Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!

Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

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Gracias Yani por betear esta historia.


Capítulo 19: Comida y canciones

Canción del capítulo: How to Save a Life de The Fray

EPOV

Cuando veo a Bella estacionando en la entrada salgo de la cabaña para encontrarla afuera. Estoy nervioso e inquieto, pero las llamadas que hemos tenido durante los últimos días me han ayudado mucho.

Al mismo tiempo me han afligido físicamente. No hay nada que quiera más ahora que ver a Nathan.

—¡Hola! —me saluda con una enorme sonrisa cuando bajo los escalones del pórtico—. Hoy no llevas pijama, ¿eh?

Que me jodan. Creo que me sonrojé. ¿Qué soy, una colegiala?

Pero no. Esta vez no estoy usando pijama. Supuse que jeans y una sudadera gris serían más apropiados.

—Qué graciosa —digo con sarcasmo, las comisuras de mi boca se elevan. Viendo los contenedores que está cargando, cierro la distancia entre nosotros—. Ven, déjame ayudarte con eso.

—Gracias. —Me dedica otra sonrisa y nos dirigimos hacia la cabaña. Hago una nota mental para limpiar la nieve de la entrada más tarde—. Por cierto, ¿ese que vi yéndose era Emmett? Podría jurar que sí era.

—Sí, era él. —Me está ayudando a montar el taller en el cobertizo que tengo detrás de la cabaña. He pedido herramientas, materiales y equipo más pesado. La verdad todavía no tengo todo planeado, pero estoy más que listo para comenzar. Mis dedos pican ante el mero pensamiento de trabajar con madera. En fin, ya que quiero privacidad con Bella justo ahora, Emmett se ofreció a ir a recoger la sierra circular y el cargamento de madera blanda que ordené. Abriéndole la puerta a Bella, añado—: Está viviendo conmigo hasta que sepa qué va a hacer con la situación de Rosalie.

—¿Rose? —Me frunce el ceño—. Vaya, ¿cómo está? No he hablado con ella desde… —Sus cejas se fruncen antes de bajar la vista, no tiene que terminar la oración. No necesita hacerlo. Porque ya sé que no ha hablado con Rosalie desde el día en que se fue de Forks.

Vi a Rosalie un par de veces después de que salí de prisión, y no puedo decir que hayan cambiado muchas cosas entre nosotros. Charlotte, Rosalie y Bella eran muy unidas en aquel entonces, pero en la actualidad las tres son completamente diferentes. Mientras que Charlotte vio el cambio en mí de inmediato, Rosalie no lo hizo. Apenas me hablaba, y las miradas que me dedicaba no tenían nada más que desprecio y desdén.

—Ella… —me río sombríamente y me dirijo a la cocina. Bella me sigue—. Estoy dispuesto a apostar a que todo está mal con ella justo ahora.

Y Bella… ella está en medio de las tres, lo cual es comprensible. Ella tiene que cuidar a Nathan, así que siente cautela sobre avanzar demasiado rápido. Además ella es a la que lastimé en realidad. No a Rosalie ni a Charlotte. Pero Bella me está dando una oportunidad; está dispuesta a darme una oportunidad honesta para reivindicarme. Algo por lo cual estaré eternamente agradecido.

—¿Por qué estaría todo mal para ella ahora? —pregunta cuando dejo los contendores en la isla de la cocina. Sigue frunciendo el ceño—. ¿Pasó algo?

—Sí, podrías decir que sí. —Asiento y me recargo en el mostrador que está detrás de mí—. Dejó a Emmett plantado en el altar.

—¡No! —Agranda los ojos—. ¿Qué-por qué…? No lo entiendo.

Así que le cuento. Le cuento sobre Rosalie dejando la universidad para estar con Emmett. Le cuento que vivían juntos, felices, y estaban planeando su futuro en Forks. Le cuento que Emmett le propuso matrimonio y que Rosalie dijo que sí, mil veces sí, y luego cómo todo se desmoronó el día de su boda. Sin advertencias, sin notas, sin nada. Em llegó a la iglesia vestido con sus mejores galas, y ambas familias se reunieron al igual que unos cuantos amigos. Y la novia no apareció.

—Oh, santo cielo —murmura, sacudiendo la cabeza—. No puedo creerlo. ¿Estuviste ahí?

Hago una mueca.

—Me invitaron, y Em quería que fuera su padrino, pero tener que regresar a Forks… —No, gracias. No podía, todavía no puedo. Lo intenté unas cuantas veces, pero no llegué muy lejos. Después de la mierda que hice en Port Angeles apenas puedo soportar la idea de ir ahí también. Así que Forks queda definitivamente fuera de cuestión.

—Lo entiendo —dice en voz baja, agachando la vista por un momento—. Así que… mierda, sigo procesándolo. —Se ríe un poco, parece aturdida—. ¿Ella lo dejó ahí plantado? —Básicamente. En mi opinión, Rosalie es una perra de corazón frío—. Hombre, espero que puedan solucionarlo. Recuerdo lo mucho que ella quería ir a Los Ángeles y UCLA, pero también la mataba tener que estar lejos de Emmett.

Frunzo el ceño.

—Sé que era tu amiga, pero de verdad no puedo verlo de la forma en que tú lo ves. Creo que Emmett se merece algo mejor.

Ante eso, Bella me mira con fuego en sus ojos. No es enojo, pero es algo intenso. ¿Pasión? No sé a qué se debe.

—¿Y si ella cometió un error, Cullen? —pregunta con curiosidad, todavía con esa ardiente situación en sus ojos—. ¿Y si se puso nerviosa y tomó la salida fácil? —La miro, un mal presentimiento en el fondo de mi estómago me dice que ella está a punto de enfatizar algo importante—. ¿No se merece una segunda oportunidad? —Ladea la cabeza. Trago con fuerza, no puedo apartar la mirada de la suya—. ¿Lo que hizo fue tan horrible que no puede ser perdonado nunca? Si se reivindica… —Rechina los dientes—. Si acepta las consecuencias y demuestra lo mucho que lo lamenta

Carajo.

Sí, Bella en realidad no está hablando sobre Rosalie.

He cometido errores, errores horribles, y Bella actualmente me está dando una segunda oportunidad.

Y conozco muy bien lo que es tomar la salida fácil.

A pesar de los errores que cometí, Bella está aquí. Con comida. Con una bolsa llena de álbumes de Nathan.

—Lo entiendes, ¿no? —susurra.

Exhalo un aliento y asiento con un movimiento de mentón, moviendo mi mirada hacia el piso. Lo entiendo. Aunque personalmente no me agrada Rosalie, no tengo derecho para decir que Emmett se merece algo mejor. Si… ajá, si… ella demuestra lo mucho que lo lamenta…

Como me dijo mi terapeuta de Seattle un millón de veces: los humanos cometemos errores. Somos falibles e imperfectos.

—Oye, lo lamento —dice, moviéndose en mi periferia. Alzo la vista hacia ella con duda, preguntándome por qué demonios tiene que lamentarlo—. No pretendía regañarte ni nada. Solo te decía mi opinión. Tú conoces más sobre su historia que yo…

La interrumpo con un movimiento de cabeza.

—Tienes razón. En serio. Es que no lo veía de esa forma. —Sonrío con cautela—. Yo, por ejemplo, estoy agradecido por las segundas oportunidades.

Tal vez pueda hablar más tarde con Emmett sobre esto, puedo dejar que lo vea desde la perspectiva de Bella.

—Igual que yo —responde suavemente y agarra uno de los contenedores—. Espero que tengas hambre; preparé mucho de esto.

Sigo atorado en lo primero que dijo.

—¿A qué te refieres con que igual tú? —pregunto con genuina curiosidad. Hasta donde sé, no hay razones para que Bella tuviera que pedir una segunda oportunidad. Bien, me dio una cachetada y un rodillazo en las pelotas, pero después me demostró que se arrepentía y se disculpó. ¿Hay algo más?

Bella solo se encoge de hombros y le quita la tapa a un contenedor bastante grande de comida. El olor me golpea de inmediato, haciendo rugir mi estómago. Carajo, se ve delicioso. Es una ensalada de pasta mezclada con un montón de cosas.

—Todos hemos cometido nuestra cuota de errores, ¿no? Grandes o pequeños. En general. —Otro encogimiento—. A veces lo jodemos.

Y decido que Bella Swan debe ser la persona más comprensiva de este planeta.

—¿Estudiaste psicología en la universidad? —exclamo.

Mi pregunta parece sorprenderla, y una carcajada se escapa entre sus labios, labios que estoy intentando no mirar.

¿Qué? No me juzguen, carajo. He sido asexual durante los últimos… desde que Bella dejó Forks. Alcohol, odio hacia mí mismo, juicios, drogas, padres muriendo, prisión, más mierdas… sí, esas cosas no dejan exactamente caliente a un hombre. Creo que la primera vez que me toqué la polla después de la última vez que Bella y yo folla-oh, no quieres ir por ahí, Cullen. Cierto. En fin… mi cuerpo empezó a despertar cuando empecé a recuperarme de verdad, lo que significa que eso fue hace apenas unos meses. No años, meses.

Pero de regreso a Bella, que sigue riéndose.

—No. No estudié psicología en la universidad —resopla—. Demonios, no fui a la universidad.

Oh.

En realidad no sé cómo responder a eso, y no estoy seguro de que ella quiera seguir hablando sobre cosas personales. Hasta ahora hemos hablado más que nada sobre Nathan. Así que… retrocedo un poco y sigo con mi primera observación.

—Es que pareces muy comprensiva —explico.

—La terapia ayuda —bromea y me codea juguetonamente en el costado—. Mi terapeuta en Memphis me ayudó con todo eso. También Lisa, la mujer a la que veo ahora. —No creo que se dé crédito suficiente a sí misma—. Pero suficiente de eso. ¿Quieres comer?

Desafortunadamente no tengo tiempo de responder ya que una canción empieza a sonar, y es obvio que viene de su celular.

All I wanna do is find a way back into love

I can't make it through without a way back into love

Alzo una ceja ante la letra de la canción, pero no digo nada mientras Bella maldice por lo bajo y titubea con su celular.

—Perdón. —Sus mejillas están de un brillante rojo—. Es una mierda cursi; yo no la elegí. Es de una película y… —le quita importancia, se ve incómoda—. Jodida película de chicas. —Mientras ella toca la pantalla con su dedo, capto el nombre que aparece ahí.

Riley.

Puedo sentir que mi cara se desmorona, que mi esperanza se desinfla, y ni siquiera sé por qué.

Claro que sabes, Cullen. Es Tinks de quien hablamos.

Sacudo la cabeza internamente. Esto es sobre Nathan. Me niego a adelantarme o incluso a soñar con lo inalcanzable.

Sí, porque el corazón siempre escucha a la mente.

Carajo. Necesito un cigarro.

Antes de que Bella alce la cara, logro componer mi expresión. Me obligo a sonreír.

—¿Novio?

Tenía que preguntar, ¿verdad, carajo?

—¿Qué? —Frunce el ceño y agranda los ojos—. ¡Oh! No. Oh, no. Nop. —Se ríe entre dientes, aunque se oye tan forzado como mi sonrisa—. Uh… no. No. Dios, no.

En serio, ¿cuántos "no" dijo? ¿Uno de más? Definitivamente.

Claro que Bella no está soltera. Quiero decir… mírala.

Jesucristo.

¿Esto significa que hay un hombre jugando a ser el papá de mi hijo?

Ese pensamiento me retuerce las entrañas.

—De verdad lo siento —se disculpa de nuevo—. Apagaré esto ahora.

Desesperado por aligerar la tensión y deshacerme de las mierdas deprimentes que viajan a través de mí, digo la primera cosa que se me viene a la mente.

—Me sorprende que tengas señal aquí. Yo no tengo. —Dios, soy tan jodidamente patético.

Probablemente Bella también piensa que soy patético, pero no me lo dice. En lugar de eso, dice:

—Pero hemos hablado por teléfono.

Resoplo un poco.

—Cuando estoy en el pórtico hay una barrita de señal en mi teléfono. Es lo mejor que he podido conseguir aquí.

—Oh… —Se ve pensativa—. Pero… espera, ¿entonces has estado ahí afuera parado… —señala con un dedo hacia la puerta— mientras hablamos?

Asiento lentamente, me pregunto qué tiene de malo eso.

—¡Pero está helado! —exclama.

Mi única respuesta es encogerme de hombros. En unos días me instalarán la línea de teléfono, y de ninguna forma iba a posponer hablar con Bella hasta entonces. Quiero decir, vamos. Además, siempre uso una jodida chaqueta.

—¿Tengo un tono personal en esa cosa? —pregunto, asintiendo hacia su teléfono apagado.

Al fin sonríe, y creo que ya pasamos el enorme momento de incomodidad.

—¿Acaso no te gustaría saberlo?

De hecho, sí. A menos de que exista una canción llamada "Patético perdedor" y ella la haya elegido. Si eligió una canción así, definitivamente me alivia saber que le llamo a su teléfono de casa durante las noches. Porque solo se pueden personalizar los tonos en el celular, ¿cierto?

Lo último que quiero es que Nathan se despierte con ese tipo de canciones. Estoy bastante seguro de que ya tengo una épica batalla frente a mí para ganarme a mi propio hijo. No necesito añadirle más gasolina al fuego.

Sé que estoy siendo tonto. Ella no elegiría una canción así.

Maldita sea, estoy muy jodido.

—Ahora vas a tener que soltar la sopa, Swan —le digo, plasmando una sonrisita en mi rostro.

Me mira por un segundo o dos, tal vez contemplando, y luego enciende otra vez su celular y dice:

—Llámame y descúbrelo.

Sí, y lo hago rápidamente. Sacando mi celular, busco en mis contactos hasta que encuentro "Tinks".

En cuanto escucho el inconfundible sonido de la guitarra de Jimi Hendrix, me veo inundado de recuerdos en la vieja cabaña de Forks donde solía llevar a Bella.

There must be some kind of way out of here

Said the joker to the thief

There's too much confusión

I can't get no relief…

Recuerdo haberle dicho que esta era mi música. Jimi Hendrix, B. B King, The Doors, Van Morrison, Muddy Waters…

Puede que Bob Dylan escribiera esta canción en particular, pero Hendrix dominaba esta mierda.

There are so many here among us

Who feel that life is but a joke

But you and I, we've been through that

And that is not our fate…

—¿Lo recuerdas? —pregunta en voz baja.

—Sí —carraspeo y me meto las manos a los bolsillos—. Parece que fue hace toda una vida.

Sonríe con pesar.

—Casi lo fue.

U otra vida completamente diferente.

—Bien —suspira, guardándose el teléfono—. ¿Ya tuvimos suficiente de temas pesados por un rato? —Asiento, agradecido—. Muero de hambre.

Igual que yo. Mi cocina se siente bastante espaciosa, pero con la isleta en medio del cuarto, no queda espacio para una mesa. Así que esa la tengo en la sala. Y luego de preparar la mesa que tengo ahí, nos sentamos uno frente al otro.

Ya que esperaba que habláramos de Nathan, me sorprendo un poco cuando me pregunta sobre mi experiencia en terapia. Mi sorpresa queda reflejada en toda mi cara durante un momento; Bella lo nota, así que explica que solo quiere saber cómo me he estado recuperando. Está siendo una madre protectora, comprendo, y eso me llena con la esperanza de que me permitirá ver a Nathan pronto.

Ya que no tengo nada que esconder, lo repaso todo. Le cuento sobre mi primer terapeuta, que definitivamente no era un mal tipo; es solo que no estábamos en la misma página. O más bien, yo cambiaba de una página a otra con rapidez. Un día estaba listo simplemente para sanar, otro día me sentía demasiado consumido por mis pensamientos cínicos, y al día siguiente hablaba sobre llevarme las cosas con más calma. La realidad era que era una montaña rusa viviente. Al principio, por ejemplo, quería llevarme las cosas con tanta calma, para asegurarme de que la recuperación fuera permanente, que solo quería ver al tipo una vez al mes. En respuesta, él me dijo que una recuperación calmada, o firme; fue la palabra que usó, no significaba menos sesiones al mes. Y eso me hizo enojar. En ese momento, seguía inestable y volátil. Tenía mal temperamento y las explosiones eran masivas. Todo me sacaba de quicio.

Cuando me abrí ante mi terapeuta sobre mi pasado, todo salió derramado de mí. No hubo forma de detenerlo. Sin embargo, el tipo me dijo que ya había llegado a mi límite después de dos horas y por supuesto que eso me hizo enojar. Quiero decir, ¿quién era ese idiota que me decía cuáles eran mis propios límites?

Rápidamente comprendí que su oficina no estaba llena de diplomas, títulos y certificados por nada. Porque claramente recuerdo cómo fue que me desmoroné cuando regresé ese día al condominio. Era todo un jodido desastre, estaba seguro de que tendría un paro cardíaco o algo así. En realidad, fue un ataque de pánico y mi terapeuta me entregó una receta para Xanax.

Tomar píldoras era algo que veía como una debilidad; sí, veo la ironía ya que me arrestaron por posesión de heroína. Pero en fin. Lo tomé como un insulto cuando me dijo que quería que tomara píldoras para poder mejorar. Así que no lo hice. Mentí, dije que la estaba tomando, y seguí desahogándome. Solo necesitaba contar toda la maldita historia.

Mis ataques empezaron a acumularse, lo cual solo alimentaba mi enojo y frustración.

Aunque, seguí yendo.

Mi terapeuta comenzó a decirme lo que estaba bien y mal, acciones y consecuencias, culpar y aceptar la culpa, aceptar los errores propios… me hice trizas. Primero, porque esas eran cosas que ya sabía, aunque en realidad nunca entendí nada. En segundo, porque me sentía como un niñito. Aquí estaba este tipo, diciéndome cosas que estaba seguro que un infante ya sabía. Bien, tal vez no tanto, pero aun así. Y tercero, porque me hizo comprender lo jodido que había lastimado a la gente a mi alrededor.

Adquirí una conciencia.

Y fue entonces cuando dije "Al carajo con todo" y escapé.

—Luego te arrestaron poco después de eso —concluye ella en voz baja.

Asiento y bajo la vista a mi plato vacío.

—Justo ahora… —Me humedezco los labios y pienso en mis palabras—. Ahora puedo ver que la prisión fue una bendición disfrazada. —Arriesgándome a mirar a Bella, asumí que vería sorpresa, shock, o incluso una mirada de qué carajos.

En lugar de eso, veo una comprensión silenciosa.

—La prisión te puso los pies en la tierra —dice de forma casual—. Lo entiendo. —Se encoge de hombros—. ¿Asumo que recibiste terapia mientras estabas encerrado? —Asiento—. Claro, bueno, no podías escapar de esas sesiones. No tenías más opción que ir, y tuviste que hacerlo a su ritmo. Ellos pusieron las reglas.

Eso lo resume todo, sí.

—También fui a clases de manejo de ira —digo en voz baja, tomando una rebanada de pan de calabacín—. Y terapia grupal, lo cual… —Hago una mueca. Estar sentado ahí en grupo, hablando sobre "desahogo saludable"… no fue realmente lo mío.

—La terapia grupal no es para todos —se ríe entre dientes—. Pero ayuda a muchos, escuchar que no eres la única persona que ha pasado por un infierno.

Abro la boca y la cierro. Pero al final no puedo evitar preguntar.

—¿Fuiste a terapia grupal?

Niega con la cabeza.

—No, pero es una alternativa popular en el trabajo. Ayuda a las mujeres a crear vínculos. Usualmente son muy solitarias y rehúyen a las personas cuando llegan a nosotros, así que reunirlas en grupo las ayuda a abrirse.

No hay forma en que no pueda preguntarle ahora sobre su trabajo.

—¿Qué es lo que haces?

—¡Oh! No te lo he dicho, ¿cierto? —sonríe apenada—. Um, trabajo con mujeres que han escapado de relaciones abusivas.

Por supuesto que sí.

—Bueno, al menos tienes experiencia —murmuro. Puede que papá no haya maltratado a Bella, pero de todas formas ella estuvo ahí, en ese ambiente. Además, hay dos tipos de maltrato, y definitivamente soy culpable de maltratarla emocionalmente.

—Fue más bien una coincidencia el haber terminado trabajando en esa área —dice—. No sé si has escuchado de Casa Whitlock y la Fundación Whitlock… —Lo pienso por un segundo, luego niego con la cabeza. Pero asumo que tiene que ver con el tío de Charlotte, ya que son Whitlock—. Bueno, Jasper es el dueño. Recibe a mujeres de todo el país, más que nada mujeres que están escapando.

Asiento lentamente, pensativo.

—¿Qué edad tiene él?

Ya que acogió a Bella, tiene que ser más grande que nosotros, ¿cierto?

—Tiene treinta y cuatro —responde—. Cristo, estoy llena. —Se recarga en su silla y se palmea el estómago—. ¿Quieres más?

Tentador, pero no.

—Estoy bien. Gracias por la comida, estuvo deliciosa.

—No fue nada. Puedo dejarla aquí, ¿verdad? ¿Tal vez Emmett pueda terminarse el resto? Puedo llevarme los contenedores a casa la próxima vez que venga.

Próxima vez. Nunca falla en relajarme cuando ella dice "Próxima vez".

—Um, seguro, gracias —digo, un poco honrado. Y no, probablemente Emmett no verá mucho de la comida. Estuvo así de buena—. ¿Tienes prisa o quieres café?

O tal vez tenga una cita con Riley, jodido cabrón, antes de que Nathan regrese a casa de la escuela.

De todas formas, ¿qué clase de nombre es Riley?

Porque Edward es un nombre muy genial.

Vete al carajo.

Bella revisa su reloj y se muerde el labio por uno o dos segundos. Luego alza la vista y sonríe.

—Un café suena bien.

Mis hombros se hunden con alivio.

Diez minutos y un cigarro después, llevo dos tazas de café hacia la sala donde Bella me está esperando.

Me pregunto si Riley sabe que se toma su café negro con una de azúcar. Sí, probablemente marcar territorio sea lo último que quieras hacer ahora.

Cierto.

Aparte de su café, ¿qué carajos sé?

—¿Te parece bien si te pregunto más sobre tu recuperación? —pregunta Bella, retorciéndose las manos en el regazo.

—Adelante. —Puede preguntarme lo que sea.

—Genial. Um… ¿qué pasó cuando saliste de prisión?

De igual forma a como lo hicimos en la comida, le cuento sobre mis sesiones de terapia y manejo de la ira. Hablamos aproximadamente por una hora y media, y le cuento sobre la última terapeuta que tuve en Seattle, Tia, una mujer de cuarenta y tantos que ocupó el lugar de mi terapeuta en prisión, y que me ayudó a reincorporarme otra vez en la sociedad. No es que hubieran cambiado muchas cosas, pero seguía siendo un poco abrumador estar afuera. Adentro, nunca tenía opciones. Alguien más tomaba todas las decisiones, y ahora de repente tenía que hacerlo por mi cuenta. Tenía que poner límites; tenía que querer cosas ahora. Aunque dentro de prisión también quería estar mejor, afuera fue diferente porque también tenía que tomar la iniciativa.

Le cuento a Bella las cosas que cambiaron en mí mientras estaba encerrado, como sentirme mayor, querer cosas que nunca antes había querido, tener diferentes prioridades, y de alguna forma hacer las paces con el yo del pasado. Los arrepentimientos, el remordimiento, y un poco del dolor siempre estarían ahí, pero para poder seguir adelante… sí.

—Claro que hubo tropiezos —admito, dándole un trago a mi café tibio—. Pero lo manejé mucho mejor que antes. Cuando me enojaba, lograba calmarme en lugar de usar mis puños o drogarme. —Me encojo un poco—. También Emmett ha sido de gran ayuda. Solía ir a Seattle casi todos los fines de semana, y hacíamos ejercicio juntos o cosas así.

Al final, siento que ya le conté a Bella todo lo que hay que saber, lo que dice mucho de lo poco que he hecho. Aparte de sentirme mejor en mi jodida cabeza, claro.

Hacía mucho ejercicio, todavía lo hago, comía mejor, comencé a leer mucho, vi algunas películas que me había perdido, iba a mis sesiones, y simplemente me concentré en mejorar. Salir ya no me llama tanto la atención, no estoy seguro de que alguna vez me haya interesado, y mi mantra se ha convertido en "paz y tranquilidad".

Cuando le cuento esto a Bella, ella se ríe entre dientes y menciona que no existe tal cosa como paz y tranquilidad cerca de Nathan.

Afortunadamente, lo dice con un brillo bromista en sus ojos, porque difícilmente esas son las mierdas "ruidosas" de las que me estoy alejando.

Mirando el reloj sobre la chimenea en la esquina, veo que pasan de las dos, y sé que Nathan sale del preescolar a las tres. Así que le digo esto a Bella, pero ella dice que ya le envió un mensaje a Jada, la esposa de Jasper, hace rato cuando yo estaba afuera fumando, y que ella lo va a recoger.

Con eso, me relajo más en el sofá y hablamos durante un rato más. Ya que no estoy seguro de que ella esté dispuesta a divulgar más información sobre su propia vida, tartamudeo como un jodido idiota cuando le pregunto sobre su propia recuperación. Pero, para mi sorpresa, parece dispuesta a compartir ahora. Así que terminamos comparando historias, emociones que hemos vivido, y errores que hemos cometido a lo largo del camino.

Ya son casi las cuatro de la tarde la siguiente vez que veo el reloj, y Bella admite que es hora de irse a casa. Le espera un viaje de dos horas, algo por lo que me siento mal. Y es por eso que, una vez más, mientras la acompaño a la puerta, me ofrezco a ir a Anchorage la próxima vez que nos veamos.

Bella rechaza otra vez mi oferta.

—¡Mierda! —De repente me acuerdo de las fotos—. N-no he visto los álbumes.

—Oh. Bueno, supuse que sería más cómodo para ti verlos en privado. —Lo explica de forma muy casual, incluso le añade un encogimiento de hombros después de ponerse las botas. Pero no creo que comprenda lo contrario a casual que es esto para mí. El hecho de que me vaya a dejar aquí los álbumes para verlos a mi propio ritmo significa mucho. Además, no tendré que luchar por mantener el rostro sereno.

Como dije, no le voy a esconder nada, pero llorar como bebé es algo que todavía prefiero hacer cuando no hay nadie cerca.

Después de agradecerle profundamente, no puedo evitar preguntarle cuándo la volveré a ver.

No espero que sea muy pronto; hoy es viernes y Bella trabaja durante la semana, así que… ¿tal vez el próximo fin de semana? ¿O incluso uno después de ese? Porque estoy seguro de que ella tiene planes para este fin de semana.

Durante un momento, me mira con una expresión pensativa en la cara.

—¿El próximo sábado? —pregunta con una sonrisita nerviosa en sus labios.

Sin embargo, no me pregunten por qué está nerviosa. Ya tiene que saber que aceptaré todo lo que pueda conseguir.

»Y… —exhala un suspiro—. ¿Qué te parece si traigo a Nate?