayo―dijo, pesar filtrándose en su voz y en su postura alicaída. Shino se abstuvo de decirle que a él no le había preguntado, pero entonces una idea le vino a su mente. Meditó durante unos segundos en ello y luego asintió para sí. ¿Por qué no? Era una buena idea. Y además así ayudaba a una muy buena amiga. Sí, Era perfecto.

―¿Le has preguntado a Hinata?―Naruto elevó su cabeza de golpe, con los ojos y la boca abierta. Shino abrió sus fosas nasales, reteniendo un suspiro que quería escapar de sus labios―. Veo que no. Es muy buena explicando, ¿sabes? Y tiene una de las medias más altas de la clase. Las matemáticas no se le dan mal. Estoy seguro de que, si se lo pides correctamente, te ayudará. ―Naruto frunció el ceño, como pensando sobre la idea de Shino.

Hinata… la verdad es que ni se le había pasado por la cabeza preguntarle precisamente a ella. Todo eso que Shino le había contado ya lo sabía, pero la chica parecía tenerle miedo o algo, porque siempre se escondía o huía cuando se acercaba demasiado a ella―a veces incluso se desmayaba―, así que había aprendido a mantener las distancias con la chica, negándose a que lo odiara o algo así.

La única vez que le había dicho que la apreciaba y que la consideraba una buena amiga Hinata había estado a punto de echarse a llorar y había echado a correr como alma que llevaba el diablo. Eso había sido hacía como dos meses. Desde esa procuraba evitarla, pensando que a lo mejor le caía mal o algo, y sintiendo que no quería que eso sucediera por nada del mundo.

Él apreciaba mucho a Hinata, era la única chica de su grupo de amigos que no le gritaba ni le ponía mala cara cuando hacía o decía alguna de sus habituales estupideces. Al contrario: a veces le sonreía, con tanta calidez y dulzura que Naruto sentía que le dolía el pecho, deseando que alguien, alguna vez, le dedicase una sonrisa como esa.

Tras estar varios minutos en silencio, finalmente asintió. Shino tenía razón: Hinata era su mejor―y última―opción.

―¡Sí, le preguntaré a Hinata! ¡Muchas gracias, Shino! Hum… ¿sabes dónde…

―En los casilleros, se dejó algo y tuvo que volver. Pero tienes que darte prisa. ―Naruto no esperó a que se lo repitiera dos veces: recogió sus cosas a toda prisa y echó a correr, sacudiendo la mano a modo de despedida. Shino sonrió para sí mismo en cuanto lo vio desaparecer tras una esquina.

―¿Shino? ¿Qué haces ahí parado?―Se giró para ver a Kiba, que lo miraba con las cejas alzadas. Él sonrió levemente, mirando de nuevo hacia el lugar por el que Naruto había desaparecido.

―Ayudando a unos amigos. ―Kiba arrugó el ceño, confuso.

―¿Ah? ¿Qué quieres de-

―Kiba, deberíamos ir a la biblioteca a estudiar. Lo tienes crudo. ―El aludido enrojeció.

―¡N-no hace falta que lo digas con tanta convicción! ¡Un poco de confianza, leñe! ¡Ya verás cómo al menos saco mejor nota que el idiota de Naruto!―Shino contuvo la sonrisa que quisieron esbozar sus labios.

«Lo dudo, Kiba, lo dudo mucho».


Hinata rebuscó en su casillero hasta dar con lo que se había dejado: su libretita de notas. Un mini cuaderno en el que anotaba cualquier cosa que le llamase la atención durante el día o a veces incluso sus pensamientos.

Con alivio, la apretó contra su pecho. Si alguien la hubiese encontrado por error… se moriría de la vergüenza. Se inclinó para recoger su mochila del suelo y guardar la libretita dentro, cuando escuchó sonido de pasos apresurados, como de alguien corriendo, una respiración jadeante y susurro de ropas, justo antes de que un cuerpo masculino se cerniera sobre ella, seguido de un golpe de palma contra los casilleros, congelándola.

―¡Hinata! ¡Estudiemos juntos'ttebayo!―Aquella voz masculina la hizo saltar en el sitio para acto seguido ponerse rígida. Sus orbes perlas se abrieron como platos y se quedó mirando como una boba para el perfecto rostro bronceado adornado con unos de un azul profundo que ahora estaban fijos en ella, anhelantes, esperanzados, apremiantes.

Su cerebro tardó varios segundos en procesar lo ocurrido, y otros tantos en percatarse de que Naruto Uzumaki, el chico del que estaba enamorada desde la guardería, la tenía aprisionada entre una superficie dura―los casilleros de madera―y su cuerpo―su duro, musculoso y caliente cuerpo masculino―, con una mano a centímetros de su cabeza y su cara muy cerca de la suya.

Tuvo que obligarse a respirar porque sentía que su cara se estaba poniendo roja―aunque la mayor parte no era por la falta de entrada de aire―, para luego tragar saliva y echarse un poco hacia atrás, tratando de poner distancia entre ella y el rubio.

Claro que Naruto no captó la indirecta y, pensando que ella quería huir de él, ni corto ni perezoso, alargó su otro brazo para apoyar su mano derecha sobre los casilleros, al tiempo que echaba su cuerpo hacia adelante, no dejando así que ni una brizna de aire pasara entre ellos.

Hinata empezó a sentir que se mareaba. Nunca, en toda su vida, había estado tan cerca de él. Y él olía… tan bien. Como a sol y a hierba recién cortada. Hizo verdaderos esfuerzos para mantener la compostura. Repasó en su cabeza las palabras de él: ¿qué había dicho? ¿Algo de… estudiar? ¿De estudiar juntos? La sangre se le subió a la cabeza. Apretó su libretita más fuerte contra su pecho mientras la mano libre se aferraba a la puertecita del casillero, sosteniéndola.

―Na-Naruto-kun―ni ella se explicó cómo fue capaz de pronunciar su nombre sin caer redonda al suelo―. ¿Ha-has dicho q-que…

―¡Que estudiemos juntos, sí!―Asintió él, acompañando sus palabras de un movimiento afirmativo por parte de su cabeza―. ¡Por favor, Hinata, eres mi última esperanza'ttebayo!―le dijo al oído, alterado, apretando más el cuerpo femenino contra los casilleros.

Hinata sintió que volvía a quedarse sin respiración: sus piernas rozando contras las suyas, sus hombros pegados a su pecho y su nariz tocando la camisa blanca de su uniforme.

―¿C-con q-qué necesitas… a-ayuda?―preguntó, esforzándose hasta el infinito por distraerse de su presencia, de su olor, de su tacto… de todo él.

―¡El examen de matemáticas!―Sin deshacer su prisión de brazos, piernas y torso, Naruto bajó la vista hacia ella, fijándola en la coronilla negro azulada. Tuvo que apretar los dedos contra la madera de los casilleros, reprimiendo el impulso desconocido que lo asaltó de bajar un poco la cabeza para poder así hundir la nariz en esa masa de cabellos oscuros que prometían ser la mar de suaves. Sacudió la cabeza, deshaciéndose de tan extraño pensamiento―. ¡De verdad que necesito ayuda, Hinata! ¡Tú eres mi única esperanza'dattebayo!―Hinata se estremeció ante el sonido ronco de su voz, ante su caliente respiración rozando la cima de su cabeza. ¿Acaso se podía morir de felicidad…?

Decidida a poner un alto ahora mismo a semejante tortura, movió lentamente la cabeza arriba y abajo, dando así su consentimiento para ser su compañera de estudios. Narutuo sintió que le flojeaban las piernas de puro alivio y al fin pudo relajarse, alejándose lentamente del cuerpo femenino sin despegar los ojos de ella, como si algún tipo de imán invisible lo atrajera hacia la joven.

―E-entonces… ―empezó Hinata, tratando de romper el tenso silencio que los había rodeado de repente―. ¿C-cómo… e-es decir… D-dónde quieres… ―Naruto parpadeó, saliendo de sus pensamientos y regresando a la realidad. Se frotó la nuca, avergonzado, por haberse distraído.

―U-uh… ¿qué te parece mi casa? Estaremos solos y así no nos distraerá nadie'ttebayo. Bueno, a menos que tu padre… ―Hinata negó con la cabeza.

―A é-él no… n-no le importará―dijo, intentando que el dolor no se filtrase en su tono de voz. Sabiendo que ese era un tema sensible para la chica, Naruto no insistió más.

―Entonces, mi casa será'dattebayo. ¿Vamos?―Hinata pestañeó.

―¿A-ahora?

―¡Sí! ¡De verdad que necesito toda la ayuda del mundo, Hinata! ¡Así que, por favor, cuida de mí'dattebayo!―Naruto se alejó unos pasos y se inclinó ante Hinata, a modo de súplica. Hinata enrojeció con vergüenza y miró hacia los lados, sintiendo alivio tras comprobar que eran los únicos rezagados que quedaban en aquella sección del instituto.

―D-de acuerdo. D-déjame recoger mis cosas y ya-

―¡Oh, déjame a mí'ttebayo! ¡Yo las llevo!―Inclinándose ahora hacia abajo, Naruto tomó las bolsas de ambos, colgándose una en cada hombro.

―¡Na-Narutokun, espera!―exclamó Hinata, al verlo caminar ya hacia la salida, persiguiéndolo―. ¿N-no te pesa?―Naruto se giró a mirarla con una gran sonrisa marca Uzumaki.

―¿Esto? Nah, es como si no llevaras nada'ttebayo. Comparado con la bolsa de Sakura-chan, es una pluma. ―Hinata se mordió la mejilla, sintiendo unos celos ardientes y peligrosos queriendo abrirse paso en su interior.

Los aplastó, como siempre hacía. Era absurdo que se sintiese de esa manera. Naruto no era nada suyo, él no pensaba en ella de esa manera. Se lo repitió hasta que consiguió tranquilizarse.

El resto del camino lo hicieron entre silencios cómodos y charlas triviales. Bueno, más bien interrogatorio, ya que Naruto se dedicó a preguntarle un montón de cosas a las que hasta ese momento no había prestado atención: ¿cuál era su color favorito? ¿Su comida favorita? ¿Por qué siempre llevaba faldas en vez de pantalones? ¿Por qué le gustaba tanto la clase de natación? ¿Estaba en algún club? ¿Cómo es que se llevaba tan bien con el chico perro y el tipo raro de los insectos? ¿Qué prefería: gatos o perros? ¿Dulce o salado? ¿Playa o montaña?

Tras una buena caminata, llegaron por fin a un bloque de edificios. Naruto metió la llave en el portal y la hizo girar, empujando la puerta a un tiempo. Le sonrió y la dejó pasar primero. Se metieron en el ascensor―Hinata encogida en una esquina, evitando cualquier tipo de roce o tocamiento accidental por parte de alguno de los dos―y este subió hasta la planta quinta. Naruto la precedió entonces hasta una puerta cuyo número pintado en el borde rezaba «507». Abrió y la dejó pasar primero como todo un caballero.

―C-con permiso―susurró Hinata, preguntándose qué clase de locura la había poseído para haber accedido a semejante cosa.

―Esto… perdón por el desorden'ttebayo. No esperaba visita… ―dijo Naruto, quitándose los zapatos y dejando caer la bolsa junto a una mesa en medio de un salón-comedor con una cocina diminuta incluida. Más allá, Hinata vislumbró un pasillo y supuso que conduciría a las habitaciones y al baño.

Tragando saliva, dejó su bolsa sobre la mesa y se sentó de manera recatada, con las piernas juntas y las manos entrelazadas sobre el regazo, cabizbaja. Seguía en shock por haber aceptado aquel loco plan del rubio para salvar el curso en matemáticas. ¡Ella apenas podía dirigirle la palabra, por Dios! ¡¿Cómo iba a darle clases?!

Naruto terminó de recoger lo que tenía tirado por la sala y, agarrando sus cosas, se sentó finalmente frente a ella, en la mesa, empezando a sacar el estuche, una libreta y el libro de matemáticas.

―¡Venga, empecemos'ttebayo!―Tragando saliva, y sin ninguna oportunidad de huir ya de él, Hinata hizo de tripas corazón y cogió ella también los materiales que le iban a hacer falta.

―Hum… Na-Naruto-kun. ¿Q-qué es exactamente lo que… l-lo que no entiendes?―El chico se puso colorado, dudando entre responder o no con una verdad a medias. Tras debatirse unos segundos consigo mismo decidió ser sincero con Hinata. Al fin y al cabo, le estaba haciendo un favor enorme, no debía entorpecerla más de lo necesario.

―U-uh… p-pues… ¿todo…?―Hinata abrió los ojos como platos y Naruto se sintió repentinamente avergonzado al ver la sorpresa y el desconcierto en sus ojos perlas. Seguramente la chica no esperaba que fuese así de… lento.

No obstante, lejos de suspirar con cansancio o de menear la cabeza con consternación, Hinata se quedó pensativa. Asintió, adoptando una actitud seria, y entonces abrió su libro y el de él y empezó a rebuscar entre las páginas, murmurando para sí y escribiendo al tiempo en una hoja limpia de su libreta.

Naruto la dejó hacer, esperando, fascinado por el cambio en la expresión y en los gestos femeninos. Era una faceta de Hinata que nunca antes había visto. Se fijó bien en ella: en su entrecejo fruncido, en los largos mechones de su cabello negro azulado, que caían hacia delante, balanceándose cada vez que movía la cabeza; observó sus ojos perlas, abiertos y concentrados en la tarea que tenía entre manos; miró para sus pequeñas y pálidas manos, de dedos largos y finos, delicados, que sostenían y hacían oscilar el bolígrafo cada vez que escribía. También se fijó en sus labios, de un tono rosado suave natural, mismo que teñía sus mejillas, dotándolas así de color. Su nariz era pequeña y respingona y cuello, blanco, que se movía cada vez que tragaba saliva o murmuraba para sí misma.

Todo el cuadro resultaba… encantador, a falta de una palabra más moderna para describirlo. ¿Cómo es que nunca se había fijado antes? Hinata era guapa, femenina y además… muy buena persona.

―¿Naruto-kun?―el sonido de su voz―dulce, tan delicado como toda ella―lo trajo de vuelta, haciéndolo parpadear.

Sonrió ampliamente, esforzándose porque ella no notara que había estado observándola como un idiota durante el último par de minutos.

―¡Sí, dime, Hinata!―Ella lo miró recelosa un segundo para después arrancar la hoja de papel de la libreta en la que había estado escribiendo y darle la vuelta para que pudiera leerla.

―Ten. He hecho un pequeño planning de estudio, para que puedas estudiar los temas conforme se relacionan unos con otros. Por ejemplo: no deberías estudiar esto―señaló con la punta del boli una de las líneas allí escritas―antes que esto―movió la punta del bolígrafo un poco hacia arriba, hacia otra línea. Naruto asintió, sorprendido de que en tan poco tiempo hubiese podido armara todo un plan de estudio―. Bien, entonces… ¿qui-quieres que empecemos?―sugirió ella tímidamente, dejando que su momentánea seguridad se esfumase.

Naruto parpadeó, preguntándose el porqué del cambio repentino. Se encogió de hombros, diciéndose que no tenía importancia. Hinata era un poco extraña, de todas maneras, un misterio en toda regla para él. Y no creía que fuese a descubrir todos sus secretos en una sola tarde…

Además, ¿para qué iba a querer él desentrañar ese misterio? Negó con la cabeza, confuso por sus propios pensamientos―y sentimientos―. Hinata era una buena amiga. Nada más. Nunca se había sentido atraída de esa forma hacia ella… ¿o sí? ¿Por qué ahora? Volvió a negar, apartando aquellos pensamientos de su mente.

―B-bien. ―Se aclaró la garganta, esperando que Hinata no hubiese notado su extraño comportamiento―. Te lo agradezco mucho, Hinata, de verdad. Y sí, empecemos. ―Naruto tomó papel y lápiz, dispuesto a sumergirse en las odiadas matemáticas.

Tratando de contener sus nervios, Hinata empezó a explicarle lo más básico: sería imposible comprender lo más complicado si no entendía las bases. Así que, con paciencia, fue mostrándole la teoría, acompañándola de ejercicios y ejemplos prácticos.

Para cuando a Naruto se le ocurrió mirar el reloj que tenía en la pared de la cocina, se sobresaltó al ver que ya eran más de las ocho de la tarde. Sorprendido, miró para las hojas de papel esparcidas sobre la mesa, algunas adornadas con la pulcra y elegante letra de Hinata y otras con su desordenada caligrafía.

―¿Naruto-kun?―Él suspiró, mirando para ella con remordimiento escrito en toda su cara.

―Yo… lo siento Hinata… explicas tan bien y estaba tan a gusto contigo… que no me di cuenta de la hora. Es tardísimo. De seguro tu familia estará preocupada. ―Hinata se sonrojó al escucharlo decir que se había sentido muy a gusto en su compañía. Luego dirigió su mirada hacia el reloj que Naruto había comprobado minutos antes, y suspiró.

No, su familia no estaría preocupada. Tal vez Neji, su primo, sí que estaría un poco inquieto. Pero Hanabi, su hermana pequeña, lo más probable es que estuviese más que feliz por su tardanza―siempre la coaccionaba para que saliese más con sus amigos― y su padre… bueno, es posible que estuviese furioso, pero no por la preocupación, sino porque había alterado los estrictos horarios de su casa.

Empezó a recoger sus cosas y le sonrió al chico, para que no se preocupara.

―N-no te preocupes, no pasa nada. So-solo llegaré un poco tarde a la hora de cenar… ―Naruto abrió los ojos como platos al percatarse del hecho de que ni siquiera se había dignado a ofrecerle algo de comer o de beber a su invitada.

―¡Mierda, Hinata, lo siento mucho'ttebayo! ¡Debes de estar muerta de hambre!―Ella sonrió nuevamente, negando con la cabeza.

―N-no soy de mucha comida, tranquilo. ¿Ne-necesitas más ayuda o vas a poder tú solo… ―Miró para los apuntes que habían confeccionado entre los dos a lo largo de la tarde. Naruto sonrió, avergonzado, como disculpándose.

―Ah… esto… ¿te importaría mucho venir mañana otra vez, por la tarde? Para el resto, ya sabes… ―Hizo un gesto hacia el libro de matemáticas y Hinata sintió que su corazón latía un poquito más aprisa.

―N-no… ¡E-es decir, n-no me importa volver mañana!―exclamó, no queriendo dar lugar a malentendidos―. ¿A qué hora te viene bien…?―preguntó, consiguiendo, por una vez, controlar su tartamudeo. Naruto sonrió ampliamente, claramente aliviado.

―¿A las cuatro es muy pronto? Es que así podemos aprovechar toda la tarde'ttebayo… ―Hinata lo pensó un momento y luego asintió.

―A las cuatro m-me parece bien… Hasta mañana, ¿entonces…?―Naruto cabeceó.

―Hasta mañana. Uh… ¿necesitas que te acompañe o algo?―Hinata se apresuró a negar con la cabeza.

―N-no hace falta, de verdad. No vivo muy lejos―mintió. Por nada del mundo quería que su padre la viera llegar en compañía de un chico. Pondría el grito en el cielo y le prohibiría volver a salir de casa sin su compañía o la de Neji. No fuera a ser que la intachable reputación de los Hyūga se viese empañada.

―Bueno, vale… ―contestó Naruto, no muy convencido. La acompañó hasta la puerta, eso sí, y luego en el ascensor hasta el portal, donde esperó hasta que la curvilínea figura femenina dobló una esquina.

Suspiró, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón. Hinata era increíble, había logrado que entendiese en una tarde casi todo lo que no había logrado comprender en todo el curso. Además, tenía más paciencia que un santo, contestando a todas sus preguntas y repitiéndole las cosas las veces que hiciese falta, sin levantar la voz ni gritarle o golpearlo como solía hacer Sakura cada vez que era incapaz de entender algún concepto que a ella le resultaba sencillo.

―Mañana tengo que prepararle una merienda digna de una reina'ttebayo. ¿Qué le gustará a Hinata? Creo que me dijo que los rollos de canela eran sus favoritos… ¡bien, toca ir a la panadería por la mañana, Naruto!―Y con ese pensamiento, subió de nuevo a su apartamento, anotando mentalmente todo lo que debía comprar para que la estancia de Hinata en su casa fuese lo más cómoda posible la tarde siguiente.


El sábado llegó demasiado pronto, en opinión de Hinata. Y la tarde mucho más. Había conseguido salir de casa sin muchos problemas, argumentando que iría a estudiar a casa de Kiba para el examen de matemáticas y que Shino también iba a estar allí, junto con Hana, la hermana mayor de Kiba. Su padre, poco interesado en lo que su hija mayor hacía o dejaba de hacer, le dijo que con tal de que no se volviera a repetir el lamentable retraso de la noche anterior, podía hacer lo que quisiera.

Antes de que su progenitor cambiara de opinión, Hinata cogió sus cosas y salió casi a la carrera de casa, con el corazón latiéndola a mil por hora en el pecho.

Cogió el metro hasta el barrio en el que vivía Naruto, y de ahí siguió el gps hasta la ubicación de los apartamentos en los que residía el rubio. Este le había mandado la dirección por mensaje aquella mañana, para que no se perdiera. Hinata alcanzó el portal y timbró en el piso correspondiente. Naruto le abrió enseguida y tomó el ascensor hasta la planta correspondiente. Naruto ya la esperaba, sonriente y algo impaciente. Hinata sintió que la sangre se le agolpaba en las mejillas nada más verlo: llevaba unos pantalones de chándal cómodos y una camiseta negra lisa. Parecía recién duchado, porque algunos mechones rebeldes se le pegaban a la frente, húmedos aún.

Hinata se aferró a la tira de bolsa tratando de que no se le notara el temblor de sus manos.

―¡Hinata, hola! ¡Gracias por venir'dattebayo!―Naruto la dejó entrar primero y luego la siguió. La chica se percató de que todo estaba más limpio y ordenado que el día anterior. Intentó no emocionarse por aquel hecho: cualquier persona que esperara visita se habría sentido en la obligación de limpiar y ordenar la casa, ¿no? No era como para tirar cohetes, era algo perfectamente lógico y normal.

Se pusieron a estudiar y, a media tarde, habían avanzado bastante. Naruto se había perdido un par de veces, fascinado por la voz y los gestos de la joven. En serio, ¿cómo es que no se había percatado antes de lo bien que olía Hinata, o de lo guapa que estaba cuando su nariz se arrugaba en señal de concentración, o de lo bonitos que eran sus ojos perlas?

Pararon para tomar un descanso y Naruto sonrió, levantándose para decirle que esa vez había tomado precauciones y sí había merienda. Hinata le dijo que no era necesario, pero él insistió y, cuando puso ante él una bandeja de pastelería repleta de rollos de canela, Hinata creyó que el corazón se le iba a salir del pecho.

―Na-Naruto-kun, es-esto…

―Me dijiste que eran tus favoritos, ¿no? ¡Pensé que era lo mínimo que debía hacer dado lo mucho que me estás ayudando, Hinata! ¡Come sin miedo'ttebayo!―Tragando saliva, Hinata se atrevió a coger uno de los dulces y a darle un mordisquito, paladeando el sabor de la golosina en su lengua y lamiendo los restos de azúcar de sus labios.

Aquel gesto hizo que Naruto se la quedara mirando, de una manera algo extraña. Hinata se llevó una mano a la boca, alarmada de que algún resto se le hubiese pegado en la cara.

―¿Te-tengo algo… ―Naruto negó con la cabeza, lentamente.

―No―contestó, con la voz ronca. Tuvo que carraspear para recuperar el tono normal de su voz―. ¿Están buenos?―Hinata asintió. Naruto sonrió―. Me alegro'ttebayo. ¡Qué aproveche!―Tomó él también un rollo de canela y empezó a comer; se levantó un momento para preparar un té que acompañase la merienda y volvió a sentarse, iniciando una conversación que los distrajera a ambos un rato.

Durante esa tarde, los dos se lo pasaron bien. Naruto se dio cuenta de que Hinata era muy cuidadosa en todo lo que hacía, y que no le importaba tardar el doble de tiempo si al final sabía que le iba a salir bien. Era muy exigente consigo misma, al parecer, pero también con los demás, como comprobó cuando no le dio ni un segundo de respiro, no dejándolo rendirse ante algún ejercicio que se le atragantaba, empecinada en que sacara adelante aquellas dichosas fórmulas que lo traían siempre por el camino de la amargura.

Al final, consiguieron avanzar hasta dejar atrás la mitad del temario, hecho que sorprendió a Naruto. Jamás, en sus diecisiete años de vida, había logrado entender y llevarse tan bien con las matemáticas.

―¡Eres increíble Hinata!―le dijo cuando la chica se ponía los zapatos, lista ya para irse. Hinata enrojeció por el cumplido, más que feliz.

―N-no ha sido nada. T-tú has hecho casi todo el trabajo, Naruto-kun. Y-yo solo… so-solo te he proporcionado las herramientas necesarias para que lo resolvieses por ti mismo. ¿Mañana… ―Naruto sacudió las manos frente a su rostro.

―¡No, no, de ninguna manera voy a hacerte venir hasta aquí un domingo! Creo que con tus apuntes y lo que hemos avanzado hoy podré apañármelas con el resto del temario…

―Pe-pero…

―Estaré bien, de verdad. ¡Confía en mí'dattebayo!―Hinata se mordió el labio inferior, inquieta.

―¿Y si… y si apuntas las dudas que te surjan y e-el lunes… ¡¿el lunes después de clase quedamos en la biblioteca?!―Naruto abrió los ojos al oírla levantar la voz de aquella manera. Hinata se tapó la boca con la mano, avergonzada.

―L-lo siento, yo… se-seguro q-que ya tienes planes o…

―¡N-no! Es decir… ―carraspeó, llevando una mano tras su nuca y comenzando a frotarla con nerviosismo―. Eso suena genial. Si tú no tienes otra cosa que hacer… ―Hinata negó, antes de que perdiera el valor que le había tomado hacer esa sugerencia―. ¡Estupendo! Entonces el lunes en la biblioteca del instituto… ―Hinata asintió y, antes de que les diera tiempo a decir nada más, salió precipitadamente del apartamento del chico, dejándolo anonadado por la rapidez de su huida.

Tras varios segundos de estupor Naruto esbozó una lenta sonrisa y rio, inexplicablemente feliz.

No podía esperar a que fuera lunes por la tarde…


―¿Aquí está bien?―preguntó Naruto en susurros a su acompañante, señalando para una mesa vacía en un rincón de la biblioteca, resguardada entre un par de estanterías altas.

Hinata asintió y ambos separaron un par de sillas con el mayor sigilo posible para poder acomodarse para estudiar. Sacaron sus cosas y se pusieron a ello, no queriendo demorar mucho más. El examen era al día siguiente, y a Naruto aún le quedaban un par de dudas por resolver.

Hinata hizo todo lo posible por solventarlas, por explicarle aquello que no había entendido del todo o lo que no le quedaba claro, haciendo hincapié en aquellos temas y ejercicios que el profesor Sarutobi había insistido más en clase o parado más en sus explicaciones de la materia.

―Entonces… si esto de aquí hago así y así… ―Naruto cogió el libro y lo levantó, poniéndolo en vertical, mientras su otra mano escribía en su libreta―… entonces… el resultado sería… ―Se giró hacia Hinata, para decirle la solución, encontrándose con su rostro muy, muy cerca del suyo, con sus narices casi pegadas.

Ambos sintieron que se les calentaban las mejillas, pero al mismo tiempo parecían paralizados, incapaces de apartar sus ojos del otro. Naruto podía ver sus orbes azulados reflejados en las piscinas color perla de Hinata, y ella, a su vez, podía verse en las pupilas rodeadas de azul cielo del rubio.

Sin saber muy bien lo que hacía, Naruto alargó una mano hacia su mejilla, acariciándola con su palma, sintiendo la caliente piel suave bajo sus dedos. Hinata apretó los dedos en torno al borde de la mesa, con el corazón latiéndole a mil por hora dentro de su pecho. ¿Se atrevería? ¿Querría él…

Naruto, por su parte, no podía apartar su mano de la piel femenina, ni su vista de los labios de la morena. Sus propios labios cosquillearon, haciéndolo desear besarla, averiguar por fin a qué sabía aquella boca que tan solo hacía dos días poblaba sus sueños y sus fantasías. ¿Lo habría hechizado ella? ¿Y qué más daba? Le replicó una voz interior. ¡Bésala ya, imbécil!

Obedeciendo a su impulso, Naruto deslizó la mano de la mejilla hacia la nuca de la Hyūga, al mismo tiempo que acercaba su rostro al suyo y, por fin, sus labios rozaron los suyos.

Dulce, y suave.

Necesitando más, Naruto hizo más fuerza, tocando con la punta de su lengua los labios femeninos. Ante la sorpresa, estos se separaron, dejándolo introducirse en el delicioso néctar de su boca y explorarla con la lengua sin prisas, lentamente, no queriendo asustarla por nada del mundo.

Cuando la necesidad de respirar se hizo imperiosa, se separaron al fin, ambos sonrojados. Naruto fue el primero en tragar saliva y hablar:

―Hinata… ―La voz masculina, ronca, la espabiló.

Hirviendo cuál volcán a punto de explotar, Hinata se levantó precipitadamente, recogió sus cosas a toda prisa, y salió huyendo de la biblioteca como alma que lleva el diablo, dejando a un anonadado Naruto con la palabra en la boca.

El rubio se dejó caer pesadamente contra su silla, suspirando. Se pasó las manos por los cabellos y luego se tapó la cara. Una pequeña sonrisa extendió las comisuras de sus labios, para luego romper a reír, haciendo que varios de los ocupantes de la biblioteca se lo quedaran mirando con caras de fastidio.

Se levantó, recogió sus cosas y, colgándose la mochila al hombro, salió silbando, dejando extrañado a todo el que se cruzaba en su camino.

De repente, el examen de matemáticas no parecía tan aterrador.

Hinata se había esforzado mucho por enseñarle. Y él le demostraría que sus esfuerzos no habían caído en saco roto.

Luego, cuando tuviera su enorme y más que merecido sobresaliente, la buscaría para enseñárselo y, por supuesto, para pedirle que fuese su novia.

Así, podría disfrutar de más clases de matemáticas de su futura novia y, ¿quién sabe? Tal vez algo más.

Pero claro, primero debía superar la barrera de las matemáticas.

Luego ya tendría todo el tiempo del mundo para convencerla de que él iba a ser el mejor novio que iba a conseguirse.

Porque Naruto Uzumaki siempre cumplía sus promesas. Siempre.

Incluso las que se hacía a sí mismo.

Fin Clases de matemáticas


Ea, ahí queda eso. De verdad que espero sinceramente que os haya gustado. Lo cierto es que querría haberlo alargado un pelín más pero... no sé... como que de repente me vino la inspiración y me dije que este final quedaba también muy guay y nada, ahí está. Evento/reto cumplido xD.

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Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.