Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CaraNo. Yo solo traduzco con su permiso.
Link del blog: https (dos puntos) / / caranofiction (punto) wordpress (punto) com
Capítulo 3
BPOV
7:42 PM
De pie frente al espejo del pasillo, exhalo y me preparo mentalmente para lo que Rose me convenció que haga. Una cita con Tyler. Sacudo la cabeza, reajusto mi sostén sin tirantes, y coloco un labial color beige. Va bien con mi sombra esfumada. Pero quizás debería elegir otro vestido. Este pequeño vestido negro grita «¡Quiero sexo!» y eso no es cierto. Bueno, no con Tyler.
En general, pero estoy jodidamente caliente. He usado y abusado de mi vibrador las últimas seis semanas porque... por ese maldito Hombre Cresta. Y antes de eso, era habitual que esté en Casa de Sexo. Es un lugar mágico en mis sueños donde viven muchas celebridades atractivas, como Gerard Butler, Ryan Reynolds, Bradley Cooper, y Paul Walker.
—Malditas tetas —mascullo, reajustando, reajustando, reajustando. Simplemente son enormes para este jodido vestido. Y sostén, por cierto. Después de Justin, no volví a tener pechos normales. Tampoco se encogieron mucho.
7:47 PM
Tomo la copa de vino de la mesa del pasillo y bebo otro trago en busca de valor, otro por estupidez, y otro porque es un muy buen vino. Puedes hacer esto, Bella. Es solo una cita. Tienes que volver a salir y buscar al Sr. Indicado. Pero... ¿lo encontraré en un hombre que colecciona tapas de botellas de soda?
Hago una cara y me coloco los tacones de trece centímetros que Rose me dijo que comprara.
7:49 PM
Llamo a mis padres, me despido de mi hijo por esta noche y me pregunto por qué mi mamá está rara. Pero no hay tiempo para pensarlo. Me despido, coloco mi teléfono, mi Visa, y mis llaves en mi cartera, y entonces son las ocho.
—Justo a tiempo —mascullo cuando suena el timbre. Paso por el espejo, sueno mis labios y acomodo mi cabello por un momento; entonces estoy tan lista como estaré para esta cena con Tyler Crowley.
Abro la puerta con una sonrisa practicada en mi rostro, y allí él se encuentra.
—Hola, Tyler. —No se equivoquen, es un hombre muy apuesto. Afroamericano, con un cuerpo de nadador, una hermosa sonrisa, y el tipo de anteojos de marcos negros que te hace fantasear con bibliotecarios. Pero... no lo sé, supongo que no he hecho clic con él. La única vez que lo vi, cuando acompañé a Rose a una fiesta de oficina a la que Em no pudo asistir, pensé que era muy aburrido.
Supongo que debería darle una segunda oportunidad.
—Luces hermosa, Bella. —Su gran sonrisa y ojos brillantes están fijos en mi escote—. ¿Lista para salir?
—Sí. —Mi propia sonrisa está volviéndose cada vez más tensa. Cierro la puerta, y entonces caminamos por el pasillo hacia la salida. Como vivo en el primer piso, jamás tengo que preocuparme por el ascensor—. ¿Adónde vamos? —Sé que él ha estado pidiendo consejos a Rose respecto a dónde llevarme, pero estoy esperando que sea en algún lugar de comida griega, cubana o tailandesa.
Él responde mientras salimos.
—Pensé que esta sería la oportunidad perfecta para que me conozcas, así que iremos a un restaurante temático.
—¿Oh? —Lo miro, esperando no mostrar la preocupación que siento—. ¿Qué tipo de tema?
En la distancia, puedo escuchar a un coche acelerar.
Tyler sonríe, feliz.
—Bueno, es viernes, así que es noche de Calabozos y Dragones.
A la mierda la preocupación. Ahora es temor y horror, y apuesto que luzco constipada.
—Genial —logro decir. Sonrisa falsa, sonrisa falsa, sonrisa falsa—. Te gusta eso, ¿eh? ¿Juego de roles?
—Oh, sí, por supuesto. Gran fanático.
Rose, me las pagarás por esto. Juro por Dios, las pagarás.
Mientras caminamos hacia el Volvo marrón de Tyler —estacionado junto a mi camioneta en el pequeño estacionamiento para residentes— él me cuenta que sus amigos también estarán allí, y que están ansiosos por conocerme. Además, él espera que juguemos esta noche.
Cuando el infierno se congele, amiguito.
Es un mundo moderno, así que realmente no me importa que no me abra la puerta. Es solo una consideración. Pero como sea. Con un pie adentro, estoy por sentarme cuando escucho un chillido. De hecho, termina repentinamente; un coche brillante ahora se encuentra estacionado en la acera afuera de mi edificio.
—¿Alguien que conoces? —pregunta Tyler mientras un defensor de hombre baja.
Entrecierro los ojos y me enderezo, mi mano sobre la puerta del coche. ¿Es eso una cresta o mis ojos están jugando conmigo? Mi corazón se saltea un latido, pero aplasto la esperanza. El hombre corre hacia el otro lado del coche y abre... ¿qué mierda? No. No puede ser. Una pequeña que luce sospechosamente a...
—¡Bella! —El hombre, que claramente sabe mi nombre, se acerca, una beba gritando en sus brazos.
—Oh, por Dios —chillo. Es él. ¡Es él!
¡Pero no puede ser!
—Allí estás. —Oh, pero lo es. Es Hombre Cresta, y parece un desastre. Sonríe cuando me alcanza—. Diablos, cariño... luces demasiado sexy para una noche de niñera.
—¿Qué? Pero... ¿cómo? —suelto. ¡Eres tú!
—Bella, ¿quién es? —Tyler pregunta bruscamente.
—Yo, él... Yo, eh. —Genial, ahora también soy tartamuda.
¡Disculpa mientras muero del asombro!
Hombre Cresta señala a Tyler con su barbilla.
—¿Qué onda? Edward Cullen. ¿Y tú eres?
—Tyler Crowley. —Definitivamente molesto—. La cita de Bella.
No puedo hablar. Es complicado con mi mandíbula en el pavimento. Sigo asombrada con el hecho que el hombre cresta... "¡Me corroooooo!"... esté de pie frente a mí. Con su hija. Y hablando en este atractivo acento neoyorkino. Él es tan... sexy papi. Como un padre debería lucir.
—¿En serio? —Hombre Cresta... espera. Edward Cullen. Sí, él rasca su mentón y parece confundido—. ¿Cita... esta noche? Pero, Bella... —Frunce el ceño—. Prometiste que cuidarías a Willow esta noche mientras trabajo.
Mis ojos se mueven de un hombre al otro.
—¿Eh? —Es mi respuesta inteligente. Es otro chillido.
—Sí. —Edward asiente lentamente—. ¿E ibas a dejarme usar tu ducha antes de irme? ¿Recuerdas?
No. Honestamente, no lo hago. En serio. ¿Acaso desperté en un mundo alterno?
—Papá —se queja la pequeña.
—Lo sé, ángel. —Él toca su mejilla—. Te quedarás con Bella esta noche.
—Yo... —Miro con gesto de impotencia a Tyler, quién pone mala cara—. Eh, quizás debería... —¿Debería qué? ¿Preocuparme por mi sanidad o por la de Edward?
—Sí, no, lo entiendo —Tyler gruñe. ¿Él lo entiende? Quizás podría explicármelo. Porque yo no entiendo una mierda—. ¿Otro día, Bella?
—Eh. —Estoy llena signos de pregunta. Diablos, soy una.
—Eso lo veremos —responde Edward.
Para cuando Tyler ya se ha ido, sigo parada en el pequeño estacionamiento, sintiéndome perdida.
—Uff... —Edward exhala, dejando caer sus hombros—. De acuerdo, probablemente eso haya sido algo cretino de mi parte, pero no podía dejar que te fueras con él.
Mis cejas se elevan.
Él sonríe con vergüenza y ofrece su mano.
—Hola, Bella. Soy Edward Cullen. —Un sonido extraño sale de mi garganta, como un gemido ahogado, y entumecida, automáticamente acerco la mía para estrechar la suya. Su sonrisa me llena de calor—. Es bueno conocerte al fin.
—Eh, claro... —Sí. Sí, realmente lo es, pero... Mis cejas se unen, y exhalo con frustración—. ¿Te molestaría decirme qué diablos está pasando?
Él sonríe.
—Por supuesto. ¿Tienes un minuto? Y quizás deberías sentarte.
—Ejem... —Comienzo a caminar de vuelta hacia mi edificio—. Aparentemente toda mi noche acaba de ser liberada. Así que sí, tengo un minuto. —Agitando una mano, le señalo a Edward que entre primero. Lo hace, y... de acuerdo, quizás miro su trasero.
Interesante atuendo para una noche de viernes. Pantalones deportivos y una musculosa manchada. Incluso chanclas.
Me... encanta, de hecho. Porque no sé qué tan a menudo termino en unas leggins y una camiseta llena de agujeros después de un día con Justin.
Llegando a mi puerta, rápidamente la abro y entro.
—Eres más confiada que tu madre —comenta, frunciendo el ceño—. Podría ser un psicópata, ¿sabes? —Sí, todavía sigo debatiendo eso—. No deberías dejarme entrar así de fácil.
—Comprendido. —Estoy tan jodida en la cabeza como para que me importe ahora mismo. Pero tiene razón—. Entonces, ¿conoces a mi mamá?
—En realidad, no. —Él asiente cuando señalo en dirección a la sala—. Pero mi tía lo hace. Están en un club de lectura juntas o algo.
Ja.
—Eh... ¿algo para beber? —pregunto, sintiéndome rara. Este hombre está parado en el medio de mi sala, y no sé qué pensar al respecto. Me había rendido en encontrarlo, así que verlo ahora... es irreal.
—Nah, estoy bien. —Señala al sofá—. ¿Te molesta si me siento?
Sacudo la cabeza.
—No, por supuesto. Siéntate. Solo... —Señalo sobre mi hombro con mi pulgar; es la dirección a la cocina—. Necesito vino. —Mucho, preferiblemente.
Él asiente y se sienta con su hija, la cual luce emocionalmente exhausta. Pobre pequeña. Con suerte, ella se quedará dormida pronto.
Después de tomar una botella de vino y una copa, me uno a... Edward... y me siento en el otro extremo del sofá.
Estoy anonadada, noto.
—Estás aquí —digo estúpidamente, aún incrédula.
—Sí... —Ofrece una pequeña sonrisa, entonces se ríe por la nariz y sacude la cabeza—. No pensé mucho en esto. —Al verme fruncir el ceño, explica—. Mi tía vino a mi bar hoy, ¿me mostró el anuncio que publicaste? —Y mis mejillas enrojecen. Él lo nota pero no comenta—. Ella había escuchado a Renée hablar de ti, y cuando leyó el anuncio, estuvo seguro de que era sobre mí.
—Oh. —Exhalo.
—Sí, así que llamé a Renée ni bien Willow se quedó dormida esta noche. Yo... quería hablar contigo. —Hace una mueca—. Ella me dijo que tenías una cita.
—Oh —repito, llenando la copa hasta el borde. Lo sigue unas grandes bocanadas, e intento obligar a mi corazón para que se tranquilice.
No funciona.
Mi pulso se acelera cada vez que miro a Edward.
—No tenía derecho a interrumpir tu cita... Eso lo sé, así que... —Se aclara la garganta y pasa una mano por su cabello—. Si me echas, no comprendería por completo.
Resoplo una risita, sintiendo al fin la tensión abandonar mis hombros. No había notado que he estado completamente rígida como un bloque de hielo.
—Bueno, realmente me sorprendiste. —Pauso para tomar un sorbo de vino—. Pero no estoy lista para echarte aún. —Sonrío—. Bien, ¿qué fue todo eso sobre estar de niñera? —Agito una mano hacia la adorable niña en sus brazos—. Por cierto, puedes acostarla. —La silla junto a Edward es uno de los lugares favoritos de Justin para quedarse dormido—. Puedes usar la manta de mi hijo.
—Ah, gracias. —Sonríe y cuidadosamente se pone de pie antes de dejar a Willow en la silla de felpa. Los ojos de ella ya están cerrándose cuando la cubre con la manta—. Y por lo de niñera... —Infla sus mejillas, dejándose caer en el sofá de nuevo, y exhala—. Esa era mi excusa... o la tuya, para no ir a la cita. —Hace una mueca—. Mierda, realmente no pensé en esto bien.
Escondo mi sonrisa y arqueo una ceja.
—¿Y la ducha?
—Entré en pánico —admite—. Necesitaba una razón por la cual quedarme después que tu cita se fuera.
—Sigiloso. Y grosero. Pero... —No puedo evitar reírme—. Dudo que me lleve mucho tiempo perdonarte. Tyler quería que fuera a un restaurante con juego de roles. Calabozos y Dragones.
—Ay. —Él se ríe—. Quizás no sea la mejor elección para una cita. —Vacila y entonces pregunta—: ¿Primera cita?
Asiento y muerdo mi labio.
Él también asiente, lentamente.
—Ya veo. Aún así, lamento haber interrumpido así. Supongo... no lo sé, pero cuando mi tía me mostró ese aviso... —Se frota la parte trasera del cuello—. Yo, eh, me emocioné. No quería esperar.
Mi corazón se derrite.
—No creí que llevara a un lugar. Lo esperaba, pero... —Bajo la mirada hacia mi regazo—. Te escuché hablar por teléfono... en KFC, y dijiste algo sobre irte de Jacksonville. Además, con tu acento... no creí que vivieras aquí.
—Mi acento. —Se ríe—. ¿Sabes? Ni siquiera sabía que tenía uno hasta que me fui de Nueva York. Toda mi familia es de allí, pero hemos terminado en Florida de alguna forma. Todos nosotros. Y, en mi opinión, tú eres la que tiene un acento.
—No tengo un acento. —Me río y coloco una mano sobre mi pecho—. Pero nos estamos desviando del tema, señor.
—Sí tienes —insiste con una sonrisa—. No sureño de Alabama, pero aún así... no lo sé, como que arrastras suavemente las palabras... más sutil. Como sea. —Se ríe suavemente y agita una mano. Y creo que él es jodidamente adorable. Robustamente sexy, la personificación de un hombre, pero adorable—. Como sea... me mudé aquí abajo permanentemente alrededor de hace dos semanas. Cuando nos vimos, acababa de firmar los papeles de mi nueva casa.
—Vaya... —Llevará un tiempo asentar todo esto. Supongo que no puedo superar que realmente esté aquí... estoy así de asombrada. Incluso más al escuchar que ahora vive aquí, y... bueno, se encuentra en mi sala por una razón, espero—. Y, eh... —Mis mejillas enrojecen—. ¿Asumo que estás soltero?
—Ah, sí. —Resopla con obvia diversión—. Bella...
—Lo sé, lo sé. —Mierda, este hombre me pone nerviosa—. Pregunta estúpida quizás. Pero noté que no mencionaste que la mamá de Willow se mudó aquí.
Se encoje de hombros.
—No hay mamá. Willow es un bebé ups, y la mujer con la que estaba saliendo no quería tener hijos. Ella aceptó seguir con el embarazo por mi bien, pero luego se mudó.
Estoy indecisa entre tristeza, furia maternal, y diversión; la última es por su elección de palabras para describir a su bebita. Entiendo que no todos quieren hijos, así que no juzgo en realidad —lejos de ellos— simplemente no puedo entenderlo. Pero Edward no parece guardar rencor, así que eso me alivia.
—¿Qué hay de ti? —Me señala con su barbilla—. ¿Tu hijo vive aquí semana por medio y luego con su papá...?
Niego con la cabeza.
—El papá de Justin es del tipo holgazán. Se fue hace un año.
—Diablos —masculla—. ¿Cómo lo tomó tu hijo?
Sonrío.
—Mejor de lo que temía. Supongo que fue algo bueno que Jasper no estuviera cerca en primer lugar. —Es mi turno de encogerse de hombros—. Vivíamos todos juntos, pero él trabajaba mucho, y nada tenía permitido interponerse entre él y su vida personal.
Edward mira a su hija por un segundo, su mandíbula tensa, y siento la necesidad de aliviar la tensión. Porque por alguna razón es como si pasamos de incómodo a fácil en un instante. También parece que el anuncio que publiqué se ha vuelto el elefante en la habitación—algo que hemos esquivado. No tengo idea de por qué, pero quizás es porque entonces tendríamos que abarcar el tema de lo que queremos de esto. A pesar que es evidente. Al menos, espero que lo sea.
—Me prometieron una comida esta noche, pero no ocurrió. —Me río de su sonrisa triste—. No sé tú, pero estoy hambrienta.
—Me vendría bien algo de comida. Yo pago...
—Oh, definitivamente no es necesario...
—No estoy preguntando, Bella. —Sonríe engreídamente—. Tú ordenas, yo pago.
Lo fulmino con la mirada juguetonamente.
—Obstinado.
—Tengo mis momentos. —Sonríe—. Estoy seguro que tú también.
Resoplo.
—Yo lo sé y tú lo tienes que descubrir.
—Eso quiero.
Una corriente de deseo se mueve por mi columna en respuesta a su mirada intensa, y me doy cuenta que no será muy difícil simplemente saltar sobre él esta noche.
