Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!

Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /


Gracias Yani por betear esta historia.


Capítulo 16: Dividida

Canción del capítulo: We Did It When We Were Young de The Gaslight Anthem

BPOV

Para cuando Edward regresa a la sala, el shock que sentí al volver a verlo después de todo este tiempo al fin ha empezado a desvanecerse. Por otro lado, una infinidad de emociones se despiertan después de haber estado latentes, emociones que creía haber superado con mis terapias.

Hay una batalla constante rugiendo dentro de mí, es casi imposible elegir un lado y apegarme a él.

—Yo, uh, preparé café —dice en voz baja, poniendo una taza en la mesita frente a mí. Sentándose en el sofá, acuna su taza entre sus manos. Noto que ya no trae la bolsa de guisantes congelados. Ahora eso me hace encogerme internamente, y me siento horrible. Lo golpeé. No una, sino dos veces—. ¿Todavía… todavía te lo tomas negro con una de azúcar?

Frunzo el ceño, confundida.

—¿Qué?

—Um… tu café.

Se ve tan inseguro y aprensivo.

Esto no es a lo que estoy acostumbrada.

Estoy acostumbrada al chico arrogante que creía ser el más genial de todos. Estoy acostumbrada a la bravuconería, la grosería, las burlas, las sonrisas crueles…

No a esto.

Me desarma.

—¿Bella?

Me giro hacia él en una ligera bruma.

—¿Sí?

Le pegué. No hay marca en su mejilla, pero… le di una cachetada. Luego lo pateé.

—Tu café —dice lentamente—. ¿Negro con una de azúcar?

—Oh. —Suspiro e intento concentrarme. Café. Claro—. Um, sí. Gracias. —Negro con una de azúcar—. Lo recuerdas. —Me quito el gorro y lo pongo junto a mí.

En mi periferia puedo verlo encogiéndose un poco de hombros.

Mi mente —Cristo— no deja de dar vueltas. Es casi demasiado. Pero primero lo primero.

—Lo siento —digo rápidamente, sin quedar satisfecha con eso—. Lo siento. —Un poco mejor. Aunque Edward se ve confundido—. No debí haberte golpeado… —Hago una mueca—. Lo siento.

Sacude la cabeza.

—Me lo esperaba; lo tenía merecido.

Es ahí donde se equivoca.

—Nadie, nadie merece eso —respondo en voz baja, implorante. No estoy hablando solo de lo que hice. Estoy hablando de todo. La violencia nunca está bien, y no puedo creer que me haya rebajado tanto.

Me mira a los ojos durante un segundo que parece ser más largo de lo que es. Luego asiente con un movimiento de mentón y baja la vista a su taza.

Es raro; el silencio que le sigue es cómodo e insoportable.

La guerra interna continúa.

Ya se desvaneció lo peor de mi enojo. Ha sido reemplazado con un dolor que me contrae el pecho.

Dándole un trago a mi café, lo miro con sutileza; el cambio es evidente. En realidad, son muchos cambios. Puedo verlo en sus ojos, en su postura… se sienta más relajado ahora que cuando tenía diecisiete. Ya no está tenso en su propia casa, algo que sí sentía antes. Y sus ojos… lo pensé antes… pero hay cierto resplandor en ellos que nunca vi en el pasado. Ha crecido físicamente, es obvio, y espero, por primera vez, que esto pueda funcionar. Apenas hace media hora deseaba egoístamente que él se hubiera mantenido lejos, pero… si puede demostrar que ahora es diferente, quiero que Nathan tenga un padre. Un papá.

La última vez que vi a Edward no pude ver a un papá en él. Demonios, apenas podía ver una mamá en mí, pero hice que sucediera. Por supuesto, no estaba tan dañada como Edward. Aun así, no puedo dejar ir el dolor que sentí cuando se negó a verme en aquel entonces. Sus acciones me hicieron creer que probablemente solo había tirado la carta y las fotos que le envié en Baltimore. Aunque ahora sé la verdad. Cuatro años después. Puedo ver una de las fotos —donde estamos Nate y yo— en una estantería. En la mesita de centro está la foto donde sale Nathan solo. Y ya que esta fue una visita sorpresa… por así decirlo… no es como que Edward pudiera haberse preparado. Resulta evidente que las fotos son importantes para él.

Mis ojos escuecen y tengo que apartar la vista por un momento.

Verlo ahora, crecido y maduro, viviendo solo, sin verse enojado o a la defensiva…

Y luego compararlo con el Edward que era en el pasado…

Digo el juramento antes de sentarme, estoy lista para contestar las preguntas del abogado. Mis ojos encuentran a Cullen, él está congelado en su asiento, mirada vacía y apartada. Sus manos se aferran al reposabrazos hasta el punto donde puedo notar lo blancos que están sus nudillos. Causan un fuerte contraste con las sombras oscuras debajo de sus ojos, los moretones amarillos en sus mejillas y las cortadas color púrpura en su frente y cejas. Sus nudillos casi empatan la blancura de su brazo izquierdo, que está enyesado.

Señorita Swan, ¿puede decirme la relación que existe entre mi cliente, Edward Cullen, y usted?

Debido a la confesión de Carlisle en el hospital el juicio fue muy rápido, y sé que no se presentó ningún cargo contra Edward. Carlisle seguía recuperándose cuando empezó el juicio, así que no lo detuvieron ni nada. Recuerdo que Jasper me dijo que había dos oficiales vigilándolo después de que transfirieron a Carlisle a Seattle y le quitaron la anestesia. Y luego no fue necesario llevar más allá la situación ya que Liam le disparó a Carlisle, matándolo. Sin embargo, eso sucedió después de que yo regresé a Memphis, así que no sé mucho al respecto. Solo que sucedió. Y la verdad me pregunto cómo es que Liam logró evadir a los oficiales en el hospital. Y por qué, claro.

No mucha información se hizo pública, así que solo sé los detalles básicos, lo que me dijeron Jasper y el abogado de Edward. Sé que Carlisle estaba consciente cuando lo llevaron al hospital en Forks; estaba demente y desesperado según las declaraciones emitidas, gritaba y bramaba diciendo que Edward había "arruinado todo". A través de Charlotte descubrí que, mientras estaba en la casa, Emmett había escuchado muchas cosas lo suficientemente incriminatorias para encerrar a Carlisle durante mucho tiempo.

Los testigos facilitaron el resto y llenaron los espacios en blanco sobre el comportamiento de Edward en la escuela, lo seguido que aparecía con moretones…

Otro de los clavos en el ataúd de Carlisle fue la falta de historial médico de Edward.

Si tu hijo llega a casa con una costilla rota lo llevas al hospital, ¿cierto?

Yo no me quedé para escuchar todos los detalles. Tenía un hijo recién nacido esperándome en casa, y seguía rota y perdida, así que solo hice lo que me indicaron. Respondí las preguntas del abogado, les conté mi verdad sobre los padres de Edward maltratándolo y golpeándolo, y luego me fui.

Con una sacudida de cabeza, me traigo de regreso al presente… donde estoy sentada en una enorme cabaña, en medio de la nada, con el mismo Edward Cullen, bebiendo café.

Negro con una de azúcar.

Es un poco irreal.

—Yo… —carraspea Edward—. No sabía que estabas en Alaska.

Asiento lentamente y bajo la mirada a la bebida humeante en mi mano.

—Lo sé. Charlotte me llamó ayer y me contó. —Ya había descubierto que Edward no lo sabía, y luego Charlotte lo confirmó cuando se lo pregunté—. ¿Te dijo que Emmett y ella planearon esto?

Esboza una pequeña sonrisa, sigue sin mirarme. Yo solo lo miro cuando él no me está mirando, y me pregunto si es igual para él. Cuando hablo y aparto la mirada, ¿él también me analiza?

—Malditos metiches, ¿eh? —se ríe en voz baja, aunque el sonido muere pronto.

Es incómodo.

Y las preguntas que tengo embotelladas están empezando a rogar por ser respondidas.

—Edward… —No sé por qué eso salió como un susurro—. ¿Por qué…? —Trago con fuerza, definitivamente ya tengo su atención. Una vez más se ve aprensivo. También nervioso. Exhalo un suspiro—. ¿Por qué estuviste en prisión?

Exhala temblorosamente; no se ve sorprendido por la pregunta. Más bien… resignado, tal vez… como si lo hubiera esperado.

—Uh, a-agresión de segundo grado y posesión de drogas —dice con voz rota—. H-heroína.

Tomo una bocanada de aire y aparto la mirada.

Jodido Cristo.

Honestamente no sé qué esperaba, tal vez había considerado la idea de que hubiera sido por drogas y agresión, pero… pero escucharlo es un asunto diferente.

—Ese no es quien soy, Tink-Bella. Carajo, perdón. Es que… —Sus palabras salen apresuradas y revueltas, y el dolor en su voz tira de las fibras más sensibles de mi ser—. Sé que cometí un error, pero no quiero que pienses que estoy metido en esa mierda; nunca lo estuve, en realidad… —Sintiéndome escéptica, lo encaro lentamente y lo miro. Exhala un aliento, parece estar teniendo dificultad con sus palabras—. Lo juro, Bella —susurra—. Me-me arrestaron antes de…

—¿Antes de que te hicieras adicto? —termino inexpresiva.

No quiero juzgar a Edward; no tengo derecho. Pero es difícil no hacerlo. Hay mucho resentimiento que sigue ahí, y soltar eso no es fácil. Incluso cuando me recuerdo que él ha pasado un infierno… aun así me lastimó profundamente. Y apesta no poder culparlo por todo lo que ha hecho. Como dijo, sabía que lo que hacía estaba mal, pero en ese momento no tenía idea de cómo sus acciones afectaban a la gente. Estaba pensando en su propia supervivencia, y cuando se sentía débil, sentía la necesidad de aplastar a otros. Se convirtió en Carlisle, pero ¿cómo podría no convertirse en esa persona? Todo ese odio, esos golpes y maltratos sin razón… eso es todo lo que él ha conocido.

Luego hay otra parte de mí que me dice que él sabía lo jodido que estaba Carlisle. Edward debió haberse ido, debió haber escapado, lo debió haber reportado… al crecer debió haber notado que los padres de sus amigos no actuaban como Carlisle y Esme. Debió haber aprendido en la escuela que la violencia está mal y… bla, bla, bla.

No lo sé, carajo.

Me siento tan en conflicto.

Él era solo un chico de diecisiete años.

Somos humanos.

Cometemos errores.

Pero siempre hay consecuencias.

Cierto.

—No tienes que creerme —murmura y deja su taza en la mesa—. Estaba en un mal lugar; había pasado por meses de terapia donde entendí el monstruo cruel que había sido. —Sonríe amargamente, y veo que el resplandor en su mirada se desvanece momentáneamente. Hay tanta agonía en él que resulta casi físicamente doloroso para —. La verdad dolió, e hice lo que mejor sabía hacer: me volví hacia las drogas, un escape instantáneo.

Sé a qué se refiere, claro. Cuando teníamos diecisiete fumábamos hierba. Nos daba una calma que borraba la vida real durante un momento.

Sin embargo, la heroína es diferente. Después de trabajar con mujeres maltratadas durante años, sé que las drogas se usan comúnmente para escapar de la realidad. Y la heroína es una de las más fuertes que hay. Es un tranquilizante; en lugar de éxtasis y energía, te sientes en la gloria y tranquilo. Todas las cosas malas desaparecen.

También es tan adictiva que te haces adicto después de unas cuantas ocasiones.

Es por eso que me siento escéptica sobre lo que dijo Edward de que lo arrestaron antes de volverse adicto.

—Dime —le pido en tono apagado. Alza la vista, parece sorprendido de que quiero que me explique—. ¿Te arrestaron antes?

Su nuez de Adán se mueve al tragar.

—No regresé a la universidad ni a Baltimore después del juicio —admite—. Mi plan era ver un terapeuta, estar mejor, y luego… contactarte. —Asiento una vez para mostrarle que estoy escuchando—. Nathan fue el desencadenante.

Frunzo el ceño.

—¿De qué?

—Para mejorar. Cuando recibí tu carta, las fotos… —se va callando, y sus ojos se humedecen un poco—. Uh, escucha. Necesito un cigarro; ¿podemos salir por un momento? O yo podría salir… solo necesito…

—Está bien —le digo rápidamente y me pongo de pie. No sabía que fumaba, pero no puedo decir que me sorprende—. Vamos.

Pronto nos encontramos parados en el pórtico. Hace frío, pero hay viento, lo que hace que sea casi soportable… si no es que agradable. El aire se siente fresco y limpio.

Edward también se puso un gorro, pero aparte de eso sigue usando solo su pantalón de pijama y su sudadera. Oh, y tenis.

Espero que también tenga un par de botas. Después de todo, esto es Alaska.

—Fue él quien me hizo querer confrontar a mamá y papá —dice de repente en voz baja, su mirada se concentra en el bosque—. Me refiero a Nathan. —Oh. No estoy segura de que eso sea algo bueno, viendo lo herido que resultó Edward. Pero supongo que al final fue bueno. Fue como todo finalmente se detuvo—. En fin… —Le da una calada a su cigarro y exhala lentamente—. Después de que el juicio y todo eso terminara, me quedé en Seattle. Mi abogado se encargó de todo lo relacionado con el dinero y lo que mis padres tenían; casas, apartamentos… compré un condominio en la ciudad y empecé a ver a un terapeuta. —Pone los ojos blancos ante eso, y aunque ya me dijo cómo resultó eso, juzgando por lo que siguió después en su vida, queda claro que hay más detrás de esa historia—. Eso sí que fue un gran fracaso de mi parte —murmura. Suspiro en silencio—. Y luego h-hui de ahí. Manejé a Port Angeles, contacté a Royce, y compré lo que él me recomendó.

Qué maduro.

—Le compraste heroína a Royce King —declaro, cruzando los brazos sobre mi pecho.

—Eh. Sí… fue inteligente, ¿eh? —Me dedica una sonrisa irónica de lado.

—Mucho —digo inexpresiva.

Hace una mueca y baja la vista a las tablas del piso.

Sigo analizándolo, todavía me siento sacudida por este hombre. Su comportamiento es tan diferente.

—Me registré en un motel de Port A —dice con voz ronca—. Era fin de semana, y no salí de ahí hasta que necesité más de Royce.

El contorno de todo se hace borroso cuando mis ojos se llenan de lágrimas, aunque trago para alejar esa mierda.

Mi mente intenta imaginar cosas que pude haber hecho de manera diferente, en aquel entonces. Si no lo hubiera presionado, si no hubiera intentado ayudar a Edward… ¿las cosas serían mejores o peores ahora? Sé que el maltrato de Carlisle solo empeoró conforme pasaba el tiempo, así que me gustaría pensar que tomé la decisión correcta. No sé. Tal vez.

¿Edward habría ido de todas formas a prisión por cargos de posesión y agresión?

¿Estaría siquiera vivo ahora?

Tal vez se habría quedado en la universidad para convertirse en doctor.

Pero él no quería eso, ¿verdad?

No.

»Los policías me arrestaron la segunda vez que le compré a Royce —continúa Edward en voz baja. Viéndolo desde un costado, lo veo rascarse el brazo, la parte interna, y noto un par de pequeñas cicatrices. Esa imagen me retuerce el estómago porque me pregunto si le quedaron de cuando usó drogas. No es que sepa cómo las consumía, pero…—. Sabía que me esperaba tiempo en prisión, y… —se ríe de forma cansada, amarga, casi silenciosamente—. Lo empeoré por agredir al oficial de policía.

Inflo las mejillas antes de exhalar pesadamente.

No quiero ser egoísta, pero hay mucho —muchos sentimientos— que siento hacia Edward… que encuentro justificado. Él tomó el camino largo hacia la recuperación mientras que yo me fui por el corto y nunca me rendí. Pero yo tenía a Nate; luchaba por su bien antes de poder luchar por el mío. Edward no tenía a nadie. Solo tenía dieciocho años en ese entonces, y su mundo acababa de desmoronarse. Yo también tenía a Jasper y Jada. El primer extraño al que Edward se abrió —su terapeuta— le hizo ver la verdad, algo que lastimó a Edward. Así que huyó, se volvió hacia las drogas, fue incapaz de lidiar con eso.

Éramos tan jodidamente jóvenes.

Quiero que encontremos una forma de dejar todo esto atrás porque… nos lo merecemos, ¿no?

Solo necesito superar el resentimiento que siento. Odio sentirme de esta manera, pero no puedo evitarlo. Sin importar cómo vea las cosas, hay una voz en mi cabeza diciéndome que él pudo haber hecho las cosas de forma diferente, mejor. Pero yo no había sido maltratada. Al menos, físicamente. Yo también pasé un infierno; tuve un año que fue una tortura soportar. Perdí a mis padres, no tuve en realidad la oportunidad de llorar su muerte, me aplastaron de la peor forma posible, dos veces, y terminé embarazada.

Pero Edward sufrió por trece de esos años, y eso fue solo antes de la muerte de Carlisle y Esme. Los años que siguieron tampoco fueron exactamente fáciles para él.

—Me siento vieja —exclamo de forma repentina.

Edward bufa una risita.

—Sé a qué te refieres.

Y le creo.

Solo tenemos veintidós, pero no se nota.

—¿Crees-crees que pueda verlo en alguna ocasión? —pregunta vacilante.

—Por supuesto —digo, frunciendo las cejas.

—Oh. —Asiente, se ve aliviado, pero más que nada sorprendido—. Gracias.

Luego es mi turno de vacilar.

—Pero ¿podemos esperar un poco? —La verdad no es una pregunta, a pesar de que así la expresé. No estoy lista para que conozca a Nathan. Primero quiero hablar más con Edward. Quiero aprender de él; quiero saber qué clase de recuperación es la que ha tenido.

Más que nada por el bien de Nathan, pero también por el mío.

—Sí, por supuesto, lo que tú digas. Me alegra que me vayas a dejar verlo para empezar. —Sonríe torpemente.

No tiene que agradecerme. También es… es su hijo. O lo será. Eso espero. Si las cosas salen bien. Solo tengo que tomármelo con calma. No quiero que Edward sea un padre que aparece cuando le da la gana. Tiene que ser algo permanente. Nate se merece eso.

Pero hasta entonces…

—Tengo unas cuantas fotos en mi cartera. ¿Quieres, um, verlas?

Inhala temblorosamente, y asiente rápido.

—¿Por favor?

—Están en mi carro, dame un segundo. —Lo dejo en el pórtico, la imagen de sus ojos llorosos está grabada en mi memoria al alejarme. Mi corazón late furiosamente. Abriendo la puerta del copiloto, meto la mano en la guantera y saco mi cartera. Si hubiera planeado en venir, habría traído el álbum de bebé de Nate o algo así.

La próxima vez.

Asiento para mí ante ese pensamiento. La próxima vez. Lo traeré la próxima vez. Cuando regreso al pórtico, los ojos de Edward están más rojos que antes.

No comento nada al respecto, pero puedo notar lo difícil que es para él mantener sus emociones a raya. Tal vez es cruel de mi parte, pero lo veo como una buena señal; me alegra ser testigo de su conflicto. Si no se sintiera afectado, creo que habría dudado más de él.