¡Hola a todos!

Es extraño. Este es un fandom nuevo para mí y estoy emocionada. Es la primera vez que escribo en ROTG y, sobre todo, la primera vez que escribo yaoi. Es un poco extraño para mí pero haré lo mejor que pueda para que esto quede bien.

Pues bueno, hace unos meses simplemente quedé hipnotizada por The Guardians, sobre todo por Jack y Bunnymund. Comencé a ver fanarts, a leer fics y de pronto llegué a ese punto de no retorno en donde comencé a leer fics de ellos como pareja. Lindo, muy lindo en realidad. Ya había leído yaoi antes pero nunca ninguna pareja me convenció de escribir un fic. Estos dos me enamoraron y heme aquí.

Quisiera aclarar algunas cosas antes de comenzar: como estoy acostumbrada a haber leído los libros y los fics en inglés, los apodos y los nombres que pienso usar en el fic son en inglés, me parecen mucho más naturales que los que se usan en español pero si les parece que no se ve bien díganme, me gustaría saber eso. No es una historia demasiado ambiciosa, simplemente romántica y quizás un poco habitual. Es algo que quería sacar ya de mi sistema y a lo mejor es algo cliché, pero prometo que pondré mi mejor esfuerzo. Como ya puse en el resumen, Bunny será humano en este fic.

Disc.: The Guardians of Childhood y ROTG no me pertenecen a mí, sino a William Joyce, el autor de los libros y a los directores de la película.

Sin más, los invito a leer.

Silver Embrace

Capítulo 1: Primavera fría

Esa noche la luna brillaba en todo su esplendor. Había cierta humedad en el ambiente, un inconfundible aire de marzo, de los días en que el invierno acaba poco a poco y la primavera comienza a abrirse paso.

En una zona residencial, más específicamente, en un pequeño parque ubicado en dicha zona, un hombre caminaba lentamente por entre los árboles y las bancas, mirando con cautela a su alrededor. Ya era pasada la media noche así que no había nadie a los en las calles, por lo que este hombre estaba más que prevenido de que tenía que tener mucho cuidado.

Era como una enorme bestia al acecho. Tenía su objetivo en la mira, calculaba sus pasos, podía verlo y casi podía escuchar su respiración intranquila y asustada.

Finalmente, supo que lo tenía donde quería.

Se paró frente a la banca y lo acorraló contra ella.

-¡Wo! ¿Qué rayos…?

Un muchacho de entre 18 y 20 años. Cabello blanco, piel clara, casi transparente, pantalones y sudadera viejos y gastados, unos tenis sucios (de correr, supuso).

-Ahora bien, ¿quién eres y qué haces en este sitio?

El muchacho observó al hombre que lo había acorralado contra la banca. 1.83 de estatura, atlético, bastante musculado. Bronceado y con una expresión severa. Imposible adivinar su edad. Pero sobre todo, con un extraño y sonoro acento… ¿australiano?

No se dejó intimidar por la aparición.

-Esto es un parque público, ¿no? Vine a dar una caminata.

-¿Ah, sí? - el hombre lo vio con sospecha-, mira, ha habido varios robos en las casas de esta colonia últimamente, amigo. Digamos que te he encontrado en el lugar equivocado en el momento equivocado, ¿eh?

Tenía que ser. Clásico pequeño maleante que pensaba que se podía salir con la suya con tanta facilidad. Pues él no iba a permitírselo de una manera tan sencilla.

-¿Y por qué precisamente yo, puedes decirme? Solo estoy paseando.

-Paseando, claro, a esta hora de la noche y en esas fachas…

El muchacho se enfadó de un modo que le resultó un tanto inquietante, y se puso a la defensiva. No esperaba que se enderezara y a pesar de no poderse poner de pie porque él lo acorralaba, infló el pecho y se incorporó lo más que pudo.

-Un segundo, ¿me estás juzgando por mi vestimenta? Oye, puede que yo no sea el típico vecino que ves por esta zona- hizo un ademán, abarcando las hermosas y enormes casas del residencial-, pero como me veo no me hace menos decente.

-Eso dices ahora.

-¿Eres policía?

Esta pregunta lo tomó desprevenido, pero el hecho de que el muchacho se mostrara inquieto por saber la respuesta fue como una señal de que no se trataba de la persona más decente, como él mismo había dicho, del lugar.

-No. Solo soy un vecino que ha tenido suficiente drama por un mes. Realmente estoy harto de despertar todas las mañanas con una patrulla aullando frente a mi ventana, ¿entiendes?

-¡Eso no tiene nada que ver conmigo!- el muchacho se removió nervioso cuando él se acercó más- Ni siquiera tienes pruebas de que sea yo. Solo te estás dejando guiar por mi vestimenta.

-¿Por qué te interesa si soy policía o no entonces, eh? No será que ya tienes problemas en otro sitio y te están persiguiendo…

Él negó con la cabeza, de una manera tan terca que casi resultó ofensivo. Aun así, no se dejó llevar por las ganas de llevarlo a la comisaría más cercana. El chico tenía razón, no tenía pruebas de que él fuera el culpable de los robos que había habido últimamente.

Solo que hacía unas tardes lo vio vagar por ahí y le pareció que desentonaba totalmente con el ambiente del lugar.

La gente que vivía en esa zona eran personas con mucho dinero. Las casas eran lujosas y bellas, y nadie se permitía a si mismo verse descuidado o vistiendo ropa vieja.

En cambio el muchacho se notaba descuidado y sucio, por no decir además, desconocido, poco familiar, fuera de cuadro.

Lo observó todo lo que pudo. Había estado rondando por los alrededores un buen rato y le daba la impresión de que podía ser uno de esos que monitorean a la gente de un lugar para decidir a quién y en qué momento atacar… más o menos como lo que él había hecho minutos antes al acorralarlo contra la banca. Solo que él, claro, lo había hecho por una buena causa.

Sí, E. Aster Bunnymund había aprendido con los años a ser desconfiado y prevenido, sobre todo cuando se trataba de la paz de su hogar. No iba a permitir que un pequeño rufián simplemente llegara a arruinar la paz que poco a poco y penosamente había conseguido formar a su alrededor.

Por supuesto, al final tampoco era cosa de arruinarle la vida a alguien que en caso de estar diciendo la verdad solo estuviera dando un pequeño paseo.

Así que poniendo todo en balance, decidió que lo mejor que podía hacer era dejarlo ir. Se mantendría alerta, claro, eso no cambiaría nada.

-De acuerdo, mocoso- suspiró- vete. Pero si cometes el más mínimo error…

El muchacho frunció el ceño, le dio un empujón y se puso de pie.

-¡Eh! Te estaré observando, niño.

Él volteó a verlo y levantó las dos manos, mostrándole el dedo de en medio. Luego metió ambas en el bolsillo de su hoodie y comenzó a caminar a través del parque hasta perderse en la oscuridad.

Bunny dejó escapar una risa. Pequeño insolente.

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Bunny rodó en su cama al sonido espectacularmente molesto que se dejaba sentir a los alrededores esa mañana. Otra patrulla. Más luces bicolores dando vueltas por ahí. Más gritos de sus vecinos escandalosos.

Más drama.

Tomó una almohada y se la apretó en la cabeza. No se callaban y entre todas las voces destacaba la de una mujer que chillaba histérica por haber perdido un enorme juego de hermosas joyas. Otro vecino se quejaba de la inseguridad que se vivía en estos días y otro grupo de mujeres –viejas cacatúas, como él las llamaba- le daban la razón.

Sus oídos. Por la Luna. ¡Sus malditos oídos!

Maldita fuera la hipersensibilidad auditiva en ese momento. ¿Porqué, demonios?

En fin. Se puso de pie, se pasó la mano por la cara, tratando de despejarse un poco. Cerró la persiana de la ventana de su cuarto, tomó una toalla y se metió a bañar. Agua fría, perfecta para comenzar lo que prometía ser una pesada jornada. La dejó fluir por los músculos de su cuerpo y eso le permitió relajarse un poco, solo un poco, apenas suficiente.

Salió de la regadera envolviendo la toalla en su cintura y tomó otra toalla más pequeña para secarse el cabello.

Mientras tanto, se aproximó a su ventana. Corrió un poco la persiana y abrió el vidrio. Dirigió su oído hacia afuera, el escándalo había disminuido un poco pero aún se hablaba de los acontecimientos.

Alcanzó a distinguir algunas palabras clave en la plática de sus vecinos que sirvieron para confirmar sus más que firmes sospechas. Otro robo.

Se puso rápidamente su ropa interior, unos pantalones de mezclilla, una camiseta y una chaqueta café de tela gruesa ya que el día había amanecido algo fresco y sí, él se había atrevido a bañarse con agua fría.

Bajó las escaleras hasta la cocina y preparó rápidamente una ensalada para desayunar. Tomó un vaso de jugo de naranja y salió a la calle, mirando a su alrededor con cautela. Aguzó su vista y su oído lo más que pudo, buscándolo, buscándolo.

Finalmente llegó al parque y lo vio allí, sentado, distraído, en una banca. Sus manos estaban dentro del bolsillo de su sudadera y estaba casi completamente hecho un ovillo. Bunnymund caminó hasta él y lo jaló con cierta brusquedad de la capucha, haciendo que el muchacho, exaltado por la repentina agresión, pegara un salto, como si hubiera estado dormido y hasta ese momento se diera cuenta de su presencia.

-¡¿Qué quieres?!- preguntó con desesperación cuando se dio cuenta de que el enorme sujeto no lo soltaba.

-Te lo advertí, mocoso.

-Que…. ¿Otra vez? ¡Ya te dije que no tuve nada que ver! ¡Demonios!- pataleaba y luchaba por liberarse del agarre perro Bunny no estaba dispuesto a dejarle ganar.

-Me parece curioso que los robos coincidan con tu presencia por aquí. Si no me dices la verdad de una vez tendrás que decírsela a la policía.

-¡Déjame!- como último recurso, el muchacho le dio a Bunny una patada fuerte en la espinilla. Por la impresión y el dolor-no era mucho, pero era muy molesto- lo tuvo que soltar.

Salió corriendo como alma que lleva el diablo, pero Bunny no dudó en salir corriendo tras él. Después de todo nadie le gana en velocidad a un "conejo".

El muchacho iba atropellando gente, saltando por encima de los autos y las cercas de los jardines y Bunny no tuvo remedio más que imitarlo, trayendo de vuelta a su memoria los días de su adolescencia cuando podía hacer este tipo de acrobacias sin preocuparse de lo que dijera de él la gente. El problema ahora no era su agilidad- aún intacta- sino su cuidadosamente construida imagen.

Finalmente llegaron a un terreno baldío y completamente desocupado en el lugar más alejado del residencial. Bunny vio al chico entrar por debajo de una malla ciclónica gracias a un agujero realmente pequeño que había excavado en el piso, al parecer, con bastante anticipación. Llegó hasta allí pero no tardó en darse cuenta de que era demasiado corpulento para pasar por ese lugar así que optó por saltar la malla.

No le costó demasiado trabajo y finalmente se encontró dentro.

Había todo tipo de maleza creciendo sin control, así que supuso que nadie había adquirido el terreno aún. Pero ese no era el problema en ese momento. Lo que necesitaba saber era dónde demonios estaba ese pequeño problema.

Captó movimiento al fondo del terreno, a unos 15 metros de donde estaba parado él, así que caminó hacia allá.

Finalmente lo encontró, pero no esperaba ver lo que vio cuando retiró la maleza.

Ahí estaba el muchacho, arrinconado en una esquina del terreno, mirándolo con las mejillas rojas de coraje, cansancio y vergüenza. Evidentemente no se había esperado que lo siguiera hasta allí, y ahora no podía ocultarle la cara a lo inevitable.

A su alrededor había restos de comida, sábanas viejas y un par de cambios de ropa, aunque viejos, limpios. Miró alternativamente estos artículos y luego miró al muchacho otra vez, parecía que en cualquier momento iba a echarse a llorar.

-¡Lárgate!- gritó con la garganta hecha jirones- ¿Estás contento? ¿Esto es lo que querías ver?- preguntó acusadoramente, la debilidad llorona de momentos antes había dado paso a una orgullosa ira- ¡No te preocupes, me iré pronto, así que déjame en paz!

Ni rastro de los artículos robados en las casas de sus vecinos. Bunnymund se sintió como un verdadero idiota.

-Escúchame…Frostbite,- demonios, si ni siquiera se sabía su nombre-, no era mi intención. No tenía idea de que tú…

-¿De que yo qué? ¿Qué soy un vago, un inútil?- Bunny respiró profundo pero no contestó- ¡Eso no justifica nada, ahora déjame en paz!

Bunny comprendió que hacía más daño tratando de disculparse, así que con toda la dignidad de la que podía hacer acopio dadas las circunstancias, retrocedió lentamente y se abrió paso de regreso entre la maleza.

Definitivamente su día había empezado mal, muy pero muy mal.

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Aster siempre fue bueno en muchas cosas. Desde niño fue muy inteligente, se le daban muy bien las ciencias. Era bueno administrando y tenía un indiscutible toque con la naturaleza, amaba a las plantas y a los animales. Leía muchísimo, era culto y elegante, totalmente presentable.

Defectos tenía como cualquiera, pero tenía uno en específico que le provocaba problemas constantemente.

Bunny simplemente no tenía idea de cómo tratar a la gente. Bien, tenía amigos, pero le había sido muy difícil entablar esas amistades y…bueno, conservarlas.

Podías decir que Bunny era un buen jefe. Un buen socio y un buen colega. En general cumplía sus obligaciones sociales con efectividad, era difícil que algo saliera mal siendo la imagen en movimiento de la seguridad en sí mismo.

Se manejaba con cierta naturalidad hasta que el trato se volvía íntimo.

Y he ahí el problema que lo aquejaba en ese instante.

E. Aster Bunnymund era un desastre para pedir disculpas y hacer que sonaran sinceras.

¿Cómo demonios te disculpas con un muchacho que para empezar no te quiere ver ni en pintura? El pobre estaba avergonzado hasta decir basta. Si a Bunny se le ocurría acercarse el pobre explotaría de pena o se derretiría de coraje. Tampoco sabía qué le diría en el caso de que lo dejara acercarse. No le saldrían las palabras y tal como él era, terminaría haciéndolo enojar más.

De modo que ahí estaba Aster, haciendo algo que se le daba un poco mejor: preparar una rica cena.

Sí, eso haría. Podía llevársela y ofrecerle eso, solo una pequeña cena, sus disculpas y el cualquier tipo de ayuda que necesitara y que él pudiera darle.

Una vocecilla en su cabeza le decía que se detuviera y que lo dejara, ¿y si el muchacho creía que lo hacía por lástima y sólo conseguía ofenderlo?

Bueno sí, en cierto modo era verdad, le tenía algo de lástima al pobre, ahí solo, mal vestido, mal cubierto y muy posiblemente mal alimentado.

No lo había visto en los últimos tres días y se detuvo al pensar que en dichos días se había dejado sentir una frescura poco habitual considerando que estaban entrando de lleno en la primavera. Por todos los cielos, mínimo el clima debería ser templado pero hasta había estado lloviznando, de esas lluvias suaves que no hacen más que refrescar el clima más de lo que está y hacerlo todo un poco más lento, más pesado y más molesto.

Bunny trató de no pensar más en los impedimentos climáticos de los últimos días y terminó de guardar los recipientes con comida que había preparado. Todo estaba a buena temperatura, listo para comerse. Guardó todo en una bolsa térmica y salió de su casa para caminar a través del residencial hasta aquél terreno baldío.

Una vez que llegó allí se colgó la bolsa al hombro para saltar la malla ciclónica no sin antes asegurarse de que nadie estaba en los alrededores.

Al tocar el piso con sus pies se detuvo un momento y respiró profundo. Iba a enfrentar al muchacho. Aunque si no estaba en ese lugar…no estaba mal, ¿cierto? Le dejaría la comida, y ya que probablemente él era el único que sabía de su escondite automáticamente deduciría quién se había molestado en llevarle la cena.

Sí, eso estaría bien, ¿No?

Pero Bunnymund no era un cobarde. No, simplemente no era una opción.

Así que se acercó a la esquina donde hacía unos días había terminado acorralando al muchacho. Se aclaró la garganta y se acercó más. Ahí estaba. Dormido.

Bunny suspiró.

Se acercó un poco y lo observó. Quizás no sería bueno perturbar su sueño. Ya podría volverlo a buscar por la mañana, supuso.

Antes de que decidiera irse, sin embargo, escuchó que el muchacho se quejaba. Quizás tenía una pesadilla, pero…

Los quejidos eran demasiado fuertes y el muchacho se movía mucho. Estaba sudando.

-¿Frostbite? ¡Oi, Frosbite!- se hincó a su lado y le palpó la frente, estaba ardiendo. Luego tocó las viejas sábanas en las que estaba envuelto y sus ropas, estaban empapadas y pesadas y entonces Bunny cayó en cuenta. No se había resguardado durante las lluvias y ahora estaba enfermo.

Cuando escuchó su voz, el muchacho entre abrió los ojos. Dejó de gimotear pero se notaba que no estaba en sus cinco.

-Frostbite, ¿estás bien?

Lo miró como quien ve a través de un vidrio y a Bunny le asustó su expresión vacía.

Demonios.

-Vamos, tenemos que sacarte de aquí. ¿Puedes caminar?

Él no contestó, pero consiguió ponerse de pie después de dos o tres penosos intentos y cuando Bunny le puso la mano en el hombro se dejó guiar.

Mecánicamente pasó por debajo de la malla y siguió a Bunny a través de las lujosas casas mientras éste sacaba su celular del bolsillo y marcaba un número a toda velocidad.

-¿Tooth? Sí, sé que es tarde, pero necesito ayuda. No, no importa, trae a North. ¿Qué? ¡Sí, tengo de cenar, solo no tardes!

Colgó y se volvió a guardar el celular dentro del bolsillo del pantalón y le echó un vistazo al joven.

-Frostbite, ¿estás bien?

Pareció querer contestar, pero solo alcanzó a llevarse una mano a la frente antes de que se le doblaran las piernas ante los ojos atónitos y preocupados de un pobre Bunny devastado por la culpa.

Continuará…

Tenemos a un Jack enojado y enfermo y a un Bunny impedido social y preocupado. Me encanta esa mezcla.

Para mí un Bunnymund humano sería algo parecido a Hugh Jackman por obvias razones XD solo que más joven, al menos en apariencia. Más adelante supongo que me ocuparé de detallar un poco más su apariencia humana, será una delicia para mí, juju.

Bien, espero que les haya gustado y que me den ánimos para escribir el siguiente capítulo :P

Besos!

Aoshika October