Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!

Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /


Gracias Yani por betear esta historia.


Capítulo 20: Más que bien

Canción del capítulo: Let It Go de Blue October

BPOV

Después de asegurarle a Edward unas cuantas veces que no bromeo sobre traer a Nathan la próxima semana, dejo Sterling atrás con el recuerdo de los ojos llorosos de Edward al frente de mi mente al irme.

Apenas voy llegando a la carretera principal cuando mi celular suena y gimo, recordando que no lo apagué después de la segunda vez, después de decirle a Edward que me llamara para descubrir cuál era su tono.

—Nota mental: cambiar el jodido tono de Riley —murmuro para mí y saco mi celular. Le dije que lo llamaría esta noche. Pero eso no fue suficiente, ¿cierto? Jesús. Llevándome el celular a la oreja, respondo—. Hola.

¡Hola! —responde alegremente—. ¿Este es un mejor momento para llamar?

Rechino los dientes.

—En realidad, no —digo con honestidad. No me gusta estar al teléfono mientras manejo—. Voy de regreso a Anchorage.

Anoche cuando Riley llamó y pensé que era Edward sentí que se me iba la sangre a los pies. Nuestra conversación fue corta y yo fui sincera. Le dije que el padre de Nathan me había contactado, y necesitaba hacer esto por el bien de Nate. Riley estaba sorprendido por decir poco; también podía detectar un poco de enojo y celos. Luego le dije que lo llamaría hoy después de regresar a casa. Queda claro que no me escuchó.

Oh… entonces, ¿cómo te fue? ¿Fue amable? Me refiero al papá de Nathan.

Exhalo un aliento. ¿Edward fue amable? Sí, sería decir poco.

Ha cambiado. No hay forma de negar eso.

—No es el chico que alguna vez conocí —admito—. También lo vi la semana pasada, y hemos estado hablando mucho por teléfono durante estos días.

¡¿Qué?! —exclama—. Creí que hoy… ¡¿has estado escondiendo esto, Bella?!

Sacudo la cabeza y aplasto el enojo que siento. Desde un inicio Riley ha estado uno o dos pasos delante de mí. Yo he sido clara; se lo he dicho directamente: no estoy lista para una relación real. Sin embargo, Riley actúa como si estuviéramos comprometidos el uno con el otro. Lo siento, pero cuatro citas no le dan el derecho de exigir cosas. No tomamos decisiones juntos, especialmente no cuando se tratan de mi hijo.

—No estaba lista para decirte —digo simplemente—. Riley… —suspiro—. Te pedí que no me presionaras.

No se le escapa nada.

Solo creo que podrías tener algo mejor que el fracasado padre de Nate.

—Esto no se trata de un maldito romance —me río sin humor, reduzco la velocidad en el auto cuando la camioneta frente a mí también la reduce—. Y ni siquiera conoces a Edward —añado molesta. Mis asuntos son míos. La única cosa que le he contado a Riley sobre Edward es que no está en la vida de Nathan. Bueno, no estaba. Y admití que Edward no quería a Nathan porque esa era la única verdad que conocía hasta hace una semana—. Quiero que Nathan tenga a su papá…

Riley me interrumpe.

¡Ese podría ser yo, Bella! ¿No puedes ver eso, carajo?

Respira profundo, respira profundo, respira profundo.

—Edward es su padre —susurro—. También tiene derecho legal de verlo.

No debería tener ese derecho —dice simplemente, alimentando mi enojo—. No quería a Nathan, ¿y de repente ya lo quiere?

—No sabes de qué estás hablando —espeto. Dios, lo hace sonar como si Edward se hubiera deshecho de nosotros. Bien, lo hizo. Lo hizo. Pero… carajo, hay más detrás de la historia—. Mira, no puedo hablar ahora; estoy en la carretera. Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?

Se ríe secamente.

¿Ves? Él ya te está poniendo en mi contra.

—¡¿Qué?! —chillo. ¡Dios mío!—. ¡Esto no se trata de ti y de mí, Riley! ¡Esto se trata de que Nate conozca a su papá! Edward es diferente ahora, una persona completamente nueva. Su vida… —exhalo bruscamente—. No sabes cómo creció Edward. —Apenas yo lo sé. Imagina vivir con miedo desde la edad de cinco, Cristo, era solo un bebé. Nathan es solo un año más chico que Edward la primera vez que Carlisle lo golpeó—. Tengo que darle una oportunidad a Edward —le digo a Riley—. No solo tengo que hacerlo, sino que necesito-quiero hacerlo. Lo que hizo… —Trago con fuerza—. Edward me lastimó mucho. Él-sí, me aplastó. Pero él… —De acuerdo, no estoy lista para poner excusas por lo que hizo Edward en aquel entonces, pero sí veo todas las circunstancias. No es blanco y negro.

¿Pero él…? —me provoca Riley—. A mí me parece que estás defendiendo a un patán. ¿No es eso lo que muchas mujeres hacen antes de terminar en Casa Whitlock? ¿Defender a sus cabrones?

Miro boquiabierta el teléfono, completamente sorprendida de que él pueda decir algo así.

Al final ya no tengo nada que decir y cuelgo la llamada. Está tan equivocado, y… no puedo creerlo. Porque para mí, cada caso es diferente. Todos son individuales. Y no estoy inventando excusas para Edward; soy la última persona que haría eso. Pero no estoy ciega. Reconozco el cambio cuando lo veo. Además, si alguna vez pensara que Edward se atrevería a ponerle una mano encima a mi hijo…

Me río sombríamente tan solo al pensarlo.

Carlisle fue un monstruo. Violentó a su hijo, pero eso no es nada comparado con lo que yo le haría a Edward si golpeara a Nathan. En otras palabras, si yo hubiera sido Esme, Carlisle habría quedado seis pies bajo tierra después de ese primer golpe.

Los padres se equivocan todo el tiempo. Cuando tenía diez años mi mama me olvidó en el supermercado. Claro, regresó después de cinco minutos y estaba llorando a mares, pero de todas formas cometió un error. Cuando Nathan tenía un año, una vez no dejaba de gritar, era el berrinche supremo, podía seguir así por horas, así que lo dejé en su corralito y fui a mi habitación a gritar en la almohada durante veinte minutos. Estaba lista para tirar la toalla. Estaba justo en la orilla. Así que sí… cometemos errores. Lo jodemos.

Mi punto es que no estoy esperando que Edward sea perfecto. No lo juzgaré. No creeré que ya sabe todo al entrar en esto. Las únicas cosas que no toleraré son maltratos y negligencias.

~CLO~

Cuando paso por Nate a casa de Jasper y Jada termino quedándome a cenar. Hablamos, no, yo hablo. Básicamente ellos me dejan desahogarme, y les cuento todo lo que pasó hoy. No solo lo que está sucediendo con Edward, sino también la mierda que pasó con Riley en el carro. Luego, cuando al fin termino, Jasper entra en modo terapeuta y señala todas las perspectivas desde donde necesito ver la situación. En realidad no es terapeuta, pero ha estudiado psicología y es muy pedagogo y reflexivo como persona. También es el mejor en leer expresiones faciales y el tono de voz que usas al hablar.

Y Jada, a quien considero como mi mejor amiga, es directa, pero dulce. No te endulza las cosas, es brutalmente honesta, pero aun así expresa sus opiniones de una manera con la que no te puedes ofender. Cuando la conoces, te sientes cómodo con ella. Su largo cabello rubio miel y sus ojos verdes azulados se encargan de eso. Sin embargo, pronto descubres que es aguda, rápida y no le teme a nada.

Jada me mantiene alerta. No es muy fan de Edward, aunque es lo suficientemente considerada para mantenerse en silencio respecto a eso. La verdad, creo que Jasper le pidió que mantuviera la boca cerrada cuando se trate de Edward. Jada está de acuerdo con que Edward se merece una segunda oportunidad, pero no puede comprender el hecho de que yo sea tan comprensiva. Jasper, por otro lado, piensa como un papá. Nate es primero, y Jasper cree que esto es lo mejor para mi niñito. Estoy de acuerdo con él.

Si Nate tiene un padre que quiere estar en su vida, entonces debería estarlo, Edward debería estar en su vida. Y, siendo egoísta, no querría que mi hijo me odiara. No quiero ser la persona que aleje a Nate de su papá.

—¿Edward y tú han hablado del próximo sábado? —me pregunta Jasper, asintiendo en agradecimiento cuando Jada sirve el café—. ¿Va a ser el papá de Nate de inmediato o lo vas a presentar como un amigo?

Frunzo el ceño.

—¿Un amigo? ¿Por qué yo… uh, me refiero…? ¿Qué?

¿Por qué presentaría a Edward como amigo cuando es el papá de Nate?

¿De verdad se podía hacer eso?

—Es algo muy común —dice Jasper con un encogimiento de hombros—. Lo hacen con el niño en mente. La persona que siempre ha estado ahí es su forma de introducir al padre nuevo en la vida del niño. También es una forma de asegurarse que el padre que apareció recientemente pueda demostrar que se va a quedar, que no es algo temporal.

Uh. Me recargo en el respaldo y pienso en lo que acaba de decir, y lo entiendo por completo. Solo que no puedo ver más allá de la mentira. Si le dijera a Nate que Edward es solo un amigo, la verdad saldría a la luz y mi hijo resultaría herido, ¿tal vez? Al menos, así es cómo lo veo. E incluso si Edward decidiera que esto no es para él, y se fuera, yo todavía tendría que vivir con el hecho de que le he mentido a Nathan. Aunque es una mentira con la que podría vivir si eso significara que Nate no resultaría herido. Un amigo puede irse, eso sucede, pero un padre no. No sin dejar atrás heridas abiertas.

—No puedo imaginarme a Edward yéndose —susurro.

Jada hace una mueca.

—¿Cómo puedes estar tan segura, cariño? Apenas conoces a este tipo.

Pero lo conozco. No, no es así. Sí, en cierta forma sí. Carajo. Me estoy volviendo loca otra vez.

Conozco al niño de cinco años que era mi mejor amigo en Phoenix, el niño que me dio mi primer beso, el niño que me llenó el vestido de chocolate y me hizo cosquillas hasta que volví a sonreír.

También conozco al idiota arrogante que intimidaba a todos en la preparatoria, el idiota que aplastaba cabezas si decían algo que estuviera fuera de lugar, el idiota que se creía un dios.

Y pude ver vistazos del chico que había detrás de esa máscara de mierda. Era vulnerable, estaba dolido, abandonado, lastimado, y necesitaba cariño.

El hombre en que se ha convertido… bueno, estoy empezando a conocerlo también. Dos visitas largas y horas en el teléfono, he aprendido mucho de Edward por eso. Sigue siendo vulnerable, pero ¿también es fuerte? No sé, pero así se siente. Tiene que serlo para haber llegado tan lejos. Ha madurado; ha pasado de ser un chico maltratado que recurrió a las drogas para alejar el dolor, a… a lo que es ahora. Sigo aprendiendo.

—No puedo estar segura —admito—. Pero mi instinto me dice…

—Haz lo que sientas correcto para ti, Bella —dice Jasper, asintiendo—. Sin embargo, sugiero que llames a Edward y hables con él al respecto.

Estoy de acuerdo con eso.

—Eso tardará un tiempo —suspiro—. Me refiero a incluir automáticamente a Edward. Tomar decisiones; estoy acostumbrada a hacerlo sola.

—Apuesto que sí —responde—. Lo has hecho por tu cuenta durante cuatro años. Por supuesto que tardará un tiempo. Pero con el tiempo, y el creciente involucramiento de Edward, no tengo dudas de que te saldrá de forma natural.

—Eso espero —me río entre dientes y luego suspiro otra vez—. Dios, quiero que esto funcione.

Un rato después, entro a la sala para llevarme a casa a mi niño durmiente. Jada también carga a sus hijas para llevarlas a la cama y luego me despido de Jasper y Jada.

~CLO~

Sábado

¿Cuál es el color favorito de Nathan? – Edward

Sonrío para mí y respondo.

Cambia de un día para otro, pero usualmente es rojo, azul o amarillo. Superman es el mejor :P – Bella

—Nathan, ¡ya está el desayuno! —grito al mismo tiempo que mi teléfono vuelve a sonar.

Oh, estoy de acuerdo ;) Leía los cómics de Superman cuando era niño – Edward

No sabía eso. Pero puedo imaginarlo. Puedo imaginar a un pequeño Edward en su cama leyendo cómics con una enorme sonrisa en la cara.

Hasta que Carlisle llegara a casa.

Sacudo la cabeza para alejar ese pensamiento. Carajo.

Me da la impresión de que Nathan ha visto todas las caricaturas que hay sobre superhéroes. Superman, Batman, Capitán América, Spiderman… la lista sigue. Hizo un berrinche cuando no le permití ver la película esa donde sale Ryan Reynolds. ¿La luz verde? Era demasiado violenta, y no es de caricaturas – Bella

Te refieres a Linterna verde, y probablemente tengas razón. Los cómics y las caricaturas son inofensivos. No se puede decir lo mismo de las adaptaciones a película de hoy en día. Emmett y yo vimos Ghost Rider hace un tiempo. ¡No se parece nada al cómic! Definitivamente no es apta para niños ja, ja – Edward

Me río entre dientes del mensaje, veo a Nathan por el rabillo del ojo cuando entra a la cocina.

—¡Dios mío, bebé! —me río, mirándolo—. ¿Dónde está tu ropa?

Está completamente desnudo y se está agarrando el pene.

—Tengo que hacer pipí —se queja, haciendo su bailecito de la pipí.

—¿Y por eso te quitaste toda la ropa? —pregunto con incredulidad y luego lo llevo al baño—. Ven aquí, siéntate en la taza. —Tal vez es porque ha sido criado por una mujer, pero siempre se sienta cuando va al baño—. Eres un bobo. —Sonrío y le despeino el cabello antes de salir.

—¡No me gusta la ropa, mami! —me grita.

Sacudo la cabeza, divertida, y regreso a la cocina. Tengo tiempo suficiente para enviarle otro mensaje a Edward antes de que Nate regrese.

Nathan acaba de hacer su bailecito de la pipí como Dios lo trajo al mundo en medio de nuestra cocina. ¡Hasta ahora ha sido un sábado encantador! :D – Bella

—¿Te lavaste las manos, cariño? —le pregunto cuando se para en la puerta. Sigue desnudo. Asiente y me enseña sus manos—. Muy bien. De acuerdo, vamos a ponerte algo de ropa y luego podrás comer.

—¿Puedo desayunar chocolate? —pregunta dulcemente mientras saco ropa térmica para él. Hoy vamos a salir un rato a jugar en la nieve, y la ropa térmica es más cómoda cuando está usando su traje para la nieve.

—Sí, no. —Sacudo la cabeza, sonriendo con ironía. Siempre lo intenta; yo siempre lo rechazo—. Pero hoy es sábado, así que ¿qué te parece un chocolate caliente especial cuando regresemos del parque? ¿Y un poco de chocolate esta noche mientras vemos una película?

—¡Sí! —se ríe y sacude su trasero—. ¡Chocolate especial es el mejor!

Sé que eso piensa. Porque no podría ser más azucarado. Es chocolate caliente con malvaviscos, crema batida, hojuelas de chocolate y jarabe de chocolate.

¿A qué niño no le encantaría eso?

Después de vestirlo con su ropa térmica y una camiseta, lo llevo de regreso a la cocina donde se sienta para comer su pan tostado y beber su leche.

Mientras tanto yo me siento con mi cereal y reviso mi celular.

No puedo evitar reírme de la respuesta de Edward a mi último mensaje.

Esto sonará raro, pero pagaría un millón de dólares por ver eso – Edward

~CLO~

Domingo

Mientras Jada lleva a Nate y a las niñas a ver una película, yo llamo a Riley y le pregunto si puede venir. Me ha enviado mensajes y me ha llamado en varias ocasiones desde que le colgué el viernes, y ahora estoy lista para verlo cara a cara sin dejar que mi enojo estalle.

—Hola, cariño —dice, me besa la mejilla antes de que pueda cerrar la puerta detrás de él.

—Uh, hola. —No entiendo cómo puede actuar como si no pasara nada—. ¿Quieres café?

Asiente.

—Claro. Tengo que permanecer despierto.

—¿Te espera un turno largo? —pregunto mientras caminamos hacia la cocina.

—Sí, la siguiente semana tengo la rutina Anchorage-Nueva York, y antes de eso tengo algunos cargamentos de Anchorage-Nome. Mañana todo el día iré de un lado a otro. —Se ríe un poco—. Y todo el día de ayer me la pasé volando entre Chignik y Juneau.

—Genial —murmuro, no sé qué más decir. Después de servirnos dos tazas de café, me siento en la isleta de la cocina y le doy un pequeño trago al mío. Convenientemente, deslizo su taza al otro lado de la isleta—. Así que… supuse que deberíamos hablar.

Me da la mirada que se espera recibir cuando alguien dice "Deberíamos hablar".

Palabras célebres. Por una razón.

—Vas a terminar esto —declara, moviendo un dedo entre nosotros—. Carajo, lo sabía.

Y ese es el asunto: "Terminar esto".

¿Cómo puedo terminar algo que ni siquiera ha empezado?

—Te pedí, desde el principio, que no me presionaras —susurro, como si Nate estuviera a la vuelta de la esquina. Pero no está.

Sonríe, pero eso lo hace parecer malvado. Siniestro.

—No te estoy presionando, Bella. Solo me enoja que ni siquiera me vayas a dar una maldita oportunidad.

Alzo las manos.

—No empieces. Te dije

—Sé lo que dijiste —dice impaciente—. Dijiste que no estabas lista, como sea. Ahora, jamás estarás lista. —Me mira con amargura—. De ahora en adelante todo se tratará del padre de Nathan —se ríe secamente—. ¿Qué esperas aquí, Bella? ¿Caminar hacia el atardecer con este cabrón? —Alzo las cejas—. ¿Ser la familia perfecta? ¡Él te dejo!

¿Es en serio?

—¡Esto no se trata de mí, Riley! —Me señalo—. Esto se trata de Nate. Eso es todo. Caminar hacia el… —Ni siquiera puedo terminar la oración antes de bufarle en respuesta. Es ridículo.

—Entonces, ¿me estás diciendo que esto solo se trata de que Nathan pueda ver a su papá?

—¡Sí! —grito. ¿Cuántas veces tengo que decírselo?—. ¡Dios!

Frunce los labios y me entrecierra los ojos.

—Pues entonces, ¿qué nos detiene de tener una relación?

—Jesucristo —gimo, frotándome las sienes—. Déjame preguntarte esto: ¿qué tan seguido estás en casa?

Se ve confundido por un momento, tal vez mi pregunta lo sorprendió, pero de todas formas responde.

—Dos días a la semana. A veces tres.

Asiento.

—Y yo trabajo de ocho a cinco, de lunes a viernes. Y ya que espero estar ocupada en Sterling la mayoría de los fines de semana, ¿cuándo sugieres que nos veamos? —Él está a punto de decir algo, pero yo levanto un dedo para avisarle que todavía no termino—. Más que eso, no creo que sea una decisión sabia presentarte a Nathan…

—¿Por qué demonios no? —pregunta frustrado—. Soy un tipo decente, Bella. De verdad quiero conocer a tu hijo.

—No quiero que se sienta confundido —digo con honestidad—. El sábado Nate conocerá a su papá por primera vez. Tener a otro hombre en su vida tan pronto… —Sacudo la cabeza, siento que me estoy desviando del tema. Sin tomar en cuenta lo que es mejor para mi hijo, no estoy lista para lo que Riley quiere—. Tampoco quiero darte alas —admito, lo que parece hacerme ganar una mirada de enojo—. Cuatro citas; han sido cuatro citas. No puedo… —suspiro—. Tengo muchas cosas por ahora, hay demasiadas cosas sucediendo.

Me mira sin decir nada. Ni una sola palabra.

Me empiezo a sentir incómoda, así que jugueteo con mi taza de café. El hombre sigue aquí, el hombre que me causa esas mariposas de mujer en el estómago, pero… carajo. No puedo presionarme. Tampoco puedo engañarme. Y tal vez soy una persona solitaria, no sé. Desde que perdí a mis padres, la familia es lo que más me ha importado, lo cual podría sonar raro. La familia siempre ha sido importante para mí; me alegra poder decir que siempre aprecié a mis padres cuando estaban vivos. Pero estoy divagando. La familia es mi prioridad, a lo que me apego. No Riley. Y mi familia es Nathan, Jasper y Jada, sus hijas… ¿Edward? No. No lo es. Pero es familiar. Hay un pasado ahí, y no solo lo que compartimos en Forks. Él es el único en el mundo al que conozco que vagamente recuerda a mis padres. Hay una… ¿una conexión? Sí.

—Queda claro que ya has tomado tu decisión —murmura Riley, haciéndome alzar la vista. Hay enojo y resignación escritos por toda su cara—. Me voy a ir. —Se para y se da la vuelta para irse.

Lo miro, no puedo detenerlo.

»Cuídate, Bella.

Y se va.

Me tapo la cara con las manos.

~CLO~

Miércoles

Después de estar al teléfono con Edward por casi una hora, nos quedamos en silencio y no es muy cómodo. Hemos hablado sobre los álbumes de bebé de Nate y todas las fotos que le llevé. Creo que escuché a Edward llorar una vez, pero ahora ya hemos agotado el tema, al menos por un tiempo. Y ahora… ahora él sabe que estoy haciendo tiempo. Sabe que quiero hablar con él sobre algo, aunque no me pregunta, no presiona.

Así que… —se queda callado.

Me paso una mano por el cabello, camino en mi cocina, y casi deseo que Nate se despierte y nos interrumpa. Pero no. Necesito hablar con Edward sobre el sábado.

—Sí, um —me aclaro la garganta y luego suspiro. Desearía tener vino en casa—. Escucha, yo… —¡Cristo, solo dilo!—. ¿Podemos hablar sobre el sábado? —suelto de golpe, pegándome con la mano en la frente.

¿Por qué no podemos relajarnos al mismo tiempo? Si yo estoy tranquila, Edward es un manojo de nervios… y si Edward está calmado y sereno, yo soy la tonta que tartamudea.

¿Vas… vas a cancelar? —pregunta en una voz tan baja que me causa algo. Mi pecho se contrae; todavía no estoy acostumbrada a un Edward que demuestra tan claramente sus emociones—. Lo entiendo por completo, estás ocupada, um, pero…

Lo interrumpo antes de que se provoque una úlcera.

—¡No voy a cancelar, Edward! —Exhalo audiblemente, y escucho a Edward hacer lo mismo—. No voy a cancelar —repito en voz suave—. Solo quiero hablar contigo sobre-sobre… ¿todo? Um, supongo que sobre cómo vamos a manejar la situación.

Oh. —Su respiración sigue agitada—. Uh, ¿a qué te refieres… exactamente?

Suelto otro suspiro y reúno el valor para preguntarle directamente.

—¿Estás comprometido con esto, Cullen? —susurro—. ¿Esto es de por vida? Solo… necesito confirmarlo.

Tink-carajo, perdón. Bella. —Suelta otra risita ahogada y me encuentro sonriendo para mí—. Bella, no hay nada que quiera más. —Mis hombros se hunden con alivio, haciéndome comprender lo mucho que necesitaba escuchar esto sin importar qué tantos cambios hubiera visto en él. La confirmación, sí, la necesitaba—. No te desharás de mí; a menos de que e-eso sea lo que quieras. Tal vez ni siquiera entonces. No, ni siquiera entonces.

Me río entre dientes.

—Suena bien para mí. —Y me sereno—. Um, entonces le contaré mañana a Nathan, si te parece bien.

Admito que quiero contarle a Nate sobre Edward por mi cuenta. Soy su mamá y, hasta ahora, he sido su única figura parental. Tener a Edward aquí… ¿tal vez eso distraería a Nathan?

Oh mierda, ¿en serio? —chilla—. Carajo, esto está sucediendo de verdad. ¿Puedes llamarme después de eso? Quiero decir, asumo que tienes mucho trabajo por hacer, ya sabes, para hacer que yo le agrade. Cristo, espero agradarle. Cuatro años —divaga—. He comprado algunas mierdas; me dijiste qué es lo que le gusta. Yo, sí, yo, uh, compré…

—¿Cullen?

Exhala.

¿Sí?

Sonrío.

—Relájate.

Otra respiración.

Cierto.

—Y no tienes que hacer nada —añado con voz queda, bajando la vista a mi regazo—. Te la puse muy fácil; le dije que estabas enfermo. —Hay una ligera amargura en mi voz, y lo encuentro justificado y… no justificado. No sé, pero esa parte amarga de mí todavía se siente muy traicionada, y después de lo que le dije a Nathan, sé que Edward no tendrá que esforzarse mucho para lograr que Nate lo apruebe. Mi hijo es muy relajado. Todo lo que exige es lealtad, amor y diversión—. Admito que —suelto una risita temblorosa— también me la puse fácil a mí. Es que no podía obligarme a decirle que su padre no lo quería.

Lo siento —susurra con voz gruesa, suena atormentado—. Lo siento jodidamente mucho, Bella.

Sacudo la cabeza intentando deshacerme del nudo en mi estómago. No quiero estar enojada, dolida o llena de resentimiento, pero necesito darme tiempo. Sin embargo, no quiero mostrar esto, no ahora. Esto es por Nate. No por mí. Todavía no.

Cerrando los ojos con fuerza, ignoro el escozor que hay en ellos.

—Detente. No, solo… olvídalo. Hablaré con él mañana. Resolveremos esto.

Espera, um, ¿a qué te referías antes? Dijiste que le contaste que estaba enfermo.

Asiento a pesar de que no puede verme.

—Intenté explicarle que estabas demasiado enfermo para estar con él, que necesitabas arreglar tu vida. Que necesitabas sanar. Él… él me preguntó cómo estabas enfermo, y le dije que puedes estar enfermo de diferentes maneras. —Inflo las mejillas, recuerdo las varias ocasiones en que Nate preguntó por Edward—. Le conté brevemente que tu infancia no fue fácil, y que necesitabas tiempo para mejorar.

Edward permanece en silencio por un largo momento, su respiración es la única señal de que sigue ahí.

.

.

No tenías que hacer eso por mí —susurra, carraspeando.

—Lo sé. —Trago—. Pero también lo hice por él. Y por mí. Y luego, cuando él fuera mayor y si tú seguías sin estar cerca, lo cual fue algo que creí durante cuatro años, le diría la verdad. Sobre tus padres y todo.

Supuse que la honestidad era el mejor camino. Planeo culpar de todo a los papás de Edward algún día, porque sé que ellos son la razón del pasado jodido de Edward. Y Nathan merece saber eso, pero es muy pequeño para entenderlo ahora, sin mencionar que es demasiado chico para odiar a gente que nunca ha conocido.

Me gustaría mantener a mi hijo inocente y despreocupado.

Aun así… no me merezco esto —suspira en voz baja.

No respondo, sigo dividida. Hay demasiadas circunstancias. Edward es solo una víctima, pero al mismo tiempo no lo es.

Le repito a Edward mis palabras sobre resolver esto, y luego prometo llamarle mañana luego de hablar con Nathan.

Poco después de eso nos despedimos, a mí me espera una noche inquieta de girarme y moverme en la cama.

¿Cómo demonios le contaré esto a Nate?

~CLO~

Viernes

Procrastinar, es fácil. Demorarme, hacer tiempo, encontrar excusas… me acobardé ayer y no le conté nada a Nathan. También le había enviado un mensaje a Edward diciéndole que mejor le diría hoy. Me envió un mensaje en respuesta diciendo que lo entendía.

Pero ya no puedo demorarme más. Es por eso por lo que estoy sentada con Nathan en la sala, sobre el sofá, con la televisión apagada.

—Cielo, ¿recuerdas lo que te conté sobre tu papá? —pregunto, endemoniadamente nerviosa e inquieta.

Ladea la cabeza, arruga su carita.

—Está enfermo.

Asiento, soltando el aliento. En realidad, solo hay una cosa por decir y espero que funcione.

—Ya no está enfermo —chillo. Esto parece confundirlo, así que antes de volverme loca, continúo—. Me reuní con él, hablé con él —digo, obligando a las palabras a salir—. Está mejor, ya no está enojado y triste. Um, vive en un pueblo a un par de horas de aquí. —Es algo estúpido decirlo ya que él no puede distinguir el tiempo. Cristo, Swan—. Quiere verte. —Me las arreglo para sonreír.

—¿Vive aquí en Alaska? —Se muerde el labio; asiento, sonriendo con cautela—. No está enfermo —susurra y frunce el ceño, bajando la vista—. ¿Mi papi ya está bien?

Mantén la compostura, Bella.

—Así es. —Asiento.

—Creí que estaría enfermo siempre.

Igual que yo.

Me mantengo callada sin saber qué decir. Por un rato más.

—¿Tomó medicina? —pregunta, alzando la vista a mí.

Frunzo los labios, intentando encontrar un ejemplo que pueda usar. Esa es siempre la manera más fácil de hacerlo entender.

—¿Recuerdas que te dije que no estaba enfermo como con un resfriado o gripe? —murmuro y asiente lentamente—. Dije que estaba enfermo por, um, dentro. —Pongo una mano en mi pecho. Nate vuelve a asentir—. Bueno, ¿recuerdas cuando le quitaste dulces a Olivia en el cumpleaños de Madison? —Ante eso, sus mejillas se tornan rojas e intenta apartar la mirada. Aprieto su mano y sonrío, haciéndole saber en silencio que ya todo está bien ahora. Eso quedó en el pasado—. ¿También recuerdas que te sentiste tan mal que tuviste que contarme? —Un asentimiento más, uno pequeño—. Así que, hablaste conmigo, te disculpaste y luego te sentiste mejor, ¿cierto?

—Sí —murmura.

Asiento.

—Eso fue como tomar medicina. Te sentías mal, pero cuando hablaste conmigo y lo arreglamos, todo mejoró. Ya no te sentías mal. —Hago una pausa—. Así fue para tu papi. Hablar de las cosas que lo hacían enfermar eventualmente lo hizo sentir mejor. —Difícilmente siento que sea necesario explicar sobre antidepresivos o terapia en prisión—. ¿Lo entiendes, cielo?

Otra vez asiente lentamente.

—¿Hablar es como medicina?

—A veces —digo suavemente. Sonrío un poco, pensando en Lisa—. Recuerdas que yo hablo con Lisa, ¿sí? A veces tengo tantas cosas en que pensar que simplemente hablo con ella.

—Hablas mucho con ella —se ríe.

—Así es —acepto, riéndome—. Ella me ayuda. Me siento mejor luego de hablar con ella. Puede ser de cosas grandes que tenga en la mente, o cosas muy pequeñas. A veces simplemente se siente bien tener alguien con quien hablar.

—Puedes hablar conmigo, mami.

—Lo sé, cariño —me río en voz baja y le beso la frente—. Nada funciona mejor que tú, eso es seguro. —Me ofrece una sonrisita tonta—. Entonces, ¿entiendes cómo es que hablar puede ser como tomar medicina?

—Sí, ¿él también robó dulces? ¿Se sintió mal?

Otra risa se escapa de mis labios al pensar en Edward robando dulces. Si tan solo fuera así de fácil, ¿eh?

—Fue un poco más que eso —admito—. Y no fueron solo cosas que él hizo. Fueron muchas más; el cómo creció, cómo era su familia y… otras cosas de adultos. Se enfermó mucho por eso. —Inhalo y aprieto su mano otra vez—. También se sintió mal por no poder verte. Pero tenía miedo de hacer algo malo, um… —Cristo, no sé cómo explicar esto—. Es que estaba muy enfermo como para poder estar aquí para ti. —Me conformo con eso.

—Pero ¿ya está bien?

—Exacto, y quiere conocerte. ¿Cómo te sientes con eso?

Mordiéndose el labio, aparta la mirada otra vez. Puedo notar que está pensando.

—Um… —Alza la vista hacia mí—. ¿Pensará que soy increíble?

—Por supuesto —me río—. ¿Cómo podría no pensarlo? —Le pico el estómago—. Definitivamente pensará que eres increíble.

Si no lo hace, mami se enojará mucho.

Pero tengo fe en Edward cuando se trata de Nathan. De verdad que sí.

—¿Vendrá aquí? —sonríe.

Niego con la cabeza.

—Mañana iremos en auto con él, si te parece bien. Vive en medio del bosque, ¿y sabes qué? Tiene un perro. —Abro bien los ojos, sé que el perro será una manera de cerrar el trato—. ¿No es genial?

—Sí. —Asiente furiosamente—. ¿Podemos comprar dulces para el perro? Eso es lo que Mikey hace con su perro. Me contó.

—Le preguntaré a Edward. —Sonrío y le despeino el cabello.

Ladea la cabeza.

—¿Quién es Edward?

Oh, cierto.

—Es el nombre de tu papi.

—Oh. Bien.

~CLO~

Sábado

Luego de que Nate entrara al baño en una parada para camiones, le envío un mensaje rápido a Edward antes de regresar a la carretera.

Llegamos en diez minutos – Bella

Estoy nerviosa, Edward está nervioso, Nathan está… bueno, justo ahora está cantando las canciones de Disney.

Hablé con Edward anoche y le conté que Nathan se había tomado todo muy bien, y demás. También le pregunté a Edward si el perro era amigable y si podía estar ahí también. Edward me aseguró que Taz, ese era su nombre, era un viejo mimoso y que ciertamente podía estar ahí. Porque creo que el perro podría ser una forma de romper el hielo o algo así. No sé. Solo espero lo mejor.

Para no estar sin nada que hacer, también me encargué de traer los ingredientes para la sopa del sábado. Es una tradición que tenemos Nate y yo: comemos sopa después de pasar el día jugando en la nieve y luego terminamos con palomitas y otros bocadillos para una noche de películas. Así que Edward sabe que más tarde usaré su cocina.

—Mami, ¿ya llegamos?

Respondo mirándolo en el retrovisor.

—Casi, cielo. ¿Estás emocionado?

Se encoge un poco y mira por la ventana.

—Espero que le guste jugar a los superhéroes.

Tengo que sonreír ante eso.

—¿Ya decidiste cuál película vamos a ver?

—Sí. —Asiente y se ríe—. Kick-Ass. —Otra risita—. Ja, ass. Ass. Assss*.

—Ya es suficiente, Nate —me río entre dientes, al fin veo la cabaña enfrente.

—¿Crees que le gustará Kick-Ass?

—Sí —digo y bajo la velocidad del carro. Y si no le gusta, fingirá igual que yo. Hay algunas partes de Kick-Ass que son demasiado maduras, así que siempre salto esas partes. O lo pongo en silencio.

Exhalando un suspiro, estaciono la SUV frente al garaje abierto.

Aquí estamos.

Mis dedos siguen aferrándose al volante cuando ladeo la cabeza para ver la cabaña, y estoy muy segura de que acabo de ver algo moviéndose en la ventana de la cocina.

Alguien. No algo. Él sabe que estamos aquí.

—¿Mi papi vive aquí? —pregunta Nate—. Igual que Santa, en medio del bosque como en Fred Claus.

Me río con nerviosismo y me desabrocho el cinturón.

—Sí, igual que Santa. ¿Puedes desabrocharte el cinturón, cariño? Iré allá a abrirte.

Respira profundo.

Luego de salir del carro, inhalo el fresco aire y permito que me calme. No es que funcione. Carajo, creo que nunca me he sentido tan nerviosa.

Abro la puerta de Nate y logro sonreír para él.

—¿Estás listo para conocerlo?

Asiente.

—¿Me prometes que pensará que soy increíble?

—Lo prometo. —Lo ayudo a bajarse y luego le digo que me espere mientras agarro la bolsa de comida que traje.

Ya que estamos en medio de la nada y es un día tranquilo, ni siquiera hay brisa, escucho cuando se abre la puerta de la cabaña. Aun así, no me doy la vuelta. Pero después de un segundo o dos lo veo en mi periferia. A él. Edward. Y Nathan también está aquí.

Respira profundo.

Con una pequeña sonrisa, finalmente me giro hacia Edward y veo que tiene la mirada pegada a Nathan.

Parado con sus jeans, botas de trabajo sin abrochar y una sudadera negra, se ve bastante corpulento e intimidante, pero todo eso desaparece cuando miro más de cerca su expresión.

Lo miro cuando traga con fuerza, cuando sus ojos se cristalizan, cuando parpadea para alejar las lágrimas, cuando mete las manos en sus bolsillos, cuando su pecho se agita unas cuantas veces con respiraciones temblorosas.

Mientras tanto, Nate se acerca más a mí hasta que está abrazándome el muslo. Definitivamente no tiene miedo; solo que es tímido cerca de desconocidos. Aunque siente curiosidad porque usualmente también esconde la cara.

—Hola —digo en voz baja, un poco ronca.

Los ojos de Edward encuentran los míos y exhala.

—Hola. Um… —Baja la vista a Nate y luego la regresa a mí—. ¿Necesitas ayuda con eso? —Señala la bolsa.

Me encojo de hombros, en realidad no necesito ayuda, pero él avanza unos cuantos pasos y agarra la bolsa de todas formas.

—Gracias por venir —susurra con voz pastosa.

Asiento y muevo la mirada hacia Nathan. Él sigue viendo a Edward con una mirada de curiosidad en el rostro.

—¿Vamos adentro? —sugiero.

Edward camina delante de nosotros con la comida, yo cargo a Nathan y me lo apoyo en la cadera. En parte porque justo ahora no está vestido para estar afuera, su overol y botas están en una bolsa dentro del carro, por si salimos más tarde. Y en parte porque él sigue aferrándose a mí.

En el pasillo le quito a Nate su chamarra y sus tenis, nadie dice ni una sola palabra, y hago lo mismo con mi chamarra y mis zapatos. Ambos estamos vestidos de forma casual, Nathan con una pantalonera azul y una camiseta negra de manga larga, y yo en jeans y una ajustada sudadera gris.

Avanzamos hacia la cocina todavía todos callados, y es ahí donde siento la necesidad de romper el silencio.

Cargo a Nate y lo siento en la isleta de la cocina al mismo tiempo que Edward deja la bolsa de comida en el mostrador junto a la estufa.

Si los presento se sentiría… incómodo, formal y raro. En lugar de eso, con Edward dándonos la espalda, finjo susurrarle a Nathan sabiendo que Edward todavía puede oírnos.

—¿Sabías que a papi también le gustan los superhéroes? —Mis palabras son para Nate, pero mis ojos están en la espalda de Edward. Se tensa, pero no dice nada mientras que la expresión de Nathan se llena de más curiosidad. Asiento—. Solía leer cómics cuando era pequeño.

Vamos, Cullen. Date la vuelta. Puedes hacerlo.

—¿Qué clase de cómics? —susurra Nate en respuesta, y él no sabe cómo susurrar en voz baja.

Le guiño.

—No sé. Tal vez deberíamos preguntarle.

Mirando la espalda de Edward, lo animo mentalmente a hacer algo. No quiero presionarlo, pero sé que esta es la manera más fácil de empezar una conversación. Mi-nuestro… hijo… es muy relajado. No se necesita mucho para hacerlo feliz.

—¿Qué clase de cómics? —pregunta Nate otra vez, solo que en esta ocasión mirando a Edward.

—¿Edward? —lo incito suavemente.

El hombre en cuestión se aclara la garganta y se gira lentamente, y lo capto limpiándose rápidamente las mejillas.

Eso crea una pequeña grieta en mi corazón.

—Me gustaban muchos, um, Hellboy; lo leía mucho —dice en voz baja.

—Ese es genial. —Nate se ríe con una sonrisa torcida—. Es todo rojo. Pero mami dice que soy muy pequeño para ver las películas. Hay dos películas de Hellboy. —Y levanta tres dedos.

Los hombros de Edward se hunden y su mirada se mueve a la mía. Veo alivio.

Las comisuras de mi boca se alzan. Mi expresión le dice… relájate; no es difícil impresionarlo, Cullen.

—El favorito de mami es Batman —dice Nathan con naturalidad.

Me río entre dientes y pongo los ojos en blanco. Luego lo muevo sobre la superficie de la isleta antes de darle la vuelta. Necesito ocupar mis manos con algo; cocinar se hará cargo de esa parte. Espero que esto también aligere la tensión.

Batman, ¿eh? —Edward me sonríe; con cautela, vacilante.

—Es el único que me he molestado en leer —le susurro detrás de mi mano.

Sonríe.

»Las películas son buenas —admito. De otra forma, los superhéroes no son en realidad lo mío—. ¿George Clooney? —Le doy un codazo—. El mejor Batman de todos. —Y el más sexy. Christian Bale puede irse al carajo.

—¿No Val Kilmer? —bromea.

Niego con la cabeza y empiezo a sacar los ingredientes para la sopa.

Mientras yo busco en los gabinetes, Edward y Nate hablan sobre superhéroes. Es fácil notar que Edward no está tan obsesionado como Nate con Superman y todo el otro billón de superhéroes, pero creo que igual es imposible. Parece que esto es todo de lo que Nate habla. No obstante, Edward se defiende en el tema y el hielo se está rompiendo, derritiéndose.

La parte negativa de cocinar es que mi mente tiende a vagar.

Teniendo a Nate y Edward ocupados, empiezo a pensar en mis propios sentimientos, mis propias reacciones, y mis propios pensamientos sobre todo esto. Y la verdad, todavía no sé qué sentir. Más que nada estoy aliviada de que mi hijo parezca estar bien. Edward también. En cuanto a mis propias emociones… todavía no lo sé. Tal vez me llegarán más tarde.

Me sobresalto cuando siento una mano en el hombro y eso me trae de regreso al presente.

—Perdón —dice Edward, apartando rápidamente su mano—. Dije tu nombre, pero parecías estar distraída. —Oh. Exhalo un suspiro y asiento para que siga hablando—. Uh, Nathan me preguntó si podía conocer a Taz. Él está arriba en mi habitación. ¿Está bien si lo traigo acá abajo?

—Um, por supuesto —digo lentamente, mirando a Nate. Sigue sentado en la isleta con una sonrisa esperanzadora en la cara. Me hace sonreír en respuesta.

—De acuerdo, ahora vuelvo —promete Edward antes de salir de la cocina.

Le alzo una ceja a mi niño.

—Va todo bien, ¿no crees? —susurro.

—Ajá. Él es genial. —Asiente, parece estar teniendo un día normal—. ¿Puedo comer un poco, por favor? —Señala las zanahorias que estoy cortando—. ¿Hay aderezo ranchero?

—No, lo siento. —Me río y le corto unas cuantas tiritas de zanahoria; es más fácil que las agarre así—. Voy a preparar la sopa de curry, ¿está bien?

Me da su aprobación cuando escuchamos el sonido de un enorme oso bajando las escaleras. Bueno, al menos así suena. En realidad es un labrador negro que baja corriendo y entra a la cocina. Edward lo sigue.

—Oh, ¿puedo acariciarlo? —pregunta Nathan, sonriendo desde la isleta de la cocina. Taz básicamente se queda ahí parado, agitando la cola y con la lengua afuera. Olisquea mi pierna antes de… hacer nada—. ¡Hola, Taz! —Nate lo saluda con la mano.

—Claro —responde Edward y avanza hacia Nate. Está a punto de ayudar a Nathan a bajarse cuando se detiene de repente y me mira rápidamente, sus ojos muestran un ligero pánico.

Lo miro con una sonrisa retadora en la cara. Alzo una ceja para darle énfasis. Es para que se dé cuenta que no tiene nada de que asustarse. Porque dudo que a Nate le importe que su papá esté a punto de cargarlo. Por primera vez. En su vida.

Ese pensamiento hace que mi mirada se suavice y le ofrezco a Edward un asentimiento para darle ánimos.

—Está bien —musito.

Él asiente también, tal vez para sí, y luego cierra la distancia y carga a Nate.

La imagen de ellos dos tan cerca, viéndose tan parecidos, hace que una ola de emociones pase a través de mí, emociones que no esperaba. Mi estómago da una pirueta, y contengo la respiración durante un momento.

Edward parece sentirse reticente de soltar a Nate, pero de todas formas lo hace.

—Es como un enorme oso de peluche. —Edward se ríe entre dientes, poniéndose en cuclillas junto al niño de cuatro años que mira asombrado a Taz. Oh, carajo. Sé que el niño va a pedirme un perro en cuanto lleguemos a casa. Bueno, no permitiré nada de eso. Me encantan los perros, pero no tengo tiempo. Tendrá que conformarse con Taz cuando estemos aquí.

Nate queda convencido, y mientras yo sigo preparando la comida, Edward y él se sientan en el piso de la cocina y acarician a Taz mientras hablan más de superhéroes. De vez en cuando Edward intenta cambiar el tema y hacer preguntas triviales sobre lo que le gusta y no a Nate, pero siempre regresan a los superhéroes. Al final, Edward y yo compartimos una carcajada por la obsesión de Nate.

Se siente bien.

~CLO~

La comida es… no diría que incómoda, porque eso sería una mentira, pero definitivamente es diferente. La última vez que estuve aquí nos sentamos en la mesa de la sala, y atrapo a Edward mirándome varias veces. Le pregunto qué pasa con la mirada, pero él solo niega con la cabeza y vuelve a comer.

—No hay prisa, pequeño —me río entre dientes y le limpio la sopa que tiene Nate en el mentón—. Tranquilo, ¿de acuerdo?

Asiente y come más lento. Solo por un ratito.

—¿Qué planes tienes? —me pregunta Edward en voz baja—. No vas a, quiero decir, ¿te irás pronto?

Sonrío y agarro otro rollito.

—No hay prisa —repito en un susurro—. Estoy muy segura de que Nate quiere ver una película después de esto, si te parece bien.

El alivio está escrito sobre todas las facciones de Edward.

—Más que bien.

Guiño.

—Puede que pienses diferente cuando sepas cuál película es.

Resopla una carcajada, se ve tan genuinamente feliz que es contagioso.

—Y… ¿dónde está Emmett hoy? —me pregunto en voz alta.

—Está en Kenai —responde—. Creo que se está preparando para llamar a Rosalie, y quería privacidad para hacerlo.

Asiento, comprendiéndolo.

—Espero que puedan resolverlo.

~CLO~

Después de la comida, Edward le ayuda a Nathan a poner la película mientras que yo hago un poco de tiempo en la cocina preparando los bocadillos. Supongo que solo quiero que tengan un par de minutos para ellos solos. Pero después de un rato, agarro dos tazones de palomitas y dulces y camino en dirección a la sala. Ya hay tres vasos y una botella de refresco en la mesa, y atenuaron las luces.

—¿Qué clase de película es? —pregunta Edward, alzando la portada—. Se ve…

—Apesta —musito, refiriéndome a Kick-Ass—. Oh, es graciosa —añado por el bien de Nate.

—Es increíble. —Nate asiente, sonriendo enormemente—. A mami le gusta mucho.

Le dedico una mirada a Edward, ante lo cual él se burla y se deja caer en el sofá.

Con él ocupando una orilla del sofá, yo me siento en la otra y Nathan termina en medio.

—Usa ambas manos, cielo —le recuerdo cuando agarra su vaso de refresco.

Me mira feo.

—Eso iba a hacer, lo prometo.

—Claro. —Ahogo una risita y le doy el control a Edward—. ¿Maestro?

Edward pone la película, y tal vez debí haberle advertido cómo se pone Nate cuando estamos viendo una película "buena". Porque este es el asunto: le gusta hacer sus propios comentarios, y no puede, en ninguna circunstancia, permanecer quieto.

Unos minutos después, Nate empieza.

—¡Ese es Dave, papi! —Señala la pantalla—. Él es Kick-Ass.

Mis ojos encuentran de inmediato a Edward, sé muy bien que esta es la primera vez que Nate le dice papi.

A juzgar por la expresión de Edward, él también lo sabe, y no es el único a quien se le forma un nudo en la garganta. Me siento igual.

—¿Estás bien? —pregunto en voz baja.

Traga con fuerza y me ofrece un pequeño asentimiento.

Cerca de veinte minutos después, puedo ver que todo esto está resultando ser demasiado para él. Nathan básicamente está saltando en el regazo de Edward, señalando a los diferentes "héroes" en la película y lo que pueden hacer.

—Mami, ¡aquí viene otra vez Hit-Girl! —Y Nate salta hacia mí, prácticamente está vibrando a causa de la emoción.

—Lo sé —me río entre dientes y le despeino el cabello.

—Bella —susurra Edward y volteo a verlo—. Solo… —Señala con su pulgar sobre su hombro, en dirección a la puerta principal—. Necesito un minuto.

—Por supuesto —susurro en respuesta, preocupada.

—Ahora vuelvo, pequeño —le dice a Nathan, plasmando una sonrisa en su rostro. Pero puedo notar que ha llegado a su límite y se siente abrumado.

—Apúrate; no querrás perderte la pelea —murmura Nate con la mirada en la pantalla mientras ataca el tazón de palomitas—. ¡Sí, Kick-Ass!

Miro a Edward irse.

Cinco minutos, eso es todo lo que aguanto. Luego tengo que salir y asegurarme de que está bien.

—Ahora vuelve mami, Nate —digo al pararme—. Si necesitas algo, estaremos afuera.

—Ajá. —Está demasiado metido en la película.

Con pasos rápidos, me dirijo al pasillo y me pongo mis botas. Sin ponerme la chamarra, abro la puerta y veo a Edward sentado en el columpio del pórtico. Tiene los codos apoyados en las rodillas y la cara en las manos.

—¿Edward? —digo con suavidad.

Se pone rígido durante un segundo, pero se relaja rápidamente.

—Perdón —dice con voz rota, secándose las mejillas—. Es que…

—Oye, está bien; lo entiendo —murmuro y me acerco a él. Parada frente a él, actúo por puro instinto y pongo una mano en su hombro.

—Carajo —gimotea, cerrando los ojos con fuerza. Noto que ahora sus manos están hechas puño.

Avanzo otro paso, queriendo… confortarlo, creo.

Verlo tan afectado es una experiencia nueva para mí.

Eso despierta un montón de sentimientos.

—Es maravilloso, Tinks —dice con voz rota, alzando la vista para verme. Contengo el aliento, sorprendida por la emoción pura en su mirada—. Y estoy tan jodidamente arrepentido. —Su cara se desmorona de nuevo, y aparta una vez su mirada de la mía—. Lo siento.

No respondo, pero cierro la distancia y lo abrazo.

En lugar de calmarse, Edward se rompe. Suelta un pequeño llanto y pone sus manos en la parte trasera de mis muslos. Luego deja caer su frente sobre mi estómago y me aprieta contra él.

No hay nada que pueda hacer más que estar ahí. Aquí.

—Lo siento —solloza, el sonido se ve ahogado en mi sudadera—. Lo siento mucho.

Y le creo.

—Lo sé —susurro, acariciándole el cabello. Sigue siendo muy suave. De la forma en que lo recuerdo.

—Me he perdido de tanto —gimotea.

Parpadeando para alejar mis propias lágrimas, comprendo que perderse los primeros cuatro años de vida de Nathan siempre será su mayor arrepentimiento.

Una pizca de resentimiento se derrite.

Por muy horrible que pueda sonar, me da confort el saber, ver, y sentir lo mucho que él ama a Nate. Quiero decir… ver esto, ver lo agitado y roto que está… sí, importa para mí. Si no estuviera de esta forma, entonces, ¿tal vez no le habría creído? No sé, pero tiene sentido en mi cabeza.

De repente, Edward se pone de pie solo para rodearme los hombros con sus brazos. Una vez más repite lo arrepentido que está, pero no le presto atención y me concentro en el hecho de que nos estamos abrazando. No solo eso, sino que básicamente nos estamos apretando hasta dejarnos sin aliento.

Unas lágrimas silenciosas caen por mis mejillas cuando aprieto el agarre que tengo en su torso.


*La palabra Ass en inglés es culo, de ahí la gracia de Nathan y el comentario de Bella.