La historia me pertenece, los personajes son de Masashi Kishimoto.Personajes con OoC.

§ No hay vuelta atrás §

Mí boca se abrió y cerró sin poder contestar. Y aunque no llegaba a verlo del todo, jamás había visto a ese hombre.

Con traje negro, que mostraba la anchura de sus hombros y lo delgado que era su cadera, él dió un paso más cerca.

Mí mirada vago por su cabello dorado, paseo por sus rasgos masculinos y su piel bronceada. Sus ojos eran profundos y celestes, brillando con la luz que ahora le daba de frente. Su semblante era curioso y un poco preocupado cuando no conteste.

—Hey, ¿Me escuchas?— volvió a preguntarme.

Su ceño se frunció y dió varios pasos a mí esta vez. Tomó un trago de champaña antes de ponerse en cuclillas frente a mí.

—Oye, tranquila—, su voz era profunda con un acento que no llegue a diferenciar. Pero era embriagadora, tanto como su colonia.

Mi mareo fue por otra razón que no era el alcohol está vez. Mí mirada bajo por su cuerpo ancho frente a mí y se quedó clavada en la botella de champagne. Él siguió mí mirada y me lo ofreció.

—Parece que la necesitas más que yo.

Lo tome, aún sin decir una palabra y empiné mí codo para tragar casi la mitad en unos tragos. Sólo me detuve cuando él hombre desconocido bajo la botella y cerró su grande y caliente mano en la mía para no dejarme tomarme el resto.

Lo miré con el ceño fruncido mientras él negaba con la cabeza.

—Nch, nch. Muñeca, no puedes tomar así.

Ahora estaba tan cerca que podía ver pequeñas cicatrices en sus mejillas, como bigotes y sus ojos se achicaron cuando sonrió mostrando unos dientes blancos y parejos. Su aliento estaba entremezclado con cigarrillos mentonalos y el alcohol. Sus mejillas estaban levemente sonrojadas, diciéndome que hace rato estaba tomando también.

Mí cuerpo tembló cuando su mano libre pasó por mí brazo desnudo. Mí mirada, asombrada fue allí, viendo la diferencia entre las tes de nuestra piel.

—Cualquier cosa tiene solución, muñeca.

El tono ronco de su voz hizo vibrar algo dentro de mí. Diferencie de algo parecido al irlandés en su acento pronunciado. Miré sus ojos y él me observa la cara, observó mis mejillas y su ceño volvió a fruncirse. Su dedo índice acarició mí brazo hasta llegar a mí barbilla, dónde limpió las lágrimas que seguían cayendo. Mí boca se abrió cuando mí mirada cayó en la suya. Sus labios eran tan sensuales y por un momento me sentí mal.

¿De verdad me sentiría mal por desear a otro hombre que no fuera mí flameante marido?

Tal vez fue el alcohol.

O el dolor de la traición.

O la fuerte química que sintió mí piel con este desconocido.

Pero me lance a sus brazos y lo besé.

Ya no habría vuelta atrás.

Continuará...