Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
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Gracias Yani por betear esta historia.
Capítulo 17: Algo bueno
Canción del capítulo: Start of Something Good de Daughtry
EPOV
Cuando volvemos a entrar a la cabaña, Bella y yo regresamos a la sala y nos sentamos en el sofá. Yo me siento primero y esta vez se sienta más cerca de mí que antes, aunque sé que se debe a que me mostrará las fotos de Nathan. Sentarnos en diferentes orillas del sofá haría que eso fuera muy difícil. Como sea. Sigo intentando no analizar de más todo, pero no está funcionando. Estoy nervioso. Estoy muerto de miedo y me siento aprensivo. Porque quiero esto. A Nathan y Bella en mi vida. Quiero ser su papá. Es una de las razones por las que luché tanto por mi recuperación. Aunque mi terapeuta me hizo entender que necesitaba pelear por mí mismo, me dijo que Nathan era una excelente razón para mantenerme motivado.
—Solo tengo tres fotos aquí —dice, sosteniéndolas en su mano. Ya lo sabía ya que mis ojos están pegados a las fotos.
—Está bien —respondo rápidamente. Carajo. Me tiemblan las manos. También me sudan, así que me las seco en los muslos.
—Um, esta es de su segundo cumpleaños. —Me da la primera foto, y la tomo con dedos temblorosos. Estoy un poco avergonzado, pero no hay nada que pueda hacer al respecto.
Mirando la pequeña foto en mi mano, me muerdo la parte interna de la mejilla en un débil intento por no llorar como bebé. El niñito en la foto es tan jodidamente bonito que es una locura. Tiene una sonrisita torcida donde enseña todos los dientes… un gorro de cumpleaños que está ladeado, y lo que supongo que es helado o pastel alrededor de la boca, en la nariz… me río con voz pastosa. Está incluso en su frente y camiseta.
Tiene ojos verdes y mi pelo revuelto.
Se me vuelve borrosa la visión, así que parpadeo unas cuantas veces para aclararla.
—Esta es de Navidad; del mismo año, tiene dos años.
Asiento y acepto la foto; se me acumulan más lágrimas en los ojos. Pero esta vez no parpadeo para alejarlas. Mi terapeuta me dijo que fuera abierto y honesto, pero romperme aquí, justo ahora, después de ver a Bella por primera vez en cuatro años… sí, preferiría no hacerlo. Estoy seguro de que habrá muchas otras ocasiones en las que me verá llorar.
—Es… —No estoy seguro de qué palabra usar. ¿Hermoso? ¿Bonito? ¿Guapo? Todas son correctas.
—Lo sé —dice suavemente. Manteniendo la mirada en la foto, sonrío un poco al ver a Nathan abriendo sus regalos. Está completamente rodeado de envolturas de regalo y cajas—. Um, esta es de hace unos pocos meses.
La tercera foto me abruma.
Se parece tanto a mí que da miedo.
—Cristo —exhalo y me limpio las mejillas.
—Te he visto todos los días, Edward —susurra, haciéndome alzar la vista hacia ella—. En Nathan. Él eres tú.
Exhalando temblorosamente, me concentro otra vez en la foto. No sé si es de alguna ocasión especial; es una sencilla foto de Nathan sentado en un sofá. Está sonriéndole a la cámara y tiene puesto un pijama de Spiderman.
Hay una gran diferencia entre un niño de dos años y uno de cuatro. Ha crecido mucho. Es una personita. Ya no tiene mejillas ni muslos regordetes. Su cara está más definida… se parece más a mis propias facciones.
Lo que más noto son sus ojos brillantes.
No quiero que esa chispa se desvanezca jamás. Como sucedió conmigo.
—Espero que no se parezca mucho a mí —digo con voz ahogada, lleno de terror. Mis ojos están llenos de lágrimas y bien abiertos cuando se encuentran con los de Bella.
Pero ella solo sonríe.
—Él es el niño que era mi amigo en Arizona. ¿Lo recuerdas?
Muy poco. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que fui ese niño, el niño que perseguía a Bella por el patio de Charlie y Renée en busca de besos.
Desearía poder recordar más de cuando vivíamos en Phoenix, porque resulta obvio que Bella sí lo hace. Ella parece tener una infinidad de recuerdos sobre nosotros, mientras que yo solo tengo uno. Sin embargo, es un recuerdo muy precioso, el recuerdo de nosotros corriendo por ahí, conmigo robándole su primer beso. Dándole a ella el mío.
Le llené el vestido de chocolate y le hice cosquillas hasta que volvió a sonreír.
Los cinco años fueron una buena edad. Espero estar aquí para ver a mi hijo a esa edad.
—Edward, ¿estás bien?
Comprendo que estoy temblando más.
Respira profundo, Cullen.
—Sí, lo siento —carraspeo. Cierro los ojos y me pellizco el puente de la nariz, obligándome a calmarme.
¿Por qué no pude haber arreglado mis mierdas antes? ¿Por qué tenía que perderme cuatro años completos?
Recuerdo lo jodidamente nervioso que estaba cuando entré en la oficina de mi primer terapeuta. Demonios, estaba listo para orinarme encima. O correr. Lo que terminé haciendo al final. No podía soportarlo. Era demasiado. No es que el hombre fuera grosero ni nada, pero la verdad dolía de todas formas. Fue como empezar de nuevo. Me dijo lo que estaba bien y mal, me habló de tomar decisiones y aceptar las consecuencias. Me animó a sacarlo todo, y luego indagó en lo más profundo de mi jodido cerebro y me diseccionó como si fuera una maldita rana. Bien, en realidad no, pero básicamente me hizo trizas. Solo que salí huyendo antes de que pudiera armarme otra vez. Metafóricamente hablando.
Sé que soy el único que puede arreglar mis problemas.
Sentando en su oficina, hablé sobre todo; me abrí. Todavía me sentía, en ese entonces, ansioso por mejorar para poder seguir adelante y tener a mi hijo en mi vida. Pero luego, con cada sesión me volvía más y más introvertido. Me odié a mí mismo hasta el punto donde estaba listo para matarme, mis pensamientos eran macabros y lúgubres.
Me aislé completamente. El mundo exterior no existía. Al principio, no existía porque solo tenía un objetivo, y era ser mejor. Y luego no existía porque estaba demasiado ocupado hundiéndome solo.
Nunca se me cruzó por la mente divertirme. Nunca salía. Nunca conocía gente nueva. Ni siquiera me reunía con la gente que ya conocía. Aislado, solo tenía las sesiones con mi terapeuta y la soledad de mi condominio. Veía películas, jugaba videojuegos, le escribía a Bella y Nathan, tocaba música…
Todavía tengo todas esas cartas para Bella y Nathan que nunca se enviaron, de cuando vivía en mi condominio y de cuando estuve en prisión.
Después de una sesión en particular compré una botella de vodka.
Todo empeoró a partir de ahí.
El terapeuta me había preguntado cómo lidiaba con la culpa que todavía sentía después de haber matado accidentalmente a mi mamá.
El problema fue que no me sentía culpable. No había remordimiento, y eso me llevó a pensar lo monstruoso que era. Porque alguien que mata debería sentirse mal, ¿cierto? Pero yo no me sentía así. Así que bebí sin parar. Eso entumeció el dolor, y me sentí infinitamente mejor por un momento. Incluso, al estar ahí sentado en mi oscuro condominio, pensé en salir. Pensé… No he tenido sexo desde la última vez que estuve con Tinks; finalmente es hora de conseguir algún coño.
Con la botella de vodka casi vacía en mi mano, dejo mi condominio y me dirijo hacia afuera. El aire está frío, lo cual habría sido bueno si quisiera estar sobrio. El aire frío trae claridad, así que al carajo con eso.
Bebo más y sonrío al ubicar el bar al otro lado de la calle.
¿Ves? Problema resuelto. Ahí no habrá aire fresco.
De camino hacia allá me doy una charla interna porque evidentemente he olvidado el rey todopoderoso que solía ser. Edward jodido Cullen. Ese soy yo. ¿Y qué si mis padres están muertos y no tengo a nadie? Puedo cuidarme solo. No necesito a nadie. Y que se joda ese maldito loquero que piensa que debería sentir arrepentimiento por lo que le hice a mamá. Esa perra se lo tenía merecido. Ella dejó que papá me golpeara. Ella lo dejó usarme como su saco de boxeo. Bueno, no es mi maldita culpa que mi padre terminara siendo un jodido mariquita que no pudo reconocerlo. No es mi culpa que sintiera la necesidad de darme una paliza solo porque se sentía avergonzado de que le gustara la polla.
Al carajo con todo.
Al carajo con el terapeuta. Al carajo con mis padres. Al carajo con Bel… Bella. Al carajo con Nath…
Mi estómago se retuerce justo cuando llego al otro lado de la calle.
—Jesucristo —gimoteo, recargándome en una pared de ladrillo.
¿Qué demonios estoy haciendo?
Dejando caer la botella al suelo, saco mi cartera, en donde tengo la foto de Nathan.
Me resbalo hasta caer sobre la banqueta con la espalda apoyada en la pared.
Miro la foto.
Sí, no eres tan fuerte, ¿cierto, Cullen?
Antes de saberlo, empiezo a sollozar como un debilucho.
Y luego me regreso otra vez hacia el condominio, sintiéndome más patético que nunca.
Las semanas siguientes fueron todavía peor. No intenté volver a salir, pero bebía mucho, y mi terapeuta quería recetarme más pastillas. Ya tomaba antidepresivos, pero al parecer eso no era suficiente. En fin, hui unas semanas después y manejé hacia Port Angeles.
Una semana después me arrestaron.
Comprendo que he estado callado por un buen rato, mirando la foto de mi hijo de cuatro años.
Tantas cosas que me he perdido.
Pero la prisión… las clases de manejo de la ira y la terapia… puede que me haya perdido un montón de cosas, pero los últimos dos años me salvaron la vida. El que me arrestaran aseguró que me alejara de todas las cosas destructivas. Me ayudó. Y ahí fue cuando Emmett volvió a entrar a mi vida. Logré dejarlo de lado después del juicio, pero no pude hacerlo estando tras las rejas. El hombre no se rendía; me visitaba. Construimos una nueva amistad, una que se basa en… bueno, en realidad ahora ya somos amigos. O más bien, soy un amigo para él. Él siempre ha estado ahí, pero a mí nunca me importó ni mierda en el pasado.
En aquel entonces me dejaba pisotearlo como quería. Todos lo hacían. Excepto papá, claro.
Y Bella. Ella no aceptó mis mierdas. Logró salir de ahí, justo como merecía. Después de lo que yo le hice, me alegra que siga respirando. Es increíble que se haya construido una vida para sí.
Mi deseo es que esto sea el comienzo de algo bueno, algo que me dará más que solo una existencia. Aunque ahora me siento mejor, apenas he comenzado a vivir. Todavía me falta mucho camino por recorrer, pero voy en la dirección correcta.
Sollozo y me paso una mano por la cara.
—Gracias por enseñármelas —susurro y le regreso las fotos.
Frunce la boca, mirándome.
Casi quiero removerme bajo su mirada porque parece que puede ver dentro de mí.
—De verdad has cambiado, ¿no? —pregunta suavemente, ladeando la cabeza.
Abro la boca para decir algo, pero no sé qué. Sí, he cambiado. Cuando pensé que era un hombre antes, no era nada más que un niño jodido. Pero decirle esto a Bella no será suficiente. Tengo que demostrarlo, y tengo que hacerlo detenidamente. Por su bien y el de Nathan.
—No soy perfecto —digo en voz baja—. Nunca lo seré.
Lo último que quiero es que ella tenga expectativas muy altas. Terminaré jodiéndolo. Quiero decir… lo que quiero es vivir en paz. Quiero tener una buena relación con mi hijo; quiero ser feliz. También quiero demostrar que no soy un idiota arrogante. Quiero dar algo a cambio, ¿supongo? No lo tengo todo resuelto, pero tengo metas. Metas que son mías. Metas que no solo involucran mi propia felicidad, sino también la de otros.
Ser la causa de la sonrisa de tu hijo debe ser gratificante, ¿cierto? Al menos eso fue lo que me dijo mi compañero de celda en prisión.
Estar encerrado no me convirtió en un demente religioso ni nada parecido; no creo en un salvador, y no me siento reformado. Creo que nosotros forjamos nuestra propia suerte. Solo necesitamos trabajar por ella, lo cual estoy más que dispuesto a hacer ahora.
Y si también puedo ganarme el perdón de Bella…
Un paso a la vez, amigo.
Arriesgándome a mirar a Bella, noto que tiene una sonrisita irónica tirando de sus labios.
—¿Quién lo es? —se ríe entre dientes—. Nadie es perfecto, Cullen.
Supongo. Tal vez.
»Y quédate con las fotos —añade, su sonrisa crece por un segundo—. Te traeré más la próxima vez.
Próxima vez.
Sintiéndome demasiado abrumado para hablar, solo puedo asentir ante eso.
Ella regresará. Y en el futuro podré conocer a Nathan.
Jesucristo.
La verdad, no esperaba que fuera tan… complaciente. Acogedora. Amistosa.
—Lo s-siento —exclamo de repente. Se me cierra la garganta, pero sigo hablando porque siento que voy a explotar si no digo algo más—. Estoy jodidamente arrepentido por lo que te hice, Bella. —Más arrepentido de lo que ella podrá comprender. No tiene idea de que lloré más por ella que por mis padres. Con Bella siento que perdí algo de verdad—. Lo siento —repito con voz rota.
—No. —Sacude la cabeza y alza una mano. Trago con fuerza—. No estoy lista para hablar sobre… nuestras… diferencias, conflictos, el pasado… lo que sea. No estoy lista. Estamos haciendo esto por mi… —exhala un suspiro mientras yo contengo el mío, tengo el corazón atorado en la maldita garganta—. Nuestro hijo —susurra.
Asiento rápidamente, comprendiendo, todo mientras castigo mi culo patético por adelantarme.
Me odia.
Esto es solo por Nathan.
—No te odio —admite apresurada, ante lo cual alzo la vista en shock. ¿Ahora lee las mentes?—. Hay… —Sus cejas se fruncen y aparta la mirada. Pero solo durante un segundo. Luego me vuelve a ver a los ojos—. Hay aceptación y comprensión —dice lentamente, como si estuviera pensando en voz alta—. Pero… —Sí, siempre hay un pero—. Edward, tengo muchas cosas con las que lidiar. Apenas puedo aferrarme a un sentimiento antes de que se vea reemplazado con otro. Me siento… —Se humedece los labios y suspira—. Hay resentimiento. Dolor… me lastimaste tan jodidamente… —se detiene y respira—. Trabajaremos en eso, ¿de acuerdo? Pero justo ahora… esto es por Nate.
Asiento otra vez, estoy dispuesto a aceptar lo que ella me ofrezca. Lo que sea.
—Bien.
Asiente también.
—De acuerdo… bien. Creo… creo que es mejor que me vaya. —Se para rápidamente y se pone su gorro. Mientras tanto yo intento ignorar la incómoda manera en que se contrae mi pecho—. Tengo un viaje de dos horas, y Nate llegará pronto a casa de la escuela.
Tan solo con escucharla hablar de él mi corazón se ve estirado en dos direcciones diferentes. Hay dolor por no saber nada sobre él… alegría por saber que esto es lo más cercano que he estado de él. Y solo me acercaré más de ahora en adelante. Ya nada de escapar.
—Gracias por las fotos —murmuro, poniéndome de pie también—. Significa… —Bajo la vista a ellas, todavía las tengo en mi mano—. Significa mucho para mí.
Me dedica una sonrisita triste.
—De nada.
Siguiéndola a la puerta, intento pensar en algo que decir. Muy parecido al email que le envié, estoy haciendo tiempo e intentando hacer que esto dure. Supongo que es algo patético, pero ya no me importa. Obviamente avanzaré al paso de Bella, aunque mentiría si dijera que es el ritmo que yo quiero.
Paciencia.
Cierto.
—¿Me puedes dar tu número? —pregunto torpemente mientras se pone las botas—. Supuse que ya que, uh… quiero decir, si necesito llamarte o así.
Se para y saca su celular de su bolsillo trasero.
—Claro. Ya guardé el tuyo. —Juguetea un poco con su celular—. No me sé mi propio número —se ríe entre dientes, buscándolo en los contactos.
Esbozo una sonrisa ante eso.
—Pues nunca te llamas a ti misma, ¿cierto?
Suelta otra risita.
—Exacto… oh, aquí está. —Me enseña el teléfono, y lo memorizo rápidamente para poder anotarlo en cuanto ella se vaya—. ¿Quieres una pluma o algo así?
—No, ya lo tengo —digo y le repito el número.
—Grandioso. —Sonríe con cautela—. Bien, um… ¿seguimos en contacto?
¡No es suficiente, no es suficiente!
De repente, mis pulmones se sienten pequeños.
—¿Cuándo? —pregunto, ansioso. Necesito una fecha. O límites. ¿Puedo llamarla mañana o tengo que esperar una semana? ¿Nos veremos en unos días o necesitará de todo un mes? ¿O más?—. Sin presiones —miento.
Ante eso, sonríe.
—Sabes… nunca te creí tus mierdas, Cullen. Al menos no por mucho. —Pues carajo—. Me alegra ver que he mejorado con eso.
—O tal vez yo he empeorado a la hora de mentir —me río entre dientes, metiendo las manos en los bolsillos de mi pantalón de pijama. Bajo la vista, divertido y nervioso. También me alivia que la tensión se sienta un poco más ligera ahora.
—También podría ser eso —concede, y la miro de nuevo. Me ofrece otra sonrisa. Suspiro en voz baja, no puedo no pensar en lo increíble que se ve—. Así que… —se mece sobre sus pies—, ¿qué te parece si te llamo mañana después del trabajo? Podemos fijar una fecha para volver a venir.
Después del trabajo. Me pregunto a qué se dedica.
—Mañana suena mejor que pasado mañana —digo con honestidad, sonriéndole—. Oh, y si quieres yo puedo ir a Anchorage. No parece justo si tú eres la única que maneja.
Sacude la cabeza, descartando la idea.
—Así está bien. Creo que tu casa está bien para… para esto.
Oh. Tal vez no me quiere en Anchorage.
—Uh, ¿al menos me dejarías ayudarte? —pregunto, frotándome la nuca—. No sé, ¿gasolina, o boletos de avión? —Obviamente noté su SUV en la entrada, pero creía que todos en Alaska volaban.
—No te preocupes, Edward. No eres el único millonario por aquí —bromea y sonrío, sabiendo que Charlie era dueño de una exitosa compañía de juegos. Si recuerdo correctamente, Bella me dijo que Charlie le enseñó a jugar póquer cuando tenía como cinco años. En fin, cuando Charlie y Renée fallecieron, todo lo que tenían fue liquidado y Bella obtuvo acceso a un montón de dinero al cumplir los dieciocho—. No es que me quede mucho —se ríe entre dientes, retractándose—. Pero vivo bien. Aunque gracias por la oferta. Es muy considerado de tu parte.
Frunzo el ceño, confundido.
—¿No te queda mucho? —Ladeo la cabeza.
¿Cómo es posible? Bella no parece exactamente alguien que gasta mucho.
—He donado la mayor parte a la caridad. —Se encoge de hombros y apoya la mano en el pomo de la puerta—. Abrí cuentas para Nate; un fideicomiso y un fondo para la universidad, nos compré un condominio, tengo un buen carro, y tengo una cuenta de ahorros en caso de necesitar algo. Todo está bien.
Uh.
Nota mental: revisar las caridades.
—Entonces, ¿te llamo mañana? —Abre un poco la puerta.
Asiento tontamente.
—Mañana.
Es doloroso verla irse.
~CLO~
Mi culo se volvió un cubo de hielo por estar sentado en la banca del pórtico, pero todavía no me quiero mover. Además a Taz le encanta correr entre la nieve enfrente de la casa. Y estoy demasiado emocionado como para que me importe una mierda el frío.
—Mira esta —digo, sonriendo como idiota. Dándole una calada a mi cigarro, miro la boca de Emmett curvarse en una sonrisa todavía más grande. Y sé qué es lo que está pensando: que Nathan se ve idéntico a mí—. Tiene cuatro años en esa foto, así que es muy reciente.
—Santa mierda —se ríe entre dientes—. Esto es grandioso, hombre.
Asiento.
—Bella dijo que me traería más la próxima vez.
—Estoy feliz por ti. —Me palmea la espalda y me regresa las fotos—. ¿Esto significa que ya no estás enojado con Charlotte y conmigo por interferir?
—Endemoniadamente molesto. —Sonrío con ironía y guardo las fotos en mi cartera. Se quedarán ahí hasta que pueda encontrar un buen lugar para ellas. También tengo que hacerles copias—. Pero no enojado. Aunque siento curiosidad sobre cómo supiste que ella estaría aquí hoy.
—Charlotte me llamó esta mañana. —Pausa para darle un trago a su cerveza—. Verás, Bella le envió un mensaje esta mañana y dijo que tomaría el consejo de Charlotte y te contactaría. Así que me dijo que me fuera por si acaso. De hecho, pasé junto al carro de Bella cuando venía, pero creo que no me vio.
—Uh. De acuerdo. Bueno, la próxima vez que venga también puedes irte de aquí. —Sacudo un poco de ceniza de mi cigarro—. Y llévate a Taz.
—Por supuesto. Avísame si te estorbo, Cullen.
—Amigo. —Sacudo la cabeza—. Puedes mudarte aquí para siempre, para lo que me importa. —Lo miro de soslayo—. En serio. Esto es solo para cuando Bella esté aquí. Al menos al principio. Pero ya que estamos en ese tema… —Le alzo una ceja, y sabe a dónde voy con esto—. ¿Has hablado con Rosalie?
—No digas el nombre de esa perra —escupe.
Alzo las manos.
—Perdón.
Nos quedamos en silencio por un rato, pero luego él lo rompe y suspira pesadamente.
—Estoy tan jodidamente enojado —susurra.
Asiento, puedo entenderlo. Rosalie dejó la universidad durante su segundo año porque extrañaba a Emmett. Regresó a Forks y los dos se fueron a vivir juntos. Ella hablaba sobre tomar clases en la universidad comunitaria de Port A, pero definitivamente no volvería a dejar el área. Decía que Emmett era más importante que cualquier otra cosa. Así que vivían juntos y eran felices. Emmett le hizo la gran pregunta el año pasado cuando su papá lo subió de puesto en el restaurante. El señor McCarty se retiró, así que ahora el lugar es de Emmett. En fin, ella dijo que sí y fue su pequeño cuento de hadas o alguna mierda así.
Hasta que ella lo dejó plantado en el altar unas semanas después.
—Pues quédate hasta que te sientas mejor —sugiero, palmeo la cabeza de Taz cuando se sienta frente a mí en el pórtico—. Pero ella sigue llamándote, ¿cierto? —Al parecer, Rosalie está llena de remordimientos y arrepentimientos. Juro que llama todas las noches. Incluso cuando Emmett se quedó en mi casa después de la boda fallida, escuché su teléfono sonar cada jodido minuto.
—Sí —murmura—. Dice que fue culpa de los nervios. Como sea. No estoy listo.
Tema cerrado.
Cambiando el tema, hablamos un poco más sobre la visita de Bella y Emmett me detiene cuando empiezo a pensarlo de más otra vez. Es un buen amigo. Dios sabe que lo necesito.
—Todo estará bien, Cullen —suspira y se pone de pie—. Solo dale tiempo. Me iré a la cama.
Asiento.
—Buenas noches, hombre.
Me quedo despierto una o dos horas más y pienso en el día de hoy.
Y se siente… se siente bien. Considerando todo.
El inicio de algo bueno. Espero.
